Si bien la figura de Ramón Arana ha sido ya trabajada por diferentes autores, hasta el momento no habían sido estudiadas las 16 cartas que, entre 1898 y 1933, envió al director del Orfeó Català y que, junto con un total de 22 melodías, presentamos en este texto. Son ellas una muestra clara del deseo de colaboración – y en ocasiones hasta de intento de imitación – que podemos encontrar entre el Rexurdimento musical gallego y la Renaixença musical catalana, así como una documentación que nos permite rastrear – y ampliar – el conocimiento que, hasta el momento, teníamos de Ramón Arana, tanto como recopilador y estudioso del folklore en general, como en su faceta de promotor de la música gallega.
El corpus que presentamos forma parte de un lote de 17 cartas, catalogadas como “Correspondència entre Ramón d´Arana i Lluís Millet i Pagès”, actualmente custodiadas en el Centre de Documentació de l´Orfeó Català. Salvo las dos últimas, mecanografiadas, todas son manuscritas de Ramón de Arana, con excepción de la número 15, que corresponde a una misiva enviada por Higinio Anglés al director del Orfeó Català. La correspondencia, que suma 45 cuartillas, se extiende entre 1898 y 1933 con una periodicidad espaciada e irregular: nunca supera las dos cartas anuales y, en algunos intervalos, llegan a transcurrir hasta ocho años entre misiva y misiva. Cabe destacar que no se conservan las cartas enviadas por Millet a Arana, por lo que el contenido de aquellas solo puede inferirse a partir de las respuestas de este último.
Lluís Millet (1867-1941) fue un músico, intérprete y compositor catalán formado, entre otros, por Felip Pedrell y que tendrá un papel muy destacado en la recuperación de la música popular catalana, de la que será también un gran divulgador. En 1891 funda el Orfeó Català, del que fue director y en 1904, la Revista Musical Catalana, que pervivirá hasta 1936.
Distinto era el caso del ferrolano Ramón Arana (1858-1936). No era compositor, si bien interpretaba la flauta, no lo hacía profesionalmente y, aunque poseía ciertos conocimientos de dirección, nunca ejercerá tal cargo, ya que declinó la única oferta que se le presentó en este sentido. Sí llevará a cabo, sin embargo, una prolífera actividad como crítico musical, tanto en el Correo Gallego, en el que trabajaba oficialmente, como en otros periódicos y revistas de Galicia y de fuera de ella.
Será, sin embargo, su labor como recopilador y “clasificador” de música popular gallega la que justifique la correspondencia entre el crítico ferrolano y el músico catalán, una iniciativa cuya finalidad debe interpretarse en el marco de las coordenadas intelectuales y culturales vigentes en la época.
1. Antecedentes de una relación epistolar: de Felip Pedrell a Ángel Bonet
En el momento en que se inicia el intercambio epistolar que aquí presentamos, tanto en Cataluña como en Galicia, se llevaba tiempo gestando el proceso del “resurgir” musical de ambas regiones, estrechamente vinculado a dinámicas similares desarrolladas en otras zonas europeas bajo el influjo del romanticismo. En Galicia, este impulso comienza en 1861 con la composición sinfónica de La muiñeira Alfonsina de Canuto Berea y se intensifica a partir de 1877 con la publicación de los Cantares viejos y nuevos de Galicia de Marcial del Adalid. A partir de aquí, se configura un proyecto de música académica que, en primer lugar, quiere beber de la música popular, pero también de otros elementos como la música medieval o el elemento ideológico del “celtismo”. Si bien el movimiento ya llevaba tiempo gestándose en 1898, sin embargo, para la fecha, tanto Ramón de Arana como Lluís Millet, no hacía tanto que habían entrado en el proceso del regeneracionismo de sus respectivas tierras. En este contexto, los orfeones desempeñan un papel decisivo como agentes de difusión y consolidación del nuevo paradigma sonoro. En Galicia, agrupaciones como el Orfeón Gallego de Lugo o El Eco de A Coruña y, en Cataluña, el Orfeó Català, se erigen en auténticos núcleos dinamizadores, no solo por su función interpretativa, sino también por su capacidad para articular redes culturales y proyectar un discurso estético que trasciende lo meramente local.
En el caso de Ramón de Arana, hemos de retrotraernos hasta 1895, para encontrar el inicio de su interés en el proceso de recopilación de la música popular, cuyo germen se halla, precisamente, en la relación que establece en esta época con el baluarte fundamental de este proceso de regeneración de la música: Felip Pedrell. El compositor catalán se pondrá en contacto con el crítico ferrolano hacia 1893, solicitándole música popular gallega para el que terminará siendo su Cancionero musical popular español publicado en 1922. En enero de 1895, Arana, al requerimiento que le hace Pedrell responderá: “Respecto al Folklore gallego [...] yo prestaré, si V. lo desea, mi fuerza de peón para reunir unas cuantas piedras, y si fuese preciso recurriré a los profesores de la región solicitando auxilios, que creo no han de negarme. Sírvase indicarme lo que crea puedo facilitarle y prometo cumplir de la mejor manera”.
A partir de entonces, Arana se dedica activamente a la recopilación de música popular, recurriendo también a otros músicos gallegos, tanto para pedir materiales como para, en ocasiones, solicitar consejos, como hará con Juan Montes. Y es que Arana siempre se considerará a sí mismo un simple aficionado, cuyos conocimientos piensa que están muy por debajo de la tarea que le solicitan. De ahí, el nombrarse en esta misiva como un mero “peón” o los señalamientos constantes que, en esta dirección, encontramos en las cartas que aquí transcribimos.
No es esta, sin embargo, la apreciación que de él tenía Felip Pedrell. Así se evidencia cuando Lluís Millet, director del Orfeó Català y discípulo de Pedrell, decide enviar al orfeonista Ángel Bonet a recorrer España en busca de materiales folklóricos. Pedrell no solo respalda la iniciativa, sino que le recomienda que se ponga en contacto con Ramón de Arana. Antes de iniciar su viaje, en agosto de 1897, Bonet se entrevista con Pedrell, quien le entrega dos cartas de recomendación para Galicia: una dirigida a Juan Montes y otra para Ramón de Arana. En esta última, Pedrell solicita al crítico ferrolano que hablen de “canto popular” y que “cambien impresiones” con el propósito de que “los lazos del folk-lore gallego se estrechen con el catalán sano, artístico y elevado” que representaba el Orfeó Català.
Ángel Bonet, después de recorrer otras zonas del norte de España, estará en Galicia entre septiembre y octubre de 1897, visitando localidades como Pontevedra, Santiago, Coruña y Ferrol. En esta última, se entrevista con Ramón Arana, como le cuenta en una carta que envía a Pedrell a finales de mes, destacando que había recibido al “entusiasta orfeonista, con el cual charlé largo y tendido, cambiando ideas e impresiones”. La prensa ferrolana también recoge la visita, destacando que Bonet había establecido relaciones de cordialidad con los orfeones gallegos y “adquirido las más hermosas partituras de nuestros cantos y melodías para darlos á conocer el Orfeó Català”.
La profunda impresión que Galicia causó en Ángel Bonet se refleja en una extensa carta enviada a Lluís Millet desde Santander, en la que su entusiasmo resulta evidente en cada línea. El impacto no se limita a la experiencia personal, sino que se articula en términos comparativos y proyectivos, como demuestra su afirmación: “Si tinguessin mes esperit d´associació, si no fossin tant indolents, Galicia podria ésser un bon costat pera Catalunya”. Esta observación, que combinaba la admiración con la crítica, revela claramente la percepción de Bonet sobre las potencialidades culturales gallegas y su posible convergencia con el proyecto catalán.
A pesar de esta valoración ambivalente, Bonet asegura tener buenas noticias relativas a la música y al regionalismo gallego, aunque decide reservar los detalles para comunicarlos personalmente al regresar a Barcelona. Si bien lamentamos que no detallara estos aspectos por escrito, la correspondencia posterior entre Lluís Millet y Ramón de Arana – cuya transcripción presentamos – constituye una valiosa fuente no solo para imaginar las posibles apreciaciones de Bonet, sino para rastrear las redes de colaboración y los intercambios ideológicos que sustentaban los lazos que se quisieron establecer entre Galicia y Cataluña.
2. El contenido de las cartas que transcribimos
El intercambio epistolar que establecerán Lluís Millet y Ramón de Arana a partir de 1897 hemos de entenderlo, así, como el resultado de dos factores. Por un lado, estaba la fascinación que le producirá a Ángel Bonet su viaje a Galicia a la que, como acabamos de ver, considera que podría ser la compañera ideal de Cataluña en el afán de buscar el deseado renacimiento de cada una de las regiones. Ramón Arana, con quien no solo se había reunido personalmente, sino que le había regalado un “muestrario” de melodías y bailes del Folk-lore gallego, se constituía en el interlocutor y la puerta de entrada perfecta para este fin. Por el otro, estaba el deseo expreso – casi mandato – del edecán de la música catalana, Felip Pedrell. En la carta de recomendación que escribe para que lleve a Galicia Ángel Bonet, le dirá a Arana: “Después de esta entrevista, [quiero] que cambie impresiones epistolares con el director del Orfeó, mi amadísimo Millet, que es de los nuestros y de los primerísimos”.
Ambos acatarán este deseo y después de una primera misiva que escribirá Lluís Millet el 28 de diciembre de 1897 a R. Arana y que no conservamos, el ferrolano se apresurará a responder y cultivar el intercambio epistolar que le había solicitado Pedrell. En las 16 cartas que se han preservado, se pueden rastrear las inquietudes y los elementos más relevantes que, cual ritornello, aparecerán de manera recurrente en los escritos – artículos y cartas – que Arana escribirá a lo largo de su vida, pero a lo que aquí hemos de añadir las semejanzas y analogías que establecerán entre la música gallega y la catalana y que constituyen el elemento más destacable – por diferencial – de este conjunto de misivas.
Esta comparación, se pone de manifiesto desde un inicio. En la carta nº 1, datada en enero de 1898, en respuesta a la música catalana que Millet le había enviado, el ferrolano le indica que, efectivamente, le sorprendieron las semejanzas en la forma, giros melódicos y cadencias (es decir, básicamente todos los elementos) entre la canción catalana y la gallega que él ya le había advertido. Para Arana, que desde el inicio de sus investigaciones musicológicas había intentado con ahínco establecer semejanzas entre la música gallega y la de otras partes de Europa apuntará, entusiasmado, que ese dato importantísimo aumenta las analogías que había encontrado entre la música gallega y la música bretona y la alemana. Esta emoción inicial la veremos, con los años, mermada. Es así como 30 años después, un Ramón de Arana que contaba ya a la sazón con 70 años, en la misiva nº 14, en la que felicita a Millet por los Materials de música del folklore musical catalana, se pregunta cuándo Galicia podrá llevar a cabo algo similar. Algo que reiterará en la 16, de 1933, en la que señala que los viejos maestros han fallecido y que los aficionados como él no podrían llevar a cabo semejante tarea.
Pero más allá de las meras similitudes entre ambas regiones – a lo que hemos de añadir el elemento del idioma del que habla en la tercera carta – se preocupará por encontrar convergencias concretas. Es así como en la carta 5 le preguntará por la melodía de una muiñeira de la que le envía el incipit, que dice haber visto en una colección de cantos populares catalanes, si bien no recuerda con exactitud en cual. La muiñeira no es otra que la melodía nº 19 que le había enviado en las partituras entregadas en 1897 y que presentamos al final de este escrito, si bien con algunas pequeñas diferencias de ritmo (el empleo del pie tribraquio en vez del dáctilo típico del “toque de muiñeira”). En la siguiente carta, le señalará que se le ha “metido en la cabeza que deben ser muchas las analogías entre los cantares de los pueblos de estas dos regiones” y agradece el ofrecimiento de Millet de enviarle apuntes sobre los cantos populares catalanes que tuviesen semejanza con los gallegos. Arana le hablará en concreto del Noi de la mare, villancico muy popular en Cataluña y cuya melodía era la de una muiñeira gallega. Efectivamente, como ya han dicho otros autores, esta melodía se usaba desde el siglo XVII, en las “gaitas” que identificaban a los personajes gallegos en los villancicos y, en el XVIII, también en las tonadillas escénicas que se hacían fuera de Galicia. Posteriormente, se introducirá en los villancicos gallegos como A nosa gaita, compuesto por Melchor López en 1795. Señala que Manuel Milà y Fontanals había planteado que la melodía procedía de Galicia. Sin embargo, él se preguntará si más bien no será al revés o, incluso, que procedan de una fuente común. Casi dos años después de esta carta, en el artículo que publica en el Almanaque de Ferrol de 1905, habla de la muiñeira que se presenta como “muy nuestra” Tanto bailei co´ama d´o cura, pero que en realidad se trata de la misma música de la castellana Tantarantán que los higos (o las uvas) son verdes y que es el estribillo del Noi de la mare, señalando que es la misma que emplea Juan Montes, pero sin atreverse aseverar si el origen es gallego, catalán o de un tronco común. En la carta nº 7 volverá sobre el tema, preguntándose, incluso, si el origen de la muiñeira no será en realidad catalán.
No cabe duda de que el asunto le preocupa – o interesaba – sobremanera. El 25 de julio de 1906, le hará la consulta directamente a Pedrell acerca del posible origen de la muiñeira y su eventual vinculación con Cataluña. En su carta, menciona dos muiñeiras que, según afirma, son las más conocidas en Galicia: una de ellas corresponde a la melodía incluida en la carta nº 5 (nº 19 del Flo-klore enviado) y, la otra, es la muiñeira cuya música es “idéntica” a la del Noi de la mare y que, según asegura, en Galicia se interpretaba “allegretto, para bailar, y Moderato como nana”. Solicita la opinión de Pedrell sobre cuál de las dos considera más antigua – él se inclina por la segunda – y sobre quién piensa que habrá tomado la melodía de quien. Le asegurará que “la identidad de música y poesía catalana y gallega, me tiene muy intrigado, ignorando si la difusión de esa forma lírica es tan grande ahí como aquí”. Lamentablemente, no se conserva la respuesta de Pedrell, aunque puede inferirse que no resolvió las dudas del autor ferrolano, ya que en los artículos posteriores de Arana donde vuelve a tratar el tema de la muiñeira, no esclarecerá este asunto.
A los elementos comunes entre los autores analizados debe añadirse el wagnerianismo y el interés por la música académica de siglos anteriores. En relación con lo primero, ambos consideraban a Richard Wagner un modelo estético y compositivo a seguir. En el contexto gallego, Ramón de Arana se destacó como uno de los principales defensores de esta corriente, junto con Emilia Pardo Bazán y Said Armesto, aunque su vigencia comenzó a declinar después de la Primera Guerra Mundial. En este marco, la afirmación de Ángel Bonet – quien señala que la vista nocturna de Santiago desde la Alameda le evoca el segundo acto de Lohengrin – adquiere un significado particular, al inscribirse en la búsqueda de una estética que compartían.
En cuanto a lo segundo, tenemos las dos últimas cartas (16 y 17) escritas en 1933 y en el que, el crítico ferrolano ya jubilado, habla de los villancicos gallegos y catalanes del Cancionero de Upsala, encontrado unos años atrás por Rafael Mitjana y que, en México, terminará publicando el gallego Jesús Bal y Gay. Arana le solicitará a Millet la intermediación con Higini Anglés, para la transcripción a notación moderna de los villancicos y el catalán, por su parte, le preguntará cómo puede obtener la música de los cuatro villancicos catalanes.
A los aspectos previamente señalados, debe añadirse el criterio compartido sobre cómo debía tratarse el material popular en las nuevas composiciones. Tanto Felip Pedrell como Ramón de Arana rechazaban la práctica habitual de armonizar melodías populares según los cánones italianos enseñados en los conservatorios, proponiendo en su lugar una integración más orgánica de giros melódicos y cadencias propias del repertorio tradicional. Ambos defendían que la melodía debía captar la esencia expresiva de la música popular, evitando lo que años más tarde Alejo Carpentier denominaría como folklore “a golpe de lápiz”. Es decir, no creían que las melodías utilizadas debieran ser meras citas de las recogidas. En este sentido, resulta significativo que, cuando en un primer momento Arana interpreta erróneamente que las melodías empleadas en las “catalanescas” que Millet le envía en 1897, son de origen popular, cuando sabe de su error, en la carta nº 2 le dirá que “ahí está el mejor y más sincero elogio que pueda hacerse. Identificarse de tal modo con el medio ambiente, con el saber y sentir populares, es una misión que Dios reserva para los elegidos”.
Para terminar este apartado, cabe resaltar, el papel que desempeñará el Orfeó català en la difusión de dos de las baladas gallegas más famosas de Juan Montes: Negra sombra y Lonxe da terriña.
El compositor, director de orfeones y maestro de capilla Juan Montes, será encumbrado como el referente y modelo a seguir en el proceso de renovación de la música gallega, por diferentes autores, pero muy especialmente por Ramón de Arana, hecho de lo que da buena cuenta la reciente tesis doctoral de Ilduara Vicente Franqueira.
Felip Pedrell, lo conocerá precisamente gracias a los halagos que hace de este el crítico ferrolano, llegando a establecer con el músico lucense una copiosa correspondencia. Es por ello que no es de extrañar que, en la carta de recomendación que para él le da a Ángel Bonet, le pida expresamente que le facilite sus “preciadas composiciones populares” para que sea el Orfeón quien “popularice dichas composiciones en Cataluña”. A esto hay que añadir las partituras que queda en enviarle Arana a Millet (carta nº 5) y, sobre todo, la correspondencia establecida entre el propio Montes y Millet en las que asegura enviarle tres baladas gallegas “no porque las considere dignas de que emplee V. su benevolencia con ellas, y sí tan solo por deferencia al Sr. Pedrell y al Sr. Bonet”. Desconocemos cuál sería la tercera balada enviada, pero, sin duda, las otras dos se tratan de Lonxe da terriña y Negra sombra que, cuando menos desde 1900, estarán en el repertorio de la agrupación catalana (sobre todo la segunda), presentándose en numerosas ocasiones y siempre con gran éxito. La primera referencia a su interpretación, la encontramos en diciembre de 1900, cuando el Orfeó Català se presentó en el Teatro Novedades de Barcelona. En la Memoria anual del grupo coral, se hablará de sendas obras, copiando los textos íntegros de Aureliano Pereira y de Rosalía de Castro y señalarán: “En Joan Montes, l´autor d´aquestas composicions, es un veritable cantor del sentiment gallego. En esses melodies s´hi sent aquella dolsa tristesa que en essa terra diuen morriña; y així como es avui En Ramón d´Arana qui amorosament recull las cançons que viuen esmaperdudes per aquelles valls, En Montes s´inspirà en elles pera fernet música pròpia: música gallega”. Lluís Millet se apresurará a escribirle a Ramón Arana para notificarle el gran éxito obtenido, única carta del director del orfeón que conocemos, gracias a que el ferrolano la publicaría en la prensa. A partir entonces, en la agrupación incluirán en su repertorio las obras del compositor gallego con asiduidad, cumpliendo el deseo de la difusión de su música fuera de las fronteras gallegas.
3. El “muestrario” de cantos regionales: “Folk-lore gallego. Melodías y bailes”
El material musical folklórico que, digitalizado, presentamos al final de este artículo, se encuentra resguardado actualmente en el Centre de Documentació de l´Orfeó Català. Si bien está dentro del Fondo de Lluís Millet i Pagés (signatura 3.21_10403) en donde están también conservadas las cartas de Ramón de Arana al director del Orfeó Català, no se trata de materiales que hayan sido enviados como anexos de una de estas. Como deja constancia en una misiva que le envía a Felip Pedrell, se los entregó en mano a Ángel Bonet cuando lo recibió en Ferrol, a modo de “especie de muestrario, para que, si gustan, sea más fácil especificar lo que se desea”.
Los manuscritos están datados en Ferrol en 29 de septiembre de 1897. Para la fecha, Arana llevaba poco más de dos años recogiendo música popular gallega, tanto directamente a través de su propio trabajo de campo, como a través de otros músicos y profesores gallegos, que le servían como informantes. Estas pesquisas lo llevarán a ser uno de los principales colaboradores en el Cancionero musical de Galicia de Casto Sampedro, o a realizar sus propios cancioneros como el titulado Cantos, Bailes y Tonadas de Galicia (premiado en el concurso musical de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910, hoy perdido) o su Cantos, tonadas y bailes de Asturias de 1912, también perdido.
Se trata de un total de 22 melodías clasificadas en el siguiente orden: 6 alalás (2 de ellos con letra incluida); 5 canciones (2 de ellas con el texto); 6 cantos de ciego; 4 bailables para gaita y zanfona (2 de ellos muiñeiras) y 1 Alborada.
No es de extrañar que el mayor número sea de alalás y cantos de ciego. Por un lado, dicha proporción la encontramos ya en su cancionero premiado en 1910 y, por el otro, hemos de considerar que para él, el género por excelencia de la música gallega era el alalá por ser, según su apreciación, el más genuino y antiguo.
A continuación, presentamos una relación de cada una de las melodías, numeradas según el orden de aparición y estableciendo las correspondencias que hemos podido establecer.
A modo de conclusión hemos de decir que la correspondencia entre Ramón de Arana y Lluís Millet es una muestra más de cómo la música se convirtió en un espacio de diálogo y cooperación entre Galicia y Cataluña en plena efervescencia regeneracionista. Más allá del mero intercambio epistolar, estas cartas revelan la voluntad de establecer puentes estéticos e ideológicos entre dos movimientos que compartían la aspiración de integrar la música popular en la creación académica. El análisis de las misivas y del “muestrario” de melodías, iluminan las esperanzas y estrategias que marcaron la construcción de estas dos identidades musicales que anidaban entre la tradición y el deseo de renovación.
REFERENCIAS
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Garbayo Montabes, F. Javier. “Los certámenes musicales en Galicia vistos por Ramón de Arana ´Pizzicato` desde ´El Correo Gallego` de Ferrol”. En A imprensa como fonte para a história da interpretação musical, 231-250. Lisboa: Inet-md Instituto de Etnomusicología. Centro de Estudos em Música e Dança, Biblioteca nacional de Portugal, 2021.
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Notas
[1] Trabajo realizado dentro del proyecto de investigación “Estudos históricos de Música en Galicia e América (ss. XI-XX)”, financiado por la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades e Formación Profesional de la Xunta de Galicia dentro del Programa de Consolidación de Unidades de Investigación Competitivas (GPC) (AD431B 2024/047) y del I+D+i “Galicia-América: Música civil, ideología e identidades culturales a través del Atlántico (1800-1950)” (PID2020-115496RB-I00) AEI/10.13039/501100011033.
[4] La amplia correspondencia entre Ramón de Arana y Felip Pedrell, se encuentra resguardada en la Biblioteca de Catalunya, Fons Pedrell, M 964. Al igual que la de Millet-Arana, solo se conserva la enviada por Ramón Arana y no la escrita por Felip Pedrell.
[5] Carta de Ramón de Arana a Felipe Pedrell, Ferrol, 1 de enero de 1895, Biblioteca de Catalunya, Fons Felip Pedrell, M 964.
[7] Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Madrid, 11 de agosto de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluís Millet i Pagès, 3.21_211.4.
[8] Carta de recomendación a favor de Ángel Bonet, de Felipe Pedrell a Ramón de Arana. Se conserva anexa a la Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Valladolid, 25 de agosto de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluís Millet i Pagès, 3.21_211.5.
[9] Carta de Ramón de Arana a Felipe Pedrell, Ferrol, 31 de octubre de 1897, Biblioteca de Catalunya, Fons Pedrell, M. 964.
[11] Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Santander, 20 de octubre de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Archiu Orfeó Català, R211.7.
[12] En la primera carta del lote, escrita por Ramón de Arana el 18 de enero de 1898, asegura haber recibido correspondencia de Lluís Millet del 28 de diciembre de 1897, por lo que este debe haber sido el inicio de su relación epistolar.
[13] Carta de recomendación a favor de Ángel Bonet, de Felipe Pedrell a Ramón de Arana. Se conserva anexa a la Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Valladolid, 25 de agosto de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluís Millet i Pagès, 3.21_211.5.
[14] Como ya señalamos en otra ocasión, en un principio buscará conexiones con la música escocesa, napolitana, francesa y bretona si bien, será con esta última, con la que había mostrado un mayor interés en encontrar conexiones ().
[15] Será justo ese año de 1928, cuando Jesús Bal y Gay comience, junto con Eduardo Martínez Torner, el Cancionero gallego que, por diversas razones, no verá la luz hasta muchos años después ).
[18] Carta de Ramón de Arana a Felip Pedrell, Ferrol, 25 de julio de 1906, Biblioteca de Catalunya, Fons Felip Pedrell, M 964.
[19] En 1911, escribirá un amplio texto, llamado “Solo de gaita” que se publica distribuido en cuatro números Boletín de la Real Academia gallega. Si bien en ellos el tema central es el estudio histórico de la Gaita como instrumento, encontramos referencias a la muiñeira en el primero y el segundo. Sin embargo, y a pesar de que en este último señala que el ritmo de muiñeira lo encontramos en “villancicos catalanes y gallegos” (p. 207), no se explayará más a este respecto ().
[21] Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Santander, 20 de octubre de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluís Millet i Pagès, R211.7.
[23] Carta de recomendación a favor de Ángel Bonet, de Felipe Pedrell a Juan Montes. Se conserva anexa a la Carta de Ángel Bonet a Lluís Millet, Valladolid, 25 de agosto de 1897, Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluís Millet i Pagès, 3.21_211.5.
[24] Carta de Juan Montes a Lluís Millet, Lugo, 21 de abril de 1898. Centre de Documentació Orfeó Català, Fons Lluis Millet, 3.21_391
[27] “¡Gran triunfo para Galicia! Las baladas gallegas de Montes han robado el corazón de nuestra gente. Sólo he de decirle que ayer noche – 17 del actual – repetimos el concierto del día 8 y fueron aclamadas y repetidas las dos canciones, lo mismo que en el primer concierto. No sé hasta qué punto resultará gallega nuestra pronunciación, ni hasta donde es gallega nuestra interpretación: pero estoy satisfecho porque el éxito ha sido completo, la verdad es que son dos joyas de inspiración. ¡Qué dulce melancolía!”. (El Clamor público, 24 e diciembre de 1900, cfr en .
[28] Carta de Ramón de Arana a Felip Pedrell, Ferrol, 31 de octubre de 1897, Biblioteca de Catalunya, Fons Felip Pedrell, M 964.
[29] El fue editado (con la reconstrucción y la edición realizada por José Filgueira Valverde) en 1942. En 1982, la Fundación Barrié, hará una reimpresión facsimilar de la misma. En referencia al estudio de este cancionero, es de referencia obligada . En referencia a los otros dos cancioneros mencionados, consúltese .
[30] De dicho Cancionero no se conserva la música, pero sí el estudio introductorio que fue publicado por Carmen Malde en el artículo que acabamos de referenciar.








