La sociedad colaborativa. Los impactos de la acción colectiva en la sociedad contemporánea se trata de una obra colectiva que aborda los principales cambios y actores que protagonizan tanto una genealogía como un devenir de la “acción colectiva colaborativa”. Con esta premisa de partida, el texto ahonda en la definición de lo colaborativo en el ámbito de la acción colectiva en el contexto reciente de crisis generalizada (climática, de cuidados, político-institucional, etc.), sobre todo a partir de diferentes estudios de caso radicados en el mundo iberoamericano, en particular España, Portugal, Argentina y Colombia.
La presentación de esta obra propone una reflexión acerca de los modos actuales de movilización e innovación política extrainstitucional en un contexto de crisis de legitimidades políticas y modelos sociales en los que, por ejemplo, el Estado de bienestar deja de ser el principal garante de certezas y provisiones materiales a la par que los procesos de individualización se exacerban bajo una lógica de expansión de una racionalidad neoliberal (). Según este diagnóstico de partida, los/as coordinadores/as del texto –junto al profesor Benjamín Tejerina–, ofrecen nuevas miradas y reflexiones que tratan de dar respuesta a lo que, en última instancia, se considera una crisis de los afectos y los vínculos sociales, siendo la acción colectiva colaborativa (ACC) un vector no sólo de cambio, sino de solidaridad.
A este respecto, la obra se estructura en cuatro partes, cada una compuesta de tres capítulos, resultando en un total de 13 capítulos entre los que se incluyen unas conclusiones a modo de reflexión final. La primera parte, dedicada a vulnerabilidades, aborda diferentes ejemplos por los que de manera colectiva se abordan procesos de intervención, reparación y sanación de una comunidad expuesta o quebrada. Así, el capítulo a cargo de Ana Aliende Urtasun y Joseba García Martín se centra en examinar la producción tanto de una ética como un vínculo social basado en la compasión, definitorios de la creación de “comunidades compasivas” en un contexto de crisis de los cuidados en las sociedades occidentales, pero sin obviar el impacto en países del Sur global. Desde otra óptica acerca de los modos colectivos y cooperativos de abordar el sufrimiento, el capítulo firmado por Camilo Tamayo Gómez expone la experiencia del Centro de Acercamiento, Reconciliación y Reparación (CARE) en Colombia bajo el contexto de posguerra y la labor llevada a cabo por los miembros de la plataforma, siendo de especial interés la metodología de las cartografías colaborativas en no sólo la identificación de fosas comunes y localización de desaparecidos, sino también como herramienta de deliberación comunitaria. En tercer lugar, cerrando el primer apartado, Mauricio Chama y Mora González Canosa abordan las iniciativas por la memoria histórica de las víctimas de la dictadura en Argentina a partir de redes vecinales y la constitución de espacios memorialísticos y pedagógicos en antiguas dependencias represivas. De este modo, la organización barrial sirve de principal espacio de reparación, encuentro y resignificación intergeneracional de experiencias traumáticas tanto en términos individuales como, sobre todo, colectivos.
La segunda parte, centrada en la participación, recorre diferentes iniciativas vinculadas a la organización ciudadana y, en particular, a nuevas metodologías colaborativas. Primero, Carmen Rodríguez-Rodríguez y Elvira Santiago-Gómez analizan la experiencia constitutiva de las biografías colaborativas en el contexto de una serie de proyectos comunitarios en A Coruña (Galicia). El interés de este proyecto está en cómo las comunidades digitales pueden servir de punto de apoyo en la recuperación y/o preservación de la memoria común en lugares en proceso de vaciamiento no sólo poblacional, sino discursivo. Así, a través de la recopilación y la socialización de un archivo fotográfico, se yergue un modelo de colaboración y de participación ciudadana que constituye un ejemplo de revitalización de la identidad comunitaria de determinados concellos. A continuación, Ferran Giménez propone analizar las bases sociales y colaborativas que posibilitaron el referéndum del 1-O de 2017 por la autodeterminación de Cataluña. A través del testimonio de diferentes activistas y la reconstrucción de los hitos institucionales, Giménez expone cómo el proceso soberanista fue, ante todo, un acontecimiento ciudadano, profundamente arraigado en estructuras locales y extensas redes colaborativas. Si bien la “estructura de oportunidades políticas” (; ) se vertebra a partir de una iniciativa institucional, el 1-O y su organización radican en un movimiento ciudadano de profundas convicciones y aspiraciones democráticas, más allá de la crítica y la polémica sobre la autodeterminación y su ilegalidad e inconstitucionalidad según el régimen jurídico actual. Por último, Margarita Rodríguez-Ibáñez examina varias iniciativas y herramientas basadas en el enfoque de los “bienes comunes” () y la convergencia de lo online con lo offline, es decir, en la mediación tecnológica de la acción colectiva. Tomando el ejemplo de MediaLab Prado (Madrid), Rodríguez-Ibáñez analiza la orientación transdisciplinar de diferentes proyectos de colaboración en ámbitos como el gobierno abierto (y sus múltiples dimensiones temáticas: presupuestos participativos, políticas de vivienda, etcétera) a través de los denominados “laboratorios de innovación ciudadana” ().
La tercera parte, relativa a producción y trabajo, recoge investigaciones centradas en el ámbito de la producción local y las nuevas propuestas de organización laboral. Comenzando por el capítulo de Pedro Hespanha, se abordan diferentes ejemplos de revitalización de tierras comunales (baldios) en Portugal, inscritas en una dinámica de lucha histórica por el arraigo y el sentido de comunidad en territorios amenazados permanentemente por la expulsión y mercantilización del medio rural. De este modo, la lucha por los bienes comunes de la tierra representa, a su vez, una defensa de un patrimonio cultural y medioambiental basados en una economía y comunidad colaborativas. El siguiente capítulo, por Rafael Castelló-Cogollos y Ramón Llopis Goig, continúa examinando las experiencias de colaboración a partir de los usos de la tierra con ejemplos situados en la ciudad de València, en concreto el impulso y/o pervivencia de huertos urbanos. Las iniciativas observadas, inscritas en una dilatada genealogía de cooperación y apoyo mutuo, tal y como se observa en el caso de estudio anterior, muestran la imbricación de prácticas comunitarias de impronta “rural” en una política de resignificación del espacio urbano en donde la colaboración viene acompañada de la inclusión social. De este modo, la iniciativa de los huertos urbanos, en este caso su pervivencia revalorizada, se inscribe como un nodo fundamental de colaboración y participación ciudadana en dinámicas de fortalecimiento de comunidades de barrio. Por último, Elsa Santamaría, Diego Carbajo y Joseba García Martín llevan el análisis de la acción colectiva colaborativa al ámbito de la (re)organización laboral, en particular las nuevas formas de trabajo basadas en la economía social y solidaria. En conexión con los ejemplos anteriores, si bien desde un punto de vista del “emprendimiento social” (), los autores presentan una serie de prácticas y espacios de producción que se instituyen en un orden productivo de carácter alternativo, proponiendo nuevos usos de antiguas formas jurídicas que definen la cooperativa tradicional como forma de empresa social.
La cuarta parte, dedicada a creación, innovación y tecnología, profundiza en las estrategias y nuevas metodologías de colaboración comunitaria desde espacios tanto profesionales como ciudadanos. Primero, Benjamín Tejerina resalta la importancia de cómo los procesos de producción del conocimiento se han ido tornando más colaborativos en las últimas décadas, señalando diversos ejemplos de ciencia ciudadana o iniciativas de ciencia abierta. Dicha relevancia encuentra su especial sentido en la emergencia de un tipo de activismo que trata de democratizar tanto el proceso como los resultados del conocimiento científico-técnico, con especial énfasis en su impacto social. Con mayor especificación en el ámbito artístico, Cristina Miranda de Almeida ahonda en estas propuestas de transformación social basadas en la colaboración “técnica”. Bajo el pretexto de un método de gobernanza de las “reservas de recursos comunes” (RCR), Miranda de Almeida repasa diferentes iniciativas constitutivas de una ACC basada en el arte como eje de empoderamiento y participación. Por último, Ignacia Perugorría aborda las contribuciones del movimiento maker en España, sobre todo bajo el contexto de la crisis social y sanitaria del COVID-19. A este respecto, Perugorría resalta la importancia de soluciones colaborativas y comunitarias en Euskadi ante eventos en los que las instituciones públicas no consiguen dar respuesta efectiva, como sería, por ejemplo, la provisión de espacios de almacenamiento de bienes críticos o de encuentro entre colectivos o, incluso, la fabricación de pantallas de protección, tal y como se dio por parte de CoronavirusMakers y Espacio Open.
Finalmente, el cierre de la obra colectiva resalta la importancia de cómo la concepción tradicional de la acción colectiva encuentra de resignificaciones relevantes en la actualidad, si bien sin despegarse del legado histórico que las antecede. La relevancia de este estudio da cuenta de otros modos de “hacer sociedad” sin estar basados en lógicas de competición, individualismo y extractivismo, propias de un paradigma neoliberal del capitalismo tardío (). En este sentido, esta obra colectiva explora a través de la crítica, la reflexión teórica y el análisis de diferentes estudios de caso (teniendo, además, en cuenta el testimonio directo de los actores implicados a través de entrevistas en profundidad analizadas con rigor metodológico) las diferentes iniciativas que se han ido constituyendo en tiempos recientes bajo el emergente paradigma de la ACC. Si bien la colaboración es un elemento definitorio de toda acción colectiva, la importancia de destacar la ACC reside precisamente en la ruptura con mentalidades y prácticas hegemónicas en las que lo común se diluye como un acuerdo o pacto coyuntural entre partes contratantes –o, incluso, una mera formalidad institucional–, y no tanto como un compromiso de apoyo mutuo y, en definitiva, solidario con la communitas, posibilitadora a su vez de una democrática res publica.
En definitiva, La sociedad colaborativa. Los impactos de la acción colectiva en la sociedad contemporánea se trata de un texto imprescindible para quienes deseen ahondar en los aspectos y tendencias actuales de la acción colectiva y los movimientos ciudadanos basados en la colaboración. El enfoque transdisciplinar del texto ofrece un estudio detallado de iniciativas y propuestas de movilización y/o transformación social que lo posiciona como una obra imprescindible para investigadores de los movimientos sociales y, en general, cualquier interesado/a en los procesos que tratan de articular otros espacios sociales y políticos de lo posible basado en lo común.
Referencias
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Eisinger, P. (1973). The Conditions of Protest Behavior in American Cities. The American Political Science Review, 67 (1), 11-28. https://doi.org/10.2307/1958525
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