A comienzos de los años ochenta concluía el catálogo de manuscritos iluminados de procedencia ibérica custodiados en la Bibliothèque nationale de Francia; en su introducción François Avril planteaba: “Combien de manuscrits parfois importants restés méconnus et pourtant susceptibles d’accroître et de nuancer notre connaissance de l’enluminure dans la péninsule ibérique?”. La cuestión no constituye una mera aspiración intelectual, sino que encubre una crítica a la situación historiográfica peninsular, que en aquel momento comenzaba a despejarse del letargo intelectual que había impuesto la dictadura franquista. Si bien existían estudios concretos sobre obras señeras, el único trabajo que se había propuesto compendiar la miniatura española fue realizado por Jesús ; unas décadas después, hizo lo propio con los códices catalanes. Naturalmente no se puede afirmar que la situación actual sea equiparable desde un punto de vista cuantitativo ni cualitativo, dado que han sido muchos los investigadores y, sobre todo, las investigadoras que se han ocupado de ensanchar el conocimiento científico en este campo. Ahora bien, la denuncia del maestro francés se fundamenta no tanto en la escasez de estudios, sino en las condiciones y los recursos al alcance de la investigación: el desconocimiento de los códices conservados en bibliotecas europeas y americanas, la dispersión de las publicaciones, la ausencia de inspecciones sistemáticas en las colecciones, así como la mala calidad de las reproducciones fotográficas que completaban los estudios. Es en este sentido en el que se puede establecer cierto parangón con la situación actual y buena muestra es el caso de los dos códices custodiados en la catedral-basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza: dos manuscritos ‘importantes’, ‘desconocidos’ y que ‘clarifican’ el conocimiento de la creación miniada de la Corona de Aragón en el umbral del siglo XIII.
Las carencias señaladas no impidieron que a finales de la década de 1970 comenzaran a despuntar los primeros estudios de Ana Domínguez y Joaquín Yarza, a quienes se puede reconocer entre los responsables de la transformación de la mirada hacia los manuscritos iluminados en la historiografía artística española. De hecho, el profesor gallego dedicó buena parte de sus trabajos tempranos a esclarecer la producción del siglo XII, representada por un conjunto de testimonios cuyo espacio de creación se encontraba vertebrado por el valle del Ebro. Con esmero, cuestionó la visión filofrancesa dominante, inclinándose por conectar el “estilo 1200” con la creación anglonormanda. Mientras que las relaciones con Castilla quedaron tramadas de manera solvente, en el caso de la Corona de Aragón los vínculos parecían más puntuales; hasta ese momento, latentes sólo en la conocida como Biblia de Lérida y en las pinturas murales del Real Monasterio de Santa María de Sijena. Ambos conjuntos llevan a Yarza a plantear si acaso, fruto de esos primeros contactos artísticos, pudo establecerse un scriptorium en territorio aragonés, quizá patrocinado por el entorno de la reina Sancha de Castilla (1154-1208), esposa de Alfonso II de Aragón (1157-1196).
Tras casi medio siglo de estudios, se ha consolidado la relación entre ambos espacios artísticos gracias, principalmente, al cotejo de los folios miniados con los testimonios de otras artes figurativas. Buena parte de la trama se ha elaborado a partir de materiales vinculados, por su creación o pertenencia, a centros políticos y religiosos del espacio catalán; lo que ha acentuado el conocimiento desigual con el área interior de la Corona, el Reino de Aragón. Esta situación provoca que los ‘desconocidos’ volúmenes conservados en el Archivo capitular del Pilar, adquieran una especial ‘importancia’, puesto que ‘clarifican’ notablemente los contactos anglonormandos de la producción de final del siglo XII.
Se trata de dos volúmenes de gran formato (60 x 40 cm) que contienen una copia de la “edición tajoniana” de los Moralia in Job, ilustrados con un variado repertorio figurativo formado por dos miniaturas a página completa (f. 2v y f. 17v) (fig. 1) y cuarenta y dos letras iniciales que abren los correspondientes libros y capítulos; en general, presentan una esmerada factura ligada, por sus miniaturas, a un promotor y a un ámbito de prestigio.

© Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza
Quizá el valor que en su momento les confirió tan digna procedencia, llevó al primer tomo a ser elegido, durante las últimas décadas del siglo XVI, como el receptáculo idóneo de los dos folios con la Visio Taionis tomada de la crónica de Rodrigo Jiménez de Rada y, sobre todo, el texto Qualiter hedificata fuit basilica Sancte Marie de Pilarii Cesarauguste (ff. 274-275), el testimonio escrito más antiguo que se conserva de la Tradición de la Venida de la Virgen en carne mortal a Zaragoza. La decisión de añadir estos opúsculos al final del primer volumen provocó una serie de acontecimientos y decisiones que reforzaron la dimensión icónica del códice, convertido ya en el preciado contenedor de un “texto reliquia”. En torno a ellos se desarrolló un singular proceso de ritualización que explica su permanencia en el santuario mariano hasta la actualidad.
A pesar del destacado valor identitario y legitimador que adquieren los volúmenes para la institución y la feligresía, o quizá en buena medida por ello, han pasado inadvertidos para la historiografía artística. Con cierta frecuencia han participado en exposiciones vinculadas con la historia y la espiritualidad zaragozana, donde el interés principal yacía en los folios que narran el relato mariano.
1. LA ATENCIÓN A LOS CÓDICES POR PARTE DE LA HISTORIOGRAFÍA MODERNA
Una de las primeras menciones procedentes del entorno académico se remonta a 1892, a propósito de las Exposiciones Históricas realizadas para conmemorar el IV centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América; en la sala 10 se exhibieron los materiales provenientes del cabildo metropolitano de Zaragoza, además de la sección “Archivos y Bibliotecas”. Sobre ella se difundió el Bosquejo de la Exposición Histórico-europea en el día de su apertura, donde se daba cuenta de buena parte de las piezas expuestas, entre las cuales se encontraba: un “Libro de los Morales del Papa San Gregorio, con caracteres góticos y letras iniciales iluminadas”. De los dos volúmenes del Pilar, se trasladó sólo el primero, como acreditan las fotografías de las salas. A propósito de la muestra, Paul Durrieu realizó la monografía Manuscrits d’Espagne remarquables par leurs peintures ou par la beauté de leur execution, en la que ofrece una nota más detallada sobre algunos códices, entre ellos, se puede leer:
Un exemplaire se Morales de saint Grégoire, grand in-folio, exposé par le chapitre métropolitain de Saragosse (sala X, 1ª parte, ne 40) [XLII]. En regard du debut du libre, toute une page est ocupée par une grande image de saint Grégoire assis, dictant à un scribe. Les figures sont placées sous une construction très compliquée, où intervent l’arc outreepassé. A la gauche se dresse un grand mât reposannt sur un piédestal formé de deux lions accroupis, peints en rouge, d’aspect tout à fait arabe.
El fragmento constituye la primera valoración sobre el repertorio ilustrativo del códice del Pilar y, desde ese momento, se atribuye sin ambages a un taller hispano. El aire andalusí que advierte la mirada de Durrieu debe estar motivado por la presencia de algunos motivos como los arcos polilobulados, de herradura o las cúpulas bulbosas de las torres que figuran en la parte superior de la miniatura a página completa. Poco tiempo después, Jesús Domínguez Bordona dedica un breve epígrafe en los Manuscritos con pinturas, en el que también se insiste en la presencia de los arcos de herradura, como rasgo de su raigambre hispana.
Aunque breves, ambas descripciones debieran de haber resultado sugerentes para cualquier estudioso de la miniatura, sin embargo, los códices pasaron desapercibidos para la incipiente historiografía artística. De hecho, no será hasta los años noventa cuando vuelvan a recobrar cierta notoriedad a través de las exposiciones y . En sendas muestras asistieron en calidad de relicarios de la Tradición de la Venida de la Virgen, como demuestra el contenido y el interés de las respectivas fichas catalográficas. No aparecen menciones significativas al repertorio ilustrativo y únicamente se reprodujeron imágenes de los folios que contienen el relato mariano, cuya austeridad y poco cuidado formal no permiten intuir la riqueza del resto de páginas; los folios no dejaron ver el códice.
En contraste con esta situación, por esos mismos años, se realizó uno de los estudios más detallados, dentro de los testimonios analizados en la tesis doctoral de Jeremy Peter Gray. En ella, aborda el estudio del corpus de manuscritos ilustrados con la obra de los Moralia in Job localizados hasta ese momento; el elenco asciende a ciento tres ejemplares de un total de seiscientos sesenta y seis supérstites con el texto gregoriano. Lamentablemente el trabajo quedó mayoritariamente inédito, lo que provocó que sus conclusiones no tuvieran la merecida trascendencia en el ámbito académico; a pesar de ello, el estudio constituye una base esencial para el análisis del repertorio iconográfico.
Justamente, este autor plantea por primera vez una atinada filiación para los codices zaragozanos: “with its fantastic panply of architecture and flat diaper patterns would appear to be the same master who was in charge of the original design of the royal cartulary of Alfonso II, the Liber feudorum major”. Así pues, desde ese momento –aunque en silencio–, quedan adscritos al entorno artístico del cartulario y, en un periodo más avanzado, a la Viga de la Pasión y a parte del códice con el Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana conocido como Beato de las Huelgas.
Las noticias quedaron inéditas, impidiendo que los volúmenes se incorporasen al debate historiográfico; de hecho, no será hasta esta última década cuando dos estudios recuperen la atención sobre ellos. El primero, de Ana Isabel Magallón García y José Carlos Martín Iglesias, se ocupó de la edición crítica de la Tradición y, el segundo, de Joel Varela Rodríguez, trató los códices dentro del estudio de la obra del obispo Tajón (ca. 600–Zaragoza, ca. 683). El interés de ambos trabajos radica en la transmisión textual, de modo que carecen de valoraciones acerca del repertorio ilustrativo. No obstante, sendas investigaciones ofrecen rigurosas apreciaciones sobre diversos aspectos relativos al valor simbólico de los volúmenes, al proceso de materialización, a las posibles autorías y a la relación textual con otros ejemplares. Por lo tanto, conjugar esos estudios con el análisis del aparato ilustrativo resulta esencial para la comprensión del artefacto cultural.
2. EL REPERTORIO FIGURATIVO Y SUS RELACIONES CON LA PRODUCCIÓN DE 1200
Según se ha avanzado, el repertorio figurativo de ambos volúmenes está compuesto por la representación del autor a página completa (f. 17v) y cerca de medio centenar de letras iniciales iluminadas, de mediano formato y de una notable creatividad, dado que en ningún caso se repite la misma composición. A todo ello se añade, en el verso del segundo folio, otra representación del autor a página completa que quedó inacabada, pues unas partes llegaron a ser coloreadas y otras quedaron sólo abocetadas. Además de la notable diferencia con el proyecto ilustrativo general, el texto que contienen los dos folios no guarda relación con el resto del códice, por lo que se confirma que se trata de un añadido posterior.
Uno de los rasgos caracterizadores del taller tiene que ver con la amplia creatividad a la hora de componer las letras iniciales, principalmente capitales. Todas ellas se encuentran habitadas por individuos laicos o religiosos, animales fantásticos y rodeadas por complejos entramados vegetales (figs. de la 2 a la 9). Los artífices se sirven de toda suerte de recursos para crear combinaciones tendentes a la simetría y al equilibrio cromático; su elevada calidad técnica y compositiva vinculan a los responsables con la creación románica más refinada, desvelando así su cercanía con un centro de producción prestigioso. La composición de las letras muestra, asimismo, esa peculiar creatividad a la hora de configurar los trazos a partir de seres vivientes que caracteriza la producción miniada de estas décadas; a ojos de Otto Pächt representaba una “metamorfosis caleidoscópica” donde las formas se enmarañan creando una “pesadilla de organismos que se muerden, que se entrecruzan unos con otros, condenados a una lucha mortal. Una lucha de todos contra todos, donde las agresiones suelen incluso dirigirse contra el propio cuerpo, cuerpos que se desnaturalizan y acaban siendo un entrelazo” (figs. 2 y 3).

© Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza

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Según advierte Gray, la diversidad de las escenas impide reconocer alusiones directas al texto, de acuerdo con la tradición ilustrativa que la obra presentaba en las décadas que preceden a la decimotercera centuria. El repertorio zaragozano evita la ilustración literal tanto del libro de Job como de la obra gregoriana, solo la inicial preliminar del texto bíblico (4v) acoge una escena donde el paciente protagonista se muestra en actitud de disputa con una figura demoniaca, una secuencia que, en cierto modo, traduce visualmente la historia al tiempo que la prologa. En consecuencia, para el investigador británico, el testimonio que proporcionan los códices de Zaragoza debe leerse en clave tipológica –pendiente de ahondar– y, por ello, denota un enfoque exegético novedoso por parte de sus ideólogos que se distancia de la tradición iconográfica precedente.
Otro elemento que constituye un rasgo propio del equipo responsable de los Moralia del Pilar tiene que ver con la ejecución de las partes corporales, particularmente del rostro. Una fina capa de tonalidad grisácea busca crear cierto efecto de volumen, alejando el resultado de los rostros marcadamente blancos y planos de la mayor parte del Liber feudorum major y de la Viga de la Pasión. No se trata de un mero recurso plástico, sino que denota un mayor dominio de la técnica, por lo tanto, un elemento determinante que permite defender un cambio de personalidad artística. Ahora bien, este matiz no se percibe de forma sistemática en todas las letras de los códices zaragozanos sino en las de mayor entidad, de modo que tal pericia se debe asociar con el artífice principal o responsable del equipo, confirmando así la presencia de varias manos, como, por otra parte, es natural (figs. 4 y 5).

© Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza

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Por último, un tercer matiz que favorece la caracterización del taller tiene que ver con la forma de resolver el efecto cromático de algunas partes de la indumentaria; buen ejemplo, el personaje de Gregorio Magno en la imagen a página completa o la figura de Cristo en el interior de la letra P (fig. 1). Una suerte de retícula geométrica rellena los ropajes, imponiendo un efecto llamativo y, a la vez, marcadamente plano. Verdaderamente, este elemento en sí mismo no supone un rasgo determinante de una personalidad artística dentro de un panorama general, sin embargo, su concurrencia junto a otros motivos sí que denota un horizonte visual compartido. En este caso, además, se trata de un elemento común a la producción coetánea en diversos espacios de creación, de modo que en ningún caso se advierte como un síntoma determinante.
La presencia anglonormanda en la península y el contexto de creación de los Moralia
Las diferentes relaciones que se detectan con la producción más inmediata revelan que la ilustración de los códices fue ejecutada en territorio peninsular, incluso su estrecha cercanía con el Liber feudorum major lo sitúa en el ámbito cortesano de Alfonso II y doña Sancha. Ahora bien, el repertorio y los modelos compositivos que se manejan a la hora de articular las letras iniciales manifiesta una estrecha proximidad con la producción anglonormanda o del norte de Francia de manera directa; bien en una etapa formativa del artífice o por un contacto secundario a través de la circulación de ejemplares notables.
El vínculo pictórico con los centros europeos del otro lado de los Pirineos constituye el nudo gordiano del debate historiográfico. Uno de los primeros autores en posicionarse a este respecto fue Bohigas, a propósito de la propuesta de Walter W. S. Cook que ligaba la pintura mural de Cataluña a la producción manuscrita y esta, a su vez, tomaba como modelo inmediato el ámbito inglés, concretamente el Caedmon manuscript. El profesor catalán rechaza de forma taxativa este vínculo y cuestiona algunos detalles de la filiación de Cook, particularmente en su relación con la Biblia de Roda y justifica las posibles relaciones con la habitual circulación libraria. Asimismo, se muestra más favorable a reconocer cierto bizantinismo heredado del periodo carolingio; afirma:
Concentrándonos a la Marca Hispánica, creemos que puede hablarse de un arte y de una miniatura con caracteres propios bien acusados, para que con todas propiedades la podamos denominar catalana. [...] donde mejor se sigue la evolución de esta miniatura es en los elementos puramente decorativos de los libros, como las iniciales, que en pleno siglo XII han alcanzado la pompa del románico y muestran el orientalismo que, resultado del contacto con Bizancio y el próximo Oriente, caracteriza este estilo.
Las palabras desvelan una mirada que enfatiza determinados rasgos, hasta el punto de convertirlos en propios de una unidad política –los condados catalanes–, e insiste en la idea de que la producción de este espacio es heredera del ‘esplendor carolingio’, como paradigma de prestigio y aperturismo de la región; de hecho, rechaza cualquier influjo peninsular: “El arte catalán es producto de esta corriente europea y la relación que pueda conservar con el mozarabismo es de detalle, y en ningún caso esencial”. Ciertamente, sus apreciaciones se deben comprender en el contexto cultural e ideológico en el que se gestaron los primeros trabajos sobre la historia de la miniatura medieval en España.
En esa misma década, Yarza publica el primer trabajo sobre la Biblia de Burgos , donde por primera vez se posiciona con claridad: “Presenta puntos de contacto con Alemania y más claramente quizá, con Inglaterra, cuya relación con España en el siglo XII y principios del XIII, especialmente con la escuela Winchester, se va poniendo cada vez más de relieve”. Esta será una premisa persistente en sus trabajos, reafirmada con cada nuevo ejemplar que se fue incorporando al corpus de la miniatura hispana, buen ejemplo, en su relación con las Biblia de Lérida y de Calahorra donde ha mantenido la notable influencia del espacio anglonormando, “especialmente desde los inicios de la segunda década del siglo XII”.
En términos semejantes se mostraba Serafín Moralejo, a propósito de las miniaturas del Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela, para quien no era necesario “reconstruir cauces históricos para las indicadas relaciones inglesas, que sólo resultan sorprendentes en una imagen falseada del románico español como mera prolongación provincial de lo francés”. El profesor gallego sostiene su afirmación apoyándose en toda suerte de objetos artísticos, donde las influencias inglesas o de las regiones del Canal de la Mancha “presidieron ya las primicias de la figuración románica en los reinos occidentales hispánicos [...], y llegaron a constituir prácticamente el más común denominador de nuestra miniatura del último tercio del siglo XII y de los primeros años del XIII”.
Por esos mismos años se exhumaba otro importante conjunto de manuscritos custodiados en el Real Monasterio de las Huelgas (Burgos). Sonsoles Herrero se hizo cargo del estudio de este corpus compuesto por varios códices litúrgicos. Las diferencias de calidad, procedencia y ejecución son palmarias, pero hubo cierto consenso en situar la creación del Antifonario y del Martirologio en el ámbito anglonormando. La monografía, prologada por Yarza, consolida la presencia inglesa en Castilla, precisamente en un centro patrocinado por la reina Leonor Plantagenet (13.X.1162-Burgos, 31.X.1214). Así, el entorno burgalés, con el monasterio de San Pedro de Cardeña a la cabeza, se constituye en un foco de indudable influencia inglesa a través de la cultura propia de la monarca.
En la última década la adscripción inglesa del Martirologio ha sido cuestionada inicialmente por el análisis de Ana Suarez González, quien defiende que “los caracteres internos del libro, su mensaje, parecen conducirnos a un espacio –Cîteaux– y a un tiempo –c. 1236-¿1247?–”. De forma paralela, Fernando Galván Freile se ocupó de analizar el contenido textual y musical del Antifonario y del Martirologio mostrándose partidario de situar su creación en la abadía de Santa María de Alcobaça (Portugal). Dicho autor concluye que “las fórmulas del centro y norte de Europa no habrían llegado de manera directa a la corte castellana, sino vía Portugal”. No obstante, no se trata de abordar en este artículo el entramado de filiaciones de la producción castellana pues, además, en muchos casos la presencia anglonormanda se proyecta varias generaciones después, como ocurre con el Salterio anglocatalán y su incidencia en la creación figurativa de los Códices de las Historias. Sean como fueren las relaciones, resulta clarificador que, en palabras de Rosa M.ª Rodríguez Porto: “la pintura inglesa constituía una suerte de moda cortesana del momento, y que la inexistencia de una filiación directa con la dinastía Plantagenet no era óbice para la promoción del nuevo lenguaje figurativo”.
El taller de los Moralia del Pilar. Vínculos precedentes y consecuentes
La corte aragonesa no era ajena al gusto por los materiales originarios del Canal, es más, la reina Sancha promovió la creación del conjunto mural más representativo de la incidencia de modelos ingleses en la región: la Sala capitular del Real Monasterio de Santa María (Sijena). Otro de los paradigmas del contacto insular en el territorio es el conocido como Salterio anglocatalán, un ejemplar procedente de Canterbury y datado hacia 1170 en su parte primitiva. El volumen, sin acabar, recaló en la península ibérica en un momento indeterminado anterior al segundo cuarto del siglo XIV, cuando Ferrer Bassa recibe el encargo de completar la obra. La extraordinaria calidad del ejemplar denota una planificación y una previsión de recursos muy meditada, en consonancia con una personalidad de prestigio para su comisión. Justamente, estas circunstancias hacen pensar a Rosa Alcoy que la interrupción del proceso debió darse de manera inesperada y el traslado tuvo que ser inmediato, pues no parece razonable pensar que una empresa de tal envergadura fuera abandonada por el promotor o sus herederos más próximos. En este sentido, según ha demostrado Rocío Sánchez Ameijeiras, su incidencia en los Códices de las Historias acredita su presencia en el territorio, al menos, durante las primeras décadas de 1200.
A pesar de la distancia perceptible entre ambas obras, es posible advertir elementos afines entre los Moralia y el Salterio, en ningún caso con la pretensión de identificar a un mismo taller ni entorno artístico siquiera. Ahora bien, una serie de recursos visuales denotan un horizonte visual compartido de raíz británica, buen ejemplo es el tratamiento alargado y estilizado de los personajes, con el singular paso danzante que busca dotar de movimiento y cierta profundidad a la escena; un detalle que también es asociado al ambiente bizantino. Asimismo, las arquitecturas que rematan algunas composiciones del salterio en la parte superior muestran cierta afinidad con las que encuadran la imagen de san Gregorio, en el primer tomo de los Moralia (f. 17v) (figs. 1 y 6). Los cortinajes anudados en columnas laterales, de una magistral resolución en las miniaturas inglesas, se emulan torpemente en las hispanas (figs. 1 y 2). Por último, los tapizados geométricos, a base de líneas paralelas y pequeños puntos, en el Salterio cubren superficies planas o detalles muy puntuales en los ropajes, mientras que en las versiones peninsulares se utilizan rudamente en la indumentaria, dando como resultado una marcada planitud de sus cuerpos, como se aprecia en los casos de Zaragoza, Barcelona y Burgos.

© Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza
Un segundo testimonio que delata la familiaridad del taller hispano con los modelos del Canal es la Biblia de Saint-André-au-Bois. Este ejemplar fue realizado en el entorno de la ciudad de Sens, hacia 1180-1185, por mano de un copista inglés, probablemente miembro del séquito del arzobispo Thomas Becket. Patricia Stirnemann ha desvelado esa intensa producción que se desarrolla en la ciudad en torno a los años 1150-1160 y que se prolongó durante dos décadas, coincidiendo con la presencia en la ciudad de la corte pontificia de Alejandro III y del mentado arzobispo de Canterbury. Las relaciones con los manuscritos zaragozanos están vinculadas con los modelos compositivos de las iniciales; quizá las más claras sean aquellas que se configuran a partir de estilizados atlantes que soportan la parte superior de la letra. En ambos casos, los entrelazos vegetales se encuentran poblados de pequeños animales fantásticos y, con frecuencia, colocados en el interior de tondos, una composición familiar a los ejemplares zaragozanos (figs. 7, 8 y 9). Los espacios entre las letras se rellenan con la característica composición vegetal donde sus pétalos acaban por enroscarse en el nervio circundante, la conocida como octopus flower.

© Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza

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Fotografía de Jonatan J. López Muñoz y Carlos Colás. © Archivo Capitular del Pilar, Cabildo Metropolitano de Zaragoza
Precisamente, la figura de Thomas Becket no resulta ajena a este entramado de materiales, puesto que conocido es su vínculo con el Salterio anglocatalán y la Biblia de Winchester. En efecto, todos ellos comparten estrechas relaciones, pues constituyen lo que se ha dado en llamar Channel Style, desarrollado dentro de unos límites temporales y geográficos muy definidos. El prestigio de esta producción explica su conversión en ejemplares preciados por las principales cortes europeas, tanto en la versión libraria como en la pintura mural; estimulando con ello el deseo de emulación de los talleres locales, como atestigua la larga proyección del motivo en la producción miniada hispana.
Cuando Otto Pächt advirtió la relación del repertorio figurativo de la Biblia de Winchester y los frescos de Sijena, resultaba llamativo para la historiografía del momento, todavía con una marcada impronta filogala, como denunciaba Moralejo. Posteriormente, los trabajos que se desarrollaron a lo largo de los años ochenta, han familiarizado la presencia de lo inglés en suelo hispano durante la segunda mitad del siglo XII. En la Corona de Castilla los testimonios librarios han reafirmado la propuesta, mientras que, en la de Aragón, era el conjunto monástico el principal valedor, pues la indefinida llegada del Salterio anglocatalán no aportaba mayores certezas. Por esta razón, los códices del Pilar constituyen un testimonio de gran relevancia que contribuye a clarificar las vías de recepción de estos modelos en suelo aragonés.
3. CONSIDERACIONES FINALES
El equipo responsable de los Moralia debió estar en contacto con el entorno cortesano del rey Alfonso II; la envergadura de los códices, la calidad técnica y plástica de sus miniaturas, además de su evidente relación con el responsable del Liber feudorum major, permiten reconocer a un promotor común y de notable capacidad económica. Por el momento, cualquier hipótesis sobre su identidad resulta aventurada, pues la falta de indicios impide señalar a alguien con solvencia. No obstante, conviene advertir que el monarca fue un destacado benefactor del templo de Santa María la Mayor en el siglo XII, como ha advertido Ester Casorrán Berges.
El estrecho vínculo con el iluminador más destacado del Liber feudorum major resulta evidente, por el tratamiento compositivo de la escena a página completa, por las arquitecturas que coronan la imagen y por la preparación técnica de los rostros advertido anteriormente. El cartulario real ha recibido las más destacadas loas por parte de la historiografía, el propio Bohigas lo consideró “le chef-d’oeuvre de l’enluminure catalane de cette époque”. El estado en el que ha llegado hasta nuestros días obliga a mostrar ciertos reparos a la hora de identificar a los artífices implicados en su ejecución; ahora bien, restan pocas dudas sobre su correspondencia con el equipo de Zaragoza, al menos con el responsable de sendas imágenes de apertura. Del mismo modo, se reconoce en las letras interiores de menor entidad la participación del artífice de la Viga de la Pasión, caracterizado por los rostros planos de color blanco y por el recurso al drapeado elíptico de raigambre inglesa, que, por otra parte, también se percibe en la Biblia de Burgos. A las notas formales advertidas por Yarza, se suma la estrecha relación compositiva de las letras configuradas por atlantes y seres fantásticos visibles en ambos códices. No obstante, la torpe resolución técnica y los rasgos fisionómicos de las figuras confirman que se trata de un artífice diverso, pero conocedor del repertorio que circula en la corte aragonesa.
No se trata de un caso aislado, pues la copia del Beato de las Huelgas, adscrito al mismo scriptorium (monasterio de san Pedro de Cardeña) reafirma su cercanía, particularmente a la hora de componer las escenas encuadradas en estructuras arquitectónicas, donde la semejanza es palmaria. También en los cortinajes anudados a la columna tamizados por la mano hispana que lo convierte en un torpe embrollo plano. En efecto, todo apunta a que un equipo formado en los talleres de producción libraria de la corte del rey Casto, prestigiados por su formación inglesa, se trasladaron a la ciudad castellana; un contexto favorable e interesado por esta producción, familiar al gusto de doña Leonor.
Por último, conviene valorar la relación del repertorio figurativo del Pilar con otros dos códices próximos en el tiempo y en el espacio: la Biblia de Calahorra y la Biblia de Lérida. En ambas, el aparato ilustrativo se reduce a las letras iniciales habitadas por abundantes figuras humanas y animales fantásticos. Todo apunta a que ambas fueron creadas en un contexto cercano, de hecho, Ayuso Mazaruela las adscribe al mismo scriptorium de la ciudad riojana en base al contenido y a la composición de los textos. De nuevo, Yarza marca la pauta a la hora de trazar las filiaciones: “Su texto es de origen indudablemente hispano; pero las grandes iniciales figurativas y ornamentales, reflejan, como trataré de demostrar, influencias múltiples internacionales y entre ellas las inglesas son más intensas”. Reconoce hasta cuatro manos responsables, dos de las cuales están relacionadas con el entorno de Winchester, como delatan “las figuras de canon largo, muy delgadas y estrechas de hombros”. Tras un minucioso análisis, asume la ejecución de la de Calahorra hacia 1125, mientras que para la de Lérida propone su inicio hacia 1164 y su finalización en una fecha próxima a 1175. A pesar de la supuesta pertenencia al mismo centro de producción, manifiesta que la semejanza estilística entre ambos códices es muy relativa y “es altamente improbable que tengan el mismo origen”. Concluye:
No puedo, con ciertas garantías, ofrecer una alternativa. Me gustaría, al menos, sugerir una idea. Años después de terminada la Biblia, miniaturistas de Winchester, dentro del “estilo 1200” van a llegar a Sigena, sin que se conozcan bien por qué razones ¿Cabría pensar que el mismo tipo de relación que pondrá en contacto Aragón y Winchester está detrás de esta obra, anterior en algunos años? ¿sería la que se señala en la Biblia de Lérida, la primera noticia de un contacto con el centro inglés? Por un lado, esto presupone un lugar aragonés como scriptorium de la actividad de los miniaturistas. Pero, por otro lado, nos pone en relación con la parte femenina de la casa real catalano-aragonesa.
En efecto, los códices del Pilar clarifican sus dudas: durante las últimas décadas del siglo XII, en el entorno cortesano de Alfonso II, la presencia de códices de ascendencia anglonormanda no resultaba ajena. La procedencia bilbilitana de la Biblia de Lérida y la presencia en Zaragoza de los Moralia asientan la hipótesis sobre la ubicación de talleres en el territorio.
REFERENCIAS
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Jiménez López, Jorge. “Legitimación, identidad y memoria en los ‘Moralia sive Expositio in Job’ del Archivo capitular del Pilar (Zaragoza)”. En El mundo de las catedrales. Pasado, presente y futuro, eds. José Luis Barriocanal Gómez et. al., 1097-1105. Burgos: Fundación VIII Centenario de la Catedral, 2021.
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Naya, Juan y Manuel Castiñeiras González. “Like a Psalter for a Queen: Sancha, Melisende and the New Testament Cycle in the Chapter-House at Sijena”. Journal of the British Archaeological Association, no. 174, 1 (2021): 55-96. https://doi.org/10.1080/00681288.2021.1949828
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Rodríguez Porto, Rosa M.ª. “Tramas manuscritas: difusión y fortuna de los modelos anglonormandos en la iluminación del libro castellano (1170-1369)”. En Los modelos anglo-normandos en la cultura letrada en Castilla (siglos XII-XIV), ed. Amaia Arizaleta y Francisco Bautista, 137-151. Tolouse: Presses universitaires du Midi, 2019.
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Sánchez Ameijeiras, Rocío. “Entre pergaminos y piedras. Nuevas hipótesis sobre los autores de la policromía original del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago”. En Los mundos del arte. Estudios en homenaje a Joan Sureda, eds. Eva March y Carme Narváez Cases, 57-66. Barcelona: Universidad de Barcelona, 2019.
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Stirnemann, Patricia. “En quête de Sens”. En Quand la peinture était dans les livres. Mélanges en l’honneur de François Avril, 304-311. Turnhout-París: Brepols-Bibliothèque nationale de France, 2007. https://doi.org/10.1484/M.ARS-EB.3.41
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Watts, James W. How and Why Books Matter: Essays on the Social Function of Iconic Texts. Sheffield: Equinox, 2019. https://doi.org/10.1558/isbn.9781781797693
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Yarza Luaces, Joaquín. “La miniatura románica en España: estado de la cuestión”. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, no. 2 (1990): 9-25. https://doi.org/10.15366/anuario1990.2.001
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Notes
[1] El estudio ha recibido financiación de la Cátedra Gonzalo Borrás del Gobierno de Aragón y la Universidad de Zaragoza; asimismo, se enmarca en la actividad del grupo de investigación de referencia Vestigium (H19_23R), financiado por el Departamento de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento del Gobierno de Aragón (2023-2025). Asimismo, agradezco a la profesora Josefina Planas (Universitat de Lleida) su generosa ayuda en el proceso de investigación de estos códices; sin su confianza y magisterio, el resultado hubiera sido diferente, por ello, las virtudes que este contuviere también son compartidas.
[3] Entiéndase como referencia geográfica actual, si bien, el autor agrupa los testimonios a partir de las demarcaciones provinciales.
[4] Los volúmenes no cuentan con signatura topográfica; dado que se trata de los únicos códices custodiados en el Archivo capitular del Pilar.
[6] .
Dada la amplia producción bibliográfica relacionada con el conjunto mural remito al trabajo reciente de Naya y Castiñeiras donde se refieren los estudios principales, además de formular nuevas hipótesis sobre la relación visual con el Salterio de la reina Melisenda ().
[9] Varela Rodríguez reafirma la pertinencia de este concepto formulado en su momento por Manuel Díaz y Díaz, para referirse a los manuscritos hispánicos que transmiten un corpus de textos revisado por el prelado visigodo “que integra en su versión más amplia la epístola a Eugenio, la Visio Taionis, un índice de las partes de los Moralia y el capítulo del De viris illustribus de Isidoro dedicado a Gregorio” ().
[12] . En 1676 el papa Inocencio XI expidió la Bula de Unión de los cabildos de El Pilar y de la Seo del Salvador, entre cuyas consecuencias se encontraba la agrupación de las colecciones de libros en una única biblioteca capitular emplazada en la Seo. Sobre el proceso de ritualización de los códices dentro del enfrentamiento institucional consúltese .
[15] Exposición Histórico Europea de 1892: Sala con tapices, cuadros, armaduras y vitrinas expositoras, Madrid, Archivo Ruiz Vernacci, Fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural de España, VN-27885.
[19] . La digitalización del manuscrito está disponible en el Portal de Archivos Españoles: https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/1931493 (Consultado, 19/12/2023)
[22] Una aproximación a la figura del obispo Tajón puede consultarse en sendos trabajos de Magallón García y Martín Iglesias y de Varela Rodríguez, así como en la correspondiente entrada del Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia: https://dbe.rah.es/biografias/17083/tajon-de-zaragoza (Consultado, 19/12/2023).
[23] El texto pertenece al final del libro de Job y este pasaje aparece íntegro en el apartado correspondiente, por lo que supone una duplicación que no cuenta con una explicación razonable, según ha constatado Varela Rodríguez.
[34] . Digitalización disponible en la Biblioteca Digital de Castilla y León: https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.do?id=20335
[38] . Yarza insiste en ello en sus trabajos posteriores (; ); asimismo, la producción historiográfica que se ha ocupado de este marco geográfico y cronológico ha ahondado en el entramado de redes de circulación e intercambio, no obstante, por motivos de espacio no se hace mención expresa a títulos específicos que ramificarían el discurso.
[46] . Sobre este códice existe una amplia producción bibliográfica, por ello, remito a los trabajos de Alcoy, particularmente al comentario a la edición facsimilar (2006).
[50] En los próximos meses verá la luz una nueva monografía de donde plantea una revisión del entramado artístico que vincula estos materiales; a ello convendrá engarzar los códices zaragozanos.
[59] Denominación que recibe durante el periodo medieval la actual catedral-basílica de Nuestra Señora de El Pilar.
[61] El cartulario barcelonés ha concentrado un elevado número de estudios desde diversos ámbitos de estudio, particularmente desde la historia del arte y de la miniatura a propósito del repertorio iconográfico; no se reseñan las aportaciones por cuanto no resulta vinculante para defender la vinculación artística con los códices que ocupan este artículo.
[66] Sobre el controvertido centro de producción en el monasterio burgalés, véase el reciente trabajo de , donde además revisa la producción manuscrita del entorno. Naturalmente, futuros trabajos sobre los volúmenes del Pilar deben abordar su integración en el entramado artístico presentado por Suárez y Alcoy en sus recientes publicaciones, prácticamente coetáneas a esta.
[67] Con la incorporación de los códices del Pilar al corpus librario resulta muy sugerente ahondar en la correlación de ambas reinas en relación a su actividad cultural defendida por .

