1. INTRODUCCIÓN
Las narraciones orales de experiencia personal constituyen un tipo de material en el que convergen múltiples recursos y estrategias útiles para el análisis lingüístico. Estas narrativas son todavía más interesantes si se generan de manera conversacional y si se registran audiovisualmente, pues, en el análisis de los comportamientos comunicativos, se debe ir necesariamente más allá de lo que se dice (). A partir de dichos antecedentes, en esta investigación se estudian los emblemas —o gestos emblemáticos— en tanto gestos que 1) tienen un equivalente verbal, 2) no están sujetos a ninguna ambigüedad en su propia cultura y 3) pese a que transmiten significados por sí solos, pueden combinarse perfectamente con la comunicación verbal (). Para abordarlos con mayor profundidad, el trabajo parte de la base de dos preguntas de investigación: (a) ¿cuál es el funcionamiento pragmático de los emblemas utilizados en las narraciones conversacionales? y (b) descriptivamente, ¿cuál es la relación entre los gestos que son foco de este estudio y los factores sociales sexo y nivel educacional de los hablantes?
Para dar respuesta a estas preguntas, se analizan 54 narraciones conversacionales pertenecientes al corpus CNV.Chile. Corpus de comunicación no verbal de Chile (inédito). Estos relatos son narrados entre parejas de hablantes chilenos, quienes cuentan de manera interaccional una experiencia personal que han vivido juntos y que, por lo tanto, puede ser conarrada. En este sentido, el trabajo que se expone parte del supuesto de que la coestructuración verbal-gestual es clave para el desarrollo de la cadena narrativa, puesto que, si bien un emblema puede significar un contenido por sí mismo (sin necesidad del uso de palabras), también puede requerir de la dimensión verbal e incluso paraverbal para completar su significado y constituir, de este modo, un elemento que destaque información y que vuelva la historia no solo más teatral, sino también más propia de un estilo conversacionalcon un alto grado de involucramiento y que tenga, por ende, más elementos de evaluación interna (). En consecuencia, los objetivos de este trabajo son: (1) caracterizar el funcionamiento pragmático de los emblemas utilizados en las narraciones conversacionales y (2) dar cuenta de la relación entre los gestos emblemáticos identificados en el corpus y los factores sociales sexo y nivel educacional de los hablantes, en términos descriptivos.
La investigación que presentamos resulta clave, primero, porque contribuye al estudio de la comunicación no verbal en Chile, cuyo desarrollo, pese a ir en aumento desde 2017, necesita aun atención en varias dimensiones (véase , , ; ; ; ; ); segundo, porque se centra en el discurso oral y más concretamente en la interacción comunicativa; y, tercero, porque conecta universos de investigación que suelen desplegarse por separado: el de las narraciones orales de experiencia personal, el de la comunicación no verbal y el de la variación sociolingüística. Estas dimensiones resultan cardinales, dado que el acto de narrar es una práctica comunicativa básica, y en dicho acto intervine la comunicación no verbal, cuyo estudio resulta altamente complejo, ya que supone una interrelación natural de signos y sistemas, donde interactúan permanentemente los canales perceptivos, tanto en la emisión como en la recepción de los mensajes. Trabajos relevantes en este ámbito, por conectar estructura narrativa y gestualidad, son los de y . En consecuencia, las investigaciones deben centrarse en el estudio conjunto de los diferentes canales que se relacionan y coestructuran naturalmente, donde existen, además, variables externas que, directa o indirectamente, inciden en la producción y recepción de la comunicación humana ().
2. MARCO TEÓRICO
2.1. Comunicación no verbal: emblemas
señala que los emblemas son gestos arbitrarios. Luego, indican que este tipo de gestos incluiría también los gestos icónicos y corresponde a un tipo de ilustrador que repite o sustituye palabras al ilustrarlas. Para estos autores hay seis posibles funciones de los emblemas: insultar a otros, dar instrucciones interpersonales, saludar, señalar dirección (salida), responder positiva o negativamente, y dar cuenta de estados físicos o emocionales. precisa que “el emblema debe definirse principalmente como un gesto que tiene un equivalente verbal sin ninguna ambigüedad en su propia cultura” y que se puede combinar perfectamente con expresiones verbales, pese a que esto podría resultar redundante. , al respecto, indica que los signos no verbales pueden usarse con un aporte comunicativo específico, combinándose o coestructurándose con signos de otros sistemas (sean verbales o no verbales), lo que quiere decir que pueden constituir unidades no segmentables, aunque también puede tratarse de unidades segmentables “en lugar de signos de otros sistemas o alternando con ellos, para producir actos completos de comunicación” (). Considérese el siguiente ejemplo:
En la imagen, el gesto manual de la informante, con la mano levantada, abierta y en movimiento de lado a lado para emular el gesto de despedirse (“chao”) tiene un significado claro por sí mismo y, aunque en este caso va acompañado de la dimensión verbal, no presenta ninguna ambigüedad en su interpretación. Este gesto funciona culturalmente para saludar y despedirse. En el Atlas de gestos (), se denomina “saludar o despedirse, desde lejos o de paso”. Es relevante también que su empleo aparece en el relato dentro de un segmento de discurso referido, entendido como un recurso lingüístico que permite a los hablantes recrear una situación discursiva, lo que se materializa en la reproducción de los enunciados proferidos por las voces intervinientes (). Dicho recurso también aparece acompañado de un recurso de relevancia negativo (“no pasan ni dos minutos”), junto con varios casos de presente narrativo (“no pasan”, “sale”, “dice”), donde el primero está introducido por “de repente”. Todas estas estrategias discursivas han sido entendidas en la literatura como aquellas que aportan al componente evaluativo de la narración, en el sentido laboviano. y señalan que la evaluación marca la parte central e informativa del relato, aunque puede aparecer cada vez que el hablante lo considere necesario. precisan, en este sentido, que la evaluación (1) expresa la opinión del hablante y refleja el sistema de valores de la persona y su comunidad, (2) construye y mantiene las relaciones entre el hablante y su interlocutor y (3) organiza el discurso (esto sucedió y esta es mi opinión sobre eso). En definitiva, se trata de recursos lingüísticos que aportan dinamismo y teatralidad a la historia (). En este orden, hay que entender el discurso referido y el presente narrativo como parte de la evaluación afectiva, que implica estados emocionales o del mundo interior de los narradores, y que dota de mayor dramatismo a la historia. La relevancia negativa, por su parte, se considera un tipo de recurso evaluativo de cognición social o expresiones que representan estados mentales de los hablantes (). Los emblemas son, según los datos que se registran en nuestro análisis, parte de aquello que contribuye a esta teatralidad de los hechos reportados.
indica dos características esenciales de la codificación de los emblemas. Primero, que es arbitraria, cuando se conoce el origen icónico del gesto, como ocurre con el gesto formar un anillo con el pulgar y el índice, que representa “ok”, o los gestos con la cabeza para “sí” y “no”, en cuyo caso puede haber diferencias culturales mínimas, y segundo, que es intrínseca, como ocurre cuando, por ejemplo, una enfermera hace el gesto de tragar a un paciente por no poder darle instrucciones verbales. Además, el autor precisa que, respecto de la relación signo-significado, los emblemas tienen un significado compartido en grupos o culturas, al formar parte de un vocabulario, sobre todo, quinésico. Otro rasgo de los gestos emblemáticos es que suelen actuar por sí solos antes que formar parte de construcciones más amplias. De hecho, el uso de emblemas tiende a evitar las perífrasis por economía.
Si bien indica cinco tipos de codificación de los emblemas, en este trabajo se considerarán únicamente dos: solo quinésica, y quinésica + palabras + paralenguaje. En relación con esto, pone de relieve que los gestos pueden aportar contenido referencial y, en el caso de los emblemas, en particular, se trata de gestos semánticos, con aporte de significado concreto, que, de manera multimodal, ofrecen información que facilita la comprensión y aportan varios contenidos de manera simultánea, como ocurre con emblemas como arrugar la nariz o apretar la boca para señalar una opinión contraria a la escuchada, a la vez que se da cuenta de esta idea verbalmente.
2.2. Narraciones conversacionales de experiencia personal
La narración conversacional debe entenderse como un tipo de interacción conformada por una compleja red de relaciones de poder entre sus participantes, que se sitúa dentro de una práctica comunicativa () y que constituye necesariamente una actividad culturalmente significativa. Dicha narración es de carácter coloquial, cara a cara y dinámica, ya que cambia frecuentemente de orador ().
En esta práctica comunicativa, los narradores utilizan imágenes, sonidos y gestos para responder a la necesidad de crear significados (). precisa que, al contar un relato, se genera una alteración normal y aceptada de la toma de turno. En el caso del co-relato o relato conversacional dialogal, señala el autor, habrá mayor dialogicidad y, por lo tanto, mayor dinamismo, aunque siempre habrá un narrador principal. Las historias orales resultantes se caracterizan por ser incompletas y selectivas e, independientemente de que lo que el narrador cuente sea o no autobiográfico, este siempre representa su papel desde una posición ventajosa, dado que construye el mundo de la historia de acuerdo con sus propias referencias de tiempo y espacio, elige las acciones que quiere destacar y los personajes que las llevan a cabo, y selecciona la perspectiva a partir de la cual verbalizar su historia (, , ).
En definitiva, las narraciones deben entenderse como configuradoras de la realidad social y cultural () y en su construcción deben considerarse las contribuciones de los demás participantes o de la audiencia general que son parte del contexto interaccional ().
3. MARCO METODOLÓGICO
3.1. Construcción y características del corpus
Para concretar los objetivos propuestos en esta investigación, se analizan 54 narraciones conversacionales, grabadas audiovisualmente, y obtenidas mediante diseño narrativo para el estudio autobiográfico y de tópico. Las narraciones son parte del corpus inédito de comunicación no verbal en Chile (CNV.Chile; ) y se ajustan a la definición de narración oral propuesta por : “codificación oral de una secuencia de hechos percibida por el hablante como coherente, que tiene un principio y un fin y que es utilizada en la interacción conversacional cotidiana con una finalidad cultural, social y personal”.
Las narraciones fueron reportadas por hablantes santiaguinos, que tienen entre 35 y 54 años. Este grupo etario es el que en la mayor parte de los estudios sociolingüísticos se conoce como el grupo etario intermedio. Desde el punto de vista de la teoría sociolingüística, aquí se agrupan los hablantes cuyo desarrollo laboral puede considerarse pleno, ya que se consideran sus etapas vitales, las que, a su vez, suelen estar vinculadas con la cultura de cada comunidad lingüística ().
Respecto de los factores sociales que se consideran en este estudio, se incluyen dos diferentes: el sexo (mujer y hombre) y el nivel de educación (estudios básicos, estudios secundarios –medios– y estudios superiores). Se trata de una muestra uniforme, que se organiza como se indica en la tabla que sigue:
3.2. Procedimientos analíticos
Esta investigación sigue la ya probada propuesta de trabajo de Cestero (, , , , , , , ) seguida también en Guerrero (, ) y en . Los procedimientos esenciales para completar los objetivos propuestos en este trabajo son: 1) identificación de los emblemas presentes en las narraciones que conforman el corpus, 2) caracterización de dichos gestos a partir de su dimensión pragmática y, cuando corresponda, de su coestructuración quinésica + palabras + paralenguaje, y 3) relación descriptiva entre el empleo de los ilustradores y los factores sociales sexo y nivel de estudios de los hablantes. Para (2), un insumo fundamental es el Atlas de gestos (), dado que se trata del proyecto más actual para investigar gestos y que permite sistematizar la manera de etiquetar, según funciones, los gestos de uso frecuente, así como de describirlos completamente.
4. PRESENTACIÓN Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS
La presentación de resultados se divide en dos grandes secciones, según las preguntas de investigación y los objetivos derivados de ellas. En consecuencia, la primera parte se dedica a la descripción pragmática de los emblemas registrados en el corpus, y la segunda a la relación descriptiva con las variables externas estudiadas.
4.1. Caracterización pragmática de los emblemas empleados en las narraciones conversacionales
En las narraciones conversacionales estudiadas se identificaron 55 gestos emblemáticos, que responden a la caracterización que se presenta en la tabla que sigue. Se incluye en esta tabla la frecuencia de empleo de los emblemas identificados con el propósito de reforzar la idea de que se trata de un tipo de gesto que está ritualizado —y que tiene un ‘nombre’— en cada cultura, la chilena, en este caso, y que, en general, puede coincidir con otras culturas.
Como se ve en la tabla precedente, los 55 emblemas registrados se agrupan en 25 tipos, cuyos nombres y situaciones de uso resultan reconocibles en la comunidad de habla chilena. Es también interesante que del total de narraciones analizadas (54), solo en la mitad (27) se registró el uso de emblemas. Se trata, por tanto, de un tipo de gesto que, pese a su relevancia en la comunicación, parece no ser tan frecuente en el tipo de práctica discursiva bajo estudio.
Se presentan, a continuación, ejemplos de uso de aquellos emblemas que resultaron más recurrentes y de otros donde, pese a la escasa frecuencia de uso identificada, el funcionamiento pragmático y la coestructuración verbal-gestual son especialmente llamativos.
Respecto de “hablar por teléfono” se identifican tres usos diferentes: el primero es cuando se hace alusión al teléfono (Imagen 2), pero no a la llamada como tal; el segundo es cuando se reproduce la llamada mediante discurso referido (Imagen 3); y, el tercero, cuando se hace alusión a la llamada, pero no a su contenido (Imagen 4). En los tres casos, como se puede ver en las imágenes, el emblema es el mismo: la mano se levanta acercándose al oído del hablante, y los dedos pulgar y meñique se abren en dirección contraria, mientras que los otros tres dedos se empuñan. Es, de hecho, la imitación de la forma que tenían los teléfonos con cable.
En este caso, según se indica en la transcripción, no se está reproduciendo el diálogo de una llamada, sino que se usa el emblema de teléfono a la vez que se lo menciona. En este sentido, la función del movimiento emblemático es ilustrar lo que se dice y aportar mayor teatralidad de los hechos narrados, dado que se trata de una secuencia discursiva que se ubica en la complicación de la historia, de manera que parece lógico que se intente reportar los sucesos llamando la atención de quien los oye.
En este caso, el emblema es el mismo que en la Imagen 2, pero se emplea para introducir discurso referido, que, como se ha indicado antes, genera una especie de teatralización de los hechos narrados toda vez que permite reproducir diálogos y voces en la historia. Se trata de un caso de discurso directo convencional (), introducido mediante el verbo “llamar”. El gesto se mantiene durante todo el tiempo que la narradora se demora en reproducir la llamada.
En el tercer caso, el gesto emblemático está aludiendo a la llamada, pero sin aportar información sobre su contenido; es lo que se conoce como discurso directo narrativizado (), lo que significa que se hace una referencia simple a un acto de discurso propio o ajeno emitido en situaciones de enunciación diferentes a la actual.
Un segundo tipo de emblema recurrente es la negación “no”, empleado tal y como se aprecia en las imágenes 5 y 6. En ambos casos, lo que se hace es levantar la mano y mantener extendido y en dirección vertical el dedo índice que, a la vez, se mueve de un lado a otro.
En este ejemplo, el uso del emblema sirve para reforzar la negación (“negar”- no”, según el Atlas de gestos) que hace la narradora, que viene a validar lo que ya ha dicho su interlocutor, aunque con dudas. De hecho, emplea el verbo modal, que expresa duda o incertidumbre “creer” antecedido de la persona del hablante —1a persona del singular “yo” — acotando con ello la opinión a la persona que habla, para expresar su falta de certeza y compromiso con lo dicho. Es por tanto una secuencia atenuada. La hablante confirma esta información con “no” verbal y gestual a inicio de turno de habla.
En (6) la negación expresada verbalmente y el emblema que la ilustra se presentan dentro del segmento de discurso referido, nuevamente dentro de las cláusulas de complicación de la historia. En este caso, el emblema ilustra y refuerza lo dicho por la narradora.
El caso del emblema que significa llamar a alguien e invitarlo a venir también es interesante en el corpus, y funciona según se aprecia en la imagen 7.
La hablante extiende el brazo y lo semiflexiona, y con la mano hace movimientos en dirección hacia ella para simular el acto de invitar a alguien a acercarse. En este caso, el emblema se coestructura con el verbo “llamar”. Todos los casos identificados en el corpus funcionan de manera similar. También en esta ocasión puede observarse que el emblema opera en coestruturación con el discurso referido narrativizado. Este emblema entra en la categoría “venir” del Atlas de gestos, definido como: mano abierta, con la palma frente al cuerpo y los dedos extendidos y juntos o ligeramente separados, con las puntas hacia abajo, se acerca al cuerpo con movimiento en arco ().
La siguiente imagen corresponde al emblema de “dar un golpe”, que en las narraciones aparece con las variantes de “dar un combo”, “dar o poner un cornete”, “dar o poner un wate” y “dar o poner charchazo”.
Es interesante que, en los materiales revisados, este emblema siempre aparece asociado a hablantes hombres y siempre en cláusulas narrativas de la complicación del relato. El movimiento emblemático se caracteriza por levantar el brazo y empuñar la mano en señal de dar un puñetazo. En la imagen se observa también que el narrador se levanta mínimamente de su asiento en señal de dar ese combo, lo que puede entenderse como una forma de exagerar el gesto y, en este sentido, dar prominencia a su significado. Nuevamente se registra el uso constante de discurso referido y de presente narrativo (“sale”, “me dice”, “le pongo”). Estos recursos verbales, que parece ser que operan de manera solidaria con los emblemas, aportan vivacidad a la historia.
El emblema que sigue representa la imagen de algo pequeño:
Este gesto se caracteriza por indicar que algo es de tamaño pequeño al juntar los dedos índice y pulgar. El Atlas de gestos lo define como el emblema donde los dedos índice y pulgar están extendidos, en paralelo, y los demás flexionados. También es clave en este uso el discurso directo narrativizado.
El emblema de no saber o no entender algo o de tener dudas frente a algo, se expresa en el corpus mediante expresiones como “no sé”, “¿o no?” y “¿cómo?”.
En los casos identificados en el corpus, este emblema se caracteriza por un leve levantamiento de hombros, que puede ir o no acompaño de un gesto manual. El Atlas de gestos lo denomina “Mostrar inseguridad - quizás”. Cuando se usa el gesto manual, se refuerza todavía más el significado del emblema. Además, a nivel de paralenguaje, la pronunciación suele ser enfática (con mayúscula en la transcripción).
El gesto emblemático que representa a “más o menos” consiste en abrir una o ambas manos y moverlas de lado a lado mínimamente. Este emblema es relevante porque funciona de manera solidaria con la atenuación verbal. En este caso, se emplean “no me acuerdo”, “por ahí” por parte de interlocutor A y “más o menos” es la confirmación mitigada del interlocutor B. De todos los casos de emblemas del corpus, este es el único que se observa en la orientación de la narración.
El emblema que representa al acto de beber alcohol o directamente al alcohol también tiene una forma típica y carente de ambigüedad: la mano va a la altura del pecho o de la boca, y los dedos pulgar y meñique se abren, mientras los otros tres permanecen doblados. El pulgar apunta hacia la boca.
En este caso, se usa el emblema de beber alcohol para indicar que la persona de la cual se está hablando en la historia ya había bebido bastante (“ya estaba puesto”). Nuevamente se acompaña de discurso referido. El Atlas de gestos señala que “Beber” debe entenderse como el emblema que usa la mano cerrada, con la palma hacia izquierda y los dedos pulgar y meñique extendidos, los demás flexionados. Luego, la punta del pulgar se acerca hacia la boca y se separa de ella con movimiento recto hacia el frente y hacia el cuerpo ().
El acto de pagar una deuda con dinero también tiene en esta comunidad de habla un gesto emblemático, que se corresponde con empuñar la mano y hacer el movimiento de entregar algo con la mano empuñada. De hecho, este emblema podría tener su origen en el gesto emblemático que representa al dinero, esto es, frotar el dedo pulgar con los dedos índice y medio, mientras el anular y el meñique permanecen pegados a la palma de la mano.
El emblema que sigue es interesante porque se coestructura con una onomatopeya a la vez que se hace el gesto manual de apuntar hacia abajo en señal de que algo se cae, o desploma y, por ello, se calma o mantiene quieto. Es la forma de mostrar que se acaba el movimiento, en este caso, de un perro.
En este emblema, además, es relevante que se introduce por “de repente”. También es clave que se vincula con expresiones que dan cuenta de la duda o probabilidad del tiempo que transcurrido y operan, por tanto, como recursos de atenuación.
La descripción emblemática de tener una idea consiste en semi-flexionar el brazo y hacer sonar los dedos pulgar y medio, dejando el índice en dirección hacia arriba.
En este caso, el emblema no se coestructura directamente con la expresión verbal “tengo / tuve una idea”, sino que el segmento “ahí se me vino mi madre leona” es la forma verbal de la narradora de destacar que recuerda su rol de madre protectora frente a un potencial peligro para su hijo, equivalente, en este contexto, a “tuve una idea”. El discurso referido que acompaña de manera solidaria a estos emblemas es una constante en el corpus.
Se cita finalmente el caso de “entre comillas”, que consiste en hacer el gesto de doble comilla con ambas manos y con los dedos índice y corazón, que se recogen y estiran dos veces.
Lo que la hablante quiere expresar mediante el emblema descrito es que no se trata de “vender” como tal, sino de presentar una imagen institucional en particular, que luego tenga como consecuencia que las personas involucradas se encanten con la Universidad de la cual habla. En este sentido, el gesto emblemático, que se coestructura con la expresión verbal, queda atenuada.
En lo que sigue se describe el resto de los emblemas identificados en el corpus, aunque por asuntos de espacio no se incluyen imágenes.
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Pedir “por favor” o rogar: se caracteriza por juntar ambas palmas a la altura del pecho tal y como se haría en situación de orar o de rogar a Dios.
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Detenerse “ahí no más”: consiste en poner ambas manos abiertas y las palmas de frente al interlocutor. Se puede acompañar de un leve movimiento hacia atrás y hacia adelante.
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Hacer señas: se levantan ambos brazos, con las palmas abiertas y en constante movimiento.
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No estar ni ahí / desinterés: con uno o ambos brazos se hace un movimiento hacia atrás a la altura del hombro. La mano va en posición natural, sin control.
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Pedir la palabra - Llamar la atención “ojo ahí”: Brazo levantado o flexionado hacia arriba, con la mano cerrada, puño, con el dedo índice extendido, con la punta hacia arriba. Palma hacia el frente ().
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Límite “nada más”, “se acabó”: una o ambas manos, con la palma mirando hacia abajo, se abren desde el centro hacia los costados a la altura del tronco.
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Invitar a sentarse: con un brazo y la palma de la mano abierta, se hacen pequeños movimientos de arriba hacia abajo a la altura de la cadera.
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Trozar o cortar algo: con la mano en vertical se hacen movimientos rápidos y cortos de arriba hacia abajo, y hacia el lado.
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Caer de golpe: se mantiene una mano fija y la palma mirando hacia arriba. La otra mano, también con la palma hacia arriba se hace chocar con la mano fija, de manera que se genera el sonido de un golpe.
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No escuchar: la palma de la mano va abierta a la altura de la oreja, en posición levemente en diagonal, como acercando la oreja al interlocutor.
Todos los casos de emblemas identificados en el corpus, excepto el descrito en la imagen 11, se ubican en las cláusulas narrativas que pertenecen a la complicación de la narración o clímax del relato. Dichos gestos se acompañan, de manera solidaria tanto en la construcción del discurso como en solidaridad con la audiencia, con otros como el discurso referido, el presente narrativo y ciertas estrategias de atenuación, que han sido descritos como parte del componente evaluativo de las historias. Además, a nivel paraverbal, se relacionan con determinados énfasis discursivos. Esta combinación verbal, quinésica, paralingüística es la que, de acuerdo con nuestro análisis, dota de mayor dinamismo y teatralidad la historia, lo que la hace más llamativa ante los ojos del conarrador y de la potencial audiencia. Es interesante, en esta línea, que la realización de estos gestos se dé de forma colaborativa con tales recursos, producto de que se caracterizan por introducir la actitud de los hablantes.
Lo anterior, a su vez, se puede vincular con la cortesía positiva (), dado que los autores sostienen que una de las estrategias que contribuye a dicha cortesía es intensificar el interés del otro haciendo una buena historia. A nuestro juicio, tanto la coestructuración verbal-gestual (emblema), como el uso de emblemas que comunican por sí mismos, son esenciales para construir una narración que sea digna de contarse, pues en la misma línea que lo proponen , y , es clave la importancia de acrecentar el interés de nuestros interlocutores mientras se narra. Hay, en este orden, un aspecto relevante destacado por , que sugiere que la noción de ‘cortesía positiva’ sea reemplazada por la de ‘cortesía de solidaridad’, que es justamente lo que hemos expuesto en nuestro análisis. La figura que sigue sintetiza estos postulados:

Fuente: elaboración propia
Para entender la figura anterior es esencial comprender que el dinamismo y, por lo tanto, la teatralidad del relato, está dado por diversos recursos verbales y no verbales. Los emblemas se ubicarían en la dimensión no verbal y tendrían una función retórico-pragmática incuestionable en el flujo de la cadena narrativa. Por ello, es razonable que los emblemas se produzcan en la parte clave de la historia —que es el clímax—, pero como constituyentes del componente evaluativo laboviano, en solidaridad con otros recursos verbales y aportando cortesía solidaria a la audiencia. A esta tendencia al dinamismo en el relato ya se han referido , , , , , y . y , en particular, hablan del ‘involucramiento’ para señalar que los recursos verbales aquí destacados —y los emblemas, según nuestro análisis— permiten que la historia parezca más real para sus interlocutores, tal y como si estuviera sucediendo en el presente; se crea entonces comunidad. En esta misma línea, destaca la importancia que tienen las manifestaciones no verbales para construir lo que el autor denomina 'compromiso conversacional', entendido como la predisposición del hablante a cooperar con su interlocutor.
4.2. Relación entre emblemas y los factores sociales sexo y nivel educacional de los hablantes
La segunda parte de este análisis está enfocada en establecer la relación descriptiva entre el uso de emblemas y los factores externos sexo y nivel educacional de los hablantes. Al respecto, lo primero que debe señalarse es que, del total de 55 emblemas, 23/55 pertenecen a la diada de mujer-mujer, 20/55 a la de hombre-hombre y 12/55 a la diada mixta. Respecto del nivel de estudios, la mayor parte se registra en el grupo con estudios medios (32/55), le sigue el grupo con estudios universitarios (14/55) y el grupo que menos los registra es el que tiene estudios básicos (9/55). El desglose de datos se anota en la tabla que sigue:
Según los datos reportados en la tabla precedente, en el grupo con estudios básicos —el que menos registró uso de emblemas mientras narraba— es la díada de mujeres la que al menos triplica en el empleo de gestos emblemáticos a la de hombres, mientras que las narraciones realizadas por parejas mixtas no registraron uso de emblemas. En el caso de los hablantes con estudios medios es donde podríamos decir que hay menor variedad en el uso del tipo de gesto bajo estudio; la tendencia es muy similar, pero es interesante que los hombres superen mínimamente en su empleo a las mujeres. Finalmente, entre los informantes con estudios universitarios, así como ocurrió entre aquellos con estudios básicos, son los relatos de la diada mixta los que apenas favorecen el uso de emblemas (2 casos), mientras que las parejas representadas por un solo sexo se mantienen sin variación.
En definitiva, lo que puede señalarse es que la mayor diversidad se da en el caso de los informantes con estudios básicos. Luego, se observa variación en las narraciones generadas por hablantes con estudios universitarios, donde la diada mixta actúa de modo semejante al grupo con estudios básicos, y que en los grupos con estudios medios y universitarios las diadas conformadas por hablantes del mismo sexo se comportan de manera similar en cuanto al uso de emblemas.
El gráfico que sigue da cuenta de la distribución del uso de emblemas según las variables analizadas.

Sumado a los hallazgos anteriores respecto de la variable sexo, debe añadirse que, en las narrativas mixtas, los emblemas son más usados por mujeres (7 casos las mujeres versus 5 los hombres), lo que coincide con el aparato teórico de , quienes precisan que las mujeres emplean más gestos. Puesto que la variación es mínima, insistimos en la idea de que los hablantes se comportan solidariamente no solo en términos discursivos, sino también mediante el uso de emblemas, de modo que refuerzan la cortesía positiva y construyen una historia más entretenida en el sentido de teatral. Esto podría hallar su explicación en que narrar es una actividad discursiva básica, a la vez que todos nuestros primeros intentos de comunicación dentro y entre los miembros de nuestra estructura familiar son necesariamente no verbales, al menos, para las primeras etapas de la vida humana ().
5. CONCLUSIONES
Las conclusiones a las que se llegó en este trabajo pueden sintetizarse en dos grandes puntos, de acuerdo con los objetivos propuestos:
Primero, los emblemas operan de forma solidaria con otros recursos y estrategias retórico-comunicativas verbales, paralingüísticas y gestuales, como, por ejemplo, el discurso referido, la atenuación y, en menor medida, la intensificación (énfasis verbal). Asimismo, se dan, en su mayoría, en la evaluación de las narraciones. Estas ocurrencias permiten dotar al discurso de mayor dinamismo y teatralidad, de manera que colaboran en la construcción de una cortesía de solidaridad ().
Segundo, respecto de la relación entre empleo de emblemas y los factores sexo y nivel educacional, los resultados permiten dar cuenta de que la mayor parte de estos signos quinésicos son empleados por la diada mujer-mujer, seguida por la conformada por hombres y, más atrás, la diada mixta. Además, es el grupo con estudios medios el que adelanta al resto en frecuencia de empleo. Si bien el grupo con estudios básicos registra solo 9 de los 55 emblemas, siendo superado por el grupo con estudios universitarios, es a su vez el que evidencia mayor diversidad intragrupal si se observan, dentro de él, las diferencias de género entre las diadas.
Los resultados aquí expuestos dan clara cuenta de la importancia que tiene seguir indagando en la función de la comunicación no verbal en relación con las tipologías textuales, dado que se empleo juega un rol esencial en la comunicación efectiva y eficaz, y en el entendimiento correcto de los hechos que se reportan en la narrativa.
Financiación
Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación “Relación y coestructuración verbal-paraverbal-gestual de la expresión de la atenuación y de la intensificación lingüísticas en tres prácticas comunicativas del español de Chile: análisis pragmático y sociolingüístico” (ANID Fondecyt Regular 1250006).
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Notas
[1] Las transcripciones se realizan con ortografía convencional. Se destaca con negrita y cursiva la coestructuración verbal-quinésica del emblema. Los casos de énfasis se escriben con mayúscula. Para la lectura, H = Hombre y M = Mujer; cuando los narradores son del mismo sexo, se usa A y B. Al final, entre paréntesis aparece el código de la grabación: H-H = Hombre-Hombre, M-M = Mujer-Mujer y H-M = Hombre-Mujer. El número que le sigue corresponde al número asignado a la grabación —de 01 a 06 por casilla— y la letra final corresponde al nivel de estudios de los hablantes: B = Estudios Básicos, M = Estudios Medios y A = Estudios Universitarios.
[2] Esta metodología sigue, en términos generales, el modelo de trabajo de todas las investigaciones que se han realizado con materiales del corpus CNV.Chile (), con las actualizaciones correspondientes al estudio propuesto.


















