Este libro es el resultado de un estudio doctoral gestado durante muchos años, durante décadas. En este sentido, no deja de ser una afortunada rareza el largo periodo de maduración y esfuerzo dedicado por la autora, Delfina Rodríguez, a una investigación ambiciosa, compleja y resuelta con éxito. Esto explica que la obra mantenga el armazón académico propio de una tesis. Es amplia, más de seiscientas páginas, densa, rica y generosa para el especialista que la consulte. Las numerosas tablas que la aderezan muestran no solo datos porcentuales y resultados de cálculos, sino también los reales o absolutos, hecho que honra a la autora ya que facilita que puedan ser reutilizados y subidos “a la nube” del conocimiento común.
Tras una sucinta presentación y los consabidos agradecimientos, la autora pasa a diseccionar de manera pormenorizada una comarca rural del interior gallego, las tierras de Celanova (Ourense). La elección es, de por sí, una aportación, pues viene a sumar una pieza más al complejo puzle que daba vida a la sociedad gallega del Antiguo Régimen; una sociedad variada y compleja, que sabemos no se substancia o resume bajo la idea genérica de un único modelo sociodemográfico. La comarca de Celanova estaba formada por cerca de cien pequeños núcleos poblacionales, los cuales, a su vez, se agrupaban en esa veintena de parroquias objeto de estudio. En un hábitat disperso y no siempre bien poblado, uno de los primeros retos a los que se enfrenta la autora es a la validez externa de unas estadísticas elaboradas con números bajos, lo que resuelve con solvencia gracias a un análisis detallado y al empleo de una abundante documentación de variada naturaleza.
El libro se articula en seis grandes apartados donde se tratan cuestiones como: a) el territorio, la población, la estructura demográfica y la dinámica evolutiva de la población celanovesa; b) la demografía cualitativa y coyuntural; c) el marco económico de la zona; d) el contexto de la comarca a la altura de la realización del catastro de Ensenada y las claves de su posible futuro desarrollo; e) los grupos sociales y los niveles de vida a mediados del siglo XVIII; y f) la familia y la reproducción social. La obra remata con una aproximación, previa a las conclusiones, a las genealogías familiares, realizada con un enfoque micro en la larga duración.
La primera parte sigue una estructura clásica. Presenta el medio físico y las fuentes, adelantando sobre ellas aspectos de interés que la autora retomará más adelante, caso, por ejemplo, de lo sucedido con los certificados de soltería. Quizás en este punto del trabajo hubiera sido más apropiado incluir alguno de los mapas que figuran en el Apéndice gráfico y documental que cierra la obra, para así poder orientar a los lectores que no están familiarizados con las peculiaridades del territorio gallego, en general, y ourensano, en particular. De todos modos, este inicio clásico se supera de algún modo en el segundo capítulo, donde se estudian las familias de San Munio de Veiga. Esto se debe, no al tema en sí —abordado mediante la reconstrucción de familias—, sino por la forma en que se lleva a cabo, ya que, siguiendo los postulados metodológicos marcados por uno de los directores de su tesis —José Manuel Pérez García— no cierra las fichas familiares con el fallecimiento de uno de los cónyuges, sino que las mantiene abierta esperando la posible recomposición del núcleo familiar o, al menos, saber cuál ha sido el devenir del ciclo vital de los componentes de ese núcleo.
Establecido el escenario físico y situados en él los protagonistas históricos, el trabajo se adentra luego en las relaciones sociales y más concretamente en los equilibrios socioeconómicos: la distribución de la propiedad, los tipos de economía y explotaciones agrícolas, la calidad de las tierras, los cambios que experimentan a lo largo del tiempo, las diferencias locales y comarcales, etc. Para ello, y entre otras fuentes, se vale de los inventarios post-mortem y el catastro de Ensenada, lo que, de nuevo, de una manera ordenada y lógica, le permite pasar al cuarto capítulo. En él, y una vez conocida la realidad de la veintena de parroquias investigadas, un análisis social más profundo, saca a la luz, por ejemplo, el hecho de que sólo un 17% de las familias de la zona vivían sin demasiados problemas por encima del umbral de la subsistencia.
Rozando el planteamiento de la historia total, en los dos capítulos previos a las conclusiones, el cinco y el seis, la autora afronta un estudio más social de la población. Subdivide para ello el periodo en cuatro etapas: 1655-1729, 1730-1769, 1770-1809 y 1810-1830, trabajando cada una mediante un análisis comparativo respecto a lo sucedido con la nupcialidad, los éxitos y fracasos de las estrategias de reproducción social, las reformas, cambios o adaptaciones de los modelos familiares, lo ocurrido con las jefaturas, con la influencia del compadrazgo, etc. De algún modo, todo esto, se sintetiza en la reconstrucción genealógica de 126 familias locales, cuya traza, según el caso, se sigue entre tres y siete generaciones. Su elección no es aleatoria, sino que se ha tenido en cuenta su condición; es el caso de los Suárez Nogueiras (una familia socialmente bien posicionada) o de los Calvino (en situación mucho más precaria). El objetivo de este empeño, por otra parte logrado, es tratar de encontrar pautas comunes y elementos de discriminación en las lógicas que unas y otras familias pusieron en práctica.
Como en todo trabajo científico, en las conclusiones se destacan las ideas fuerza que resumen y sintetizan el esfuerzo desarrollado a lo largo de las más de quinientas páginas anteriores. Así, se advierte que en las tierras de Celanova, como otros muchos lugares del occidente ourensano, experimentaron un crecimiento demográfico a lo largo del siglo XVI, previo al estancamiento de la centuria siguiente. La recuperación de su economía agrícola, basada en el cultivo de cereales en régimen de rotación ayudó a relanzar —con limitaciones— el crecimiento demográfico de la zona durante la segunda mitad del siglo XVII, momento en que la autora inicia su temprana reconstrucción de familias. Observa entonces, que las características de los modelos y las estrategias familiares difieren y cambian en función de las características y posibilidades económicas de los hogares. Con la introducción del cultivo del maíz, ya en el siglo XVIII, el impulso demográfico tomará bríos. Sin embargo, las posibilidades y los mayores niveles de subsistencia que posibilitaba la nueva planta no supusieron la aparición de mejoras simétricas, proporcionales, en todos los grupos sociales o sectores de población. Al contrario, dio lugar a una polarización socioeconómica en la base de la cual, y entre otros factores, se encuentra el funcionamiento de los sistemas hereditarios. Desaparecido pues ese relativo «igualitarismo» de las familias de los siglos XVI y XVII, el crecimiento demográfico del siglo XVIII y el primer tercio del XIX –al menos hasta 1831, en que ya no se sigue– cabalgó sobre la desigualdad social, dando lugar a retrasos en la edad al matrimonio y, consecuentemente, afectando al número de nacimientos.
En suma, Demografía, familia y reproducción social en tierras de Celanova durante el Antiguo Régimen es una obra ambiciosa, densa, generosa, de gran interés —y por tanto necesaria— para entender a una parte de la sociedad gallega de un Antiguo Régimen al que la coherencia y la realidad histórica obliga a estudiar por encima de ese artificioso corsé impuesto a la investigación por las cronologías seculares.


