Resumen

El club de la lucha presenta muchos de los estilemas de la película posmoderna: fragmentación narrativa, juegos del lenguaje, violencia contra los cuerpos actorales y contra el cuerpo de la película, etc. Pero sus raíces son anteriores, profundamente modernas, ya que encarna como pocas obras contemporáneas la lucha de los románticos contra un presente en el que se sienten extranjeros. Para ellos, la destrucción (del mundo heredado de la Modernidad y del capitalismo, de la tentación del nihilismo...) podía convertirse en el máximo acto creativo. Y en El club de la lucha, esa tensión apocalíptica, canalizada por la erupción siniestra del doble del protagonista, expresa también la voluntad de poder del “último hombre” de Friedrich Nietzsche, un profundo conocedor de los postulados románticos. Porque esa nueva personalidad que brota del innominado narrador no predica un individualismo posmoderno sino una meta colectiva: acabar con el capitalismo, reiniciar la historia y construir un mundo nuevo en el que “se cazarán alces por las ruinas del Rockefeller Center”.