1. INTRODUCCIÓN
Los estudios sobre reproducción del discurso han perseguido dos objetivos: a) caracterizar el fin textual, discursivo o social de incluir las palabras de otro hablante dentro del discurso propio, y b) sistematizar los mecanismos desarrollados para tal fin. La diferencia fundamental entre las investigaciones clásicas, que abordan el análisis del discurso reproducido (DR) en la literatura, y los trabajos lingüísticos más recientes, que se centran en las manifestaciones cotidianas del DR (cf. ; ; , ), es que mientras las primeras pretenden caracterizar el funcionamiento del DR en un género específico, los segundos se acercan a las obras literarias como un “depósito testimonial de fenómenos evolutivos” ().
Dado que la lingüística histórica solo puede recurrir a diferentes tipos de textos escritos para reconstruir la oralidad (; ; ; ), la literatura ha sido una fuente de datos preferida, aunque ahora goce de una popularidad decreciente. Lo que para es un interés “que me atrevería a calificar de obsesivo en investigar fenómenos propios de la inmediatez comunicativa” ha desembocado en una atención mínima al funcionamiento del DR como convención de la distancia comunicativa y rasgo propio de las obras literarias.
Nuestro objetivo es ofrecer una aproximación a la finalidad, recursos y estrategias empleados en la reproducción del discurso en la narración literaria. Nos centramos en las expresiones lingüísticas encargadas de su introducción e identificación en cuatro obras narrativas medievales: Sendebar (s. xiii), Calila e Dimna (s. xiii), El Conde Lucanor (s. xiv) y Libro del Cavallero Zifar (s. xiv). A través del estudio y la caracterización de sus marcos de cita pretendemos comprender qué elementos sintácticos y discursivos comienzan a adquirir un valor de signo propio y se transforman, en los textos medievales, en componentes caracterizadores de un género discursivo que evolucionará a lo largo del tiempo: la narración literaria.
En concreto, analizamos la posición del marco de cita y abordamos dos factores relacionados entre sí: la posición del marco con respecto a la cita que introduce y la complejidad del marco dependiendo de su posición. Problematizaremos las definiciones y características del DR para 1) describir y analizar los rasgos de los marcos de cita (posición, complejidad y extensión) en cuatro narraciones medievales y 2) determinar qué características son signos incipientes de esta construcción textual.
2. REFLEXIONES SOBRE EL DISCURSO REPRODUCIDO
2.1. La reproducción del discurso
Reproducir un discurso supone relacionar dos situaciones comunicativas distintas: el locutor, hablante de una situación enunciativa (S1), reproduce el objeto lingüístico de una situación enunciativa distinta (S2), emitido originalmente por un enunciador. La relación entre ambas situaciones puede ser diversa, de modo que el locutor y el enunciador pueden compartir un mismo referente en el mundo real (1a), aunque lo más frecuente es que no lo hagan (1b). Lo importante es que locutor y enunciador pertenezcan a situaciones comunicativas distintas, diferenciadas fundamentalmente por sus coordenadas espacio-temporales.
En la actualidad, el concepto de cita es extremadamente amplio e incluye, entre otros mecanismos, las denominadas citas expresas, citas no expresas y figuras de distancia enunciativa (). Significativamente, aquello que opone a las citas expresas del resto de modos de reproducción es su capacidad de anunciarse de algún modo dentro del discursos, pues son las únicas que están “sintácticamente articuladas como citas, con verbos introductores y frases yuxtapuestas o subordinadas” (). En ellas se distinguen dos partes fundamentales: el marco de cita, denominado también marco reproductor o expresión introductoria y la cita en sí misma.
Pese a la prolija bibliografía en torno a la reproducción del discurso, no existen prácticamente acercamientos teóricos y descriptivos sistemáticos a los marcos de cita, expresiones lingüísticas encargadas de ordenar, orientar y explicitar el contenido de la cita (; ; ; ). La escasez bibliográfica contrasta con la importancia innegable de la expresión introductoria en la construcción del discurso reproducido en, al menos, dos sentidos: a) el marco define, para muchos autores, la (in)existencia de la reproducción del discurso, y b) en buena parte de los estudios la expresión introductoria permite distinguir entre sí los diferentes modos de reproducción.
2.1.1. Marco de cita: condición del discurso reproducido
Si se admite que, como detallaremos más adelante, una de las funciones del marco de cita es explicitar la reproducción del discurso, es inevitable entender las expresiones introductorias como un componente intrínseco de, al menos, las citas expresas —tal y como señalan o —, si no del conjunto del discurso reproducido, como defienden Girón Alconchel (, ) y , quienes entienden la reproducción en sentido más restringido.
Sin embargo, Maldonado González (, ) defiende que la aparición de un potencial marco no es condición suficiente para determinar la existencia del DR. La autora distingue la reproducción a partir del tipo de verbo presente en la expresión introductoria; para ella, solo aquellos enunciados introducidos por medio de un verbo dicendi serán entendidos como ejemplos de DR, pues “una cita solo es cita directa de un discurso directo o cita indirecta de un discurso indirecto si la expresión incluye un verbo de comunicación verbal flexionado” ().
En contraposición, , , y , entre otros, reconocen el predominio de los verbos de comunicación como núcleos de las expresiones introductorias, pero admiten como marcos de cita los verbos comentativos, de pensamiento y de percepción, “que no se construyen como los verbos de comunicación [...] pero que sí transmiten, verbalizándolos, los contenidos del pensamiento o la percepción” (). De esta manera, buena parte de la falta de consenso en torno a la definición de los límites de la reproducción del discurso parece consecuencia directa de la ausencia de acercamientos sistemáticos a los marcos de cita.
2.1.2. Modos de reproducción del discurso
Por otro lado, las características de los marcos también se han empleado con frecuencia para distinguir entre sí los diferentes modos de reproducción. Como hemos adelantado más arriba, la bibliografía ha prestado atención a la relación sintáctica establecida entre el marco y la cita. , desde una perspectiva discursiva, afirma que los modos de reproducción
fall along a continuum. At one pole is no introducer at all, used in informal conversational narrative because of the great expressive power of the human voice. At the other pole is the use of graphic verbs as introducers, a form typical of literary narrative. Perhaps this is a way of compensating for the loss of expressive voice quality in print by packing more expressive power into the words chosen.
Como también demuestra Girón Alconchel (, , ), existen distintos estadios intermedios entre el discurso teatral y el discurso narrado, que “pueden conceptualizarse como una cadena de gramaticalización, de progresiva integración sintáctica del objeto lingüístico de E2 [S2] en E1 [S1]” ().
El discurso directo (DD) se caracteriza desde el punto de vista gramatical por el mantenimiento de la deíxis y los tiempos verbales de la situación enunciativa reproducida. En efecto, existe en el DD un contraste entre las coordenadas del marco de cita —que se leen desde S1— y las del contenido de la cita —que se interpretan desde S2—. Esta oposición, unida al empleo actual de ciertos recursos gráficos como los dos puntos y las comillas () derivan en la relativa independencia de la cita en DD y en su interpretación como una reproducción literal. Así, defiende que mediante el DD las palabras y los pensamientos se transcriben “en la misma forma en que se originan”. En realidad, tal y como señalan diversos autores (cf. , ; ) es más conveniente describir el DD como una pretensión de literalidad, pues el locutor procura que el enunciado reproducido reciba una interpretación de dicto. El oyente de S2 asiste, en la reproducción directa, a una suerte de re-presentación de la emisión original del enunciado en S1 (), lo que explica que el locutor emplee esta estrategia en la conversación oral o en los textos periodísticos para involucrar o persuadir al oyente de la veracidad de lo dicho (, ; ; ; ).
La bibliografía ofrece tres hipótesis fundamentales sobre la relación sintáctica entre el marco y la cita en DD (): la hipotaxis, la parataxis y la relación discursiva. Aunque no existe consenso en torno a las propiedades gramaticales del DD, parece claro que la síntesis de las propiedades sintácticas y semánticas del marco desembocan en una
maximal separation between the events coded in the main and complement clauses. By opening a direct quotation, the speaker initiates another universe of discourse. This universe is now governed by [...] the perspective of the subject of the utterance verb [...] but it is still embedded within another universe (the main clause) and another perspective (the speaker’s). ()
Por el contrario, el discurso indirecto (DI) ha recibido menos atención en los estudios lingüísticos. Generalmente se caracteriza por adaptar la deíxis y los tiempos verbales de la cita a la voz del narrador, de modo que el receptor no tiene acceso a las supuestas palabras directas del enunciador, sino a la traslación que de ellas hace el locutor. Eso implica que, frente a la lectura pretendidamente de dicto del DD, el DI puede admitir también —y, de hecho, lo hace con mayor frecuencia— una lectura de re; en el DI no se reconstruye un utterance act, sino un acto proposicional (). Esta oposición influye en las posibilidades mismas de la reproducción (): si bien el DI acepta la reproducción de segmentos inferiores a la oración, es difícil reproducir indirectamente interjecciones, imprecaciones y otras expresiones exclamativas.
Frente a los diversos debates relacionados con la sintaxis del DD, existe un consenso relativamente generalizado sobre el DI en torno a tres ideas: i) la relación sintáctica que existe entre el marco y la cita indirecta es de subordinación (en concreto, se afirma que el DI es una subordinada sustantiva encabezada por conjunción); ii) incluso si no lo fuera, se asume que el estilo indirecto ofrece una cohesión discursiva más intensa que el directo () y iii) en un ejemplo como (2) la cita desempeña la función de objeto directo del verbo introductor.
Sin embargo, la mirada diacrónica obliga a tener en cuenta consideraciones más amplias que la visión oracional. Los ejemplos de (3) muestran que, diacrónicamente, la relación sintáctica no es un criterio estable tampoco en el DI. Así, en (3a) no existe un verbo introductorio, de modo que no puede haber una subordinación canónica —en todo caso, la cita se subordinaría al sustantivo cartas— y en (3b) la cita se introduce como un complemento de régimen.
Finalmente, cabe señalar que la bibliografía ha insistido mucho en demostrar la relación derivacional existente entre el DD y el DI, que a su vez sirve para defender la anterioridad cronológica de la parataxis con respecto de la hipotaxis (cf. ; ). No creemos que sea adecuado entender el DI como una suerte de degradación o transformación del DD. Tal y como señala ,
[l]a idea de la reversibilidad entre DI y DD contradice el hecho discursivo de que todas y cada una de las distintas formas del discurso referido –DD, DI, DIL, DN– son creaciones de imágenes sociodiscursivas individualizadas. En la realidad de los textos escritos y orales, en sentido estricto, el discurso referido no es, en ninguna de sus formas la reproducción de un discurso real, sino una creación e interpretación sociodiscursiva, manipuladora del real intercambio de los discursos.
Es importante entender, entonces, que la oposición entre el DD y el DI, como establece , “es más bien una cuestión de cómo se presenta la información y del tipo de inferencias que se pretenden activar en el oyente, que de fidelidad a la fuente citada”. Las diferencias encontradas por , o evidencian que, atendiendo al género textual y literario, así como a la finalidad de las obras, se produce una variación en el empleo de los modos de reproducción.
2.2. Las obras literarias: concatenación de discurso reproducido
Si reproducir un discurso es poner en relación dos situaciones comunicativas distintas, podemos entender que en las obras literarias “the writer pretends to report discourse and the reader accepts the pretense” (). En efecto, es posible aprehender las narraciones como una conversación ficticia entre el narrador y el lector implícito (), de modo que las palabras de los personajes se entienden como un discurso citado que el narrador muestra al lector. Es decir, “[l]os diálogos entre personajes, aunque ficticios, son auténticos actos de habla. Precisamente por ficticios pueden ser auténticos: por ficción mimetizan actos de habla auténticos recreando, y obligando al lector a crear su contexto” ().
En principio, el narrador asume la función de locutor y los personajes constituyen los enunciadores. Sin embargo, como mostramos en el esquema 1, en la medida en que la reproducción del discurso es una operación recursiva, los personajes reproducidos esto es, los enunciadores del nivel 1— pueden transformarse en locutores al reproducir las palabras de otros personajes-enunciadores, y así sucesivamente. En definitiva, al aproximarnos a la obra literaria hacemos un doble ejercicio de ficción: es ficticia la representación —el narrador y el narratario son solo instancias diegéticas— y es ficticio el mundo que representa.
2.3. Marco de cita: definición, funciones y componentes
Ya hemos señalado la falta de atención que se ha prestado a las expresiones introductorias. Desde los estudios lingüísticos, el análisis de los marcos se ha limitado al estudio de uno o varios verbos de comunicación (cf. ) o al análisis de diversas estrategias conversacionales de introducción del DR, con especial atención a los marcadores discursivos (cf. ; ). La ausencia de bibliografía específica desemboca en la falta de una definición clara de nuestro objeto de estudio, especialmente en lo relativo a sus límites.
Los dos estudios fundamentales en torno a las expresiones introductorias son los desarrollados por , quien analiza el DR en el Cantar del mio Cid, y por Estévez Rionegro (, ), que explora sincrónicamente la introducción del DD en diversas tipologías textuales. Girón Alconchel (, , ) afirma que los marcos de cita tienen dos funciones fundamentales: ordenar y orientar la reproducción. Así, para el autor, la expresión introductoria justifica la inserción del objeto de S2 en S1 y concreta la relación sintáctica establecida entre el marco y el discurso. apunta a que el marco de cita remite al entorno contextual y en se defiende que es pertinente añadir una tercera función, la explicitadora, pues el marco muestra que el enunciado se atribuye a un enunciador y/o situación comunicativa distintos.
Aunando las diversas visiones, aquí entenderemos que los marcos de cita tienen tres funciones: 1) la explicitadora, que consiste en señalar la presencia del DR; 2) la contextualizadora, pues el marco alude a los componentes fundamentales del entorno contextual (como el hablante, la acción verbal y el interlocutor) y 3) la orientadora, donde el marco guía la interpretación para que el lector/oyente infiera, por ejemplo, los valores ilocutivos del enunciado reproducido. Así, el marco proporciona al lector la información necesaria para aprehender el DR, pues “comprenderlo implica ubicar el contenido (y/o forma) de la cita en un espacio, tiempo y contexto comunicativo distintos de los denotados por el enunciado reproductor” ().
El problema fundamental de las expresiones introductorias es que su estructura es ciertamente variable. En los estudios sobre la oralidad, por ejemplo, se reconoce la posibilidad de que existan expresiones introductorias con verbos de comunicación o carentes de ellos, e incluso construidas únicamente con marcadores del discurso, sintagmas nominales o pronombres demostrativos (cf. ; , entre muchos otros). En lo referente a los componentes del marco de cita, propone su división en dos grupos: señales demarcativas e indicios externos. Para el autor, las señales demarcativas son una clase cerrada: se incluyen el verbo de comunicación, el sujeto y las marcas de relación sintáctica —si bien estas últimas, para autores como , son ya el inicio de la cita—. Aunque para Girón Alconchel (, ) o las señales demarcativas son obligatorias, ya demostramos en que no deben entenderse como condiciones necesarias, sino suficientes, puesto que satisfacen las funciones fundamentales del marco, pero pueden elidirse. En este trabajo, la presencia de una señal demarcativa será entendida como prueba inequívoca de la existencia de un marco de cita, pero su ausencia no impedirá considerar la existencia de una expresión introductoria.
Por el contrario, son indicios externos todos aquellos elementos que describen aspectos diversos de la situación comunicativa. Constituyen una clase abierta, poco definida y ciertamente no sistematizada. En cualquier caso, y muestran que los indicios externos no solo orientan la situación comunicativa reproducida, sino que contribuyen eficazmente a la reconstrucción e interpretación de S2. La falta de delimitación de los indicios externos y la ausencia de reflexión teórica sobre ellos generan una enorme dificultad a la hora de delimitar el marco de cita. Volveremos sobre esto más adelante (§ 3.2.3).
Cabe señalar, por último, que la mayor parte de las investigaciones se centra en el análisis de una obra o un periodo temporal muy limitado, lo que nos impide saber si los marcos de cita han tenido siempre los mismos componentes o si han desempeñado siempre las mismas funciones. Los cambios en las expresiones introductorias han interesado a los trabajos sobre subordinación () y gramaticalización (; ), lo que manifiesta la necesidad de desarrollar estudios diacrónicos que permitan obtener una visión amplia de las expresiones introductorias, como los que existen sobre el latín vulgar (cf. ; , entre otros) y el francés antiguo (cf. ; ).
3. METODOLOGÍA
3.1. Selección de obras y testimonios
Dado que la lingüística histórica es prácticamente siempre una lingüística de corpus (), los investigadores subrayan la importancia de prestar atención a las fuentes con las que se trabaja. La elección de textos que estudiamos en el presente trabajo está restringida no solo por el carácter literario —recordemos que nuestro objetivo es analizar el funcionamiento de los marcos de cita en las narraciones literarias— sino por la necesidad de encontrar obras que a) incluyan una cantidad significativa de DD y de DI para contrastar ambos modos de reproducción y b) sean lo suficientemente extensas como para incorporar los elementos de la situación comunicativa, indispensables al analizar las características de los marcos ().
Nuestro corpus está conformado por 1.816 marcos de cita extraídos manualmente del análisis de cuatro obras literarias medievales: El Conde Lucanor [LUC], Sendebar [SEN], Calila e Dimna [CAL] y el Libro del Cavallero Zifar [ZIF]. En concreto, estudiamos 454 expresiones introductorias de cada narración. Optamos por seleccionar el mismo número de marcos en todas las narraciones, independientemente de su extensión, para 1) impedir que la diferente representación cuantitativa de cada obra genere sesgos en los resultados y 2) dar pie a un análisis contrastivo.
Las cuatro obras seleccionadas se conservan en manuscritos de un periodo temporal próximo (finales del siglo xiv-principios del xv), cronológicamente alejado de la supuesta redacción original de cada narración. Existe, pues, la posibilidad de que los rasgos compartidos no sean resultado de la redacción original del texto, sino de la igual datación de los testimonios. Con todo, nuestra decisión se justifica porque el objetivo de este trabajo no es extrapolar los resultados al análisis de la oralidad medieval, sino caracterizar los rasgos de las expresiones introductorias literarias y comenzar, así, a escribir la historia de los marcos de cita literarios. Los problemas de transmisión deben comprenderse como una limitación inherente a nuestro objeto de estudio.
A pesar de que la redacción original del Sendebar es de 1253 (), este se conserva copiado, junto a El Conde Lucanor, en el ms.15 de la Biblioteca de la Academia Española, de principios del siglo xv. La edición con la que trabajamos, elaborada por , combina el texto base con las correcciones posteriores, de finales del xv y principios del xvi. La extensión de la obra permite que la abarquemos en su conjunto: 454 es el total de los marcos de cita de Sendebar.
La narración se estructura en diversos niveles diegéticos, diferenciados por la identidad del locutor. El nivel 1 es el que presenta al narrador como locutor y al Rey, la mujer, el Infante o los privados como enunciadores (4a). El nivel 2 alterna la identidad de los locutores: los siete privados y la mujer intercambian su papel como creadores de narraciones (y, por tanto, asumen la identidad de locutores que reproducen las palabras de enunciadores ficticios) con el fin de convencer al rey de que elimine o mantenga la condena a muerte de su hijo (4b). También el infante será locutor de este segundo nivel en el último tramo de la narración. Ocasionalmente encontramos un tercer nivel en el que los enunciadores del nivel 2 se convierten en locutores que reproducen las palabras de otros personajes.
El Calila e Dimna es otra de las obras más difundidas en la literatura medieval, a pesar de que el libro tiene una transmisión problemática y que, tal y como llega a nosotros, “tiene varias fuentes y compiladores diferentes, los cuales, a través de los siglos, han compuesto la obra en lugares geográficos y culturales muy distintos” (). Los marcos han sido extraídos de la edición de Döhla, quien ofrece una edición comparada de los dos manuscritos castellanos. En la selección de los marcos del corpus, hemos optado por seguir el manuscrito A, que data de principios del xv (), frente al manuscrito B, más completo en algunos pasajes, pero de fecha posterior (1467). Hemos incluido los primeros 454 marcos de cita.
En el nivel 1 de Calila e Dimna, el locutor es el narrador omnisciente que reproduce los diálogos entre el rey y un filósofo (5a). De esta manera, en el nivel 2, el locutor es el consejero (aquí, el filósofo), puesto que inventa narraciones plagadas de diálogos (5b). Calila y Dimna son enunciadores en este segundo nivel. Los personajes del segundo nivel diegético reproducen las palabras de otros personajes, bien sean de su mismo nivel, bien pertenezcan a una esfera ficticia superior (5c). En ocasiones, incluso, encontramos cinco niveles narrativos insertos unos dentro de otros y diferenciados solo por la identidad del hablante reproductor.
-
(5)
- a.
Dixo el rey: ¿Cómmo fue eso? [CAL154]
- b.
[DixoMARCO NIVEL 1 el filósofo: Señor, dizen que en tierra de Gurguen avía vn rico mercador [...] {Et el padre, con dolor del amor que les avía, castigólos et dixo lesMARCO NIVEL 2: Fijos, sabed qu’el seglar demanda tres...}]. [CAL154]
- c.
Dixo DignaMARCO NIVEL 2: [Dizen que vna gulpeja fanbrienta [...] {et fendiólo e vio que era hueco e dixoMARCO NIVEL 3: non sé, por ventura las mas flacas cosas...}CITA NIVEL 3] CITA NIVEL 2. [CAL171]
- a.
El Conde Lucanor ha llegado a nosotros a través de cinco testimonios; ninguno de los manuscritos es original del s. xiv. Los marcos han sido extraídos de la edición que Blecua ofrece de las Obras Completas de don Juan Manuel. El editor se basa en el ms. 6373 de la Biblioteca Nacional de Madrid, pues es el más completo, el que transmite una lengua cercana al autor y el que ofrece una misma lengua en las restantes obras (; ).
Los 454 marcos recogidos siguen el orden de aparición dentro de la narración y se corresponden con los primeros veintisiete exempla de El Conde Lucanor. La estructura didáctica de la obra es una de sus características más importantes. También aquí es posible diferenciar tres niveles distintos dentro de la novela a partir de la identidad del locutor: un primer nivel en el que el narrador (re)produce las palabras de los protagonistas, el conde Lucanor y Patronio (6a); un segundo nivel en el que Patronio, con el fin de aconsejar a Lucanor, narra una historia y (re)produce las palabras de los personajes de la misma y, finalmente, un tercer nivel, en el que los personajes de las narraciones de las narraciones de Patronio reproducen las palabras de otros personajes (6b).
Finalmente, en la extracción de los marcos de cita del Libro del Cavallero Zifar hemos recurrido a la edición crítica elaborada por Lucía Megías. La edición se basa fundamentalmente en el diasistema M (ms. 11309 de la Biblioteca Nacional de España), testimonio copiado aproximadamente a mediados del s. xv. Se edita dicho diasistema por presentar la forma menos modernizada, pero sus errores se corrigen generalmente con el diasistema P (Espagnol 36, Biblioteca Nacional de Francia), copiado entre 1454 y 1460. Aunque la fecha original de composición es problemática, tanto el prólogo de la obra como otras documentaciones parecen apoyar la idea de que la composición original del Libro del Cavallero Zifar gira en torno a 1300 (Lucía Megías 1993: LII).
Frente a las obras anteriores, los 454 marcos del Libro del Cavallero Zifar no son los primeros, sino que hemos incluido marcos de cita de las partes que, usualmente, reconoce la crítica. Es necesario subrayar que dicha tripartición es arbitraria y no aparece en ninguno de los testimonios; sin embargo, dado que engloban diferentes situaciones comunicativas y periodos temporales, hemos decidido incluir expresiones de los diferentes bloques. Así, los 254 primeros marcos se corresponden a la primera parte de la obra, la más extensa; los marcos 255-331 pertenecen a la segunda y los últimos marcos (332-454), a la tercera parte de la narración.
La división en niveles diegéticos es la que sigue. En el nivel 1, el narrador reproduce las palabras del rey, del Caballero Zifar y de los enunciadores que se encuentran en su misma dimensión diegética (7a). El segundo nivel incluye aquellos casos de reproducción del discurso donde uno de los enunciadores del nivel 1 se transforma en locutor y reproduce las palabras de otros personajes, generalmente con el fin de aconsejar (7b). Frecuentemente, este segundo nivel incluye nuevas dimensiones diegéticas en las que los personajes asumen el papel de hablantes reproductores, dando así paso a diversos niveles de reproducción (7b).
-
(7)
- a.
E el cavallero quando vio a su muger, que amava más que a sí, e entendió que avía oído lo qu’él dixiera, e pesóle de coraçón, e díxole ¡Por Dios! Señora, mejor es que el vno sufra [...]. [ZIF30]
- b.
[E sobre esto el padre queriéndole sacar d’esta imaginaçión, començóle a dezir assí:Fijo, {porque tú me dexiste que tu avías ganado más de ciento amigos, quise prouar si era asi}NIVEL 3]NIVEL 2. [ZIF38]
- a.
En definitiva, una de las características más notables de los textos analizados es la recursividad en la reproducción del discurso, que desemboca en la creación de diversos niveles diegéticos. Dado que el estudio conjunto de los textos requiere cierta homogeneidad, hemos aunado los niveles del DR en tres grupos, atendiendo a la identidad del hablante reproductor: en el nivel 1, el locutor es siempre el narrador y los enunciadores, personajes de las novelas-marco; el nivel 2 está formado por las intervenciones donde el locutor es enunciador del primer nivel. Finalmente, el nivel 3 está conformado por el resto de los niveles diegéticos, reuniendo así locutores diversos y pertenecientes a diversas esferas dentro de la narración. La distinción entre los niveles 2 y 3 depende, entonces, de si el locutor desempeña el papel de enunciador en el nivel 1. La tabla 1 sintetiza la presencia de cada nivel de reproducción dentro de nuestro corpus:
3.2. Elección de los ejemplos incorporados al corpus
3.2.1. Límites en el discurso reproducido
En la medida en que la evidencialidad se caracteriza porque los hablantes “indicate the evidence they have for its [the proposition’s] factual status” (), es posible establecer una vinculación entre la evidencialidad citativa y el discurso reproducido, pues en ambos se alude a la existencia de un enunciador original. Sin negar las relaciones, a veces históricas, entre la evidencialidad y el DR, este trabajo se centrará únicamente en este último. Consideraremos reproducción únicamente aquellos casos en los que la situación comunicativa reproducida tenga unos participantes, un espacio y un tiempo definidos que se entiendan, en conjunto, como un hecho —un evento comunicativo— global y concluido. Tratamos como evidenciales los usos con verbos dicendi que aluden a un hablante indefinido o inespecífico (8a) y aquellos casos en los que, aun existiendo un enunciador aparentemente específico, la situación reproducida no se enmarca en un espacio y un tiempo concretos (8b):
-
(8)
- a.
A·mi dizen que vnos mis vezinos, que son mas poderosos que yo. [LUC77]
- b.
Ca dize un sabio que “sola nobleza es aquella que guarnesce e orna el coraçón de buenas costunbres”. E dize otro sabio: “nin por el padre nin por la madre non es dicho noble el onbre, mas por buena vida e buenas costumbres que aya” [ZIF326]
- a.
Asimismo, para limitar nuestro objeto de estudio, descartamos del estudio la reproducción de actitudes y de pensamientos (9a), así como estructuras de percepción y entendimiento (9b) y los usos realizativos del verbo decir. En definitiva, el trabajo se centra en la reproducción de realizaciones físicas de actos locutivos.
Conviene señalar una excepción: aunque hemos descartado los verbos pensar y creer, sí hemos incluido en el corpus expresiones como las de (10). En ellas encontramos un verbo de decir flexionado que, unido al sintagma preposicional “en su coraçón”, expresa una suerte de diálogo interno. Al presentarse discursivamente como un caso de discurso realizado fonéticamente (pues admite, incluso, reproducción en DD) hemos decidido incluirlo dentro del corpus.
3.2.2. Modos de reproducción
Como hemos señalado más arriba, tanto el concepto de cita como el de cita expresa son amplios y abarcan formas de reproducción muy heterogéneas. Por razones de espacio, hemos incluido en nuestro corpus únicamente los casos de DD, DI y discurso directo sin marco (DDsM). Hemos descartado: i) los casos de discurso narrado (DN), que nominaliza y resume el acto lingüístico, pero donde la cita no permite rescatar el contenido de la fuerza ilocutiva original y ii) los casos de discurso indirecto libre (DIL). Así, nuestro corpus queda configurado de la siguiente manera:
Dado que los modos de reproducción forman parte de un continuum sin barreras claras, trazar la frontera entre el DN y el DI es una misión compleja. Frente a lo que proponen Girón Alconchel (2017: 27) y , nosotros establecemos el límite en los infinitivos, que todavía consideramos formas de discurso indirecto (11a). Consideramos que estas estructuras, frente a los casos en los que la cita adopta la forma de un sintagma nominal (11b) todavía permiten rescatar, aunque sea solo parcialmente, el contenido proposicional del enunciado original.
Junto a los ejemplos de (11b), hemos excluido del corpus también las interrogativas indirectas impropias (12a), que no reproducen verdaderas preguntas. Tampoco hemos incluido casos como (12b), a pesar de que sería posible reconocer, a partir de “por el yerro”, cierta polifonía.
Estas decisiones no nos han impedido encontrar casos problemáticos, como los enunciados híbridos, que combinan distintos modos de reproducción. Es el caso de los ejemplos de (13), donde el complemento del verbo contar es un sintagma coordinado: el primer segmento es un SN, lo que nos obligaría a considerarlo DN, pero la segunda parte parece un enunciado en DI, de modo que sí los hemos incluido dentro del corpus. No hemos creado una distinción entre los marcos que introducen enunciados híbridos (los enunciados pluriformes de ) y aquellos que simplemente introducen discurso indirecto. A efectos del análisis, hemos considerado a los ejemplos como (13) casos de DI.
- (13)
E contol [toda la manera en commo oviera a·seer engannado]DN [et que todo aquello le fiziera el rey por le prouar]DI. [LUC37]
Igualmente, es posible encontrar combinaciones diversas de otros modos de reproducción. En (14) encontramos que el DI funciona, a su vez, como marco para el DD, empleado para ampliar el contenido del anterior. El gran abanico de opciones, muchas de las cuales solo tienen apariciones puntuales, manifiestan la necesidad de diseñar una metodología basada en el corpus, de modo que “hemos desarrollado nuestro propio sistema de análisis a partir de los recursos discursivos que hemos ido encontrando en los textos” ().
3.2.3. Problematización de los límites del marco de cita
Como hemos adelantado más arriba, las diversas investigaciones que abordan las expresiones introductorias definen las funciones del marco de cita, pero no lo limitan desde el punto de vista formal. Sin embargo, para elaborar un corpus de expresiones introductorias es necesario adoptar unos criterios claros, sistemáticos y estrictos que permitan determinar qué elementos forman parte de nuestro objeto de estudio. En su delimitación hemos atendido a la conjunción de criterios formales y funcionales.
En primer lugar, hemos tenido en cuenta que las expresiones introductorias son elementos polifuncionales que no existen fuera del discurso. El marco es un elemento fronterizo, pues constituye el espacio de transición entre las palabras del locutor y las de los enunciadores. Entre sus funciones fundamentales se encuentra la de explicitar la reproducción del discurso: debe marcar de la manera más eficaz posible que se va a producir o se ha producido un salto en la responsabilidad enunciativa del enunciado. Asimismo, en la medida en que las narraciones son secuencias de acciones y eventos (re)producidos o (re)construidos, el marco de cita puede llegar a ser, también, un elemento narrativo, la narración o (re)construcción de una acción verbal del enunciador. Puesto que contextualiza y orienta la reproducción, guiando la interpretación del enunciado y de su valor ilocutivo, construye espacios, personajes, actitudes o tiempos relevantes para la obra literaria en sí misma.
Así, hemos incluido en las expresiones introductorias todos (y únicamente) aquellos elementos que i) reconstruyen los componentes más relevantes de la situación comunicativa reproducida o ii) influyen directamente en la interpretación de la cita (por ejemplo, porque el locutor emita una determinada evaluación sobre el contenido, o porque la interpretación de la fuerza ilocutiva de la cita dependa de una determinada actitud atribuida al enunciador). De esta manera, en (15) solo hemos incluido en el marco el segmento subrayado, pues la narración anterior no afecta directamente a la reconstrucción del tiempo o los participantes de S2, ni guía la interpretación de la cita:
- (15)
E reyna, véngasevos emiente que ante que saliésemos de nuestra tierra, vos dixeel propósito en que yo estaba e que quería seguir lo que avía començado. [ZIF474]
Desde el punto de vista formal, hemos considerado que el marco es un constituyente continuo (ininterrumpible) y que debe ser contiguo o adyacente a la cita. Así, no admitimos la posibilidad de insertar un segmento narrativo ni entre el marco y la cita ni en el interior del marco: la presencia de elementos que no cumplan las funciones del marco señala, en sí misma, los límites de la expresión introductoria. En (16) no hemos incluido dentro de la expresión introductoria la referencia narrada al acto de habla de preguntar (“preguntole de cabo”):
Si asumimos la primacía funcional del sujeto, el verbo de comunicación y las marcas de relación sintáctica (las señales demarcativas de Girón Alconchel), la delimitación del marco ha de dar prioridad a la inclusión de estos tres componentes. Más allá de estos elementos, la delimitación es muy compleja y merece una reflexión mucho más profunda y detallada que la que podemos ofrecer aquí. En este trabajo hemos incluido en las expresiones introductorias segmentos superiores al enunciado y, excepto en los casos de coordinación, hemos reducido el marco de cita a una oración principal (con sus subordinadas, si estas son relevantes en la interpretación de la cita). Como veremos posteriormente, los rasgos formales más importantes de las expresiones introductorias (posición, extensión, componentes) están determinados por factores discursivos. El marco más largo de nuestro corpus es (17), donde hemos incluido todo el fragmento subrayado dentro del marco de cita, pues la articulación sintáctica con relativas y gerundios impone su interpretación como causas de la emisión del enunciado.
- (17)
Así como contesció a este rey, que veyendo la su onra e el su pro ante los sus ojos por proeva de la bondat d’este cavallero Zifar, menospreciándolo todo por miedo de la costa, queriendo creer a los enbidiosos lisongeros, perjuró en su coraçón e prometióles quede esos dos años... [ZIF28]
En los casos de coordinación existen dos posibilidades. Si los elementos que se coordinan influyen directamente en la reconstrucción de S2 o en la interpretación de la cita, sí se han incluido dentro del marco. Es el caso de (18a), donde los constituyentes de la coordinación introducen, respectivamente, el sujeto (enunciador), la actitud de humillación que influye en la interpretación de la fuerza ilocutiva y el verbo dicendi. En (18b), el marco incluye al referente del enunciador (“Grima, la su buena muger”), el espacio de S2 y el verbo de comunicación:
En contraposición, en aquellos casos donde los elementos de la coordinación no influyen directamente en la cita, nos hemos guiado por la presencia del enunciador. En los ejemplos en los que el sujeto tácito del verbo de comunicación comparte referente con el sujeto explícito de un verbo anterior, coordinado con el introductor, hemos incluido ambos segmentos dentro del marco de cita (19a). Cuando i) el verbo introductor tiene su propio sujeto fonéticamente realizado (19b) o ii) el correferente del sujeto omitido se encuentra más alejado (19c), no hemos incluido más elementos dentro del marco de cita.
-
(19)
- a.
E ellos fuéronse luego para su maestro e dixiéronle:Maestro, la vuestra [...]. [ZIF331]
- b.
E el rey enbió por la reina que veniese allí do ellos estavan e ella fue ý venida luego e asentóse en una siella que estava en par del rey; e el rey le dixo:Reina, yo he estado con vuestros fijos [...]. [ZIF473]
- c.
Tomó el moço gran saña e estonçes se olvidó lo que le castigara su maestro e todo lo que l'mandara E dixo: [SEN75]
- a.
4. ANÁLISIS
4.1. Modos de reproducción en el corpus
Ofrecemos en primer lugar una aproximación a la presencia de los diversos modos de reproducción dentro del corpus. Tal y como muestra la Tabla 2 (§ 3.2.2.), existe en nuestro corpus un predominio evidente del DD. Frente a los 1.151 enunciados de DD, encontramos únicamente 630 ejemplos de discurso indirecto; en 35 ocasiones, además, hemos registrado DDsM. Nuestros resultados contrastan con los que obtiene en el análisis de los documentos jurídicos primitivos (de los siglos xii y xiii), donde el autor encuentra una inferioridad cuantitativa del estilo directo. De hecho, sus resultados le permiten desmentir el prejuicio de que el DD es “históricamente previo [...] a los otros tipos de discurso referido, en especial al indirecto, construido sobre el mecanismo de la subordinación sintáctica” (). Compartimos la idea de que el DD no es, ni desde el punto de vista sintáctico ni desde el discursivo, un mecanismo de reproducción más sencillo que el DI. Parece, en cambio, que las enormes diferencias obtenidas en la presencia del DD en cada corpus (jurídico, en el caso de Cano, y literario, en nuestro trabajo) manifiestan que el empleo de cada modo de reproducción está ligado al género discursivo.
Si atendemos a la distribución de los modos de reproducción en cada narración (Tabla 3) encontramos grandes diferencias entre ellas. En Sendebar y el Zifar, la representación del DD es similar (71,8 % en el primero, 65,63 % en el segundo). En Calila e Dimna, en cambio, el predominio del DD es mucho mayor, pues ocupa el 88,76 % de los enunciados incorporados al corpus. Las tres obras, a su vez, se oponen a El Conde Lucanor, la única narración en la que existe una mayor presencia del DI (71,59 %) que del DD (27,31 %). Tal y como señala , llama la atención “la cantidad de ocurrencias de DI y el virtuosismo con que don Juan Manuel lo maneja en comparación con las colecciones de exempla del sigloxiii como Calila e Dimna o el Sendebar”. Como veremos en el análisis, la diferente representación de cada modo de reproducción en las obras impactará notablemente en las características de sus marcos.
Es también relevante entender de qué manera la segmentación en niveles diegéticos que hemos propuesto en la metodología tiene un impacto a nivel lingüístico y discursivo en la configuración del corpus. La puesta en relación de los modos de reproducción y los niveles diegéticos permite identificar en qué medida la naturaleza diegética del locutor influye en las características de los marcos. La correlación entre ambas variables se recoge en la Tabla 4:
En los tres niveles diegéticos el modo de reproducción más frecuente es el DD, aunque su frecuencia no es homogénea. En los niveles 1 y 3 existe un porcentaje similar de DD, que aparece aproximadamente en un 70 % de los casos de cada nivel. El 30 % restante recibe diferente distribución: mientras que el nivel 3 opta prácticamente siempre por emplear el DI como alternativa, en el nivel 1 se registran 26 casos de DDsM. Es posible que este contraste obedezca a que, en el nivel 1, la identidad de los locutores es estable; en consecuencia, tal y como describiremos más adelante, la identificación del hablante, aun en ausencia del marco de cita, es posible. Por el contrario, los niveles sucesivos (2 y 3) son, desde el punto de vista de la polifonía, más complejos, de manera que parece natural hallar en ellos, de forma muy mayoritaria, modos de reproducción con expresión introductoria.
Por su parte, la presencia casi equivalente de DD y DI en el segundo nivel narrativo pone de manifiesto la naturaleza mixta de este plano. En aquellos pasajes en los que se conjugan los niveles 1 y 2, este último se configura siempre en discurso indirecto. La inclusión del DI dentro del DD del nivel 1 es, de hecho, una señal clara de que el enunciador del nivel 1 adopta el papel del locutor, abriendo así la puerta a un segundo nivel (20a). En muchas ocasiones, dada la naturaleza didáctica de las obras analizadas, el segundo nivel se extiende durante varias páginas, lo que favorece el empleo del DD, que dota de agilidad y veracidad al relato (20b) ().
-
(20)
- a.
[Dixo: Señor, era un palomo e una paloma e moravan en un monte e avían ý su nido [...] e fuese el palomo en su mandado, {e dixo a la paloma que non comiese del trigo gran mientra durase el verano}NIVEL 2 = DI ]NIVEL 1 = DD. [SEN124]
- b.
E quando vino el palomo dixo¿Non te dixe que comieses grano, que lo guardases para el [...]. [SEN124]
- a.
4.2. Posición del marco de cita
Una de las características fundamentales de las expresiones introductorias es su posición con respecto a la cita que introducen. En nuestro corpus, distinguimos 1.157 marcos antepuestos (un 83,54 % de las expresiones del corpus); 227 intercalados (12,5 %); 37 pospuestos (2,04 %) y 35 casos de ausencia de marco (1,92 %). Resumimos en la Tabla 5 la relación entre la posición de los marcos y los modos de reproducción en cada una de las obras estudiadas:
Tal y como muestra la tabla 5, solo encontramos variación en la posición de los marcos del DD. En el DI, todas las expresiones introductorias se anteponen, posiblemente por la mayor dependencia sintáctica que existe entre el marco y la cita en este modo de reproducción. Mayoritariamente, la cita se construye como una oración subordinada, generalmente en función de objeto directo, o como parte de un sintagma que no permite movimiento de sus constituyentes, como en el término de un SP regido. Dedicamos los siguientes apartados a analizar en detenimiento la posición de los marcos de cita y a profundizar en diversas características relacionadas con ella.
4.2.1. Marcos antepuestos
Los marcos antepuestos son aquellos que se sitúan inmediatamente antes de la cita. En nuestro corpus, de los 1.517 marcos antepuestos, 887 introducen DD (representan, por tanto, el 77,07 % de los marcos de este estilo de reproducción) y 630 introducen DI (el 100 % de los marcos del DI).
Su indiscutible predominio en el corpus —pues los 1.517 antepuestos son un 83,48 % del total de marcos— parece apuntar a que, al menos en las narraciones medievales, la anteposición es la ubicación no marcada de las expresiones introductorias. Si entendemos, como , que “las fórmulas de manifestación y delimitación del marco discursivo son cada vez más complejas [...] han evolucionado enriqueciendo con nuevas fórmulas expresivas la presentación de los tópicos del discurso”, debemos asumir que la anteposición es la elección más sencilla desde el punto de vista sintáctico y discursivo, tal y como manifiesta también el hecho mismo de que se haya cuestionado la naturaleza de expresiones introductorias de los marcos intercalados y pospuestos (cf. ).
En el DI, la anteposición responde al orden no marcado habitual en las completivas de objeto directo. En ellas, la oración subordinada sigue al verbo regente y responde a una estructura informativa donde el contenido de la oración subordinada —que, en nuestro caso, equivale al contenido de la cita— es la información nueva, el rema (). En cambio, en el DD, donde no es evidente ninguna relación sintáctica de subordinación, la preferencia por la anteposición del marco (excepto en el Zifar, como veremos), así como algunas de sus características internas, se explican, desde nuestra perspectiva, por la combinación de la estructura informativa y razones de índole material y discursiva. Ya apuntamos en § 2 que, si bien muchos autores describen el DD a través de la aparición de ciertos criterios gráficos, dicha definición no puede extrapolarse a las descripciones diacrónicas, dada la inestabilidad de los criterios gráficos. Así, diversas investigaciones (cf. ; , ; ) muestran que en la Edad Media los criterios gráficos no eran arbitrarios, pero tampoco uniformes (), y no existe consenso sobre cómo se empleaban.
Sincrónicamente, un marco como (21a) sería redundante, pues la frontera del DR se marca a través de múltiples recursos: el verbo de comunicación, los dos puntos y las comillas. La redundancia provoca que, en un caso como (21b), el lector contemporáneo pueda saber, antes de llegar a leer el marco de cita, que Buenos días es el contenido de un enunciado reproducido. Así, mientras que en (21a) las funciones explicitadora, contextualizadora y orientadora se condensan en el conjunto de verbo + dos puntos + comillas, en (21b) las comillas desempeñan la función explicitadora, mientras que el verbo de comunicación contextualiza y orienta la reproducción.
Teniendo estas dos ideas en cuenta, puede resultar reveladora una consulta a los manuscritos de las obras que estudiamos. Adjuntamos a continuación dos fragmentos del códice (manuscrito A) de Calila e Dimna (Imagen 1 e Imagen 2), cuyo contenido se corresponde con las transcripciones de (22a) y (22b), respectivamente.
-
(22)
- a.
Dixo el rrey a su filosofo: Esto oído lo he. Dame agora enxemplo de los dos que se aman, e los desparte el mesturero, falso, mentiroso, que deve ser aborreçido como la viganbre, et los faze querer mal e los trae a aquello que querrían ser muertos ante et an de perder sus cuerpos e sus almas. Dixo el filosofo: Señor, quando acaesçe a dos omnes que se aman [...] [CAL153].
- b.
[...] anima a la pena perdurable! Et dixe: Non deue omne tener por duçe [sic] vna poca de dulçor que trae grant amargura [...] [CAL 144]
- a.
El análisis de las imágenes permite que nos demos cuenta de que, mientras la función explicitadora del marco hoy puede depender de elementos gráficos, como los dos puntos, en la Edad Media todas las funciones discursivas de la expresión introductoria recaen directamente sobre el material lingüístico, fundamentalmente en la aparición del verbo de lengua dixo (con o sin sujeto) antecediendo inmediatamente a la cita. Entendiendo cuál es la realidad material de las obras que analizamos, parece evidente que el hecho de que la anteposición sea la ubicación no marcada manifiesta la importancia que, en los textos medievales, tiene la función explicitadora del marco. En efecto, la anteposición es la única forma de garantizar que no hay confusiones en la interpretación del texto, pues el marco anuncia la introducción de un nuevo enunciador antes de que el lector tenga acceso a sus palabras. Así, como mostraremos a lo largo del análisis, la evolución de las narraciones hacia un progresivo abandono —o menor dependencia— de la anteposición puede ser considerada un signo evidente del progresivo aumento de la complejidad y la evolución de las técnicas narrativas.
Los marcos antepuestos se caracterizan por servir como puente entre las palabras del narrador/locutor —que preceden a la expresión introductoria— y las de los personajes/enunciadores —ubicadas inmediatamente después del marco de cita—. Son, tanto física como discursivamente, un espacio de transición entre las diferentes voces del texto, lo que se evidencia tanto en su extensión como en la abundancia de indicios externos. En el corpus, los marcos antepuestos adoptan manifestaciones diversas. Aunque en la mayor parte de las ocasiones se forman en torno a un verbo introductor (23a), que funciona como núcleo sintáctico del marco, encontramos cuatro casos en los que la expresión introductoria carece de verbo (23b-23d): tres de ellas pertenecen a El Conde Lucanor y una está extraída de Sendebar.
-
(23)
- a.
Et dixoDemanden et preguntan a los papagayos si [...] [CAL269]
- b.
llegaron al arçobispado mandaderos del Papa con sus cartas encomol daua el obispado de Tolosa, et quel fazia gracia que puudiesse dar el arçobispado a·qui quisiesse [LUC100]
- c.
Ca los vnos dizianque fuera mayor esfuerço el que primero los fueran ferir, e los otrosque el segundo, e los otrosque el terçero [LUC125]
- d.
e dexáronla ir, e fuese para su marido, e quando abrió el marido la çesta, vio aquello¿Qué aquí traes? [SEN126]
- a.
En (23b), la ausencia del verbo de comunicación se contrarresta con la presencia del sustantivo carta, que hace alusión a una comunicación con características muy concretas (se produce por vía escrita). Así, el contenido del DI se presenta como componente de un sintagma preposicional que amplía y desarrolla el contenido del mensaje que se presupone en la referencia a la epístola. En (23c), en cambio, la correlación distributiva “los unos..., los otros...” y la estructura paralelística permiten recuperar el verbo de comunicación elidido (dizían) en los dos últimos miembros de la coordinación. La existencia de marcos de estas características redunda en la idea, expuesta más arriba, de que el verbo de comunicación puede omitirse sin que ello implique la desaparición de la expresión introductoria.
Finalmente, en (23d) encontramos un marco, extraído de Sendebar, donde la ausencia de verbo de comunicación es especialmente llamativa, pues no existe en el marco tampoco ninguna otra señal demarcativa (no hay ni sujeto ni marca de relación sintáctica). El ejemplo es especialmente relevante porque evidencia, frente a los postulados teóricos del DR, que las señales demarcativas no son condiciones necesarias en la existencia del marco, sino únicamente condiciones suficientes. El ejemplo muestra que si aparecen determinadas propiedades lingüísticas en la cita (aquí, una forma oracional interrogativa y el cambio de la deíxis personal, temporal y espacial), un conjunto de indicios externos (sin señales demarcativas) puede desempeñar las funciones del marco de cita.
Otra de las características llamativas de las expresiones introductorias antepuestas es la variabilidad en su extensión, muestra de que los marcos antepuestos no son un conjunto de características homogéneas. En Calila e Dimna, los marcos antepuestos están formados por una media de 5,38 palabras, proporción similar a la de los marcos de Sendebar, de 5,74 palabras de media de extensión. Por su parte, El Conde Lucanor y el Libro del Cavallero Zifar admiten expresiones introductorias antepuestas más extensas, con una media de 8,15 y 9,21 palabras, respectivamente. Fundamentalmente, esta variabilidad en la extensión obedece a qué función prima dentro de la expresión introductoria. A nivel general, los marcos que sirven para introducir el primer turno de la interacción reproducida tienden a ser más extensos, porque suele ser necesario incluir información sobre la situación enunciativa: participantes (enunciador y destinatario), lugar, tiempo, motivos, etc. En cambio, los marcos antepuestos que introducen turnos subsecuentes con personajes, espacios y tiempos ya definidos y constantes se reducen como norma general a los elementos indispensables para señalar el cambio de hablante.
En Calila e Dimna, donde 453 marcos son antepuestos, la extensión de la expresión introductoria obedece, claramente, a razones de naturaleza discursiva. Así, en aquellos diálogos donde no varían los participantes, los marcos se reducen simplemente al verbo de comunicación y el nombre del personaje (24a-24b). Tal y como mostramos en los ejemplos, este uso es especialmente frecuente en las dos conversaciones que vertebran toda la narración: el diálogo entre el rey y el filósofo y la interacción entre Calila y Dimna. En ambos casos, el marco que introduce el primer turno de la reproducción (el que inicia la reproducción) es un poco más extenso, pues presenta a los dos participantes de la interacción; los siguientes marcos, que introducen turnos reactivos, se limitan a señalar el cambio de turno y la identidad del enunciador. Efectivamente, (24c) muestra que la naturaleza iniciativa o reactiva del turno es otra de las claves para entender la extensión del marco: aquellas expresiones que introducen los primeros turnos de la conversación son más extensas que los marcos reproductores de turnos subsecuentes. En (24d) se observa, además, que la introducción de un marco más extenso en el interior de una conversación sirve para introducir un cambio en las características de S2, en este caso, la introducción de una interacción comunicativa nueva con un nuevo enunciador.
-
(24)
- a.
Dixo el rrey a su filosofo: Esto oydo lo he. Dame agora [...] Dixo el filosofo: [...] Dixo el rey: ¿Commo fue eso? [...] Dixo el filósofo: Señor, dizen que en tierra [...] [CAL153-154]
- b.
Dixo Dina a Calila: Ya vees como esta el leon [...] Dixo Calila: E tu, hermano [...] Dixo Dina: ¿Commo fue esto?Dixo Calila: Dizen [...] [CAL157-158]
- c.
E vinieron para el galapago e despidieronse del et dixieronle: Queremos nos yr deste lugar, por que nos falleçio el agua. Dixo el galapago: A vos non falleçio el agua [...] Dixeron ellas:Nos non lo podemos fazer [...] Dixo el: Asy lo fare [...] Dixeron ellas:Morderas tu en medio [...] [CAL216-217]
- d.
E salieron ende e apartaron se y çerca e aconsejaronse entre sy e dixieron: ¿Que pro avemos deste camello? [...] Dixo el lobo [...] Dixo el cuervo: [...] Quando lo vio el leon, dixole: ¿Que as? ¿Sentistes algo nuevo?Dixo el cuervo:Non falla [...] Dixo el leon [...] Dixo [...] [CAL209]
- a.
En Sendebar, la variación de los marcos antepuestos obedece a razones muy similares a las de Calila e Dimna. Al inicio de las narraciones, las expresiones introductorias —que anteceden a turnos iniciativos iniciales— son mucho más extensas que aquellas presentes en el resto de la interacción reproducida (25), independientemente del nivel narrativo en el que se encuentren.
-
(25)
- a.
E vino el quarto privado, e entró al Rey e fincó los hinojos ante el Rey e dixo:Señor, non deve fazer omne ninguna cosa [...] El Rey le preguntó: ¿Cómmo fue eso?Dixo: Señor, fue un Infante un día [SEN105]
- b.
E aquel que quemaba el sándalo vino al mercador, e dixo: ¿Quién sodes, cómo andades, e qué mercadería traés?E dixo él: [...] E dixo el omne [...] [SEN148]
- a.
En El Conde Lucanor, los marcos antepuestos son largos y contrastan considerablemente con la longitud de los intercalados. En la obra, el primer turno de cada capítulo —aquel en el que el conde presenta un problema— se introduce siempre mediante una expresión introductoria, tanto si reproduce la cita mediante DD o mediante DI. La respuesta de Patronio emplea un marco intercalado y la respuesta del conde recurre, de nuevo, a una expresión antepuesta. Este segundo marco antepuesto es, como se aprecia en (26a), considerablemente más breve que el primero; cuando, como en el caso de (26a), la segunda intervención de Patronio también se introduce con un marco antepuesto, este se reduce a la información mínima. La reducción de la extensión del marco afecta también a aquellos diálogos, muy frecuentes en El Conde Lucanor, que se introducen en DI (26b).
-
(26)
- a.
Vn dia fablaua el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et contaual su fazienda en esta manera: Patronio, loado a·Dios, yo tengo mi fazienda [...] Sennor conde Lucanor —dixo Patronio—, para que vos fagades [...] El conde le rogo quel dixiesse commo fuera aquello. Patronio le dixo: Sennor conde Lucanor [LUC67]
- b.
Et despues que ovieron comido, apartosse con·el, et contol la razon por que alli viniera, et rogol muy affincada mente quel mostrarse aquella sciençia que el avia muy grant talante de aprender. Et don Yllan dixol [...] Et el dean le prometio et le asseguro que de qual quier vien [LUC99]
- a.
Finalmente, en el Libro del Cavallero Zifar, encontramos de nuevo que las expresiones antepuestas, incluidas al principio de las interacciones dialogales, son notablemente extensas. En buena medida, el contraste en la longitud y complejidad de los marcos obedece a que, como veremos en § 4.2.2, los turnos reactivos del Zifar se introducen generalmente con marcos intercalados y pospuestos, cuya estructura es Verbo + Sujeto. Así, los turnos iniciativos se expresan tanto en DD como en discurso indirecto, pero siempre con un marco antepuesto que define, concreta y presenta los participantes, el espacio y el tiempo de la situación comunicativa que se reproduce (27a). En (27b) observamos, de nuevo, que la introducción de un nuevo enunciador —es decir, un cambio en la situación comunicativa reproducida— da lugar a la aparición de un nuevo marco antepuesto. La necesidad de delimitar y marcar los cambios de la situación comunicativa mediante una expresión antepuesta se impone sobre la posposición o intercalación derivada del carácter reactivo del turno.
-
(27)
- a.
E después que fue acabada la misa, dixiéronle a los cavalleros que·l enbiava rogar la Señora de la villa que se fuese para ella. Muy de grado, dixo el cavallero Zifar [ZIF75]
- b.
E la Señora de la villa se levantó a ellos e rescebiólos muy bien e díxoles así: Cavallero, dezidme qué avedes acordado [...] Cierto, señora, dixo el cavallero Zifar, non me querría poner a otra cosa que non sopiese nin pudiese fazer. E un cavallero de los más poderosos de la villa levantóse entre todos los otros e díxole así: Cavallero estraño, yo no sé [...] [ZIF70-71]
- a.
En definitiva, parece que la longitud y la complejidad de los marcos antepuestos dependen de la cantidad de información que el locutor considere que es necesario aportar para la comprensión de S2 y del enunciado reproducido. Eso explica que, con mucha frecuencia, la mayor extensión se corresponda con los marcos que introducen o inician la reproducción de la interacción. Los turnos subsecuentes, en los que hay un mayor grado de predictibilidad (se trata de la misma interacción con los mismos participantes) se introducen con marcos que contienen menos información y son, por tanto, más breves.
4.2.2. Marcos intercalados
En 228 ocasiones dentro del corpus registramos expresiones introductorias intercaladas. Limitados, como hemos adelantado anteriormente, a la reproducción en DD, estos marcos se insertan en el interior de la cita y, en consecuencia, segmentan el enunciado reproducido en dos partes. El esquema general de las citas con marco intercalado es el siguiente:
afirma que la posición del marco de cita depende del tipo de texto y defiende que “en obras narrativas con abundante diálogo es frecuente la aparición del verbo de lengua en incisos de carácter parentético”; lo esperable, por tanto, sería que aquellas obras con más DD presentaran mayor variabilidad en la posición del marco. Sin embargo, el propio matiza que el abandono de la anteposición es poco frecuente en la narrativa del s. xiii y hace referencia, precisamente, a Sendebar y Calila e Dimna.
Los resultados que arroja nuestro corpus concuerdan con las aportaciones de Herrero Ruiz de Loizaga. Así, mientras que el Calila e Dimna es la narración con más DD de todas las que estudiamos (88,77 %), es la obra en la que encontramos una menor variación en los marcos: 453 de los 454 estudiados son marcos antepuestos, es decir, casi el 100 % de los casos. En contraposición, el Libro del Cavallero Zifar, la tercera novela con menos DD de nuestro análisis (65,64 %) no es solo la que presenta más marcos intercalados (172 de las 228 ocurrencias provienen de esta obra), sino la única que también admite marcos pospuestos. Aún más: de las dos narraciones restantes, es El Conde Lucanor quien presenta un mayor número de marcos intercalados (48 casos), a pesar de que Sendebar (8 marcos intercalados) contiene, como hemos mostrado más arriba, más ejemplos de discurso directo (71,8 % de DD en Sendebar, frente a 27,31 % de DD en El Conde Lucanor). En definitiva, los resultados de nuestro corpus muestran que no hay correlación entre la cantidad de DD y la variabilidad en la posición del marco de cita. Dado que Calila e Dimna y Sendebar pertenecen al siglo xiii y El Conde Lucanor y el Libro del Cavallero Zifar, al xiv, podemos suponer que, en realidad, se produce una evolución a lo largo de la historia.
Para algunos autores, las expresiones introductorias intercaladas no constituyen el mismo tipo de unidad que las antepuestas. Así lo defiende , quien los denomina matices circunstanciales que consisten en “la formulación lingüística de cualquier ‘circunstancia’ del acto comunicativo que resulte relevante para que la oración como tal, y en su conjunto, alcance pleno sentido en su aplicación (‘predicación’) a la realidad extralingüística”. También defiende que este tipo de estrategias sirve para crear “simultaneidad entre el hablar y gesticular del protagonista evocando gestos que van necesariamente unidos a un material lingüístico determinado”. Sin embargo, los marcos de nuestro corpus no coinciden con ninguna de las definiciones anteriores: 227 de los 228 marcos intercalados están conformados únicamente por un verbo y un sujeto (el enunciador) (28a). Mientras que en las expresiones antepuestas encontrábamos una combinación de las tres funciones del marco (explicitadora, contextualizadora y orientadora), en las expresiones intercaladas no hallamos, excepto en una ocasión (28b), elementos que formulen circunstancias y guíen la interpretación del enunciado reproducido.
El contraste entre los valores que la bibliografía atribuye a las expresiones introductorias intercaladas actualmente y el hecho de que el único marco intercalado con un indicio externo sea del Zifar —que es la narración más reciente—, pueden apuntar a que, efectivamente, la ampliación y el aumento de la complejidad de las expresiones intercaladas son una característica fundamental de la evolución de las expresiones introductorias. La idea resulta especialmente relevante al comparar los resultados del corpus de narrativa medieval con el de las Novelas Ejemplares de Cervantes: en este último, buena parte de las expresiones intercaladas se complementa con “información relativa a la causa del discurso [...] con expresiones deícticas que vinculan la cita a la intervención anterior [...] o con estructuras alusivas al modo de decir” (). Así, los siglos xiv y xv se postulan como periodo fundamental para el desarrollo de las expresiones introductorias, no solo por su uso creciente (como muestra la evolución temporal de nuestro corpus, desde un Calila e Dimna sin intercalados a un Libro del Cavallero Zifar con 172 casos), sino también por el enriquecimiento de sus estructuras y la asunción de nuevas funciones.
En el estudio de los marcos intercalados es crucial señalar dos aspectos: i) las expresiones intercaladas, al igual que las pospuestas, admiten únicamente al verbo de comunicación decir, y ii) todas, sin excepción, ubican el verbo en primera posición, algo que contrasta con la relativa libertad de posición de la que este mismo elemento goza en las expresiones antepuestas. Parece, efectivamente, que tanto en el esquema del marco intercalado como en el del marco pospuesto, la primera posición sintáctica se reserva para el verbo introductor, imponiendo dicho orden sobre el no marcado en español, que es SVO. Que sepamos, pocos trabajos se han centrado en entender las razones que subyacen a esta inversión. Algunas investigaciones se limitan a apuntar a un proceso de focalización (); , determina que la inversión se trata de un rasgo general de los incisos.
En realidad, la idea de focalización no es, en sí misma, lo suficientemente explicativa. Sin embargo, sí apunta a una idea interesante: debemos tratar de explicar por qué, de los dos componentes del marco, se prefiere destacar el verbo de comunicación —que, al ser siempre el verbo decir, carece en realidad de un significado léxico relevante— frente a otras señales demarcativas, como el enunciador. Desde nuestra perspectiva, tal y como sucedía con los marcos antepuestos, la fijación del orden de los elementos del marco está, de nuevo, influida por razones de naturaleza material. La inestable ortografía medieval, a la que hemos aludido anteriormente, provoca que (29a) sea una secuencia ambigua. Así, en ausencia de signos gráficos, no es posible discernir si María forma parte de la cita (29b) o si es ya un componente del marco (29c). No se cumple, pues, la función explicitadora del marco.
Esta ambigüedad estructural, que hoy podría resolverse mediante la aparición de rayas o comillas, en las obras medievales ha de resolverse lingüísticamente. Tal y como muestra la Imagen 3, extraída del Libro del Cavallero Zifar, el texto no señala gráficamente la frontera entre el marco y la cita.
Igual que sucedía en Calila e Dimna, el manuscrito del Libro del Cavallero Zifar muestra que no existe ningún elemento gráfico que medie entre la cita y el marco. La aparición del verbo en primera posición es la alternativa más eficaz a la hora de establecer una frontera lingüística: el verbo, que en estos marcos es siempre decir y que aparece siempre en pretérito perfecto simple, dixo, se opone deícticamente al contenido de la cita y marca la interrupción de esta. Es posible que, con el paso del tiempo, el orden de los elementos —que tiene aquí una causa material— llegue a transformarse en un rasgo propio de la construcción gramatical, que se convertirá en tradicional con el paso del tiempo, lo que acabaría generando su fijación. Así, aunque hoy los elementos gráficos harían innecesaria la inversión, parece que el orden VS se ha transformado en una propiedad caracterizadora de este tipo de estructuras.
Es posible que la progresiva proliferación de estructuras intercaladas esté vinculada al perfeccionamiento del arte de narrar, pues el desplazamiento de la expresión introductoria sirve para crear una sensación real de interacción dialógica. Puesto que el marco intercalado divide la cita en dos partes (P1 y P2), se produce un acercamiento a la mímesis conversacional, es decir, a la creación de una conversación fingida: en los diálogos reales, los turnos están concatenados y no suele haber solución de continuidad entre el fin del turno de un hablante y el inicio de turno del siguiente. Así, el desplazamiento de la expresión introductoria basta para re-crear, de manera económica y elegante, una conversación más fluida. La aparición de los marcos intercalados está, en consecuencia, ligada a dos rasgos fundamentales, estrechamente relacionados entre sí: la posición conversacional del turno que introducen y la naturaleza de los elementos que encabezan la cita.
Los 228 marcos intercalados de nuestro corpus no introducen nunca turnos iniciativos: se reservan para los reactivos o reactivo-iniciativos. De esta manera, tal y como señalábamos en la sección anterior, son los marcos antepuestos los encargados de contextualizar la reproducción del discurso, profundizando en los participantes, el espacio o el tiempo, los motivos o las actitudes. Los marcos intercalados, que se reducen en 227 casos al verbo (con presencia opcional del enunciador), buscan, además de la identificación del discurso como reproducido, indicar el cambio de turno dentro de la conversación, lo que no los hace adecuados para encargarse de introducir la primera intervención de una interacción.
Dado que con los marcos intercalados la información sobre el cambio de turno llega más tarde que con los antepuestos, resulta fundamental la configuración de la primera parte de la cita, que se carga de indicios lingüísticos internos y recursos de toma de turno que, en sí mismos, anuncian el cambio de enunciador. No solo eso: la necesidad de evitar errores en la atribución de la responsabilidad del discurso provoca que P1 sea siempre un segmento muy breve. En definitiva: i) se genera la sensación de diálogo por el contacto directo de las palabras de dos enunciadores, pero, para evitar una atribución errónea, ii) las palabras de P1 son indicios internos que ayudan a percibir el cambio de turno y, por tanto, de interlocutor, y iii) P1 es un segmento breve, lo que permite que el marco no llegue al lector con un retraso excesivo.
En Sendebar, el marco de cita intercalado queda reducido en cuatro de los siete casos (0,57 %) al verbo de comunicación; en las tres ocurrencias restantes, el verbo se combina con el nombre, pronombre o expresión nominal del enunciador. Se trata, por tanto, de estructuras extremadamente simples en las que prima la función explicitadora. Las citas introducidas por marcos intercalados admiten, en esta narración, dos segmentaciones: en cinco de los siete turnos, en P1 se aísla el adversativo mas (31). En los dos restantes, un vocativo encabeza la cita (32).
En (31) encontramos dos valores diferentes de la partícula mas y del marco intercalado. En (31a) encontramos un uso del DD como ampliación de un DI inmediatamente previo, empleo que se repite en otra ocasión dentro de Sendebar. En (31b), el marco intercalado se ubica en el interior del DD del enunciador. En ambos casos, mas adquiere un valor adversativo debilitado, de modo que “más que una conjunción adversativa, parece un simple signo de separación” () que no divide, claro, turnos de hablantes diferentes. Es posible que, en estos casos, el marco de cita —reducido simplemente al verbo decir— tenga como función exclusiva la explicitación, pues se limita a indicar que quien habla no es el locutor ni un enunciador diferente. Eso explicaría por qué, en (31c), el marco combina el verbo + un SN que concreta la identidad del hablante: el contraste entre el pronombre del marco antepuesto del primer turno (“ella”) y el SN del turno siguiente muestra tanto el carácter reactivo de este último como su pertenencia a un enunciador diferente. Aquí, la conjunción mas sí tiene un valor adversativo puro, de oposición:
-
(31)
- a.
E la vieja dixo quelo faría si pudiese. Mas —dixo— ve a su marido, que es mercador [...] [SEN118]
- b.
E dixo el omne:Por buena fe, yo he gran duelo de ti, mas —dixo— ya que así es, conprártelo he [SEN149]
- c.
E dixo ella: Espera un poco, e faré a mi fijo que coma, e luego me verné para ti. Mas —dixo el omne— faz lo que yo quisiere [SEN142]
- a.
La segunda posibilidad, registrada en los ejemplos de (32), es que la cita esté encabezada por un vocativo. Su función explicitadora es crucial: si en las conversaciones poliádicas el vocativo indica “si la intervención [...] va dirigida específicamente a uno de ellos”, en las diádicas, al hacer “explícito quién es el destinatario directo del enunciado o intervención al que acompaña” () sirve para trazar una frontera, pues parece evidente que un hablante no se dirigirá por medio de un vocativo a sí mismo. De esta manera, en (32) el vocativo marca un salto de nivel diegético (desde el nivel 3 al nivel 2): el infante, que ha adoptado en el pasaje el de narrador/locutor (el segmento narrativo “e arrepintió e fizo penitençia” también es suyo), pasa ahora a ser enunciador. La aparición “e, señor” sirve para que el lector, que sabe que el capítulo es un diálogo entre el infante y el rey, sepa de antemano que las palabras se atribuyen al infante, tal y como especifica el marco de cita.
- (32)
[E arrepintió e fizo penitençia]NIVEL 2 E, señor —dixo el Infante— esta es la estoria del niño de los quatro años [SEN143]
En la edición de Lacarra Ducay de Sendebar parece existir un marco intercalado de características muy particulares, pues no se registra en él el orden VS que hemos considerado inherente a este tipo de estructuras. La comparación con la edición que ofrece y un análisis detallado del pasaje (33) nos permiten defender que no se trata, en realidad, de una excepción de los marcos intercalados, sino de un caso de marco antepuesto introducido como frontera entre dos turnos consecutivos del mismo hablante.
- (33)
[...] E vio que era diabla que estava con sus parientes [...] E la moça vínose a él e cavalgóla en pos d’él, e començó a tremer con el miedo della. E ella dixo: ¿Qué as que tremes?E él le dixo: Espantóme de mi compañero, que he miedo que me verná d’él mal. E ella le dixo:¿Non lo puedes tú adobar con tu aver, que te alabaste que eras fijo de rey e que tenía gran aver tu padre?Él le dixo: Non tiene aver. — E más te alabaste que eras rey e gran prínçipe. —E el diablo le dixo: — Ruega a Dios que te ayude contra él e serás librado [SEN97]
El pasaje de (33) se extrae de una conversación entre dos interlocutores: un niño y una niña. Dado que el turno inmediatamente anterior al que analizamos tiene un marco antepuesto y presenta un sujeto definido (él), la primera parte del DD del último turno (“E más te alabaste que eras rey e gran príncipe”) se interpreta como discurso de la niña. Aunque volveremos sobre esto más adelante, es pertinente señalar que precisamente una comunicación con solo dos interlocutores es un contexto propicio para favorecer la aparición del discurso directo sin marco. Creemos que, en este caso, no tenemos un marco intercalado, sino un DDsM seguido de un marco antepuesto + DD. El marco de cita antepuesto (“E el diablo le dixo”) sirve para reformular la identidad del enunciador, pues el niño se da cuenta de que no es una chica con quien habla, sino el diablo disfrazado; significativamente, se introduce la verdadera identidad del interlocutor justo antes de pronunciar palabras relacionadas con Dios. De esta manera, la interpretación de que “E más te alabaste que eras rey e gran príncipe” y “Ruega a Dios que te ayude contra él e serás librado” pertenecen a un mismo hablante surge solo a partir del contexto de la narración. Desde el punto de vista discursivo son, en cambio, dos turnos diferenciados: uno DDsM y otro DD con marco antepuesto. No se produce, como sí sucede en los intercalados, una interrupción del turno del hablante, sino que encontramos aquí una suerte de reformulación de la identidad el personaje nombrado como la niña.
En El Conde Lucanor, los 43 marcos intercalados aparecen únicamente en el discurso de Patronio en dos contextos reactivos: a) como respuesta al problema o cuestión suscitado en el inicio de cada exempla por el conde Lucanor, prácticamente siempre en DD o b) al inicio del cuentecillo, que es el cuarto turno en la conversación, como muestra (34), donde recogemos la estructura general de cada narración dentro de la obra de don Juan Manuel. La aparición de los marcos intercalados no se da nunca, en nuestro corpus, en turnos iniciativos (es decir, ni en el turno 1 ni en el turno 3), es general en el turno 2 y muy frecuente en el 4:
Además, la división de constituyentes de la cita en la intervención de Patronio es siempre la misma. En P1 se aísla un vocativo, que adopta la forma de Señor conde (35a) o Señor conde Lucanor (35b), ambas caracterizadas por carecer de artículo y tener la forma título + título (+ nombre). En lo relativo al contenido del marco de la cita, la expresión introductoria destaca por mantenerse inalterable en sus 43 apariciones, pues es siempre «dixo Patronio».
Nos encontramos de nuevo, entonces, ante un uso preferido del vocativo como marca de inicio de DD. El contacto directo del vocativo con el final de las palabras de Lucanor genera, en efecto, la sensación de estar ante una conversación, una secuenciación de turnos (). La referencia al interlocutor, que es un elemento autónomo del resto del enunciado, favorece la impresión de un diálogo entre los interlocutores. En este caso, dado que en El Conde Lucanor encontramos, en el nivel 1, solo dos interlocutores (el conde y Patronio) el vocativo es un indicio interno (sintáctico y semántico) lo suficientemente sólido en sí mismo como para permitir una intercalación general de la expresión introductoria. Eso explica que, ante la ausencia de signos gráficos indicadores del cambio de turno en el manuscrito (36) (Imagen 4), la presencia del vocativo sea obligatoria en todos los casos de intercalación.
- (36)
Sennor conde Lucanor —dixo Patronio— mucho me plazeria que parasedes mientes a vn exemplo [LUC45]
Si en Sendebar y El Conde Lucanor encontrábamos apariciones puntuales de los marcos intercalados en los turnos reactivos (escasas en la primera obra y reducidas a contextos muy concretos en el segundo), en el Zifar debemos interpretar que se ha producido un salto cualitativo de gran relevancia: la mayor parte de los turnos reactivos o reactivo-iniciativos insertos en diálogos aparecen introducidos con expresiones introductorias intercaladas (que aparecen en 172 casos).
Tal y como anunciábamos en el análisis de los marcos antepuestos, estas expresiones eran las encargadas de presentar el turno que inicia la conversación, lo que generaba su alargamiento y la proliferación de indicios externos. Tras un primer marco antepuesto en la conversación, las siguientes expresiones son intercaladas o pospuestas (37a), que asumen las funciones explicitadora y contextualizadora; su estructura se reduce, entonces, a las señales demarcativas: en los 172 casos están conformadas por la combinación verbo + enunciador. La justificación de la aparición obligatoria del enunciador parece, de nuevo, la necesidad de evitar errores en la interpretación, pues, frente a lo que sucede en otras narraciones, el Zifar presenta diálogos mucho más verosímiles, con sucesiones de varios turnos en DD introducidos y en los que pueden intervenir varios personajes. De hecho, los marcos intercalados aparecen solo cuando la narración se acerca a la mímesis conversacional y presenta de forma sucesiva diálogos entre los personajes, sin intervenciones narrativas en el medio. En (37b) la presencia de un pasaje narrativo (que señalamos en negrita) antes de la presentación del segundo turno explica la aparición de un marco antepuesto, a pesar del carácter reactivo del turno del mozo.
-
(37)
- a.
E en cavalgando e queriéndose ir a la posada, llegaron los cient cavalleros e dixieron al velador: Di, amigo, ¿entró acá a la villa un cavallero que vino agora acá armado? E, ¿quién sodes vós —dixo el velador— que lo demandades? Certas —dixo el uno d’ellos— conoscer nos deviédes, que muchas malas sonochadas e malas matinadas avedes de nós rescebidas en este logar. Verdat es —dixo el velador— mas cierto só que a mal iredes de aquí esta vegada [...] [ZIF66-67]
- b.
E el padre quando vio que dudaba de comer, díxole así:Fijo, come seguramente, que atal es la carne del enemigo como la del puerco e que tal sabor ha. E el moço començó a comer, e sópole mucho bien e metióse a comer muy de recio más que los otros, e dixo así: Padre señor, vós e vuestro amigo bien me avedes encarniçado en carnes de enemigo [...] [ZIF37-38]
- a.
En otras muchas ocasiones, el marco intercalado introduce el primer turno en DD dentro de la conversación (38); en estos casos, la formulación del turno iniciativo aparece en discurso indirecto, que presenta un marco de complejidad equivalente a cualquier antepuesto en DD. El ejemplo pone de manifiesto que, en la elección del marco intercalado, prima la posición y naturaleza conversacional del turno introducido (la reactiva) sobre el hecho de que sea la primera intervención en DD.
- (38)
E a cabo de diez años preguntóle el padre quántos amigos avié ganados e él le dixo quemás de ciento. Certas —dixo el padre— bien despendiste lo que te di si así es; ca en todos los días de la mi vida non pude ganar más de medio amigo; e si tú cient amigos as ganado, bien aventurado eres. [ZIF33]
La proliferación de marcos intercalados desemboca en un mayor abanico de posibilidades de relación entre las dos partes de la cita, algo relevante en nuestro trabajo porque implica que, como hemos señalado más arriba, se produce un cambio con respecto a los modelos anteriores. Dentro de las diversas posibilidades, que detallamos a continuación, destaca una constante: la primera parte de la cita es un elemento que goza de cierta autonomía sintáctica y discursiva y es relativamente breve, aunque más extensa que en Sendebar y El Conde Lucanor. Así, encontramos:
-
a) Separación dentro de un enunciado
-
- P1 es un vocativo y P2, el turno del enunciador (39a). Esta estructura, la más frecuente, aparece de forma independiente en 51 marcos de cita.
-
- P1 es una expresión interjectiva o juramento; inicia el contenido exclamativo que se desarrolla en P2 (39b).
-
- P1 es un elemento modal epistémico que reacciona al turno previo y P2, una aserción (39c). En este sentido, la frecuentísima aparición de çertas en P1 hace que dicha palabra termine por transformarse en una marca de introducción del DD, especializada en constituir el primer segmento de turnos con marco intercalado. En 34 casos çertas encabeza la cita de forma independiente y en 8 casos se combina con un vocativo.
-
-
b) En oraciones compuestas
-
c) Oraciones complejas y simples
-
- P1 es un verbo realizativo y P2, su subordinada (39e).
-
- En las oraciones interrogativas parciales, P1 está formado por un pronombre o un sintagma interrogativos, mientras que P2 contiene el contenido proposicional de la oración interrogativa (39f).
-
- El marco divide dos intervenciones distintas, de modo que P1 es respuesta al turno inmediatamente previo mientras que P2 introduce un turno iniciativo (39g).
-
-
(39)
- a.
Fijo —dixo el onbre bueno— mucho me maravillé quando te oí dezir que cient amigos [...] [ZIF35]
- b.
¡Par Dios, señora! —dixo el onbre bueno— si vós lo fazedes, fazerlohedes muy bien [ZIF213]
- c.
Certas —dixo la Señora de la villa— non es menester de nos detener de non enbiar por él [ZIF75]
- d.
E si nós de tan grant logar venimos —dixe— e pues ¿cómo fincamos tan pobres? [ZIF53]
- e.
Dígovos —dixo el capellán— que este vuestro amigo muere por amores que ha [...] [ZIF42]
- f.
E ¿cómo? —dixo el otro— ¿cuidades escapar por cavallero seyendo rapaz d’esa dueña? [ZIF63]
- g.
Mucho me plaze —dixo el rey— e yo ayudarvos he a ello [ZIF222]
- a.
Asimismo, encontramos que en 12 ocasiones la primera parte de la cita (de diversos tipos de los recogidos más arriba) está encabezada por el marcador discursivo pues. La aparición de dicho marcador en P1 parece otro signo más de evolución en la construcción de los diálogos: Iglesias Recuero estudia la partícula hasta principios del xvi y señala que el marcador “desempeña funciones predominante aunque no exclusivamente cohesivas y conectivas” (). Tal y como mostramos en , la apertura de turnos con dicho marcador será frecuente en Cervantes; en este sentido, afirma que pues se “consolida como forma prototípica del cambio de turno conversacional”, un valor que parece originarse en diálogos como los que aquí estudiamos.
En definitiva, encontramos que los marcos intercalados están estrechamente ligados a la inclusión de elementos que, bien por su naturaleza semántico-pragmática (como los vocativos) bien por su función discursiva (la reacción, que siempre supone un cambio de hablante), facilitan la identificación del cambio de turno. La primera parte de la cita tiende a emplearse como mecanismo cohesionador del discurso, señalando a qué fragmento de la intervención anterior se reacciona. Sin embargo, la identificación del cambio de turno a partir de P1 no siempre es sencilla, lo que evidencia que la construcción de este tipo de diálogos es todavía una estrategia en proceso de desarrollo. Así sucede en (40), donde la primera parte de la cita es una prótasis condicional que, con el marco intercalado, leemos como reactiva, a pesar de que a priori admitiría ser todavía parte del turno del primer enunciador:
- (40)
E ¿cómo?, amigo —dixo él— ¿por qué tan ligera cosa tienes que es fazer o desfazer rey? Certas con grant fuerça de maldat se desfaze e con grant fuerça de bondat e de buenas costumbres se faze [...]. E si nos de tan grant logar venimos —dixe yo— e pues, ¿cómo fincamos tan pobres? [ZIF52]
Las únicas aparentes excepciones a la regla que hemos planteado son ejemplos como el de (41), donde hallamos un marco intercalado que no parece introducir un turno reactivo. En realidad, lo que sucede en este caso es algo muy similar al caso de (32), que hemos estudiado en Sendebar. Dado que estas narraciones están configuradas en forma de cajas chinas, es frecuente encontrar en ellas continuos saltos diegéticos. Lo que sucede en (41) es precisamente eso: después de alargar su cuento durante varias páginas, el narrador emplea el vocativo para recordar que todo el cuentecillo anterior estaba incluido en las palabras del padre, que intenta aleccionar a su hijo. El marco intercalado incluye, entonces, un turno reactivo, sí, pero distanciado por varias páginas de su respectivo iniciativo. Precisamente, el empleo del marco intercalado, que fuerza la lectura iniciativa, obliga al lector a recordar que el cuento del preso y del emperador se incluye dentro del diálogo entre el padre y el hijo.
- (41)
[...] e amávanlos todos e preciávanlos por quanto bien fezieron e porque se dieron por buenos amigos. E mi fijo —dixo el padre— agora puedes tú entender quál es la proeva del amigo entero e quánto bien fizo el que mató el onbre bueno [ZIF50]
Finalmente, debemos detenernos en el marco intercalado que es excepcional por su forma, el único que incluye un indicio externo (42) que, en este caso, concreta las intenciones del enunciador. Se trata de un elemento que influye notablemente en la interpretación de la cita, pues invita a no interpretar las palabras en DD como verdaderas. Aunque no encontramos ninguna razón que explique que este pasaje sea el único que favorece la complejización del marco, creemos que es interesante notar cuál es el punto de partida de los indicios externos de los marcos intercalados: aquellos que modifican significativamente la interpretación del enunciado que introducen. Es posible que a lo largo del siglo xv se abra la puerta a la aparición de más indicios externos, de modo que ya en el siglo xvi los marcos intercalados incluyan información de naturaleza variada, aunque todavía relacionados a la forma de decir o de interpretar el contenido de la cita (cf. ).
- (42)
E él estando en esto sobre dicho, vino la reina e violo todo lloroso e triste, e díxole así: ¡Ay, señor! ¿qué es esto por qué llorades o qué es el cuidado que avedes? ¡Dezítmelo! Certas, reina —dixo él queriendo encorir su pensamiento que pensava— es esto: yo fiz’ muy grant yerro a Nuestro Señor Dios que non le fiz’ enmienda ninguna [...] [ZIF208]
4.2.3. Marcos pospuestos
En tercer lugar, encontramos la posibilidad de que la expresión introductoria aparezca detrás de la cita que acompaña. En nuestro corpus, estas expresiones son las menos frecuentes y aparecen únicamente en 37 ocasiones en el Libro del Cavallero Zifar. Siempre se construyen a través del verbo en pretérito perfecto simple. Nuestros resultados contrastan notablemente con los obtenidos por en el estudio de las narraciones contemporáneas, donde las expresiones pospuestas son las más frecuentes. Esto apunta a la posibilidad de que, a lo largo de la historia de la literatura, se produzca un cambio en los gustos y expectativas de la reproducción directa; eso habría generado una inversión en la distribución de las expresiones introductorias y las pospuestas —las más marcadas en nuestro corpus— habrían pasado a ser las más frecuentes. En las Novelas Ejemplares, los marcos pospuestos siguen siendo los minoritarios, como mostramos en , donde solo se registra un 7 % de expresiones introductorias pospuestas. El hecho de que el Libro del Cavallero Zifar sea la única narración que presenta la posibilidad de posponer los marcos redunda en la idea de que esta novela es, al menos desde el punto de vista dialógico, la más moderna de las cuatro, pues es la única en la que existen diálogos dinámicos verosímiles, con interacciones dialogadas extensas donde cada uno de los turnos es relativamente breve.
En efecto, aunque supone que la presencia de una expresión introductoria pospuesta o intercalada resulta de una búsqueda de estilo por parte del autor, no resulta fácil explicar por qué, si esto es así, no todas las obras que admiten marcos intercalados presentan expresiones pospuestas. A partir del análisis de nuestro corpus, parece que la única alternativa es afirmar que el marco pospuesto genera una interpretación remática en la cita, tal y como señalamos en ; para que tal focalización pueda darse, es necesario que la cita introducida sea relativamente breve, como se detallará más adelante en los ejemplos. Solo el Libro del Cavallero Zifar construye diálogos con turnos de extensión mínima, pues ya mencionamos más arriba que Sendebar y El Conde Lucanor son, en realidad, secuencias de monólogos que fingen, con más o menos éxito, ser diálogos. Igual que sucedía con los marcos intercalados, las expresiones pospuestas se acumulan en diálogos de varios turnos e incluyen siempre verbo + enunciador; la síntesis de intercalados y pospuestos aporta dinamicidad a la interacción, pues permite leer pares adyacentes sin mediación del narrador.
La elección del marco intercalado o pospuesto en el Libro del Cavallero Zifar obedece a dos motivos: la fuerza ilocutiva del turno que introduce y la extensión de la cita. En relación con la fuerza ilocutiva conviene señalar que, de los 37 marcos pospuestos, 11 de ellos introducen intervenciones de aceptación (43a) o respuestas a preguntas (43b), y 15 marcos introducen solicitudes de información (43c). Las dos primeras son, de nuevo, reactivas, lo que favorece de nuevo el desplazamiento del marco y el retraso al acceso a la demarcación de la reproducción. Las solicitudes de información, en cambio, son continuativas; se vinculan con las intervenciones anteriores porque todas pertenecen a una misma secuencia discursiva y el hablante las presenta vinculadas unas a otras con la conjunción e que encabeza cada una (cf. ). Por otra parte, las citas introducidas con marcos pospuestos son notablemente breves, algo que debe entenderse a) por la posibilidad de que reciban, en conjunto, una interpretación remática, y b) por la imposibilidad de segmentarlas en dos constituyentes, como hacen los marcos intercalados. Es posible que la preferencia por introducir las preguntas mediante marcos pospuestos, como en (43c) se deba a la necesidad de favorecer la focalización.
-
(43)
- a.
E después que fue acabada la misa, dixiéronle los cavalleros que·l enviaba rogar la Señora de la villa que se fuese para ella. Muy de grado —dixo el cavallero Zifar, e fuese con ellos. [ZIF75]
- b.
E el físico cuidó que era algunt cavallero e díxole: Tú, cavallero, ¿podrás sofrir el amargura de la melezina? Sí —dixo el rey. [ZIF318]
- c.
E ella le preguntó: Amigo, ¿sodes cavallero? Señor —dixo él— sí. E ¿sodes fijo del rey? —dixo ella.Sí —dixo él— ¡loado sea Dios que lo tovo por bien!. E ¿sodes casado? —dixo ella. [ZIF480]
- a.
4.2.4. Repetición de marcos
A pesar de que la tendencia general en la descripción de las expresiones introductorias y los modos de reproducción del discurso es entender que existe una biunivocidad entre el marco y la cita, registramos en nuestro corpus diversos ejemplos en los que, dentro del turno de un mismo hablante, se incluyen diversas expresiones introductorias. La repetición de marcos es exclusiva de las dos obras del siglo xiii, Calila e Dimna y Sendebar. Su ausencia en El Conde Lucanor y en el Libro del Cavallero Zifar, así como en las Novelas Ejemplares de Cervantes (cf. ) podrían apuntar a que la repetición de expresiones introductorias es un recurso de los textos más primitivos, cuyos mecanismos de construcción del diálogo son, como hemos visto a lo largo del análisis, menos elaborados.
El recurso es especialmente productivo en Sendebar, que incluye 10 repeticiones de marcos. Un ejemplo de su funcionamiento se muestra en (44), donde las palabras de Cendubete se introducen dos veces.
- (44)
Dixo Çendubete:Yo te lo mostraré. Dixo: Mostrarle é en seis meses lo que non le emostrara otro en sesenta años, por guisa que ninguno non sepa más qu’él [...] [SEN71]
A nuestro parecer, la introducción del segundo marco de cita permite dividir la intervención del personaje en dos turnos con distintas fuerzas ilocutivas. Estrictamente hablando, el primer marco cumple las funciones de las expresiones introductorias antepuestas: anuncia la reproducción del discurso y la explicita; introduce, así, un acto compromisivo que es respuesta al turno anterior. En cambio, el segundo marco se limita al verbo de comunicación —que adopta un valor funcional, libre de contenido léxico relevante—. De esta manera se introduce un segundo turno que amplía el contenido del primero y desarrolla el contenido de la promesa.
Un funcionamiento similar es el que se registra en (45), donde, de nuevo, la existencia de dos actos de habla diferenciados en el interior de un mismo turno —uno expresivo, pues se trata de una pregunta retórica y otro directivo, donde el infante da una orden al bañador— se marca mediante la introducción de una expresión introductoria.
- (45)
E el infante le dixo:¿Qué faré yo que mi padre me quiere casar? Non sé si podré fazimiento con muger. E el Infante dixo:Toma agora diez maravedís, e veme a buscar una muger fermosa [SEN105]
Más complejo de explicar es el caso de (46a), donde se combinan un marco antepuesto y uno intercalado. Frente a los casos anteriores, no se sigue aquí la división del turno en dos actos de habla. Aunque podríamos pensar que el marco intercalado aparece por la necesidad de reiterar la identidad del hablante en un turno extenso, lo cierto es que en Sendebar encontramos intervenciones más largas enmarcadas únicamente por una expresión introductoria antepuesto (46b). Quizá, el hecho de que se introduzca precisamente un contenido adversativo en la P1 del marco intercalado puede justificar la aparición de esta expresión introductoria; ello reforzaría la hipótesis, presentada más arriba, de que los marcos intercalados se especializan en la introducción de la adversatividad.
-
(46)
- a.
Entonçe dixo el Rey a su muger:Piadosa, bienaventurada, nunca quisiste nin quedeste de me conortar e me toller todo cuidado quando lo avía, mas esto —dixo el Rey— yo, ni quanto poder he, ni quantos ay en mi regno, non podrían poner cobro en esto porque yo estó triste. [SEN66]
- b.
E la muger le dixo:Yo te daré consejo bueno a esto. Ruega a Dios, qu’Él que de todos bienes es conplido, ca poderoso es de te fazer e de te dar fijo, si le pluguiere, ca Él nunca cansó de fazer merçed e nunca le demandeste cosa que la non diese. E después qu’Él sopiere [...] [SEN66]
- a.
También en Calila e Dimna encontramos un caso de duplicación del marco de cita (47), marcado probablemente por la extensión del turno, que es más largo que el resto de las intervenciones de Calila y Dimna. De esta manera, el primer marco, como en (44) y (45) introduce la cita como el resto de los marcos antepuestos, pero la extensión de esta —unida a la combinación de un acto de habla expresivo y uno directivo— justifica el empleo de un nuevo marco limitado únicamente a la conjunción y verbo de comunicación. Con todo, conviene señalar también, dado que este uso es el único de los 454 marcos extraídos de Calila e Dimna, que en el manuscrito B no se produce la repetición de marco.
- (47)
Dixo Dina:Las dignidades e las medidas de los omnes son comunas e son contrarias, asy como el omne de grant coraçón puja de la vil medida a noble, e el omne de vil coraçón abaxa del alta medida a la vil. [...]. Et dixoPor esto nos avemos de trabajar mucho por aver de las mayores dignidades con nuestros grandes coraçones e non estar en este estado, podiendolo guisar. [CAL160-161]
5. CONCLUSIONES
El análisis de 1.816 marcos de la narrativa medieval ha permitido comprender qué características de las expresiones introductorias relativas a la posición, la complejidad y la extensión de estas son rasgos generales de la tradición discursiva marco y de qué modo evolucionan en los siglos xiii y xiv.
A nuestro juicio, el resultado más notable que arroja esta investigación es que la gramática de las expresiones introductorias solo puede abordarse desde su naturaleza discursiva (como también defiende , , ); no es posible entender sus rasgos, su significado ni su evolución desde una perspectiva oracional (de la que, evidentemente, tampoco podemos rehuir). La investigación parece apuntar a que existe una evolución cronológica significativa de los diversos fenómenos estudiados, muy vinculada al progresivo perfeccionamiento de la técnica narrativa, y no tanto a la cantidad de DD presente en cada una de las narraciones, como apuntaban investigaciones previas. Se plantean futuras vías de investigación, como el análisis profundo de las posibles razones —quizá no estrictamente gramaticales, sino vinculadas también a las características de la transmisión de los textos— que explican, por ejemplo, el crecimiento de la posposición de los marcos.
La segunda aportación realizada es que las propiedades de las expresiones introductorias (tanto la longitud y complejidad de las unidades que las componen como la fijación del orden de estas) parecen depender en gran medida de la posición del marco con respecto a la cita. Existen diferencias en las propiedades gramaticales (léxicas y sintácticas) de los marcos intercalados y pospuestos, frente a las de los antepuestos (que, a su vez, se dividen también dependiendo del turno conversacional). En concreto, son tres los factores que se tornan esenciales en la comprensión de las expresiones introductorias: i) la materialidad gráfica de los textos; ii) el carácter iniciativo o reactivo del turno introducido; y iii) la extensión de las citas en diálogos.
Por una parte, hemos mostrado que la inestabilidad de los criterios gráficos afecta tanto al predominio de la anteposición como a la fijación del orden de los elementos de los marcos intercalados y pospuestos. Así, la narrativa medieval necesita que las funciones explicitadora, contextualizadora y orientadora de la cita se marquen por medio de recursos lingüísticos. La ausencia de indicadores gráficos para la cita podría explicar la preferencia por la anteposición de la expresión introductoria, pues esta es la mejor estrategia para garantizar que no existan confusiones en la atribución de la responsabilidad de la cita. La evolución temporal de los marcos antepuestos tiende a una reducción en la cantidad de estos (453 en Calila e Dimna > 428 en Sendebar > 401 en El Conde Lucanor > 234 en el Libro del Cavallero Zifar); a su vez, la proliferación de expresiones intercaladas y pospuestas genera un alargamiento de las expresiones antepuestas, pues en ellas recae toda la responsabilidad de contextualizar la situación enunciativa reproducida. Asimismo, la ausencia de signos gráficos es también la responsable de la fijación del orden VS en las expresiones intercaladas y pospuestas; hemos mostrado cómo la deíxis verbal es la estrategia más efectiva a la hora de establecer el contraste entre la cita y el marco.
También la posición y función del turno en la interacción reproducida afectan a diversas características de los marcos de las exploradas en nuestro trabajo. En Calila e Dimna y Sendebar, donde la proporción de expresiones antepuestas es altísima, la longitud del marco de cita depende del carácter inicial del turno. Los marcos que introducen el primer turno de la interacción son siempre más extensos que los que presentan los turnos siguientes, pues deben caracterizar los componentes de S2. Parece que el progresivo perfeccionamiento de la técnica narrativa facilita que en El Conde Lucanor se incremente el uso de los marcos intercalados para introducir turnos reactivos.
Finalmente, es el Zifar el que muestra un abanico de posibilidades mayor y más cercano a la narrativa contemporánea. En la obra, la sucesión de diálogos conformados por turnos breves se aproxima más a la mímesis conversacional y favorece la aparición generalizada de marcos intercalados o pospuestos en las intervenciones reactivas. La extensión de la cita justifica la elección de una u otra posición. Además, los marcos intercalados y pospuestos tienen efectos sobre la primera parte de la cita que introducen, que ha de señalar el cambio de hablante. Eso explica el uso de indicios internos del cambio de turno, tales como los vocativos o las expresiones inherentemente reactivas.
La evidente evolución de los marcos dentro de las cuatro narraciones analizadas y su contraste con los rasgos de las expresiones introductorias empleadas por Cervantes apuntan a la narrativa de los siglos xiv y xv como un periodo fundamental en el desarrollo de los marcos de cita. El impacto será especialmente notable en los marcos intercalados, que en nuestro corpus carecen de indicios externos y se reducen, por tanto, a las funciones explicitadora y/o contextualizadora y no desempeñan, en ningún caso, la función orientadora. De cualquier modo, los resultados refuerzan la hipótesis de que la evolución cronológica y el surgimiento de técnicas narrativas diversas afectan directamente a los marcos de cita.
Financiación
Una parte de este trabajo ha sido realizada durante el periodo de disfrute de un contrato FPU (FPU 23/03253) concedido por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Agradecimientos
Agradecemos a los revisores anónimos y a Silvia Iglesias Recuero y Amparo Soler Bonafont sus comentarios y sugerencias sobre nuestro trabajo, pues todos han contribuido a enriquecerlo y perfilarlo.
Bibliografía. Fuentes secundarias
5
Albitre Lamata, Paula. 2021. Pragmática histórica del español: una primera aproximación al estudio de actos directivos en cartas privadas (s. xix-s. xxi). Textos en Proceso 7(1), 38-59. https://doi.org/10.17710/tep.2021.7.1.3albitre
6
7
8
9
10
Beer, Jeanette. 2014. In their Own Words: Practices of Quotation in Early Medieval History-Writing, Toronto: Toronto University Press. https://doi.org/10.3138/9781442668478
11
Benavent Payá, Elisa. 2003. ¿Por qué contamos nuestras historias cotidianas en estilo directo?. Foro Hispánico 29, 11-20. https://doi.org/10.1163/9789004334403_003
12
Benavent Payá, Elisa. 2023. Relatos de la conversación coloquial: Decir y discurso directo, Berlín: Peter Lang. https://doi.org/10.3726/b20213
13
14
15
Briz Gómez, Antonio. 2006. La segmentación de una conversación en ‘diálogos’. Oralia: análisis del discurso oral 9, 45-71. https://doi.org/10.25115/oralia.v9i1.8191
16
Buchstaller, Isabelle; D’Arcy, Alexandra. 2009. Localized globalization: A multi-local, multivariate investigation of quotative be like. Journal of Sociolinguistics 13(3), 291-331. https://doi.org/10.1111/j.1467-9841.2009.00412.x
17
Bustos Tovar, José Jesús. 1998. Elementos de progresión del discurso en los textos primitivos. En Claudio García Turza, Fabián González Bachiller y José Javier Mangado Martínez (coords.), Actas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, La Rioja: Universidad de La Rioja, 429-443.
18
19
20
Camargo Fernández, Laura. 2022. Registro coloquial en un atlas sociodialectal. La cita directa en narraciones del AleCMan. Normas 12, 169-191. https://doi.org/10.7203/Normas.v12i1.25752
21
22
23
Castillo Lluch, Mónica. 1993. Acercamiento a las partículas adversativas medievales. Cahiers d’Études Hispaniques Médiévales 18-19, 219-242. https://doi.org/10.3406/cehm.1993.1088
24
Cornulier, Benoît de. 1978. L’incise, la classe des verbes parenthétiques et le signe mimique. Cahiers de Linguistique, Québec 8, 53-97. https://doi.org/10.7202/800060ar
25
Cukor-Avila, Patricia. 2002. She say, she go, she be like: Verbs of quotation over time in African American Vernacular English. American Speech 77(1), 3-31. https://doi.org/10.1215/00031283-77-1-3
26
27
del Rey Quesada, Santiago. 2020. Hacia una diacronía de la oralidad: el inicio de turno y la inmediatez comunicativa en un corpus de traducciones de Plauto y Terencio (ss. xvi y xix). Lexis 44(1), 41-74. https://doi.org/10.18800/lexis.202001.002
28
Díez de Revenga Torres, Pilar. 1992. El texto jurídico medieval: discurso directo e indirecto. Cahiers de Linguistique Hispanique Médiévale 17, 127-152. https://doi.org/10.3406/cehm.1992.1079
29
Estellés-Arguedas, María. 2015. Expressing evidentiality through prosody? Prosodic voicing in reported speech in Spanish colloquial conversations. Journal of Pragmatics 85, 139-154. http://dx.doi.org/10.1016%2Fj.pragma.2015.04.012
30
Estévez Rionegro, Noelia. 2009. La adecuación de la cita al contexto. Estudio comparativo de los procedimientos del estilo directo en el discurso periodístico y narrativo. En Javier Serrano Alonso y Amparo de Juan Bolufer (coords.), Literatura hispánica y prensa periódica (1975-1931): Actas del congreso internacional, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 801-812.
31
Estévez Rionegro, Noelia. 2012. El estilo directo como ejemplo de gramaticalización. Hacia una reconstrucción de su proceso evolutivo en español. En Emilio Montero Cartelle y Carmen Manzano Rovira (coords.), Actas del VIII Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Santiago de Compostela: Meubook, vol. 2, 2101-2112.
32
33
Estévez Rionegro, Noelia. 2020. El estilo directo en español. Verbos y construcciones en el discurso narrativo, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela. https://doi.org/10.15304/9788418445088
34
Estévez Rionegro, Noelia. 2021a. El tratamiento del estilo directo en la gramática del español desde 1917. Linred: Lingüística en red 18, 1-20. https://doi.org/10.37536/LINRED.2021.XVIII.1
35
Estévez Rionegro, Noelia. 2021b. Los procedimientos de cita directa y su adecuación al tipo de discurso. Moenia, 27, 1-30. https://doi.org/10.15304/moenia.id8146
36
37
38
39
Gallucci Natale, María José. 2019. Las citas directas en el español de Caracas. En Enrique Pato (coord.), Estudios sobre el español de Venezuela, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert, 319-345. https://doi.org/10.31819/9783968694542-012
40
41
43
Gil, Alberto. 1987. La veracidad del diálogo literario. En Henk Haverkate (ed.), La semiótica del diálogo. Diálogos Hispánicos de Amsterdam, Amsterdan: Rodopi, nº 6, 119-148. https://doi.org/10.1163/9789004655348_007
44
45
46
47
48
Girón Alconchel, José Luis. 2008. Tradiciones discursivas y gramaticalización del discurso referido en el Rimado de Palacio y las Crónicas del Canciller Ayala. En Johannes Kabatek (ed.) Sintaxis histórica del español y cambio lingüístico: Nuevas perspectivas desde las tradiciones discursivas, Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert, 173-196. https://doi.org/10.31819/9783865278623-008
49
Givón, Thomas. 1993. English Grammar: A Function-Based Introduction, vol 2, Ámsterdam/Philadelphia: John Benjamins Publishing Company. https://doi.org/10.1075/z.engram1
50
51
Gutiérrez Ordóñez, Salvador. 1986. Observaciones sobre el estilo directo en español. Estudios Humanísticos. Filología 8, 23-38. https://doi.org/10.18002/ehf.v0i8.4373
52
53
Hickmann, Maya. 1993. The boundaries of reported speech in narrative discourse: Some developmental aspects. En John A. Lucy (ed.), Reflexive language: Reported speech and metapragmatics, Cambridge: Cambridge University Press, 91-126. https://doi.org/10.1017/CBO9780511621031.006
54
Holt, Elizabeth 1996. Reporting on Talk: The use of Direct Reported Speech in Conversation. Research on Language and Social Interaction 29(3), 219-245. https://doi.org/10.1207/s15327973rlsi2903_2
55
56
Iglesias Recuero, Silvia. 2021. Aportación al estudio de las formas nominales de tratamiento en el español áureo: condiciones de selección y funciones discursivas. RILCE 37(1), 73-101. https://doi.org/10.15581/008.37.1.73-101
57
58
Kabatek, Johannes. 2013. ¿Es posible una lingüística histórica basada en un corpus representativo?. Iberoromania 77(1), 8-28. http://dx.doi.org/10.1515/ibero-2013-0045
59
Kabatek, Johannes. 2014. Empathic Linguistics. RILCE, 30(3), 705-723. https://doi.org/10.15581/008.30.366
60
Las Heras Calvo, Miguel. 2022. Puntuación y discurso referido en la General e Grand Estoria. En Ruth Fine, Florinda. F. Goldberg y Or Hasson (coords.), Mundos del hispanismo: Una cartografía para el siglo XXI. AIH Jerusalén 2019. [Comunicación en congreso] https://doi.org/10.31819/9783968693002_063
61
62
López Serena, Araceli. 2022. Discursividad y mímesis de la oralidad en Paquita Salas. Tras las huellas de la improvisación dialógica en la ficción televisiva contemporánea. En María Méndez Orense y Víctor Pérez Béjar (coords.), Perspectivas integradas para el análisis de la oralidad, Sevilla: Universidad de Sevilla, 57-84.
63
64
65
66
Marnette, Sophie. 2005. Speech and Thought Presentation in French, Ámsterdam/Philadelphia: John Benjamins Publishing Company. https://doi.org/10.1075/pbns.133
68
Mathis, Terrie; Yule, George. 1994. Zero Quotatives. Discourse processes 18, 63-76. https://doi.org/10.1080/01638539409544884
69
Méndez García de Paredes, Elena. 1999. Análisis de la reproducción del discurso ajeno en los textos periodísticos. Pragmalingüística 7, 99-128. https://doi.org/10.25267/Pragmalinguistica.1999.i7.04
70
71
72
Mikulová, Jana. 2016. Marking the End of Direct Speech in Late Latin. Graeco-Latina Brunensia 21(2), 169-182. http://dx.doi.org/10.5817/GLB2016-2-13
73
Mikulová, Jana. 2017. Some remarks on dicens in Late Latin texts. Indogermanische Forschungen 122 (1), 1-28. https://doi.org/10.1515/if-2017-0001
74
75
Monge Hermida, Elena. 2024. Discurso reproducido y marcos de cita en las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes. Revista de Filología Española 104(2), 1-26. https://doi.org/10.3989/rfe.2024.1372
76
Nieuwenhuijsen, Dorien. 2016. Notas sobre la aportación del análisis estadístico a la lingüística de corpus. En Johannes Kabatek y Carlota de Benito Moreno (coords.), Lingüística de corpus y lingüística histórica iberorrománica, Berlin: de Gruyter Mouton, 215-237. https://doi.org/10.1515/9783110462357-011
77
79
Perridon, Harry. 1996. Reported speech in Swedish. En Theo Janssen y Wim van der Wurff (eds.), Reported Speech: Forms and Functions of the verb, Ámsterdam / Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, 165-188. https://doi.org/10.1075/pbns.43.13per
80
Ramírez Luengo, José Luis. 2016. Documentación de archivo e historia de la lengua: una reflexión desde el caso colombiano. Lingüística y Literatura 70, 87–116. https://doi.org/10.17533/udea.lyl.n70a04
81
83
84
85
Romaine, Suzanne; Lange, Deborah. 1991. The use of like as a marker of reported speech and thought: A case of grammaticalization in progress. American Speech 66, 227-279. https://doi.org/10.2307/455799
86
Sáez Rivera, Daniel. 2014. Discurso referido y puntuación en el Siglos de Oro: el caso de la Olla podrida a la española (1655) de Marcos Fernández. reCHERches 12, 235-254. https://doi.org/10.4000/cher.7174
87
San Martín, Abelardo; Guerrero, Silvana. 2013. Una aproximación sociolingüística al empleo del discurso referido en el corpus PRESEEA de Santiago de Chile. Revista Signos 46(82), 258-282. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342013000200005
88
Sánchez-Prieto, Pedro. 2017. La puntuación en los códices de la General Estoria de Alfonso X el Sabio. Atalaya. Revue d’études médiévales romanes 17. https://doi.org/10.4000/atalaya.2570
89
Sánchez-Prieto, Pedro. 2023. La puntuación en los códices alfonsíes. Revista de Historia de la Lengua Española 18, 89-112. https://doi.org/10.54166/rhle.2023.18.04
90
91
92
Tannen, Deborah. 2007. Talking voices: Repetition, dialogue and imagery in conversational discourse, New York: Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511618987
93
Tagliamonte, Sali; Hudson, Rachel. 1999. Be like et al. beyond America: The quotative system in British and Canadian youth. Journal of Sociolinguistics 3/2, 147-172. https://doi.org/10.1111/1467-9481.00070
94
Traugott, Elizabeth Closs. 2010. (Inter)subjectivity and (inter)subjectification: A reassessment. En Kristin Davidse, Lieven Vandelanotte y Hubert Cuyckens (eds.), Subjectification, Intersubjectification and Grammaticalization, Cambridge: Cambridge University Press, 29-74. https://doi.org/10.1515/9783110226102.1.29
95
Todorov, Tzvetan. 1966. Les catégories du récit littéraire. Communications 8, 125-151. https://doi.org/10.3406/comm.1966.1120
Notas
[1] De aquí en adelante: DR = discurso reproducido; S1 = situación enunciativa 1; S2 = situación enunciativa 2; DD = discurso directo; DI = discurso indirecto; DDsM = discurso directo sin marco; DN = discurso narrado; DIL = discurso indirecto libre. En los marcos intercalados, hablaremos de P1 = 1ª parte de la cita y P2 = 2ª parte de la cita.
[2] Somos conscientes de los problemas de datación en torno a las obras literarias que estudiamos. Abordamos con detalle esta cuestión en § 3.1. Para la extracción de los ejemplos, como justificamos más adelante, empleamos la edición de para El Conde Lucanor; la de para Sendebar; la de para el Libro del Cavallero Zifar y la de para Calila e Dimna.
[3] De aquí en adelante, subrayamos el marco reproductor y escribimos en cursiva la cita; empleamos la negrita para resaltar algún elemento concreto dentro del marco. Al citar casos del corpus, añadimos las iniciales de la obra de la que se extrae el ejemplo, junto con la página en la edición correspondiente: El Conde Lucanor = LUC; Sendebar = SEN; Calila e Dimna = CAL y Libro del Cavallero Zifar = ZIF. Respetamos la puntuación de la edición con la que trabajamos.
[4] pone de manifiesto que los modos de reproducción se encuentran en relación con la expresividad, la elección de voces y fenómenos vinculados como la subjetivización. Como demostramos en esto influye notablemente en las características de los marcos. Puede consultarse , entre otros, para un análisis de la relación entre la subjetivización y los procesos de gramaticalización.
[5] La oposición entre la interpretación de dicto y la interpretación de re ha sido especialmente productiva en la semántica veritativo-condicional. Desde el punto de vista semántico, que es el que se aplica al estudio de la reproducción del discurso (cf. ), una proposición tiene interpretación de re si permite la sustitución de las expresiones referenciales por otras correferenciales salva veritate, es decir, sin alterar el valor de verdad. Si dicha sustitución no es posible, se habla de una interpretación de dicto. Así, se asume que dado un enunciado como Edipo dijo: Quiero casarme con Yocasta, el cambio entre la expresión referencial Yocasta por otra expresión correferencial como mi madre (cf. Edipo dijo: Quiero casarme con mi madre), alteraría el valor de verdad del enunciado. Edipo no afirma que quiere casarse con su madre, sino con Yocasta, pues no sabe que una y otra son, en realidad, la misma persona en el mundo real. En consecuencia, el estilo directo es siempre contexto opaco. En cambio, en un enunciado como el de Edipo dijo que quería casarse con Yocasta sí es posible, dependiendo de la interpretación, la sustitución de expresiones referenciales salva veritate (cf. Edipo dijo que quería casarse con su madre). Se defiende, entonces, que el estilo indirecto puede interpretarse de forma transparente y admitir, una interpretación de re, o ser un contexto opaco y generar una lectura de dicto. La aplicación de los conceptos de re y de dicto al discurso reproducido se ha problematizado en la bibliografía (cf. ).
[6] Usamos la etiqueta nivel diegético como equivalente a nivel narrativo para referirnos, siguiendo a , a los diferentes universos espaciotemporales creados por el relato según la identidad del narrador.
[7] Agradecemos al profesor José Manuel Lucía Megías el habernos cedido el volumen de su tesis para su consulta.
[8] Dado que los mecanismos de reproducción forman parte de un continuum, sabemos que esta decisión puede ser problemática. Uno de los revisores afirma que descartar, por ejemplo, el monólogo interior, reduce el campo de estudio. Somos conscientes de las limitaciones, pero por razones de tiempo y espacio reservamos para futuros trabajos un análisis exhaustivo de los posibles contrastes entre los marcos de reproducción de pensamientos (como en [9a]), los marcos de discurso fonéticamente realizado (como los que abordamos en este trabajo) y los que, como (10), representan un estadio intermedio entre ambos.
[9] Nos referiremos como discurso directo sin marco (DDsM) a los casos de DD donde la cita no aparezca introducida por ninguna expresión introductoria, como explicamos también más adelante.
[10] Esta definición descarta como componentes de las expresiones introductorias a los elementos gráficos, que para son rastro de que incluso el denominado discurso directo libre está enmarcado. La inestabilidad de los criterios gráficos en los textos de la Edad Media no impide incluir en ellas indirecto libre. Como hemos indicado más arriba, nos referiremos como discurso directo sin marco (DDsM) a los casos de DD donde la cita no aparezca introducida por ninguna expresión introductoria.
[11] Uno de los revisores nos señala que para analizar un ejemplo como este puede ser útil el concepto de enunciado pluriforme acuñado por , que hace referencia a la combinación de distintas formas de discurso referido para representar una situación comunicativa. Aunque, sin duda, esta perspectiva es muy interesante, nos centramos en este caso en analizar cómo se articula la introducción de cada uno de los turnos de la interacción, y no la situación comunicativa en su conjunto.
[12] Un revisor comenta la importancia que tienen, en la oración que precede al marco, tanto la aparición del sujeto como la formulación de dos verbos de lengua (castigara y mandara). Coincidimos en que, sin duda, estos elementos son necesarios para construir el conjunto de la narración e interpretar el turno siguiente. Tal y como formulamos en este apartado, es evidente que la cohesión narrativa apela a la interpretación de cada uno de los turnos; sin embargo, por razones metodológicas, preferimos concretar nuestro objeto de estudio según los criterios que aquí defendemos. Es posible, no obstante, discutir nuestras decisiones y defender que el marco puede (y/o debe) extenderse mucho más allá de los límites oracionales, como sucede, por ejemplo, en o .
[13] Si bien, en la lengua actual, sería posible pensar en construcciones de DI donde la cita se antepone al marco, como “Que venía, dijo”, no encontramos ningún caso en el corpus analizado. Es posible que el movimiento de la cita y la inversión del orden no marcado en el DI —marco > cita— responda a problemas de focalización y estructura informativa. Reservamos este asunto para futuras investigaciones.
[14] Uno de los revisores nos invita a reflexionar sobre la posibilidad de que la señal demarcativa sujeto esté expresada en la modalidad interrogativa (el sujeto que pregunta), de modo que se reconstruye fácilmente porque en la oración anterior se ha expresado como indicio externo, sujeto (el marido) de los verbos que orientan y ordenan discursivamente la pregunta reproducida. En esta lectura, la señal demarcativa (sujeto de la interrogación, rescatable a través del indicio externo el marido) es condición necesaria, y no solo suficiente, para la construcción del discurso reproducido. Agradecemos enormemente esta apreciación tan pertinente. Preferimos, por el momento, considerar que la señal demarcativa enunciador debe realizarse en forma de sujeto del verbo de comunicación (según parece establecer ), pero reconocemos la necesidad de reflexionar sobre esta cuestión en el futuro.
[16] , quien a su vez cita a , sugiere que el predominio absoluto de la anteposición en Calila e Dimna es un rasgo arabizante. Aunque merece una investigación más profunda, sirvan estas líneas para manifestar nuestro desacuerdo con tal hipótesis. muestra cómo tanto en la Vetus Latina como en la Vulgata, la expresión introductoria antecede siempre a la cita, independientemente de si esta es DD o DI; de esta manera, la posición del marco podría ser, como mucho, un calco semítico al latín bíblico. Sin embargo, la hipótesis del arabismo se debilita aún más cuando echamos un vistazo rápido a la General Estoria 1, obra en la que no hay influjo semítico y donde, incluso en los pasajes con más DD, encontramos una presencia muy mayoritaria de la anteposición. Lo mismo ocurre en la Estoria de Espanna II, recogida en el Corpus Diacrónico del Español y atribuida a Alfonso X: los marcos antepuestos son los más frecuentes. Por último, investigaciones sobre el DD en latín tardío (cf. , ) muestran el progresivo aumento de las formas dicere o aio antepuestas en detrimento de inquit, que se ubicaba en una posición intercalada. De esta manera, no parece que la enorme preferencia por la anteposición en Calila e Dimna sea un rasgo árabe, sino sencillamente la elección de la forma más natural y sencilla: aquella que respeta el orden SVO, que incluye las citas pesadas después del verbo y que, en términos de estructura informativa, sitúa la información más novedosa detrás.
[17] No podemos detenernos en la hipótesis del español medieval como lengua V1, pero parece relevante marcar que también desde el punto de vista sincrónico se produce un choque entre el orden sintáctico no marcado (SVO) y aquel que recogen los marcos de cita. Desde nuestra perspectiva, una construcción como (1) resultaría ciertamente hoy sorprendente.
[18] La presencia del calderón (¶) al comienzo de la cita merece un estudio independiente. Conviene señalar que el análisis de sobre el valor del calderón en los códices de la General Estoria arroja resultados poco claros; además, ninguno de los significados que el autor registra se relaciona con el discurso reproducido. estudia precisamente la puntuación y el discurso referido en los mismos pasajes de la General Estoria (GE1 y GE4). El autor afirma que, en GE1, todos los casos de estilo directo están separados por algún signo, aunque hay variación entre el calderón, el punto + mayúscula y el punto + minúscula. En GE4 se registran seis formas diferentes de marcar el ED. También se registran casos sin ninguna marca gráfica.
[19] Para profundizar en el concepto de mímesis conversacional se puede recurrir a , , o , entre otros trabajos.












