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Rodríguez Toro, José Javier. 2024. La antroponimia del Reino de Sevilla. Estudios. ISBN: 978-84-472-2599-6

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  • Claudia Elena Menéndez Fernández+−
Claudia Elena Menéndez Fernández
Universidad de Oviedo
Spain
https://orcid.org/0000-0002-3631-0858
Biografía
Vol. 52 (2025), Revista de libros
https://doi.org/10.15304/verba.52.10148
Recibido: 2024-09-30| Publicado: 2025-06-04
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Menéndez Fernández: Rodríguez Toro, José Javier. 2024. La antroponimia del Reino de Sevilla. Estudios, Sevilla: Editorial de la Universidad de Sevilla [228 pp.] ISBN: 978-84-472-2599-6.

Sumario

    Los especialistas en antroponomástica recibirán con entusiasmo este volumen ofrecido por el profesor sevillano José Javier Rodríguez Toro, contribución que sin duda viene a dotar de más protagonismo a una disciplina tantas veces considerada como la “pariente pobre” de la Lingüística Románica ().

    Tras el correspondiente índice con que se abre la obra, se da paso a un escueto preámbulo () en el que el autor ―o así ha de suponerlo el lector, pues no hay ninguna marca personal que lo indique― nos revela las características que han guiado en lo esencial la estructura y motivación del libro. Se trata entonces de un compendio de 13 trabajos, publicados originalmente por Rodríguez Toro en diversas revistas entre 2002 y 2022, que se reúnen y presentan aquí en orden cronológico con el ánimo de favorecer su consulta y divulgación. El hilo conductor que atraviesa todos los trabajos es el estudio de la antroponimia sevillana de los siglos XV y XVI, coincidiendo con uno de los periodos más esplendorosos del llamado Reino de Sevilla. A esta recensora le habría parecido oportuno incluir una brevísima contextualización histórico-geográfica de este territorio, que solo puede intuirse a través de menciones dispersas entre los trece capítulos compilados.

    En los seis primeros artículos el corpus documental empleado como objeto de análisis consta de un amplio número de censos ―conservados en buena medida en el Archivo Municipal de Sevilla―, mientras que en los siete restantes son los libros de bautismo de diferentes parroquias sevillanas los que se someten a escrutinio. En este sentido, la labor de archivo llevada a cabo por el autor a lo largo de las dos últimas décadas es, del todo punto, digna de elogio. Cabe destacar también que los artículos se reproducen sin apenas cambios con respecto a los originales, y que el autor ha intervenido únicamente para homogeneizar la bibliografía y relacionarla al final del volumen en un solo listado, lo que juzgamos como un gran acierto para evitar repeticiones innecesarias.

    Se consignan a continuación los títulos de las trece contribuciones, así como unas notas forzosamente breves sobre el contenido de cada una:

    1) “Aportaciones al estudio del nombre de familia bajomedieval” (): el autor discute la concepción que sobre el nombre de familia tienen dos estudios previos ―el de Nunes y Kremer, de carácter elusivo; y el de Viejo Fernández, quien le otorga un uso bastante restrictivo― y propone, a raíz del seguimiento de una serie de padrones de población de una misma localidad, una definición más amplia (en la que sin embargo no da cabida al patronímico). Así, según él, podría hablarse de nombre de familia cuando el sobrenombre desde el que se fijó ha perdido la motivación original y, al mismo tiempo, en esa cristalización hay implícita una relación de parentesco.

    2) “Sobre antroponimia femenina bajomedieval” (): la poca relevancia social de la mujer en la Edad Media se traduce en su escasa aparición en la documentación y, por tanto, en dificultades para estudiar su antroponimia. Con todo, Rodríguez Toro se centra en el análisis de las cadenas onomásticas de 228 mujeres registradas en los padrones de Alcalá de Guadaíra entre 1426 y 1444. Se observa que es en la categoría del sobrenombre donde se acentúan las diferencias entre las denominaciones masculinas y femeninas, pues en la mujer hay una mayor resistencia a su uso y, cuando se emplea, con frecuencia parece ser una mera repercusión del de su marido (p.ej: Marina Garcia muger de Pero Martinez gallego → Marina Garcia gallega).

    3) “Consideraciones en torno al estudio de los antropónimos sevillanos del s. XV” (): hasta la primera mitad del siglo XV, el sistema onomástico sevillano se caracterizaba por la presencia de tres elementos: el nombre de pila, el apellido (fundamentalmente patronímico) y el sobrenombre. Sin embargo, ya desde finales del siglo, y con la inmovilización sufrida por el patronímico, el sobrenombre ―que tenía mayor capacidad identificativa― irá ganando terreno y desplazándose hasta la segunda posición de la cadena onomástica.

    4) “La antroponimia del Reino de Sevilla. «Collacion de Sant Lloreynte» (1408-1488)” (): se analizan diferentes censos de la parroquia de San Lorenzo atendiendo a cuatro elementos antroponímicos. Estos son: el nombre de pila (con especial abundancia de nombres como Juan, Al(f)onso y Pe(d)ro), el patronímico (que se transmite inmovilizado entre generaciones), el nombre toponímico (que se va trasladando hacia la segunda posición de la cadena onomástica conforme pierde su sentido primigenio de “procedencia”) y el sobrenombre (integrado, según el autor, por apodos, gentilicios y nombres de oficio, y que se vuelve imprescindible para evitar confusiones entre individuos con un nombre de pila y un patronímico coincidentes). No nos resulta adecuada la separación que se establece aquí entre el nombre toponímico y el sobrenombre. Y es que dentro de este último también han de quedar integrados los nombres toponímicos (cf. ). Esta incongruencia se subsana en otros capítulos, en los que sí se considera el nombre toponímico como un tipo de sobrenombre ().

    5) “Los nombres de pila españoles en época preclásica (según el padrón general de Sevilla, 1533)” (): si bien no se detecta una ruptura drástica con las tendencias de la antroponimia bajomedieval, sí que se constatan algunos cambios interesantes, como el descenso notable del uso del nombre hispanogótico o la generalización de las variantes plenas de ciertos nombres (Rodrigo) en detrimento de las reducidas (Ruy).

    6) “De onomástica rural andaluza: la Sierra de Aroche (año 1407)” (): a través del padrón de una de las demarcaciones en que se dividía el Reino de Sevilla, se estudia la denominación (y las posibilidades combinatorias de los diferentes antropónimos) de 1.815 hombres y 277 mujeres. Sobresale la estructura básica de nombre de pila + patronímico fosilizado, aunque también va ganando peso la adición de un sobrenombre.

    7) “El nombre de pila español en los albores del Siglo de Oro (a propósito del «Libro de baptizados en esta Santa Iglesia de Sevilla»)” (): el autor realiza un exhaustivo examen del mencionado libro de bautizados y destaca, entre otros aspectos, la alta frecuencia de imposición de nombres masculinos como Juan, Francisco y Pedro y de los femeninos Isabel, Catalina y Juana. Además, también presta atención a los posibles factores que podrían condicionar determinadas modas onomásticas, como la elección por parte de la comunidad genovesa de Sevilla de nombres poco frecuentes como símbolo de diferenciación social, frente al uso recurrente de nombres más conocidos por parte de los esclavos, quizás con el fin de favorecer su integración en la sociedad.

    8) “Baltasar, Gaspar y Melchor en el siglo XVI (El Sagrario, Sevilla)” (): la popularización de estos tres nombres, motivada por el culto a la tradición de los Reyes Magos, comienza a ser notoria a partir del siglo XVI. En los libros bautismales de la Iglesia del Sagrario de Sevilla, el autor encuentra 320 ocurrencias de Gaspar, 207 de Melchor y 206 de Baltasar. Conviene señalar que buena parte de los individuos bautizados con estos nombres lo fueron en el mes de enero, en que el calendario litúrgico celebra la Epifanía de los Reyes.

    9) “De los nombres de María en la Sevilla del quinientos” (): el nombre de María adquiere un papel relevante en el Siglo de Oro, no solo por la mayor difusión de los nombres múltiples ―siendo con frecuencia María uno de los integrantes―, sino también por la influencia que, desde la Contrarreforma, tenían las advocaciones marianas. Así lo confirma Rodríguez Toro mediante el estudio de diferentes libros de bautismo sevillanos, donde observa la preponderancia de tres fórmulas denominativas: María + de + misterio mariano / símbolo litúrgico, etc. (p.ej. María de los Ángeles); María + Nombre (p.ej. María Agustina) y Nombre + María (p.ej. Ana María).

    10) “Acercamiento a la onomástica de tres minorías sevillanas del s. XVI” (): en este interesante artículo, Rodríguez Toro caracteriza las denominaciones de tres grupos humanos minoritarios en la Sevilla del XVI. Los hermanos gemelos: llama la atención la repetición del nombre de pila, con incidencia del santoral, entre hermanos de distinto sexo (Lorenzo y Lorenza), así como la alusión a nombres de santos con estrecha vinculación entre sí (Justa y Rufina, Cosme y Damián, etc.). Los cristianos nuevos: estos solían preferir nombres frecuentes (Juan, Pedro...), con el deseo de facilitar su integración social. Los extranjeros: no constituían un grupo homogéneo y se detectan diferencias importantes, como la preferencia de los genoveses por nombres menos conocidos (p.ej. Argenta), tal y como ya había quedado referido en un capítulo anterior (§7).

    11) “Para la historia de los antropónimos compuestos con la preposición «de» (Sevilla, s. XVI)” (): se analizan fórmulas onomásticas que siguen el esquema Nombre + de + Adyacente, donde el adyacente alude en 73 ocasiones a virtudes, devociones marianas, etc. (p.ej. Diego de la Cruz); y, en 42 casos, a nombres de santos (p.ej. Juan de Santo Domingo). Se localizan muy pocos ejemplos de miembros procedentes de las clases altas que portaran este tipo de antropónimos.

    12) “El nombre de pila doble en el siglo XVI: la aportación de los libros de bautismo sevillanos” (): la proliferación de los nombres dobles se constata en el español medio como uno de los cambios antroponímicos más importantes, posiblemente con el fin de evitar el creciente número de homonimias. Tras el estudio de las frecuencias de aparición de los diferentes nombres, Rodríguez Toro encuentra en el santoral cristiano y en el nombre de los progenitores las principales razones de imposición onomástica, que son en definitiva las tendencias fundamentales que vienen mediatizando el sistema antroponímico europeo desde antiguo (cf. ). Según los libros de bautismo examinados, el nombre doble masculino aparece en Sevilla antes que el femenino, aunque a finales del siglo XVI este último ya es más abundante, con especial difusión del caso de Ana María.

    13) “La elección del nombre de bautismo en el siglo XVI: el caso de Jacinto” (): en el último de los trabajos seleccionados, el autor trata de demostrar que la popularización del nombre de Jacinto en la ciudad hispalense durante un breve periodo de tiempo estuvo motivada por la canonización de Jacinto de Cracovia, declarada en abril del año 1594.

    En definitiva, este volumen supone una contribución de indudable valor a los estudios sobre antroponomástica. Las inconsistencias terminológicas encontradas no llegan a ensombrecer la minuciosidad de análisis y la prosa elocuente que recorren los trece trabajos compilados, en una buena muestra de la calidad científica que atesora la trayectoria investigadora del profesor José Javier Rodríguez Toro.

    Bibliografía

    1 

    Cano González, Ana María; Kremer, Dieter. 2001. Onomastik / Onomastique. Eigennamen / Estudio de los nombres propios. En Günter Holtus, Michael Metzeltin y Christian Schmitt (eds.), Lexicon der Romanistischen Linguistik (LRL), Tübingen: Max Niemeyer Verlag, I(1), 868-899. https://doi.org/10.1515/9783110938388-036.

    2 

    Cano González, Ana María; Schmid, Beatrice. 2007. Presentación del Dictionnaire historique de l’anthroponymie romane (PatRom). En Ana María Cano González, Jean Germain y Dieter Kremer (eds.), Dictionnaire historique de l’anthroponymie romane (Patronymica Romanica). Volume I(1). Introductions. Cahier des normes redactionnelles. Morphologie. Bibliographies, Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 13-28. https://doi.org/10.1515/9783484971455.13.

    3 

    Menéndez Fernández, Claudia Elena. 2021. Tendencias onomásticas en la imposición de nombres y sobrenombres a los niños expósitos. El caso de Asturias en comparación con otros lugares de la Romania. Nouvelle Revue d’Onomastique 63, 271-302.

    4 

    Mitterauer, Michael. 2001. Antenati e santi. L’imposizione del nome nella storia europea, Torino: Einaudi.

    Notas

    [1] Referimos las etiquetas utilizadas por el autor, aunque no acaba de convencernos el valor que le asigna al apellido como una entidad distinta del sobrenombre, pues siguiendo a : “Todo apellido es originariamente un sobrenombre (o segundo nombre) y pudo formarse sobre un nombre personal, sobre un topónimo o sobre un lexema”.

    [2] Esta misma tendencia de imposición onomástica es observable en los expósitos abandonados el mismo día en el Hospicio de Oviedo durante los siglos XVIII y XIX ().

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    Claudia Elena Menéndez Fernández

    -Grado en Lengua Española y sus Literaturas por la Universidad de Oviedo (2012-2016)

    -Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional por la Universidad de Oviedo (2016-2017)

    -Actualmente cursa Programa Oficial de Doctorado en Investigaciones Humanísticas de la Universidad de Oviedo

    -Becaria de investigación y docencia en el departamento de Filología Clásica y Románica de la Universidad de Oviedo, según el programa "Severo Ochoa" de becas predoctorales para la investigación y docencia del Principado de Asturias.

     

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    • Claudia Elena Menéndez Fernández, El «neutro de materia» en los Libros de los Expósitos del Real Hospicio de Uviéu (s.XVIII) , Verba: Anuario Galego de Filoloxía: Vol. 47 (2020)
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