1. INTRODUCCIÓN
El contacto entre lenguas es un fenómeno que ha generado interés en los estudios de lingüística hispánica, debido a que en España existe una convivencia entre el español y las otras lenguas cooficiales (catalán, gallego, euskera y aranés). De dicho contacto entre estas lenguas surgen préstamos que se incorporan al español, u otros fenómenos como los calcos, las interferencias lingüísticas y los cambios de código. En primer lugar, el préstamo, según , “aparece en una lengua cuando hay un vacío semántico y en su lugar se introduce una palabra de la lengua de origen”, mientras que el calco se define como “una traducción […] de una palabra de la lengua donante a la lengua receptora”. Y el cambio de código, según , se define como “el uso alternante de elementos de la lengua A y de la lengua B”.
Sin embargo, a pesar de que estos fenómenos se han normalizado en el español, no siempre son recibidos con la misma actitud ideológica, puesto que, en España, tal y como señala , “la lengua es un símbolo de la identidad nacional y de la unidad del país”, pero la existencia de diferentes lenguas no ha permitido generar un consenso unitario. Esto ha sucedido en los medios de comunicación, donde algunos periódicos manifiestan su nacionalismo al cuestionar la posición del castellano frente a otras lenguas cooficiales, como por ejemplo el catalán, y a partir de ello surge un discurso que plantea que el español está en peligro (); o incluso se ha dado el caso contrario, es decir, que en algunos periódicos se manifiestan actitudes muy negativas hacia las interferencias del castellano en el catalán, consideradas una amenaza para la lengua ().
En el ámbito de la prensa nos centraremos en un subtipo de columna de opinión llamado Columnas sobre la lengua (csl). Estas columnas, según , se definen como un tipo de texto periodístico que se publica con regularidad en un determinado periódico, que está escrito por una persona de reconocido prestigio y que presenta “juicios rigurosos sobre los usos de la lengua que realizan sus contemporáneos”. En la mayor parte de estos textos los columnistas se centran en problemas de comunicación, tratan de averiguar cuál es el uso correcto de una determinada palabra o expresión y, de esta manera, resuelven las dudas de los hablantes (). Dentro del columnismo lingüístico, existen dos tipos de texto, que son las que pertenecen al columnismo lingüístico nacional y las que proceden del periférico. La diferencia que hay entre estos dos tipos reside en las cuestiones que tratan los autores en sus escritos: por una parte, en el primero, que es el referido a los medios nacionales, los autores prestan atención a temas que tienen que ver con la lengua estatal (el español). Por otra parte, en el periférico, el referido al periodismo autonómico o local, Helfrich (en prensa) afirma que los autores, además de atender a cuestiones relacionadas con la lengua estatal, también prestan atención a aspectos relacionados con la “particularidad de la variación del español en sus respectivos lugares y en contacto con otras lenguas”.
En el estudio de las csl un tema muy común es el tratamiento de préstamos de otras lenguas (anglicismos, galicismos, latinismos, etc.), aspecto que ha sido objeto de análisis en investigaciones sobre las actitudes lingüísticas hacia los neologismos procedentes de préstamos (); las actitudes hacia la diversidad de lenguas en España desde la perspectiva del Imaginario Lingüístico de Houdebine (); las ideologías lingüísticas de Álex Grijelmo en general () y hacia los préstamos (); y el componente metafórico de algunos enunciados que hablan de elementos que alteran el español, como los extranjerismos ().
Nuestro trabajo pretende analizar qué actitudes reflejan el columnismo lingüístico nacional y el periférico hacia la incorporación de préstamos del catalán y del gallego al español, así como la de castellanismos a las lenguas cooficiales. Para ello, se ha elaborado un corpus con columnas escritas por Francisco Ríos (La Voz de Galicia), Magí Camps (La Vanguardia) y Amando de Miguel (Libertad Digital), cuyos textos han sido escritos entre 2002 (año en los que los tres autores empiezan a publicar sus textos) y 2022, y con las que se pretende comparar sus actitudes hacia los galleguismos, los catalanismos y los castellanismos. Los motivos por los cuales se han escogido estos columnistas se deben a que siguen en activo y porque son los únicos que dedican un espacio al tratamiento de cuestiones de las lenguas cooficiales. Aunque sus escritos se centran en los usos y en las correcciones del español, estos autores también dedican un espacio a tratar cuestiones del gallego y del catalán, e incluso algunos comparan ciertas palabras en castellano con sus equivalentes en catalán y en gallego. Por último, partimos de una serie de preguntas de investigación, que pretendemos responder a lo largo de este artículo:
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- ¿Qué actitudes presenta el columnismo lingüístico nacional ante los galleguismos y los catalanismos?
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- ¿Qué actitudes manifiesta el columnismo lingüístico periférico ante los castellanismos?
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- ¿Predomina una actitud prescriptiva o descriptiva en los textos?
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- ¿Qué diferencias existen entre las actitudes de los columnistas hacia los anglicismos y las actitudes hacia los préstamos del castellano y de las lenguas cooficiales?
Las razones por las cuales se han planteado obedecen a que los dos columnistas regionales que se analizan (Magí Camps y Francisco Ríos) no solo son quienes más escriben de cuestiones relacionadas con el gallego y el catalán, sino que también escriben sobre el fenómeno de los castellanismos en ambas lenguas cooficiales. Por lo tanto, en la segunda pregunta existe un interés por analizar las actitudes lingüísticas que Ríos y Camps reflejan acerca de la influencia del castellano en el gallego y en el catalán. Respecto a la tercera, relacionada con lo prescriptivo, señala que las Columnas sobre la lengua abordan cuestiones lingüísticas que prestan atención a los usos incorrectos de una lengua, donde el autor “valora la actuación verbal, ya sea escrita u oral, con relación a su idea de lengua y de lo normativo”. Sin embargo, en algunos autores como Ríos se da un estilo descriptivo, con el que, en un tono didáctico, enseña a su público curiosidades sobre las palabras y expresiones del español (). Por tanto, esta investigación busca comprobar cuál de estos dos estilos abunda en el tratamiento de castellanismos, galleguismos y catalanismos en las columnas de Ríos, Camps y De Miguel. Por último, con respecto a la cuarta, aunque los préstamos, especialmente los anglicismos, son un recurso de creación léxica importante en el español actual (), sostiene que se suele ironizar con el uso de estos, con el objetivo de hacer ver al lector el abuso en el empleo de anglicismos en el español. Por tanto, en este estudio, pretendemos observar si esa crítica en el abuso de anglicismos se da de la misma forma en el uso de catalanismos y galleguismos en el español, o en el uso de castellanismos en el catalán y en el gallego.
2. MARCO TEÓRICO
2.1. El fenómeno del contacto entre lenguas en España
definió en su estudio el término contacto como “the study of the linguistic processes by which form from two or more languages may be combined as a result of their common use”, pero quien realmente impulsó los estudios sobre el contacto de lenguas fue en los años 50. Para el concepto de interferencia hace referencia a “the rearrangement of patterns that result from the introduction of foreign elements into the more highly structured domains of language”. Sin embargo, un problema que detectó es que en la interferencia lingüística se dan algunos factores tanto estructurales como no estructurales que hace que se produzcan o no dichas interferencias. Posteriormente, este mismo autor introdujo el concepto de préstamo léxico, con el que hacía referencia a la necesidad de designar nuevos objetos, personas, lugares y conceptos (). Tres décadas más tarde, definieron con más precisión el concepto de préstamo léxico para referirse a la introducción de palabras de la lengua extranjera a la lengua materna, y que dichas palabras sufrían modificaciones fonológicas y morfológicas para adaptarse a la L1. Dentro de estos, distingue dos tipos: los establecidos (loanwords), que se integran completamente en la lengua materna y se difunden ampliamente, y los espontáneos o inmediatos (nonce borrowings), que “aunque son idénticos a los préstamos establecidos en la manifestación lingüística, deben satisfacer el requisito de difusión”. Además, la diferencia que existe entre ambos es que los establecidos no requieren un acceso activo al léxico de la lengua extranjera, mientras que los espontáneos sí que necesitan del entendimiento del léxico de la L2 ().
En España, el autor que ha impulsado los estudios del contacto entre lenguas de España ha sido , quien defiende que los estudios sobre interferencias lingüísticas se centraban exclusivamente en lo lingüístico y que existe una serie de discrepancias sobre este concepto: la primera tiene que ver con la delimitación del fenómeno, dado que algunos investigadores consideraban que la interferencia suponía un ataque a las normas de la lengua materna (). La segunda se refiere a la delimitación del ámbito de estudio, es decir, que algunos investigadores dudaban si la interferencia solo se daba en hablantes bilingües o también se incluían a los monolingües (). Y la tercera era distinguir cuando este fenómeno se consideraba “un rasgo extranjero aislado en el habla del individuo bilingüe” o si, por el contrario, “ha entrado a formar parte de un nuevo sistema lingüístico” (). señala que otro problema que presenta la interferencia es que existen dificultades para separarla de otros conceptos como la integración, el préstamo, la convergencia y la alternancia de códigos. A estos problemas en el estudio de las interferencias se añadieron, además, dificultades tanto para definir este término como para delimitar los conceptos de préstamo y cambio de código (code-switching) (). Para , todas las definiciones propuestas por otros investigadores coinciden en varios puntos: 1) que el préstamo está relacionado con los intercambios económicos culturales; 2) que supone una transferencia de elementos entre dos lenguas o comunidades lingüísticas; 3) que se trata de un proceso de adopción por parte de la lengua receptora; 4) y que admite la posibilidad de una gradación lingüística y social. afirma que el estudio del contacto entre lenguas se ha dado de una manera excesivamente reduccionista, es decir, que cuando se incorporaba un préstamo en la lengua se hacía cuando no había otra palabra para hablar de una realidad. De hecho, según señala , en la actualidad aún no hay un acuerdo entre investigadores de si el fenómeno de contacto entre lenguas responde a un proceso natural o si se trata de “un desvío de la norma como consecuencia del poco dominio por parte del hablante de la lengua en la que se producen dichas incursiones”.
2.2. El contacto del catalán y del gallego con el español
A pesar de que en los últimos años se han desarrollado investigaciones alrededor de este fenómeno en las lenguas de España, estos estudios se han centrado más en el caso del catalán que en el caso del gallego o del vasco. En cuanto al contacto entre el catalán y el español, señala que su contacto en Cataluña ha supuesto la llegada de una lengua nueva llamada catañol (una mezcla de catalán y español). Sin embargo, esta nueva lengua, según , ha supuesto un temor en Cataluña por “la pérdida o la persecución del castellano en tierras catalanohablantes” y ha llevado a la aparición de posturas contrarias a esta mezcla, como, por ejemplo, que pertenece a clases bajas e incultas, o que “no son variedades estables sino, como mucho, idiolectos, lo que impediría hablar de lenguas”. Por su parte, señala que el contacto entre el catalán y el español en Cataluña ha dado lugar a una situación de bilingüismo intenso, y “ha permitido la generación de unas secuencias lingüísticas idiosincrásicas que configuran la variedad del español allí manejada”. No obstante, a la hora de estudiar el fenómeno de contacto entre el catalán y el español, también han surgido varios problemas: el primero, según , es que, aunque han abundado estudios sobre el contacto entre el catalán y el español, estos se han centrado únicamente en la zona de Barcelona y han excluido otras provincias; y el segundo es que hay menos estudios de este tema en Mallorca, dejando de lado el ámbito de Menorca y de Tarragona. Además de esto, añade que hay situaciones en las que el contacto de lenguas promueve lo que él llama “conservadurismo lingüístico”, es decir, el rechazo a incorporar formas innovadoras y la retención de la variante tradicional. Esto se aplica al catalán, puesto que, durante siglos, ha estado subordinada al castellano (). Además, estas investigaciones han dejado de lado a otras variantes como el valenciano, cuyo campo de investigación apenas ha tenido desarrollo. No obstante, la aparición de corpus orales en distintas comunidades de habla valencianas ha permitido la evolución de estudios sobre esta lengua cada vez más rigurosos (). En su estudio, detectó dos tipos de cambio de código en algunas comunidades de habla valencianas: los cambios transaccionales, que se dan cuando el cambio de lengua ocurre en alguno de los componentes del acto comunicativo, como los temas de conversación, y los cambios metafóricos, que encierran determinados efectos comunicativos o sociolingüísticos, como son las citas de estilo directo e indirecto.
En el caso del gallego, como ya hemos señalado al principio de este subapartado, han sido escasas las investigaciones del contacto entre el gallego y el español, a diferencia del caso del catalán. Entre ellos destacan los estudios sobre el uso del pretérito perfecto compuesto (), la construcción del había + participio () y la variación de las vocales medias () en el español de Galicia. En primer lugar, observó varios aspectos en su investigación: 1) cada vez más personas jóvenes utilizan este tiempo verbal en oraciones y textos; 2) que las mujeres son las que más hablan el español de Galicia y quienes más utilizan el pretérito perfecto compuesto; 3) este tiempo se da más en municipios de 50.000 habitantes o más, donde se encuentran más hablantes del español; 4) los hablantes que pertenecen a una mayor clase social recurren con más frecuencia a este pretérito perfecto compuesto; y 5) los hablantes, cuanto más utilizan el español, más utilizan este tiempo verbal. Por su parte, , al igual que , también concluyó que el empleo de tiempos verbales compuestos está muy extendido en los hablantes gallegos y que la construcción había+ participio surge como un fenómeno de ultracorrección, debido a la presión de evitar determinados usos del indicativo considerados como “galleguismos”. Es más, según señala , el uso elevado de -se en el español de Galicia responde a la censura que hay en la terminación -ra en los subjuntivos, que se ha visto con más frecuencia en hablantes con estudios medios y estudios universitarios. Por último, sostiene que el uso de los fonemas [ε, ɔ] se da con más frecuencia en mujeres, en hablantes jóvenes, con dominio del gallego y con menor nivel de estudios. Además, en cuanto a las actitudes de los hablantes ante el empleo de estas vocales, observó que su uso se asocia con personas que tienen ocupaciones con “menor prestigio social”, y tienen el gallego como lengua habitual “con un origen rural”; y que la mayor parte de las bajas valoraciones están dirigidas a hombres, especialmente quienes tienen menor prestigio laboral y un bajo nivel educativo.
2.3. Orígenes y caracterización de las Columnas sobre la Lengua
Uno de los temas que empieza a tratarse en los medios de comunicación es el de la norma lingüística, que surge como consecuencia de una demanda social (). De hecho, esa difusión de la normativa lingüística se ha presentado en formatos informativos, secciones de opinión y secciones de entretenimiento, que están orientadas a difundir los siguientes aspectos:
(4.1) difundir socialmente las soluciones normativas en períodos inmediatamente posteriores a la aprobación o modificación del corpus normativo; (4.2) extender las reglas lingüísticas en momentos en los que la normativa está consolidada, a fin de reforzar su dominio; (4.3) divulgar aspectos normativos con explicaciones más detalladas que las que permite el lenguaje prescriptivo de los manuales normativos, y (4.4) hacer evidentes aspectos no resueltos por la norma o plantear discrepancias al respecto. ()
Como ya se comentó en la Introducción, un tipo de columna de opinión que se ha encargado de divulgar la norma del español es el de las csl que, según , se definen como el “conjunto de artículos (o posts) dedicados al idioma, producidos por la persona y publicados de forma regular, con mayor frecuencia en la prensa escrita”. Estas columnas se caracterizan por ser discursos que hablan sobre la lengua (discurso metalingüístico), porque realizan juicios de valor hacia determinados usos de esta (carácter epilingüístico), porque enseñan a sus lectores aspectos lingüísticos y les hace reflexionar sobre sus usos (carácter pedagógico), y porque tienen un carácter divulgador (). Además, señala que estas columnas forman parte de lo que se conoce como “decir del lenguaje”, puesto que “son un caso particular de la capacidad metarreflexiva espontánea que poseemos los seres humanos”. Un aspecto característico que señala es que los autores, al no tener una estructura y unos elementos predeterminados con los que escribir sus columnas, cuentan con una libertad creativa que les permite construir sus ideologías lingüísticas en torno a determinadas cuestiones del español. Esta última característica convierte a las Columnas sobre la lengua en una fuente de información importante para estudiar los cambios que se han producido en español, puesto que transmiten las preocupaciones de los hablantes en relación con la lengua ().
Los orígenes de las Columnas sobre la lengua en España se remontan al siglo xix: en 1883, Antonio de Valbuena (con el seudónimo de Miguel Escalada) publicó una serie de textos periodísticos llamada Fe de erratas en el periódico El Imparcial (Serrano Serrano 2008; art. cit. en ). Tras la Guerra Civil Española, Julio Casares retoma esta actividad periodística con su serie Cosas del lenguaje en 1939 en el diario ABC. Este columnista, junto con Eustaquio Echauri, Manuel Rabanal y Ramón Carnicer, “abren paso a los columnistas que, durante el resto del siglo xx, y hasta hoy continúan cultivando el género” (). En la actualidad, en el ámbito de los estudios de lingüística española, el grupo de investigación metapres-coling se ha encargado de analizar las características estas columnas en la prensa española, así como de sus columnistas españoles y sus trabajos escritos desde 1884 hasta la fecha de hoy.
2.4. Las actitudes del columnismo lingüístico frente a los préstamos
Antes de hablar sobre las actitudes del columnismo lingüístico, es preciso explicar qué se entiende por actitudes o, más bien, ideologías lingüísticas. Según , las ideologías lingüísticas se definen como “sistemas de ideas que integran nociones generales del lenguaje, el habla o la comunicación con visiones y acciones concretas que afectan la identidad lingüística de una determinada comunidad”. Estas, según , presentan cuatro características principales: la primera es que las ideologías del lenguaje representan la percepción del lenguaje y el discurso que se construye en interés de un grupo social o cultural específico (). La segunda, que las ideologías lingüísticas son “múltiples debido a la pluralidad de divisiones sociales significativas (clase, género, clan, élites, generaciones, etc.)” (). La tercera, que los miembros de un grupo social “pueden mostrar diversos grados de conocimiento de las ideologías del idioma local” (). Y, por último, la cuarta, que “las ideologías lingüísticas de los miembros median entre las estructuras sociales y las formas de hablar (Woolard y Schiefelin 1994, como se citó en ).
En la mayor parte de los trabajos relacionados con las actitudes de las csl hacia los préstamos, es frecuente encontrar el concepto de purismo, aspecto que destaca en el tratamiento de los préstamos en estas. Este concepto se define como un fenómeno que consiste en la realización de un comentario social sobre “el (percibido) deterioro de los estándares ―lingüísticos, morales y educativos― de la sociedad moderna” (). Este se caracteriza por recurrir a argumentos para justificar la incorrección de un término en una lengua y guarda relación con determinadas cuestiones propias de la lingüística histórica, como son el proceso de estandarización de las lenguas, el uso de la lengua como componente básico en la creación de naciones y la estigmatización de las variedades lingüísticas o culturas como indeseables ().
Con respecto al columnismo lingüístico, , en su estudio sobre las actitudes de los columnistas sobre la lengua ante los neologismos por préstamo, expresa que Luis Calvo, Emilio Lorenzo, Fernando Lázaro Carreter, Luis Cortés y Álex Grijelmo tienen en común que son considerados puristas cuando se trata de extranjerismos, pero cada uno expresa dicho purismo en mayor o menor medida: esto es, que los autores de la década de los 80 “están más próximos a un purismo tradicional de corte casticista”, los autores de la década de los 90 y los 2000 muestran lo que denomina la autora “neopurismo, más laxo, más suave y solo en contra de aquello que no sea necesario para el idioma” (). En otro estudio posterior sobre el purismo léxico, observó que hay columnistas que en sus artículos reflejan un carácter didáctico y divulgador, mientras que otros actúan como censores y muestran un lado prescriptivo al establecer “como deberíamos hablar”.
examinó a través de la teoría del Imaginario Lingüístico de Houdebine las actitudes de los columnistas hacia la diversidad de lenguas en España y las diferencias de actitudes entre Amando de Miguel (columnista nacional) y los columnistas regionales. En su trabajo, la autora identifica dos tipos de imaginarios: por un lado, está el antagónico, que es el que construye Amando de Miguel y que se basa en dos ejes ideológicos que defienden la idea de que el castellano simboliza “lo normal, lo que está dentro, lo bueno, el nosotros”, mientras que el resto de las lenguas de España suponen “lo periférico, lo que está fuera, lo malo, los otros”. Por otro, está el imaginario “basado en la apreciación del objeto” que defienden los columnistas regionales, y cuyos argumentos pretenden prestigiar el dialecto y convencer a los hablantes de que la norma culta del habla local equivale en prestigio a la norma culta ().
, en su investigación sobre las ideologías lingüísticas de Álex Grijelmo, defiende que el autor, cuando habla de préstamos, se apoya de “las ideas sobre la preservación y defensa de la unidad de la lengua mediante proposiciones historicistas sobre la tradición del español” con el fin de mostrar qué es considerado “lo normativo según su criterio”, pero también “para convencer y generar controversia”. Similar a este último trabajo fue el de , quien, en su análisis sobre las ideologías lingüísticas hacia los préstamos, concluye que Grijelmo expone una actitud purista hacia estos, ya que, para él, existen dos enemigos: “uno externo, el inglés, lengua franca cada vez más extendida cuya fuerza globalizadora está ligada al poder político, económico y cultural de sus hablantes; el otro interno, el descuido o desinterés de los hablantes a la hora de utilizar la lengua española”. En cambio, analiza el componente metafórico de algunos enunciados para hablar de aquellos elementos lingüísticos que alteran el español, y sostiene que la mayoría de las metáforas que emplean los columnistas sobre la lengua tienen que ver con la relación entre el español y el inglés. Entre las metáforas más comunes detectadas en su investigación están las que se concibe la lengua “como si fueran edificios, o como organismos […] que pueden experimentar estados de salud, intervenir en guerras, participar en procesos de nutrición, formar ecosistemas…” ().
3. El corpus
Para este trabajo, a partir de la base de datos metapres se ha creado un corpus de 130 columnas sobre la lengua escritas por Magí Camps, Francisco Ríos y Amando de Miguel, publicadas entre 2002 y 2022, y donde se tratan cuestiones sobre el catalán y el gallego. En primer lugar, se han escogido estos columnistas porque son los que todavía siguen activo y porque son los únicos que han prestado atención a cuestiones relacionadas con estas dos lenguas cooficiales. Estos tres columnistas escriben en los diarios más leídos de España, que son La Vanguardia, Libertad Digital y La Voz de Galicia (dos de carácter nacional y uno de carácter regional). Cabe destacar que La Vanguardia es un periódico editado en Cataluña, aunque tiene proyección nacional, y La Voz de Galicia se edita en Galicia, un dato que nos va a permitir observar las diferencias entre los columnistas periféricos y los nacionales. En la tabla 1, se detalla el nombre de los columnistas escogidos, los nombres de los trabajos donde publican sus columnas, las fechas de inicio y de fin de dichos trabajos, y el número total de artículos recopilados:
Tras la formación del corpus, se realizó un breve análisis de carácter cuantitativo con el fin de observar el número de columnas que tratan el tema de los galleguismos y catalanismos. En el gráfico 1 se observa que, de las 130 columnas recopiladas para esta investigación, solo 55 textos hablan de la cuestión de estos tres préstamos en el español y en las lenguas cooficiales, que se dividen de la siguiente manera:
Como se ha podido observar, en cuanto al tratamiento de los catalanismos en el español, Magí Camps y Amando de Miguel son los autores que más hablan de estos préstamos. En el caso de De Miguel, en la mayor parte de las columnas recopiladas, el catalanismo del que habla es el referido al ámbito político, ya que, en numerosas ocasiones, critica a los políticos independentistas y aspectos como la imposición del catalán en las escuelas catalanas. No obstante, además de este catalanismo político, 5 de las columnas recopiladas para esta investigación (mencionadas en el gráfico 1) tienen como tema principal la influencia del catalán en el castellano. Por su parte, como ya se ha mencionado en la Introducción, Camps no solo habla de la corrección del castellano, sino que, al formar parte de la Secció Filològica del Institut d’Estudis Catalans desde 2017, también escribe con bastante frecuencia acerca de las normas y los usos del catalán. En cambio, Ríos suele mencionar en unas líneas los términos equivalentes en el catalán o en el gallego cuando habla de un determinado término del español en sus columnas. Respecto a los galleguismos, se ha observado que Ríos, debido a que escribe en un diario gallego, es el columnista que escribe con más frecuencia acerca de los usos y de las normas del gallego, y, por lo tanto, el que más trata la cuestión de los préstamos de esta lengua cooficial en el castellano. Por último, por lo que se refiere a los castellanismos, Camps es el que más habla de estos préstamos, especialmente los que se dan en el catalán: como ya se ha mencionado anteriormente, al formar parte de la Secció Filològica del Institut d’Estudis Catalans, sus textos se centran en el uso correcto del catalán, un dato que deja ver la posible existencia de un discurso en contra de la influencia del castellano en el catalán.
Con esta primera aproximación, en el siguiente apartado, a partir de las columnas sobre la lengua seleccionadas, se examinan las actitudes que los columnistas reflejan acerca de la incorporación de galleguismos y de catalanismos en el español, y de castellanismos en las lenguas cooficiales, así como las diferencias que los columnistas establecen en cuanto a sus usos. El apartado 4 está dividido en dos subapartados, uno dedicado al análisis de las actitudes hacia los catalanismos, y otro dedicado al de las actitudes hacia los galleguismos, y contienen cada uno algunos ejemplos de los artículos seleccionados. Además, dentro de esos dos subapartados, se observan también las actitudes que reflejan estos tres autores hacia los castellanismos que se emplean en el catalán y en el gallego.
4. RESULTADOS
4.1. Catalanismos
Como ya señaló , la mayor parte de los artículos de Magí Camps se centran en cuestiones relacionadas con la ortografía, “probablemente debido al debate generado por el uso de las redes y su influencia negativa en la ortografía”, pero también pone atención en otros temas que están “ligados al contexto cultural del momento”, como, por ejemplo, el catalán. En los ejemplos (1) y (2), Magí Camps escribe que los hablantes de catalán suelen confundir palabras con el español. En (1) describe como un “diálogo de besugos” la confusa traducción de las conversaciones telefónicas en catalán, debido a la mezcla de algunas palabras con el castellano. En (2) el columnista habla sobre un suceso en la TV3, donde uno de los miembros del grupo de rock Mamzelle Mess tenía dudas de si se decía compondre o composar para referirse a componer una canción:
- (1)
Las conversaciones telefónicas en catalán están traducidas al castellano tal cual. Como el desayuno castellano es el esmorzar catalán y el almuerzo castellano es el dinar catalán, en una de las conversaciones transcritas y traducidas, un personaje pregunta a otro si quedan per esmorzar o per dinar, es decir: para desayunar o para comer; pero la traducción dice para almorzar o para comer. Diálogo de besugos. ()
- (2)
Si en lugar de consultar a los focos, hubieran consultado un diccionario, habrían descubierto que para las canciones el verbo adecuado es compondre, y que composar, que también existe, significa: “Imponer arbitrariamente (a alguien) una contribución, una multa, etcétera”. ()
En este último ejemplo, Camps muestra una actitud prescriptiva, ya que refleja los usos correctos de los verbos compondre y composar cuando sugiere que se debe consultar el diccionario ante dicha duda, y critica a aquellos hablantes que hacen un uso erróneo del catalán al decir al final del texto que se “sí que habrá que acabar imponiendo una multa a quien no consulte el diccionario”. Sin embargo, no solo se muestra prescriptivo con los castellanismos en el catalán, sino que, en algunas ocasiones, admite algunos castellanismos, como es el caso de acera, que considera como un término aceptable y que no violenta al idioma (3):
- (3)
Sin embargo, con disfrutar no pasaba, como tampoco con el sustantivo acera, que, a pesar de no ser correctos, no violentaban la fonética catalana. Y por ello hubo propuestas a favor de incorporarlos al catalán normativo. ()
Aunque el anterior ejemplo se trata de un caso concreto que se ha detectado en el corpus de columnas de Magí Camps, lo cierto es que en la mayoría de sus columnas recopiladas el autor defiende el catalán de la incorporación de castellanismos. En (4), el autor explica los usos de las palabras botiga (tienda en catalán) y bodega en castellano, y cómo la bodega pasó a ser una palabra para referirse “al depósito de los barcos” y también a “los establecimientos donde se vende vino”. En dicho fragmento, Camps expresa que le chirría el uso de celler para referirse a la tienda de cavas porque lo considera una “translación que se ha hecho del castellano”. En (5), este autor continúa mostrando una preocupación por los castellanismos que se incorporan en el catalán, cuando habla de los términos cruce y cruzar, y califica de invasivo el verbo cruzar en catalán y, aunque no es incorrecto usar creuar, opta por travessar porque era algo que se decía y que el DIEC aún lo recoge. Y en (6), con motivo del Día Internacional de la Traducción, sostiene que las películas sobre acción y delincuencia son las que más carencias muestran de la lengua catalana, y un ejemplo claro está en Mátalos suavemente, donde abundan más los castellanismos:
- (4)
Así pues, una bodega es un lugar donde se elaboran y se guardan los vinos, y también la tienda donde se venden. En catalán en los dos casos es un celler, pero para la tienda los barceloneses ―como mínimo― usan el castellanismo bodega. Si usamos celler, a mí me chirría, porque me da la impresión de que se copia la translación que se ha hecho en castellano (de la cava a la tienda). Si no se admite bodega, quizá botiga de vins puede funcionar o, si no, los neologismos glamurosos ―vinoteca o enoteca, formados a partir de vino- y eno- y el elemento compositivo -teca, que entronca (otra vez) con apotheke. ()
- (5)
Ahora bien, lo que es más preocupante en cuanto a la genuinidad de la lengua es la invasión del verbo cruzar en catalán en usos que hace unos decenios no se oían. Cuando alguien pasaba de un lado a otro de la calle decía “travessar el carrer” (en mi casa, “traspassar” pero por lo visto es un uso poco habitual, aunque el DIEC lo recoge). Decía que antes las calles “es travessaven” y ahora, en cambio, “es creuen”. ¿Es incorrecto este uso? No. ¿Por qué se usa ahora más creuar que travessar cuando antes era al revés? Seguramente por un exceso de purismo ―cuando el hablante considera que “creuar el carrer” es más adecuado que “travessar-lo”―, o bien por influencia del cruzar castellano. ()
- (6)
¿Qué habría que hacer? Supongo que o bien emplear un lenguaje más barriobajero, repleto de argot ―es decir, lleno de castellanismos― y con una dicción arrastrada, o bien limitarse a hacer una traducción informativa, que los personajes estén emprenyats y que hablen de cigales y calçotets. ()
En este último fragmento, vemos claramente la ideología defensiva al calificar algunos castellanismos de artificiosos, que contaminan el habla catalana, y los califica de “argot” cuando propone una solución ante las carencias léxicas del doblaje de películas de delincuentes en catalán. Esa defensa del catalán hacia los castellanismos también se refleja en el ejemplo (7) cuando Camps habla de la influencia de los verbos castellanos sacar y quitar en el verbo treure, y cómo esta confusión afecta a los catalanoparlantes:
- (7)
La razón de esta mezcla entre sacar y quitar creo que reside en que, en catalán, a los verbos posar y ficar les corresponde en sentido general el mismo contrario: treure, hecho que provoca este uso mayoritario del castellano sacar donde en algunas ocasiones habría que decir quitar. ()
No obstante, a pesar de esta ideología defensiva hacia los castellanismos en el catalán que se ha ido viendo en gran parte de los textos de Magí Camps, columnistas como Francisco Ríos (quien se centra más en cuestiones de la lengua gallega que veremos en el siguiente subapartado) sostienen que algunos catalanismos se entienden perfectamente en el castellano gracias al contexto, como se puede observar en el ejemplo (8):
- (8)
Catalanismos como plegar funcionan sin dificultad en el castellano de los territorios donde se habla la lengua de Joan Maragall. En otros ámbitos, unos resultan incomprensibles y otros se entienden gracias al contexto, al sentido general del discurso o por la frecuencia con que aparecen, lo que permite familiarizarse con ellos. ()
En el caso de Amando de Miguel, hemos podido observar que, para él, algunas palabras y expresiones no son necesariamente catalanismos porque incluso personas que no son catalanas ya lo utilizaban sin conocer a ningún catalán (9) y también sostiene que expresiones propias de la jerga adolescente como la de (10), aunque duda de si su procedencia es del catalán, no se trata de “un simple catalanismo en el castellano”:
- (9)
Y que conste que lo de “parlar” no es estrictamente un catalanismo. Mis padres utilizaban mucho ese verbo y no creo que conocieran a ningún catalán. ()
- (10)
En la jerga adolescente se empieza a oír esta expresión deliberadamente barroca: “como que no”. Es equivalente a decir simplemente que “no” a alguna solicitud. Vista así, la expresión es innecesaria. Lo curioso es que introduce esa especie de mango del “como que”. La raigambre me parece a mí que es catalana, pero no se trata de un simple catalanismo en el castellano, como hay tantos. ()
En los siguientes ejemplos, podemos ver que Amando de Miguel muestra una actitud positiva ante la incorporación de catalanismos, cuando expresa en el ejemplo (11) que le parece estupendo que exista una relación entre el castellano y el catalán de Cataluña, puesto que demuestra que las lenguas están en constante contacto entre sí, aunque los puristas y los nacionalistas digan lo contrario. Esta idea que promueve De Miguel coincide con la afirmación de en el hecho de que, a medida que va evolucionando la sociedad, los columnistas también cambian sus ideologías lingüísticas sobre las normas establecidas por la Real Academia Española. Por su parte, en (12), sostiene que no hay ninguna necesidad de rechazar catalanismos, vasquismos o anglicismos, siempre y cuando “sean útiles y estén en uso”:
- (11)
Me parece una estupenda inseminación recíproca esa del castellano y el catalán en Cataluña. Las lenguas vivas son extremadamente porosas, para desesperación de puristas y nacionalistas. ()
- (12)
Un mallorquín que desea permanecer anónimo me dice que suele dejar caer frases como esta: “he cenado de fruta”. Los amigos se mofan un poco de él tachando esa expresión de catalanista. El libertario mallorquín quiere saber si la expresión dicha es correcta. Francamente a mí no me suena. Pero, aun suponiendo que fuera un catalanismo, no sé por qué tenemos que desterrar los catalanismos del idioma castellano. Lo mismo diría de los vasquismos o de los anglicismos. Basta con que sean útiles y estén en uso. ()
4.2. Galleguismos
En cuanto al tratamiento de los galleguismos, hemos observado en el corpus que los columnistas prestan más atención a estos préstamos que a los catalanismos. Por una parte, como ya mencionó , un tema recurrente en las series de columnas de Ríos es el de los préstamos, especialmente los anglicismos, puesto que algunos los considera innecesarios y que ya tienen una alternativa en el español. No obstante, cuando se trata del gallego, adopta una actitud positiva y descriptiva, puesto que se limita a informar a sus lectores acerca de las curiosidades del gallego, como sus orígenes y sus usos:
- (13)
El recorrido por la Península se completa con el gallego patulea, que en esta lengua tiene los mismos significados que en español y en catalán, a los que suma el de ‘grupo ruidoso de niños’. Castelao lo emplea con esos sentidos y otro más, el de colla o cuadrilla de trabajadores: “os canteiros... resinándose a traballaren en patulea”. ()
- (14)
Si el lector fue de chaval persona delgada, enclenque o esmirriada, quizá lo hayan tildado alguna vez de virulillas. Un colega al que un atleta gallego de alta competición le cuenta que de muchacho fue un virulillas trata de comprobar la ortografía de esta palabra, pero no la encuentra en los diccionarios, ni en los de español ni en el de la Academia Galega y algún otro de gallego a su alcance. Lo cual le hace dudar hasta de la validez de tan sugerente voz. No debe preocuparse. El problema no es suyo, sino de los diccionaristas. ()
En (13), Ríos escribe en su columna que últimamente están surgiendo palabras que se pensaba que ya habían sido olvidadas, como es el caso de patulea, palabra que también tiene el mismo significado tanto en castellano como en gallego para referirse a “grupo ruidoso de niño”, pero en el gallego esta palabra también hace referencia a “cuadrilla de trabajadores”. En el caso de (14) observamos que Ríos no solo es crítico con la actitud de la Real Academia Española, sino que también lo es con la Real Academia Galega, porque, como instituciones codificadoras, no han incluido, en sus obras lexicográficas, algunas voces que este autor avala. En algunas columnas, también hemos visto que Ríos muestra una actitud defensiva hacia los anglicismos y prefiere optar por un galleguismo (15), mientras que en (16) reivindica el uso de un término gallego en el castellano:
- (15)
Amén de la variante espatarrar, despatarrar tiene sinónimos, como escarrancharse, que en gallego se emplea como transitivo y pronominal con el significado de ‘abrir mucho las piernas’: Escarránchate, que te vou levar a cabalo. En castellano, Juan Ramón Jiménez pone a Antonilla a montar escarranchada: “Tiró a la hierba el pañuelo rosa del estambre, corrió un punto y, ágil como una galga, se escarranchó sobre Platero, dejando colgadas a un lado y otro sus duras piernas”. ()
- (16)
El gran número de usos de esta voz que registran los corpus del ilg y del Centro Ramón Piñeiro nos confirma que este pavero no es ajeno al gallego. Tampoco lo es al castellano de Galicia, al menos en los usos orales. Es una pena que nadie reivindique como propia una palabra tan pavera. ()
En los dos ejemplos anteriores, por una parte, Ríos habla sobre la palabra despatarrar a raíz de la decisión de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid para combatir con el manspreading que suelen hacer los varones en los asientos de los transportes públicos. Al final del texto, reconoce que, aunque despatarrar y escarranchar son coloquialismos, prefiere usarlos en lugar del anglicismo (15). En este ejemplo, podemos ver su ideología defensiva ante los extranjerismos que él considera innecesarios. Por otra, en (16) el columnista explica que una persona iba en el bus de Monelos cuando en una conversación entre dos señoras escuchó la expresión es muy pavero. A partir de ahí, Ríos comenta que en los diccionarios en español apenas hay información acerca de pavero, mientras que en los diccionarios gallegos la definen como un término utilizado para referirse a alguien bromista. Además, añade que, dada la cantidad de acepciones que tiene pavero en los diccionarios de lengua gallega, esta palabra se considera como un galleguismo. Pero Ríos no solo reivindica que el Diccionario de Lengua Española incluya galleguismos, sino que en otras columnas sostiene que no ve ningún motivo para rechazar incorporar determinados galleguismos. Esto se ve en los siguientes ejemplos, donde el columnista expresa que no le parece extravagante recurrir al verbo anchear, puesto que se trata de una palabra que también se emplea en el castellano, aunque haya voces expertas que consideran que incluir galleguismos en el castellano se considera “un atentado contra su pureza” (17). En cuanto al verbo furtivar, Ríos cree que no hay necesidad de rechazar este neologismo propio del gallego, ya que los hablantes son los que crean nuevas palabras, y su significado no genera ninguna duda (18):
- (17)
No parece extravagante, pues, la inclusión en el Diccionario, con la marca que identifique el ámbito de su empleo, de palabra tan querida de los gallegos cuando se expresan en español y, curiosamente, aplicada en un alto porcentaje de los casos a calles, carreteras y caderas de mujer. ()
- (18)
No parece que deba rechazarse el neologismo sin más motivos que su novedad. Las palabras las crean los hablantes cuando las necesitan para comunicarse. Esta es una voz bien formada, verbaliza brevemente una idea que necesitaba una exposición más extensa (practicar el furtivismo, cazar furtivamente...) y no ofrece dudas en cuanto a su significado. ()
Respecto a Amando de Miguel, en nuestro corpus se ha podido ver que, aunque presta menos atención a los galleguismos, acepta que estos, junto con los catalanismos, se incluyan en el castellano. En la mayoría de sus columnas, el autor resuelve las dudas que tienen los hablantes sobre determinados aspectos del español, según la procedencia de la persona que realiza la consulta. Por ejemplo, en (19), un lector procedente de Galicia pregunta sobre el uso del galleguismo armadanzas, y el autor no solo explica el significado de dicha palabra, sino que expresa su opinión hacia el galleguismo, que lo califica de “útil”:
- (19)
Juan Manuel Pereira corrobora que en Galicia el armadanzas es el que lo lía todo, haciendo que riñan los demás. Añade que el Diccionario de gallego-español de Eladio Rodríguez Álvarez señala que armadanzas es un trapisondista, pendenciero, el que trama intrigas. Bien, estamos ante un útil galleguismo. ()
En los ejemplos (20) y (21), Amando de Miguel escribe acerca del término chapapote, palabra procedente de Centro América que se incorporó al gallego en un principio y que posteriormente dicho galleguismo se ha ido añadiendo en el hablar del resto de los hablantes del castellano. En (20) muestra una actitud positiva hacia este galleguismo y reconoce que este término ha contribuido a la riqueza léxica del castellano. En (21), aunque califica de “risible” el sufijo -ote, admite que las palabras con dicha terminación han enriquecido el castellano:
- (20)
Durante mucho tiempo fue un galleguismo en España. A partir del desastre del Prestige (vaya nombrecito), el término se ha incorporado a la cultura léxica de todos los españoles. En la costa cantábrica admite algunas variantes, pero el chapapote es el término más aceptado. ()
- (21)
La desinencia -ote nos acerca claramente a las lenguas centroamericanas. En español suele tener un sentido risible, como el argentinismo “despelote”. Una vez más, no hay mal que por bien no venga. El desprestigio del Prestige nos ha traído un enriquecimiento del léxico. ()
Por lo que se refiere a (22) y (23), De Miguel sigue resolviendo las dudas que le plantean sus lectores con respecto al castellano. En el caso de (22), el autor muestra su posición contraria al uso de los anglicismos, puesto que se niega a aceptar que el galleguismo cachar sea herencia del verbo en inglés to catch. En cuanto a (23), De Miguel no solo rechaza los anglicismos, sino que también lo hace con los lusismos, ya que critica que algunos hablantes del gallego utilicen palabras del portugués para sustituir términos que ya tienen su equivalente en el gallego. Por lo tanto, nos encontramos ante un rechazo a los extranjerismos y una defensa tanto del español como del gallego:
- (22)
Pero no veo bien la relación con el cachar gallego. No me consuela la interpretación de que estemos ante una herencia léxica de los ingleses en La Coruña y que en su día fue bastante notable. ()
- (23)
Lo que yo digo es que los nacionalistas gallegos necesitan reafirmarse introduciendo el mayor número de lusismos en el idioma gallego. Tampoco van a resolver así el problema, pues el portugués de Portugal se parece cada vez menos al portugués del Brasil, que es el numéricamente dominante. ()
Para finalizar con los resultados de nuestro análisis, observamos que la actitud de Magí Camps hacia los galleguismos es puramente descriptiva. En el subapartado de catalanismos, hemos visto que gran parte de las columnas analizadas ponen atención a los castellanismos que se incorporan en el catalán y su corrección para preservar la pureza del este. En (24), Camps explica el significado de la palabra teixugo para referirse a regiones o casas gallegas y que de esta ha derivado el nombre del grupo musical candidato a Eurovisión 2022, Tanxungueiras:
- (24)
En gallego, este animalillo se llama teixugo, y una tierra donde los haya en abundancia se denomina teixugueira. Lo leo en la web de la Real Academia Galega, donde se explica que este zootopónimo (nombre de lugar que toma el nombre de un animal) se usa para designar algunas regiones de Galicia, de casas esparcidas, donde, lógicamente, hay abundancia de tejones. ()
Además, en los fragmentos (25) y (26), Camps habla sobre los pares de antónimos poner.quitar y meter.sacar, y las diferencias en cuanto a su uso en el catalán y en el gallego. Como ya se vio en el ejemplo (7), el columnista refleja un carácter purista cuando habla de la confusión de los hablantes del catalán con el uso del verbo treure; no obstante, en cuanto al gallego, Camps acepta la opinión de un conocido gallego de que tantoquitar como poner tienen el mismo valor en un mismo contexto, un hecho que evidencia el carácter neutral de Camps ante los castellanismos en el gallego (25). Y en (26) el autor admite que este contacto forma parte de “la riqueza del plurilingüismo”:
- (25)
El turista piensa que primero habrán de traérselos, pero al momento ata cabos y entiende que se refiere a que los sacarán de la cocina conforme estén preparados. Me informa un amigo gallego que tanto en castellano como en gallego lo dicen igual: aunque también tienen el verbo sacar, el verbo quitar vale para todo. ()
- (26)
Esta observación a pie de calle demuestra que, cuando las lenguas viven en contacto, es imposible mantener su pureza. Mientras en la meseta, históricamente monolingüe, se usan con precisión las dos parejas verbales (poner / quitar, meter / sacar), en la zona oriental el sacar ocupa a menudo el lugar del quitar y en la zona occidental es el quitar el que invade el espacio del sacar sin miramientos. Es la riqueza del plurilingüismo que dibuja la Península de costa a costa. ()
5. Conclusiones
Como ya se señaló en la introducción, como objetivo principal de esta investigación nos proponíamos analizar qué actitudes muestran las columnas sobre la lengua ante la incorporación de préstamos del catalán y del gallego al español, así como hacia los castellanismos en las lenguas cooficiales. Además, al principio del trabajo, también planteamos una serie de preguntas que pretendíamos responder a lo largo de este. Respecto a la primera pregunta planteada (¿Qué actitudes presenta el columnismo lingüístico nacional ante los galleguismos y los catalanismos?), De Miguel ha mostrado una actitud positiva hacia los galleguismos y catalanismos en el español. Amando de Miguel, en la mayor parte de las columnas analizadas, presenta una actitud descriptiva, puesto que se dedica a resolver las dudas que le plantean sus lectores con respecto a los usos del español, un dato que responde a la tercera pregunta (¿Predomina una actitud prescriptiva o descriptiva en los textos de los columnistas?). En los ejemplos analizados, hemos observado que este autor no ve ningún problema en que se utilicen determinados galleguismos y catalanismos; y defiende la utilidad de algunos préstamos y la riqueza léxica que han aportado al castellano. A pesar de que en la mayor parte de sus columnas seleccionadas critica el catalán y su imposición en las instituciones públicas, resulta llamativo que acepte la existencia de una relación entre el catalán y el castellano en cuanto a préstamos.
En cuanto a las actitudes de Camps, en el apartado “El corpus” se ha explicado que este autor pertenece a la Secció Filològica del Institut d’Estudis Catalans, un dato que implicaba, por lo tanto, la existencia de discursos con los que el autor defiende el catalán de los usos erróneos que se dan por la influencia del castellano. De hecho, esta información responde a la segunda (¿Qué actitudes manifiesta el columnismo lingüístico periférico ante los castellanismos?) y a la tercera pregunta: según la mayoría de los escritos de este columnista se aproximan a la norma descriptiva, ya que, según el autor, la lengua pertenece a los hablantes y son los que deciden qué es correcto. Sin embargo, por lo que se refiere al catalán, el autor manifiesta una actitud prescriptiva y defensiva hacia los castellanismos y una preocupación por cómo estos influyen en el catalán. Esta defensa del catalán frente a la influencia del castellano se ha hecho evidente cuando el columnista critica a los hablantes por no consultar el diccionario ante determinadas dudas; cuando expresa su disconformidad con algunos castellanismos; o cuando los califica de artificiosos como sucedía en (5) y en (6). No obstante, se ha podido observar que, en ocasiones, acepta algunos castellanismos porque no dañan al catalán (3). Como ya señalaron , para los columnistas, algunas interferencias del castellano al catalán se consideran perjudiciales para el catalán, pero, puntualmente, aceptan algunos préstamos, puesto que ya están muy establecidos en el catalán y ya no se pueden sustituir. A diferencia del catalán, en sus columnas se ha visto un carácter menos purista cuando se trata del gallego: como ya se vio en (26), aunque el autor escribe que el contacto entre lenguas hace que se pierda la pureza del castellano, admite que este fenómeno forma parte de la riqueza del plurilingüismo y acepta la validez de los verbos quitar y sacar en un mismo contexto. Además, coincidimos con Guerrero Salazar (en prensa) en el hecho de que los columnistas regionales explican rasgos de sus variedades lingüísticas de la región donde escriben, por un lado, para desterrar ese imaginario negativo que hay sobre estas por uno positivo, y, por otro lado, animar a sus hablantes a utilizarla, pero “con corrección”.
Francisco Ríos, aunque habla exclusivamente de los galleguismos en las columnas recopiladas, en el único artículo sobre los catalanismos escribe que algunos han funcionado en el español sin dificultades, puesto que el contexto ha ayudado a comprender su significado. Respecto a los galleguismos, hemos visto que tiene una actitud descriptiva y positiva hacia ellos, puesto que explica los usos de estos en el español; reivindica la incorporación de algunas palabras gallegas al Diccionario de la Lengua Española; se muestra crítico con los diccionaristas por no incluir algunos galleguismos en los diccionarios; y no ve motivos para rechazar galleguismos, dado que los hablantes son los que hacen uso de ellos. Sobre la crítica a los diccionarios, según , Ríos, en ocasiones, se apoya de los trabajos académicos de la Academia para explicar los usos del español, pero también “se muestra crítico con las propuestas de la RAE, por la confusión que puedan generar en los hablantes”.
Por último, en cuanto a la cuarta pregunta de investigación (¿Qué diferencias existen entre las actitudes de los columnistas hacia los anglicismos y las actitudes hacia los préstamos del castellano y de las lenguas cooficiales?), en el análisis se ha visto que De Miguel muestra dos posiciones contradictorias: por una parte, no solo rechaza los anglicismos, sino que también lo hace con otros extranjerismos (lusismos) cuando critica que algunos hablantes gallegos los utilicen en lugar de términos que ya tienen sus equivalentes en el castellano y en el gallego. Por otra parte, en otras columnas como en (12) sostiene que no hay motivos para rechazar extranjerismos, siempre y cuando tengan utilidad en el español. En el caso de Ríos, este autor también muestra un rechazo hacia los anglicismos que se incorporan en el gallego y opta por utilizar términos del gallego que son propios del habla coloquial. En cambio, en las columnas analizadas de Camps no se ha detectado ningún fragmento en el que el autor critique los anglicismos y otros extranjerismos que estén en el castellano o en el catalán.
En definitiva, de este análisis podemos concluir con tres puntos: primero, aunque los tres columnistas dedican un espacio a estos préstamos, De Miguel y Camps prestan más atención a los catalanismos, mientras que Ríos trata con más frecuencia los galleguismos. Esto se debe a que tanto Ríos como Camps escriben en dos diarios que se editan en Galicia (La Voz de Galicia) y en Cataluña (La Vanguardia) y, por lo tanto, influye en el hecho de que Ríos dé más importancia al gallego y que Camps se centre en aspectos del catalán. Segundo, los tres columnistas aceptan la inclusión de galleguismos y catalanismos en la lengua española; prefieren que estos se utilicen antes que los extranjerismos; y, en el caso de que se utilicen algunos anglicismos, defienden que estos tienen que ser útiles y que estén en uso, tal y como ha señalado De Miguel. Y tercero, que Camps, aunque acepta los galleguismos y catalanismos en el castellano, defiende al catalán de los castellanismos que entran en el idioma, pero se muestra neutral en el uso de castellanismos en el gallego y en aquellos términos gallegos que han sido adaptados al catalán.
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