1. Introducción
En 1513 tiene lugar un hito importante: la publicación del primer tratado geopónico escrito en una lengua romance; posible merced al arzobispo de Toledo y cardenal de España Francisco Jiménez de Cisneros, quien, preocupado por la profunda crisis económica que azotaba el país, decidió encargar a un reconocido agrónomo, Gabriel Alonso de Herrera, la confección de un tratado que consiguiera mejorar las técnicas de labranza, particularmente en la diócesis de Toledo (Cf. ). La , título bajo el que vio la luz dicho encargo, consiguió encarnar, de este modo, el paso de una agricultura tradicional a otra moderna.
Ahora bien, la magnitud de este texto no solo se explica por haber logrado romper con la tradición de emplear solo una de las tres lenguas clásicas (griego, latín o árabe) para la divulgación del saber, sino también por su extraordinaria amplitud y riqueza temáticas; no en vano, su autor, Alonso de Herrera, tuvo a bien tratar, además de todo lo concerniente al cultivo de la tierra, el cuidado de los animales domésticos y la explotación de los productos obtenidos de ellos.
La obra herreriana a la que nos venimos refiriendo supone, en definitiva, una fuente de consulta ineludible para el estudio del lenguaje geopónico español, incluido el ganadero, y, especialmente, en lo relativo a su léxico. A pesar de ello, resulta, aún hoy, un texto escasamente atendido. Precisamente, para intentar paliar esta carencia, entre otros objetivos, es por lo que vino a constituirse nuestro actual grupo de investigación (Grupo de Investigación “Léxico Español de la Economía” (GILEE), véase https://gilee.cchs.csic.es), cuyo intenso trabajo ha tenido ya sus frutos, principalmente, en forma de publicaciones.
La presente investigación se inserta, pues, en esta línea, aunque, en esta ocasión, dirigimos nuestra atención específica al libro V del tratado herreriano, el consagrado, justamente, a la cría de algunos animales con vistas a su posible aprovechamiento. Nótese que, además de este libro V, componen la obra de Herrera estas otras partes: prólogo general, libro 1. “Del conocimiento de las tierras”, libro 2. “Las viñas”, libro 3. “Los árboles”, libro 4. “Huertas, hortalizas y hierbas” y libro 6. “El calendario agrícola”.
2. Metodología
Tras decidir que esta vez nuestro objeto de atención sería la quinta parte del Libro de agricultura, nos dispusimos a su lectura detenida. Conviene notar, a este respecto, que son 48 los capítulos que la conforman más un prólogo propio, cuya exacta estructuración es la siguiente:
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Prólogo: sobre las abejas y otras animalias
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Capítulos I al IX: dedicados a las abejas.
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Capítulo X: en torno a los ánsares y ánades.
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Capítulos XI al XIV: sobre las cabras, con especial atención a su pastoreo y, de ahí, que uno de esos 4 capítulos esté dedicado a la figura del pastor y otro a los canes (o perros) empleados para tal fin.
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Capítulos XV al XXIV: dedicados a las gallinas.
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Capítulos XXV al XXXII: consagrados a las ovejas.
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Capítulos XXXIII y XXXIV: centrados en las palomas.
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Capítulo XXXV: dedicado a los pavos.
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Capítulos XXXVI al XL: dirigidos a los cerdos.
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Capítulos XLI al XLVIII: sobre el ganado vacuno.
Para esta tarea, la edición manejada fue la sexta, de 1539, sin duda, la más relevante, al ser la última que pudo enmendar el talabricense antes de su fallecimiento, según se reconoce en su correspondiente frontispicio (Cf. ).
Durante la mencionada lectura, volvimos a fijarnos, en un afán de ser coherentes con una de nuestras líneas investigadoras preferente, en los verbos. Así, la presente investigación viene a sumarse al conjunto formado ya por varios de nuestros trabajos previos (, , , , , ; ). En definitiva, con este artículo, pretendemos demostrar, nuevamente, que, junto a los sustantivos, sobresale igualmente dentro de los lenguajes de especialidad la clase verbal, como en su día reivindicaran ya varios especialistas, por ejemplo, .
Pues bien, componen nuestra selección final 63 verbos, que enumeramos a continuación siguiendo un orden alfabético: aborrecer, abortar, adelgazar, ahijar, amansar, anidar, apacentar, arrebozarse, atronarse, capar, carrochar, castrar, cebar, cecinar, concebir, criar, cuajar, desmedrar, desponer, destetarse, domar, echar, empollar, empreñar, enclocar, encobarse, enflaquecer, engargantar, engendrar, engordar, enjambrar, enmagrecer, enmelar, envernar, escarbar, escarzar, escomearse, guardar, hembrear, hozar, labrar, lujuriar, machear, malparir, mamar, matar, medrar, ordeñar, pacer, parir, pavordear, pelar, poblar, poner, repelarse, revolcarse, sacar, salar, salmuerarse, saltar, sestear, tomar y trasquilar.
De estos, unos sí son empleados por Alonso de Herrera en referencia a todos o casi todos los animales por él tratados, pero otros, en cambio, no. Esta constatación nos ha llevado a considerar, por un lado, una serie de “verbos ganaderos generales” —en el sentido de que, en principio, son aplicables a cualquier animal de los que el ser humano se vale, por ejemplo, para consumir o como apoyo en las labores propias del campo— y, por otro, el conjunto formado por los “verbos ganaderos exclusivos”, si bien, en este segundo caso, procede diferenciar asimismo entre los característicos de una tipología concreta —y, por tanto, no asociados, en exclusiva, a un solo subgrupo o espécimen animal— y los exclusivos, ya sí, en sentido estricto.
3. Análisis lexicológico de verbos ganaderos herrerianos: resultados
De acuerdo con lo recién explicado, decidimos organizar este apartado, que recoge los resultados del análisis lexicológico efectuado a los verbos ganaderos seleccionados desde el tratado herreriano, en torno a dichas tres clases onomasiológicas, las cuales se erigen, así, en su hilo vertebrador. Efectivamente, todos los datos semánticos —entre otros, definición o, si hay varias acepciones, definiciones exactas y posible existencia de relaciones de sinonimia u oposición de unas a otras unidades léxicas— y sintácticos —fundamentalmente, de régimen gramatical— recopilados respecto de nuestros 63 verbos base se exponen, a continuación, en su lugar correspondiente.
3.1. Verbos ganaderos generales
Destacamos, en primer lugar, el verbo criar, ya que Alonso de Herrera lo predica de absolutamente todos los animales por él tratados. Por un lado, designa, refiriéndose a los propios animales, “producir, cuidar y alimentar a sus hijos” (), siendo, en este caso, el principal funcionamiento sintáctico el transitivo, como ejemplifican los siguientes pasajes:
Y para aver de tener huevos han de ser de un año o dos, porque más ponen las gallinas nuevas que las viejas, y para criar pollos las viejas son mejores comúnmente. ()
Machos y hembras trabajan mucho en empollar los huevos, en criar los hijos, y aun están presentes en el nido mucho tiempo. ()
Y aun si están sin los machos crían muy mejor sus hijos y con más diligencia, pues solamente se ocupan en ello, que parece que les guardan grande obediencia. ()
En cualquier caso, como el propio Diccionario académico reconoce, también con el mencionado sentido es posible un empleo intransitivo:
No son buenas todas las gallinas para sacar pollos, aunque sean buenas para poner huevos, porque para poner huevos las nuevas son mejores, y para sacar los pollos las que llegan a dos años y passan hasta tres o cuatro cuando mucho. Y esto es cierto: que saben aquellas mejor criar que las nuevas. ()
No sean más altas de cuanto las pueda alcançar a catar un hombre con una escalera de cuatro o cinco passos, que las palomas de mejor gana crían en los altos que en los baxos, porque piensan que allí están más seguras. ()
Solamente es de procurar que si las pavas crían en las labranças y granjas, de las guardar mucho de las raposas, porque muchas vezes se echan sobre los huevos en el campo. ()
Como segunda acepción relevante del verbo criar, citamos la definida del siguiente modo por el Diccionario castellano de Terreros: “Dar leche a una criatura”. En este caso, algunas de sus ocurrencias en el Libro de agricultura herreriano son las siguientes:
Y los que quedaren en casa chiquitos críelos la madre, que mucha ventaja llevan los criados con leche de la madre. ()
Otra vez vienen a parir al otoño, mas las tales no deven criarlo, porque viene el invierno y no tienen pastos para dar leche, salvo si les dan de comer en casa o ay mucha yerva. ()
Por último, por criar se entiende igualmente dentro del ámbito ganadero “cuidar, cebar y alimentar las aves y otros animales” (Aut.) con la intención de aprovecharse de ellos, de ahí que se trate de una acción característica de los propios ganaderos:
Y ellas se pueden criar para dos fines: que el uno es criar muchas para vender y para sacar ganancia d’ellas; el otro es para averlas de engordar para comer. ()
Una de las cosas que comúnmente más enriquecen al hombre en este exercicio del campo es criar ganados, si ay en ello la fidelidad y diligencia que es razón que según Dios se aya. ()
Por la mayor parte cuasi no ay muger que no sepa criar gallinas, como Paladio dize, mas entre tanta multitud de mugeres avrá alguna que no las sabrán criar. Y aun en algunas partes, no mugeres, sino hombres las crían. ()
Y por esto en la Italia, cerca de la Marina, los crían en algunas islas dentro en la mar, donde no puedan entrar raposas. ()
Se halla íntimamente relacionado —tanto semántica como sintácticamente— con la primera de las acepciones de criar recién expuestas el verbo engendrar. En efecto, por un lado, alude a “dar vida a un nuevo ser” (: s. v. engendrar) y, por otro, es susceptible igualmente de un doble funcionamiento transitivo e intransitivo, lo que demuestran palmariamente los siguientes ejemplos:
Y los machos sean de sobre dos años, porque los menores d’esta edad no son buenos para casta, que no engendran bien, y por la mayor parte los huevos que engendran aun no son perfetos para sacar. ()
Sean de mediada edad, que si son menores de cuatro años, aunque pueden bien engendrar, y aun de menos edad, engendran la casta no de tanta fuerça ni tan crecida; y no mayor de diez o doze años, porque, lo uno, están cansados, y aun con el grande peso no pueden saltar sobre las hembras. Es el mejor de cuatro años hasta ocho. ()
De semántica afín son también lujuriar, saltar y tomar. El primero, intransitivo, es empleado por Alonso de Herrera en referencia, primero, a los pavos y, segundo, a los cerdos. Los otros dos, transitivos, cuentan con una mayor extensión de uso; ahora bien, solo son predicables de los animales machos:
Y a cualquier animalia que han castrado no les dexen tomar luego las hembras, que aún les queda algo de aquel apetito, mayormente si son grandes cuando los castran, porque les haze mucho daño a ellos. ()
Dize el Aristótel que aunque los huevos estén engendrados de un gallo, si cuando están pequeñuelos toma a la gallina otro gallo, que al postrero se parecen. ()
Dize el Aristótel que si al tiempo que los carneros saltan las ovejas, si los viejos moruecos encomiençan primero a tomar las ovejas, que es señal de buen año y de buena cría, y si los nuevos encomiençan antes que los viejos es señal de enfermedades en los ganados. ()
Encomiençan a tomar los machos a las pavas por el principio de hebrero, y si entonces les dan havas tostadas callentes tienen más virtud para engendrar. ()
Poco tiempo después de aver saltado el macho a la pava pone ella los huevos, y pone a tres y aun a cuatro días. ()
Desque an passado d’esta edad, los castran para que engorden, mas la carne de los tales es mala, dura, butionda, de mal sabor y olor. Aunque los castran, todavía les quedan bivos los apetitos de la luxuria y saltan las puercas. ()
Como se deduce de estos ejemplos, así como de sus respectivas definiciones (vid. nota n.º 16), nos hallamos ante dos verbos sinonímicos. Lo son igualmente capar y castrar en el sentido de “extirpar o inutilizar los órganos genitales” (: s.v. capar). Ahora bien, en el tratado herreriano predomina, sin duda, el segundo; de esta forma, mientras que sí es posible localizar castrar en la citada obra junto al nombre de varios animales (cabras, gallinas, ovejas, cerdos y ganado vacuno), capar únicamente consta en los capítulos reservados a las gallinas, como, por ejemplo:
Capítulo veinte y uno. De cómo se an de capar los pollos para hazer capones d’ellos que sean muy buenos [...]. El capar se á de hazer para ser más seguro en menguante. Y un día ante no les den de comer ni bever, sino que estén encerrados, porque más seguramente los capan teniendo vazías las tripas. ()
Seguramente, la predilección de Alonso de Herrera por la voz capar dentro de los contextos avícolas responda a la relevancia, para el consumo alimentario, de los pollos castrados de pequeños, denominados capones, voz claramente emparentada, desde el punto de vista etimológico, con capar. En cualquier caso, como demuestran los siguientes fragmentos —extraídos de los más prestigiosos corpus del español—, el verbo capar es asimismo predicable de otros animales e, incluso, del hombre:
Por esta falta, los reyes de la gentilidad tuvieron también una abominable costumbre, que hacían capar o castrar los muchachos hermosos desde niños, porque nunca les naciesen barbas, cuasi transpasándolos de naturaleza de varones en mujer para usar mal dellos. (Casas, 1527 - 1550, Apologética historia sumaria; apud)
Ellos grita [sic] y gritarán, / yo muerto de tanto duelo. / Ya bolcado, / tendiéronme de costado, / como quando capan mulo. (Natas, c1550, Comedia llamada Tidea; apud)
¿Nunca habéis visto los que tienen bacadas guardar algunos nobillos sin capar para toros, y después que son de tres años, visto que no valen nada, los capan y los doman para harar, y siempre tienen un rresabio de más brabos que los otros bueyes, y tienen algunas puntas de toro, que ponen miedo al que los junçe? (Anónimo, 1557-1558, Viaje de Turquía; apud)
Por otro lado, entre los verbos vinculados con la cría de animales, sobresale, especialmente, engordar; se entiende, así, que Alonso de Herrera lo emplee tanto con aves (ánsares y ánades, gallinas y palomas) como con cuadrúpedos (cabras, ovejas, cerdos y ganado vacuno). Son dos sus acepciones ganaderas de interés, primero, la transitiva definida por el dle como “cebar a un animal, darle mucho de comer para ponerle gordo” y, segundo, la intransitiva —y, generalmente, no pronominal, aunque susceptible igualmente de tal funcionamiento— parafraseable por ‘ponerse gordo’. A continuación, se ofrecen tres ejemplos de cada una de ellas, comenzando por la transitiva:
Hanles de dar para bien engordarlos tres vezes a comer cada día. ()
En Roma los engordan según que vi, que hazen unos embuditos de madera muy delgados o de hoja de Milán, cuanto les pueden caber los picos los palominos, y métenselos bien en los picos y hínchenlos de mijo, y con un poco de agua hazen colar el mijo. ()
Es necessario castrar este ganado para engordarlo bien. ()
Aun engordan más que los viejos, y tenerlos en lugar callente y escuro, y donde no puedan andar sino poco, que el frío y claridad y anchura impiden mucho que no engorden. ()
Para las cabras es muy bueno quemar los montes por el mes de setiembre, por que renueven y echen mucha yerva. Y con los pastos nuevos engordan más y no enferman tanto. ()
Las gallinas se han de escojer o negras o ruvias, o las más propincuas y juntas a estos colores, que las blancas o blanquezinas no ponen tantos huevos ni tan grandes, ni engordan tanto, ni son tan sabrosas, y biven menos tiempo que las otras. ()
Para referirse igualmente a la acción de “dar comida a los animales para aumentar su peso” (: s. v. cebar) —o sea, como alternativa de engordar1—, Alonso de Herrera se vale asimismo de cebar; ahora bien, la frecuencia de uso de este último verbo en el Libro de agricultura es bastante inferior a la de aquel otro. Así, únicamente aparece hablando bien de ánsares bien de cerdos:
Páranse muy tiernas, mayormente la molleja y hígado, si al tiempo que ay higos verdes las cevan con ellos. Y aun antiguamente esto era muy preciado y tenido por vianda muy singular. Y para cevar son mejores las ánsares blancas que las otras. ()
Y quien quisiere cevar puercos en casa, tómelos de sobre dos años; digo si los quiere hazer muy grandes, que para carne mejores son los nuevos. ()
Los verbos adelgazar, enflaquecer y enmagrecer se oponen, en cambio, a engordar2; más exactamente, serían antónimos de este, al dar nombre todos ellos a los extremos de una determinada escala graduable, que, como tal, admite términos medios (Cf. ). De los tres, el más usual en el tratado herreriano es, sin duda, enflaquecer, presente en los capítulos dedicados a las cabras, ovejas, palomas y cerdos. De acuerdo con el Diccionario académico, su principal régimen sintáctico es el intransitivo no pronominal:
Y sean muy bien mantenidas, que engordan mucho, principalmente en el estío y otoño, que en el invierno, aunque más les den de comer, enflaquecen si no tienen lugar muy callente, y si le tienen callente y limpio páranse tan gordas que se pelan de gordas. ()
Y en tal tiempo no les dexen dormir al frío por lo mismo, porque enflaquecen. ()
Con los significados próximos de ‘crecer’ y ‘decrecer’ documentamos, respectivamente, medrar y desmedrar, verbos prototípicamente aplicados a animales, aunque también a plantas. Citamos, a continuación, un par de ejemplos:
La edad, aunque engendren, de un año no se deven consentir sino que anden con los castrados y no con las ovejas, porque si antes de dos años toman las ovejas, ellos no medran ni crecen, y aun la casta sale menuda. ()
Ya de que están bonitos los corderos pueden andar bien con las madres. Y si alguna vez los sacaren a pacer, sea por donde aya yerva nueva, y por esso son muy buenos los labrados. Tienen de mamar cuatro meses. Y porque crían piojuelos (y con esto desmedran mucho), anlos de tresquilar a la primavera. ()
Debemos citar también, en relación igualmente con el crecimiento de los animales, los verbos pacer y apacentar. El primero, prototípicamente intransitivo, se predica del propio ganado (Cf. ), mientras que el segundo alude generalmente a una acción iniciada por el ser humano y, de ahí, su usual selección de dos actantes:
Han mucho de guardar de las ánsares todo lugar sembrado, porque dañan mucho, assí paciendo como con su estiércol. ()
Mas dize Columela que si la tierra donde pacen es callente o templada es bueno el ganado mocho, y si muy lluviosa y donde son los inviernos muy rezios, que es mejor lo que tiene cuernos. ()
Y por que ninguno de los cochinos chicos salga fuera, aunque la madre salga a pacer, es bien que el umbral baxo de la tal çahúrda sea tan alto que, aunque ella salga, ellos no puedan salir, porque con el amor de los hijos, aunque salga a pacer, tornará luego. ()
Y al tiempo del parir deven andar poco y apacentarlas en poco término, porque menos se perderán. ()
Y porque este ganado es muy tierno de cabeça y con el sol recibe mucho perjuizio, han de aver esta advertencia: que en el estío, mayormente cuando son los días caniculares, los apacienten de mañana, que el sol no les dé de lleno en la cabeça, digo en la frente, lo cual se hará bien si antes de mediodía lo apacientan hazia donde se pone el sol, y desde mediodía adelante hazia el oriente. ()
Por otro lado, pese a que el talabricense solo los menciona en referencia a determinadas clases de animales (abejas y gallinas, exactamente), podemos considerar igualmente verbos ganaderos generales a machear y hembrear —ambos intransitivos—. El primero designa, según el (s. v. machear), “engendrar a más machos que hembras”, mientras que el segundo alude a lo opuesto complementario (Cf. ), esto es, a “engendrar [...] más hembras que machos” (dle: s. v. hembrear). Entre estas dos acciones, por tanto, no cabe, “o resulta forzado, un término medio” (). Veamos un par de ejemplos:
Otras muchas vezes la colmena machea, que es que cría muchos zánganos. Y los zánganos no labran ni trabajan, antes gastan y comen. ()
Y bien saben todos que las gallinas son de más provecho que los machos; por ende, han de tener aviso, en cuanto pudieren, que los huevos sean de hembras. Y esto sea principalmente en tener gallo que hembree, que otros ay que machean y no son tan buenos. ()
En lo que respecta a poblar, por su parte, es asimismo plausible su consideración de verbo ganadero general, pues, aunque Alonso de Herrera únicamente lo emplea en referencia a las palomas, con el sentido de ‘ocupar un sitio con algo’ ese algo pueden ser también otros animales o seres vivos (Cf. ) —y hasta cualquier cosa, en general, y, de ahí, la siguiente definición del : “tr. Ocupar un sitio con animales o cosas. Poblar una colmena, un monte”—. Muy similar es el caso de envernar, verbo al que, a pesar de contar con una única ocurrencia en el Libro de agricultura herreriano (a propósito de las ovejas), nada le impide ser predicado, dado su significado —“intr. Pasar el invierno en un lugar” (: s. v. invernar)—, de otros animales e, incluso, de los seres humanos.
Más dudas suscita, en cambio, el verbo intransitivo sestear, puesto que, según el dle, se dice solo de cuadrúpedos que se apacientan y andan juntos y, en efecto, en el Libro de agricultura solo consta aplicado a las ovejas, por un lado, y al ganado vacuno, por otro. No obstante, no nos atrevemos a descartar del todo su utilización respecto de, por ejemplo, la cría de aves, máxime cuando, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (), la voz ganado es susceptible asimismo de designar al conjunto formado, para su cría, por otras especies animales al margen de cabras, ovejas, cerdos o vacas.
En la misma línea, atribuimos también finalmente carácter general al verbo guardar en el sentido de ‘cuidar el ganado’. De todas formas, solo se ha localizado en este caso la siguiente ocurrencia: “Pastor era el patriarca Jacob y guardava ganado ajeno, y él se alabava con verdad que en su poder avía crecido y multiplicado la hazienda y ganado de su amo, por ser él muy diligente y fiel” ().
Cuenta asimismo con un único ejemplo escomearse, el cual se produce hablando de las vacas: “Señal que ellas andan aparejadas para tomarse (que llaman los vaqueros toriondas) es que se les hincha la natura, que se escomean muchas vezes, y aun ellas se andan tras los toros o bueyes y se les suben encima” (). De acuerdo con el Diccionario de autoridades, por escomearse se entiende “no poder detener la orina, padecer estangurria”, lo que, a priori, es extensible a cualquier animal, incluso al hombre; no obstante, la única ocurrencia detectada en el de este verbo es, justamente, la de Herrera. En lo que respecta, por otro lado, a su tradición lexicográfica, la consulta del revela que, una vez que Nebrija decidió incluir el mencionado verbo en su Vocabulario español-latino (1495), los diccionarios posteriores, como huella nebrisense, decidieron mantenerlo, de ahí que el Diccionario de autoridades, por ejemplo, añada a su definición, antes expuesta, lo siguiente: “Es voz antigua y la trae Nebrija en su Vocabulario”. En definitiva, no parece un verbo con demasiada tradición documental, pero sí lexicográfica —lo que, además del , viene a corroborar el Fichero General de la RAE (Cf.)—.
Se refieren igualmente al ganado, pese a que Alonso de Herrera solo los predica de las cabras, los verbos ahijar y salmuerarse. Por lo que respecta al primero, más allá del tratado herreriano, en el Diccionario de autoridades consta su vinculación con la ganadería ovina —“Es poner los pastores a cada cordero con su madre para que le críe” (: s. v. ahijar el ganado)—, mientras que es ya en el siguiente ejemplo, extraído del corde, en el que se comprueba su filiación con el sustantivo —de amplia designación— ganado:
Item, estaréis advertido que los indios que hubieren de servir para guardas de ganados, no se han de dar por mitas de diez en diez días, como para los demás servicios, porque en tan breve tiempo no pueden conocer el ganado ni lo saben recoger, ni ahijar, ni dan cuenta de ello, y sería ocasión de perderse y hurtarse mucho ganado. (Anónimo, 1569 - 1570, Instrucción general para los visitadores)
Salmuerarse, por último, se dice, según el , de los ganados en general, verbo que designa, de acuerdo con este mismo diccionario, “enfermar de comer mucha sal”. De él, solo hay una ocurrencia en el Libro de agricultura —la misma que arrojan igualmente el y el —, no obstante, hablamos de un término con una sólida tradición lexicográfica. En efecto, tras su consideración primigenia por parte del drae de 1803 (4.ª edic.), no hay un solo diccionario relevante de nuestra lexicografía que no atienda la voz salmuerarse (vid. ).
3.2. Verbos ganaderos exclusivos
Como ya se ha advertido, entre los verbos no aplicables a cualquier animal, no solo se hallan los específicos en sentido estricto, sino también los que, al dar nombre a ciertas opciones del mundo natural, son característicos de determinadas subclases animales. Comenzamos con estos segundos.
3.2.1. Asociados a una tipología
En lo que respecta a los animales ovíparos, nos fijamos, primero, en el verbo poner, que designa exactamente “soltar o depositar el huevo” (). Su principal comportamiento sintáctico es el transitivo (Cf. : s. v. poner VII), no obstante, admite asimismo el funcionamiento intransitivo; de hecho, el siguiente fragmento combina ambas posibilidades:
Y porque ellas se van a poner sus huevos en el campo por huir de los machos, al tiempo que an de poner tiéntenles las overas y cierrénlas, que pongan en sus nidales. ()
Lo opuesto direccional () a poner es referido, según el drae de 1791 (3.ª edic.), por la forma desponerse: “Cesar de poner huevos la gallina y otras aves domésticas” (apud). En efecto, estos son algunos de los ejemplos contenidos en el Libro de agricultura de este otro verbo (pronominal):
Y aunque las gallinas sean de tal naturaleza que comen de todo, no les es todo provechoso, que con un mantenimiento engordan mucho, con otro ponen muchos huevos y aun con otro se desponen, que si usan a comer cascas o uvas poco a poco van desponiéndose, y siempre ponen los huevos muy chiquitos, hasta que vienen a no poner ninguno y cessan del todo. ()
Si se les atraviessa el huevo, que no le pueden poner, mátenlas luego, que pocas escapan d’ello. Si están abiertas de poner mucho o por poner grandes huevos, denles a comer algunas uvas o granillos de cascas y pornán los huevos menores, y aun desponerse an hasta que sanen. ()
Hazen grande error los que les dan granos de casca, que con ellos se desponen como las gallinas, mas son buenos para el tiempo que no ponen, que es el invierno. ()
No obstante, con este mismo sentido parece igualmente válida la correspondiente variante sin se; al menos, esto es lo que se infiere del siguiente pasaje, en el que Alonso de Herrera hace uso, primero, de desponer y, segundo, de la forma más usual desponerse:
Muchas vezes ponen los huevos sin cáscara, y esto viene de frío o de que desponen. Si es de frío denles a comer cosas callentes, como es hazer salvado con agua en que ayan cozido algo de alhuzema, que llaman espliego, y tenerlas en lugar callente. Y si es que se desponen, no ay remedio. ()
Es más, conforme a estos otros ejemplos, debió de ser asimismo habitual en la época del talabricense el empleo de este verbo en forma transitiva causativa, esto es, con el sentido de ‘hacer que la gallina y otras aves domésticas cesen de poner huevos’:
Con el trigo engordan mucho las gallinas, mas no ponen mucho, y aun las despone. ()
Y cuando no crían es buen mantenimiento cualquier que les den: trigo, cevada, yeros, havas, arvejas, mas nunca les den centeno, que las despone y no crían tantas vezes. ()
Constatamos igualmente el empleo por parte de Alonso de Herrera del verbo echarse, definido por el (s. v. echar) en los siguientes términos: “prnl. Dicho de un ave: Ponerse sobre los huevos”. Algunas de sus ocurrencias son las siguientes:
Y si les dexan los huevos en su nidal luego se echan sobre ellos en teniendo nidada, y si se los quitan no dexan de poner hasta ciento, y aun CC, y aun hasta que se abren y mueren. ()
Su propio enclocar es desde noviembre y deziembre, y porque en estas aves los machos no se echan (como es las palomas y golondrinas) y han menester contino calor, pongan de comer y bever a la hembra a la boca del nido. ()
Y perderán la cloquera atravesándoles una pluma por las narizes, o echarlas en parte donde no hallen nidal en que se echen, y assí, no ocupándose en empollar y perdiendo la cloquera, tornan presto a poner huevos de nuevo. ()
En el mismo Libro de agricultura, consta, además, como variante sinonímica, encobarse:
En las aves no ay otra que tantas vezes multiplique como es la paloma, que la gallina, aunque es de más poner, no se encoba tantas vezes, aunque en una vez pueda sacar más pollos que palominos la paloma en muchas. ()
Y porque los pavos, ganosos de luxuriar, les quiebran los huevos cuando se echan, ellas se esconden d’ellos y se van entre las matas, y por ende es bien que al tiempo que ellas se encoban las pongan en lugar escondido de los machos. ()
Ahora bien, volviendo a echarse, no son escasos tampoco los ejemplos de este verbo sin se, en los que, además, se comprueba un funcionamiento transitivo. Por ejemplo:
Y la gallina que echaren sepa llamar y combidar los pollos, y aun cantar, en los huevos cuando están echadas, que ay algunas que son mudas. ()
Y en ninguna manera deven echar gallina por mayo, ni aun tampoco son buenos después, porque los que nacen más tarde salen siempre chicos y desmedrados, y aun tómalos el invierno desmedrados. ()
Dize más Columela: que para que las gallinas que echaren sean más ciertas de sacar sus pollos, si las echaren en creciente de luna que en menguante, y aun de diez a quinze de luna nueva, porque alcançan parte de la creciente al principio y parte, assí mismo, al salir, y la luna nueva ayuda a animarlos mejor y más presto. ()
Para este otro caso, remitimos al diccionario de Terreros, ya que en él puede leerse lo siguiente: “Echar una gallina, echar una llueca, disponer que empolle los huevos” (apud).
Procede hablar también, entonces, de empollar, verbo bien transitivo bien intransitivo que ya el Tesoro de Covarrubias recoge: “La gallina, estando sobre sus huevos, decimos que los empolla porque, con su calor y la virtud seminal y nativa que ellos tienen, se van formando los pollos”. Se ofrecen, a continuación, cuatro ejemplos de este verbo, dos transitivos y dos intransitivos, tomados del Libro de agricultura herreriano:
Mas a mi ver muy mejor seríe que en lugar de pluma pongan en aquellas hornillas estiércol muy menudo y muy seco, y lo huevos entre ello y su brasa, como he dicho, y d’esta suerte no se impidirán las gallinas en empollar los huevos. ()
Machos y hembras trabajan mucho en empollar los huevos, en criar los hijos, y aun están presentes en el nido mucho tiempo. ()
Y en las caseras, por que quieran reposar en la nueva posada es muy bien poblarla en la primavera, cuando comiençan a empollar, y tener allí antes algunas caseras para que, viéndolas comer, ellas se amansen. ()
Y desque ayan empollado y sacado, una vez que estén los palominos chicos, abran las ventanas, que puedan salir, y quiten las caseras, que son de más pesado buelo, y no pueden andar en una vanda como las otras, y piérdense mucho, y aun más presto las toman las aves rapiegas. ()
Además, como alternativa a empollar, vemos cómo el talabricense se vale también del verbo enclocar, aunque, en este caso, sin ningún complemento directo, o sea, haciéndolo funcionar exclusivamente de manera intransitiva:
Su propio enclocar es desde noviembre y deziembre, y porque en estas aves los machos no se echan (como es las palomas y golondrinas) y han menester contino calor, pongan de comer y bever a la hembra a la boca del nido, porque ellas, con la cobdicia de los hijos, no se levantan a comer y a las vezes mueren de hambre, y si se levantan enfríanse los huevos. Están treinta días echadas si haze frío, y si ya escallenta el tiempo, veinte y cinco, no más. ()
En referencia a las aves, es asimismo frecuente en el tratado herreriano sacar, que, como verbo específico de la avicultura, consta ya recogido en el Vocabulario español-latino (1495) de Nebrija: “Sacar pollos las aves. Excludo. is”. Por su parte, también los primeros académicos decidieron ocuparse de él en su diccionario: “Hablando de las aves, vale fomentar los huevos, hasta que con el calor se animen y salgan los pollos. Dícese particularmente cuando pican los huevos” (). Pues bien, a tenor de esta definición, así como de los siguientes ejemplos, calificamos este verbo de transitivo:
Y para ellas hanles de hazer sus hornillas en que pongan y saquen sus pollos, las cuales sean en lugares callentes y enxutos. ()
No son buenas todas las gallinas para sacar pollos, aunque sean buenas para poner huevos, porque para poner huevos las nuevas son mejores, y para sacar los pollos las que llegan a dos años y passan hasta tres o cuatro cuando mucho. ()
Mas por que las pavas pongan más es bien que los huevos los saquen gallinas, y assí, desocupadas del criar, ponen tres vezes al año. ()
Mas para esto se an de buscar grandes gallinas de grandes alas, que en la grandeza parezcan mucho a las pavas, con tal que no sean de unas çancudas grandazas, que aquellas no sacan bien sus pollos. ()
En el caso de los animales vivíparos, nos referimos, primeramente, a concebir, verbo que designa, en referencia a una hembra, “empezar a tener un hijo en su útero” (). Pese a tratarse de un verbo susceptible de doble empleo (transitivo e intransitivo), acudiendo al libro V del tratado herreriano únicamente se localizan usos intransitivos, como por ejemplo:
Y por poder aver esta señal no deven cortar las orejas a las puercas de casta, que hasta entonce no conciben, y si antes la toma el berraco cánsase y desustánciase mucho y ella bota fuera la simiente, y assí, o la puerca no se empreña, o es la casta muy desmedrada. ()
Mas en las vacas á de ser al contrario, que antes que se ayan de tomar, uno o dos meses (si están gordas), les quitan algo del mantenimiento, que no pazcan mucho y adelgazen algo, que, si muy gordas están, no conciben tan bien. Y lo mismo se vee en las mugeres, que las que están muy gordas no se empreñan tan bien como las que están algo flacas. ()
Designa lo mismo empreñar o, preferentemente en Herrera, empreñarse:
Verdad sea que solamente tienen un peligro las que en tal tiempo se empreñan: que con el frío abortan algunas. ()
Verdad sea que las borras de un año no dan buena casta, y si acaso se empreñaren, vendan los corderos por que ellas tomen en sí fuerça. ()
Esta es la muy buena cría, que las que se empreñan en verano y vienen a parir el invierno párenlos menudos, desmedrados, porque, lo uno, no tienen qué comer las madres ni los hijos, lastímanles mucho las tetas y, sobre todo, el frío les es muy enemigo. ()
Aunque las vacas se suelen empreñar en muchos tiempos, como los otros ganados, no son tales las crías del un tiempo como las del otro. ()
Para referirse, en cambio, a “fecundar a una hembra” (: s. v. empreñar), Alonso de Herrera únicamente utiliza empreñar:
A cada cient ovejas es necessario un carnero, y cuantos centenarios de ovejas oviere, tantos moruecos á de aver, que aunque un carnero pueda empreñar más ovejas, salen menudos los corderos. ()
Mas es bien que dos meses antes que se ayan de tomar aparten los toros d’ellas y los traigan en buenos pastos para que engorden y tengan suficiente fuerça y sustancia, que el toro gordo mejor empreña que el que está flaco. ()
Nos referimos en este otro caso a una acción realizada por animales machos, en contraposición a empreñarse, que alude a un estado solo alcanzable por hembras: “Empreñar es del macho, empreñarse es de la hembra” ().
Se dice asimismo de hembras vivíparas en exclusividad parir, verbo generalmente intransitivo, aunque también sea admisible su construcción con complementos directos, lo que, nuevamente, refleja el Libro de agricultura:
Aunque el buen parir d’ellas es de mediado setiembre hasta mediado octubre, y si se toman en el mes de noviembre vienen a parir al março. Y esta es la mejor de todas las crías, porque tienen mucha yerva las madres para comer y dan mucha leche. ()
Al tiempo del parir tengan grande aviso y diligencia los pastores, y entonces son menester más personas con el ganado que en otro cualquier tiempo, porque donde andan paciendo por los montes se quedan muchas pariendo. ()
Assí mismo, al tiempo que se empreñan y algunos días después no bevan de más de una agua, que las variedades de las aguas hazen grandes variaciones y mezclas en las lanas, y aun en tanto que algunas partes ay donde si, cuando la oveja se empreña, beve de un río, pare el cordero prieto, y si de otro, le pare blanco, y si de entrambos, remendado, como testifican muchos doctores. ()
Estrechamente ligados a este último verbo se hallan abortar o malparir, en este caso, con el régimen intransitivo como única posibilidad de empleo por parte del talabricense y ello pese a que, a priori, como sucede con parir, serían admisibles ciertos usos transitivos:
Los cuernos estorvan mucho, que no les dexan meter las cabeças entre las matas para pacer la yerva que está baxo entre ellas. Y aun son peligrosas, que al tiempo que están preñadas se dan con los cuernos por los vientres y las hazen malparir. ()
Y por el tiempo que están preñadas guárdenlas mucho si las vieren pelear, porque se suelen acornar por las barrigas y aquello las haze abortar. ()
A tres o cuatro vezes que el morueco á saltado la oveja, queda preñada. Y en estando preñadas, apártenlos de las hembras, que anden con los castrados, porque procuran tornarlas a saltar y házenlas malparir. ()
Mas las puercas preñadas no coman vellotas, que abortan con ellas. ()
El que tuviere grandes hatos de vacas, y aun en cualquier número que sea, y lo mismo en los bueyes, deve siempre tener advertencia y mirar que cada año escoja lo que es bueno y aparte lo que no es tal y lo venda, conviene a saber: las vacas viejas que ya no son para parir, las estériles, las que suelen abortar muchas vezes y todo lo enfermo. ()
En relación con los animales mamíferos, por su parte, compete analizar el verbo mamar, muy frecuentemente intransitivo:
Y a los cabritos abézenlos a comer de temprano para que no tengan necessidad de mucho mamar y se pueda el señor aprovechar de la leche. ()
Y en los tales tiempos ténganlos cerca de la lumbre y bien encerrados, que bastarles á que mamen dos vezes al día. ()
Y sobre todo les maten los dentones, que con los grandes dientes no pueden mamar y se mueren de hambre. ()
Esto hasta que ayan olvidado la teta; otramente, aunque sean bien grandes, si andan con las madres nunca cessan de mamar. ()
Ahora bien, en caso de construirse con un complemento directo, lo más habitual es que este se refiera a la propia leche ingerida. Por ejemplo:
Mas luego que las ovejas ayan parido, ordéñenlas la primera leche, que llaman calostros, que si el cordero los mamare dañarle á mucho. ()
De frecuencia muy inferior es, en cambio, destetarse; de hecho, el siguiente es el único ejemplo del mencionado verbo dentro del Libro de agricultura:
Y desque sepan bien pacer, que no tienen necessidad de la teta, anden con los machos hasta que se desteten, que si por sí solos andan, tienen deseo de las madres y no pacen, y en andar con los bueyes pierden aquel deseo. ()
Como cabe constatar, nos hallamos en este otro caso ante un verbo, además de intransitivo, pronominal; se entiende, así, su siguiente descripción, procedente del dsal: “v. prnl. 3 Dejar de mamar <las crías de los mamíferos>: Los gatos se destetan pronto”.
En lo que respecta a los humanos, les es necesario, para valerse de la leche de los animales, realizar la acción conocida como ordeñar: “v. tr. 1 gan Extraer <una persona> la leche de [un animal hembra] exprimiendo sus ubres manual o mecánicamente: Los mozos ordeñaban las vacas” (). Vuelve a entrar en juego, por tanto, un verbo transitivo, cuyos correspondientes complementos directos suelen ser aquellos sintagmas que aluden a la propia leche que se espera extraer:
Mas luego que las ovejas ayan parido, ordéñenlas la primera leche, que llaman calostros, que si el cordero los mamare dañarle á mucho. ()
No obstante, también es posible —al menos, a tenor del siguiente ejemplo— que sea sobre el propio animal sobre el que recaiga la acción de ordeñar:
Y a la primera vez que la ordeñan sale sangre, después como calostros ensangrentados, y de allí adelante tan buena leche como de las paridas. ()
Creemos relevante precisar que, de ordeñar, no existen en el Libro de agricultura más que este ejemplo y el inmediatamente anterior (referidos, respectivamente, a las cabras y a las ovejas). Como es sabido, el ser humano no consume leche de cerdas, pero sí de vacas. De hecho, este último tipo de leche es en la actualidad el más usual, de manera que llama en cierto modo la atención que Alonso de Herrera no mencione siquiera en su tratado el ordeño de vacas.
En la misma línea, el talabricense únicamente predica cuajar de las ovejas; no obstante, la presencia de este verbo es perfectamente posible también en referencia a cualquier otro animal de los que el ser humano obtiene leche para la confección de quesos (como cabras y vacas). De acuerdo con el , el funcionamiento habitual de este elemento verbal es el transitivo: “tr. Transformar una sustancia líquida, especialmente si contiene albúmina, como la leche o el huevo, en una masa sólida y pastosa” (: s. v. cuajar2), lo que, en efecto, corrobora el tratado herreriano:
Y aun dize Paladio que con los pellejuelos de las mollejas de los pollos, secos y molidos, se cuaja la leche. ()
Otros cuajan la leche con leche de higueras, o picando los ramos y echándolos allí en la leche. ()
Mas esto es de saber: que no se puede hazer queso de toda leche, porque la leche de los animales que tienen dientes arriba y abaxo no se puede cuajar, salvo si no fuere mezclada con otras, que lo que muchos dizen: que en algunas partes hazen queso de yeguas o de asnas, no se entienda por sí, salvo mezclado con leche de ganados. ()
Como muestran igualmente estos ejemplos, cuajar rige como complemento directo cualquier sintagma nominal designador de un líquido —en este caso, leche—, mientras que su correspondiente agente puede ser bien una persona bien una cosa.
Volviendo a las aves, a ellas compete, como animales con plumas, el verbo pelar, definido por el dsal en los siguientes términos: “v. tr. 2 Quitar <una persona> las plumas a [un ave]”. Ahora bien, como se infiere del siguiente fragmento, más allá del propio animal, en general, cabe pelar también zonas concretas de este:
Y porque los machos en las ánsares no se echan sobre los huevos es bien por hebrero y março pelarles las pechugas y entrepiernas para aver provecho de la pluma, que en muchas partes es muy preciada para cabeçales y otras ropas de cama. Y a todos, machos y hembras, pelarlos otra vez por el mes de agosto para que al invierno les aya nacido más pluma. ()
De hecho, en el tratado herreriano son mucho más frecuentes este tipo de ejemplos que aquellos en los que lo que hace las veces de complemento directo es un sintagma nominal referido a un animal íntegro:
Y si los pollos andan desmedrados pélenles las alas, y también desque chiquitos les pelen los culillos, porque muchas vezes se les pega el estiércol y cierra aquel lugar y mueren d’ello. ()
Supone asimismo un verbo exclusivo de la avicultura engargantar, que, de acuerdo con el , designa exactamente “meter algo por la garganta o tragadero”, lo que suele hacerse “con las aves cuando se ceban a mano” (). Nuevamente, se trata de un verbo transitivo:
Cosida la llaga, échenles un poco de ceniza, que la enxugue, y denles a comer unas sopas en vino, o trigo o pan. Y si no quisieren comer, engargántenselo. ()
Si tienen el papo duro, que no pueden digerir, engargántenles azeite dos o tres vezes. ()
Y sacavan cada ave por sí y engargantávanles unos bollos de harina de panizo hasta hinchirles el papo y un poco de agua después. ()
Respecto del verbo aborrecer en el sentido de ‘abandonar las crías’ (Cf. ), también el Diccionario académico asegura su normal adhesión al nombre de ciertos animales, especialmente, aves, lo que casa perfectamente con el Libro de agricultura, donde se predica, primero, de las gallinas y, segundo, de los pavos:
Apártenlos de donde crían otras gallinas pollos, porque como los veen mayores y más hermosos, aborrecen de embidia sus hijos, porque veen que no son tales y los dexan de criar. ()
Los pavos suelen quebrar los huevos a las pavas por que no se ocupen en ellos al empollar, por tenerlas a su voluntad. Y aun aborrecen los hijos pensando que no son suyos, hasta que les nacen las plumas de la cabeça. ()
Aunque poseedor de un único ejemplo en el tratado analizado, anidar, por su parte, es también característico del mundo avícola, como tienen a bien poner de manifiesto los académicos de la lengua española: “intr. Dicho de un ave: Hacer nido o vivir en él. U. t. c. prnl.” ().
Resultan ser, en cambio, verbos exclusivamente predicables de animales con pelo o lana (en lugar de plumas) —ovejas, por ejemplo— tanto trasquilar como repelarse, el primero transitivo y el segundo intransitivo, además de pronominal:
Y porque crían piojuelos (y con esto desmedran mucho), anlos de tresquilar a la primavera. ()
Y porque en esto no se puede dar regla cierta común a todas las tierras, mayormente por las mudanças de los tiempos, cada uno verá lo mejor, con tal que siempre las tresquilen en tiempo callente y día claro, sereno, que no ande viento. ()
No será menester avisar que para el ganado ovejuno son muy dañosas las tierras montosas y espessas, porque la lana recibe grande mengua, que las ovejas se repelan mucho y aun se hazen sarnosas y enfermas. ()
De acuerdo con el siguiente ejemplo, por otro lado, la acción denominada revolcarse es prototípica de gallinas, por un lado, y de cerdos, por otro:
Y las gallinas se huelgan mucho, y aun están muy sanas, si tienen donde se puedan rebolcar, que, como los puercos huelgan con el lodo y cieno, assí las gallinas con el polvo. ()
En efecto, el verbo revolcarse solo consta empleado en el Libro de agricultura junto a estos dos animales. Citamos, a continuación, un par de ejemplos más, el primero referido a las gallinas y el segundo, a los cerdos:
Para los piojos que crían ya dixe arriba algunos remedios. Estos se crían de estar las gallinas en lugar estrecho donde no se pueden rebolcar y sacudirse, y de no alimpiarse los gallineros muy a menudo. ()
En el verano, de noche, pueden andar por los rastrojos, y por las mañanas y tardes, y cuando haze calor llévenlos a las riberas de arroyos o fuentes donde bevan y se rebuelquen por el agua y cieno, que con ello se huelgan mucho, porque son animales que arden mucho y de mucho calor. ()
Es más, la relevancia de esta acción respecto de las gallinas es tal que el talabricense propone crear para ellas revolcaderos: “Es bien hazerles rebolcaderos, y en el estío sean en tierra bien cavada y regada, que se refrescan en ella y despiden los piojos, y en el invierno en polvo y ceniza, y allí se lavan y paran luzias” ().
En el caso de escarbar, nos hallamos, en cambio, ante la designación de una acción prototípica de las gallinas y, en lugar de los cerdos, de las palomas —de acuerdo, al menos, con el Libro de agricultura—:
D’esto del mantenimiento de las gallinas más cosas se podrían dezir [...]. En Roma les dan en invierno salvados secos a comer en unos tiestos y encima les ponen unas piedras grandes por que no los escarven. ()
Y para que las palomas tengan que comer y escarvar algo, y allí se ocupen y no vayan fuera a buscar donde les maten, es bien que, allende de les echar paja y trigo, en el corral del palomar siembren, assí mismo, trigo o cevada o cualquier otra semilla, con tal que vaya muy poco cubierto, por que lo puedan hallar presto, que lo que está muy hondo so tierra no lo pueden sacar. ()
Como muestra, sobre todo, el segundo ejemplo, por escarbar se entiende “cavar arañando la superficie de la tierra sin profundizar mucho, como hacen las gallinas y otros animales con las uñas” (drae 1791, apud). Además, pese a otras posibles alternativas registradas en (Cf.), en Herrera el argumento semántico ‘contactado’ únicamente adopta, como función sintáctica, la de complemento directo.
3.2.2. Distintivos de un único animal
Comenzamos hablando de los verbos exclusivos de las abejas, al conformar, ciertamente, un nutrido conjunto. Por un lado, se encuentran aquellos que designan acciones cuyos agentes son las propias abejas; por otro, los que aluden a trabajos prototípicamente realizados por el ser humano (generalmente, para el aprovechamiento de los productos obtenidos de esta modalidad animal).
En el primer caso, debemos mencionar, nuevamente, empollar, pues, al margen de su significado de ‘incubar’, se trata de un verbo solo predicable de las abejas. En este caso, además, a diferencia de aquel, funciona exclusivamente en modo intransitivo:
Pues muchas vezes acontece que una colmena, al empollar, cría muchas maestras, y esto es cuasi tanto daño como si no criassen ninguna. ()
Y otras vezes acontece estar que las maestras no carrochan, digo que no empollan, y d’esto viene gran peligro. Y esto es claro de conocer viendo si ay maestrales o no. Y si no las ay, de una colmena donde ayan empollado bien las maestras corten un panal donde estén dos o tres maestriles, que las maestras empollan en la punta de los panares y está el maestril coloradito. ()
Según el segundo ejemplo, sería un sinónimo suyo carrochar; no obstante, el dle define este otro verbo de manera bastante más general, dado que no acota su uso al ámbito de las abejas, como sí hace con empollar, sino al más amplio de los insectos: “intr. Dicho de un insecto: Poner sus huevos” (: s. v. carrochar).
Conviene notar, además, que, aparte de carrochar, se decía carochar: “De carocha: carochar [1513, G. A. de Herrera, varios ejs., como voz propia de Talavera de la Reina] o carrochar ‘poner sus huevecillos dichos insectos’” (: s. v. caroncho). La variante con rótica vibrante la presenta exclusivamente la versión alcalaína de 1539 del tratado herreriano, mientras que la escritura con rótica percusiva es la documentada en las cinco impresiones previas, incluida la príncipe —precisamente, la recopilada por el merced a la edición, semipaleográfica, de Capuano (Hispanic Seminary of Medieval Studies de Madison)—. Por otro lado, al hallarnos ante un hápax, la duda sobre la posible mayor amplitud semántica de carochar o carrochar en comparación con empollar queda sin ser resuelta.
En cambio, conocemos con certeza la exclusividad apícola del verbo enmelar: “intr. Dicho de una abeja: Hacer miel” (). Estos son algunos de sus ejemplos herrerianos:
Assí mismo, cuando el invierno y primavera son lluviosos y húmidos y fríos, que ellas no pueden salir a enmelar, son mejores años de enxambres, y cuando es tiempo claro y enxuto enmelan mejor y son mejores de castro. ()
Y si al tiempo del castrar ay abundancia de pastos y de rocíos y buenas flores, y es vicioso el año, déxenles poca miel, porque ellas tornan presto a trabajar, que son cobdiciosas y enmelan y hinchen la colmena. Mas si ay poco pasto quiten poca miel. ()
Junto a enmelar, además, suele aparecer el verbo labrar. Por ejemplo:
Muchas vezes a la primavera, aviendo mucha flor en que labrar y estando las abejas desseosas de labrar, tanto son de cobdiciosas de trabajar, que por enmelar y hazer provisión no empollan. ()
Nos referimos ahora a un vocablo vinculado con la apicultura ya desde Nebrija, además de ser “frecuente en todo tipo de textos áureos, bien especializados, como el de Alonso de Herrera, bien literarios, entre los que abundan escritos místicos y espirituales, como los de Teresa de Jesús, Juan de los Ángeles o Juan Bautista de la Concepción” (). Se entiende, así, que el Diccionario básico de canarismos () lo defina en los siguientes términos: “1. v. Tf. Fabricar miel las abejas. Dicen los abejeros que, si el corcho es de drago, las abejas labran más”. Además de estipularse, merced al ejemplo aportado, el funcionamiento intransitivo de labrar, en lo que atañe directamente a su significado, queda clara su filiación con enmelar. Ciertamente, en varios ejemplos más del Libro de agricultura, se comprueban tanto el régimen intransitivo de labrar como su cercanía semántica con enmelar:
Y han de poner almendros muchos, que labran mucho más en ellos que en otra flor, y son tempranos, y aun cuando están en flor tienen un olor de miel, salvia, borrajas, tomillos, axedrea, sarpol. Las borragas son tardías en su flor y dan muchas flores, como el romero, y labran mucho en ellas las abejas. ()
Pues assí es en las abejas, que no teniendo buen pasto, con necessidad y hambre labran en xarales y otras plantas vellacas, de donde hazen una miel mala, tarrosa y no de comer, y con el mal pasto ellas enferman y se mueren. ()
Y las enfermedades, unas les vienen por parte de malos pastos que tienen, que como en el invierno están encerradas y muertas de hambre, en viniendo la primavera labran de lo que hallan. ()
No obstante, en este otro fragmento, aparecen combinados el más usual comportamiento intransitivo de labrar con otro al que cabe calificar, contrariamente, de transitivo:
Deve el señor de las colmenas, no aviendo pastos naturales, procurar de poner artificialmente árboles y yervas en que labren. Y aun de lo que assí sembraren o plantaren, labran muy mejor miel que de lo natural montés. ()
No descartamos, de este modo, que, más que tratarse de un sinónimo de enmelar, lo sea de trabajar, ya que este otro verbo suele alternar su más común funcionamiento intransitivo con el transitivo: “intr 1 Actuar [alguien] de manera continuada y con esfuerzo, para obtener un resultado útil [...]. tr 5 Trabajar [1] [con o en una cosa (cd) o en relación con ella (cd)” (: s. v. trabajar). Ahora bien, mientras que trabajar sería un verbo general, labrar, por su parte, se habría especializado dentro del ámbito de la apicultura. Nos hallaríamos, así, ante un ejemplo más —de los muchos existentes en las lenguas, incluida la española— de relación sinonímica no estable a lo largo del tiempo, pues, en efecto, “los cambios semánticos a que se han visto sometidas las palabras han implicado constantes procesos de reajuste en este tipo de conexiones” ().
En relación con las abejas, deben ser también mencionados los verbos arrebozarse y pavordear, ambos con una única ocurrencia en el Libro de agricultura; a saber:
Una de las señales que la enxambre está perfecta y que se quiere ir es que salen dos o tres días antes, que se arreboçan o rebuelven al corcho de la colmena donde salen y a la boca, y están allí esperando a la maestra, porque entre tanto que la maestra no saliere, ellas estarse han assí arrazimadas unas a otras y no se irán. ()
O después de salidas, al tiempo que han de enxambrar, matarlas si ay muchas. Y esto tengo por mejor que no matarlas en el panar cuando están ampolladas, porque cuando ay muchas aun las mismas abejas las quieren matar, y ellas se salen huyendo y con ellas algunas pocas de abejas. Y a esto llaman pavordear, cuando salen assí muchas maestras en muchas capitanías divididas. ()
El primero, recogido, como novedad, por la segunda edición del Diccionario de autoridades —y, además, con cita del propio Herrera (Cf. )—, designa “arracimarse las abejas alrededor de la colmena” (), mientras que el segundo supone una variante de jabardear, que “no debe de ser originaria, sino debida a una etimología popular que compararía a la nueva reina del pequeño enjambre con un pavorde o dignatario” (: s. v. jabardo). En cualquier caso, de los dos verbos, Alonso de Herrera solo emplea pavordear. En efecto, según ha podido comprobarse, jabardear no solo no consta en la sexta edición del Libro de agricultura (), sino tampoco en las cinco impresiones precedentes. Pese a ello, en el Diccionario de autoridades puede leerse lo siguiente: “v. a. Hacer mucha cría las abejas, o salir enjambres pequeños después de los principales. Lat. Apes examina procreare.Herr. Agric. trat. de las colmenas, cap. 10. Y aun suelen los enjambres que se sacan tornar a enjambrar, y aun las madres a jabardear” (: s. v. jabardear).
De acuerdo con , en la rica trayectoria editorial de la obra herreriana, destacan aquellos ejemplares en los que, junto al Libro de agricultura, se publicaron asimismo otros textos de temática similar; exactamente, los siguientes: Diálogos de la fertilidad de España (1578, 15812) de Juan de Valverde Arrieta, Arte nuevo de criar seda (1581) de Gonzalo de las Casas, Tratado breve de la cultivación y cura de las colmenas (1586) de Luis Méndez de Torres, Discursos del pan y del vino (1600) de Diego Gutiérrez Salinas y, por último, Agricultura de jardines (1592, 16042) de Gregorio de los Ríos. Es más, la unión de estos textos fue bautizada “en 1620 por la viuda de Alonso Martín como Agricultura general” (), convirtiéndose en “la mejor y más completa colección de la literatura agrícola castellana de la época” (). Pues bien, dada la reiterada utilización por parte de los primeros académicos, para la confección de su Diccionario de autoridades, de alguna de las ediciones de la Agricultura general (1620, 1645 y 1677) (Cf. ), no han de sorprender ciertos errores de identificación textual, como el involucrado, precisamente, en jabardear, verbo que en ningún caso emplea Alonso de Herrera, pero sí Méndez de Torres —exactamente, en su cap. X (“Del orden que se ha de tener en el enjambrar, y los secretos que hay en él”), como bien especifican, por otro lado, los académicos de la lengua española—.
Pasando ya a las acciones prototípicas de los apicultores, nos ocupamos, en primer lugar, de castrar y escarzar. Castrar, primero, del lat. “castrāre ‘amputar’, ‘cortar’” (), dispone de una honda tradición apícola, puesto que, aplicado a la recolección de la miel, consta ya en Columela (apud). De acuerdo con la última edición del dle, refiere “quitar a las colmenas panales con miel, dejando los suficientes para que las abejas puedan mantenerse y fabricar nueva miel”.
Dize Plinio que si las colmenas se castran en plenilunio, que es en luna llena, que entonces darán más miel; y si en día sereno, que es la miel más gruessa. ()
Como muestra el ejemplo, nos hallamos ante un verbo transitivo, siendo, además, su complemento directo predilecto las propias colmenas: “Quitar <una persona> panales de miel a [las colmenas]: De pequeño me gustaba ir con mi tío a castrar las colmenas, aunque me asustaban mucho las abejas” (: s. v. castrar).
No obstante, en el Libro de agricultura herreriano suele ser más común encontrar castrar sin su correspondiente complemento directo —empleado, por tanto, bien de manera absoluta bien, directamente, en forma intransitiva—:
Y porque muchas vezes por mucha abundancia de pastos están las colmenas por setiembre y octubre buenas para castrar otra vez, y quiçá al primer castro no estavan buenas de miel y las dexaron para castrar al otoño, entonces a las unas y a las otras no les quiten sino la tercia parte. Y aun si el invierno se espera rezio, no les quiten nada. ()
Y siempre al tiempo del castrar mojen la cuchara o castradera con agua por que despida bien la miel de sí, que si assí no se haze, corre por la colmena y por defuera. Y d’este correr la miel, demás de otros daños, viene que unas abejas por cojerlo y llevarlo, y otras por defenderlo, se matan. ()
Escarzar, por su parte, también despliega en el texto herreriano este mismo comportamiento —uso absoluto o intransitivo—, tal como puede comprobarse:
El escarçar se haze antes que empollen, porque si está empollado no han de tocar en ello, que seríe amenguar la generación, salvo si no oviesse tanto conocimiento de ser el pollo macho zanganio, que entonces más provechoso seríe a la colmena quitarlo que averlo de dexar. Mas yo tengo por impossible conocerlo, a lo menos quitarlo sin quitar juntamente el pollo de las buenas abejas. Y si no han escarçado antes de aver empollado aún se puede hazer después de aver enxambrado. Y en el escarçar siempre quiten los panares que estuvieren secos y mohosos y los que están como podridos, que si los dexan dan mal olor a las abejas y es causa que ellas enfermen. ()
Atendiendo al Diccionario castellano de Terreros, este otro verbo supondría una posible alternativa a castrar: “Escarzar la miel, antic. V. castrar y Sobr. y Franc.”. No obstante —a tenor, al menos, del siguiente fragmento—, no parece que ello fuese así exactamente en la época del talabricense:
Las abejas en sus moradas tienen tres repartimientos: el uno es donde ponen la miel clara para su provisión y mantenimiento, y el otro es para hazer generación, y el de en medio para su morada. D’estos, los dos se castran según sus tiempos, que escarçar y castrar todo es uno, salvo por ser por dos partes tiene diferentes nombres, y aun házese en diferentes tiempos, que el escarçar ha de ser por hebrero, o cuasi entonces, y el castrar por junio. ()
Esto es, escarzar alude concretamente a una tarea propia de febrero, no de junio, que sería el caso de castrar, y de ahí que la tercera edición del Diccionario académico, de 1791, tuviese a bien definir del siguiente modo la primera de estas dos voces: “Escarzar. v. a. Castrar las colmenas por febrero” (apud).
Aún dentro del ámbito de la apicultura, constituye un caso especial enjambrar, ya que, de sus tres posibles acepciones, las dos primeras (en principio, transitivas) sí cumplirían el requisito de aludir a acciones características del ser humano, pero la tercera, en cambio, ya no, lo que explica su correspondiente definición en el : “intr. Dicho de una colmena: Criar tanto ganado que esté en disposición de separarse alguna porción de abejas con su reina y salirse de ella”. Se ofrece, a continuación, un ejemplo de este sentido tan específico, solo posible gracias a las propias abejas:
Y muchas vezes, con el abundancia del buen año o mucha bondad de la colmena, enxambran algunas d’ellas dos vezes en el año, y aun las hijas enxambran. Una de las señales que la enxambre está perfecta y que se quiere ir es que salen dos o tres días antes, que se arreboçan o rebuelven al corcho de la colmena donde salen y a la boca, y están allí esperando a la maestra. ()
En lo que atañe ya a las acciones referidas por este mismo verbo, pero dependientes del apicultor, una de ellas es la definida del siguiente modo por los académicos de la lengua española: “tr. Coger las abejas que andan esparcidas, o los enjambres que están fuera de las colmenas, para encerrarlos en ellas” (: s. v. enjambrar). En nuestra opinión, sería esta, exactamente, la acepción subyacente en el fragmento facilitado a continuación:
Assí mismo, cerca d’ellas, con tal que no les dé sombra, ha de aver dos o tres buenos árboles, según la cualidad de la tierra, para que al tiempo de enxambrar la enxambre que saliere se combide a assentarse allí y no vaya lexos. ()
La otra, por su parte, atañe a “sacar un enjambre de una colmena cuando está demasiado poblada de abejas” (: s. v. enjambrar), lo que, en efecto, muestran estos otros ejemplos —en los que, por cierto, pese a lo estipulado por el dle, no vemos complemento directo alguno para enjambrar—:
Y aun muchos al tiempo del enxambrar los rocían con un poco de aguamiel para que el olor lleve allí las enxambres y no se vayan a otra parte. Y si el tal árbol tuviere algún ramo alto, o se le corten al tiempo del enxambrar, o le aten una cuerda bien rezia para que, si la enxambre se subiere en lo alto d’él, con aquella cuerda puedan estirar las ramas para coger las enxambres. ()
Y entre tanto que ellas van por aquella canal tengan aviso si va la maestra, que continamente donde ella va, va gran priessa de abejas; tanto, que si con la mano no las apartan para verla no se puede parecer. Y aviendo passado la maestra y tantas abejas que basten para una colmena, háganlas estancar. Y esta es la mejor y más segura manera de enxambrar. ()
En lo que respecta, por otro lado, al ámbito porcino, merece ser señalado hozar; en efecto, en el ejemplo aportado por los académicos de la lengua para ilustrar el funcionamiento intransitivo de este verbo, se menciona específicamente a los cerdos: “tr. Mover y levantar la tierra con el hocico. U. t. c. intr. Los cerdos hozan y gruñen” (). Justamente, en el Libro de agricultura herreriano el único régimen sintáctico documentado en este caso es el intransitivo, como demuestran, entre otros, los siguientes ejemplos:
Y por que los puercos cevones no dañen los edificios hoçando, es bien echarles a las narizes una argollita de hierro, que no los dexará hoçar, o cortarles algo del hocico de arriba. ()
Y es bien que no las dexen hoçar, que se daña la castradura, hasta que passen algunos días, salvo denles de comer a mano. ()
Respecto de esta nueva tipología animal, creemos oportuno reproducir la siguiente cita de Alonso de Herrera, ya que explica perfectamente la relevancia del verbo matar en referencia a los cerdos —lo que, por otro lado, nos ha llevado a considerar para este trabajo, primero, el propio término matar y, segundo, su ubicación concreta en este subapartado (3.2.2. “Distintivos de un único animal”)—:
Son los puercos animales muy suzios, cenagosos y de mucho vicio. Rebuélcanse en las suziedades y nunca miran al cielo, siempre atentos al comer y dormir. Y desque nacen, son destinados a la muerte, que bivos no aprovechan cosa alguna, como las más de las otras animalias, que unas son para cavallerias, otras para lavor del campo; otras dan lana, leche, huevos, y d’ellas en muchas maneras, siendo bivas, nos podemos aprovechar; o son deleitables y deportosas. El puerco nada d’esto, sino solo comer, y, por tanto, mandó Dios que no comiessen los judíos carne de puerco, dándoles a entender que no fuessen en sus obras semejantes a puercos, que son animales suzios. Mas ellos dexavan de comer la carne, que es buena y de mucha provisión, y imitavan sus obras y sus suziedades, su dormir, su nunca mirar al cielo, no reconociendo los beneficios de Dios recebidos.
Pues devemos dexar de imitar las obras de los puercos y aprovecharnos de la carne, pues Dios la crio para servicio del hombre, mayormente que no ay carne que tanto mantenimiento dé al cuerpo ni tanta hartura en la casa. Y cierto osaré dezir que un puerco abasta tanto, si es bueno, como una vaca, que poco cunde mucho y da gracia a todos los guisados, y cierto no ay buena olla sin ello. ()
O sea, matar en el sentido de “quitar la vida a un ser vivo” (dle) posee una especial relevancia en ámbito de la ganadería porcina, dada la frecuencia con la que es allí realizada esta acción, de cara al aprovechamiento, como sustento, de la carne de los cerdos. Teniendo en cuenta el uso exclusivo del verbo matar por parte de Alonso Herrera en los capítulos de su tratado dedicados a estos animales, inferimos la gran importancia que en su época debió de tener la porcicultura para la alimentación de la población —lo que, ciertamente, aún está vigente en el siglo xxi, si bien, al valernos también ahora para nuestra manutención de otros animales (por ejemplo, de la vaca), ya no de manera tan notoria—. A continuación, reproducimos un par de ejemplos de matar procedentes del Libro de agricultura, con los que, además de quedar demostrado el funcionamiento transitivo de este verbo, vuelve a ponerse de manifiesto la relevancia de esta labor en contextos porcinos:
Y porque los puercos son húmidos no deven comer ni bever un día antes que los maten, que con el no bever es la cecina más enxuta, y no aviendo comido adóbase toda más presto y más limpiamente. Y para matar puercos, y aun principalmente para las puercas, guarden que no los maten en el tiempo que andan en celo. Sea, assí mismo, en menguante de luna, y no estará la carne tan aparejada a corromperse ni dañarse como la que se mata en creciente. ()
En Roma usan matar algunas puercas nuevas cuando están la primera vez preñadas. Y mátanlas al tiempo que tienen las ubres muy llenas de leche, antes que paran, y cortan enteramente a la redonda toda aquella parte de las tetas, y aquello salan por sí, y es tenido en grande estima, porque es muy dulce y sabroso y tierno. ()
En la misma línea, damos cuenta aquí igualmente de cecinar, ya que, aunque no solo se puede hacer cecina de la carne de cerdo, en las propias palabras de , es “esta la más principal”. Según la definición del Diccionario académico, la acción referida por cecinar consiste exactamente en “salar las carnes y ponerlas al humo y al aire para que, enjutas, se conserven” (dle: s. v. acecinar), con lo que una de sus posibles alternativas es la propia voz salar; en efecto:
En muchas partes usan salar por sí los perniles y espaldas, y lo ál por sí, como hazen en la Italia. Y ciertamente es muy mejor, y mejor se guarda y más ligeramente se menea y toma sal por más partes. ()
Pasando ya a la ganadería vacuna, hemos creído conveniente incluir también en este subapartado (3.2.2. “Distintivos de un único animal”) a los verbos sinónimos —y transitivos— domar y amansar, pues, aunque a priori su tratamiento general parecía el más lógico —entre otras razones, por sus usuales definiciones lexicográficas, como la del (vid. infra), que, de manera amplia, aluden a animales—, la lectura detenida del Libro de agricultura nos convenció de la especial relevancia de estos dos verbos dentro de los contextos bovinos. Es cierto que, de los dos, amansar sí consta empleado en el texto herreriano más allá de la ganadería vacuna —en concreto, en referencia a las palomas—; ahora bien, no deja de ser este un uso, en cierto modo, anecdótico, sobre todo, en comparación con los pertenecientes a los capítulos dedicados a las vacas, toros y bueyes (caps. XLI-XLVIII) —mucho más numerosos—.
En definitiva, no hay duda del peso de estos dos verbos (no solo de domar, sino también de amansar) respecto de la ganadería vacuna, explicable por la trascendencia de esta modalidad animal en lo relativo a su soporte en las labores propias del campo y, de ahí, nuestra catalogación final en este subapartado. Esto es, para remarcar la importancia que la acción de domesticar o hacer dóciles a los novillos y otras reses tenía en la época de Alonso de Herrera —al menos, a tenor de su obra—, hemos optado, finalmente, por referirnos a domar y amansar en este momento (y no, por ejemplo, al hablar de los verbos ganaderos generales, en 3.1.).
Pues bien, para ilustrar el funcionamiento de ambos verbos, se ofrece, a continuación, un ejemplo —proveniente, como es lógico, de los últimos capítulos del libro V del tratado herreriano, los consagrados a la ganadería vacuna—:
Los novillos que se han de domar para labrar el campo y otros trabajos y servicios necessarios a la casa, si ser pudiere, han de ser desde chiquitos tratados de la gente, que vengan muchas vezes a casa, que los abezen a estar atados y comer en los pesebres y darles a comer a mano, traerles la mano por el lomo y por la bragada, fregarles la cabeça, echarles alguna sal en la boca, rociarles la cara con un poco de buen vino, que todas estas cosas amansan la res y la hazen más doméstica. ()
Conviene advertir, por otro lado, que, en el caso de amansar, junto a su más común uso transitivo —el único, por cierto, documentado en Herrera para su sinónimo domar—, cabe contemplar asimismo un posible funcionamiento intransitivo, al menos, esto es lo que se desprende del siguiente fragmento: “Y si estuvieren furiosos átenlos a un palo bien rezio en el establo y cortos, que no se puedan mover, y estén allí un día y una noche sin comer para que el ayuno les haga amansar” ().
Nos referimos, por último, a atronarse, presente en el siguiente fragmento del texto agrícola herreriano:
Y si es tiempo que haze truenos, dize Columela que con ellos se dañan los huevos mucho, que se atruenan. Y no recibirán daño si ponen en el nidal unos ramos de laurel. ()
Nos hallamos ante un verbo que, cuando designa, como aquí, “aturdirse y quedarse sin acción vital con el ruido de los truenos” (), suele decirse “de los pollos al tiempo o antes de salir del cascarón, y de los gusanos de seda y otras crías, que se pierden o mueren cuando truena” (). Ahora bien, de estos animales, Alonso de Herrera solo se ocupa de los pollos, lo que nos ha motivado a catalogarlo finalmente como exclusivo de las gallinas aun cuando al margen del Libro de agricultura pueda encontrarse predicado de otras especies.
4. Conclusiones
Como ya expusimos en la introducción, el presente trabajo nace del convencimiento de la relevancia del Libro de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera y específicamente, en esta ocasión, de su parte V, dedicada a la ganadería. Por ejemplo, el prólogo y los primeros nueve capítulos de este libro V, dedicados a la cría y cuidado de las abejas, pueden ser calificados de “auténtico minitratado en el que se sistematizan los conocimientos clásicos y de la época sobre este insecto himenóptero” () y, de ahí que fuesen estas páginas, precisamente, aquellas de las que fundamentalmente bebió Méndez de Torres para la confección de su Tratado breve de la cultivación y cura de las colmenas (1586), considerado, ya sí, el primer texto en lengua castellana —y, posiblemente también, en cualquier otro idioma (Cf. )— exclusivamente consagrado a la apicultura.
Respecto de las conclusiones que cabe extraer de nuestro exhaustivo análisis lexicológico efectuado sobre los 63 verbos ganaderos previamente seleccionados del mencionado libro V, destacamos, en primer lugar, la relevancia que, una vez más, ha manifestado la categoría gramatical verbo en lo concerniente a los lenguajes especializados, en general, y al agrícola-ganadero, en particular.
Hemos logrado demostrar, por otro lado, merced a la manera en la que han sido expuestos los resultados allegados, la superioridad en número de los verbos ganaderos exclusivos, que suman hasta 40, frente a los 25 calificados, por contra, de verbos ganaderos generales. Debe notarse, a este respecto, que, si bien han sido 63 los verbos examinados —fruto de su selección previa—, como hay dos (castrar y empollar) que, además de ser polisémicos, cuentan con acepciones bien lejanas una de otra —y, por tanto, pertenecientes a distintas categorías—, las cifras correspondientes a, por un lado, “verbos ganaderos exclusivos” —esto es, 40— y, por otro, a “verbos ganaderos generales” —o sea, 25—, suman 65, no 63. Ello no quiere decir, no obstante, que no haya más verbos polisémicos dentro de nuestro pequeño corpus —entre otros, empreñar, engordar y enjambrar—; ahora bien, en estos casos, dicha polisemia tiene que ver, por lo general, con ciertos cambios en el comportamiento gramatical de estos verbos, que conducen a ligeras alteraciones en su significado.
Se concluye, pues, que la polisemia está muy presente en el ámbito léxico de la ganadería, y ello pese a que los usos específicos, como el analizado, en principio, excluyen este fenómeno semántico; en este mismo campo, es también relevante la sinonimia, al haber sido localizados igualmente varios exponentes de esta otra manifestación semántica, entre otros, abortar/malparir, amansar/domar, capar/castrar, cecinar/salar, echarse/encobarse y empollar/enclocar. Por último, han logrado ser descubiertos igualmente unos cuantos términos excluyentes, como adelgazar, enflaquecer y enmagrecer respecto de engordar.
En lo que atañe, por su parte, al funcionamiento sintáctico de los verbos examinados, resulta, cuando menos, destacable cómo muchos fluctúan entre un uso transitivo, por un lado, e intransitivo, por otro; lo que, en efecto les sucede, por citar solo unas cuantas posibilidades, a mamar, pacer, parir y poner. No son escasos tampoco aquellos otros que alternan entre el régimen intransitivo no pronominal y el pronominal (enflaquecer y desponer, por ejemplo, serían dos de sus principales exponentes).
Volviendo al predominio de los verbos ganaderos exclusivos, la presente investigación ha servido igualmente para poner de manifiesto la especificidad de la apicultura respecto de otras modalidades ganaderas. No en vano, entre los verbos solo aplicables a un único animal, conforman el conjunto más nutrido —y con bastante diferencia—los referidos específicamente a las abejas.
En esta misma línea social-cultural, son varias más las conclusiones que se desprenden de nuestro estudio: primera, la dependencia que en la época de Alonso de Herrera se tenía de la ganadería porcina para el consumo alimentario de la población; segunda, la trascendencia de la ganadería bovina respecto de las labores propias del campo; y tercera, la mayor estima que entonces había hacia la leche de ovejas y cabras, frente a la de vacas —es más, hablando de la acción de cuajar, el talabricense solo menciona los quesos de oveja (ni siquiera tampoco los de cabra).
Nos gustaría destacar, por último, la trascendencia de nuestra lexicografía, que ha hecho posible la reconstrucción, tanto semántica como sintáctica, de cada uno de los 63 verbos herrerianos considerados. En este sentido, cabe afirmar que ninguno de estos verbos carece de tradición lexicográfica, dato que es aún más significativo si tenemos en cuenta que, por el contrario, algunos sí adolecen, en cambio, de una escasa documentación. Es el caso, por ejemplo, de carrochar (o carochar) y escomearse, cuyos únicos ejemplos en los principales corpus del español (corde y cdh) son, precisamente, los de Alonso de Herrera analizados en la presente investigación. Ello no les ha impedido, sin embargo, disponer de una sólida tradición lexicográfica, constatable merced al ntlle, sin duda, por la calidad y trascendencia del tratado herreriano, que, de hecho, persuadieron a los primeros académicos de incluirlo entre sus autoridades. Ahora bien, pese a ello y como ya se apuntó al comienzo de este trabajo, el Libro de agricultura herreriano ha sido muchas veces ignorado y hasta olvidado y, de ahí, la presente investigación, así como otras muchas ya realizadas en el seno del grupo GILEE. Entre otras metas, este grupo se ha propuesto el estudio filológico sistemático de tan magna obra, así como la divulgación de los resultados que de él se obtengan.
Financiación
Esta investigación forma parte de los resultados del proyecto “Diccionario de términos geopónicos. Siglo XVI (DITEG-XVI)” (PID2023-146203NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional.
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Notas
[1] “n. en Talavera de la Reina, Toledo, ca. 1480; m. ca. 1539” (: s. v. Alonso de Herrera, Gabriel). Sobre sus hitos biográficos, véase .
[2] No obstante, es más usual referirse a este texto mediante el nombre de Libro de agricultura, ya que en sus múltiples ediciones predomina, sobremanera, este otro título. A propósito de estas, consúltese .
[3] Este es, de hecho, el único libro del tratado de Herrera con prólogo independiente, lo que ya da cuenta de su relevancia.
[4] Tres de ellos, además —como puede comprobarse—, son sumamente recientes y están centrados igualmente en el tratado herreriano, aunque, en lugar de en el libro V (como es el caso de este, que aquí presentamos), en el IV —relativo a las huertas y sus plantas—.
[5] Nótese que, en esta relación, se ha decidido consignar en forma pronominal aquellos verbos que únicamente han sido así documentados en Alonso de Herrera (en el sentido ganadero pertinente). Ciertamente, son algunos más los verbos susceptibles de empleo pronominal (incluso por parte del talabricense), no obstante, dada en ellos la alternancia entre este funcionamiento gramatical y el no pronominal, se ha preferido, para estos otros casos, prescindir —al menos, en lo relativo a esta lista— del se.
[6] Dada su escasa rentabilidad, nos desviamos de la noción estricta de la sinonimia, de acuerdo, por otra parte, con las corrientes actuales. Esto es, más allá de discutir sobre la existencia o inexistencia de los sinónimos absolutos, lo que interesa es determinar en qué grado tiene lugar la semejanza semántica detectada en ocasiones entre dos o más unidades léxicas (Cf. y ).
[7] Aunque “el término más corriente para denominar la oposicionalidad (oppositeness) semántica entre lexemas es, sin duda, el de antonimia” (), preferimos reservarlo, igual que hace , a una subclase muy concreta de esta modalidad relacional. Por otro lado, resulta preferible, en lugar de limitarse a la antonimia en sentido estricto, estudiar “las relaciones de oposición en sentido amplio, pues estas expresan la idea de contrariedad de modo más primitivo y parecen aceptarse más fácilmente en la concepción mental que los hablantes se hacen de esta realidad” ().
[8] En cambio, en lo que respecta a las relaciones de inclusión (hiponimia / hiperonimia y meronimia / holonimia), descartamos —al menos, a priori— su presencia en este estudio, dado que es en la categoría nominal (no en la verbal) en la que dichas relaciones se dan con más frecuencia (Cf. ).
[9] “3. tr. Dicho de un animal: Producir, cuidar y alimentar a sus hijos. U. t. c. intr. Especies que no crían en cautividad” (: s. v. criar).
[10] “tr. Dicho de una persona o de un animal: Dar vida a un nuevo ser. U. t. c. intr. Ya está en edad de engendrar” (: s. v. engendrar).
[12] “Y porque los pavos, ganosos de luxuriar, les quiebran los huevos cuando se echan, ellas se esconden d’ellos y se van entre las matas, y por ende es bien que al tiempo que ellas se encoban las pongan en lugar escondido de los machos” ().
[13] “Los que se castran grandes crecen más, mas no es tal la carne; esto es si no an encomençado a luxuriar. Y por esso es bien cuando an seis meses o cuatro, y muy bien se castran cuando son de ocho días nacidos, que maman, que no lo sienten tanto” ().
[14] No obstante, en referencia al ganado vacuno, se ha localizado asimismo el siguiente ejemplo de saltar (con un complemento precedido de la preposición sobre): “Sean de mediada edad, que si son menores de cuatro años, aunque pueden bien engendrar, y aun de menos edad, engendran la casta no de tanta fuerça ni tan crecida; y no mayor de diez o doze años, porque, lo uno, están cansados, y aun con el grande peso no pueden saltar sobre las hembras. Es el mejor de cuatro años hasta ocho” (). Ello nos ha hecho dudar de si postular igualmente —al menos, en lo que respecta a este verbo en concreto— el funcionamiento intransitivo, razón que nos ha llevado a acudir, seguidamente, al Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana de , sin embargo, este no contiene ningún dato al respecto.
[15] En efecto, en el Libro de agricultura saltar, primero, se predica de las cabras, ovejas, pavos, cerdos y ganado vacuno, mientras que, en el caso de tomar, en segundo lugar, procede añadir a los animales ya mencionados también las gallinas.
[16] “tr. Dicho de un animal macho: En algunas especies, cubrir a la hembra” (: s. v. saltar). “tr. Dicho del macho: Cubrir a la hembra” (: s. v. tomar).
[18] “Los cabritos se han de castrar antes de año, porque mientra que más tiernos son mejor lo sufren y harase mejor carne. Y por ende, los que ovieren nacido por setiembre cástrenlos por março; y los que por deziembre, por el mes de abril y mayo, antes que entre el calor; y los que por março, cástrenlos en fin de setiembre, y por octubre si es tierra callente” ().
[19] “Entre todas las aves no usan castrar otros machos sino los gallos, porque, por ser muy luxuriosos, si no los castrassen, ni engordaríen ni su carne seríe buena para comer” ().
[20] “Cómo se ayan de castrar los corderos no es menester dezir agora, pues esta dicho el tiempo y manera en el capítulo de las cabras. Y como de los cabritos se dixo, assí se deve hazer en el ganado ovejuno. Y dize Varrón que no los castren menores de cinco meses” ().
[21] “Es necessario castrar este ganado para engordarlo bien, que de otra suerte las puercas, pariendo, no engordan sino poco, y los puercos, engendrando, no solamente no engordan, mas es mala carne, dura, butionda” ().
[22] “Como en los gallos para que engorden, assí es menester castrar los toros para que sean en la carne de mejor sabor, y aun para que sean más mansos y obedientes para trabajar en las obras que d’ellos tenemos necessidad, que pocos toros sufren el yugo” ().
[23] “Capón, del lat. vg. *cappo, -ŏnis ‘íd.’” (: s. v. capón). “Capar [APal., 175d], de un lat. vg. *cappare, deducido secundariamente de *cappo; también port. y cat. capar ‘íd.’" (: s. v. capón).
[24] Esto es, aplicado a cualquiera de las especies ganaderas por él consideradas, con la sola excepción de las conformadas por abejas y pavos.
[25] A pesar de haber localizado igualmente en Herrera un par de ejemplos de esta otra acepción, esto es, de la tocante a “tr. Hacer que alguien o algo pasen a estar gordos. U. t. c. intr. Los dulces engordan”, finalmente, la descartamos como prototípica de la ganadería. Dichos ejemplos son los siguientes —ambos, por cierto, intransitivos (no transitivos)—: “Y aunque son de rezia digestión, son de grande mantenimiento. Y lo que en ellas es de mejor comer es las alas. Engordan mucho a quien las come” (). “Y cuando entre, écheles de comer por que le tomen amor y le conozcan y no se espanten. Verá las que crían o las que son estériles, y aquellas puede poner a engordar en alguna cámara cerrada o venderlas” ().
[26] “intr. Ponerse gordo. U. t. c. prnl. U. t. en sent. fig.” (). “Y por que ellos más se engorden y crezcan, abézenles a comer desde chiquitos dándoles mielgas, yedras y ramos de oliva, y otras cosas verdes” (). En adesse, en cambio, no consta ningún ejemplo de engordarse (Cf.).
[27] En cualquier caso, su aplicación a otros muchos animales es asimismo manifiesta; Cf., por ejemplo, (s. v. cebar I): “Sin embargo, tenía tantas rabias atrasadas la mañana del crimen, que siguió cebando a los perros con las vísceras de los otros conejos, sólo por amargarle el desayuno a Santiago Nasar”.
[28] “intr. Disminuir en grosor y generalmente en peso, enflaquecer. U. t. c. prnl.” (). “Mas en las vacas á de ser al contrario, que antes que se ayan de tomar, uno o dos meses (si están gordas), les quitan algo del mantenimiento, que no pazcan mucho y adelgazen algo, que, si muy gordas están, no conciben tan bien. Y lo mismo se vee en las mugeres, que las que están muy gordas no se empreñan tan bien como las que están algo flacas” ().
[29] “intr. *Adelgazar” (). “Assí mismo, antes que entre el invierno se deshaga de las reses que están enfermas y de las flacas, que, pues cuando an avido abundancia de yerva no an engordado, claro es que en el invierno enmagrecerán” (). Como demuestra este otro ejemplo, cabe igualmente que adopte, como también le sucede a adelgazar, forma pronominal: “El principal daño d’esta enfermedad es que no dexa engordar la res que la tuviere, antes siempre se va enmagreciendo si no fuere curada” ().
[30] En este caso, no obstante, el contraste realmente no se produce con engordar2, sino con la acepción de este último verbo desechada antes como propia de la ganadería (Cf. supra nota n.º 25). En efecto, hablando de las ovejas, Alonso de Herrera emplea enflaquecer en el sentido de “poner flaco a alguien, disminuyendo su corpulencia o sus fuerzas” (: s. v. enflaquecer). Se entiende, así, que en tales ocasiones el mencionado verbo se documente con régimen verbal transitivo (en lugar de intransitivo): “Y aun en muchas partes mantienen los inviernos los ganados en casa y se hallan bien d’ello, que engordan más, dan mucha leche y no se muere ninguno, que a cualquiera ganado tanto lo mata y destruye el frío y tanto lo enflaquece casi como la hambre” ().
[32] Aun así, hemos localizado asimismo un ejemplo como intransitivo y pronominal: “Si algún lobo la oviere mordido miren si la mordedura es peligrosa, porque más vale matar luego la res que no que poco a poco se enflaquezca y en fin se muera” ().
[33] No obstante, este segundo se refiere también en el Libro de agricultura a ‘deteriorar’, acepción, de acuerdo con el (s. v. desmedrar) —lo que, además, corroboran nuestros ejemplos— bien transitiva bien pronominal: “Y aun porque las gallinas que están echadas crían piojos, y ellas reciben mucho daño, y aun péganse a los pollitos y los matan o desmedran, es bien que ocho días antes que la allanen sobre los huevos la unten con un poco de azeite por todo el cuerpo, como no le entre en los oídos, y luego se mueren y no los cría en el nidal” (). “Hanlos mucho de guardar no se mojen, ni en el nidal ni fuera, y de lugar frío, y en todo tiempo los guarden que no se mojen ni aun los pies, aunque sean grandezitos, que se desmedran mucho” ().
[34] “intr. Dicho de un animal o de una planta: crecer (‖ ir en aumento). Sin.: crecer, desarrollarse, madurar. Ant.: disminuir, decrecer, menguar, desmedrar” (: s. v. medrar). Los subrayados son nuestros.
[35] Aunque susceptible asimismo de un funcionamiento transitivo: “intr. Dicho del ganado: Comer en los campos, prados, montes y dehesas. U. t. c. tr.” (: s. v. pacer). El subrayado es nuestro. En efecto, véanse, entre otros, los siguientes ejemplos, debidos igualmente a Alonso de Herrera: “Y lo mismo es en las cabras, que las mochas tienen más gordura y dan más leche, y con razón, que comen más, que los cuernos estorvan mucho, que no les dexan meter las cabeças entre las matas para pacer la yerva que está baxo entre ellas” (). “Y si haze buen tiempo sáquenlos a pacer alguna yerva junto con las madres; en el estío, a los rastrojos” (). “Y si es tiempo callente es bien que los bezerritos estén de noche en algún lugar cerrado donde aya yerva que pazcan y estén seguros; de día anden al campo” ().
[36] “tr. Dar pasto a los ganados” (: s. v. apacentar). Véase, asimismo, (s. v. apacentar): “v. tr. [...] Dar <una persona> pasto [al ganado]”.
[37] Definición acompañada del contorno definicional “dicho de un animal” (: s. v. machear), que viene a corroborar el ya mencionado carácter general de este verbo.
[38] “El que uviere de poblar palomar deve procurar la mejor casta que pudiere, que assí es en las palomas como en las otras animalias” (: fol. CLXXv). “Y en las caseras, por que quieran reposar en la nueva posada es muy bien poblarla en la primavera, cuando comiençan a empollar, y tener allí antes algunas caseras para que, viéndolas comer, ellas se amansen” ().
[39] Merced al siguiente ejemplo, tomado igualmente del Libro de agricultura, se comprueba, en efecto, la tendencia del verbo poblar —o, más bien, de poblado, como adjetivo— a aparecer en contextos relativos a las abejas: “Es señal de buena colmena la que está bien poblada, que, lo uno, tiene buen peso, que ay multitud de abejas” ().
[40] “Y si no las encierran los inviernos en los establos donde es la tierra fría, es menester llevarlas a envernar a lugar callente y donde aya bien que pacer, y en los tiempos callentes tornarlas a los lugares frescos” ().
[41] “intr. Dicho del ganado: Recogerse durante el día en un lugar sombrío para descansar y librarse de los rigores del sol” (: s. v. sestear). “m. Conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas. Ganado ovino, cabrío, vacuno” (: s. v. ganado). “f. Animal cuadrúpedo” (: s. v. bestia).
[42] “Y aun desque comience a hazer calor lléguenlas a las sombras o de árboles o de peñas o de portales. Y por esso es bueno que en las dehesas donde anda este ganado aya árboles a muchas partes donde pueda este ganado sestear” ().
[43] “A estos establos es bien traer el ganado a dormir en invierno cuando haze tiempo áspero y darles algo de comer, y en verano, cuando ay muchas moscas y távanos que los destruyen, para que allí sesteen” ().
[44] Aunque el , por otro lado, no la revele como una opción especialmente plausible, ya que —si bien solo hemos efectuado una búsqueda rápida, mediante las variantes sestear, sestean y sestea, y, además, habiendo establecido como límite temporal el año 1700— no hemos localizado ningún ejemplo del mencionado verbo junto a gallinas, por ejemplo. Así, citamos, a continuación, algunos de los pasajes prototípicos que ofrece el corde de sestear —en los que, como puede comprobarse, quien realiza la acción en cuestión son bien ovejas, en particular, bien reses, en general—: “Si tú no sabes, mi querida esposa, / hallar las mis ovejas dó sestean, / aballa tu ganado presurosa / y tus cabritos que pacer desean; / la huella ven siguiendo a los pastores, / que entre ellos hallarás a tus amores” (Arias Montano, c1554, Paráfrasis sobre el Cantar de los cantares de Salomón en modo pastoril). “Cómo se ha de gobernar en el tiempo de calor, particularmente las horas que las reses sestean” (Martínez de Espinar, 1644, Arte de Ballestería y Montería).
[45] Nótese, además, que, según el Diccionario académico, más allá del grupo de bestias que se apacientan y andan juntas, al “conjunto de abejas que hay en una colmena” (: s. v. ganado) también se le denomina ganado.
[46] Véanse, a este respecto, el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias y el Diccionario de autoridades de la RAE: “Guardar ganado, ser pastor” (: s. v. guardar). “Cuidar de apacentarle y conservarle sin daño” (: s. v. guardar ganado).
[50] “Assí mismo, para que sepan ahijar los cabritos es menester copia de pastores, mayormente si el ganado es mucho, que, lo uno, porque la tierra donde las cabras andan es áspera, y lo otro, porque los cabritos cuando chiquitos son muy tiernos y no pueden andar tras las madres, hanlos de tener en sus establos entre tanto que ellas van a pacer, y cuando tornaren sepan conocer y dar a las madres los hijos” (). Se trataría, de acuerdo con este ejemplo, de un verbo transitivo.
[51] “Mas déseles d’esta manera: no sea en tiempo que llueve, porque se salmueran, sino en tiempo enxuto; ni sea antes que salgan a pacer, sino antes que se la den ayan pacido un poco” ().
[52] “Y ellas en verano se echan de pechos en lo regado y les es muy sano, y se huelgan y ponen más huevos” (). “Las gallinas se han de escojer o negras o ruvias, o las más propincuas y juntas a estos colores, que las blancas o blanquezinas no ponen tantos huevos ni tan grandes, ni engordan tanto, ni son tan sabrosas, y biven menos tiempo que las otras” (). “Por la mayor parte, las hembras ponen dos huevos y algunas vezes tres, mas el uno d’ellos no vale nada; y del uno sale macho y del otro hembra, o yerran pocas” ().
[53] “Y la tal cámara sea bien callente, que el calor en el invierno haze mucho poner a las gallinas” (). “El que uviere de poblar palomar deve procurar la mejor casta que pudiere, que assí es en las palomas como en las otras animalias: que, lo uno, sean grandes de cuerpo; no muy nuevas, ni tanto viejas que ya no sean para criar; que sean muy castizas, de muchas crías, que en las palomas también ay unas que ponen mucho, otras que no tanto, como en las gallinas y otras aves” ().
[54] Para más información sobre otros verbos pronominales que también disponen de variantes sin se de idéntico significado en el tratado herreriano, consúltense y .
[55] Doble régimen que igualmente manifiestan en el mismo Libro de agricultura podrecer / podrir / pudrir y madurar (Cf. ).
[56] “Echarse la gallina y otras aves sobre los huevos para empollarlos” (drae3 1791, apud). Se trata de una variante popular o semipopular de ĭncŭbare ‘estar echado sobre algo’, ‘empollar’, derivado de cŭbare ‘yacer, estar echado’ (: s. v. incubar). “Quizá en parte haya confusión con encobar ‘encerrar’, ‘agachar’” (: s. v. incubar). Véase, para más información, (s. v. cueva).
[58] No obstante, al margen del tratado herreriano, la utilización más usual de este verbo sería la pronominal y de ahí que Covarrubias, por ejemplo, lematice en su diccionario por enclocarse (Cf. : s. v. clueca).
[59] No obstante, hemos localizado igualmente esta otra ocurrencia, en la que el verbo sacar no va acompañado de su correspondiente complemento directo. En este caso, o bien nos hallamos ante un uso absoluto o bien ante un empleo directamente intransitivo —posibilidad, esta segunda, que llevaría a postular para sacar un doble funcionamiento (transitivo e intransitivo), como el ya constatado en el caso, por ejemplo, de empollar—: “Y desque ayan empollado y sacado, una vez que estén los palominos chicos, abran las ventanas, que puedan salir, y quiten las caseras, que son de más pesado buelo, y no pueden andar en una vanda como las otras, y piérdense mucho, y aun más presto las toman las aves rapiegas” ().
[60] “tr. Dicho de una hembra: Empezar a tener un hijo en su útero. U. t. c. intr. Está en edad de concebir” (: s. v. concebir).
[61] “Del lat. impraegnare, de donde viene también cat. emprenyar [S. XIII], oc. y port. emprenhar, it. impregnare” (: s. v. preñada).
[62] “4. intr. Dicho de una hembra: Quedar preñada. U. t. c. prnl.” (: s. v. empreñar). En efecto, frente al más usual comportamiento de este verbo sin pronombre en la actualidad, en el Libro de agricultura, se constata una evidente preferencia por empreñarse (vid. supra). Así, el único ejemplo de empreñar con el sentido de ‘quedar preñada una hembra’ en el tratado herreriano es este, en el que, además, dicha forma sin se convive junto a empreñarse: “El otro ganado vacuno, si donde anda no ay agua, anlo de llevar a bever en invierno una vez y en el estío dos. Y aunque, como digo, beven de mejor gana el agua fría y clara, más provechosa es a las vacas cuando se empreñan la de las lagunas de agua detenida, porque están callentes, que la que está fría no les dexa tan bien empreñar, o de ríos grandes mejor que de sierra” ().
[63] “intr. Dicho de una hembra vivípara: Expulsar naturalmente el hijo o los hijos que tiene en su vientre. A las tres de la tarde ya había parido. U. t. c. tr. Isabel ha parido una niña. La perra parió tres cachorros” (: s. v. parir). Dar a luz se predica, en cambio, solo de las mujeres; de ahí que Alonso de Herrera no haga uso de esta locución verbal. No ha de sorprender, por otro lado, que, dada esta mayor amplitud semántica de parir, su presencia en los atlas lingüísticos sea superior a la de dar a luz (Cf. ).
[64] “intr. Dicho de una mujer o de un animal hembra: Interrumpir de forma natural o provocada el desarrollo del feto durante el embarazo. U. t. c. tr. Abortó el hijo que esperaba. Sin.: malparir” (: s. v. abortar).
[65] “v. tr. / intr. 1. Extraer <un niño o un animal vivíparo> [la leche] del pecho de la madre: Llora porque tiene ganas de mamar” (). “Por ext., adquirir un hábito o un conocimiento mediante una práctica reiterada” (: s. v. mamar I).
[66] No obstante, se han localizado asimismo en el Libro de agricultura estos dos ejemplos, en los que los respectivos completos directos son, en cambio, los propios animales hembra con leche: “Es un páxaro que en latín llaman caprimulgo, que en castellano se puede bien llamar chotacabras o mamacabras, mayor que mierlas, y suelen sentarse en las majadas o dormideros de las cabras y mámanlas” (). “Algunos dizen que estos son los que llamamos capachos, y d’esta manera ay unas lagartijas grandes que maman las cabras y ovejas” ().
[67] “Del lat. vg. *ordiniare ‘arreglar’ (derivado deordo), que los pastores emplearon en esta ac. especial como tecnicismo profesional: la ac. general se ha conservado en Cerdeña (ordinzare, ordingiai, «congegnare, approntare, allestire, addobbare, ordinare», en italiano sólo el postverbal ordigno ‘aparato, herramienta’) y se conservaba en portugués antiguo [...], mientras que el idioma moderno emplea ordenhar [ejs. del S. XVI en Moraes] [...], en concurrencia con mungir, con el significado castellano [...]; la sustitución del lat. MULGERE, que sólo ha dejado algunas huellas dialectales en castellano [...], hubo de ser bastante antigua [...]” (: s. v. orden). Ordeñar probablemente se trataría “de un empleo técnico profesional a que recurrieron los pastores, para quienes dejar los animales ordeñados era la operación o «arreglo» más importante de todos” (: s. v. orden).
[68] Caso evidente de laísmo, el cual consta expresamente también en las cinco ediciones del Libro de agricultura previas a la tomada como base para la realización de este trabajo (6.ª edic., 1539); esto es, 1.ª edic. (1513), 2.ª edic. (1520), 3.ª edic. (1524, ¿Zaragoza?), 4.ª edic. (1524, Alcalá de Henares) y 5.ª edic. (1528). Recuérdese, a este respecto, que durante el periodo clásico constituyó una preferencia en auge en nuestra lengua el laísmo, “con índices de frecuencia mayores a medida que transcurrían los siglos, y con penetración en áreas distinguidoras” (). Esto es, si bien, por lo general, el laísmo “ha sido valorado negativamente por los gramáticos y hablantes” (), en ciertas épocas, sí “ha gozado de aceptación e incluso, al parecer, de cierto prestigio literario” ().
[70] Sobre la introducción, en el siglo xix, de la raza bovina Holstein la raza lechera más explotada hoy día en el mundo en Cantabria, con lo que ello supuso para su posterior implantación masiva en la región (lo que tuvo lugar en las primeras décadas del siglo xx), consúltese .
[71] “v. tr. 1 Convertir <una persona o una cosa> [un líquido que contiene materia grasa] en sólido: El calor cuajó la leche” ().
[72] Véase asimismo el Vocabolario español-italiano () de Franciosini: “Vale talvolta mangiare, o dar da mangiare assai come si fá a capponi o altri vccelli, ed animali che gli tenghiamo in luoghi a posta per ingrassargli. Imbeccare”.
[76] “Echarse sobre algo restregándose en ello” (: s. v. revolcar). “Echarse en tierra, lodo, etc. y dar allí vueltas” (Terr.: s. v. revolcarse). En cuanto a su etimología, este verbo supone, como el cat. y port. rebolcar ‘íd.’, un lat. vg. *revolvicare (Cf. : s. v. volver).
[77] “m. Sitio donde habitualmente se revuelcan los animales” (: s. v. revolcadero). “En los Andes argentinos ‘mesetita donde duermen los guanacos’; en San Juan ‘lugar donde suele yacer el tigre’ (Borcosque, A través de la Cordillera, 124)” (: s. v. volver).
[78] “‘Rayar o remover levemente la superficie de la tierra, según suelen hacerlo con las patas la gallina y otros animales’, ‘limpiar los dientes o los oídos con las uñas o un objeto puntiagudo’, voz común con el port. escarvar, de origen incierto, probablemente del lat. tardío scarifare ‘rascar’, ‘rayar superficialmente’, ‘herir levemente’, ‘escarbar’, y este del gr. σκαριưĘσȎαι ‘íd.’ ().
[79] Véase asimismo esta otra definición, del Diccionario de autoridades: “Cavar, arañando en cierto modo la tierra, como hacen las gallinas y otros animales, cuando con pies y manos cavan la tierra y hacen algún hoyo en ella” (: s. v. escarvar).
[82] En cambio, en los atlas lingüísticos regionales del español solo se documenta su uso agrícola (‘roturar’) (Cf. ).
[83] Véase, asimismo, , si bien, en esta base de datos, frente a los posibles comportamientos biargumentales de este verbo, sobresale especialmente el intransitivo monoargumental.
[84] Sobre el cambio semántico por especialización y la sinonimia consúltense también, entre otros, y .
[85] “Ya en la Agricultura de Herrera (a. 1513): es ‘agolparse a la boca de la colmena’” (: s. v. bozo).
[88] Recuérdese que este verbo ya ha sido tratado antes, en 3.1. (“Verbos ganaderos generales”). Posee, por tanto, dos acepciones ganaderas relevantes: una, general, y otra, específica de la apicultura.
[89] Léase, asimismo, la siguiente definición de Covarrubias: “También decimos castrar las colmenas cuando les quitamos del colmo los panales, dejando a las abejas con que se puedan sustentar, según lo enseña Columela De re rustica lib. 9. cap. 15”.
[90] “Voz común con el port. escarçar, de origen incierto; quizá de un mozár. *caçrar y éste del lat. castrare ‘íd.’ ().
[91] Tampoco, en la de Torres Villarroel: “Las abejas y colmenas las has de castrar por junio, y se escarzan por febrero, antes que empollen las abejas” (Torres Villarroel 1795 [1752]: 186, apud).
[94] Definido, en lo que respecta a Terreros, del siguiente modo: “Sacar las abejas un enjambre nuevo” ().
[95] Y por Terreros, por citar una definición más, de esta otra forma: “Recoger las abejas que ya se salieron de la colmena, valiéndose de algún sonido de teja” (: s. v. enjambrar).
[96] “Esto se hace formando un hoyo y poniendo en él una boñiga encendida, encima de la cual se coloca la colmena, y dándole un golpecito, empiezan a salir las abejas nuevas, advirtiendo siempre si llevan un rey, dos o ninguno, pues, si no llevan rey, se esparce, desbarata y pierde el enjambre y, si llevan dos o más, es necesario, para evitar disensiones en esta república, dejar solo uno” (: s. v. enjambrar).
[97] “‘Mover y levantar la tierra con el hocico’, del lat. vg. *fodiare ‘cavar’, derivado del lat. fŏdĕre ‘íd.’ (). “1.ª doc.: hoçar, 1475, G. de Segovia, 80. También aparece en APal.: «suilli son puercos marinos, assí dichos porque buscando qué coman, a manera de puercos, hoçan en el agua [e] en la tierra» (480d) «la puerca... trastorna el pasto y hoçando la tierra busca lo que come» (483d); y está, también escrito con ç, en la Suma de las Cosas Maravillosas, publicada en 1498, y en la Agricultura de G. A. Herrera (1513) [...]; posteriormente, y ya en textos que no distinguen la z sonora de la ç sorda, se halla en el G. de Alfarache, Covarr., , etc. Ha sido sin duda popular en todas las épocas” ().
[98] Y, por si esto fuera poco, más adelante, insiste: “Esto me quedava de dezir: que a este suzio animal en vida y muerte son y deven ser comparados los ricos avarientos que allegan muchos bienes, y de mezquinos y malaventurados no gastan ni aun para sí mismos. Los puercos en vida no aprovechan, y muertos hinchen y hartan la casa; assí, los avaros, bivos no dan nada y muertos hinchen a todos, y más valen y aprovechan muertos que bivos” ().
[99] Solo así se entiende, además, esta otra acepción que para matar figura igualmente en el : “intr. Hacer la matanza del cerdo”.
[100] De cecina “‘carne salada, enjuta y seca al aire, al sol o al humo’, antiguamente adjetivo, probablemente de un lat. vg. (caro) *sĭccīna ‘carne seca’” (: s. v. cecina).
[101] En cualquier caso, “se cecinan carneros, ovejas y cabras para la gente de casa y sirvientes” (). Y, por ejemplo, “las vacas se cecinan [...] [quitándoles] los huessos de las piernas, y assí, abierta la media pierna, la hinchan de sal y, desque bien salada, lávenla como las otras cecinas y pónganla al humo donde no les dé mucha calor” (). Como cabe comprobar merced a estos ejemplos, nos hallamos, nuevamente, ante un verbo transitivo.
[102] “tr. Salar las carnes y ponerlas al humo y al aire para que, enjutas, se conserven. U. t. c. prnl.
Sin.: ahumarse, cecinar, curar,salar1, secarse” (: s. v. acecinar). El subrayado es nuestro.
[103] “tr. Sujetar, amansar y hacer dócil al animal a fuerza de ejercicio y enseñanza.
Sin.: domesticar, amansar, amaestrar, desbravar, someter, dominar, sojuzgar, acondicionar” (). “Del lat. dŏmare ‘íd.’ [...]. La ausencia total de formas diptongadas hace a este verbo sospechoso de semicultismo ().
[104] “tr. Domesticar, hacer manso a un animal. U. t. c. prnl.
Sin.: domesticar, domar, desembravecer, desbravar” (). De manso, y este “del lat. vg. mansus, -a, ‘íd.’, que sustituyó el lat. cl. mansūetus, participio de mansuescere ‘domesticarse, amansarse’, compuesto de manus y suescere ‘acostumbrarse’” (: s. v. mano).
[105] “De las palomas ay tres maneras: las unas, torcazas, y d’estas no entiendo dezir, porque no se pueden amansar para criar. Otras son palomariegas. Otras caseras; estas son las mejores. Mas estas dos postreras casi son de una manera, y por esso se an de tratar unas como otras” ().
[107] Quizás correspondiente a una acepción ligeramente distinta a la ya mencionada, como es, por ejemplo, la definida del siguiente modo por el : “4. intr. Dicho de una cosa: Apaciguarse, amainar” (). No obstante, la acotación de uso empleada en este caso es “dicho de una cosa” (no “dicho de un animal”), lo que nos lleva a descartar esta posibilidad y, así, a considerar, en su lugar, que lo que aquí puede estar aconteciendo es que falta el pronombre se —fenómeno relativamente frecuente, según ya hemos tenido ocasión de comprobar, en el Libro de agricultura herreriano—, ya que, no en vano, el propio Diccionario académico admite la posible pronominalización de amansar con el sentido de “domesticar, hacer manso a un animal” —esto es, cuando funciona como sinónimo de domar—, aunque también con el más general de “sosegar, apaciguar, mitigar”. Sobre esta última acepción de amansar consúltese, además, .
[108] A su vez, divididos en dos subcategorías: por un lado, la de los asociados a una tipología (24) y, por otro, la de los distintivos de un único animal (16).

