1. INTRODUCCIÓN
El desarrollo y la creciente aceptación de la prensa periódica en España a lo largo del siglo xix no solo se traducen en la profesionalización del medio y en el aumento de títulos y estrategias para afianzar el público lector ―como eran, por ejemplo, las conocidas novelas por entregas, fundamentales en el desarrollo de la cultura impresa decimonónica (Romero Tobar 2003: 699)―, sino también en la transformación de cualquier elemento de interés de la sociedad en materia periodística y, por tanto, polémica. En el caso de la lengua, la innovación léxica encuentra en los papeles periódicos un espacio para la creación, la difusión, su crítica y su defensa. Agentes de distinta naturaleza colaboran en la generación de nuevas conciencias sobre el uso y la corrección lingüística en un soporte que exige unas convenciones discursivas distintas a las de las obras de referencia y que obedece, al mismo tiempo, a distintos intereses editoriales y comunidades lectoras. Los trabajos en clave historiográfica consideran el análisis del circuito en el que se insertan estas producciones e interacciones (cabeceras, relaciones entre autor, dirección y otros títulos, etc.), pero no hay todavía estudios que se ocupen, concretamente, del grado y modo de intervención de las redacciones en el tratamiento de los contenidos metalingüísticos o de la construcción del discurso de las figuras que hablan sobre lengua asiduamente en las páginas periódicas.
Por tanto, el objetivo de este trabajo es analizar la participación y manifestación de las actitudes lingüísticas de las redacciones en la difusión de algunos textos periodísticos sobre la corrección lingüística y la innovación léxica en la prensa española de la segunda mitad del siglo xix. Por un lado, se estudiará la actuación de los agentes ajenos a los textos en su proceso de edición y publicación en elementos como los paratextos, el respeto o modificación de títulos, firmas, contenido o dosificación de este, las notas de la redacción o la práctica ortográfica. Por otro lado, para completar los resultados derivados de este objetivo, se dedicará una parte del estudio a las estrategias empleadas por los propios autores de los textos para la producción de sus textos, entendidas dentro de la intertextualidad: la adaptación de un texto anterior por síntesis, la transformación de un argumento de un texto en otro por paráfrasis o los cambios entre un texto y otro dentro de la prensa o de la prensa al libro impreso. Con ello, se propone, más bien, ofrecer una suerte de claves metodológicas para comprender de manera más adecuada la construcción, la filtración y la canalización de estos discursos sobre la lengua en uso.
2. CORPUS Y MÉTODO
Este trabajo explota una parte del corpus formado en Silvestre Llamas (2024) para el estudio del tratamiento de la innovación léxica en la prensa española de la segunda mitad del siglo xix. En particular, de 138 textos publicados en 83 títulos distintos, se seleccionan a) aquellos textos que suponen una reproducción, citada o no, de uno anterior en otra cabecera, periodístico o no (Esteba Ramos 2024: 71) (16), b) los producidos por un mismo autor en los que se copia, de una u otra manera, un mismo argumento (se excluye, por tanto, la multiplicación de una cita) (3) y c) los textos en los que se manifiesta una intervención directa de la redacción sobre un contenido original (2). De esta criba, resulta una muestra de 21 textos para su estudio que, de acuerdo con los criterios de selección establecidos, se analizan desde una visión tripartita: circuito de difusión de los textos (dentro de la prensa, de la prensa al libro y del libro a la prensa) (§3), los marcadores para la identificación y contextualización de textos periodísticos multiplicados (ortografía, paratextos, adición, modificación o supresión de información autorial o contenido y notas de la redacción) (§4) y la intertextualidad, como se define a continuación, en los textos multiplicados intervenidos por los propios autores (adaptación de argumentos y tratamientos de las fuentes) (§5). Algunos de los vértices de este análisis se representan o completan con ejemplos de la reciente bibliografía dedicada al estudio historiográfico de la prensa, con el fin de presentar parte de estos resultados como claves metodológicas para el estudio sobre la lengua desde la prensa decimonónica y esbozar y contextualizar la aportación de esta suerte de canon minorizado (Calero Vaquera y Subirats Rüggeberg 2015) a la construcción y canalización del pensamiento lingüístico hispánico.
Se ha considerado, además, la naturaleza de la publicación (diario, periódico, revista y suplemento), la aparición directa o indirecta del elemento metalingüístico, de acuerdo con la terminología de Puche Lorenzo (2019a) y la publicación individual o independiente del texto o su articulación dentro un ciclo polémico (Durán López 2018, Gaviño Rodríguez 2021) o temático (Garrido Vílchez 2023: 213-214), como una serie de artículos publicados bajo el mismo título o la relación temática y dialógica que se establece entre una pregunta y una respuesta. Para poder tratar cada texto o ciclo de forma unívoca se ha preferido la etiqueta unidad discursiva. Los textos originales y los reproducidos, así las cosas, se han agrupado dentro de una serie textual (Hassler 2002: 561, Zamorano Aguilar 2013, 2018) para su estudio intertextual, comprendida desde la perspectiva historiográfica planteada por Gaviño Rodríguez (2019: 303): copresencia de dos textos por cita, plagio o alusión.
A partir de ello resultan aspectos fundamentales para el estudio integral de estas relaciones, como la identificación de las firmas, de la identidad que responde o se oculta tras ellas, su perfil profesional o las relaciones que se establecen entre autor, cabecera en la que publica y entre responsable editorial y cabecera en la que reproduce un texto dado. Sin embargo, aún no ha recibido suficiente atención la participación de la opinión pública en el discurso sobre la lengua en uso, cuyo principal escollo, muchas veces, es el reconocimiento nítido de un agente detrás de ese contenido. Para la caracterización de estas figuras, Marimón Llorca (2019: 17) hace notar que aquellos colaboradores en prensa
—no necesariamente con conocimientos lingüísticos— expresan [...] juicios rigurosos que, sobre los usos del lenguaje, realizan sus contemporáneos [...] [y] suponen siempre un posicionamiento ideológico sobre la lengua: pureza, variación, buen estilo, neologismos [...], que se plantea en términos de trasgresión de una norma de corrección idiomática.
Con ello, como se propone en Silvestre Llamas (2024: 45), se distinguen dos tipos de agentes: los legos, caracterizados por no desempeñarse en el estudio o enseñanza de la lengua; y los especialistas, aquellos que cuentan con una formación y desarrollo profesional en materia lingüística. Esta dicotomía, a su vez, debe incardinarse dentro del plano editorial. Agentes de distinta naturaleza colaboran en la generación de nuevas conciencias sobre la “norma” y el uso en un soporte que exige unas convenciones discursivas distintas a las de las obras de referencia y que obedece, a su vez, a distintos intereses editoriales y comunidades lectoras. Por ello, es pertinente distinguir ahora entre los editores y redactores, máximos responsables de las líneas ideológicas y de la selección de contenidos; y entre los colaboradores y los remitentes, figuras con mayor o menor vinculación con estos títulos pero sin responsabilidad editorial (Durán López 2018: 423-424, Gaviño Rodríguez y Silvestre Llamas 2024: 99-101).
3. ORIGINALIDAD, REPRODUCCIÓN Y DIFUSIÓN EN LA PRENSA ESPAÑOLA DECIMONÓNICA
3.1. La difusión dentro de la prensa: hacia la creación de un canon
La prensa española decimonónica acoge textos de naturaleza muy distinta que se comunican con un tono mordaz y polémico tanto en el aspecto político como en las más diversas controversias culturales o sociales (Cazottes y Rubio Cremades 1997). La necesidad de completar páginas y de generar contenido para mantener el interés de los lectores motiva la inclusión de esta variedad de discursos, de acuerdo con criterios como la oportunidad (vinculación entre contenido y momento concreto de publicación) (Durán López 2018: 422), la variedad (atención a los gustos de los lectores para evitar la repetición o concentración de contenidos) o la disponibilidad (referente al espacio en el papel y a la periodicidad, que propone uno u otro modo de lectura) (ib.: 428). Lo que, en cierto modo, engarza un factor con otro es el agente que produce o multiplica un texto dado: como se repasa a lo largo de este trabajo, hay multitud de producciones concebidas exprofeso para la prensa, cuyos autores están estrechamente ligados con la cabecera o con su redacción (sea por motivos profesionales, interpersonales o por el propio alcance del título, sea geográfico, sea temático) o producen para distintos títulos porque se desarrollan profesionalmente en este medio o su prestigio los reclama para colaborar en estos.
Ejemplo representativo de esta práctica es la serie de artículos publicados bajo el título “Sinónimos castellanos”, firmados por el literato Manuel Bretón de los Herreros, secretario de la Real Academia Española entre 1853 y 1873. En cada entrega recoge una pareja o conjunto de palabras aparentemente idénticas en su significación para dibujar sus fronteras semánticas. Apunta el editor de la colección de su obra, su sobrino Cándido Bretón y Orozco (1883: xiv): “desde dicho año [1856] hasta el de 1866 dió á luz en varios periódicos de Madrid y de provincias, interesantes artículos de Sinónimos castellanos, en los cuales se nota el profundo estudio que había hecho de la lengua”. Recoge, además, la mayor parte de artículos y las cabeceras en las que se publican, como en El correo de ultramar (Madrid, 1856, 1857), La moda (Cádiz, 1856, 1857), Museo de las familias (Madrid, 1856, 1859, 1860) o La América: crónica hispano-americana (Madrid, 1856, 1857, 1858, 1865, 1866, 1867; algunos de los cuales se estamparon previamente en la Revista de España). La prensa coetánea reconoce el éxito de esta producción policéntrica y dilatada en el tiempo, como se lee en esta semblanza compuesta por Carlos de Ochoa:
Hablar de la fecundidad del señor Breton es un tema inagotable. [...] [D]ebemos á su infatigable laboriosidad y á su musa siempre inspirada [...] una larga série de artículos que han visto la luz pública en varias revistas, y que aun continúa publicando, con el título de Sinónimos de la lengua castellana (3). [...]
(3) Primero en el Museo de las Familias, apreciable publicacion que dirige el señor Mellado; luego en el excelente periódico quincenal, la América, de que es propietario mi particular amigo don Eduardo Asquerino, y actualmente en la Revista Española, que ha empezado á publicar el jóven escritor don Pio Gullon. (El correo de ultramar, agosto de 1862: 99)
Esta serie deslocalizada y, al mismo tiempo, concebida entre el público como una unidad bibliográfica, como la denomina Alonso (2003: 591) a propósito de los papeles periódicos por entregas, logra consolidarse y ser reconocida con cierto estatuto de autoridad. Dicha elevación a canon de un texto efímero como es el artículo periodístico puede verse en su tratamiento en el propio discurso mediático. El colaborador en prensa salmantina Domingo Doncel y Ordaz, en el artículo que dedica a criticar la inclusión en el diccionario académico de 1869 de las voces cursi, guasa y guasón, remite al texto de Bretón de los Herreros para respaldar bibliográficamente, en igualdad de condiciones que una obra manual, su opinión en torno al rechazo del neologismo presupuestar:
séanos lícito felicitar de todas veras á la ilustre Academia española por el buen sentido que demuestra al no admitir en su Diccionario el bárbaro y más que archi-bárbaro verbo presupuestar. El inolvidable Breton de los Herreros, siendo Secretario perpétuo de la misma corporacion, publicó unos (como todo lo suyo) excelentes artículos, sobre Sinónimos castellanos, en la “América,” crónica hispano-americana, (1858) y tratando de cálculo, cómputo, presupuesto, dice á nuestro intento:..... “El verbo presupuestar, que por desgracia se va generalizando en demasía, es bárbaro sobre supérfluo. Ya que en su lugar no se diga calcular ó computar, ¿por qué no suplirle con el verbo presuponer, del cual evidentemente se deriva la palabra presupuestar?” Pues eso es al cabo lo que ha hecho la Academia en la última edicion de su Diccionario, dando como segunda acepcion del verbo presuponer lo que proponia once años antes el célebre poeta dramático. (El eco del Tormes, 13 de mayo de 1877: 141)
Por otra parte, excluyendo aquellas manifestaciones discursivas propias del quehacer informativo, como las noticias de actualidad (política, fundamentalmente), elaboradas por las propias redacciones, la reproducción de textos oficiales o la inserción de anuncios, aquellas otras insertadas en las distintas secciones podían ser producciones originales o copias de otras cabeceras u obras impresas. Si bien son procesos más que conocidos, interesa destacar el sentido de la reproducción de estos textos para conocer nuevos datos sobre la configuración de los contenidos sobre la lengua en la prensa y su repercusión en la sociedad decimonónica. Las prácticas que se tratan a continuación son las que Durán López (2018: 431) define como estructuras de repetición, aquellas por las que un texto puede difundirse dentro del circuito mediático, pasar al libro impreso o viceversa.
3.2. De la prensa al libro impreso: conservación y rédito editorial
Muchos de los textos creados para el papel periódico, por razones de distinta naturaleza, acaban compilados en libros impresos. El punto de partida para cualquier discurso sobre la corrección lingüística y la innovación léxica es su tratamiento lexicográfico, y el diccionario académico, en particular, es la herramienta preferente para la justificación o motivación bibliográfica. Si bien la obra académica nunca ha estado exenta de críticas, el papel periódico permite a figuras alejadas de la institución revalidarse escenificando un desafío contra la autoridad en materia lingüística, en cierto modo, contra el poder.
El gramático Fernando Gómez de Salazar y Jiménez, como redactor del periódico El magisterio español, recoge los 15 artículos que publica entre diciembre de 1870 y marzo de 1871 (García Folgado 2021: 28) bajo el epígrafe “Cuatro palabras sobre Filología” en un librito que titula Juicio crítico del Diccionario y de la Gramática de la lengua castellana últimamente publicados por la Academia Española, exponiendo los muchos y gravísimos errores que ambas contienen (1871). Concibiendo esta compilación para un público más general, abre la “Advertencia” agradeciendo la buena acogida de sus trabajos y su reproducción en otras publicaciones periódicas y la supresión de los primeros artículos, en los que repasa cuestiones relativas a las lenguas del mundo, para poder centrar su carga crítica sobre lo que propone en el título (Gómez de Salazar y Jiménez 1871: 3).
La edición sucesiva del diccionario académico, la de 1884, alimenta sin precedentes el escarnio público del ídolo académico dentro de la bibliografía tradicional y mediática (Puche Lorenzo 2019b). La que alcanzó más repercusión y se dilató más en el tiempo, porque así lo permite el papel periódico, fue la que rubricó Antonio de Valbuena, bajo el pseudónimo de Miguel de Escalada, en un ciclo temático de 105 artículos publicados bajo el título “El nuevo diccionario” en el suplemento de Los lunes de El imparcial entre 1885 y 1888. Como han puesto de manifiesto algunos investigadores, constituye “una de las críticas más acerbas y despiadadas contra la Academia” (Jiménez Ríos 2013: 76), aunque era el fin que pretendía el autor: “era lo que más divertía al público lector; Valbuena lo notaba y cargaba las tintas” (Zamora Vicente 1999: 518).
Todo ello conduce a la compilación en libro cuando aún estaban estampándose nuevas entregas del ciclo. Valbuena se justifica en el prólogo de una forma similar a la de Gómez de Salazar y hace notar, con mayor o menor discreción, el éxito, e incluso, autoridad, del que gozaban sus diatribas contra la Academia:
...varios amigos me habían indicado la conveniencia de coleccionar los artículos que sobre el nuevo Diccionario publicaba en Los Lunes de El Imparcial; ya sabía por los empleados de este periódico que con frecuencia se les pedían colecciones de dichos artículos o número sueltos para completarlas, sin que les fuera posible servir estos pedidos por hallarse agotados casi todos los números; la conveniencia de la colección era evidente. [...] se reconoce y se declara que el Diccionario de la Academia no tiene autoridad ni merece crédito [...], es de necesidad ponerlos en forma que puedan consultarse, reuniéndolos en un libro que se titule, por ejemplo, Fe de erratas del nuevo Diccionario de la Academia. (Valbuena 1887: v-vi)
3.3. Del libro impreso a la prensa: aumento de contenidos y función cultural
Práctica más frecuente es la copia de capítulos de obras impresas en las páginas periódicas, especialmente aquellos que cuentan con una breve extensión y pueden publicarse en uno o varios números. Esta práctica, además, convierte a la prensa en un eslabón para que el lector conozca aquellos libros a los que no puede acceder por falta de medios, por desconocimiento, etc. Un aspecto que cabe destacar de la selección de estos textos es la manifestación más o menos explícita del talante ideológico lingüístico de los responsables de las cabeceras o, al menos, de la concepción de las ideas lingüísticas de la comunidad lectora a la que se dirigen, siempre en relación con la vigencia de los temas lingüísticos. En El áncora: diario católico-popular, publicado en Palma de Mallorca, se reproduce en dos entregas (4 y 5 de marzo de 1897) el décimo y último capítulo del libro De colada: la gramática en lejía, de Francisco Antich e Izaguirre. El tema propuesto no es nada ajeno a la opinión pública decimonónica, el galicismo, y el texto se estampa en la primera página del diario con el título original, “Diccionario de galicismos (Rafael M.ª Baralt)”. El texto presenta, particularmente, una reseña de la conocida obra de 1855, en la que Antich e Izaguirre recomienda a un tal “Sr. D. J. S. M.” su lectura con el fin de hablar el castellano con propiedad, pero desautoriza al académico ―o actualiza su doctrina― en algunos de los casos que denuncia, puesto que el mallorquín considera que estos usos están ya asentados en la lengua (Alvar Ezquerra 2018: 25). Así, puede leerse:
Misión no le gusta á Baralt. ¡Y á mí que me place tanto: cumplieron su misión (aquello para que fueron enviados”!” [sic]. (El áncora: diario católico-popular, 4 de marzo de 1897: 1)
Palpitante no le gusta á Baralt. Y no sé por qué. Nada indica más expresivamente la idea de actualidad (galicisneologismo que tompoco [sic] le agrada, y que no es lo mismo que novedad, por mas que él diga) que el adjetivo palpitante, usado por la señora Pardo Bazán en uno de sus libros. Aunque doña Emilia no es voto despreciable, el buen sentido nos dice que palpitante expresa lo que palpita; como viviente, lo que vive; y está, por ende, bien usado. (El áncora: diario católico-popular, 5 de marzo de 1897: 1)
La difusión por la vía mediática de este tipo de textos no es baladí: la lectura de la prensa contemporánea ilustra la pérdida de vigencia de una parte de la doctrina baraltiana por esa consolidación o pérdida de la conciencia del origen prestado de muchas palabras en la lengua. La revisión a la luz pública del Diccionario de galicismos y, por extensión, de la pertinencia de ciertos galicismos en la lengua, llega al punto de su rechazo. Clarín se muestra muy reacio a la autoridad de la obra en varios de sus “Paliques”:
Este señor advierte á un poeta que
azotando su frente enardecido
es un galicismo, porque en vez de su debió decir la.
Así es, según el evangelio de Baralt; pero galicismos así que me los claven a mí en la frente; peor es decir pretencioso, como decía poco há un académico en solemne sesión, sin que le corrigiera el vocablo el crítico que cree en Baralt y su Corán de galicismos. (Madrid cómico, 24 de junio de 1893: 3)
Si la vigencia del tema puede justificar la inserción de dicho texto en las páginas del periódico El áncora, los datos sobre su proceso editorial, que suelen pasar por inadvertidas, completa su contextualización. La obra de la que se toma el texto reproducido se publica el mismo año, lo que puede indicar el grado de atención a las novedades editoriales del mercado mallorquín, ya que tanto el periódico como la obra, estampada en la imprenta y librería de las hijas de J. Colomar, se publican en Palma de Mallorca; o denotar las relaciones entre la cabecera y el autor. Efectivamente, el nombre de Antich e Izaguirre se vincula a la redacción de este periódico en su segunda época (1880-1900) (Díaz de Castro y Moll Blanes 1980: 195), del que llegó a ser director en 1899 (Roldán Guerrero 2003: s. v. Antich Izaguirre, Francisco). Por tanto, no es nada desdeñable que el mismo autor se valiera de las ventajas del papel periódico para publicitar discretamente su reciente publicación (de ahí también puede entenderse el respeto de la firma original y la cita del título del que se extrae el texto) con la selección de un tema del interés de la comunidad lectora a la que se dirigiera y cumplir, a su vez, con el objetivo de completar los contenidos de los dos números (cuya disposición en la primera página puede entenderse por la intervención del mismo autor).
4. MULTIPLICACIÓN DE LOS TEXTOS PERIODÍSTICOS EN LA PRENSA: PROCESOS DE PRESENTACIÓN E IDENTIFICACIÓN
Al igual que los textos impresos y mediáticos circulan constantemente entre ambas plataformas, “hay una inmensa cantidad de escritura periodística que no sale nunca de los periódicos... salvo para ser transmitida, replicada, resumida o versionada por otro periódico” (Durán López 2018: 431). Interesa especialmente en este apartado destacar los procesos de transmisión, entendidos para el caso que nos ocupa como la multiplicación en otra(s) cabecera(s) de un texto producido para un título particular y los marcos de presentación que hacen esas redacciones del artículo que se reproduce.
4.1. Ortografía
Entre los múltiples filtros de emisión y de canal de transmisión por los que puede pasar el texto periodístico y que dificultan, en no pocas ocasiones, evaluar a simple vista la conciencia lingüística de un agente de opinión (Rivas Zancarrón 2023a: 101) debe incluirse la ortografía, tanto aquella que se practica en el texto original, remitido, como la que se reproduce en el resultante, estampado. En el espacio centroamericano, por ejemplo, la ortografía se convierte en materia considerable o polémica desde principios de siglo: a cuestiones como los procesos de estandarización, estudiados, entre otros, por Ramírez Luengo (2023) a propósito de la tildación en el Semanario político-mercantil de San Salvador (1824), siguen otras como la modificación de la ortografía del texto escrito al impreso y las reacciones de autores y redactores. Rivas Zancarrón (2023b) ha revisado los condicionantes ideológicos de estas prácticas en la figura de Jacobo de Villaurrutia. La redacción de La águila mexicana [sic], en su número del 30 de noviembre de 1823,
desresponsabilizándose de la forma de escribir de un colaborador, apostilla lo siguiente: “pidió el autor se pusiese con su misma ortografía”. El editor del periódico creía necesaria la aclaración como forma de desentenderse de las exigencias que le planteaba su autor, que, en este caso, escribía, insisto, no sobre gramática, sino sobre buenas y malas costumbres del ciudadano. El texto aparecía firmado por Jacobo de Villaurrutia y la grafía se asemejaba a otras propuestas heterográficas de la época como las de Andrés Bello. Esta pequeña advertencia del editor, añadida como excusa para desentenderse de las imposiciones gráficas de un colaborador asiduo de su publicación, invita a reflexionar sobre por qué el responsable de la edición se desmarca de tales exigencias; de por qué el autor del escrito se empeña en imponer sus maneras escriturarias, o de cuáles son los condicionantes políticos y socioculturales que motivaron la aceptación por parte del responsable de la edición de escribir de acuerdo con otras representaciones gráficas. (Rivas Zancarrón 2023b: 30-31)
Las propuestas de reforma ortográfica en España encuentran en la prensa periódica un poderoso escenario para su reivindicación y oposición con los movimientos de la Academia, como ha ilustrado Gaviño Rodríguez (2023), especialmente en la década de 1840. Este investigador destaca en otro trabajo la función ideologizadora de un título concreto en el terreno ortográfico, pues su conversión en materia periodística permite no solo la exposición y defensa de una teoría sino, a la vez, practicarla. Sobre el Semanario de instruczión pública (1842), señala que
esta publicación comienza a producir en sus páginas enérgicos alegatos a favor de cambios en la escritura, en los que se percibe un incesante proceso de automitificación, que se alimenta número a número con el eco reformista de otros lectores y maestros. Se desarrolla de este modo una función ideologizadora en sus textos. (Gaviño Rodríguez 2023: 72)
Efectivamente, la defensa de esta doctrina ortográfica va acompañada de su práctica en la estampa de sus contenidos. Si bien estas posiciones se diluyen conforme se consolida la doctrina de la Academia, regulada legislativamente desde 1844, sumamente significativo sería realizar un estudio y seguimiento de las prácticas ortográficas de los papeles periódicos y de sus agentes a lo largo de la segunda mitad de la centuria.
4.2. Paratextos
Una de las formas en las que se puede explicitar la originalidad o copia del artículo insertado es la adición de paratextos. Estos textos podían acompañarse con una breve presentación realizada, por lo general, por la redacción, en la que se destacaba el interés del tema tratado. En la siguiente muestra, la redacción de la revista La defensa de la sociedad (Madrid) reproduce en la “Sección literaria” un artículo del académico y estadista Alejandro Oliván, inserto en El diario español como respuesta a otro artículo publicado en La ilustración española y americana (Madrid) por Narciso Pagès en el que se apela a la autoridad de Oliván en materia lingüística, sobre la acentuación proparoxítona de algunas voces, en este caso, de las recientes unidades de medida (kilogramo o kilógramo, etc.):
PRONUNCIACION DE VOCABLOS MODERNOS.
El Sr. D. Alejandro Olivan ha dado á la estampa la carta siguiente sobre un asunto de su especial competencia; y nosotros la insertamos en esta Revista, para contribuir á fijar el uso recto en la acentuacion de unas palabras que hoy andan en labios de todos. (La defensa de la sociedad, 16 de diciembre de 1877: 377-378)
La pronunciación de voces como cólega por colega o erúdito por erudito es una constante en la corrección lingüística del español en este periodo, tanto en los discursos vehiculados por la vía manualística como por la mediática (Silvestre Llamas 2023c: 160-163). En lo que refiere al texto copiado, las palabras introductorias, a modo de captatio, también podían completarse con elogios al autor del texto, lo que explicitaba las relaciones (bien interpersonales, bien de autoridad o respeto) entre este y el redactor (o la propia cabecera). Estos paratextos, además, identifican fácilmente no solo la naturaleza intertextual del artículo, sino también los circuitos en los que textos y agentes se mueven. En otras ocasiones, es la cita de la fuente original del texto, generalmente, al final del artículo, la que indica la naturaleza del mismo, como se reseña en el ejemplo de la siguiente sección.
4.3. Respeto, cambio o supresión de títulos, firmas o contenido
En los ejemplos anteriores se respeta la autoría y se cita la fuente de la que se toma el texto. Pueden darse casos, sin embargo, en los que no se haga referencia alguna sobre su originalidad o, incluso, se modifique el título o la firma. El gramático toledano Manuel María Díaz-Rubio y Carmena, “El Misántropo”, publica en la revista local El nuevo ateneo (Toledo, 15 de noviembre de 1882: 283) un artículo en el que denuncia la introducción abusiva de voces extranjeras en el español y su escritura sin adaptar a las reglas fonográficas del español (ejemplificado fundamentalmente con topónimos). El texto, con el título de “Pedantería en el uso y escritura de palabras extranjeras”, se reproduce años después en la primera plana de El monitor del magisterio: periódico de instrucción primaria (Alicante, 7 de octubre de 1888: 1). Si bien se indica al final del texto que el artículo se extrae de El nuevo ateneo y se mantiene la firma de “El Misántropo”, se cambia el título por un discreto “Extranjerismos”. Un motivo que puede aducirse es la maquetación y los formatos de impresión de cada publicación, en los que la distribución del espacio condiciona la disposición de los distintos textos. Como puede observarse en las siguientes imágenes, la primera revista se dispone en dos columnas (Imagen 1) y la segunda publicación, en cuatro (Imagen 2; el artículo empieza en la última columna):
De otra parte, sin excluir el argumento anterior, la adaptación puede responder a una facilitación de la lectura diagonal por parte de los lectores para llamar su atención sobre el tema del artículo. En este caso, el nuevo artículo sintetiza su contenido, que lo vincula de forma más clara, además, a la vigencia del asunto del léxico adquirido y su relación con el uso correcto de la lengua o defensa de la enseñanza de una norma lingüística por parte del magisterio.
Puede suceder, incluso, que un redactor, como encargado de la selección y distribución de los contenidos, puede intervenir modificando el propio texto. A falta de una muestra más representativa, puede aducirse como ejemplo de esta práctica la copia y adición de un epígrafe en el artículo seriado “Los Periódicos y el Diccionario”, publicado originalmente en El siglo futuro (Madrid) el 16 y 18 de septiembre de 1895 y reproducido en el diario El Tháder (Orihuela) en diez entregas entre el 23 de septiembre y el 5 de octubre del mismo año. En la misma línea que el texto de “El Misántropo”, este artículo revisa algunos neologismos extendidos en la prensa contemporánea, fundamentalmente, extranjerismos (galicismos y anglicismos como club o debut [El siglo futuro, 16 de septiembre de 1895]; aunque no faltan voces multiplicadas como seleccionar [El siglo futuro, 18 de septiembre de 1895]), que se ordenan alfabéticamente y se reseñan para su crítica. En la versión de El Tháder, la firma de Abdón se modifica por las siglas A. B. y se añade una entrada más a esta especie de vocabulario de incorrecciones, asobinarse, incluida en la segunda entrega. Para poder comparar el texto imitado y el texto original, se reproduce también la que sigue a la “nueva” entrada:
Asobinarse:— Dice el Diccionario: Quedar la bestia, al caer, con la cabeza metida entre las patas delanteras, de modo que por sí no pueda levantarse. Vamos á cuentas, ó á patas. No se pone etimología á asobinarse, y la tiene; y no es lo que se dice; y se dice mal que es lo que no es. Pata, dice el Diccionario: pié y pierna de los animales. Pues si la para es pie y piernas, y no hay pie y pierna delanteros no hay patas delanteras. Vamos: es como si dijéramos, el codo de la pierna, y la rodilla del brazo. Asobinarse: viene de supino: que dice el Diccionario, y dice bien que significa: que está boca arriba. Pues Asobinarse es lo mismo que asupinarse, ó quedarse boca arriba, con ó sin cabeza entre ó fuera de las patas delanteras ó traseras: se dice la bestia que queda boca arriba en una cuneta ó regajo y no puede volverse para levantarse.
Besigue, bill, break, budoirs, buffet, etc.— Bien puede la Academia, para que los españoles que no sabemos francés entendiéramos los periódicos y á los escritores y oradores modernos, haber puesto en el suplemento de adicciones [sic] y enmiendas una ó dos hojas de voces extranjeras, usadas en España, con el significado correspondiente. Ruégole, que lo haga cuando publique una nueva edicción [sic]. (El Tháder, 24 de septiembre de 1895: 2)
El agente que copia y manipula el texto intenta imitar, no sin mucho éxito, el estilo y tono del original, pero consigue fundir su voz con la del artículo y las ideas con las que comulga. Si bien no pueden dilucidarse todos los datos acerca de su proceso de copia y la definición del agente que la implementa, pueden ofrecerse algunas claves que, al menos, no descartan atribuciones como la vinculación del “copista” con la redacción. La diferencia de una semana entre la publicación del original y la de la reproducción y la planificación de su publicación en distintas entregas suponen que el introductor del texto pertenecía a la redacción y mantenía algún tipo de vinculación con El siglo futuro, habida cuenta de las características de ambas publicaciones (Madrid-Orihuela, título consolidado-título local y reciente [El Tháder empieza a publicarse en julio de 1895]). En este sentido, una de las grandes lagunas en el estudio hemerográfico es la falta de documentación relativa al proceso de confección de los periódicos, materiales entre los que puede incluirse, precisamente, la relación de suscriptores si no se publica en el propio diario. Sobre la identidad del autor original y “plagiario”, poco puede revelarse, puesto que la firma del primero puede responder también a un pseudónimo y el segundo se esconde tras unas siglas. En el mismo número en el que se publica la primera entrega reproducida, se reseña lo que sigue:
El trabajo que comenzamos á publicar hoy es debido á la pluma de un notable filólogo residente en esta ciudad, que oculta su nombre bajo las iniciales A. B. Indudablemente será leido con fruicion por los amantes de la literatura. (El Tháder, 23 de septiembre de 1895: 3)
Respecto a la firma suplantada, estas siglas podrían responder a los apellidos Aliaga Ballesteros, a cuyo nombre responde un tal José, joven oriolano licenciado en Derecho por la Universidad Central. Al mismo periodo, entre agosto y octubre de 1895, pertenecen unos poemas firmados por “J. Aliaga”, lo que lo vinculan a este diario, al menos como colaborador. Esta figura continúa en el panorama periodístico de la ciudad en 1896 como redactor en el Ateneo de Orihuela y como director y propietario de El heraldo de Orihuela entre abril y julio de 1898. En caso de ser el responsable de la copia, la referencia como “notable filólogo” podría responder a una distancia del agente con la naturaleza reproducida del texto y a una justificación del interés del tema propuesto en una publicación de noticias locales y generales y contenidos misceláneos, puesto que el discurso con el que critica las voces que recoge dista bastante del rigor de una figura especializada en lengua. En entradas como las siguientes, no se manifiesta un interés por contextualizar cada significado neológico (cuando, paradójicamente se han extraído de textos de la lengua en uso) o por la ampliación o actualización de fuentes:
Aviación.— No está en el Diccionario. Tal vez quiera decir la acción de poner de camino; de aviar, poner en camino, verbo activo compuesto de A y vía latino. Pero esto es hablar para no ser entendido. [...]
Actividades.— Dice el Diccionario que actividad es de activitas; pero Nebrija no trae activitas. [...]. (El siglo futuro, 16 de septiembre de 1895: 2; El Tháder, 23 de septiembre de 1895: 2)
4.4. Notas de la redacción
La forma más frecuente en la que se puede manifestar la redacción es con la adición de notas a los textos que publica —más allá de aquellos producidos por esta y rubricados explícita o implícitamente—. La intención de estas llamadas a pie de página suele ser la aclaración o ampliación de información, aunque no faltan casos en los que estas matizaciones son, más bien, un posicionamiento ideológico. En un modelo interactivo como el de preguntas y respuestas, la intervención de agentes propios y ajenos a la redacción transluce, como es de esperar, visiones y argumentos distintos fundamentados en fuentes de igualmente variada naturaleza. En una pregunta trasladada a la sección de La ilustración española y americana (Madrid, 30 de enero de 1881: 71, preg. 48) sobre el origen del neologismo cupón, el lector que la realiza manifiesta que no puede resolverse esta duda porque no se encuentra en el diccionario académico, cuya última edición publicada a fecha de la pregunta era la undécima, de 1869:
Cupon.— Nadie ignora lo que en el tecnicismo financiero significa la palabra cupon, signo representativo del interes que devenga un valor fiduciario, llámese accion, obligacion, cédula, bono, etc., ó tenga otra de las varias denominaciones que la época moderna ha inventado para el desenvolvimiento del crédito, poderosa palanca de las operaciones mercantiles, que hoy son la ocupacion preferente del mundo civilizado. Empero cada vez que llega el momento del corte de cupones se nos ocurre preguntar: ¿Cuál es el origen de esa palabra, que el Diccionario de la Academia no define (1), y que todos conocen por interes propio? ¿Quién inventó la voz cupon, aplicada al valor que representa en el mundo financiero? ¿Quién fué el primero que usó el cupon como signo representativo de un valor? ¿Cuál fué el primer valor que llevó unidos cupones?― Barcelona, 22 de Enero de 1881.— A***, suscritor.
Aunque no recibió ninguna respuesta, el responsable de la sección, el periodista Eusebio Martínez de Velasco, interviene para aclarar al lector que dicha voz sí se consigna en dicho diccionario:
(1) Con permiso del autor de la Pregunta, harémos constar desde luégo que el Diccionario de la Academia, en su undécima edicion, acoge y define la palabra Cupon.— (Nota de la Redaccion.). (La ilustración española y americana, 30 de enero de 1881: 71, preg. 48)
Además de completar y orientar el sentido de la pregunta, cabe destacar la valiosa información que revelan contribuciones como esta, pues manifiestan y contrastan el valor simbólico conferido al diccionario con el acceso y manejo de las distintas ediciones de la misma obra por parte de los hablantes medios. Debe añadirse la particularidad que presenta esta sección frente a la de otras publicaciones, pues no se limita a ser intermediaria entre los textos que remiten los lectores o entre los lectores y las obras de referencia de la materia por la que se pregunta: también marca su presencia en el discurso, hasta el punto de intensificar su contenido de acuerdo con la postura ideológica defendida. A propósito de una pregunta remitida sobre la adopción del galicismo constatar, Martínez de Velasco, al reproducir la respuesta ofrecida por un suscriptor, se posiciona claramente en el antigalicismo:
Constatar.— El suscritor D. Luis Suñé y Molist, de Barcelona, contesta así: “La palabra es francesa, y bien francesa. Hace años que se emplea y escribe por médicos, abogados y escribanos, los que podían decir en buen castellano averiguar, constatar, etc.” Tan francesa es, que ni siquiera tiene cabida en algun Diccionario castellano (cuyo autor no hace al caso) muy conocido por sus galicismos. (La ilustración española y americana, 8 de noviembre de 1881: 278, preg. 26)
Otras notas suponen, más bien, un posicionamiento individual o colectivo sobre lo dicho:
“¿Cuál es la etimologia de esta palabra? ¿Es acaso propia solamente del dialecto (*) vascongado? ¿Tuvieron otro nombre las juntas ó reuniones que celebraban las sectas de brujos?”— F. R.de C. (Revista de archivos y bibliotecas. Tomo i. Madrid, 15 Diciembre 71.)
(*) Idioma y no dialecto. (N. de la R.).
La revista Euskal-erria: revista bascongada (Donosti, enero-junio de 1882: 140, preg. 32), erigida como un foro para la divulgación de la cultura vasca, recupera once años después una pregunta vertida en la sección de preguntas de la Revista de archivos, museos y bibliotecas sobre la etimología de la voz aquelarre, adoptada en el castellano del euskera en el primer tercio del siglo. Por la relación con los intereses de la revista, se reproduce la pregunta con una llamativa nota de la redacción en la que se interviene sobre el pensamiento del preguntante original al anotar que el euskera es una lengua y no un dialecto (habida cuenta de la connotación social, que no lingüística, de cada etiqueta).
5. AUTOR Y PROCESOS EDITORIALES: FIJACIÓN Y ADAPTACIÓN DE ARGUMENTOS Y TEXTOS
El tercer bloque en el que se divide este trabajo no está directamente relacionado con el papel de los redactores, sino con el de las propias figuras que tienen en la prensa su desarrollo profesional y con cómo estas aprovechan sus propios textos e ideas para articular otros nuevos.
5.1. Adaptación de argumentos por síntesis o paráfrasis
Puede hablarse de una adaptación por síntesis cuando se resume el contenido de un artículo para utilizarlo como argumento en otro. Clarín dedica otro “Palique” a defender las críticas a la duodécima edición del diccionario académico a raíz de un artículo firmado por Juan Fernández en otra publicación en el que recrimina a Antonio de Valbuena su diatriba contra esta obra. Para justificarse, Clarín evidencia las fallas del diccionario y reseña varias voces que, a su juicio, están mal marcadas o definidas (como cana o club). La primera entrada que examina es la de catedrático, ca, de la que denuncia la imprecisión en su definición y, después de incluir el ejemplo con que ilustra esa deficiencia, señala los fallos en otra entrada, novela:
Catedrático.— Bien; justamente ese es mi oficio. Veamos lo que soy yo, según la Academia:
“Catedrático.— El que tiene cátedra para enseñar la facultad á que pertenece.” No es verdad: yo tengo una cátedra, pero no enseño la facultad á que pertenezco, porque pertenezco, v. gr., á la facultad de Derecho, y enseño exclusivamente una asignatura de esa facultad; por ejemplo, Derecho Romano. Un catedrático que enseñara la facultad á que perteneciera, reventaría de fijo.
Y apropósito de Derecho Romano: el Diccionario habla de novelas, y se mete á decir que así se llama á “cualquiera de las leyes nuevas de los Emperadores que se añadieron y publicaron después del Código de Justiniano.” Todo eso está mal. Verá usted, Sr. Fernández: 1.º Justiniano publicó dos Codigos [...]. 2.º Aun así, no habríamos adelantado nada, porque esas novelas no se añadieron al Código. 3.º Mucho antes de las novelas de Justiniano, cuando no había casta de ese Emperador, se publicaron muchas novelas de varios antecesores de Justiniano con el título de Novellae Constitutiones. Querrá V. decirnos que los académicos no tienen obligación de saber estas menudencias, pues entonces, para qué se meten en novelas de once varas? Además, el Diccionario no sabe que en Alemania hay leyes que se llaman novelas también. Y basta de novelería. (Madrid cómico, 13 de noviembre de 1886: 6)
La digresión sobre la definición de novela en esta acepción para reforzar su tesis no es casual: Clarín sintetiza el examen que había hecho de esta definición en un artículo publicado en el mismo periódico el año anterior, bajo el título de “Conejos académicos”:
En la última edición de su Diccionario, dice la Academia que admite consejos. Yo creo que se equivocaron los cajistas, y pusieron consejos en vez de conejos, ó sea gazapos, como se llaman los literarios. [...] ¿Qué es novela? De tres acepciones que reconoce el Diccionario á esta palabra, dos están mal definidas, y la tercer no sé si está bien ó mal, porque no entiendo de marina. (Madrid cómico, 5 de julio de 1885: 3, 6)
Después de revisar la primera acepción, la relativa al género literario, continúa con la de la segunda acepción, que es la que traslada al “Palique”:
Pero ahora entra lo bueno. Segunda acepción de la palabra novela, según el Diccionario:
“Novela (del lat., novelle, nueva), f. For. Cualquiera de las leyes nuevas de los Emperadores que se añadieron y publicaron después del Código de Justiniano.
¿Quién será el Papiniano que le enseña á la Academia estos disparates?
1.º “El Código de Justiniano;” ¿qué Código? Porque ya sabrá el Diccionario que Justiniano hizo, ó mandó hacer, dos Códigos, el antiguo y el llamado Repetitoe proelectionis. ¿A cuál se refiere la Academia? [...]
Pues señora mía, es una barbaridad lo que V. dice. Justiniano murió en 565, y novelas las hubo en el Derecho Romano mucho tiempo antes de nacer este Emperador. [...]
2.º La Academia olvida que también en Alemania hay leyes que se llaman Novelas. Y digo que olvida, y digo mal. Lo que hay es que no lo sabe.
Resulta que la Academia está tan fuerte en Derecho como en Literatura. (Madrid cómico, 5 de julio de 1885: 6)
Por otra parte, podría hablarse de adaptación por paráfrasis cuando se reelabora un enunciado o párrafo de un artículo para reproducirlo en otro de forma similar a fin de representar, eso sí, la misma idea u objeto que se describe. La repetición de un argumento puede incardinarse, además, en un diálogo entre fuentes. El literato Juan Valera se sirve en varias ocasiones de unas palabras pronunciadas en un pleno de la Real Academia Española, el 3 de enero de 1867 (Clavería Nadal 2016: 150), para insistir en su defensa de algunas voces coloquiales de adscripción andaluza y extendidas en la lengua general. De esta forma, también en sede académica, apunta que
Raices nuevas son las que nacen rara vez. Aquellos vocablos cuya etimología no se halla, son casi siempre de una condicion plebeya, formados por capricho, y rayando en lo truhanesco y chavacano, verbi-gracia, cursi, filfa, guasa, camelo. Pero si lo examinásemos con detención, hasta en estos vocablos descubriríamos el orígen etimológico. (Valera 1869 apudRAE 1869: 98)
Años después, en un artículo sobre la originalidad y el plagio literario, vuelve sobre esta idea para ilustrar la dificultad de la creación ex nihilo en otras materias, como la lengua:
Lo que es la palabra sencilla nueva, rara vez se inventa como no sea en estilo picaresco y bajo: v. gr. cursi, guasa y filfa. (Madrid, Revista contemporánea, febrero de 1876: 51)
Se presenta en contextos así una suerte de discurso fosilizado o prefabricado, con el doble objetivo de ahorrar tiempo en la escritura y responder a los encargos editoriales y de mantener una cohesión discursiva con respecto de la defensa o rechazo de una nueva voz. Más concreto es el siguiente ejemplo del periodista madrileño Antonio Sánchez Pérez. Cuando reseña el poemario Añoranzas, del poeta y académico catalán Víctor Balaguer, dedica buena parte de la recensión a defender, a partir de las palabras del autor en el prólogo, la adopción y codificación del sustantivo de origen catalán añoranza y de su verbo añorar. Para ello, además de apoyarse en los propios criterios de la Academia para la admisión de nuevas voces, remite a algunos usos lingüísticos individuales de sus miembros para evidenciar las ausencias o rechazos que realizan institucionalmente, entre los que cita:
Campoamor, por ejemplo, emplea, cuando bien le parece, la palabra Rango, calificada de barbarismo por la Academia; Cánovas usa muy á menudo la voz acaparar, que también está anatematizada por la docta Corporación. Y no hay académico, ni aun entre los que más presumen de puristas y más alardean de correctos, que no escriban á todo pasto dicciones como pretencioso, reformista, silueta, brusquedad, cuquería, expediento, recobrar, emperifollarse, mutis, esposar, paella, obstruccionismo, convencionalismo, institutriz, editar, bajista, etc., etc.; pues son muchísimas las palabras de uso corriente, y además de necesidad absoluta, que los académicos emplean, como escritores y como políticos, aunque no les den hospitalidad en el diccionario como areopagitas. (El nuevo régimen, 26 de mayo de 1894: 3)
Unos meses después, vuelve sobre estos ejemplos para defender su inclusión en un artículo dedicado a la próxima edición del diccionario académico:
No sé si á esa persistencia se deberá también que, además de la inexplicable preterición de la palabra fusilamiento (que es realmente el colmo de las omisiones), se advierta la falta de las voces brusquedad, cuquería, expediento, reanudar, recobrar, reaccionar, esposar (en la acepción de poner esposas), policiaco, etc., etc., etc., de las cuales presumo y es de esperar que no falten todas en la edición que están confeccionando los individuos de la Academia Española. (La ilustración artística, 19 de noviembre de 1894: 743)
5.2. Tratamiento de las fuentes y de la ejemplificación como estructuras de repetición
La recurrencia a ciertas citas o argumentos y la ejemplificación en estos textos guardan una estrecha relación con las estructuras de repetición, entendidas ahora en un sentido más laxo, puesto que la multiplicación de unas unidades frente a otras explicita, al final, la vigencia de una autoridad o de un uso lingüístico y su consolidación como muestra paradigmática para la construcción del discurso sobre la lengua en uso, en este caso. Se reserva, pues, este último apartado del análisis para una compilación de buena parte de los factores estudiados en las líneas precedentes aplicada al tratamiento y circulación de las fuentes en el discurso mediático sobre la lengua. Como se ha puesto de manifiesto, la producción periodística sobre lengua del periodista Antonio Martínez Duimovich presenta interesantes cambios en el paso de este al libro impreso. El tipo de intervenciones y su propia cronología evidencian la propia evolución del pensamiento lingüístico del autor y la actualización o mejor vinculación de sus ideas con las que se desarrollan en el momento del nuevo texto.
El almeriense publica entre 1881 y 1882 en la revista La América: crónica hispano-americana (Madrid) tres artículos en los que denuncia y corrige algunos vicios en la lengua hablada y escrita: “Ligeras observaciones sobre los acentos en nuestro idioma” (25 de julio de 1881), “De algunas voces españolas generalmente mal usadas” (27 de noviembre de 1881) y “Acerca de los neologismos” (28 de enero de 1882). Estos tres textos se reúnen en 1887 en Literomanías, compilación de varios de sus artículos periodísticos, bajo los sucintos títulos “El acento en nuestro idioma” (197-204), “Crítica lexigráfica” (164-180) y “Sobre el neologismo” (181-187), respectivamente.
En torno a la ejemplificación, podría reservarse el término de prototipicidad, tomado del empleado por Escudero Paniagua (2022) para la ejemplificación en la gramaticografía decimonónica, para aquellas voces que se repiten en este tipo de discurso, e implementar el de focalización para las ocasiones en que el autor del texto se detiene en un ejemplo o uso particular para describirlo o emitir cualquier juicio sobre este. De nuevo sobre añoranza, puede apreciarse la posición que adopta Martínez Duimovich en torno a la admisión de este neologismo. En el artículo de La América dedicado al neologismo, lista algunas voces neológicas empleadas por algunos literatos contemporáneos para justificar su inclusión en el diccionario académico. Tras ello, continúa reseñando algunas palabras más y se detiene, precisamente, en la del sustantivo susodicho:
Hay no pocos vocablos que deben incluirse en “el primer libro de la nacion”, como llamó Voltaire al Diccionario de la lengua. Tales son, entre otros que pudiéramos citar, recipiendario, almimbar (usados por el Duque de Rivas); leyendaria (que siempre escribe Cueto); verbenear, empleada por Nocedal en discurso académico); anyoranza, (palabra catalana sin equivalente en castellano y que corresponde á la portuguesa, sauade, dulce tristeza, que traduce perfectamente á la alemana schnsucht, segun Valera, cuya voz anyoranza la hemos visto en una traduccion de Menendez Pelayo); abaque, abullona, broncíneo y butiar, que no aparecen en ninguno de los varios diccionarios que hemos consultado, las cuales menciona un insigne gramático contemporáneo. (La América: crónica hispano-americana, 28 de enero de 1882: 13)
En el texto del libro impreso, el autor implementa cambios notables: suprime todos los ejemplos anteriores para centrar su atención en los neologismos empleados por autores clásicos (reproduce estrofas de Lope de Vega, Zamora y Cañizares) y cierra el artículo con otras dos estrofas (una de Melo y otra de Freire de Andrade) en las que se emplea en castellano el término saudades para defender, a diferencia del resto, la admisión en el idioma de la voz catalana:
Pero esta voz [saudade] que se ha creido no tiene equivalente en español ni en otros idiomas, aparece empleada por Menéndez Pelayo en sus Estudios poéticos; es á saber anyoranza, palabra catalana que corresponde á la portuguesa saudade (dulce tristeza). (Martínez Duimovich 1887: 187)
La mención explícita o implícita a las autoridades de las que se sirve para respaldar sus juicios sobre la lengua se combina con otra práctica que llama poderosamente la atención por su rara aplicación en la prensa decimonónica. Martínez Duimovich incluye, en nota a pie de página, las referencias bibliográficas de las que se ha servido para redactar dos de sus artículos:

El artículo sobre las “voces españolas generalmente mal usadas” no presenta ninguna nómina de los títulos que han servido para redactar el texto: se limita a señalar en la edición del libro impreso, también como nota al pie, que
Para formar estos ligeros apuntes sobre cuestiones de lenguaje, hemos consultado innumerables libros y artículos, cuyos títulos prescindimos de alegar, supuesto que la sola cita de ellos ocuparían varias páginas. (Martínez Duimovich 1887: 169)
Además, es el único que se reproduce en otra revista antes de pasar al libro impreso: en 1883 vuelve a ver la luz con varias modificaciones en la Revista de Almería bajo el título “Crítica lexigráfica”, publicación del Ateneo de Almería en cuya primera época (1879-1880) Martínez Duimovich consta como colaborador con varios artículos de corte local y regional, y en la segunda y última época (1883-1884), como uno de los responsables de la publicación y con textos de distinta naturaleza (Martínez Romero 1995: 104-107).
Entre otras fuentes de las que se sirve el almeriense en el texto dedicado al abuso galicano, el discurso de ingreso de Mora en la Real Academia Española en 1848 llena buena parte del artículo: en efecto, se centra en este artículo en criticar el influjo léxico del francés, mientras que en el artículo dedicado explícitamente al neologismo se centra en la reseña y defensa de algunas creaciones analógicas de autores literarios contemporáneos. Por lo que refiere al tratamiento bibliográfico de Mora, Martínez Duimovich denota la naturaleza de esas palabras con unas comillas españolas al principio, si bien las líneas siguientes continúan siendo una copia del discurso de Mora (RAE 1860 [1848]: 154) sin ningún recurso ortotipográfico ni referencia que lo contextualice:
El galicismo se enseñorea hoy en España, “como un usurpador innoble que se complace en desfigurar los monumentos y en envilecer las glorias del pueblo sometido.” Las medias tintas se convierten en matices [...]; el progreso y el curso en marcha; el acompañamiento en cortejo; la tertulia ó sarao en soirée; la gerarquia en rango; la reputacion distinguida en notabilidad... (La América: crónica hispano-americana, 27 de noviembre de 1881: 8)
El propósito acumulativo que se distingue en el resto de ediciones de los artículos de La América, en ocasiones, motiva la duplicación casi superflua de algunos ejemplos y argumentos, como sucede en el artículo de la Revista de Almería (1883: 669, 672), en la que se introducen como información nueva hasta tres veces ejemplos idénticos, siendo uno de ellos el fragmento del discurso de Mora:
Sustituir con la palabra comité la de comision ó de junta, decir debut en lugar de estreno, revancha por desquite, nouvautés por géneros nuevos, corbeille por canastillo, cabá por esportilla [...] no es enriquecer nuestro idioma, sino introducir en él voces que ni le hacen falta ni suenan bien.
[...] [E]stas no denotan triunfos pequeños; ahora no se dice comision o junta, y sí comité, revancha por desquite, corbeille en lugar de canastillo [...].
En otros casos, Duimovich marca distancia con el texto y en la nueva versión señala que lo que se dice no es de su autoría, si bien continúa sin nombrar el autor de la idea. En el primer ejemplo, copia lo que Monlau y Roca señala a propósito de la acentuación en su Vocabulario gramatical... (1870: s. v. Acentuacion escrita) y en el segundo lo que indicaba Salvá (1835 [1830]: 346) en el capítulo dedicado al estilo en su gramática (negrita nuestra):
| Admiten acento todas las i i tónicas, pues igual trabajo cuesta poner un acento, en vez de un punto. Así se evitará el barbarismo prosódico de los que hacen esdrújulas las voces expedíto, mendígo, opímo, períto, etc. y grave la de prístino y otras. (La América: crónica hispano-americana, 25 de julio de 1881: 7) | Un ilustre gramático dice que se acentuarán todas las i i tónicas, pues igual trabajo cuesta poner un acento, en vez de un punto. Así se evitará el barbarismo prosódico de los que hacen esdrújulas las voces expedíto, mendígo, opímo, períto, etc. y grave la de prístino y otras. (Martínez Duimovich 1887: 200-201) |
| Algunas que entre ellos no lo eran, son familiares, y aun bajas para nosotros, como bacin por bacía ó barreño, oreja por oido. Regoldar fue usado por los mejores escritores del tiempo de Cervántes, si bien este lo calificó (Don Quijote, parte segunda, capít. 25) de uno de los mas torpes vocablos que tiene la lengua castellana; y á mí como tal me suena, no obstante que la Academia no lo reputa por del estilo bajo, ni aun del familiar. (Martínez Duimovich 1887: 172) | Algunas que entre ellos no lo eran, son familiares, y aun bajas para nosotros, como bacin por bacía ó barreño, oreja por oido. Regoldar fue usado por los mejores escritores del tiempo de Cervántes, si bien este lo calificó de “uno de los mas torpes vocablos que tiene la lengua castellana”; y á mí como tal me suena ―dice un insigne gramático―, no obstante que la Academia no lo reputa por del estilo bajo, ni aun del familiar. (Revista de Almería 1883: 668) |
Los textos de Martínez Duimovich podrían caracterizarse como una amalgama de literatura sobre la lengua en uso, lo que conduce a pensar si existe una ideología particular detrás de estos discursos. Aunque el desarrollo de un argumentario original no es destacable, sí pueden identificarse unas actitudes individuales sobre la lengua en uso, puesto que la selección y articulación de las fuentes de las que se nutre pueden considerarse también un posicionamiento ideológico.
6. A MODO DE CONCLUSIÓN
A lo largo de estas páginas se ha intentado ilustrarse la complejidad de la construcción y canalización del discurso sobre la lengua en la prensa española de la segunda mitad del siglo xix. El estudio del objeto hemerográfico precisa, a la luz del análisis llevado a cabo, de claves metodológicas para comprender la motivación y circulación de estos textos, como son sus relaciones intertextuales y los factores que influyen en su proceso de multiplicación. Para ello, resulta capital centrar la atención no solo en el contenido y en la articulación del argumentario, en este caso, sobre la corrección y la innovación léxica, sino también en los agentes que intervienen sobre uno u otro texto para su publicación. La manipulación del texto responde, pues, a necesidades editoriales relativas a la maquetación, pero también al interés y actitud lingüística que asume un redactor, un colaborador o un autor en relación con la cabecera en la que se estampa un texto dado. Aunque este trabajo ha atendido a cuestiones como la práctica ortográfica, los paratextos, la adición, modificación o supresión de títulos, firmas o contenido o las notas de la redacción, se ha considerado también la repetición e imbricación de ciertos argumentos por agentes particulares en su producción periodística y, en menor medida, el tratamiento de las fuentes bibliográficas, aspecto que reclama mayor atención en el estudio historiográfico del canon en la prensa decimonónica. Con todo, a través de estas consideraciones se ha pretendido reivindicar la prensa histórica como fuente de primer orden para el estudio del pensamiento lingüístico hispánico, sin que constituya ya, a la luz de la investigación sobre prensa hispánica histórica, una fuente epihistoriográfica.
FINANCIACIÓN
Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto LinPePrensa ii. La lengua y su enseñanza en la prensa española: de la ley Moyano al fin de la ii República (1857-1939). Ref.: PID2021-126116NB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER: Una manera de hacer Europa.
Bibliografía
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Notas
[1] Puesto que este corpus recoge y define con mayor detalle las publicaciones en las que se desarrolla el modelo discursivo de pregunta-respuesta entre 1865 y 1900, se han excluido los títulos correspondientes a El consultor universal (1865-1866), la saga de El averiguador (1867-1876), El averiguador universal (1879-1882) y la Revista de archivos, bibliotecas y museos (1871-1878) por su volumen. Las cuestiones objeto del presente artículo han sido parcialmente estudiadas por Puche Lorenzo (2021) en el caso de las tres épocas de El averiguador, y por Silvestre Llamas (2023a) para El averiguador universal.
[2] Entre otros, además de los citados en las sucesivas secciones, Torres Martínez (2021 y 2023) para el purismo y la corrección lingüística y la práctica lexicográfica de los glosarios escondidos; Perea Siller (2022) y Perea Siller y Sanz Velasco (2023) para la descripción fonética del español; García Folgado y Garrido Vílchez (2023) para la comunicación y transposición del conocimiento gramatical entre el magisterio o Tordera Yllescas (2024) para la enseñanza de sordomudos y el nacimiento de la lingüística clínica.
[3] Constante es el objeto y desafío de la historiografía lingüística en el terreno del reconocimiento autorial y de su articulación metodológica. El trabajo sobre la prensa histórica mantiene vigente la idea foucaultiana (1999 [1970]) sobre la función-autor, resultado de condicionantes socioculturales particulares, y la incapacidad del lector —aquí, investigador— de no soportar el anonimato. En particular, textos institucionales como un editorial o los estampados en una sección de noticias, manifiestan más bien la respuesta de Nehamas (1986) a los presupuestos de Foucault, por la que todos los textos tienen un escritor, un agente que codifica un mensaje, pero no todos tienen autor. Agradezco profundamente a la doctora Caballero Fernández esta pertinente observación.
[4] Ossorio y Bernard (1903: s. v. Ochoa y Madrazo, Carlos de) lo describe como “Abogado y literato, nacido en Madrid en 13 de Junio de 1836; residió largos años en París, colaborando en ‘La Presse’, ‘La Liberté’ y ‘La France’ y dirigió el periódico madrileño ‘L’Espagne’ (1886). También ha sido colaborador del diario ‘La Epoca’ (1875-87). Ha solido firmar Claudio y Un testigo ocular”.
[5] Concretamente, se refiere así a la práctica de la serialización de periódicos y revistas: “Conforme a la tradición dieciochesca, el periódico de la primera mitad del siglo xix era concebido como encuadernable de modo que cada ejemplar venía a ser parte cotidiana de una unidad bibliográfica [...] que se transformaba así en un libro conservable” (Alonso 2003: 591).
[6] Este artículo se ha estudiado con mayor atención en Silvestre Llamas (2023b y 2024), así como el tratamiento metalingüístico en la bibliografía manual y mediática del verbo neológico presupuestar.
[7] Sobre la calificación de estos artículos como columnas sobre la lengua, como parecen definirse, recientemente, en Marimón Llorca (ed.) (2023), véase Gaviño Rodríguez y Silvestre Llamas (2024: 112-113, n. 8).
[8] Véase Rivas Zancarrón (2018), sobre el discurso de 1848 de Mora, o Calero Vaquera (2004), sobre el elemento francés en el Vocabulario de disparates... (1871) de Ana-Oller (Francisco de Orellana).
[10] “Mision. Ahora que no hay frailes todo el mundo tiene mision; y así tropezamos á cada instante con la mision del poeta, la mision del filósofo, la mision de la prostituta, la mision de cuanto Dios crió, bueno ó malo. No parece sino tque todo bicho viviente se ha metido á diablo predicador”. (Baralt 1855: s. v. mision)
[11] “Palpitante. Mal gusto mio ó preocupacion será; pero ello es cierto que no puedo llevar en paciencia que se diga [...]. En Francia (bueno es saberlo) no usan este neologismo sino los escritores de brocha gorda”. (Baralt 1855: s. v. palpitante)
[12] Revista “de intereses permanentes y fundamentales contra las doctrinas y tendencias de La Internacional, ajena por completo á todo partido político”, como reza en sus portadas. Fundada por Juan Bravo Murillo y dirigida por el erudito Carlos María Perier, se publicó en Madrid desde 1872 hasta 1879 y contó con artículos y textos de los literatos más afamados de la época y de muchos miembros de la Real Academia Española. Se conserva encuadernada en la Hemeroteca Municipal de Madrid (sign. 905/4).
[13] Narciso (o Narcís) Pagès i Prats fue un abogado, político (asesor de Marina y diputado a Cortes) e historiador catalán (1819-1887) que colaboró en las publicaciones Revista de Gerona, Semanario de Palamós (de donde era natural y residía) y La ilustración española y americana (Viquipèdia, fecha de consulta: 03/06/2024). Es en esta última cabecera donde se publica el artículo anotado, específicamente, el 8 de abril de 1877 (231-234), a la atención del director del periódico y con el título “Discordia de autoridades”.
[14] En trabajos anteriores se ha estudiado este artículo desde diversos puntos: véase Silvestre Llamas (2022: 148) para la construcción del discurso y el argumento purista a partir del tratamiento de los extranjerismos, y Silvestre Llamas (2023b: 196-198) para el tratamiento de las creaciones internas, como el ejemplificado seleccionar y el cotejo con otros neologismos similares en la prensa contemporánea como solucionar.
[15] Publicación fundada por José Manterola, la creación más importante de este periodista, y vigente desde 1880 a 1914. Se publicaban artículos de variada temática en euskera, español y francés y se juntaban textos de distintos ámbitos: desde investigaciones sobre historia y arqueología hasta recopilaciones etnográficas y de literatura oral y creaciones literarias (San Martín 1984: 445 apudMartín Esparza 2024: s. v. Manterola Beldarrian, José [fecha de consulta: 30/05/2024]).
[16] Sobre el tratamiento de la lengua en uso y el estudio histórico de la lengua en esta publicación, véase Puche Lorenzo (2021).
[17] De nuevo, Clarín es ejemplo paradigmático en nuestra tradición del desarrollo profesional en la prensa y de la producción periodística en títulos de distintas ciudades españolas, como Barcelona (Beser y Bonet 1996) o Valladolid (Rubio 2017-2018).





