1. INTRODUCCIÓN
Rodrigo Cortés es conocido por su faceta como cineasta (ha dirigido cinco películas y ocho cortometrajes, y cuenta con varios premios que reconocen su trabajo) y, además, por ser cocreador de dos de los podcasts más escuchados del momento (Todopoderosos. Aquí hay dragones). Sin embargo, también ha explorado el terreno literario: recientemente, ha publicado, en el sello editorial Random House, la novela Los años extraordinarios () y la obra Verbolario (), sobre la que versa este trabajo.
Verbolario es la materialización de un proyecto con un gran recorrido a sus espaldas: desde 2015, Cortés publica una definición de una palabra en la contraportada del periódico ABC. Siete años después, Verbolario supone la recopilación de 2500 de estas palabras y de sus acepciones, lo que se traduce en un extenso corpus de interés lingüístico, puesto que estas definiciones se basan en una aproximación peculiar al significado. Partamos de un ejemplo para explicar esto. Izquierdista se define en Verbolario como ‘inglés al volante’. Así, Cortés despoja a la palabra de su significado predominante en español, vinculado a lo político, y juega con otro contexto cultural, haciendo que, como lectores, accedamos a otro significado posible de la palabra (lo que él llama “significado oculto”).
Leer Verbolario supone un ejercicio constante de reflexión metalingüística, pues obliga a la persona que lo lee a detenerse a pensar en el camino por el que se ha llegado a esa interpretación. En palabras del autor, leer Verbolario produce algo así como “cortocircuitos” en la mente de los lectores, ya que se trastoca una información que tenemos fijada en nuestro propio diccionario mental. Es en este sentido por lo que Cortés define Verbolario como un “antidiccionario”: a través de estos significados ocultos, inesperados, sobre los que Cortés arroja luz, descubrimos de manera igualmente inesperada nuevos matices sobre la palabra en sí, su significado y sus conexiones con el mundo que nos rodea; el lector, a través de ese cortocircuito, descubre tanto los significados que la palabra tiene como aquellos que podría haber tenido, pasando por significados que están escondidos y salen a la luz tan solo en contextos muy concretos.
Desde un punto de vista semántico, las definiciones de esta obra se basan en ciertos mecanismos lingüísticos que merece la pena analizar. Así, Cortés juega con las metáforas, la ambigüedad o la subjetividad para cambiar el significado de las unidades y, como explicábamos más arriba, hacernos reflexionar sobre su significado prototípico. El objetivo de este trabajo es exponer estos mecanismos lingüísticos y profundizar sobre su uso y prevalencia en Verbolario.
Antes de pasar a analizarlos, conviene hablar de la obra anterior del propio autor, así como de los géneros de los que bebe Verbolario. Cortés publicó, en 2013 y 2015, A las tres son las dos y Dormir es de patos, ambas en el sello editorial Delirio. Entre sus páginas, podemos encontrar una recopilación de enunciados, que van desde la tergiversación de frases hechas ―“Lo breve, si breve, dos veces breve” ()―, o juegos de palabras ―“Debería ser: torpezar” ()― hasta reflexiones con tintes poéticos ―“Vivir no es durar” ()― y metaforizaciones ―“Para un viajero en el tiempo un año es, necesariamente, un lugar” ()―, pasando por el humor absurdo ―“¿Quién puede matar a un niño? Sería para mañana a las tres” (.
El propio autor define estas obras como una colección de “balas, delirios, bombas de mano”. Bajo estos nombres tan diversos se esconde en realidad una revisión de los aforismos. De hecho, varios autores han renombrado antes este género, haciéndolo suyo: es el caso, por ejemplo, de las célebres greguerías de o las glorierías de . A muchos de estos autores se debe Cortés, y él mismo lo expresa en la introducción de Verbolario. El dle (s. v. aforismo) define este término como una “máxima o sentencia”; en literatura, un aforismo supone un enunciado, caracterizado por su brevedad, que transmite un contenido determinado, cuyo alcance ha ido variando a lo largo de la historia. La definición del dle afirma que esa máxima o sentencia “se propone como pauta en alguna ciencia o arte”, vinculando los aforismos con una suerte de enseñanzas o lecciones, cercanas a los proverbios o los refranes. En la contemporaneidad, el aforismo, como señala , es un “dispositivo abierto”, en tanto en cuanto sirve como recipiente para muy diversos contenidos, que pueden ser éticos, humorísticos, literarios…
Los aforismos, desde la tradición literaria, se suelen conectar con un tono grave y con cierta procedencia culta, que pone de manifiesto “el potencial conocimiento del autor” (). Se ha considerado, incluso, “una forma filosófica” (). Sin embargo, este género ha ido tergiversándose y acercándose a lo popular y lo cotidiano y, sobre todo, al humor. De hecho, el uso de sentencias breves que generan humor es un recurso explotado por muchos cómicos y, en esta línea, las producciones de humoristas como Les Luthiers ha sido analizada desde las convenciones del género del aforismo (; ).
El análisis de Verbolario puede situarse, por tanto, dentro de un ámbito más amplio. Con este trabajo, dado su carácter preliminar, simplemente se pretende reseñar desde un punto de vista lingüístico las diferentes estrategias explotadas por Cortés para reinventar (o redescubrir) los significados; no obstante, procedemos a comentar brevemente qué ideas clave de la teoría del humor, así como del estudio lingüístico de los aforismos, pueden ser relevantes para estudios futuros sobre Verbolario, que tiene el potencial para convertirse en un magnífico corpus de análisis.
En primer lugar, la teoría general del humor más aceptada entre los investigadores del área es la propuesta por , que en el ámbito hispánico ha sido revisada por . Según esta autora, el humor se consigue al infringir los principios pragmáticos por los que se rigen las situaciones comunicativas. El hablante, aun así, puede dejar ciertas huellas en su producción, de manera que dé pistas al oyente de sus intenciones comunicativas. Estas marcas o indicadores pueden ser de diversos tipos; por ejemplo, propone que la polisemia puede ser un indicador que desata el humor (a través de la violación del principio pragmático de la informatividad): la ambigüedad es, de hecho, uno de los mecanismos que aquí estudiamos (véase apartado 4).
Además, otro asunto pertinente, que también deriva de los análisis pragmáticos del humor, es el relativo a los procesos de desautomatización () y a la resolución de incongruencias (). Si, como hablantes, utilizamos en una interacción una unidad fraseológica (como podría ser un refrán) pero la modificamos para conseguir un efecto humorístico (como ocurre en Verbolario; véase sección 6), el oyente (o lector, en este caso) ha de reintrepretar el significado, que ya no es el esperado, lo que supone una mayor carga cognitiva de procesamiento y decodificación (): se da, por tanto, uno de esos “cortocircuitos” de los que hablábamos más arriba.
Como vemos, diversos elementos de las teorías pragmáticas en general y del estudio del humor, en particular, pueden ser recuperados a la hora de analizar las producciones de Cortés. Lo mismo ocurre con los análisis de los aforismos: de este ámbito, dos asuntos nos parecen clave para Verbolario, que pasamos a comentar a continuación, no sin antes remitir a los trabajos de y, especialmente, de ―que estudia desde esta óptica las dos obras previas mencionadas de Cortés―, esenciales para aquellos lectores interesados en este género literario.
Por un lado, el aforismo, debido precisamente a su brevedad, está estrechamente vinculado al lenguaje. Un aforismo es una idea concentrada en muy pocas palabras y, por tanto, necesariamente depurada. En una entrevista en el periódico El confidencial (), Cortés comenta que el último paso en su proceso de escritura es el de “elaborarlo todo más y más para que parezca más y más fácil, para que la prosa resulte cada vez más inevitable. La definición de escribir es, en Verbolario, ‘reescribir’, y la de reescribir, ‘quitar’” (). Escribir un aforismo conlleva un proceso de reflexión metalingüística y, en el caso de Verbolario, esto se ve todavía más potenciado por el hecho de que se está jugando en todo momento con el propio significado las palabras.
Las acepciones que aparecen en Verbolario son fruto de un proceso de depuración, lo que las convierte en una suerte de píldoras: bajo un enunciado aparentemente breve, que nos podemos beber de un trago, se encuentra una gran cantidad de información, condensada. Como comenta Cortés en el “Manual de uso” que precede a Verbolario, “cada definición encierra un mundo pequeño” (). Esto conecta con la segunda idea esencial sobre el género del aforismo, también destacada en el trabajo de . Este tipo de textos produce una paradoja, ya que son enunciados breves, “que se abarcan de un solo vistazo” (), pero cuyo significado es infinito, en el sentido de que existen múltiples lecturas posibles. Para crear esta tensión entre lo breve y la “riqueza plurisignificativa” de estos textos (), entra en juego, una vez más, ese proceso de depuración del que habla el propio autor, pero también los procesos lingüísticos que se van a exponer a continuación.
A diferencia de A las tres son las dos y Dormir es de patos, Verbolario no se presenta como una recopilación de aforismos (o bombas de mano, o balas…), aunque es innegable que comparten las características que acabamos de comentar (la brevedad y la depuración, que llevan a la riqueza informativa). De hecho, es relevante destacar el propio aspecto físico del libro, pues se vincula estrechamente con su propósito final: presentar un diccionario de diferentes significados, solo que esos significados no son los que el lector espera. En este sentido, se puede afirmar que Verbolario es un (anti)diccionario y, pese a ese afán subversivo, materialmente se presenta como un diccionario al uso: está dividido en las diferentes letras del abecedario, con un sistema de entradas en el que pueden aparecer diferentes acepciones; se presenta también, detrás de cada lema, información gramatical, siguiendo la convención de los diccionarios comunes. En la figura 1 se recoge un ejemplo en que se refleja todo esto.
Lo más interesante es que esta maquetación explota totalmente la conexión con el mundo de los diccionarios, poniendo al lector desde el primer momento en situación: algo así como una advertencia que, aunque no expresada explícitamente, nos hace ver que la obra tiene una base claramente lingüística y que en ella se van a seguir todas las convenciones lexicográficas correspondientes. Lo único que se va a tergiversar es, precisamente, el protagonista absoluto de cualquier diccionario: el significado.
A lo largo de los siguientes apartados, se va a presentar un análisis de Verbolario desde una óptica lingüística. El hilo conductor de este trabajo pretende ser el mismo que Cortés utiliza en su obra: sacar a la luz qué mecanismos se esconden detrás de las palabras y sus significados y, por tanto, detrás de cómo los hablantes conceptualizamos el mundo que nos rodea.
2. DIÁLOGO: MONÓLOGO INTERRUMPIDO. LOS CONTRARIOS
La creación de Verbolario está basada, según su propio autor, en un proceso de “desnudar palabras, esquivar su significado común para tratar de alcanzar el verdadero. Que es, casi siempre, el contrario” (). El definir una palabra partiendo de un concepto (en principio) totalmente contrario es un recurso muy utilizado en Verbolario y el hecho de que estas definiciones antonímicas, como la recogida en (1), tengan, en realidad, mucho sentido nos hace reflexionar sobre el uso que hacemos de los significados y las palabras:
Este tipo de definiciones suponen en su mayoría un cambio de perspectiva, de manera que, siguiendo el ejemplo, para concentrarse en algo hay que abstraerse del resto de cosas. Los significados de las unidades no son estancos ni están aislados, sino que interactúan los unos con los otros (de hecho, las teorías más aceptadas sobre el lexicón mental afirman que las unidades léxicas se organizan en redes, en las que las relaciones entre palabras pueden venir dadas por muchos factores ―fonológicos, ortográficos, semánticos…―; véase ; ). En concreto, en estos casos se está jugando con una antonimia para elaborar la definición, y al encontrar una equivalencia en términos aparentemente opuestos, se produce ese “cortocircuito” del que se hablaba en la introducción.
Desde un punto de vista lingüístico, los antónimos se refieren al mismo campo conceptual pero desde polos opuestos (). Nótese, por tanto, que el campo conceptual es el mismo; lo que cambia es la perspectiva que adoptamos al abordarlo. En este sentido, conceptos como la antonimia direccional (), que se da en pares como entrar/salir pueden guardar relación con este tipo de definiciones de Verbolario, puesto que encontramos un mismo marco de significado, pero representado desde diferentes extremos. Así, en un polo encontramos el término definido y en otro la definición: en una primera lectura, pueden parecer opuestas, pero, si nos detenemos en ellas, veremos que tienen muchas cosas en común.
Otro asunto distinto es cómo se produce ese viaje desde un significado hacia su contrario. Partamos de varios ejemplos para desvelar diferentes mecanismos:
- (2)
Impuntualidad: puntualidad diferida
- (3)
Enterado: ignorante con lagunas
- (4)
Odiar: haber amado
- (5)
Gigante: enano visto desde cerca
En todos estos casos, el término definido y la definición parte de un término contrario (de un antónimo). Así, lo contrario de la impuntualidad es la puntualidad (esta oposición viene dada por la morfología, con la presencia de un prefijo negativo), de odiar es amar y alguien enterado en algo es lo opuesto a un ignorante. Como hablantes, podemos percibir que la relación de oposición que se da entre todos estos términos no es la misma (por ejemplo, no puedes ser medio puntual pero sí que puedes estar solo algo enterado). Esto conecta, desde el punto de vista semántico, con los diferentes tipos de antonimia posibles (para un repaso en español, véase ).
Aunque percibamos esta diferencia en las oposiciones, lo que predomina es esa antonimia dada por la presencia de dos palabras contrarias desde un punto semántico. Para volver a igualar el significado y que, así, una palabra pueda convertirse en un término definitorio de su contrario, Cortés sigue varias estrategias. En (2), por ejemplo, se matiza el significado añadiendo un adjetivo (diferida). Lo mismo ocurre cuando define la agresividad como ‘pasividad ofendida’. El añadir ese adjetivo hace que el contenido semántico del sustantivo al que complementa se modifique y, en concreto, que se acerque de nuevo al que constituye el lema de la definición. Es algo así como un viaje de ida y vuelta: se parte de una palabra, se continua con su contrario y al final se introduce un elemento que nos hace volver a la línea de salida.
Una matización similar se da en (3), aunque el elemento que cambia el significado ya no es un adjetivo. En estos casos, tiene un peso esencial el contexto: Cortés vacía de significado la palabra para darle un matiz nuevo y, además, contrario, generándose ese cambio de perspectiva que comentábamos anteriormente. Así, al igual que sucedía con concentrarse, estar enterado implica ser ignorante en otros aspectos, como nos muestra la experiencia. O, usando otro ejemplo, la carencia implica ‘exceso’ de otra cosa. Este proceso de vaciado está anclado, como decíamos, al contexto: el significado necesariamente se relaciona con el entorno comunicativo, y con este tipo de definición Cortés está interactuando con el resto de las realidades que rodean a la palabra. Volveremos sobre la importancia del contexto en el apartado siguiente.
Que los significados no tienen límites definidos lo vemos también en (4), en donde se juega con la gradualidad que viene dada por el tiempo. El cambio de perspectiva temporal también transforma los significados, tanto desde un punto de vista más subjetivo (en la definición de odiar se reafirma la necesidad de ‘haber amado’ antes y esta aproximación conectará más o menos con el lector según su propia historia) como objetivo (nacer se define como ‘empezar a morirse’ y, en este caso, esta definición es aplicable de manera universal).
Un último caso de relaciones contrarias se refleja en (5), en el que los significados tienen que ver con lo físico y el cambio de perspectiva se produce desde el plano material. Así, aunque definamos muchas cosas partiendo de su entidad física, Cortés muestra que esa entidad puede ser variable: según nos acerquemos a un objeto, puede ese objeto perder su cualidad definitoria. En paralelo al caso de (5), enano se define como ‘gigante visto desde lejos’, dando lugar a parejas de definiciones contrarias, que reflejan esos polos (aparentemente) opuestos de los que hablábamos antes.
Estos pares exploran en muchas ocasiones el humor, como sucede en las entradas de bonsái (‘árbol perfectamente normal cuyo entorno no para de hincharse’) y árbol (‘bonsái enorme’). Además, la presencia de estas parejas muestra una planificación en la elaboración de Verbolario, en el que, por tanto, sí que encontramos un hilo conductor y cierta estructura (a diferencia de un diccionario al uso). Es por ello que insta a los lectores a respetar en su lectura el orden alfabético de la obra.
3. MADURAR: COMER ENSALADA. EL CONTEXTO
Es innegable que el contexto es esencial a la hora de interpretar los significados. La disciplina de la Pragmática se basa en estudiar cómo la situación comunicativa influye en la interpretación del lenguaje y cómo los hablantes acudimos a mucha información no necesariamente contenida en lo lingüístico para interpretar adecuadamente los mensajes. De hecho, en el esquema clásico de la comunicación (), el contexto o la situación comunicativa es uno de los elementos clave. Este concepto de contexto ha sido reformulado en varias ocasiones y ampliado para contener mucho más que la situación comunicativa entendida desde un sentido físico (quién habla, a quién, dónde y cuándo). Así, los hablantes acudimos a la información pragmática entendida en un sentido amplio (): la información lingüística que ha precedido a un momento concreto de la interacción, la propia situación comunicativa y las reglas esperables de comportamiento que se derivan de ella, pero también el conocimiento general y enciclopédico del mundo que nos rodea.
Partiendo de toda esta información, los hablantes filtramos los múltiples significados de los enunciados y de las palabras (puesto que estas rara vez son monosémicas, como se verá en el siguiente apartado) y seleccionamos la información necesaria, generando una interpretación adecuada al contexto. Para ello utilizamos diferentes estrategias, como la aplicación del principio cognitivo de la relevancia () o de la cooperación (), entre otras.
El contexto no está presente de una manera explícita en Verbolario, puesto que el afán de esta obra de funcionar aparentemente como un diccionario limita esta posibilidad: no se puede dar un contexto previo para cada una de las unidades (y para los juegos lingüísticos que se hacen con ellas, como estamos descubriendo a lo largo de este trabajo). Sin embargo, muchas definiciones solo se entienden aplicándoles el filtro de un contexto determinado, que nos fuerza a delimitar el significado de las palabras definidas. Este filtro contextual se presenta de dos maneras, que pasamos a explicar.
En primer lugar, se hace una matización de los significados muy vinculada con lo subjetivo. Así, palabras que tienen una carga positiva o negativa (es decir, que los hablantes vinculamos con algo bueno o malo) son trastocadas hacia la carga “emocional” opuesta en su definición. En términos lingüísticos, la connotación de la unidad varía. Veámoslo con los siguientes ejemplos:
En (6) se define una palabra con una carga positiva desde una perspectiva negativa; y en (7) se hace lo contrario: una palabra con carga negativa se vincula con una con connotación positiva. Más interesantes son los casos en los que palabras con una connotación totalmente neutra pasan a tener un matiz negativo, como ocurre en (8), o viceversa (9):
Este juego con las connotaciones produce un cambio de perspectiva a la hora de interpretar la palabra (de nuevo, un “cortocircuito”) y, sobre todo, nos hace pensar, casi sin quererlo, en un contexto concreto donde esta se interpretaría de acuerdo con la definición propuesta (aparentemente, estas definiciones son inesperadas, pero, al analizarlas, descubrimos en ellas la cotidianeidad del uso diario del lenguaje).
En segundo lugar, y muy conectado con este filtro contextual inesperado, Cortés juega con limitar a un significado muy concreto palabras con posibilidades interpretativas muy amplias. Se produce así un proceso de recontextualización: a partir de la definición propuesta, el lector ha de visualizar un contexto específico. Por ejemplo, en (10), al leer la definición, imaginamos perfectamente a alguien (¿un actor? ¿una escritora?) recibiendo un premio y dando un discurso desde un escenario:
Con la definición, Cortés evoca esa situación: pese a que en ella no están explicitados los elementos concretos del entorno (la palabra jurado es la que nos guía, eso sí, hacia esa interpretación), sí que están contenidos en cierta medida en la manera de formularla. Otros ejemplos de este proceso se recogen en (11) y (12), que nos llevan a las comidas en familia de Navidad o a una publicación en una red social en concreto, respectivamente:
A veces, en una misma definición pueden contenerse ambas perspectivas, una general y otra específica, lo que saca a luz una vez más las posibilidades interpretativas (que a veces chocan entre sí) de las palabras con las que nos comunicamos diariamente:
4. HOGAR: DOMICILIO EN LLAMAS. LA AMBIGÜEDAD
Como ya hemos adelantado, las palabras no tienen un significado unívoco, sino que bajo un mismo lexema se pueden encontrar múltiples significados. Esta ambigüedad de las palabras es parte de un proceso más amplio, puesto que el mundo que nos rodea es, en gran medida, ambiguo (). Es por ello por lo que el hecho de que las palabras tengan varios significados no es una excepción, sino más bien la norma. Aunque aparentemente esto pudiera conllevar dificultades a la hora de comunicarnos, lo cierto es que la ambigüedad de las palabras tiene ventajas a nivel cognitivo, ya que ayuda a los hablantes a estructurar de manera más eficiente su lexicón mental (; ).
Es, por tanto, un hecho que al enfrentarnos al mundo que nos rodea los hablantes “reutilizamos” palabras, nombrando de la misma manera a diferentes referentes. Puede ser que entre estos referentes exista o no una conexión real (aquí entra en juego el concepto de motivación de los significados, sobre el que volveremos más adelante; así como los diferentes tipos de ambigüedad léxica). En Verbolario se explota esta multiplicidad de los significados de varias maneras. En primer lugar, de manera más general, muchas entradas contienen varias acepciones (y desde un punto de vista tradicional serían, por tanto, polisémicas). Este es el caso que se da en (14) y en (15):
- (14)
Exponer: desvelar // decir // mostrar // presumir de cuadros
- (15)
Crema: miel para el rostro // hidratante para pasteles
El ejemplo de (14) refleja muy bien el proceso de “cortocircuito” que busca provocar Cortés con su obra, pues la última acepción supone un salto que nos hace cambiar el contexto desde el que interpretamos la palabra. En (15) se juega con la circularidad (uno de los problemas de los diccionarios al uso): cada uno de los significados se define con términos del otro. En esto casos, la ambigüedad de la palabra sale a la luz de manera bastante explícita; sin embargo, encontramos otros ejemplos, como el que da nombre a esta sección, donde Cortés juega con la ambigüedad en una única acepción. Pasemos a verlos en más detalle.
Si dejamos de lado los casos en los que los significados no están relacionados de ninguna manera (palabras homónimas), un proceso muy común de ambigüedad es el que se da entre rasgos concretos y abstractos. Así, en (16) Cortés recopila en una misma acepción un contexto adecuado para interpretar la palabra desestabilizarcomo un verbo aplicado a lo físico o a lo emocional. En (17) también se explora cómo las trampas pueden ser físicas o inmateriales y reconcilia ambas interpretaciones en una misma acepción. Estos ejemplos tienen mucho que ver con los procesos de metaforización, que se tratarán en el siguiente apartado.
- (16)
Desestabilizar: dar una mala noticia a quien estaba cambiando una bombilla
- (17)
Trampa: mentira cubierta de hojas secas
La ambigüedad también puede darse en el nivel de los morfemas. Así, componentes de una palabra pueden tener varios significados ―por ejemplo, -ero puede significar ‘oficio’ (panadero, zapatero), pero también la noción de ‘árbol’ (limonero, platanero). En relación con esto, a veces los morfemas derivativos quedan congelados (en un proceso de lexicalización), de manera que se pierde la interpretación del morfema (por ejemplo, no pensamos en ‘bolso pequeño’ al leer bolsillo, sino que la palabra ya tiene entidad propia). Encontramos casos como estos en Verbolario, como en (18), en el que se mezcla una lectura más transparente de los componentes de la palabra (‘re’ + ‘matar’) con otra lexicalizada en mayor grado (‘acabar’, ‘finalizar’). Otro ejemplo es el del uso de -ismo, un sufijo que se utiliza para hablar de disciplinas o movimientos, por lo que al unirse a una palabra ambigua como es columna se puede obtener una definición como la de (19):
- (18)
Rematar: ponerle la guinda al pastel (o dársela a un diabético)
- (19)
Columnismo: disciplina del periodismo que dividide a los autores en dóricos, jónicos y corintios
Además, en Verbolario se explora también el humor que se encuentra a veces bajo las ambigüedades; una relación, como demuestra , muy fructífera. Así, plata es algo valioso pero el papel de plata, no (20); o una reflexión elevada es lo mismo que una reflexión profunda (21), aunque si conectáramos esos adjetivos a referentes físicos, la sinonimia desaparecería:
5. ADVERSIDAD: SALA DE PESAS DEL ALMA. LA METÁFORA
Muy relacionada con la ambigüedad, la metáfora se alza como otro recurso muy presente en Verbolario. Cuando los significados de las palabras ambiguas están relacionados entre sí (esto es, las palabras son polisémicas y no homónimas), se considera que están motivados (para una revisión al concepto de motivación en los estudios lingüísticos, puede verse ). Esto quiere decir que algo ha hecho que, partiendo de un significado original, se cree un significado nuevo. Los motivos para que esa palabra adquiera ese nuevo significado pueden ser de varios tipos, por ejemplo que un objeto nos recuerde físicamente a otro (sierra ‘cordillera’ > sierra ‘herramienta’).
Estas extensiones de significado se relacionan con la metáfora, que desde un punto de vista lingüístico ha dejado de entenderse como un simple recurso literario, y se considera un potente mecanismo cognitivo que nos permite conceptualizar el mundo que nos rodea (). A través de los procesos metafóricos, conseguimos nombrar y conceptualizar una realidad (lo llamado “dominio meta”) a través de los elementos característicos de otro objeto o ente (lo llamado “dominio fuente”). La idea es que la metáfora nos permite (entre otras muchas cosas) volcar rasgos más vinculados con lo físico y lo material en realidades más abstractas e inasibles y, por tanto, es un proceso que permite a los hablantes hablar sobre algo en términos más cercanos a su propia experiencia. En el caso de las palabras ambiguas, corazón tiene un uso metafórico cuando hablamos del ‘asunto central de algo’: precisamente por denominarlo de esta manera, concretamos a través del lenguaje algo abstracto. La metáfora no solo se limita al ámbito de las palabras; también se da en expresiones como Esta idea está bien construida, donde se describen las ideas en los términos físicos que aplicaríamos a un edificio.
En la obra encontramos varios ejemplos de metáforas, como los recogidos a continuación (o como el que da título al apartado), en los que se usa un dominio físico para definir algo abstracto:
- (22)
Alma: ciudad en perpetuo estado de sitio
- (23)
Problema: valla que permite al paseante convertirse en atleta
- (24)
Ideología: libro de instrucciones que no se parece nada a la estantería montada
Este último ejemplo permite introducir un matiz crítico, que también encontramos bajo la entrada de política, definida metafóricamente como ‘plató’. Como vemos, la metáfora va más allá de la oposición concreto-abstracto, y sirve también para explorar las mezclas entre dominios conceptuales. Así, en (25) y en (26) se describe algo concreto partiendo de otro elemento concreto, produciendo una relación inesperada entre ambos objetos; en la misma línea, en (27) se describe un objeto como si fuera una parte del cuerpo (lo que está relacionado con las teorías de la corporeización; ):
- (25)
Fachada: primera página del edificio
- (26)
Salvavidas: cereal del mar
- (27)
Quilla: mentón del barco
Por último, pese a que ya se ha comentado que la metáfora no es simplemente un mecanismo literario, es innegable el poder evocador que tiene este tipo de construcción; esto también lo explota Cortés en varias ocasiones, con definiciones altamente evocadoras (28, 29) o que, incluso, podrían considerarse casi un microcuento (30):
6. CORTO: CUALIDAD DE LOS DÍAS CON PAN. LA CULTURA
Como diccionario, Verbolario presenta las palabras atendiendo a su significado; sin embargo, como se ha visto a lo largo del trabajo, la manera de plantear las definiciones nos hace encontrar matices inesperados y que nos trasladan a una situación comunicativa concreta. Por ello, podemos afirmar que Verbolario no solo se basa en lo lingüístico (recordemos que no deja de ser una especie de subversión del diccionario), sino que tiene una gran influencia el contexto cultural que rodea a la obra, en particular, y a nuestra sociedad, en general.
En este sentido, Cortés ha afirmado en varias ocasiones que con Verbolario nunca ha pretendido definir la actualidad: “trabajo de manera completamente desincronizada con lo que suceda. En ocasiones se producen sincronías inesperadas, pero siempre son imprevistas” (). Sin embargo, es innegable que lo cultural tiene un vínculo con la actualidad y requiere cierta conexión con el tiempo en el que vivimos como hablantes (y miembros de la sociedad). Esto hace que en Verbolario nos encontremos con definiciones que, para ser interpretadas, necesitan un anclaje al contexto sociocultural de nuestros tiempos (31) o a cierto conocimiento histórico general (32):
- (31)
Mascarilla: cobertura para el semblante hecha de tela y augurios, que sirve de mucho o de nada según el día.
- (32)
Caverna: sala de proyecciones de la antigua Grecia.
Este tipo de definiciones, aunque interesantes por otros motivos, no tienen tanto que ver con el juego lingüístico que predomina en la obra. Sí que encontramos, aun así, casos en los que lo cultural se observa también a partir del filtro del lenguaje. Un mecanismo que Cortés utiliza mucho (y que ya estaba presente en sus obras anteriores, como hemos comentado en la introducción) es la tergiversación de frases hechas, lo que supone un mecanismo humorístico y, sobre todo, una ruptura de las expectativas del lector:
- (33)
Condimentar: conseguir que el orden de los factores altere el producto
- (34)
Hielo: agua en estado de estupefacción
- (35)
Jardín: hábitat natural del político lenguaraz (también le vale un charco)
En el caso de (35), donde se juega con la expresión lexicalizada meterse en un jardín, se vuelve a percibir un tono crítico. Esto conecta con una idea predominante en la obra de Cortés, que es la importancia que tiene el estilo (no en vano, estilo se define en Verbolario como ‘la forma que el creador tiene de opinar’). Según Cortés, “no importa de lo que hables, a mi parecer importa más cómo lo haces y lo que eso desvela […] Siempre he considerado que el creador se define a través de su estilo, no de su opinión. Su estilo desvela lo que de verdad ha comprendido, mejor o peor, de las cosas” ().
A través del estilo (y en concreto, de la manera de aproximarse a los significados y a la elaboración de las definiciones), podemos percibir matices críticos. Esto tiene sentido si tenemos en cuenta que la introducción de la subjetividad es uno de los pilares de Verbolario, que pretende “desnudar las palabras”; toda aproximación al significado, dentro y fuera de esta obra, es en realidad subjetiva, pues la lengua es de los hablantes y, al fin y al cabo, la moldeamos según nuestra manera de ver el mundo. Así, en (36) el significado se configura partiendo de la perspectiva del hablante y en (37), a través de un cambio en los papeles semánticos de agente y tema, se produce una figura (casi esperpéntica) que transmite connotaciones negativas sobre la palabra definida:
7. SER: ESTAR UN BUEN RATO. LA LENGUA
En este último apartado queremos dar cuenta, en unas breves líneas, de un tipo de definiciones que son puramente metalingüísticas. Si bien toda la obra es un guiño a lo lingüístico, ya desde el propio planteamiento y el formato hasta la manera de enfocar los significados (sobre lo que ha versado este trabajo), hay ciertas definiciones en las que el estudio lingüístico es el verdadero protagonista. Por ejemplo, en (38) o (39) se introduce el término semántico antónimo, emulando una de las formas clásicas de hacer definiciones lexicográficas ().
Más claro es el peso de lo metalingüístico en los siguientes ejemplos, donde Cortés define términos que tienen que ver directamente con la disciplina de la lingüística, ya sean asuntos morfológicos (40, 41), semánticos (42), incluso sintácticos (como la definición de ser, que da título a esta sección, en la que se resume, pese a su brevedad, el gran debate sobre la distinción de las cópulas).
8. CONCLUSIONES
Que desde la lingüística haya costado tanto definir el término significado no es un asunto banal: es difícil delimitar qué significan las unidades y, por ello, aunque los diccionarios recojan un significado (o varios), las posibilidades no se agotan con esa definición lexicográfica. Cortés propone la siguiente definición, que resulta especialmente interesante porque, en un ejercicio de metaanálisis, se aproxima al protagonista de Verbolario:
- (43)
Significado: sentido que tiene una palabra, a menudo socavado por lo que significó en otro tiempo
En concreto, en esta definición se refleja el peso de la historia de los significados (o la historia etimológica; muy vinculada, de hecho, a los diccionarios al uso), y que no ha de coincidir necesariamente con el significado que los hablantes almacenamos en nuestro lexicón (o “diccionario mental”). Así, Verbolario, en su afán de descubrir significados ocultos, desvela en muchas ocasiones el diccionario real que los hablantes usamos: esto es, la información semántica que almacenamos en nuestra memoria a largo plazo, que está filtrada, en definitiva, por nuestra propia experiencia. Quizá los significados ocultos no lo son tanto: al fin y al cabo, la definición de Verbolario de oculto es ‘que está a la vista, pero es inconcebible’.
Como hemos intentado mostrar a lo largo de este trabajo, Cortés nos hace viajar por el significado de varias palabras, revelando por el camino la interpretación subjetiva que los hablantes hacemos de las unidades léxicas y demostrando que el significado es todo menos aséptico, objetivo y estanco. “Todas las palabras dan para una película porque todo, al menos para mí, encierra una historia audiovisual en potencia; desde la receta de un postre hasta una fórmula física. Todo”, afirma Cortés en la entrevista Zenda (). En este sentido, los significados (recogidos o no en Verbolario) son pequeños actos en potencia.
En definitiva, este trabajo ha querido analizar este viaje por lo semántico desde una óptica lingüística, estudiando cómo a través de los contrarios, el contexto, las ambigüedades, las metáforas, el filtro cultural o los propios componentes de la lengua, Rodrigo Cortés nos hace reflexionar sobre la naturaleza del significado y, en definitiva, sobre nuestra propia condición humana. Puesto que, como se recoge en Verbolario, las personas no somos sino ‘criaturas esculpidas de lenguaje y tiempo’.
Agradecimientos y financiación
Esta investigación cuenta con financiación del Gobierno de Aragón (Grupo de Investigación de Referencia PSYLEX; H11-23R). Quiero expresar mi agradecimiento a los evaluadores anónimos de este artículo, cuyos comentarios y sugerencias han ayudado a enriquecerlo.
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Notas
[2] Además de la selección recogida en el libro, se pueden consultar más entradas en el perfil de X de la sección ().
[3] Se puede consultar para una clasificación temática del género de los aforismos. Asimismo, en se repasa la producción de aforismos en la literatura española.
[4] No es el objetivo de este trabajo, pero la conexión de los aforismos con el estudio del humor desde un punto de vista literario y estético es innegable. En encontramos una introducción al estudio del humorismo (y su importancia para nuestra sociedad) desde esta perspectiva.
[6] Una línea de futuro de esta investigación sería, por tanto, retomar el estudio de Verbolario a través de esta revisión de la teoría del humor, clasificando las diferentes definiciones en función de sus marcas e indicadores.
[7] A la hora de citar los ejemplos, presentamos en cursiva el lema (la palabra definida, que en Verbolario se presenta en negrita y en color rojo) y la definición en letra redonda. Suprimimos la información gramatical, por no ser objeto de estudio de este trabajo. No se cita la página concreta debido al fácil manejo de la obra gracias a su estructura alfabética.
[9] Para una introducción a los conceptos fundamentales de la Pragmática, en general, y de los elementos de la comunicación, en particular, se recomienda la lectura del capítulo 2 del manual de Escandell (1996). Además, Reyes (2018) también funciona como panorámica general en español de los estudios pragmáticos.
[10] Por el contrario, Cortés también revierte nuestras expectativas cuando se define crucificar como “Definir // Clavar una libélula en un corcho // Hacer un repaso general de las capacidades de alguien ausente”. Se elimina así el contexto prototípico de esta unidad léxica (el religioso) y se da pie a otras interpretaciones posibles.
[11] En general, se considera que las palabras polisémicas son aquellas que tienen significados relacionados entre sí (y los hablantes son conscientes de esta relación); mientras que las palabras homónimas son aquellas cuyos significados no tienen un mismo origen etimológico y, por tanto, no guardan relación entre sí.
[12] Es por ello por lo que tampoco se puede entender la noción de sinonimia sin tener en cuenta el contexto (y precisamente por esto varios autores consideran que realmente no existe la sinonimia como fenómeno semántico; véase, por ejemplo, ).
[13] La motivación del significado es central para la Lingüística cognitiva; puede verse una introducción general en español a esta corriente y sus principios (entre los que se encuentra el concepto de motivación) en .
[14] Un asunto distinto es que los hablantes seamos conscientes de esta relación, que puede haberse difuminado con el tiempo. De hecho, se ha encontrado una tendencia en español a desconectar significados originariamente polisémicos ().
[15] Aquí tiene peso, además de esta tergiversación de la frase hecha, la ambigüedad de la palabra producto. Como hemos ido viendo a lo largo del trabajo, cada definición esconde un pequeño mundo y, desde el punto de vista del análisis lingüístico, también ofrece varias posibilidades de interpretación, no limitadas a un único mecanismo.



