Para el hombre medieval lo fabuloso y la mirabilia nutrían su cultura. En su imaginario los animales ocupaban un rol relevante. De hecho, estaban integrados en su sistema de representación: los cazaba o los domesticaba, los rechazaba o los santificaba, les daba un sentido. En otras palabras, les otorgaba un lugar preponderante puesto que ellos reflejaban de manera acabada su visión del mundo.
Si bien durante mucho tiempo determinados temas se consideraron secundarios, entre ellos el de los animales, a partir de las últimas décadas del siglo pasado Michel Pastoureau abrió el camino rompiendo con el prejuicio académico de la llamada “petite histoire”. Lo siguieron destacados medievalistas que produjeron publicaciones sobre los animales reales o fantásticos: abordajes textuales, visivos, estudios lexicales, refraneros.
Justamente este volumen monográfico continúa este derrotero historiográfico. Como bien se explicita en su prólogo, esta publicación fue promovida por el grupo de investigación de CAPIRE. Los editores Ángel Pazos-López y Ana María Cuesta Sánchez reunieron algunos textos surgidos del seminario internacional sobre animales fantásticos organizado por el grupo CAPIRE de la Universidad Complutense de Madrid en noviembre de 2018.
La obra está estructurada a partir de tres módulos conceptuales. El primero “Conceptos y contextos de los animales fantásticos medievales” reúne cuatro contribuciones. El texto de Ricardo Piñero Moral rastrea la estética de los bestiarios cristianos. Parte de los textos clásicos, especialmente de Aristóteles, que sistematizan muchos de los animales que pasan al repertorio de la Edad Media, para luego adentrarse en el Bestiaire de Philippe de Thaon. Esta obra que no sólo era un tratado de zoología sino que buscaba encontrar significados en esas bestias naturales y sobrenaturales, será analizada y cotejada con otros textos también paradigmáticos como la Historia Animalium y el Physiologus.
Los editores, Ángel Pazos-López y Ana María Cuesta Sánchez, abordan el tema de los capiteles de la iglesia del monasterio de San Salvador de Oña. A partir de un marco teórico que cuestiona la total certeza que se otorga a las atribuciones de los animales fantásticos pues, en cuanto seres híbridos no pueden ser entendidos como una totalidad sino que se debe considerar cada una de las partes que los conforman, realizan un análisis formal e iconográfico a un grupo de capiteles. Cabe resaltar el trabajo de campo llevado a cabo para la identificación de los mismos.
En tanto Gorka López de Munain e Isabel Mellén nos advierten sobre las posturas establecidas sobre la relación entre texto e imagen entendida de manera taxativa, dejando de lado las interacciones que se establecen el hombre y lo visivo. En cuanto las imágenes de los seres fantásticos están en los límites entre lo humano y lo animal y ocupan los confines del mundo, encarnan los portentos que unen la esencia de la alteridad y de lo liminar. En este marco conceptual, especialmente innovador, realizan tres estudios de caso de la plástica alavesa, ausente en buena medida de la bibliografía tradicional.
Gloria Torres Asencio nos presenta un puñado de animales que pueblan la materia bretona. Esta destacada filóloga constriñó el estudio a la primera fase de la leyenda artúrica escrita en galés, que debido a su origen oral es mayormente anónima y de difícil datación, y a algunos textos en prosa latina. Poesías y textos en prosa ponen a los animales reales, pero con ciertas particularidades que los vuelven diferentes, junto con los fantásticos. Ellos asumen determinados roles: protectores de héroes ayudándolos en la caza o en el combate, acompañándolos en el viaje hacia lugares de maravilla, o por el contrario adversarios monstruosos.
En el segundo módulo “Los soportes de la imagen de los animales fantásticos medievales” cuenta con el valioso aporte de Ángela Franco Mata acerca de los animales fantásticos que encarnan las fuerzas del mal y de los animales reales de valencia positiva que ilustran el comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana. La autora toma como estudio de caso el Beato de Cardeña, que depende iconográficamente de los beatos mozárabes. Y a partir de esta fuente realiza un análisis comparativo con los beatos de Gerona, de Silos, de San Andrés de Arroyo entre otros, para establecer las evoluciones históricas e iconográficas.
Por su parte Dolores Herrero Ferrio trata sobre las gárgolas. Estos objetos, primeramente terminaciones de los desagües pluviales que luego por diversas causas se vuelven meramente ornamentales, ponen en imágenes un rico repertorio de animales fabulosos, de híbridos. Señala que muchas de estas figuras monstruosas que formaban parte de las culturas de la Antigüedad pasan a la Edad Media a través de los textos literarios. Y si bien la mayor parte de esos seres fantásticos se asocian a lo demoníaco y por ende cumplen una función intimidatoria, en otros casos desempeñan un rol protector. Ellos aúnan, pues, los conceptos de utilidad y belleza.
María Balibrea Melero nos acerca el universo bosquiano poblado de híbridos. Al considerar que estos seres son atemporales e inmanentes, plantea su presencia en todos los momentos históricos y en todos los espacios relacionados con los hombres. De allí que abordar la obra del Bosco presupone dar cuenta de su entorno social y cultural pero poniendo el énfasis en los elementos plásticos, es decir pasar de los planteos conceptuales al análisis visivo. Tomando como estudio de caso una obra emblemática, El jardín de las delicias, puntualmente la tabla de el infierno, la autora realiza un estudio sistemático, preciso y minucioso al ubicar los distintos grupos de híbridos en la composición, clasificarlos considerando sus características plásticas y su iconografía.
El tercer módulo “La diversidad de los animales fantásticos en la imagen medieval” comienza con la propuesta de Álvaro Ibáñez Chacón sobre las sirenas en la Antigüedad grecorromana. El trabajo presenta una clasificación tipológica de acuerdo a las diferentes iconografías para luego tomar en cuenta el contexto. El autor acota que, si bien en el relato mítico las sirenas se asocian con la alteridad y con los espacios marginales, el paso a la representación visual las instala tanto en espacios públicos como privados, es decir en la cotidianeidad. Y es entonces cuando comienzan lentamente a ocupar los espacios vedados para la mujer.
La siguiente monografía aborda otra figura fabulosa, el grifo. Sara Arroyo Cuadra da cuenta de su origen mesopotámico, el híbrido anzú (águila leontocéfala) donde se conforma su tipología y si simbología asociada a las fuerzas de la naturaleza que luego deviene en poderes protectores. Más tarde su presencia se rastrea autores grecolatinos que recogen la tradición oriental. El cristianismo ya en sus albores le otorga una valencia negativa que pervivirá durante el Medioevo. A pesar de estos deslizamientos conceptuales, la autora señala la pervivencia de representación visiva.
A su vez Lourdes Diego Barrado encara de manera exhaustiva el estudio de un animal emblemático en las culturas de la Antigüedad y la Edad Media, el ave fénix. El mito egipcio del ave que renacía de sus cenizas pasa a la cultura griega y de ella la reciben los romanos quienes lo toman como símbolo de continuidad del poder. En tanto los Padres de la Iglesia hacen una reelaboración conceptual y lo convierten en símbolo de resurrección y por ende asociado con la redención y la vida eterna. Esta apropiación se manifiesta en las representaciones visivas del ave mítica especialmente en los espacios absidiales ya sea acompañando a los mártires, ya sea a los pontífices en su estancia ultraterrena, en el Paraíso.
Los dos siguientes trabajos monográficos echen luz en el dragón, un animal fantástico omnipresente en el imaginario medieval. Marta Carrasco Ferrer y Miguel Ángel Elvira Barba se centran en el dragón y el ceto, dos monstruos que ocupan roles relevantes en la mitología griega y que en el Medioevo van modificando su morfología. El primero pasa del dragón mítico a la serpiente real y el segundo de un animal marino aterrador, de rara anatomía al monstruo que engulle y vomita al profeta Jonás y que más tarde se asocia a la ballena. En la siguiente monografía Nadia Mariana Consiglieri reflexiona sobre la anfisbena, que pese a pertenecer al universo de las serpientes se convirtió en el doble del dragón. En el medioevo esta asimilación produjo diversas tipologías del animal fantástico pero todas relacionadas con lo diabólico. De hecho, fue representada de manera individual y también como agente demoníaco en variados soportes.
La relación hombre-animal se pone de manifiesto especialmente en el centauro. Inés Monteira Arias describe el itinerario de este híbrido, mitad hombre, mitad caballo. En la Grecia arcaica era considerado una criatura inteligente, versada en medicina, pero también un ser salvaje, de sexualidad desenfrenada y lujurioso. Estos últimos rasgos perviven en la Edad Media y se concentran en el pecado lo que se evidencia en su representación como un saetero que dirige su flecha hacia una sirena, ambos seres lascivos, o hacia caballeros armados, alegoría de los soldados de Cristo; pero en el románico también integran la iconografía zodiacal con un simbolismo temporal. En otras palabras, un híbrido de gran versatilidad.
El repertorio de la escultura románica cuenta con un híbrido de gran proyección en la cultura occidental, mitad león, mitad humano, la esfinge. Ana Valtierra Lacalle hace un recorrido desde sus orígenes orientales lo que se manifiesta en las innumerables representaciones egipcias y griegas y posteriormente también romanas, todas con una connotación protectora de templos y cementerios y de guardiana del saber. En la iconografía románica se conservan estas significaciones por lo que frecuentemente aparece en los ingresos de las iglesias ejerciendo su carácter apotropaico y de custodia del saber; manifestaciones éstas de la recepción y la elaboración del mundo clásico en el Medioevo.
Adriana Gallardo Luque nos trae uno de los híbridos con mayor labilidad semántica, el unicornio, que se sustenta en una abundante literatura. Si bien en la Antigüedad se gesta su configuración ya sea como como animal terrestre, ya sea como animal marino, en la Edad Media además esta bestia se mueve tanto en la esfera religiosa como en la profana. En efecto, encarna a Cristo redentor, pero también a Alejandro Magno, al enamorado de los bestiarios de amor y al Hermes-mercurial. Su polisemia le permite ser un animal natural de Oriente y a la vez ser un símbolo profético y de muerte. Esta pluralidad se manifiesta en una rica producción visual en variados soportes.
Los dos últimos trabajos acercan una mirada sobre seres liminares que, pese a no ser animales fantásticos propiamente dicho, comparten con ellos una extraña animalidad. La prestigiosa investigadora Jacqueline Leclercq-Marx presenta un nutrido grupo de monstruos antropomorfos que la Edad Media recibió de la Antigüedad a través de variadas fuentes textuales que, a su vez, sirvieron de inspiración para su plasmación visiva. Sin embargo, esta relación entre texto e imagen no fue siempre concluyente, sino que en ocasiones sufrieron ciertas metamorfosis en contacto con las culturas del norte. Estos seres se integraron en las decoraciones esculpidas o pintadas, en las iluminaciones de los códices con un ambivalente simbolismo.
Por su parte Andrea Vanina Neyra trata los cinéfalos, hombres con cabeza de perro, que el Medioevo ubicó en los márgenes geográficos y socioculturales. Seres que comparten la civilización y lo salvaje lo que los vuelven sujetos convertibles. La autora precisa que las fuentes altomedievales se enlazan con la evangelización de los pueblos eslavos y nórdicos que se produce a partir del siglo VIII. Estos habitantes, también de los márgenes, se convirtieron en un interrogante pero, al tiempo que esos otros se tornan presentes, se vuelven entonces objetos de cristianización.
Esta obra monográfica presenta una selección de buena parte de los animales fantásticos que poblaron el imaginario medieval. Los autores de diversos campos disciplinares abordaron fuentes textuales y visivas, consideraron los contextos y mostraron la pervivencia o la variabilidad morfológica y semántica de estos seres. Los editores, con muy buen tino, conformaron una obra sólida con el aporte de destacados medievalistas de gran trayectoria y de jóvenes investigadores. Consideramos, pues, que este libro cumple acabadamente con el propósito de brindar a los estudiantes universitarios, y nosotros agregamos también a un amplio público, un panorama sobre una temática especialmente atractiva con un muy buen nivel académico.

