Introducción
El uso de sujetos nulos y expresos en español ha sido analizado desde hace varias décadas en diversos trabajos que han prestado una mayor o menor atención a diversos factores gramaticales, léxico-semánticos, discursivos y sociales vinculados a este fenómeno (valgan, como muestra ilustrativa de la ingente bibliografía publicada al respecto, , , , , , , , y , y , , , , , ). Sin negar la ascendencia de ciertas variables en una mayor o menor tendencia vinculada a la realización u omisión del sujeto, un análisis minucioso de las producciones de hispanohablantes parece corroborar, sin embargo, que la variación obedece, en última instancia, a la interrelación entre dos aspectos claves: las funciones informativas y el contraste que puede o no aparecer en cada una de ellas (). Igualmente, consideramos que en la mayoría de los casos esa interacción permite explicar la omisión o realización obligadas del sujeto.
Con el objetivo de mostrar la relevancia que adquiere dicha interacción, dividimos este trabajo en varios apartados. En el § 1 ofrecemos una revisión crítica acerca de la confusión que, todavía hoy, generan términos como los de contraste, énfasis o ambigüedad (§ 1.1-1.2), sin olvidar la discutible importancia asignada, al menos como aspectos decisivos, a los factores lingüísticos y sociales en la realización opcional del sujeto (§ 1.3-1.4), así como los inconvenientes que plantean algunos trabajos actuales que se han detenido en la presencia y ausencia de este constituyente desde el punto de vista de la estructura informativa (§ 1.5). Por último, en el § 2 presentamos una breve caracterización de las cuestiones implicadas en el asunto que nos atañe. En concreto, explicamos qué entendemos por sujeto, contraste, énfasis y redundancia para comprobar, en este mismo lugar, si se cumplen las siguientes hipótesis:
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1) La realización facultativa del sujeto está vinculada al valor redundante o contrastivo que puede adquirir este constituyente cuando se encuentra en la información presupuesta. Estas opciones dependen de factores cognitivos y contextuales.
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2) La presencia obligada del sujeto responde, salvo algunas excepciones (véanse las notas 11 y 14), a motivos puramente discursivos. En concreto, si este constituyente es tópico contrastivo o foco.
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3) La ausencia también puede ser la única opción en determinadas situaciones comunicativas en las que el contexto impide establecer cualquier tipo de contraste. A esta posibilidad la denominamos tópico deíctico.
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4) El comportamiento de los sujetos nulos y expresos en español puede explicarse a partir de la interrelación que se produce entre el contraste y las funciones informativas, de manera que es factible establecer una equivalencia entre ese comportamiento y estos dos últimos aspectos.
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5) Esa equivalencia permite establecer unos parámetros generales vinculados a la presencia/ausencia del sujeto en el español estándar, si bien las restricciones discursivas cuando el sujeto es tópico pueden ser distintas en determinadas variedades.
Aunque son varios los estudios que, como se verá, se han detenido en algunas de estas cuestiones, no hemos encontrado una propuesta concreta que permita unificarlas y describir de manera satisfactoria ―y en toda su extensión― qué factores provocan la presencia o ausencia obligadas del sujeto, así como la alternancia libre o contrastiva. Ello motiva la realización de este trabajo. En relación con la quinta hipótesis, analizamos, fundamentalmente, muestras procedentes del español europeo, mexicano y argentino con el objetivo de examinar si nuestra alternativa es aplicable en el español estándar. A este respecto, consideramos, no obstante, algunas particularidades de ciertas variedades, entre las que sobresale el español antillano. Como se verá más adelante, todo indica que la propuesta aquí presentada requiere algunas modificaciones en dialectos como este último, donde es necesario puntualizar algunas cuestiones desde el punto de vista gramatical y en términos de propiedad.
En relación con la metodología seguida, partimos del análisis de producciones contextualizadas para alcanzar nuestro objetivo, tarea que, a pesar de lo anterior, no resulta sencilla teniendo en cuenta las dificultades que supone, entre otras razones, reproducir los aspectos contextuales que rodean al enunciado en el momento de su emisión, interpretar con exactitud la intención del hablante en ese momento, conocer su relación con el destinatario o determinar la influencia de los factores cognitivos involucrados. Junto a un riguroso examen de las producciones realizadas por hispanohablantes de distintos lugares, tomadas como objeto de estudio empírico, estimamos, al igual que , que el especialista nativo también puede contribuir a la ilustración de ciertos fenómenos lingüísticos al ser capaz de realizar un ejercicio de introspección como usuario de su propia lengua. De hecho, es frecuente que los autores que parten de muestras procedentes de hablantes de lengua materna recurran a la paráfrasis y a otros procedimientos similares para exponer sus argumentos (por ejemplo, , , ). Por esta razón, en este trabajo también se presentarán ejemplos que, desde el punto de vista gramatical o de la adecuación, han sido utilizados y aceptados sin problemas en numerosas investigaciones.
1. ESTADO DE LA CUESTIÓN: CONFUSIÓN Y DISCREPANCIAS
En este apartado atendemos a varias cuestiones. Por un lado, nos detenemos en las observaciones de los autores vinculadas al contraste, énfasis, redundancia y ambigüedad, aspectos que, como se verá en los § 1.1 y 1.2, revelan cierta imprecisión o resultan insuficientes para justificar la presencia o ausencia del sujeto en español. Según se observa en los § 1.3 y 1.4, la diversidad de los datos obtenidos en los estudios variacionistas obliga a considerar la existencia de otros motivos que, más allá de las tendencias asociadas a los factores lingüísticos y sociales examinados, intervienen decisivamente en la realización facultativa de dicho constituyente. Así mismo, las nociones empleadas en relación con las funciones informativas, las cuales, según se verá en el § 1.5, también se han tenido en cuenta en el fenómeno estudiado, además de no corresponderse siempre con los ejemplos ofrecidos, dificultan un análisis coherente y objetivo al presentar algunos inconvenientes teóricos y no contemplar otras opciones, entre ellas, el carácter redundante del sujeto explícito o la imposibilidad de expresarlo en unas determinadas condiciones discursivas.
1.1. Contraste, énfasis y pleonasmo
La confusión originada por los conceptos de ‘contraste’ y ‘énfasis’ llevó a a desestimar el último de tales factores, al ser relacionado no solo con el primero (, , ), sino también con una especie de pleonasmo (, ) o directamente con este último (). En su decisión también tuvo en cuenta otras observaciones que, paradójicamente, combinan un uso redundante del sujeto con el intento de establecer una contraposición ().).
La identificación del contraste con el énfasis se adivina, igualmente, en ciertos estudios propios de la gramática descriptiva del español, entre los que destaca el de . Para ella, la expresión de los pronombres personales con función de sujeto en español ocurre cuando estos son “elementos enfáticos o contrastivos”. Este aserto, además de incurrir en la equivalencia de dos aspectos distintos, dejaría de explicar la realización del sujeto en numerosos enunciados del español, al no producirse ninguna de estas lecturas, como señala a propósito de la muestra que presenta, procedente del español hablado en Buenos Aires:
La indefinición que afecta al concepto de ‘énfasis’ es también subrayada por . Es algo que se aprecia, junto a la nula o escasa caracterización del llamado contraste, en las veladas alusiones al rol que pueden ejercer los factores discursivos en la presencia o ausencia opcional del sujeto en los estudios tanto variacionistas (, , , ) como relativos a la adquisición del español como lengua extranjera (; ; ; ; ; ; ; ; ; ). De hecho, llega a defender, en esta última área de investigación, la importancia del énfasis tanto en la expresión del sujeto como en la presencia tácita de un pronombre nulo con esta función, apreciación difícilmente sostenible si tenemos en cuenta que, como advierte , un elemento sin realización fonética no puede recibir una mayor carga prosódica (véase también , que, como señala la anterior autora, enuncia a este respecto el Principio de Lexicalización de los Pronombres).
En cuanto al contraste, subraya la vaguedad que caracteriza a la definición de este aspecto desde los estudios tradicionales hasta la actualidad. Por su parte, recuerda que la noción clásica de ‘contraste’ parte de la contraposición/comparación explícita o implícita entre dos o más sujetos en determinados contextos (consúltense, en este sentido, , , ) y ofrece el siguiente ejemplo, en el que, como se verá en el § 1.5, es fundamental atender a la estructura informativa para entender la obligada presencia de los constituyentes que poseen esa función:
La imprecisión acerca de la presencia facultativa u obligada del sujeto por razones vinculadas al contraste desde un punto de vista discursivo también se observa en algunos ejemplos mencionados por , en los que la descontextualización impide conocer qué aspectos intervienen en la posible expresión de ese contraste, tal y como se observa en una de las muestras presentadas en su investigación sobre el español de Madrid:
La ausencia de ejemplos en el trabajo de tampoco permite un análisis objetivo de esta cuestión. Además, este autor emplea la variable denominada ambigüedad contextual para evaluar la expresión del sujeto provocada por la dificultad que supondría su omisión en el reconocimiento del referente al que alude, sin aclarar cuándo es obligada la presencia o si esta puede alternar con la elisión. En cuanto a la variable llamada contraste, utilizada también en su trabajo, se aprecia cierta confusión con la posibilidad de que el sujeto sea foco, posibilidad que, como advierte y veremos en el § 2, no supondría necesariamente el establecimiento de un contraste.
Igualmente, es importante destacar que, a diferencia de lo defendido por numerosos autores (, , , , , , , , , , ), la expresión del contraste entre los sujetos puede llevarse a cabo aunque estos se omitan. En este sentido, parten del proceso basado en la inferencia metonímica (metonymic inferencing) en su estudio sobre la posibilidad de que ciertos adverbios o sintagmas equivalentes ―concretamente, algunos locativos u otros que introducen el tema o se basan en la perspectiva del hablante― puedan expresar ese contraste por razones pragmáticas. Así se comprueba en la última intervención de este ejemplo, ofrecido por los investigadores y extraído del corpus de sobre el habla de Madrid:
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Inf. A: ¿Cuándo os examináis?
Inf. B: El lunes. Un día estratégico, además.
Inf. A: Bueno, aquí (nosotros) lo tenemos el viernes.
Por su parte, la expone el siguiente ejemplo, en el que las desinencias verbales del mismo verbo establecerían un contraste entre los referentes designados por el sujeto:
Igualmente, los rasgos flexivos del verbo también pueden establecer un contraste si constituyen el foco contrastivo, ya que servirían para corregir una presuposición anterior (). Este planteamiento enlazaría con la observación de ―recogida por la ―, para la que “los focos pueden afectar a segmentos menores que una palabra”, según se observa en el siguiente enunciado, en el que el relieve entonativo es marcado con las mayúsculas:
De lo comentado en relación con los ejemplos ofrecidos en (4), (5) y (6) se deduce que el sujeto explícito podría alternar con la ausencia sin que hubiera ningún problema en términos de propiedad (), ya que el contraste entre los referentes designados por los sujetos es expresado mediante otros elementos. Como se indicará en el § 2, la expresión facultativa de estos pronombres parece obedecer a la intención del hablante de reforzar ese contraste al producirse un cambio de tópico.
En relación con lo anterior, es especialmente significativo el rechazo de no pocos autores al posible valor redundante del sujeto cuando su expresión es opcional (, , , , , , , , , , , ). No obstante, esto es algo que desmienten, además de la muestra vista en (1), las siguientes producciones, procedentes, respectivamente, de madrileños () y de puertorriqueños instalados en California ():
- (7)
... y si a un muchacho le dieran posibilidad para que él tomara aquel camino que él cree justo, aquella técnica que él está entusiasmado con ella, ... seríamos ... uno de los primeros del mundo.
- (8)
yo bueno alguna vez yo estaba caminando por campus y yo estaba hablando en inglés y alguien me dijo “did you just get off the boat?” yo me he quedao así o sea me lo dijeron a mi cara, y yo me quedé- “ah, porque tienes un acento bien raro”, yo me quedé así.
Nótese que en estos enunciados no se observa una contraposición entre el referente designado por el sujeto (él y yo) y otros posibles candidatos, de ahí que sea factible hablar de un uso redundante o pleonástico del sujeto expreso en unas determinadas condiciones. Como se verá con más detalle en el § 2, la repetición facultativa del sujeto cuando designa el mismo referente u otro que ha aparecido previamente en el discurso ha sido justificada por varios especialistas a partir del llamado paralelismo, perseverancia o “priming” (véase , que ofrece una amplia bibliografía sobre esta cuestión), proceso psicolingüístico mediante el cual el hablante facilita al destinatario un acceso continuo a uno o más referentes y que posee cierta relación con otros factores cognitivos. En relación con lo anterior, cabe mencionar la importancia que cobra el mayor grado de objetividad o subjetividad que comporta, respectivamente, la ausencia o presencia del sujeto ( y , , y ). Otro factor determinante es la Teoría de la Accesibilidad (), la cual alude a la distinta carga informativa de los elementos lingüísticos al predecir, en líneas generales, que las formas que contienen una información compartida tienden a omitirse, y al contrario.
Curiosamente, algunos de los que niegan el carácter redundante del sujeto indican que la expresión de los llamados pronombres de cortesía usted/ustedes no puede interpretarse de manera distintiva cuando estos actúan con esa función (, , , , ). En cambio, otros (, ) consideran que el especial tratamiento que origina el uso de estos pronombres provoca, precisamente, la expresión del contraste. En este sentido, conviene recordar que los resultados de numerosos trabajos corroboran una frecuente realización de dichos pronombres (, , , , , ). Sin embargo, parece que solo la situación comunicativa en la que se produce uno de los enunciados mencionados por la , con el que se ilustra el supuesto carácter redundante de estos pronombres en las oraciones imperativas del español europeo, permitiría saber si la expresión del sujeto tiene dicho carácter o si, por el contrario, es contrastivo:
Para justificar la mayor aparición de usted/ustedes en los trabajos que cita , ), se apoya en dos argumentos. Por un lado, recuerda que esa realización está causada por la voluntad del hablante de expresar un respeto hacia el destinatario, planteamiento que refleja, en cierto modo, la imprecisión acerca de los aspectos discursivos que intervendrían en la expresión de ese respeto y que también se observa en las consideraciones de ciertos autores (, , ). Por otro, indica que la presencia de estos pronombres también es debida a la coincidencia que generalmente se produce entre la forma del imperativo singular y la de la tercera persona del singular del presente de indicativo, argumento este último en el que se acerca a y que es rebatido por , quien, en una observación que enlaza con el siguiente epígrafe, sostiene que “el receptor puede inferir sin problemas la referencia personal apelada por la forma verbal”.
1.2. Ambigüedad morfológica
La ambigüedad originada por el llamado sincretismo verbal () ha sido otro de los argumentos que, junto al contraste y al énfasis, se ha empleado para justificar la realización del sujeto. La influencia de este factor se ha tratado en los estudios tradicionales y funcionales que interpretan, obviando los problemas que conlleva esta idea (, ), la existencia de un sujeto en las desinencias verbales (; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ). En décadas más recientes, se observa un planteamiento similar en aquellos trabajos que, siguiendo las tesis generativistas y , ), parten de un sujeto nulo con contenido semántico (; ; ; ; ; ; ; ; ). Los inconvenientes de este último punto de vista en ciertos enunciados también han sido comentados ( y ).
En la propuesta aquí presentada, consideramos, en la línea de , que con el término ambigüedad se alude a las construcciones que poseen distintas interpretaciones desde una perspectiva gramatical, pues, desde una pragmática, el contexto discursivo y situacional resuelve generalmente los posibles malentendidos que puedan surgir entre los interlocutores.
Lo anterior se percibe claramente en la muestra de un nativo de Granada, donde la confusión que crearía la omisión del primer pronombre personal sujeto no parece estar originada, como sostienen , por la forma verbal tenía, idéntica en su conjugación en la primera y tercera persona del singular del imperfecto de indicativo:
- (10)
Pero/ ahora está/ un poquito agrandado porque compraron el piso/ mm de... del vecino// y lo agrandaron// y yo tenía dos pisos// yo tenía/ bueno el/ el local// y/ y otro piso donde yo vivía// y donde en fin/ los bajos de mi dormitorio y eso// que lo agrandé/
Desde nuestro punto de vista, la presencia de yo en el primer caso obedece a la necesidad de expresar un contraste entre los referentes mencionados. Para probar lo anterior, basta con sustituir dicha forma por su equivalente en plural, cuya desinencia no coincide con ninguna otra. Obsérvese que tampoco en este caso sería adecuado omitir el pronombre:
- (11)
Pero/ ahora está/ un poquito agrandado porque compraron el piso/ mm de... del vecino// y lo agrandaron// y #(nosotros) teníamos dos pisos...
Por esta razón, más que en una ambigüedad provocada por la coincidencia de los rasgos flexivos del verbo, habría que pensar en lo que entiende como “ambigüedad contextual”. De hecho, todo indica que las dos últimas apariciones de yo en (10) poseen un valor redundante, pues remiten al sujeto expresado anteriormente sin establecer contraste alguno con otros posibles referentes. Ahora bien, como ya advertimos en y hace notar uno de los evaluadores de este artículo, el carácter contrastivo del sujeto expreso en este último caso también sería factible si el hablante pretendiera seguir distinguiéndose de otros posibles candidatos. Una contextualización más clara de esta última posibilidad se ofrece en (12), donde no parece, como afirma la , que la aparición del sujeto deba interpretarse forzosamente como tópico contrastivo, ya que, siguiendo el razonamiento de , el pronombre podría expresarse para distinguir a los ladrones de otros potenciales actores del hecho relatado. Obsérvese, por tanto, la importancia que cobra la información contextual y el mayor o menor deseo del hablante en hacer más o menos accesible, por motivos vinculados a la expresión de la subjetividad (véase en este sentido la nota 6), el referente designado por el sujeto en la alternancia libre o contrastiva del constituyente cuando es tópico familiar:
- (12)
Los ladrones actuaron como si estuvieran en su casa, con una frialdad que aún asombra a los investigadores. (Ellos) fueron a la cocina, donde (ellos) se apoderaron de una gran cantidad de fruta que (ellos) sacaron al jardín para comérsela
(Mundo [Esp.] 30/9/1996)
En cuanto a la supuesta ambigüedad provocada por determinados rasgos geolectales, son varios los autores (, , , , ) que perciben una mayor expresión de sujetos en el español de Puerto Rico, Andalucía y Canarias por la coincidencia fonética entre las formas verbales en segunda y tercera persona del singular al perder aquella la -s final. Sin embargo, los estudios demuestran que, al menos en la variedad andaluza, no hay más sujetos explícitos que en otras variedades dialectales (; ) y que, de hecho, los sujetos se expresan con más frecuencia en las formas no unívocas (). Igualmente, cabe preguntarse, como advierten , por qué no se ha observado una mayor realización del sujeto en el español chileno (), variedad esta última que también presenta una relajación de las desinencias verbales.
Los datos extraídos de las producciones de los hispanohablantes (, , , , , , , , , , , ) corroboran, en definitiva, que la ambigüedad morfológica no interviene decisivamente en la expresión del sujeto y que es preciso, por tanto, analizar otros posibles factores.
1.3. Factores lingüísticos
La influencia de los factores lingüísticos, entre los que también se encuentra el aspecto tratado en el § 1.2, ha sido analizada en numerosos trabajos (véase en este sentido , donde se realiza un examen minucioso de los resultados aquí brevemente comentados). En este sentido, cabe destacar aquellos que, más o menos alejados del proyecto Preseea y de las guías “de codificación” elaboradas (; ), se centran en la presencia facultativa del pronombre personal sujeto en diversas variedades del español. No obstante, algunas de estas variables solo permiten explicar una tendencia que no siempre es confirmada. Otras, por el contrario, poca relación parecen guardar con el fenómeno estudiado, a juzgar por la diversidad de los datos obtenidos. En relación con el papel que posee la persona gramatical en la mayor expresión u omisión del sujeto, cabe citar, como ejemplo ilustrativo de esta disparidad de resultados, aquellas investigaciones en las que se aprecia una mayor expresión de yo y una frecuente omisión del pronombre de segunda persona (, , ), en oposición a lo que ocurre en otros estudios, donde se observa la habitual realización de este pronombre (; ; ; ; ), así como de los de tercera persona del singular (, ).
La ascendencia de las pruebas realizadas en la obtención de los datos explica, a nuestro juicio, la escasa realización de los pronombres en plural (, , , , , ), pues las dinámicas empleadas, basadas generalmente en entrevistas individuales, fomentan el uso de las formas empleadas para referirse al hablante y al destinatario (, , ). De hecho, cuando las condiciones discursivas cambian, la expresión de esas formas plurales también aumenta (, ), de ahí que, aunque no podamos profundizar en ello por escapar al objetivo aquí planteado, sería conveniente en futuros trabajos atender a la interrelación entre la presencia/ausencia del sujeto y el contraste con respecto al uso de una persona gramatical u otra en los distintos contextos discursivos y situacionales en los que se producen los enunciados analizados.
Así mismo, el factor vinculado a la especificidad del sujeto no basta para justificar en toda su dimensión la mayor o menor presencia del sujeto, sobre todo si se atiende a la descontextualización de algunos ejemplos, que impiden reconocer si hay una lectura específica, genérica o inespecífica en las construcciones formuladas en tercera persona del plural, según se aprecia en la muestra ofrecida por :
- (13)
Pues luego después que ya (ϕ) hacían la procesión y todo eso// pues los roscos (ϕ) los repartían gratuitos a todo el que quisiera ir.
Si bien es cierto que la interpretación genérica suele provocar la omisión del pronombre personal ellos y que la indeterminada origina una obligada ausencia, no lo es menos que la expresión en la primera de estas posibilidades, aunque poco común, es factible si el hablante desea resaltar una característica propia del referente designado por el sujeto, de ahí que estimemos necesario acudir a otras posibles razones para explicar el fenómeno estudiado.
En cuanto a las llamadas omnipersonales (), todo apunta a que los “usos más abarcadores” () que pueden adquirir las formas de primera y segunda persona cuando se produce una “sustitución designativa” () tampoco alcanzan para explicar la realización del sujeto, pues también en estos casos resulta fundamental atender a las condiciones discursivas. Así, en la muestra proporcionada por , perteneciente a la investigación de , se aprecia sin dificultades la posible alternancia entre la presencia y la ausencia del llamado tú genérico al permitirlo el contexto discursivo y situacional en el que se produce el enunciado:
- (14)
Entonces cuando por la mañana (tú) sabes que se convoca una manifestación de estudiantes o, vamos, una cosa similar, pues (tú) te informas un poco del tema. Vamos yo por lo menos pues miro si ha pasado en días anteriores.
Un caso muy distinto es el del pronombre indefinido uno/una, cuya omisión es imposible al carecer el referente designado por el sujeto de orientación fórica () y adoptar, en su lugar, un valor genérico o inespecífico (). Como señala , la razón que provoca la obligada expresión del pronombre es de índole gramatical, ya que el verbo no puede recuperar la información contenida en dicho elemento. Nótese que la ausencia motivaría una lectura anafórica o catafórica, tal y como se observa en la muestra de un hispanohablante mexicano ():
- (15)
Cuando está {#(uno)/ϕ=él/ella} así joven, no, no tiene {(uno)/ϕ=él/ella} pues, responsabilidad de nada.
En relación con los ejemplos (13), (14) y (15), parece necesario conjugar la mayor o menor especificidad del sujeto con la interacción que se produce entre el contraste y las funciones informativas. Lo mismo puede decirse de otros aspectos también analizados ―en concreto, el modo, el tiempo verbal, la progresividad y la perfectividad―, dado que su ascendencia ―examinada a veces de manera conjunta o en conexión con otros factores― queda lejos de ser confirmada. En resumen, la disparidad de resultados en diversas investigaciones (, , , , , ) explica que no pocos autores desestimen estas últimas variables (, , , ).
En cuanto al contenido semántico del verbo, algunos especialistas observan una mayor aparición de sujetos pronominales con los verbos estimativos (, , , ). Estos resultados, si bien no coinciden con los de otros estudios (, , , ), responderían, según , a la contraposición que suele establecerse con estos verbos. Aunque esta hipótesis está vinculada a la realización opcional u obligada del sujeto en la mayoría de los casos, no tiene en cuenta el posible valor redundante en otros, según se constata en una de las producciones registradas por , procedente de un hablante de español mexicano:
Otros investigadores subrayan que este fenómeno ocurre con verbos de estado como ser y tener () o con los llamados verbos dicendi (). No obstante, los propios autores reconocen un porcentaje muy desigual de sujetos expresos con verbos situados en un mismo grupo, lo que revela la necesidad de recurrir a un criterio válido que permita explicar en toda su extensión el fenómeno estudiado.
La discrepancia ―y con ello, la conveniencia de atender también a ciertos factores que sobrepasan el ámbito lingüístico en cuanto a la presencia facultativa del sujeto― también se refleja en los datos obtenidos por los distintos especialistas en relación con el tipo de cláusula. Así, la mayor aparición del pronombre personal sujeto observada en las oraciones principales (, ) contrasta con una presencia similar tanto en estas como en las subordinadas (, , ), o con una habitual expresión en las comparativas y una frecuente omisión en “las oraciones yuxtapuestas, copulativas, y locales-temporales, y, muy especialmente, las disyuntivas” (). Esta variabilidad de resultados provoca que diversos especialistas descarten este factor (, , , , ), ya que, como sostiene , son nuevamente los aspectos discursivos los que intervienen en la presencia facultativa del sujeto. Esta idea ―así como la relevancia que también parece cobrar la expresión de valoraciones más o menos subjetivas por parte del hablante― se aprecia claramente en otra muestra del español mexicano, ofrecida por , donde la habitual realización del sujeto en las oraciones condicionales percibida por no se cumple:
No obstante, la muestra de corrobora la forzosa expresión del antecedente y del pronombre relativo con función de sujeto en las subordinadas de relativo por causas gramaticales. En el primer caso, porque la omisión impediría al destinatario saber a quién se refiere el pronombre. En el segundo, porque las desinencias verbales no bastan para recuperar la información contenida en este elemento (consúltense así mismo y ):
En lo que atañe a la correferencia, otra variable considerada en la mayoría de estudios variacionistas, no parece que sea decisiva en el asunto estudiado, pues, aunque la Hipótesis de la Posición del Antecedente () suele marcar una tendencia general (, , , , ), otras veces ocurre lo contrario (, , , , , , ), ya que el sujeto también se expresa cuando coincide con el de la oración anterior, algo que solo puede explicarse por la influencia determinante de los factores discursivos (, ).
Curiosamente, en algunos de estos estudios variacionistas se analiza el turno de habla o los tipos de discurso como un factor lingüístico, cuando ambas cuestiones superan con claridad el ámbito gramatical. Poco extraña, en este sentido, la mayor realización del sujeto cuando hay un cambio de turno (, ; ; ) si se atiende a las entrevistas efectuadas, que potencian la expresión del contraste entre los interlocutores y que, según el examen de , no es un factor relevante en la mayoría de los estudios que analiza. Lo mismo puede decirse de los tipos de discurso, pues, o bien no se encuentran diferencias significativas en la comparación entre textos orales y escritos (), o bien vuelve a destacarse la ascendencia de los factores discursivos en la mayor expresión del sujeto en las secuencias argumentativas (). De hecho, en estas últimas esa frecuente aparición está motivada por la contraposición de distintos puntos de vista (), planteamiento que enlaza con la propuesta aquí presentada.
1.4. Factores sociales
Los estudios variacionistas han examinado diversos factores sociales, entre los que destacan aquellos vinculados a la edad y al sexo del hablante, al nivel educativo y al dialecto utilizado. En cuanto al primero, los resultados muestran una tendencia hacia la elisión del sujeto por parte de los hablantes más jóvenes y una mayor expresión conforme aumenta la edad (, , , ). No obstante, recuerda la observación de , que percibe una mayor expresión del sujeto entre los más jóvenes en lo que podría ser un cambio lingüístico que implicaría una tendencia menos conservadora. Sin embargo, los datos de no confirman una mayor elisión en los participantes de mayor o menor edad, sino en aquellos que se encuentran en un grupo intermedio. Estos resultados coinciden con los de y ―autora esta última que encuentra una mayor omisión en los hablantes de más edad― y contradicen los de , quienes aprecian una menor expresión del sujeto entre los más jóvenes, seguidos de los más mayores y, en último lugar, de los participantes situados en una franja intermedia. Otras veces, los propios autores reconocen que las muestras son poco representativas (, ) y que las diferencias no son significativas (, ). Además de la falta de acuerdo para definir el número de participantes (véase la ), otro inconveniente metodológico observado en relación con esta variable es la necesidad de unificar un criterio para distinguir los distintos grupos generacionales, según se constata en las investigaciones de , , , , , , y . No extraña, en este sentido, el intento de por unificar ese criterio al proponer la siguiente distinción: “20 a 34 años, 35 a 54 años y de 55 años y más”.
En lo que atañe al factor relativo al sexo del hablante, el llamado “women effect” () ―basado en la mayor expresión del sujeto por parte de las mujeres― parece cumplirse en las investigaciones de , , y , si bien en la tercera no se encuentran patrones constantes cuando la autora aplica este criterio a las distintas franjas generacionales y se reconoce, al igual que en el estudio de , la necesidad de contar con más participantes para corroborar la influencia de esta variable. En otros trabajos también se percibe una mayor aparición del sujeto en las mujeres, aunque los autores confiesan que esa diferencia es prácticamente nula () o poco representativa (, , , , ), sin olvidar que otras veces la tendencia es justamente la contraria, según indica , cuyos datos coinciden, entre otros, con los de .
A nuestro juicio, la realización de pruebas homogéneas en contextos similares permitiría analizar de forma objetiva la ascendencia de las variables vinculadas a la edad y al sexo en la interacción que se produce entre el contraste y las funciones informativas, donde la expresión u omisión del sujeto vinculadas a la objetividad/subjetividad del hablante ante los enunciados que produce también debe tenerse en cuenta (véanse a este respecto las y ). Este planteamiento podría aplicarse igualmente en relación con el nivel educativo, variable esta última que también presenta resultados dispares. Así, donde algunos observan más sujetos expresos opcionales entre aquellos con menos formación (, , , , ), otros perciben lo contrario (, ). Vinculado a este último factor, tampoco el bilingüismo permite explicar la expresión voluntaria del sujeto, dado que la influencia de otra lengua, sea pro-drop o no pro-drop, apenas permite distinguir una tendencia general si se comparan los datos de las distintas investigaciones, en las que también participan monolingües que presentan resultados desiguales entre ellos y en comparación con respecto a aquellos que dominan más de una lengua (, , , , ).
En cuanto al dialecto, son varios los estudios que corroboran una frecuente expresión del pronombre personal sujeto en el español antillano (, , , ), así como una mayor elisión del constituyente en el español europeo frente al americano, con excepción del mexicano (, ). A nuestro entender, estos resultados confirman que los factores lingüísticos y sociales aquí analizados no alcanzan para justificar, en última instancia, la realización facultativa del sujeto. Por esta razón, consideramos que es preciso atender, además de a las diferentes formas de expresar la subjetividad, a las distintas restricciones discursivas ―originadas por la interacción contraste-funciones informativas― que operan en las distintas áreas geográficas, donde difícilmente puede sostenerse, como señalan algunos investigadores (, , , , ), que también las diferencias individuales intervengan en el asunto estudiado, sobre todo si se pretende relacionar las valoraciones más o menos subjetivas de los hablantes con diversos factores lingüísticos y sociales ( y , y ).
Aunque no estamos de acuerdo con en la importancia que otorga a las variables sociales ―e incluso lingüísticas ()―, sí coincidimos con este autor en la necesidad de analizar no solo el grado de adecuación en las diversas variedades geolectales, sino también el rol que poseen determinados factores cognitivos en la presencia/ausencia del sujeto. Entre esos factores cabe destacar la mayor o menor accesibilidad de los referentes designados por el sujeto (), la relación con las funciones informativas y de estas con el contraste, así como la expresión de una mayor objetividad o subjetividad por parte del emisor en lo tocante a la realización u omisión del sujeto ( y , , y ).
Desde nuestro punto de vista ―y como se verá con más detalle en el § 2―, estos factores pueden ayudar a entender los distintos usos establecidos por las diferentes comunidades de hablantes. Entre otros casos, cabe destacar ciertas construcciones en las que aparece el sujeto sin una lectura contrastiva en una posición preverbal en ciertas preguntas formuladas en algunas variedades caribeñas, fenómeno que, como se ilustra en (19), es agramatical en el español estándar (). Lo mismo sucede con aquellas construcciones de relativo en las que aparece un pronombre reasuntivo con función de sujeto en los usos informales de algunos dialectos del español antillano o europeo (), según se aprecia en (20), ejemplo proporcionado por y perteneciente al área rural:
- (19)
¿Qué tú haces aquí?
(Padura, Paisaje de otoño)
- (20)
Había un médico en Muro que ese estaba en Alcoy.
(COSER, Benimarfull [Alicante])
Cabe destacar, igualmente, otras opciones propias del español puertorriqueño. En concreto, la factible presencia del pronombre en ciertas estructuras formuladas en tercera persona del plural con valor inespecífico, posibilidad visible en el ejemplo de la , donde “la expresión lo que ellos llaman” no remite a una entidad concreta, sino que se usa “con el sentido de 'lo que llaman, lo que se llama'”:
- (21)
¿Era un curso global? Bueno en el arte dieron [...] lo que ellos llaman el quarter system, dos quarters, que son como dos semestres.
(CREA oral, Puerto Rico)
Así mismo, llama la atención el posible valor redundante del sujeto explícito en ciertos enunciados del español antillano, pues, como recuerda la , que ofrece la siguiente muestra, y se advirtió en , en el español europeo y en otras variedades la realización del pronombre tendría un valor contrastivo si en el acto comunicativo únicamente participaran dos interlocutores:
En definitiva, ejemplos como (19), (20), (21) y (22) confirman que no solo es fundamental, como afirma , analizar el uso de sujetos expresos en los contextos contrastivos que aparecen en distintos dialectos para comprobar si el grado de adecuación es el mismo o no, sino que también es imprescindible atender a aquellos casos en los que la realización del sujeto es agramatical o inapropiada en ciertas variedades y no en otras, así como al carácter redundante o distintivo que el sujeto expreso puede tener en algunas de ellas.
1.5. Tópicos y focos
La relación entre la estructura informativa y la presencia/ausencia del sujeto en español ha cobrado cada vez mayor importancia (, y , , , , , , ). Poco ayudan, sin embargo, las distintas terminologías, definiciones y clasificaciones acerca de las distintas funciones informativas (véase a este respecto ) si se pretende realizar un análisis sistemático y riguroso del fenómeno estudiado.
Al no estar entre los objetivos de este trabajo, dejamos de lado los problemas conceptuales que puede haber entre el uso o las distintas nociones de un término u otro en relación con esas funciones informativas y partimos, para establecer un punto de partida claro en dicho análisis, del planteamiento de . Estos autores recuerdan la errónea equivalencia que, con frecuencia, se ha establecido con dichas funciones, cristalizadas en las dicotomías tópico/rema y presuposición/foco (para profundizar en esa cuestión, consúltense, entre muchos otros, , , , , ). De forma resumida ―y en aras de una mayor claridad expositiva―, el tópico o tema es aquello de lo que se dice algo; el rema o comentario, lo que se dice del tema. Nótese que el concepto informativo de sujeto ―el tema― y el estructural ―el sujeto oracional― pueden o no coincidir en un mismo constituyente. Ambas posibilidades se aprecian en la muestra ofrecida por , pues dicha coincidencia, si bien es evidente en la segunda oración (en el ejemplo, Juan), no se da en la primera:
Por su parte, la presuposición es, grosso modo, la información percibida como cierta y compartida por los interlocutores; el foco, la información no presupuesta o presentada como tal. Aunque es cierto que el tema y la presuposición pueden coincidir, no siempre lo hacen, según se aprecia en otra muestra de , en la que Juan es el tema (esto es, el elemento prominente) y la acción expresada ('alguien ha entregado una pelota a alguien') la presuposición:
Por su parte, el rema y el foco también pueden concurrir en la misma secuencia, aunque no necesariamente. Aquel establece una relación sintagmática con el tema y aparece en todos los enunciados, mientras el foco posee un carácter paradigmático al ser el segmento que se expresa para llamar la atención del destinatario, de ahí que constituya la parte central de la información no presupuesta (en el ejemplo, Pepe).
La obligada realización del sujeto cuando es foco o forma parte de él ha sido subrayada en diversos estudios (, , , ). Las muestras siguientes, extraídas de la , ilustran, respectivamente, la posibilidad de que el sujeto sea foco informativo o foco contrastivo (, , , ):
- (25)
A veces, también, las situaciones exageradas no las creaba yo, sino algún camarada profundamente enamorado de su francesita también simpatizante.
(Bryce Echenique, Martín Romaña).
- (26)
A: ¿Llamó Javier?
B: No, llamé {yo/YO} / No, YO llamé
Nótese que en esta cuestión son relevantes los llamados adverbios de foco (), pues estos elementos pueden provocar la necesaria realización del sujeto aun cuando la secuencia focalizada remite a un referente previamente mencionado, dado que, como matizan , hay “construcciones en las que el foco no contrasta, en sentido estricto, con la información precedente, sino que la resalta, la precisa, la amplía o se interpreta en relación con ella”. Esta posibilidad se aprecia en el segmento marcado con mayúsculas en (27). Este ejemplo está tomado de , para quien el énfasis causa “la presencia del adverbio” solo. Nótese, en todo caso, que en esa precisión la secuencia formada por el adverbio y el pronombre sirve para distinguir, como indica uno de los evaluadores, al interviniente del hecho relatado de otros posibles:
Así pues, la expresión de los sujetos focales es ineludible en español, si bien el valor contrastivo y el enfático no están garantizados en todos los casos. A propósito de este asunto, examina la relación entre las funciones informativas y los rasgos prosódicos y sintácticos en su trabajo sobre el español porteño. Según los datos de esta autora, el énfasis que recibe el pronombre provoca la posición preverbal que ocupa al ser foco contrastivo:
Si bien observa un realce entonativo en otra muestra ―en la que la expresión del pronombre sirve para atenuar lo dicho por el hablante ()―, su análisis indica que en este caso el sujeto es foco neutro, ya que esa carga prosódica no es tan marcada como en el anterior ejemplo:
Por el contrario, cuando el sujeto actúa como tópico familiar y aparece a la izquierda ―posibilidad que trataremos enseguida― desaparece esa carga prosódica y se produce, además, una ligera suspensión entre la secuencia anterior y el pronombre, de ahí que la autora subraye la necesidad de atender también a los rasgos prosódicos para distinguir si la secuencia es foco o tópico:
En relación con este último ejemplo, son varias las clasificaciones acerca de los distintos tipos de tópicos (véanse, como muestra representativa, , , , ). En este trabajo partimos de aquellos analizados por , que traducimos de la siguiente manera: tópico contrastivo (Contrastive Topic), tópico modificado (Aboutness-shift Topic), tópico familiar (Familiar Topic) y tópico de desambiguación (Disambiguating Topic), si bien incluimos las propuestas de otros autores para comprobar si es posible unificar todas las posibilidades en el § 2, donde añadimos una nueva clase de tópico que, hasta donde sabemos, no se ha tenido en cuenta hasta ahora.
Como veremos a continuación, algunas puntualizaciones son necesarias en lo que atañe a la presencia o la ausencia del sujeto cuando este se encuentra en la información presupuesta por los interlocutores. Fundamentalmente, porque ninguno de los trabajos consultados distingue con claridad cuándo posee la realización del sujeto un valor redundante o contrastivo y de qué manera pueden delimitarse dichos valores de otros casos en los que la presencia es obligada en relación con las funciones informativas. Por último, cabe destacar la nula atención prestada a la forzosa ausencia del sujeto por razones vinculadas a esa interacción que se establece entre el contraste y dichas funciones.
En cuanto al tópico contrastivo, la oposición entre los referentes designados por los sujetos impide la elisión de estos constituyentes para numerosos autores (; ; ; ; ), algo difícilmente discutible si se observa la muestra presentada por la :
En su clasificación acerca de los distintos tópicos, señala que el sujeto es tópico contrastivo cuando se opone a otro referente de forma explícita y la expresión es, por tanto, obligada, si bien reconoce, al igual que , que la omisión es factible si un adverbio o expresión equivalente permite establecer ese contraste, según se ilustró en (4): Inf. A: ¿Cuándo os examináis? Inf. B: El lunes. Un día estratégico, además. Inf. A: Bueno, aquí (Nosotros/ϕ) lo tenemos el viernes. A partir de su análisis, señala que, desde un punto de vista prosódico y sintáctico, el constituyente posee un tono ascendente y aparece antes del verbo, según atestigua la muestra que analiza:
Por su parte, considera que la forzosa aparición del sujeto responde al denominado contraste doble (Double Contrast), consistente en la oposición explícita de dos sujetos con predicados antónimos al expresar distintos estados o acciones. En este grupo, la autora incluye la clasificación de , que distingue tres tipos de contraste en diversas estructuras: de negación ―la contraposición se marca entre los sujetos, que tienen el mismo predicado―; de oposición gradual ―los predicados son similares y los adjuntos expresan un mayor o menor grado en la oposición―; y de alternativas ―los argumentos objetos pertenecen al mismo conjunto y se interpretan como opciones―. Las muestras proporcionadas por este autor dan cuenta, respectivamente, de estas posibilidades:
- (33)
Ellos fueron, pero yo no fui.
- (34)
Mi señora habla bien inglés, pero yo lo hablo bastante mal.
- (35)
Yo fui a una escuela y él fue a otra.
Otro tipo de contraste explícito, llamado contraste pseudodoble (Pseudo-doble Contrast), es propuesto por . Según él, en estos casos no se oponen los referentes denotados por el sujeto, sino que se expresa una contraposición mediante la negación, lo que permite la elisión del pronombre:
- (36)
No soy egoísta pero tampoco ϕ soy de las personas que, que este, que piense que hay que dejar todo lo que uno tiene.
Sin embargo, no parece que esa negación motive la posible elisión en el ejemplo utilizado por este autor, pues si se sustituye por una expresión afirmativa o incluso si se elimina la expresión del sujeto sigue siendo opcional, al remitir el pronombre a un referente presentado justo antes y no haber otros que permitan expresar un contraste:
- (37)
No soy egoísta pero (sí) ϕ soy de las personas que, que este, que piensa que no hay que dejar todo lo que uno tiene.
Así mismo, cuando se introduce o reintroduce un nuevo referente sin contraste con ningún elemento previo en el discurso estamos ante lo que llama Aboutness-shift topic, traducible como tópico modificado. Según los datos de su investigación, la omisión del sujeto en estos casos es más frecuente que la expresión en el español porteño, si bien aquella no ocurre con tanta asiduidad como en el tópico familiar. En una de las producciones examinadas la autora considera que los dos sujetos (la abuela y el hablante) son tópicos familiares y que el tópico modificado se aprecia claramente en el último enunciado:
- (38)
Mi abuelai alquila la primera quincena de enero (...) una casa que ϕi tiene. Y si ϕi alquila la segunda, yoj tengo que hacer el cambio de llaves. Pero la segunda ϕj todavía no la alquiló. Así que ϕj lo estoy pensando porque ϕi me dijo...
Este fenómeno también se observa en el español europeo, a juzgar por una de las muestras presentadas en , en la que un hispanohablante omite el sujeto sin que ello cause un posible malentendido:
- (39)
Ese día [yoi] estaba ya harto de que ϕj me insultase y ya nos habían reñido varias veces. Dijimos [*] a la salida, pero no ϕi pude esperar más, asi [: así] que en el recreo cuando ϕj me insultó, ϕi le metí un puñetazo.
Desde nuestro punto de vista, son varias las objeciones que pueden hacerse en cuanto a la definición del tópico modificado. Por un lado, sorprende que también se entienda como la introducción de un nuevo referente, dado que, si no es posible una interpretación pragmática () ―cuestión que trataremos en el § 2―, difícilmente puede comprenderse que ese referente designado por el sujeto pertenezca a la información presupuesta. Por otro lado, parece que el contraste también interviene en la relación que se establece en el tópico modificado, aunque la posible ausencia del sujeto revela que el contexto no exige la expresión de dicho contraste y que esta depende, como consecuencia, de la intención del hablante, la cual, como veremos también en el lugar mencionado previamente, obedece a factores discursivos y cognitivos.
Frente a lo promulgado por , sí considera que la presencia del sujeto puede alternar con su omisión, si bien aquella tiene carácter distintivo. Cuando esto ocurre, estamos, a su juicio, ante un contraste implícito (Implicit Contrast), puesto que la oposición se establece entre el antecedente del pronombre y otra entidad aparecida previamente en el discurso, según se aprecia en el ejemplo que ofrece del español peninsular, extraído del proyecto :
- (40)
La ranita se pone a llorar porque ϕ se ha hecho daño y además ella quería que las dos fueran amigas.
En relación con lo anterior, propone otro tipo de contraste implícito, al que llama contraste único (Single Contrast). Para este autor, también aquí la oposición del referente con otro que se infiere mediante determinadas marcas de contraste como en lugar de permite la posible omisión del sujeto:
- (41)
yo creo que a los seis años en lugar de estar jugando una pelota ϕ estábamos trabajando para ganar un poco de dinero.
Aunque, como señala uno de los evaluadores, con la secuencia introducida por la expresión en lugar de se establece un contexto contrastivo (en el ejemplo, la realización de una acción frente a otra), dicha expresión o marca de contraste no exige la aparición del sujeto para mantener el contraste. De lo anterior da cuenta la posible eliminación de la secuencia, que no impediría la elisión del sujeto al ser recuperado el referente al que alude por el contexto discursivo (que permite dicha recuperación a partir de la desinencia verbal) y situacional (que no exige la expresión del sujeto). Nótese que entonces desaparece el contraste expresado entre las dos acciones ('jugar' frente a 'trabajar'), si bien con la expresión del sujeto (nosotros) se distinguiría, tanto en (41) como en (42), a unos intervinientes del hecho referido de otros posibles:
Según , en otra de las producciones analizadas el sujeto nulo también sirve para expresar ese contraste implícito. Desde nuestro punto de vista, en el ejemplo presentado para sostener esta idea todo indica que, una vez el hablante expresa esa oposición mediante la expresión del pronombre al comienzo, la ausencia es factible porque la situación comunicativa lo permite:
- (43)
yo estoy educando a mi hijo de una forma muy diferente que me educaron a mí, [...] yo jamás, jamás le diría “sal a la calle y regresa”, no, no there's no way, y yo, era libre ϕ podía salir al parque, ϕ podía salir eh con mis amigos, ϕ podía andar en bicicleta, este aparte eran otras épocas...y, en los noventa, yo soy de lo nací en ochenta...
Por otro lado, habla de contraste débil (Weak Contrast) en aquellas producciones en las que el hablante expresa el sujeto y deja al destinatario que interprete si hay o no contraste. No obstante, en la muestra que presenta, expuesta en el § 1.3 para confirmar la posible alternancia de tú con valor genérico en ciertas circunstancias, la presencia del pronombre de primera persona del singular es, frente al planteamiento de esta autora, ineludible, pues el contexto así lo exige:
- (44)
Entonces cuando por la mañana sabes que se convoca una manifestación de estudiantes o, vamos, una cosa similar, pues te informas un poco del tema. Vamos yo por lo menos pues miro si ha pasado en días anteriores.
En una línea parecida, señala que no hay contraste en aquellos enunciados en los que se produce lo que llama una doble igualdad (Double Sameness), debido a las acciones similares expresadas en los distintos predicados y a otros aspectos contextuales. Sin embargo, la muestra que ofrece refleja la expresión de cierto contraste entre los referentes designados por los sujetos al producirse un cambio de tópico:
Como se vio en relación con (30) ― Tomamos mate nosotros―, el sujeto puede ser tópico familiar. afirma que en estos casos el constituyente forma parte de la información presupuesta “estableciendo un trasfondo para el enunciado que es luego responsable de la continuidad del discurso” (), de suerte que constituye lo que denomina pensamiento posterior (afterthought). Según los resultados de la investigación llevada a cabo por , cuando el sujeto es tópico familiar no recibe una mayor carga prosódica ―habla, de hecho, de “low tone” ('tono bajo')―, puede aparecer antes o después del verbo y, si bien es posible encontrar sujetos expresos, la omisión es aún más habitual que cuando se produce un tópico modificado. Para explicar esta última posibilidad ―también presente en otras lenguas pro-drop (consúltese la bibliografía citada por ) y relacionada, en cierto modo, con el llamado priming (véase el § 1.1)―, la autora retoma el planteamiento de , basado en la menor accesibilidad del sujeto cuando se expresa un nuevo episodio. Sin embargo, reconoce que esta idea no permite explicar la aparición del sujeto en todos los casos, como prueba una de las muestras que ofrece, donde la presencia de dicho constituyente en la subordinada parece alternar libremente con su omisión, asunto en el que tampoco repara esta investigadora:
- (46)
En Ámsterdam también tuve muchos problemas cuando llegué para dormir porque yo no reservaba nada.
De otro lado, propone el tópico de desambiguación para aquellas ocasiones en las que el sujeto aparece obligadamente cuando la información semántica no permite resolver la ambigüedad generada por formas verbales idénticas. Los datos confirman, a partir del análisis de muestras como la siguiente, que el tono es ascendente y la posición del constituyente preverbal:
A nuestro juicio, la propuesta de esta autora puede incluirse en el tópico contrastivo (de hecho, comparten las mismas características discursivas, prosódicas y sintácticas), si bien es cierto que en (47) la desinencia no basta para expresar el contraste entre los participantes del hecho relatado en el contexto discursivo, según se observa en la prueba efectuada por , quien realiza la siguiente paráfrasis para confirmar que, si esa forma no es ambigua, la alternancia vuelve a ser factible:
Por tanto, más que a la ambigüedad morfológica, parece que la obligada expresión en (47) responde a la ambigüedad contextual que implicaría la omisión del sujeto, de manera similar a lo que ocurre en (31) ―Ambos tienen doctorados; él, en bioquímica, y ella, en genética humana―, donde es necesario desglosar los referentes designados por los sujetos. Nótese, junto a lo anterior, que tampoco aquí parece cumplirse el planteamiento de , pues si desaparece la negación es factible en determinadas circunstancias la omisión del sujeto:
Como indica , si en (47) no se expresara el pronombre, el sujeto nulo remitiría al sujeto anterior (mi marido), por lo que, añadimos, estaríamos ante un tópico familiar y la alternancia sería libre, al no haber otro potencial candidato con el que establecer un contraste. Ahora bien, en una determinada situación comunicativa el sujeto expreso también podría usarse para destacar a este participante del suceso referido de otros posibles, entre los que se incluiría la propia hablante:
En otros ejemplos mostrados por la autora en los que el sujeto supuestamente es tópico de desambiguación, creemos que nuestro argumento cobra aún más fuerza. Así, en (51) estimamos que la presencia del sujeto es ineludible porque es tópico contrastivo y no porque las formas verbales sean ambiguas. Por su parte, en (52) consideramos que el contraste es expresado mediante el adverbio, que sirve para establecer una oposición con lo dicho previamente (en este caso, el hablante hace notar que no es la primera adquisición que realiza y destaca el lugar en el que se produjeron otras). Nótese, además, que en este ejemplo se percibe una omisión algo forzada, aunque factible, del sujeto, pues el uso de la primera persona que remite al propio emisor permite acceder al referente designado por el constituyente:
- (51)
Pedro y Judit han comprado un castillo en Ródano. Él ya tiene unos castillos en Escocia.
- (52)
Pedro y yo hemos comprado un castillo en Ródano. Ya tengo unos castillos en Escocia.
Otras objeciones que suscita la propuesta de tienen que ver con ciertos aspectos teóricos. Así, la autora considera que el tópico de desambiguación es una clase de tópico modificado o de tópico familiar. Sin embargo, no concreta en cuál de ellos se sitúa y obvia que, según su propio planteamiento, en estos últimos casos la expresión del sujeto alterna con la ausencia, a diferencia de lo que ocurre con el tópico de desambiguación, que no permite la omisión del constituyente. Esto origina inconvenientes obvios en la clasificación que formula y refuerza nuestra idea, según la cual estamos ante un tipo de tópico contrastivo.
Los resultados de acerca de la presencia/ausencia del sujeto en relación con las funciones informativas y los rasgos prosódicos y sintácticos sobre el español porteño coinciden con aquellos obtenidos por en una investigación similar del español peninsular. Por ello, consideramos que esta propuesta resulta aplicable a ciertas variedades del español, entre las que también incluimos el español mexicano, tras haber examinado diversas muestras de esta variedad. Sin embargo, por las razones mencionadas en el § 1.3, no parece que en la posible realización facultativa del sujeto intervengan de manera decisiva, como afirma , factores lingüísticos del tipo de la persona gramatical del sujeto; tampoco que la obligada presencia responda únicamente a la estructura informativa, si se atiende a lo expuesto en la nota 14 y a lo comentado con respecto a los ejemplos (15) ―Cuando está {#(uno)/ϕ=él/ella} así joven, no, no tiene {#(uno)/ϕ=él/ella} pues, responsabilidad de nada― y (18) ―Hay un chiste muy bueno/ es una pareja de ancianos// que se acercan por una farmacia―.
Además de los inconvenientes que presentan los trabajos consultados, llama la atención la falta de un modelo teórico acerca de qué se entiende por sujeto, contraste, énfasis o redundancia, así como el nulo o escaso interés por la alternancia libre o contrastiva del constituyente y, especialmente, por aquellos casos en los que su realización es imposible no solo por motivos gramaticales (véanse las y ), sino también discursivos. En el siguiente apartado intentamos dar respuesta a estas cuestiones.
2. PROPUESTA
En la alternativa que aquí ofrecemos para confirmar si se cumplen las hipótesis expuestas en la introducción consideramos necesario explicar brevemente qué rasgos permiten caracterizar al sujeto en español (acerca de un análisis detallado de esta cuestión, véase ). Para evitar los problemas que supone el concepto de este constituyente (), partimos de su descripción en español. En este sentido, nos basamos en el planteamiento de , según el cual toda oración está formada por un sintagma nominal, cuya existencia no está garantizada en todos los casos, y un sintagma verbal, tal y como refleja la primera regla sintagmática que la autora propone para esta lengua: O → (SN) SV. Dicho planteamiento descansa en un criterio semántico y sintáctico. Este último se basa en la concordancia de número y persona entre un sintagma nominal o equivalente y el verbo conjugado. En lo que atañe al primero, estimamos que el sujeto es el constituyente oracional que designa un referente (sea especifico, genérico o indeterminado) que puede o no realizarse fonológicamente. Vinculado a esta última cuestión, creemos que, como señala , es preferible sustituir la dicotomía presencia/ausencia del sujeto por la de alternancia/no alternancia para poder explicar satisfactoriamente diversos enunciados en los que tanto la realización como la elisión del constituyente puede ser obligada u opcional, así como el posible valor redundante o contrastivo que en este último caso puede tener el sujeto expreso.
Igualmente, creemos conveniente precisar la noción de ‘contraste’ por la importancia que posee, junto a las funciones informativas, en la alternancia o no alternancia entre la presencia/ausencia del sujeto en español. A nuestro juicio, el contraste pertenece al plano del contenido y, salvo en determinadas ocasiones en las que es la propia estructura gramatical ―junto a ciertos aspectos semánticos del verbo― la que impide su manifestación (véase la y el estudio allí mencionado), es esencial atender al contexto discursivo y situacional en el que se produce el enunciado para confirmar si la oposición que se establece entre los referentes denotados por los sujetos implica una presencia forzosa o voluntaria del constituyente.
Si bien es más sencillo realizar una distinción teórica que práctica, nos inclinamos por considerar el énfasis como una marca prosódica reflejada en la mayor entonación que recibe un segmento lingüístico para distinguirla en un grado máximo del resto del enunciado. Por esta razón, situamos el énfasis en el plano de la expresión (), sin olvidar su conexión absoluta con el contraste, de tal manera que este último es conditio sine qua non para que aquel pueda tener lugar. De hecho, entendemos que, en el ámbito discursivo, el énfasis es la expresión máxima del contraste desde el punto de vista prosódico. Al distinguirse de otras posibilidades entonativas en la mayor intensidad que puede recibir el segmento focalizado ―la cual puede provocar, incluso, su aparición inicial―, consideramos que el énfasis únicamente se produce cuando dicha secuencia es foco contrastivo y recibe esa carga prosódica, según se vio en relación con el ejemplo (26) ―A: ¿Llamó Javier? B: No, llame {yo/YO} / No, YO llamé― y se explicó en la .
Finalmente, creemos necesario recordar que la redundancia es un fenómeno presente en las lenguas y otros sistemas comunicativos (, ), de ahí que, como señala , no parezca oportuno interpretar el posible valor pleonástico del sujeto explícito como una elección casual y fortuita del hablante si se atiende a los diversos factores cognitivos, contextuales y lingüísticos que intervienen en la comunicación. En efecto, es evidente que el carácter redundante de un sujeto expreso puede responder en un determinado contexto discursivo y situacional a la intención del hablante ―más o menos consciente, más o menos subjetiva (véase la )― de facilitar al destinatario un acceso continuo al referente designado por el constituyente que se encuentra en la información presupuesta, proceso vinculado a la llamada perseverancia o priming y a la teoría de la accesibilidad, según se señaló en el § 1.1.
Este mismo proceso se asocia a la aparición opcional del sujeto para marcar un contraste que no es exigido por la situación comunicativa cuando el constituyente también forma parte de la información presupuesta, de modo que es el hablante el que establece voluntariamente una distinción explícita o implícita entre el referente denotado por el sujeto y otros que se encuentran presentes en el discurso. Cuando, por el contrario, es el contexto el que reclama la expresión del contraste entre el referente designado por el sujeto y otros candidatos en la información presupuesta, la única alternativa es la realización del constituyente. Nótese, pese a lo anterior, que en determinadas circunstancias la imposibilidad de establecer un contraste entre ese referente y los demás provoca la ausencia obligada del sujeto, cuestión que desarrollamos un poco más adelante.
En lo que atañe a las hipótesis planteadas en la introducción, pensamos que la alternancia o no alternancia entre la presencia y la ausencia del sujeto pueden ser analizadas a partir de una tipología de las funciones informativas que ayude a entender y fijar un asunto que, por su naturaleza discursiva, es tan voluble como las condiciones que rodean a la comunicación. En lo que sigue, retomamos los ejemplos analizados en el apartado anterior y partimos, aunque con las correspondientes modificaciones, del análisis realizado por , cuyos resultados son similares a los obtenidos por en relación con los rasgos prosódicos y sintácticos que afectan a los distintos focos y tópicos en el español peninsular. No obstante, reconocemos la necesidad de confirmar dicho análisis en futuros estudios.
En cuanto al foco informativo, el sujeto, además de aparecer obligadamente, recibe un acento entonativo sin llegar a ser enfático en aquellos enunciados en los que aparece al final y constituye la información no presupuesta:
La forzosa realización del sujeto también ocurre cuando el sujeto es foco contrastivo. En este caso, el constituyente puede o no recibir un acento enfático. Ambas opciones son factibles cuando la secuencia aparece al final del enunciado. Cuando aparece antes, el énfasis motiva la aparición preverbal al establecerse un contraste en su grado máximo, tal y como confirma el análisis de :
En lo que atañe al tópico contrastivo, categoría en la que también situamos el denominado tópico de desambiguación () por los motivos comentados en el § 1.5, consideramos que la presencia del sujeto es la única alternativa. Según se aprecia en las muestras comentadas y que volvemos a reproducir aquí, es la situación pragmática la que origina la forzosa aparición del sujeto. Si el análisis de es cierto, en estos casos el constituyente que actúa como sujeto es marcado con un tono ascendente y aparece antes del verbo:
- (31)
Ambos tienen doctorados; él, en bioquímica, y ella, en genética humana.
- (32)
Ellos dicen persho y nosotros hablamos más de perro.
- (33)
Ellos fueron, pero yo no fui.
- (34)
Mi señora habla bien inglés, pero yo lo hablo bastante mal.
- (35)
Yo fui a una escuela y él fue a otra.
- (49)
Mi marido quiso mudarse... Yo tuve problemas.
El tópico modificado, por su parte, permite la expresión voluntaria del constituyente, si bien esta tiene, frente a la omisión, un valor contrastivo que obedece al propósito del hablante de distinguir explícita o implícitamente a uno o más referentes de otros posibles candidatos. Los datos de las investigaciones , ) muestran que en estos casos es más frecuente encontrar sujetos nulos que expresos. Cuando se realizan, el tono es ascendente y la posición suele ser preverbal, aunque en contadas ocasiones también puede aparecer tras el verbo, según se aprecia en (6). Entre los ejemplos vistos en el anterior apartado que cumplen con estas condiciones estarían, por un lado, aquellos en los que el obligado contraste se establece mediante otros elementos, tales como desinencias verbales, determinados adverbios o sintagmas equivalentes y marcas de negación, de manera que la expresión del sujeto reforzaría esa distinción entre los referentes denotados por el sujeto:
- (4)
Inf. A: ¿Cuándo os examináis?
Inf. B: El lunes. Un día estratégico, además.
Inf. A: Bueno, aquí lo tenemos el viernes.
- (5)
No cant ó mal; más bien cant aron mal.
- (6)
Dice que cuándo ve NÍS.
- (48)
Mi marido quiso mudarse... No tuve problemas.
Por otro lado, consideramos que también hay un tópico modificado en los siguientes enunciados, donde es factible la elisión del sujeto al permitirlo el contexto discursivo y situacional:
- (38)
Mi abuelai alquila la primera quincena de enero (...) una casa que ϕi tiene. Y si ϕi alquila la segunda, yoj tengo que hacer el cambio de llaves. Pero la segunda ϕi todavía no la alquiló. Así que ϕj lo estoy pensando porque ϕi me dijo...
- (39)
Ese día [yoi] estaba ya harto de que ϕj me insultase y ya nos habían reñido varias veces. Dijimos [*] a la salida, pero no ϕi pude esperar más, asi [: así] que en el recreo cuando ϕj me insultó, ϕi le metí un puñetazo.
- (41)
yo creo que a los seis años en lugar de estar jugando una pelota ϕ estábamos trabajando para ganar un poco de dinero.
- (45)
yo, dije, “OK, si ellos lo hacen yo también lo puedo hacer”.
En cuanto al tópico familiar, todo indica que, al no haber generalmente expresión alguna de contraste, la presencia del sujeto puede alternar libremente con la omisión, idea confirmada en las muestras procedentes de distintas investigaciones (; ; ; ) y que revela la importancia que adquieren los procesos cognitivos en el fenómeno estudiado. En estos casos, el sujeto recibe una marca prosódica muy baja y puede aparecer tanto antes como después del verbo, si bien predomina la posición preverbal. Además, su omisión es, incluso, más frecuente que en los enunciados que se incluyen en el tópico modificado, algo que no debe sorprender si se tiene en cuenta que la ausencia del constituyente en estos casos no impide la continuidad temática. Obsérvese, no obstante, que la voluntad del hablante de facilitar al destinatario el acceso a esa información contenida en el sujeto para expresar una valoración subjetiva provoca su realización en determinadas ocasiones:
- (1)
Mi abuela murió el jueves pasado. ϕ estaba muy vieja. ϕ tenía alzhéimer... Ella vivía en mi pueblo.
- (7)
... y si a un muchacho le dieran posibilidad para que él tomara aquel camino que él cree justo, aquella técnica que él está entusiasmado con ella, ... seríamos ... uno de los primeros del mundo.
- (8)
yo bueno alguna vez yo estaba caminando por campus y yo estaba hablando en inglés y alguien me dijo “did you just get off the boat?” yo me he quedao así o sea me lo dijeron a mi cara, y yo me quedé- “ah, porque tienes un acento bien raro”, yo me quedé así.
- (9)
Venga, siéntese usted, y vamos a platicar como buenos amigos.
- (16)
La primera vez que me enamoré y yo creo que ha sido la única.
- (17)
... mi mamá trabajaba en el correo// y ella empezó a <~a:>/// a ver si me ϕ podía meter/¿no?/.
- (30)
Tomamos mate nosotros.
- (36)
No soy egoísta pero tampoco soy de las personas que, que este, que piense que hay que dejar todo lo que uno tiene.
- (40)
La ranita se pone a llorar porque ϕ se ha hecho daño y además ella quería que las dos fueran amigas.
- (43)
Yo estoy educando a mi hijo de una forma muy diferente que me educaron a mí, [...] yo jamás, jamás le diría “sal a la calle y regresa”, no, no there's no way, y yo era libre ϕ podía salir al parque, ϕ podía salir eh con mis amigos, ϕ podía andar en bicicleta, este aparte eran otras épocas...y, en los noventa, yo soy de lo nací en ochenta...
- (46)
En Ámsterdam ϕ también tuve muchos problemas cuando ϕ llegué para dormir porque yo no reservaba nada.
La importancia que cobra la contextualización de todos estos ejemplos es innegable. En este sentido, cabe destacar especialmente la influencia de la situación comunicativa y de los factores cognitivos en la presencia/ausencia del sujeto para confirmar si este es tópico modificado o tópico familiar. Para ilustrar lo anterior, tomamos dos ejemplos previamente citados. Según se aprecia, respectivamente, en (53) y (54), el hablante podría destacar a un interlocutor de otros que estuvieran presentes en el momento de la enunciación o distinguirse de otros posibles que se encontraran en el hecho relatado o que pudieran estarlo potencialmente en la mente del hablante, opción esta última que también valdría para los ejemplos que aparecen antes de este párrafo:
- (53)
Venga, siéntese usted (no los demás), y vamos a platicar como buenos amigos.
- (54)
En Ámsterdam también tuve muchos problemas cuando llegué para dormir porque yo (a diferencia de otros) no reservaba nada.
No obstante, es fundamental recordar que el sujeto también puede recibir una interpretación contrastiva cuando es tópico familiar, pues, como se adujo en el § 1.2 y se ilustró con el siguiente ejemplo, el hablante puede recurrir a la repetición del referente designado por el sujeto para distinguirlo de otros:
- (12)
Los ladrones actuaron como si estuvieran en su casa, con una frialdad que aún asombra a los investigadores. (Ellos) fueron a la cocina, donde (ellos) se apoderaron de una gran cantidad de fruta que (ellos) sacaron al jardín para comérsela.
Por último, proponemos una especie de tópico que permita explicar la obligada ausencia del sujeto en determinados enunciados del español. Por las razones que expondremos a continuación, consideramos que el término más apropiado es el de tópico deíctico. Desde nuestro punto de vista, la imposibilidad de expresar el sujeto en este caso obedece al “conocimiento previo del referente por parte del oyente” () siempre y cuando sean dos las únicas entidades ―entendidas de forma individual o colectiva― que concurren en el acto comunicativo, y el contexto discursivo y situacional impida establecer cualquier tipo de contraste entre ellas (). Siguiendo el planteamiento de , la situación comunicativa origina una recuperación deíctica del sujeto, lo que impide su realización en términos de propiedad. Lo anterior se comprueba en diversos carteles de la esfera pública, ámbito en el que resulta imposible expresar ese contraste:
- (55)
¿Quieres mejorar tu nivel de inglés?
- (56)
Vendo coche en buen estado.
- (57)
{Compro/compramos} oro y plata.
Estas restricciones discursivas permitirían explicar, así mismo, la “inusitada” aparición del sujeto “al comienzo de una conversación telefónica”, posibilidad apuntada por la , que ofrece el siguiente ejemplo sin llegar a profundizar en esas restricciones:
Lo mismo puede decirse en un contexto como el siguiente, en el que, en palabras de , “la respuesta por parte del (de los) interlocutor(es) a quien(es) se da aviso podría ser con la tercera persona ―la no persona― sin que ello supusiese ambigüedad alguna”:
Un último grupo de enunciados en los que interpretamos que el sujeto es tópico deíctico está conformado por los llamados enunciados propiamente exhortativos (). En concreto, la imposibilidad de expresar el sujeto responde, entre otros factores pragmáticos como la relación hablante-oyente, al tipo de interpelación ―que no se plantea como alternativa a otra del mismo tipo― y a la ausencia absoluta de contraste que se establece entre las dos únicas entidades que concurren en el acto comunicativo. Obsérvese que estas razones explican la obligada ausencia del sujeto independientemente de que las órdenes o las prohibiciones expresadas sean más o menos formales y del grado de fuerza subyacente ():
Evidentemente, la presencia del sujeto es factible en este tipo de enunciados si cambian estas condiciones discursivas. Así, el sujeto es tópico familiar al alternar la presencia con la ausencia y adquirir aquella un valor redundante. Ello sucede cuando la intervención se plantea como una alternativa más entre otras posibles sin establecer contraste alguno:
Esa alternancia también es factible cuando el sujeto es tópico modificado, si bien la aparición opcional del sujeto supondría el establecimiento de un contraste expresado voluntariamente por el hablante al no plantearse la interpelación como alternativa a otra:
Por último, la necesaria realización del sujeto ocurre porque el constituyente es foco contrastivo. En este caso, la interpelación tampoco se plantea como alternativa y la situación comunicativa exige establecer un contraste entre los interlocutores. Obsérvese que en respuestas como la mostrada en (65) el pronombre personal puede recibir o no un acento enfático y que, por la propia estructura de este tipo de oraciones (), no puede aparecer antes del verbo (acerca de la posible posición preverbal de determinadas expresiones con un valor temporal de futuro más o menos inmediato, véase ):
A continuación, presentamos de forma esquemática los continuos vinculados a la alternancia/no alternancia del sujeto en español. En la tabla 1 se aprecia la ausencia obligada del constituyente cuando es tópico deíctico ―fenómeno que solo afecta a los participantes del acto comunicativo―; la alternancia libre o contrastiva si es tópico familiar; la alternancia contrastiva si es tópico modificado; y la necesaria presencia cuando es tópico contrastivo. Nótese que en este asunto interviene decisivamente el grado con el que se marca el contraste entre el referente designado por el sujeto y otros potenciales candidatos tanto en el acto comunicativo como en el suceso relatado.
En la tabla 2 se muestra, por último, la forzosa aparición del sujeto cuando es foco. En concreto, se expone la falta de contraste si es foco informativo o su expresión explícita o implícita si es foco contrastivo, caso este último en el que el constituyente puede recibir, además, un acento enfático.
Según lo advertido en el § 1.4, las restricciones discursivas pueden no ser las mismas en otras variedades del español. Buena prueba de lo anterior es lo que ocurre en el español antillano, donde el fenómeno vinculado a la alternancia/no alternancia entre la presencia y la ausencia del sujeto cuando el constituyente aparece en la información presupuesta tiene un comportamiento distinto. Así, cualquier hispanohablante procedente de otros lugares se sorprendería por la realización del sujeto y su posición preverbal en preguntas como (19) ―¿Qué tú haces aquí?―, en cuyo caso estamos, dependiendo del contexto, ante una alternancia libre o contrastiva; por la expresión de un pronombre reasuntivo en enunciados similares al expuesto en (20) ―Había un médico en Muro que ese estaba en Alcoy―, donde es evidente el carácter contrastivo de dicho pronombre; y por la aparición de los pronombres personales en construcciones de tercera persona del plural en los que se observa cierta indeterminación, según se indicó en (21) ―¿Era un curso global? Bueno en el arte dieron [...] lo que ellos llaman el quarter system, dos quarters, que son como dos semestres―, o en respuestas como la vista en (22) ―A: ¿A qué hora llegaste ayer? B: (Yo) no recuerdo―, donde la explicitación del sujeto puede tener, a diferencia de la mayoría de las variedades dialectales de nuestra lengua, un valor pleonástico.
3. CONCLUSIONES
En este trabajo creemos conveniente matizar, por la diversidad de los datos procedentes de numerosos estudios variacionistas, la influencia de los factores lingüísticos y sociales en la alternancia del sujeto. Así mismo, pretendemos aclarar algunas cuestiones que, como sucede con la ambigüedad, el contraste, el énfasis o los tipos de tópico, no parecen haberse delimitado con suficiente claridad. Para realizar un análisis objetivo y riguroso, ofrecemos una breve caracterización no solo de los anteriores aspectos, sino de otros como el sujeto y la redundancia.
El examen de las muestras orales y escritas procedentes de nativos argentinos, españoles, mexicanos y de otros lugares del ámbito hispánico corrobora, de cara a comprobar si se cumplen las hipótesis planteadas en la introducción, la necesidad de atender a las distintas interrelaciones que se producen entre las funciones informativas, el contraste y los factores cognitivos, discursivos y lingüísticos en la alternancia/no alternancia del sujeto en las distintas variedades del español.
En cuanto a la primera de esas hipótesis, consideramos que la falta de contraste entre el referente designado por el sujeto y otros posibles en las muestras analizadas confirma el decisivo papel de la redundancia en la expresión voluntaria del sujeto por parte del hablante para facilitar al destinatario un acceso continuo al referente designado por el sujeto, así como la importancia que adquieren los factores cognitivos y contextuales. La poca informatividad que poseen estos sujetos explica que suelan omitirse en el español estándar y que sean definidos como tópicos familiares al intervenir procesos cognitivos vinculados a la perseverancia o priming y a la teoría de la accesibilidad. Cabe destacar, así mismo, el deseo del hablante de añadir ciertos matices subjetivos cuando esos sujetos aparecen. Junto a lo anterior, es importante subrayar que cuando el sujeto es tópico familiar el emisor también puede establecer un contraste entre el referente designado por el sujeto y otros potenciales candidatos si lo expresa. En relación con esos procesos, cuando el sujeto es tópico modificado la alternancia es igualmente factible, si bien la presencia del sujeto se interpreta siempre de manera contrastiva.
En lo que respecta a la segunda hipótesis, la aparición obligada del sujeto cuando es tópico contrastivo responde a la necesidad de establecer un contraste entre los referentes denotados por aquel en un contexto discursivo y situacional determinado. Otras veces, la ineludible expresión del sujeto ocurre cuando es foco. Si es foco informativo, la explicitación del constituyente no establece contraste alguno y el sujeto se encuentra al final. Cuando es foco contrastivo, la aparición del sujeto supone, por el contrario, la expresión de un contraste explícito o implícito. En este último caso, el énfasis o carga prosódica con mayor intensidad que puede recibir el segmento provoca la posición preverbal del sujeto, si bien dicho énfasis también puede producirse, aunque no forzosamente, cuando el sujeto aparece al final del enunciado.
En lo que atañe a la tercera hipótesis, proponemos lo que hemos denominado tópico deíctico para explicar el uso de un sujeto nulo obligado pragmáticamente controlado en determinados enunciados. Según lo expuesto, la imposibilidad de expresar el sujeto es debida a la ausencia absoluta de contraste en ciertos contextos en los que únicamente intervienen dos entidades en el acto comunicativo y se produce una recuperación deíctica del referente designado por el sujeto. Aunque son necesarios futuros estudios que permitan confirmar la validez de esta propuesta, creemos que, al menos en un alto grado, las dos últimas hipótesis expuestas en la introducción han sido ratificadas. En cuanto a la expuesta en 4), todo indica que la interacción entre el contraste y la estructura informativa permite explicar el comportamiento de sujetos nulos y expresos en la mayoría de los casos (acerca de las excepciones, relacionadas con la presencia o ausencia obligadas por razones gramaticales o léxicas, véanse las notas 8, 13 y 14, así como los ejemplos vinculados a estas últimas). En lo que atañe a la hipótesis enunciada en 5), parece que las restricciones discursivas no son las mismas en todas las variedades del español. Un máximo exponente es el español antillano, cuyas particularidades afectan a esa relación y provocan la necesidad de detenerse en este asunto en próximas investigaciones. Igualmente, conviene analizar si estas restricciones discursivas afectan por igual o en qué grado a las demás variedades, si bien se observan, a juzgar por el análisis de las producciones aquí expuestas, ciertas semejanzas entre el español europeo, el mexicano y el porteño, lo que nos lleva a extender nuestra propuesta al español estándar.
En definitiva, el análisis desarrollado en este trabajo parece confirmar la existencia de unos parámetros que permiten justificar, salvo determinadas excepciones (véanse las notas citadas en el párrafo anterior), la alternancia o no alternancia entre la presencia y la ausencia del sujeto en relación con el contraste ―ya sea por su ausencia o por su expresión opcional u obligada― y las funciones informativas. Con este propósito, ofrecemos una propuesta que requiere de futuras contribuciones que ayuden a confirmar, modificar o refutar nuestras hipótesis. Igualmente, consideramos que con esta alternativa se abren nuevos caminos de investigación. Entre ellos cabe destacar la relación establecida entre la interacción contraste-funciones informativas y las variables lingüísticas, sociales y geográficas aquí analizadas. También cabe explorar con mayor profundidad el decisivo papel de los factores cognitivos involucrados en la variación del sujeto, cuestión esta última en la que, como se apuntó en la , quedan aún algunos interrogantes por resolver.
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Notas
[1] En una línea similar a la de Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009) y a otras investigaciones que se comentarán más adelante, los términos pro, sujeto tácito, sujeto nulo, sujeto omitido y sujeto elidido se usarán como equivalentes, a pesar de las diferentes implicaciones en un sentido estricto (). Para profundizar en las distintas precisiones terminológicas acerca de esos términos, consúltense, entre otros, y .
[2] Véase, en este sentido, , que denuncia la falta de un consenso actual en relación con los numerosos parámetros que han sido utilizados para definir un modelo coherente de situación comunicativa. En lo que atañe a las investigaciones que se han acercado a la variación del sujeto desde una perspectiva cognitivista, se aprecia, a nuestro entender, cierta provisionalidad. Por un lado, cabe hablar de divergencias en algunos planteamientos que se sitúan en esta órbita (véase la nota 12) y también de los problemas que suponen ciertas diferencias conceptuales con los estudios lingüísticos (por ejemplo, las que afectan a las nociones de ‘foco’ y ‘prominencia’). Por otra parte, sorprende el uso que hacen determinados autores del término significado (; ). Perteneciente al ámbito semántico, emplean este vocablo para aludir a la conceptualización del referente en un plano cognitivo y al sentido que provoca la expresión ―u omisión― de la forma lingüística ―aquí, el sujeto― en el nivel pragmático. Así mismo, destaca la falta de comprobación de estas hipótesis en estudios experimentales fundamentados a partir de tomografías cerebrales o resonancias magnéticas, algo lógico si se tienen en cuenta las dificultades que actualmente supone analizar de forma objetiva y sistemática los procesos cognitivos que se originan en el cerebro. Debido a lo anterior, en este trabajo aplicaremos algunos aspectos claves que parecen haber adquirido cierto consenso entre los especialistas que parten de esa perspectiva cognitivista, si bien reconocemos la necesidad de ahondar en este campo de estudio en futuros trabajos.
[3] En este trabajo seguimos el planteamiento de , según el cual el pleonasmo es “una forma de redundancia” que “puede ser encomiable o censurable en función de los textos en los que se descubra”, de ahí que interpretemos los términos sujeto redundante o sujeto pleonástico en un sentido idéntico. Acerca de las diferencias estéticas entre la redundancia y el pleonasmo, cuestión en la que no nos detendremos aquí, véase .
[4] La cursiva en todos los ejemplos es nuestra. Por lo demás, mantenemos la versión original de los autores citados, sin corregir rasgos propios de determinados dialectos y anacolutos u otros errores propios de la lengua oral.
[5] Las propiedades referenciales o deícticas de ciertos adverbios (cf.) han llevado a autores como a considerar que estos pueden ser sujetos en estructuras como la siguiente:
ofrece una revisión crítica acerca del análisis efectuado por distintos autores en construcciones temporales de este tipo, cuyas interpretaciones desestimamos, por las razones expuestas en el § 2 y en , entre las que cabe destacar la naturaleza nominal del sujeto ().
[6] Para y Rodríguez García ( y ), la omisión del pronombre de primera persona del singular con función de sujeto se caracteriza por un mayor grado de prominencia y una menor informatividad, de ahí que no sea necesaria su expresión. Por el contrario, la realización de yo es producto de una menor prominencia y una mayor informatividad al ser menos previsible, por lo que la valoración subjetiva aumenta en este caso.
[7] Uno de los revisores destaca que en la investigación de únicamente se analizan las producciones de tres hispanohablantes, hecho que, aunque no invalida la factible elisión del sujeto con formas ambiguas, sí confirma la falta de un criterio homogéneo en cuanto al número de participantes evaluados en los trabajos situados en la órbita del proyecto Preseea (consúltese , donde se mencionan otros inconvenientes metodológicos que, como también se apunta en el § 1.4, dificultan un análisis objetivo y sistemático del fenómeno analizado).
[8] Agradecemos a uno de los revisores la observación vinculada a la frecuente omisión de este pronombre con función de sujeto cuando posee una lectura genérica. Obsérvese, no obstante, que, según se aduce en , en ciertos casos el pronombre puede expresarse con ese valor genérico, posibilidad contemplada por a partir del ejemplo siguiente, donde la presencia de ellos respondería al deseo del hablante de destacar al grupo genérico al que remite para expresar una característica propia, aunque no exclusiva, de ese grupo, tal y como ocurre con ciertos sustantivos (). Así, en el ejemplo aquí citado ellos equivale a los ingleses:
Lo mismo podría decirse de la muestra perteneciente a , donde los españoles también podrían sustituirse por ellos en determinadas circunstancias:
Por el contrario, cuando la lectura es indeterminada, la ausencia del sujeto es forzosa por causas gramaticales, pues en este caso el carácter inespecífico afecta a la clase en sí y no solo a sus miembros. Como señala la e ilustra mediante el ejemplo expuesto en (iii), con la forma en plural del pronombre el hablante “no se refiere necesariamente a un conjunto de personas”:
[9] También en este caso advierte el mismo revisor que predomina la omisión del sujeto cuando tú posee un valor impersonal, observación que, si bien compartimos, no niega, a nuestro juicio, que la ascendencia del contexto discursivo y situacional vuelva a ser determinante. Cabe destacar, en este sentido, los ejemplos de , en los que, señala este autor, tú puede aludir, respectivamente, tanto al emisor como al oyente o solo a aquel:
- (i)
La verdad es que tú nunca sabes cuándo vas a morir.
- (ii)
Hoy tengo uno de esos días en que ϕ te encuentras deprimido sin saber por qué.
Adviértase la posible alternancia del pronombre en (i), cuya expresión tiene un carácter distintivo. En (ii), por el contrario, la elisión es obligada si se pretende conservar ese valor omnipersonal, pues la aparición de tú impediría esa interpretación al ser mayores las restricciones discursivas (para profundizar en esta cuestión, consúltese ).
[10] La imposibilidad de expresar el sujeto en marcadores deverbales fosilizados como vamos, que aparece justo antes de yo en este ejemplo, se analiza con detalle en . A diferencia de esta partícula discursiva, otras como mira y oye, ―la primera, examinada en , y ambas, en ―, sí aceptan, por las razones allí expuestas, la presencia de un sujeto tácito o expreso cuando sufren una gramaticalización parcial, pero nunca cuando esta es definitiva.
[11] Aunque son innegables los aspectos gramaticales involucrados en la presencia o ausencia obligadas del sujeto, en este estudio atenderemos únicamente a la interrelación que se produce entre el contraste y las funciones informativas, de ahí que no profundicemos en estas posibilidades (véanse, a este respecto, las notas 8, 13 y 14, y, sobre todo, ; ; y ). En relación con la muestra (15), cabe señalar la observación de un revisor, según la cual si uno se explicitara en la primera aparición, en la segunda podría omitirse y mantener una lectura anafórica con el pronombre indefinido.
[12] advierte que cuando creo aparece junto a otro enunciado el hablante expresa una creencia que puede ser cierta o equivocada sobre lo expresado ―algo así como un segundo pensamiento ()―, por lo que se encuentra en el plano de la subjetividad. Por el contrario, cuando se emplea creo yo como acompañante de lo dicho el emisor expresa esa creencia y abre la posibilidad al interlocutor de confirmarla, matizarla o negarla, de ahí que en este caso predomine la intersubjetividad. Ambas posibilidades se ilustran, respectivamente, en los ejemplos proporcionados por esta autora, extraídos del Corpus de Referencia del Español Actual ():
- (i)
Victoria estuvo - - - alrededor de tres meses, creo ... eh ... María Esther estuvo dos meses
- (ii)
Este año va a pasar lo mismo, creo yo
Según se indicó en , no parece muy apropiado entender, como propone , que expresiones del tipo de yo creo sean formas lexicalizadas, cuando la alternancia es posible en (16) y otros enunciados. A este respecto, indican, desde una posición cognitivista, “tres valores semántico-pragmáticos básicos» en el empleo de esta estructura: para expresar una creencia, en la que predomina la omisión del pronombre; para formular una hipótesis, donde el valor epistémico adquirido provoca una realización más habitual; y para manifestar un argumento, en cuyo caso aumenta esa realización. Sin embargo, los propios autores reconocen que estas tendencias no tienen un valor absoluto, de ahí que la estrategia discursiva conocida como peso pragmático (, ), con la que se pregona la obligada presencia del sujeto en estas estructuras, sea también discutible. Lo mismo puede decirse del planteamiento de , pues cuando señala que con la aparición del pronombre el hablante “se encuentra, de algún modo, realzado”, se vislumbra el carácter contrastivo que también puede adquirir el elemento. Por último, llama la atención que el planteamiento de ―para quienes los rasgos [+subjetividad] y [–agentividad] de verbos como creer originan la realización del sujeto― sea contrario a la propuesta de . Desde nuestro punto de vista, apreciaciones como estas revelan cierta provisionalidad en la comprensión de los factores cognitivos implicados en la variación del sujeto y la necesaria cautela con la que estos, sin duda relevantes en dicho fenómeno, deben ser aplicados (véase en este sentido la ).
[13] Pese a alejarse de nuestro objetivo, hay que subrayar que en ciertos casos la omisión obligada del pronombre personal sujeto está provocada por la ausencia absoluta de contraste, la cual, a su vez, está relacionada con la estructura oracional y ciertos aspectos semánticos y gramaticales, según se vio en , donde se concretan las razones que nos llevan a proponer la existencia de un pro anafórico obligado. Este fenómeno se produce en determinadas comparativas en las que los sujetos son correferenciales y la comparación se establece únicamente entre los verbos, así como en algunas subordinadas relativas predicativas dependientes de un verbo de percepción física (véase también ; ):
[14] Este último motivo se aprecia, así mismo, en la forzosa realización del pronombre personal neutro ello con valor conectivo, del demostrativo o del relativo complejo (, , , ):
- (i)
Continúa siendo objetivo común que la línea entre en servicio en el año 2002. {Ello/esto/lo que} implica iniciar las obras en 1996
Para profundizar en la alternancia libre o en la expresión obligada de ello, véase .
[15] cita, en relación con el cambio de turno en conversaciones informales, el trabajo de , en el que se señalan otros fenómenos lingüísticos, como el alargamiento vocálico o el uso de determinados marcadores discursivos, así como diversos parámetros situacionales, entre los que destaca el alto grado de cooperación, confianza, espontaneidad y proximidad entre los interlocutores.
[16] Nótese que el pronombre reasuntivo supone una duplicación del sujeto, cuya función ya es realizada por el relativo. A diferencia de este último, aquel es prescindible y su expresión parece tener, frente a la omisión, un claro valor contrastivo (véase, en relación con esta posibilidad, ).
[17] Aunque coincidimos con uno de los revisores en interpretar la existencia de un elemento contextual (ellos) que permite una inferencia metonímica en enunciados como (21), sí creemos, al igual que la , que aquí no hay una lectura genérica clara, pues “la inespecificidad en este caso es de los miembros de una clase y de la clase en sí” (). A diferencia de los ejemplos (i) y (ii) ofrecidos en la , en (21) el hablante alude a un referente que posee cierto grado de indeterminación al no remitir a un grupo concreto que el destinatario pueda delimitar fácilmente, como prueban las diferentes interpretaciones que este podría realizar (los ciudadanos, los profesores, los estudiantes, el personal administrativo, etc.).
[18] Dejamos fuera del análisis realizado en este trabajo el posible uso de ello como pronombre expletivo con función de sujeto en el español dominicano y otros dialectos próximos (, ). Estimamos, en la línea de , que el uso de este elemento, propio de hablantes con escasa formación, es similar al de un marcador discursivo con valor intensificativo. Según los datos de estos autores, dicho elemento se utiliza para reforzar una determinada creencia, de ahí que también se emplee con este sentido cuando no aparecen formas verbales:
[19] Recuerda que el tema puede ser discursivo, secuencial u oracional, y que este último “está determinado por el discurso inmediatamente precedente en aquellos casos en los que existen varios candidatos posibles para acceder al tópico oracional”, tal y como se observa en (23).
[20] Como señalan, entre otros, y , se considera que una secuencia es foco informativo o neutro si en ella se expresa una información no presupuesta sin intención de expresar contraste. Ese segmento puede ser toda la estructura oracional () o una parte de esta, en cuyo caso aparece obligadamente al final del enunciado (posibilidad contemplada en [25]). Por el contrario, si hay deseo de establecer un contraste explícito o implícito, esa secuencia es foco contrastivo y puede recibir o no una mayor carga prosódica o énfasis (señalado en [26] con las mayúsculas). Ese énfasis es necesario para que la secuencia pueda expresarse antes del verbo y puede ocurrir también, aunque no forzosamente, cuando aparece tras este.
[21] Una clasificación parcialmente similar a la de es utilizada por en su trabajo sobre la posición del sujeto a partir de las funciones informativas. Esta autora parte de la distinción de : Tema Nuevo (New Topic), Tema Dado (Given Topic), Tema Subordinado (Sub Topic) y Tema Reasuntivo (Resumed Topic).
[22] Los datos de , procedentes de muestras pertenecientes al español europeo, también apuntan a esta habitual elisión del sujeto mediante la “anáfora cero” en lo que ella considera un tema dado.
[25] Nótese que esta interpretación permite explicar la carencia de cualquier tipo de sujeto en determinadas construcciones por razones léxicas y gramaticales, así como la existencia de un sujeto tácito en otros casos (véase y ).
[26] Son varias las interpretaciones que, vinculadas a las distintas valoraciones subjetivas (véase la nota 6), pueden realizarse en los ejemplos expuestos a continuación. Por ejemplo, en (1) la realización del sujeto refleja la consideración del hablante hacia su abuela y la acerca, tras su muerte, al momento actual. En (7) y (8), esa realización refuerza la convicción del hablante ante la injusticia percibida. A su vez, en (9) la expresión del pronombre supone una deferencia explícita hacia el interlocutor y en (16) implica un juicio más objetivo sobre esa creencia.
[27] Acerca de la posible elisión del sujeto en otras lenguas no pro-drop, como el inglés, en registros teóricamente informales, véase . Baste citar, como ejemplo equivalente al propuesto en el texto principal, la pregunta de academia.edu en su página web:
[28] Señala un revisor que en las presentaciones hay mucha variación en el uso de sujetos nulos y expresos, si bien hay que recordar las circunstancias especiales que rodean a la conversación telefónica, donde únicamente intervienen dos participantes en el acto comunicativo y resulta imposible establecer contraste alguno, excepto en contextos muy específicos (véase a este respecto , donde se recordaba la posible intervención de un interlocutor que, conocedor del hecho ―y, por tanto, continuador y no iniciador del tema discursivo―, pretende distinguirse de otro que ha llamado previamente).
[29] A nuestro juicio, en el uso de esa tercera persona del singular en la respuesta de (59) todo apunta a una gramaticalización completa de va, de ahí que, más que como una forma de tercera persona, parezca más oportuno entenderla, al perder todo rasgo verbal ―reflejado en la imposibilidad de considerar la existencia de un sujeto― como un marcador deverbal fosilizado, equivalente a vale o de acuerdo (véase, en relación con lo anterior, , , ).
[30] Indican los revisores que la aparición del pronombre personal con función de sujeto también puede ocurrir en posición preverbal, posibilidad contemplada en , donde se señala que ello solo es factible en enunciados como (63) y (64) al encontrarse el pronombre en la información compartida, en cuyo caso estaríamos, en consonancia con lo expuesto hasta el momento, ante una alternancia libre o contrastiva. En ambos casos, la anteposición del sujeto estaría provocada por la topicalización del referente designado por el constituyente. Nótese, así mismo, que la expresión no es adecuada en un primer mandato si únicamente concurren dos entidades por las razones ofrecidas en relación con los ejemplos (60), (61) y (62). Además, esa posición preverbal sería agramatical en respuestas como la vista en (65).


