1. INTRODUCCIÓN
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) están presentes en todos los aspectos de nuestra vida y su impacto sigue creciendo (). Según , nunca antes la sociedad había contado con tanta tecnología disponible. destacan que estas transformaciones afectan distintos ámbitos sociales, incluyendo la educación.
En el ámbito educativo, las TIC han revolucionado los procesos de enseñanza-aprendizaje. consideran que las tecnologías son herramientas esenciales en este proceso. señala que las grandes revoluciones tecnológicas de la humanidad han estado ligadas a transformaciones significativas en la educación.
El uso de dispositivos como ordenadores, tabletas y móviles ha enriquecido los procesos educativos, potenciando la creatividad y la calidad del aprendizaje (). Internet ha permitido que la comunicación sea instantánea, eliminando las barreras de tiempo y espacio (; ). Este fenómeno es clave para entender la globalización, que se manifiesta como un proceso interconectado a nivel económico, político y cultural ().
En este contexto de constante cambio (), la tecnología influye en la sociedad y, a su vez, genera nuevas demandas y riesgos. La revolución cultural impulsada por las TIC transforma nuestra vida diaria y también impacta la educación (). Entre los efectos de esta transformación surge el tecnoestrés, un tipo de estrés relacionado con la sobrecarga tecnológica.
Teniendo en consideración estos aspectos preliminares, este artículo analiza la relación entre el tecnoestrés y la competencia digital. Comprender estos aspectos nos permitirá gestionar mejor los desafíos que la digitalización impone en nuestra sociedad y, en particular, en la educación.
Competencia digital
La competencia digital es un concepto clave en nuestra vida cotidiana, abarcando no solo el ámbito educativo, sino también cualquier otra área. Su relevancia ha crecido en los últimos años, impulsada por su presencia en la Agenda Digital para Europa dentro de la Estrategia Europea 2020 (). Investigadores como destacan la importancia de desarrollar y estudiar la competencia digital en diversos ámbitos de formación. En este sentido, contar con habilidades digitales es esencial para no quedar rezagados en un mundo cada vez más tecnológico ().
Según , la competencia digital implica la capacidad de acceder, crear, evaluar y comunicar información. la define como una competencia integral que combina conocimientos, habilidades y actitudes en el uso analítico, creativo y ético de las TIC, facilitando la comunicación y gestión de información. enfatizan la necesidad de formar en esta competencia y contar con herramientas para su evaluación. Respecto a ello, entre los marcos de referencia existentes, destaca el marco común europeo “DigComp” en su versión 2.2, promovido por la Comisión Europea, que establece cinco áreas de conocimiento estructuradas en veintiuna competencias específicas (). Se detallan las competencias necesarias para desenvolverse de manera segura, crítica y creativa en entornos digitales, incorporando más de 250 ejemplos de conocimientos, habilidades y actitudes.
Las TIC han transformado todos los contextos educativos, incluido el universitario, objeto de este artículo. advierten que la integración de tecnología en la educación va más allá de digitalizar contenidos o sustituir clases presenciales por virtuales; requiere innovación pedagógica (). subrayan la necesidad de capacitaciones constantes en el manejo de tecnologías. Asimismo, resaltan el papel de los docentes en equipar a los estudiantes con herramientas y competencias digitales esenciales para su aprendizaje. Además, la tecnología debe promover la accesibilidad y eliminar barreras sociales, facilitando el desarrollo integral del alumnado. Estudios recientes subrayan la necesidad de integrar estas competencias de forma transversal en la formación académica para preparar a los estudiantes ante los desafíos digitales actuales ().
En este sentido, el desarrollo de la competencia digital es clave para una formación integral y un aprendizaje continuo (). señalan que la ciudadanía debe adquirir estas competencias para desenvolverse en la sociedad digital y comunicarse eficazmente. Sin embargo, advierte que, a pesar de la hiperconectividad, la gestión digital de la información sigue siendo deficiente.
Además, investigaciones como la de destacan que, junto al dominio técnico, es fundamental desarrollar habilidades en colaboración digital, comunicación crítica y gestión ética de la información como parte de una formación integral. La ha impulsado un Plan de Acción de Educación Digital (2021-2027) para adaptar los sistemas educativos a la era digital. destacan la responsabilidad de las instituciones en implementar medidas de protección y educación en este ámbito. La tecnología no solo transforma la educación, sino que también afecta otros sectores, como la salud (). Actualmente, existe un debate sobre su impacto en el bienestar, incluyendo aspectos como el ciberacoso, la adicción y problemas físicos y emocionales (). subrayan la importancia de reducir estos riesgos, promoviendo entornos digitales seguros, una meta alineada con la Estrategia Mundial sobre Salud Digital 2020-2025 de la OMS ().
menciona que algunos estudios advierten sobre los efectos negativos de la tecnología, aunque se desconocen sus impactos reales en la salud. Entre los problemas más comunes están el zombie scrolling (desplazarse por la pantalla sin atención), la multitarea, la ciberpereza y las interrupciones constantes. sugieren estrategias como pausas activas, control del tiempo y la práctica del detox digital, una desconexión voluntaria de la tecnología. En este sentido, gestionar el uso digital de manera equilibrada permite aprovechar sus beneficios sin comprometer el bienestar.
recomiendan fomentar la alfabetización mediática y la salud digital en la educación. Para ello, docentes y estudiantes deben desarrollar habilidades críticas en el uso de la tecnología y promover un consumo responsable que minimice los riesgos para la salud mental. Además, es fundamental la formación continua de los profesores en herramientas digitales y métodos innovadores. Se sugiere que el profesorado ayude al alumnado a reflexionar sobre el impacto de la tecnología en su bienestar, promoviendo la autorregulación y la conciencia sobre su uso.
En conclusión, la competencia digital es un elemento indispensable en la educación y la sociedad actual. Su desarrollo adecuado no solo fortalece el aprendizaje y la inclusión, sino que también permite una mejor gestión de los riesgos asociados al uso tecnológico. Para ello, es esencial que instituciones educativas y docentes fomenten un enfoque crítico, promoviendo el equilibrio entre tecnología, aprendizaje y bienestar, así poder evitar esos riesgos, entre los que está el tecnoestrés y que se va a desarrollar a continuación.
Tecnoestrés
El concepto de "estrés" se ha vuelto omnipresente en nuestra vida diaria, incluido el ámbito educativo (). Según , el aumento de estrés se debe al estilo de vida actual, donde las presiones cotidianas afectan negativamente la salud. Esta condición genera inestabilidad emocional debido a la tensión y preocupaciones diarias ().
El origen del estrés, aunque no el término, se remonta a 1868 con George Beard y su concepto de "neurastenia", que describía la sobrecarga nerviosa ante las nuevas demandas sociales (). En el contexto moderno, la combinación de tecnología y estrés da lugar al "tecnoestrés". destacan que la tecnología mejora la eficiencia en diversos ámbitos, pero también conlleva efectos negativos. señalan que, si bien la tecnología aporta oportunidades para docentes y estudiantes, también genera problemas derivados de factores personales y contextuales. argumenta que existe una discrepancia entre las exigencias tecnológicas y la capacidad cerebral para adaptarse a ellas.
indica que la evolución tecnológica ha traído consigo nuevas patologías. La Unión Europea, a través de ha identificado a la tecnología como un factor de riesgo emergente para la salud debido a su impacto en la estructura social. El tecnoestrés no sólo abarca problemas técnicos, sino también humanos, a menudo desconocidos por quienes los padecen .
El término "tecnoestrés" fue acuñado en 1984 por el psiquiatra (citado en ; ). En la década de 1990, popularizaron el concepto, describiéndolo como un impacto negativo en la salud causado por dispositivos tecnológicos, afectando pensamientos, comportamientos y actitudes. A diferencia de Brod, estos autores ampliaron la definición para incluir diversos dispositivos tecnológicos y categorizaron a los usuarios en "tecnófobos" (reacios a la tecnología) y "tecnoadictos" (dependientes de ella), .
redefinieron el tecnoestrés como un "desajuste entre demandas y recursos disponibles" (), caracterizado por síntomas afectivos como la ansiedad y el desarrollo de actitudes negativas hacia las TIC. A diferencia de estudios previos, estos autores no lo consideran una enfermedad, sino una experiencia psicosocial negativa.
La pandemia de la COVID-19 intensificó el impacto del tecnoestrés (). Durante este periodo, el uso masivo de tecnología en el ámbito educativo generó una exposición excesiva a las TIC (). destacaron que el contexto universitario se vio especialmente afectado, exponiendo desigualdades en el acceso a recursos digitales. observaron un aumento de la fatiga digital, el escepticismo y la ansiedad tecnológica entre estudiantes de educación superior, asociados tanto a la sobreexposición a entornos digitales como a carencias en competencias de autorregulación emocional.
Por otra parte, el tecnoestrés también se relaciona con las competencias digitales. Según , surge cuando las exigencias de conocimiento en TIC superan las habilidades reales de los usuarios. sostuvieron que la falta de conocimientos y destrezas tecnológicas es una de sus principales causas.
Para el tecnoestrés es el resultado de una mala asimilación de la tecnología, lo que genera efectos psicosociales adversos. Entre los primeros síntomas se encuentran la irritabilidad y el rechazo a información sobre el uso responsable de las TIC. Además, este fenómeno puede deberse tanto al uso excesivo de la tecnología como a su rechazo.
Respecto a las causas, identificaron diversos factores invisibles en la sociedad que contribuyen al tecnoestrés. se centró en la falta de competencias para enfrentar la rápida evolución tecnológica. Asimismo, el estudio de evidencia que una baja competencia digital puede exacerbar los niveles de tecnoestrés, reforzando la necesidad de programas educativos que aborden de manera conjunta el desarrollo de habilidades digitales y el bienestar emocional de los usuarios. Según , los primeros síntomas incluían ansiedad, depresión, fatiga mental y ataques de ira. Con el tiempo, la sociedad se ha acostumbrado a la tecnología, pero el principal síntoma actual es la sobreproducción de adrenalina y cortisol debido a la sobrecarga cognitiva, lo que conlleva trastornos cardiovasculares y problemas neurológicos.
A partir de una revisión de la literatura (; ; ; ; ; ; ; ; ) es posible agrupar las consecuencias del tecnoestrés en cuatro dimensiones:
-
Fisiológicas: Afectaciones a la salud, como trastornos cardiovasculares y fatiga crónica.
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Organizacionales: Reducción de la productividad y aumento del ausentismo en entornos laborales y educativos.
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Psicosociales: Generación de ansiedad, depresión y problemas en la interacción social.
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Personales: Cambios en la percepción y uso de la tecnología, incluyendo dependencia o rechazo extremo.
Para enfrentar el tecnoestrés, es fundamental adoptar estrategias de control. enfatizó la importancia de equilibrar el uso de la tecnología con la vida presencial, promoviendo competencias que permitan un manejo adecuado de las TIC. subrayó la necesidad de cuidar la salud física y mental en el entorno digital.
concluyeron que la incorporación de tecnologías en la educación superior no garantiza una mejora automática en la actividad académica. Aunque las TIC son cada vez más comunes en las universidades, su uso debe ser gestionado de manera equilibrada para evitar el tecnoestrés. Finalmente, destacan que, si bien el estrés tecnológico ya era un problema antes de la pandemia, su estudio ahora es más relevante que nunca. De esta forma, surge la necesidad de esta investigación, cuyo método se detalla en el siguiente apartado.
2. MÉTODO
Este trabajo, tomando como referencia a y , responde a un tipo de investigación de corriente analítica. Esto conlleva que se valora si existe una relación y en qué nivel entre las variables; se elige a individuos en función de ciertas características que posean y se manifiesta que estos trabajos no pueden inferir en relaciones de causalidad. Además, el trabajo responde a una metodología empírica asociativa y es un estudio ex post facto de grupo único relacional.
2.1. Problema de investigación y objetivos
En el contexto derivado por la COVID-19, el uso intensivo de tecnologías en la educación superior ha evidenciado un creciente interés en el análisis del tecnoestrés entre estudiantes universitarios. Los estudios en este ámbito son mucho menores que los que se han realizado en el contexto laboral con trabajadores, por ejemplo. Con el objetivo de obtener datos representativos y confiables, se plantea la recogida de información para estudiar la relación entre el tecnoestrés y la competencia digital. Esta fase busca determinar en qué medida el nivel de habilidad tecnológica influye en la experiencia de estrés derivado del uso de herramientas digitales.
El objetivo general de esta investigación es examinar cómo se relacionan el tecnoestrés y la competencia digital en el alumnado universitario, identificando si un mayor nivel de habilidades digitales puede mitigar o intensificar el estrés tecnológico. En este estudio, la competencia digital se considera la variable independiente, mientras que el tecnoestrés actúa como la variable dependiente.
A partir de este planteamiento, se formula el siguiente problema de investigación: ¿En qué medida el nivel de competencia digital influye en el grado de tecnoestrés experimentado por los estudiantes universitarios? Este problema se desglosa en las siguientes preguntas específicas:
2.2. Población, muestra y procedimiento
La población objeto de este estudio, elegida por conveniencia, está constituida por alumnado del primer curso del Grado de Educación Primaria de una institución universitaria de la Región de Murcia. Los cuestionarios fueron aplicados simultáneamente a todo el grupo, pero su respuesta fue voluntaria. Por ello, no todos los estudiantes completaron ambos instrumentos, conformándose dos submuestras naturales: 71 para competencia digital y 51 para tecnoestrés. Esta diferencia responde a decisiones individuales, no a una estrategia metodológica, y aun así permite analizar cada variable de forma independiente.
Ambos instrumentos fueron administrados de forma online en el año 2023, utilizando un enlace proporcionado por el docente responsable, lo que permitió alcanzar una participación ágil y facilitar el acceso remoto a las encuestas. La metodología empleada garantizó que la muestra recogida fuera representativa de la población estudiantil en términos de su exposición y experiencia con las tecnologías digitales, aspecto clave para el análisis de la relación entre la competencia digital y el tecnoestrés.
Es importante señalar que, aunque el número de respuestas difiere entre ambos cuestionarios, la participación se lleva a cabo en un entorno controlado y homogéneo, dado que todos los alumnos pertenecen al mismo curso y comparten condiciones similares de acceso a la tecnología y experiencias académicas. Esta característica fortalece la validez interna del estudio y permite extraer conclusiones relevantes sobre la influencia del nivel de competencia digital en el grado de tecnoestrés experimentado por los estudiantes.
Finalmente, se aseguró la confidencialidad y la fiabilidad de los datos aplicando rigurosos controles en la plataforma, los cuales verificaron tanto la coherencia como la integridad de las respuestas.
2.3. Instrumentos de recogida de información
Se ha diseñado la investigación utilizando dos instrumentos principales:
Competencia Digital:
El instrumento utilizado para evaluar la competencia digital fue el cuestionario desarrollado por , basado en el Marco Europeo de Competencia Digital para la ciudadanía (DigComp). Este cuestionario está diseñado específicamente para contextos educativos y tiene como objetivo medir la capacidad de los futuros docentes para utilizar tecnologías digitales de manera eficaz, crítica y creativa.
Esta herramienta cuenta con un total de 20 ítems, clasificados en 5 dimensiones de la competencia digital: alfabetización tecnológica (uso de la tecnología en diversos contextos); comunicación y colaboración (interacción con diferentes personas y en diversos contextos); búsqueda y tratamiento de la información (acceder a las fuentes y adaptarlas a mis necesidades); ciudadanía digital (hacer un buen uso mediante el respeto) y creatividad e innovación (capacidad de estar a la última en el ámbito digital).
Las respuestas se registran mediante una escala tipo Likert de 0 a 10, donde 0 indica total desacuerdo y 10 total acuerdo con la afirmación. En cuanto a su validez, el instrumento fue validado con una muestra de 657 estudiantes, utilizando análisis factorial exploratorio y confirmatorio, y mostró una alta fiabilidad, con un coeficiente αde Cronbach = 0.96. Esto lo convierte en una herramienta robusta y adecuada para la autoevaluación de la competencia digital en el ámbito educativo.
Tecnoestrés:
Para medir el tecnoestrés se utilizó el cuestionario RED-TIC, diseñado por . Este instrumento tiene como objetivo evaluar los efectos negativos del uso de la tecnología, especialmente en contextos laborales y educativos.
El cuestionario consta de 16 ítems distribuidos en cuatro dimensiones: ansiedad tecnológica, que evalúa las sensaciones de tensión o nerviosismo ante el uso de herramientas digitales; fatiga tecnológica, que mide el agotamiento físico o mental tras un uso prolongado de tecnología; escepticismo tecnológico, que se refiere a las actitudes negativas o de rechazo hacia el uso de tecnologías; e ineficacia percibida, que evalúa la percepción de falta de competencia al utilizar tecnologías digitales. Los ítems se responden en una escala Likert de 0 (nunca) a 6 (siempre), lo que permite identificar la frecuencia y persistencia de los síntomas asociados al tecnoestrés.
Aunque el cuestionario RED-TIC no fue acompañado originalmente de un análisis detallado de fiabilidad, investigaciones posteriores han respaldado su validez. Por ejemplo, validaron el instrumento en una muestra de 1,656 estudiantes universitarios en Argentina, realizando análisis factorial exploratorio y confirmatorio, y reportando coeficientes α de Cronbach entre 0.76 y 0.93 para sus distintas dimensiones. Estos resultados confirman su fiabilidad y pertinencia para evaluar el tecnoestrés en contextos educativos.
2.5. Análisis de datos
El análisis de los datos se realizó con IBM SPSS Statistics versión 28.0.1.1, aplicando análisis de frecuencias y estadísticos descriptivos para examinar la distribución de las respuestas en cada dimensión evaluada. Se generaron tablas de frecuencia que incluyen porcentajes, valores acumulados y el número total de respuestas por variable. Además, se calcularon medidas descriptivas como media, mediana, moda, rangos, desviación estándar y varianza. En primer lugar, se analizaron individualmente las dimensiones de competencia digital (alfabetización tecnológica, comunicación y colaboración, búsqueda y tratamiento de la información, ciudadanía digital, y creatividad e innovación) y las del tecnoestrés (ansiedad, fatiga, escepticismo e ineficacia). Posteriormente, se exploraron las relaciones entre ambas dimensiones para identificar posibles patrones y asociaciones.
3. RESULTADOS
3.1. Competencia digital
En primer lugar, nos referimos a la alfabetización tecnológica. La gran mayoría de los participantes (94,4%) se ubicó en un nivel alto de alfabetización tecnológica, indicando que dominan el uso de distintos sistemas operativos, gestores de correo electrónico y herramientas de comunicación sincrónica. Solo un pequeño grupo (5,6%) presentó un nivel medio, mientras que ningún encuestado mostró un nivel bajo. Estos resultados sugieren que las personas encuestadas tienen un conocimiento sólido en el manejo básico de herramientas digitales.
Respecto a la dimensión de comunicación y colaboración, el 60,6% de los participantes alcanzó un nivel alto, reflejando su habilidad para compartir recursos en línea, diseñar páginas web y gestionar información digital. Un 39,4% se ubicó en un nivel medio, lo que sugiere que poseen ciertas competencias en estas áreas, pero aún pueden mejorar. Finalmente, nadie presentó un nivel bajo.
Sobre búsqueda y tratamiento de la información el 85,9% de las personas encuestadas mostraron un nivel alto en esta dimensión, lo que implica que pueden identificar información relevante, analizarla y organizarla de manera ética y eficiente. Un 14,1% se posicionó en un nivel medio, lo que sugiere que manejan estas competencias de manera parcial. Ningún participante mostró dificultades en la gestión de la información digital.
En la cuarta dimensión, la referida a la ciudadanía digital, la mayoría de los participantes (90,1%) se ubicó en un nivel alto de ciudadanía digital, lo que indica que practican el uso seguro y responsable de las TIC y están comprometidos con el aprendizaje continuo en entornos digitales. Un 9,9% mostró un nivel medio. Estos resultados reflejan una fuerte conciencia sobre el uso ético y seguro de la tecnología.
Finalmente, en la dimensión de creatividad e innovación, el 69,0% de los participantes alcanzó un nivel alto, lo que indica que son capaces de generar ideas originales y utilizar las TIC de manera innovadora. Un 31% presentó un nivel medio, lo que sugiere que tienen habilidades creativas, pero aún pueden mejorar en la aplicación de herramientas tecnológicas emergentes. Nadie evidenció dificultades en la aplicación creativa de las TIC.
En la figura 1, mostramos los niveles de competencia digital en las diferentes dimensiones evaluadas.

De forma concluyente, los resultados reflejan un alto nivel de competencia digital en la mayoría de las personas encuestadas (80,3%), con fortalezas especialmente en alfabetización tecnológica, búsqueda y tratamiento de la información, y ciudadanía digital. No obstante, la dimensión de comunicación y colaboración presenta una distribución más equilibrada, lo que indica que algunos participantes podrían necesitar más formación en herramientas colaborativas en línea. De igual manera, la creatividad e innovación muestra una proporción notable de individuos con un nivel medio, lo que sugiere oportunidades de mejora en la integración de tecnologías emergentes para la generación de contenido innovador.
3.2. Tecnoestrés
Inicialmente, analizamos el escepticismo. El 60,8% de las personas encuestadas presenta un nivel bajo de escepticismo hacia las tecnologías, mientras que el 37,2% muestra un nivel medio. Solo un 2% reporta un nivel alto de escepticismo, lo que indica que una minoría duda significativamente de la utilidad de las TIC en su vida o trabajo.
En cuanto a la fatiga derivada del uso de tecnologías, el 41,2% de las personas encuestadas presenta un nivel bajo, mientras que el 51% tiene un nivel medio. Un 7,8% reporta un nivel alto de fatiga, lo que indica que una parte considerable de las personas encuestadas siente agotamiento después de usar las TIC.
En relación a la ansiedad, el 60,8% de los participantes presenta un nivel bajo de ansiedad ante el uso de tecnologías, mientras que el 39,2% tiene un nivel medio. Ningún encuestado reporta un nivel alto de ansiedad, lo que sugiere que la mayoría se siente cómoda con las TIC.
Por otro lado, el 82,4% de las personas encuestadas presenta un nivel bajo de ineficacia en el uso de tecnologías, lo que indica que la mayoría se percibe como capaz de utilizarlas de manera efectiva. Un 17.6% tiene un nivel medio de ineficacia, mientras que ningún encuestado reporta un nivel alto, lo que sugiere que pocos se sienten realmente inseguros o incapaces en el uso de las TIC.
En la figura 2, mostramos los niveles de tecnoestrés por dimensión.
En general, los resultados indican que, aunque el 98% de las personas encuestadas no experimenta niveles altos de tecnoestrés de manera general, una proporción considerable presenta niveles medios o altos en dimensiones específicas como el escepticismo, la fatiga y la ansiedad. Esto subraya la importancia de estrategias que promuevan un uso saludable de las tecnologías y reduzcan el impacto del tecnoestrés en la vida cotidiana.
3.3. Competencia digital y tecnoestrés
Para analizar los datos obtenidos de los cuestionarios de competencia digital y tecnoestrés, se realizó un análisis descriptivo. Dado que las escalas de respuesta eran diferentes (competencia digital de 1-10 y tecnoestrés de 0-6), las variables fueron reescaladas a una escala común de 0-10.
Los resultados de competencia digital muestran una concentración de puntuaciones altas, con una media de 7.83, una mediana y moda de 8.00, y una desviación estándar de 1.04. Los valores van de 5.33 a 9.89, con un rango de 4.56. Por otro lado, el tecnoestrés tiene una mayor dispersión, con una media de 3.15, mediana de 3.02, y una desviación estándar de 1.63, y se concentra en el valor 2.50, con un rango de 5.73.
Se realizó la prueba de normalidad de Kolmogorov-Smirnov, y los resultados mostraron que ambas variables siguen una distribución normal (p = 0.200 para competencia digital y p = 0.113 para tecnoestrés), lo que permitió usar pruebas paramétricas. Además, los coeficientes alfa de Cronbach fueron altos para ambos cuestionarios (α = 0.906 para competencia digital y α = 0.875 para tecnoestrés), lo que confirma la fiabilidad de los instrumentos.
En cuanto a la correlación entre competencia digital y tecnoestrés, no se observó una relación significativa (r = -0.101, p = 0.496). Tampoco se hallaron relaciones relevantes entre el tecnoestrés y variables como edad, sexo o conectividad a Internet, ya que los modelos de regresión mostraron baja capacidad predictiva (R² = 0.008 y R² = 0.024). Igualmente, la regresión entre competencia digital y tecnoestrés tampoco mostró una relación significativa (R² = 0.010, β1 = -0.157, p = 0.496).
Una vez que hemos conocido los resultados obtenidos en la investigación, a continuación, se van a contrastar con los hallados en la revisión literaria, se van a obtener conclusiones y se van a compartir limitaciones y posibles futuras líneas de investigación.
4. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Los resultados de este estudio revelan un alto nivel de competencia digital en la mayoría de las personas encuestadas, especialmente en dimensiones como alfabetización tecnológica, búsqueda y tratamiento de la información, y ciudadanía digital. También se identificaron áreas de mejora en comunicación y colaboración, así como en creatividad e innovación, donde una proporción significativa de los participantes se ubicó en un nivel medio. En relación con el tecnoestrés, la mayoría de las personas encuestadas no presenta niveles altos. Sin embargo, algunos participantes sí reportaron niveles medios o altos de fatiga y escepticismo, lo cual evidencia la necesidad de implementar estrategias para reducir estos efectos.
Estos hallazgos son consistentes con los resultados reportados por , quienes destacan que la competencia digital no está directamente relacionada con el tecnoestrés. En esta línea, sugiere la necesidad de profundizar en la investigación. Sin embargo, estudios como los de y subrayan que la experiencia en el uso de las TIC puede influir en los niveles de tecnoestrés, lo que coincide con la observación de que los participantes con niveles medios en creatividad e innovación podrían beneficiarse de mayor formación en herramientas emergentes. En esto también coinciden destacan que las habilidades y la experiencia son determinantes, ya que una menor experiencia podría aumentar la probabilidad de experimentar tecnoestrés, coincidiendo con los hallazgos de estudios como los de , , y .
Los resultados obtenidos en este estudio muestran un elevado nivel de competencia digital por parte de las personas encuestadas. En esta línea, otros trabajos han concluido lo mismo ( y ), por lo que aunque los cuestionarios son herramientas útiles para evaluar la competencia digital, es recomendable complementarlos con otros métodos de evaluación para obtener una visión más completa y precisa de las habilidades digitales de los individuos. Estos hallazgos, coinciden parcialmente con estudios recientes como los de y , quienes subrayan que el dominio técnico por sí solo no garantiza una menor exposición al tecnoestrés.
Desde un enfoque estadístico, los análisis realizados permiten afirmar que no se halló una relación significativa entre la competencia digital y el tecnoestrés en la muestra analizada. Este resultado coincide con investigaciones previas que cuestionan una vinculación directa entre ambas variables (como ), lo que refuerza la necesidad de considerar otros factores contextuales o personales que puedan influir en la experiencia del tecnoestrés, en contraposición de los hallazgos de y . Asimismo, los instrumentos empleados demostraron una alta fiabilidad, lo que aporta solidez a los hallazgos. En definitiva, aunque los participantes muestran altos niveles de competencia digital, esto no garantiza una menor exposición al tecnoestrés, lo que evidencia la importancia de diseñar intervenciones formativas que integren no solo el desarrollo de habilidades técnicas, sino también el bienestar digital y la gestión emocional asociada al uso de las tecnologías.
En síntesis, los resultados sugieren que las personas encuestadas poseen una sólida competencia digital, pero con oportunidades de mejora en el uso de herramientas colaborativas y en la aplicación creativa de las TIC. Además, aunque el tecnoestrés no es un problema generalizado, se identifican signos de fatiga y escepticismo que podrían abordarse con estrategias de formación y acompañamiento en el uso de tecnologías. Asimismo, identifican que factores como la autoeficacia digital y la autorregulación emocional son mediadores cruciales. De esta manera, se refuerza la necesidad de diseñar estrategias educativas integrales que no solo fomenten habilidades digitales avanzadas, sino también competencias de bienestar digital para minimizar el impacto del tecnoestrés.
Futuras investigaciones podrían centrarse en el impacto de intervenciones específicas para fortalecer la competencia digital y reducir los efectos negativos del tecnoestrés en distintos grupos poblacionales. Además, sería pertinente explorar otras posibles variables que podrían estar influyendo en los niveles de tecnoestrés, como la productividad o la autoeficacia, para obtener una visión más amplia y completa del fenómeno. Para fortalecer la validez de los resultados, también se sugiere ampliar la muestra, lo que permitiría generalizar mejor los hallazgos a diferentes contextos. También sería importante intentar contar con respuestas de ambos instrumentos por parte del mismo grupo de estudiantes, lo que fortalecería el análisis de la relación entre tecnoestrés y competencia digital. Actualmente, estamos en proceso de implementar estas nuevas ideas y de explorar nuevas posibilidades en el análisis de datos, utilizando enfoques más avanzados que podrían arrojar resultados más precisos y detallados.
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