Resumen

El museo ha desempeñado históricamente una función pedagógica, moldeando subjetividades y comportamientos corporales que refuerzan (y producen) normas sociales y somáticas masculinas, blancas, capaces y acomodadas. A partir de las aportaciones de Silvia Federici, Nancy Fraser, Sara Ahmed y Judith Butler, entre otras, el texto explora el lugar en el que son posicionados y el lugar que toman los cuerpos dispuestos en relación pedagógica o de mediación en el museo. Los departamentos de educación se encuentran en una posición liminal, puesto que deben negociar entre los discursos institucionales y las realidades de unos públicos diversos. Por este motivo la mediación es vista en ocasiones como una amenaza al orden institucional, aunque también constituye un espacio de transformación organizativa y epistemológica. No obstante, las prácticas de mediación, muy a menudo desempeñadas por personas euroblancas, también operan como un mecanismo para gestionar la presencia de cuerpos considerados “extraños” en el museo, reproduciendo así paradójicamente las exclusiones estructurales en función de raza, género y capacidad. Finalmente, se plantea la precariedad como una forma de expulsión de los cuerpos tanto de personas racializadas, migrantes o pobres, como de las mediadoras mismas, revelando su vulnerabilidad como una fuente de crítica y aprendizaje para el museo.