La obra que se reseña a continuación constituye la segunda edición del libro Morphology. From Data to Theories, de Antonio Fábregas y Sergio Scalise, publicado por primera vez en 2012. Se trata de un manual de morfología destinado especialmente a estudiantes avanzados de lingüística, aunque también puede resultar útil para docentes universitarios porque, entre otras razones, contiene al final de cada capítulo una batería de ejercicios sobre los contenidos tratados que pueden ser trabajados en clase de Morfología. Muchos de estos ejercicios son de carácter abierto, puesto que en ellos se propone la recolección de datos lingüísticos para su posterior análisis, de modo que permiten que cada lector escoja la lengua en la que desee centrarse.
En la actualidad existen muchos manuales de morfología, pero la mayoría presenta la desventaja de exponer los fenómenos desde la perspectiva de un enfoque teórico concreto, generalmente el defendido por el autor. En cambio, Fábregas y Scalise muestran de manera objetiva las cuestiones morfológicas más controvertidas desde la óptica de los tres modelos de análisis tradicionales ―Elementos y Distribución, Elementos y Procesos, Palabra y Paradigma― y de los dos marcos teóricos más recientes ―la Morfología Distribuida de Halle y Marantz y la Morfología de Construcciones de Booij―, con la finalidad de destacar tanto las discordancias existentes entre ellos como los puntos en común. La inclusión de datos de lenguas pertenecientes a distintos tipos morfológicos sirve de ayuda a los autores para confirmar o invalidar las principales hipótesis que han sido propuestas en morfología. La introducción y comparación de ejemplos de lenguas tan diferentes también es interesante porque permite comprobar que no es posible realizar una descripción morfológica universal, si bien se detectan ciertos patrones comunes, ya que cada tipo de lengua posee su propio modo de codificar las propiedades morfológicas.
Otro punto original de la obra tiene que ver con los fenómenos morfológicos que los autores han seleccionado para ser examinados: estos no solo son relevantes para la delimitación de la morfología, sino también para la descripción de la arquitectura de la gramática, pues constituyen cuestiones que deben ser abordadas teniendo en cuenta las conexiones y solapamientos que se producen entre la morfología y los demás componentes de la gramática.
El libro se organiza en torno a dos prólogos ―uno correspondiente a la primera edición y el otro, a la segunda― y diez capítulos. La novedad de esta segunda edición con respecto a la primera la constituyen los capítulos 9 y 10, centrados en cuestiones morfológicas que son estudiadas desde la psicolingüística y que han despertado el interés de muchos autores en los últimos años. Excepto el primer capítulo, donde se tratan nociones básicas de la morfología, los demás poseen la misma disposición de contenidos: en primer lugar, se explican los conceptos más relevantes asociados al tema sobre el que gira cada capítulo y, posteriormente, se presentan los principales problemas que estos plantean, así como las distintas soluciones propuestas desde cada enfoque morfológico. Al final de cada capítulo se incluye, además de los ejercicios, una lista muy completa de referencias bibliográficas sobre los aspectos revisados. Aunque en ella también figuran obras clásicas, abundan los trabajos más recientes, lo que denota el interés de los autores por dar cuenta de las últimas tendencias en los estudios morfológicos.
Como ya se ha indicado, en el primer capítulo se abordan las nociones morfológicas fundamentales. Además de ofrecer una definición clásica de la morfología y de detallar las principales cuestiones que suelen ser examinadas en esta disciplina, los autores presentan brevemente un tema muy debatido en los estudios gramaticales: el lugar que ocupa la morfología en la gramática. Mientras que en la Morfología Distribuida se entiende que la morfología forma parte de la sintaxis, en la tradición lexicalista se defiende que la morfología y la sintaxis son componentes distintos de la gramática, puesto que los principios que operan en la creación de palabras no son los mismos que regulan la formación de unidades superiores a la palabra. Posteriormente, se explican sucintamente los conceptos básicos empleados en morfología, cuya comprensión es necesaria para entender las cuestiones tratadas en los capítulos siguientes: la noción de lexicón, el bloqueo morfológico, la diferencia entre palabras existentes y palabras potenciales, las clases de morfemas, los tipos de afijos, los procesos morfológicos ―flexión y formación de palabras―, los límites entre la alomorfía y el supletivismo, y la productividad.
El segundo capítulo está centrado en las unidades morfológicas. Después de definir el concepto de morfema y de exponer los criterios que suelen ser manejados para delimitar la noción de palabra, junto con los problemas asociados a ellos, los autores explican cómo son tratadas las unidades desde los distintos enfoques teóricos existentes y aportan pruebas a favor y en contra de cada uno de ellos. Por una parte, en el modelo Elementos y Distribución se acepta la existencia de los morfemas, que son almacenados en el lexicón de manera individual, y se asume que estos poseen una correspondencia biunívoca entre forma y significado. La objeción principal que presenta este enfoque es que no siempre es posible hallar esa correspondencia uno a uno, pues en las lenguas se localizan, por ejemplo, contenidos que carecen de expresión fónica, como sucede, según indican los autores, con la forma verbal inglesa sang, que denota pasado sin que esté visible el morfo que soporta ese significado.
Por otra parte, en el modelo Elementos y Procesos también se reconoce la existencia de morfemas y se considera que la unidad básica es la raíz. No obstante, los morfólogos que siguen este enfoque no sostienen que los morfemas estén almacenados en el lexicón de manera individual, sino que entienden que son las palabras las que se hallan almacenadas y que los afijos son simples marcadores de algún proceso que opera sobre la raíz. La ventaja fundamental de este modelo es que no necesita manejar el concepto de ‘morfo cero’. Por su parte, el modelo de la Morfología Distribuida se caracteriza por defender que las raíces se encuentran almacenadas en el lexicón sin información sobre su categoría léxica, que es actualizada cuando estas se combinan con otros elementos.
En cuanto al modelo Palabra y Paradigma, en él se niega la existencia de morfemas, de modo que no se identifican constituyentes internos en las palabras, y se entiende que solo las palabras enteras son las que están almacenadas. Por tanto, aquí las palabras constituyen las unidades básicas y las relaciones existentes entre ellas se explican por su integración en paradigmas, donde cada forma de una palabra manifiesta un conjunto diferente de propiedades gramaticales. En cambio, en la Morfología de Construcciones las unidades básicas almacenadas en el lexicón no son las palabras, sino las construcciones, concebidas como esquemas que poseen de manera conjunta una forma y un significado.
El tercer capítulo está dedicado a las estructuras morfológicas y su contenido se organiza en dos partes: en un primer momento, se exponen los argumentos a favor de la existencia de la estructura interna de las palabras y, a continuación, se muestran las evidencias en contra. Dado que los modelos Elementos y Procesos y Palabra y Paradigma no admiten que las palabras puedan ser descompuestas en unidades más pequeñas, estos no aceptan que las palabras tengan estructura interna. Por tanto, solo el modelo Elementos y Distribución defiende que la combinación y la organización de morfemas permiten que las palabras posean una estructura y que esta exhiba unas determinadas propiedades semánticas y formales. Entre los argumentos que respaldan la existencia de las estructuras morfológicas se encuentra el siguiente: para poder explicar la presencia de dos interpretaciones semánticas en una misma palabra es necesario observar la manera en que se estructuran sus constituyentes, pues dependiendo de cómo se organicen se manifiesta un significado u otro. A modo de ejemplo, el significado “que puede dejar de ser útil, que puede ser inutilizado” corresponde a la estructura [[[in[util]A]Aiza]Vble]A, mientras que el significado “que no puede utilizarse” se manifiesta cuando el adjetivo inutilizable presenta la estructura [in[[[util]Aiza]Vble]A]A. Por otro lado, los morfólogos que rechazan la idea de que las palabras poseen estructura interna se apoyan en la existencia de ciertas situaciones problemáticas, como la exocentricidad, las paradojas de encorchetamiento y la parasíntesis.
El cuarto capítulo está centrado en los procesos flexivos. Tras enumerar las propiedades de la flexión, los autores dedican bastantes páginas a la noción de paradigma, puesto que los modelos morfológicos difieren en cuanto al estatus que le asignan en la organización del componente morfológico. Así, en el enfoque Elementos y Distribución se concibe el paradigma como una lista de formas obtenidas cuando una palabra se combina con todos los morfemas flexivos que puede recibir. Cada morfema añade a la palabra diferentes propiedades gramaticales, con el fin de que pueda ser empleada en los distintos contextos sintácticos. En cambio, en el modelo Elementos y Procesos, el paradigma es entendido como la lista de formas creadas mediante la aplicación de operaciones que recibe la base y en el modelo Palabra y Paradigma, como objetos morfológicos compuestos por celdas ocupadas por formas con propiedades gramaticales específicas y que sirven para organizar las palabras flexivas. El capítulo finaliza con la exposición de algunos fenómenos que afectan al paradigma: el sincretismo, la defectividad, el supletivismo, la deponencia, la sobreabundancia y la irregularidad, especialmente la verbal.
En el quinto capítulo, en primer lugar, los autores se ocupan de revisar las propiedades de la derivación y los distintos tipos de cambio involucrados en los procesos derivativos. Por un lado, ciertos procesos producen un cambio en la categoría gramatical de la base, acompañado de un cambio formal (bello,aA > bellezaN ‘cualidad de bello’). Por otro, algunos procesos derivativos modifican el significado de la base sin que se produzca un cambio de categoría (álamo > alameda) y otros, como la conversión, alteran la categoría gramatical de la base sin imponer un cambio fonológico (inglés attackN > attackV). Asimismo, los procesos derivativos pueden suponer cambios en la estructura argumental de la base. A modo de ilustración, el verbo volar en español es intransitivo, mientras que sobrevolar es transitivo, pues exige especificar como objeto el lugar donde ocurre el evento. En segundo lugar, Fábregas y Scalise reflexionan brevemente sobre los límites entre la flexión y la derivación mediante el caso de la morfología apreciativa: esta se asemeja a la flexión, porque nunca cambia la categoría gramatical de la base y es un proceso muy productivo; no obstante, también se acerca a la derivación, puesto que los morfemas apreciativos tienden a aparecer en la parte más interna de la palabra, de manera que no intervienen en los procesos sintácticos de concordancia (lejos – lej-it-os) y, a veces, aporta a la base un significado no predecible (mano – manecilla ‘aguja del reloj’ y no ‘mano pequeña’).
La revisión de la morfología léxica se completa en el sexto capítulo, dedicado a la composición y a otros procesos de formación de palabras. En los apartados centrados en la composición se presentan, primero, las características generales de este proceso, así como las clases básicas de compuestos teniendo en cuenta diversos criterios ―presencia o ausencia de un elemento nuclear y tipo de relación establecida entre los constituyentes― y, posteriormente, los puntos más problemáticos en la descripción de la composición, como es el caso de la diferenciación entre compuestos y frases. Resulta muy interesante la comparación de compuestos del japonés y del inglés que se ofrece en la sección 6.4, puesto que evidencia que no todas las combinaciones de categorías léxicas son posibles para formar compuestos en cada lengua ni todas son igual de productivas. En lo que se refiere a la parte del capítulo dedicada a otros procesos de creación de palabras, aquí los autores se ocupan del acortamiento, la reduplicación, la acronimia y el blending.
En los dos capítulos siguientes, Fábregas y Scalise pretenden dar cuenta de la relación existente entre la morfología y el resto de los componentes de la gramática. Así, en el séptimo capítulo recuperan un tema ya expuesto de manera concisa en el primer capítulo ―el lugar que ocupa la morfología en la gramática con respecto a la sintaxis―, para explicar ahora con mayor detalle los distintos principios que rigen las teorías lexicalistas y el construccionismo, así como los argumentos que manejan los morfólogos en cada teoría para justificar su postura. Mientras que desde el lexicalismo se opta por defender que el lexicón, conformado por listas de formas y reglas para crear palabras, es el primer componente generativo, que brinda unidades a la sintaxis para que esta forme frases y oraciones, desde el construccionismo se entiende que la sintaxis es el único componente generativo de la gramática, de manera que la morfología es interpretada como un módulo al servicio de la sintaxis, que interpreta las estructuras generadas por esta para modificarlas aportando algunas propiedades formales.
En el octavo capítulo se reflexiona sobre la interacción de la morfología con la fonología y con la semántica. En lo que concierne a la relación entre la morfología y la fonología, los autores presentan las cuestiones fundamentales en las que se han centrado los morfólogos para poder responder a la siguiente pregunta: ¿cómo se determina la forma fonológica de un morfema? De este modo, uno de los puntos tratados por los morfólogos es la ordenación entre la fonología y la morfología. Acerca de esta cuestión existen diferentes propuestas. Por un lado, la teoría de los estratos lexicales supone que el lexicón está dividido en niveles y que en cada uno de ellos se produce una conexión entre las operaciones morfológicas y las fonológicas. Por otro, en la hipótesis de la separación se asume que la información morfológica es archivada de manera separada, esto es, en un lugar diferente de la representación fonológica de los morfemas. Por su parte, la hipótesis de la inserción tardía, apoyada por la Morfología Distribuida, se basa en la idea de que la morfología precede a la fonología.
Con respecto a la relación entre la morfología y la semántica, los autores exponen dos puntos muy discutidos en la bibliografía especializada: la descomposición del significado de las unidades morfológicas y la explicación de la impredecibilidad del significado en las palabras complejas. En cuanto al primer punto, el debate oscila entre los que consideran que las palabras no pueden descomponerse en unidades de significado más pequeñas y los que entienden que sí es posible la descomposición. La cuestión de la impredecibilidad semántica es tratada desde el lexicalismo, la Morfología Distribuida y la Morfología de Construcciones, con la finalidad de conocer como concibe cada enfoque teórico el almacenaje de los significados especiales de las palabras. Por una parte, en el lexicalismo se asume que las palabras con este tipo de significado están almacenadas en el lexicón presintáctico, junto con sus unidades de significado no predecibles. Por otra, la Morfología Distribuida considera que el significado no esperado es guardado en una lista, denominada ‘enciclopedia’, a la que solo se tiene acceso una vez hayan concluido las operaciones sintácticas. Finalmente, en la Morfología de Construcciones, dado que se entiende que las construcciones, dotadas de un significado y una forma, son almacenadas en su forma completa y no como unidades individuales, no es esperado el significado composicional, es decir, se cree que el significado de las construcciones no es derivado del de sus componentes.
Por último, en los capítulos 9 y 10 se presentan los estudios morfológicos que se han llevado a cabo desde la psicolingüística. En el capítulo 9, se describen los métodos y técnicas usados para acceder a los procesos mentales de los hablantes durante la producción y la comprensión; mediante dichos procedimientos se obtienen datos sobre el comportamiento del hablante, con el fin de evaluar si estos son compatibles con una hipótesis morfológica específica. Los autores también exponen los resultados alcanzados en algunas investigaciones morfológicas realizadas mediante esas técnicas. Cabe resaltar, a modo de ilustración, las diferentes explicaciones surgidas tras investigar el modo en que los hablantes procesamos la producción y la comprensión de las lenguas: ¿las palabras son almacenadas como bloques o son producidas y comprendidas mediante la aplicación de reglas? Por un lado, las denominadas ‘teorías de la doble ruta’ suponen que el almacenamiento y la computación coexisten en la mente de los hablantes y que se pueden aplicar de manera simultánea. Las ‘teorías de la ruta múltiple’ son variantes de las anteriores y se centran en la posibilidad de que la computación pueda ser aplicada a diferentes niveles. Por otro lado, existe un grupo de teorías que solo defienden el almacenamiento: todas las palabras, sean opacas o transparentes semánticamente, están almacenadas como unidades enteras y se relacionan unas con otras a través de la memoria asociativa.
En el capítulo 10, los autores tratan una de las primeras cuestiones morfológicas que fueron abordadas en psicolingüística: la manera en que los hablantes adquieren, por una parte, la L1 y, por otra, la L2 y la L3. Un asunto interesante que ha sido estudiado desde esta perspectiva se refiere al papel que juega la L1 en la adquisición de segundas lenguas. Algunos autores postulan que los rasgos gramaticales no usados en L1 no pueden ser activados en la L2. Sin embargo, los resultados obtenidos mediante la aplicación de los métodos descritos en el capítulo 9 evidencian que la afirmación anterior no siempre es válida, dado que se observa con frecuencia que los errores cometidos en la L2 no se deben a la ausencia de esas características gramaticales en la L1.
En definitiva, Fábregas y Scalise nos ofrecen una revisión muy exhaustiva de los aspectos morfológicos más debatidos en la bibliografía especializada, aportando ejemplos de lenguas muy distintas entre sí y exponiendo los principios e hipótesis que cada enfoque teórico maneja para explicar el funcionamiento del componente morfológico. Considero que el mayor acierto de este libro es que también incluye los modelos morfológicos más recientes, con el fin de contrastarlos con los tradicionales, de modo que podemos tener una visión global de las principales diferencias existentes entre ellos.


