1. CONTACTPRES Y EL FOCO VASCO
Este trabajo se inserta en el proyecto de investigación «Las lenguas y su enseñanza en la prensa hispánica (1857-1939). Aportaciones para una historia del contacto lingüístico» (ref. CIAICO/2022/193), estrechamente vinculado con los proyectos LinPePrensa I y II, al compartir sus fundamentos epistemológicos (reconstrucción de la historia del ideario y enseñanza lingüísticos a través de fuentes epihistoriográficas como la prensa) y metodológicos (manejo de los mismos conceptos hermenéuticos tales como «ciclos temáticos», «ciclos polémicos», «formas textuales», «agentes o participantes», entre otros). En particular, se ancla en el ámbito vascoparlante: el contacto lingüístico vascorrománico y las lenguas de enseñanza en estos territorios.
Junto a Fernández de Gobeo, hasta la fecha se han recabado cabeceras sobre tres cuestiones principales para el estudio que nos ocupa: (a) prensa del magisterio destinada al profesorado de instrucción primaria y secundaria, (b) revistas culturales y vascófilas y (c) revistas nacionalistas vascas. Este material puede haber sido publicado tanto en Iparralde (zona vascoparlante francesa) como en Hegoalde (zona vascoparlante española, cfr. Fernández de Gobeo Díaz de Durana en prensa), sin olvidar otros centros de irradiación de la cultura vasca en América (Argentina, Uruguay, Estados Unidos, México, etc.) y otras zonas europeas (París, Alemania, etc.). El gran número de publicaciones periódicas de este tipo, en torno a la centena, es el motivo por el cual aún no se ha incluido en el repertorio de fuentes primarias los diarios generalistas, si bien algunas calas realizadas en periódicos como Euzkadi o la Gaceta del Norte apuntan a un imprescindible análisis de estos medios (como también sucede con otros medios generalistas publicados en otras zonas de España). De hecho, uno de los participantes del ciclo polémico de este trabajo escribe sus reseñas críticas tanto en una revista cultural y filológica, la Revista Internacional de Estudios Vascos, como en la sección vasca del diario Euzkadi, lo cual es una muestra más de la importancia de integrar en nuestro análisis la prensa generalista.
Estas cabeceras se encuentran parcial o totalmente digitalizadas por bibliotecas digitales nacionales (Biblioteca Digital Hispánica, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, Gallica), autonómicas (Euskariana: Biblioteca Digital de Euskadi, Biblioteca Digital de Navarra, Euskal Prentsaren Lanak: prensa escrita en euskera, Urazandi Digital: Hemeroteca de la diáspora vasca) o provinciales (Atzoko Prentsa Digitala: hemeroteca de la Biblioteca Foral de Gipuzkoa, Lau Haizeetara: repositorio digital de la Biblioteca Foral de Bizkaia, Bilketa: fondos documentales de Iparralde).
Los asuntos que hemos revisado hasta la fecha dentro del foco vasco del proyecto se centran en la modalidad de las enseñanzas lingüísticas en las distintas etapas formativas (bilingüismo, monolingüismo), en la situación sociolingüística y de contacto lingüístico de los territorios, en las apologías del euskera y en los componentes de los denominados renacimientos vascos (Euskal Pizkundeak, Zabaltza 2018). Además, junto con trabajos bibliográficos y metodológicos, hemos estudiado la aportación en la prensa de personalidades concretas, como Aniceto de Olano en la revista Yakintza a través de la sección de «Pedagogía Vasca» (Fernández de Gobeo Díaz de Durana & Quijada Van den Berghe 2025), Bonifacio de Echegaray o Miguel de Inchaurrondo.
2. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA
En esta ocasión, nuestro centro de interés es la Revista Internacional de Estudios Vascos (RIEV, 1907-1936: primera época y 1983 hasta la actualidad: segunda época). Pretendemos destacar su decisiva labor intelectual y científica en el ámbito vascorrománico, puesto que constituye uno de los vehículos más importantes y tempranos en nuestro país de circulación de ideas y discusiones entre filólogos y lingüistas de primer nivel. Además, a través de una polémica concreta ―la que se produce entre el vascólogo Ormaechea y el fonetista Navarro Tomás― publicada en la RIEV, queremos indagar en la consideración y aceptación que manifiestan algunos especialistas vascos sobre las incursiones investigadoras en la lengua vasca realizadas por romanistas españoles.
Tal como han señalado distintos especialistas (cfr. Checa Godoy 2002, García Folgado & Silvestre Llamas 2023, entre otros muchos), la prensa general y especializada se convierte a lo largo del siglo xix en un medio de difusión de ideas, conocimiento, intercambios e ideologías ―también sobre las lenguas y la lingüística― de gran repercusión para una sociedad cada vez más letrada, más allá (o como complemento) de la vía tradicional (la denominada por Garrido Vílchez 2023 «vía manualística», esto es, los libros de gramática, ortografía, etc.). Los artículos que preparan profesionales de la prensa escrita, escritores o usuarios no expertos muchas veces están conectados con otros y forman una red dialogal de textos tejida a partir de las relaciones sociales, ideológicas y las afinidades de los participantes (Gaviño Rodríguez & Silvestre Llamas 2024). Tales piezas, que pueden adoptar múltiples formas, suelen están conectadas temáticamente: constituyen los denominados por los especialistas «ciclos temáticos» (en el caso que nos ocupa, la acentuación vasca).
A su vez, en estos ciclos puede aparecer un tono polémico entre los participantes y se puede generar una discusión más o menos extensa y enconada, más o menos agria, pero también más o menos ficticia, o pactada de antemano, cfr. Gaviño Rodríguez (2021). Como han señalado distintos autores, esta polémica normalmente tiene un anclaje ideológico que en muchas ocasiones trasciende lo exclusivamente lingüístico (Durán López 2018, Puche Lorenzo 2019, Ennis & Toscano y García 2019, Marimón Llorca & Santamaría Pérez 2019, Gaviño Rodríguez 2022, Gaviño Rodríguez & Silvestre Llamas 2023).
En este trabajo se analiza un ciclo polémico breve entre dos personalidades pertenecientes a esferas culturales y formativas distintas, es decir, con un estatus de especialista no equivalente. Ormaechea desempeña al principio, como veremos, un papel de «articulista», según los papeles de los agentes establecidos por Garrido Vílchez (2025): su misión es formar al lector sobre el acento vasco. Papel que más adelante combina con el de «polemista»: a través de distintas reseñas críticas sobre las obras de acentuación vasca que se van publicando, trata de argumentar sus propias teorías ―muchas veces en pugna con las de los otros lingüistas, como es este el caso con Navarro Tomás―, con el fin último de hacerse un nombre en la tradición de los estudios vascos y alcanzar prestigio intelectual y social. Precisamente por este motivo creemos que ha elegido la RIEV para publicar su reseña. Por su parte, Navarro Tomás, experto fonetista y filólogo, no desempeña en este ciclo ningún rol específico puesto que emplea la revista únicamente para responder a la interpelación directa hecha por Ormaechea en su reseña. Argumenta cómo había entendido la teoría del escritor vasco (que había publicado antes en la RIEV) y procura mantener un tono no inflamado, tendiente a la cordialidad y al entendimiento.
3. JULIO DE URQUIJO E IBARRA Y LA REVISTA INTERNACIONAL DE ESTUDIOS VASCOS
A continuación, ofreceremos unos breves datos biográficos sobre el fundador de la RIEV y director durante su primera temporada, Julio de Urquijo e Ibarra, necesarios para comprender la motivación y el espíritu de la revista, su proyecto más personal y uno de los más apreciados.
Este insigne vascófilo y vascólogo nace en Deusto (Bizkaia) en 1871 en el seno de una acomodada familia carlista. Cursa sus estudios secundarios en el Instituto de Bilbao y allí tiene como profesores al Padre Arana y a Tomás Escriche, entre otros. Se licencia en Derecho por la Universidad de Deusto, donde conoce a su maestro Julio Cejador, con el que entabla una sólida amistad (enfriada algo más tarde en parte por no compartir sus ideas sobre el euskera como la lengua primitiva). Estas personalidades, junto con Resurrección M.ª de Azkue (capellán de la familia), le inculcan un fuerte y temprano interés por las cuestiones lingüísticas y filológicas: comenzando por la lengua artificial volapük para llegar a su afición y pasión por la lengua vasca, y por la conservación y edición de toda manifestación escrita en dicha lengua.
Su situación desahogada le permite ir adquiriendo en sus viajes un amplio repertorio bibliográfico y se convertirá muy pronto en un gran bibliófilo (reúne una importante biblioteca de más de 10 000 ejemplares, hoy conservada en la Biblioteca Foral de Gipuzkoa). De ideas conservadoras, acompaña al pretendiente carlista, Carlos VII, en varios desplazamientos por Europa y el extranjero. Ahí también aprovecha para establecer contacto con importantes lingüistas, como L. Bonaparte, H. Schuchardt, J. Vinson, C. Uhlenbeck, etc., con los que mantendrá fuertes vínculos a raíz de su interés compartido por las cuestiones vascas. En 1905 publica sus primeros trabajos sobre bibliografía vasca en periódicos regionales (El Correo de Guipúzcoa, Euskal-Erria, El Pueblo Vasco y La Gaceta del Norte, etc.).
Una de sus iniciativas más importantes es la fundación en 1907 de la Revue Internationale des Études Basques, que se edita primero en Francia y luego en Alemania. Con la creación de la Sociedad de Estudios Vascos en 1918, la RIEV se convierte en su órgano de difusión, pasa a imprimirse en Donostia y comienza a llamarse Revista Internacional de Estudios Vascos.
Julio de Urquijo es miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca desde su creación en 1919 y de la Real Academia Española desde 1927, en la efímera sección de lenguas regionales. En 1943 es nombrado presidente de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Muere en Donostia en 1950.
Como se ha dicho, el primer número de la RIEV aparece en enero de 1907. Durante la primera época es dirigida por Urquijo (hasta 1936) y tiene como secretario a Georges Lacombe y redactor jefe a Fausto Arocena. Salvo algún número concreto (1918 o 1921), tiene una periodicidad trimestral.
Las condiciones para la creación de la revista están dadas, evidentemente, por el patrimonio de Urquijo y por sus relaciones con intelectuales europeos y nacionales (epistolares, viajes). La RIEV viene a dar respuesta y espacio a las inquietudes sobre cultura, historia y sociedad vascas desde un ángulo científico y riguroso, y nace con la ambición de difundirse más allá de los territorios vascoparlantes. Desde su fundación, Urquijo explicita una y otra vez su deseo de integrar las dos tradiciones intelectuales sobre las cuestiones vascas: la local y la exterior. En ciertos momentos los colegas vascos, como Arocena, aluden a la xenofilia de Urquijo, a pesar de que este trate de conciliar todas las posturas y todos los saberes, vengan de quienes vengan. Es cierto que tiene alguna debilidad por el espíritu cientificista y lingüístico de sus colegas extranjeros, y da prioridad a la publicación de trabajos rigurosos y solventes. En cualquier caso, insiste en la importancia de que la revista se publique en el País Vasco si se quiere garantizar su continuidad (lejos aún queda la Guerra Civil cuando defiende tal cosa).
Los temas de la revista están vinculados principalmente a los siguientes ámbitos: filología vasca (fonética, lexicografía, etimología, morfología, onomástica, toponimia, dialectología, literatura, recuperación y edición de textos), historia, etnografía, sociología, geografía y música.
Dentro de su nómina de colaboradores, señalamos tres grupos: (a) vascólogos y lingüistas del País Vasco o Navarra (la mayoría: Altube, Apraiz, Eleizalde, Jaurgain, Urquijo, Baraibar, Zubiri, Echegaray, Aranzadi, Azkue, Barandiarán, Baroja, Lakarra, Lojendio, etc.), (b) vascólogos y lingüistas extranjeros (una importante nómina: Schuchardt, Bähr, Uhlenbeck, Meyer‑Lübke, Bonaparte, Vinson, Gavel, Bouda, Charencey, Lacombe, Lafon, Saroïhandy, Dodgson, Lhande, Merry, Howley, Faddegon, Léon, Winkler, Mahn, Michaelis de Vasconcelos, Spitzer, Meillet, Rollo, Schulten, etc.) y (c) lingüistas y filólogos nacionales de fuera del País Vasco (un pequeño grupo: Américo Castro, Navarro Tomás, Bosch, Seoane, Menéndez Pidal, etc.).
Es en la vascología donde la RIEV alcanza sus mayores logros: supone la preparación intelectual necesaria para la celebración de los Congresos de Estudios Vascos y, en última instancia, la fundación de la Sociedad de Estudios Vascos. Michelena resume de esta manera la trascendencia y el legado de la revista:
Creo que éstos [los proyectos de la RIEV], en esencia, pueden resumirse en dos puntos. Conseguir, en primer lugar, que los estudios vascos en general, y los lingüísticos en particular, alcanzaran y mantuvieran un nivel digno, lejos de fantasías y de arbitrariedades, propio de su tiempo, gracias en parte a la ayuda que de fuera pudieran recibir para suplir las deficiencias locales. En este sentido, como ha dicho Fausto Arocena, don Julio fue el más xenófilo de nuestros hombres. Por grande que fuera su apertura, en segundo lugar, don Julio no podía menos de pensar que, por la fuerza de las cosas, el centro más activo de los estudios vascos tenía que radicar en el país mismo. Una revista que consiguiera ser internacional por su calidad, no solamente por su nombre, podía ser un poderoso instrumento para llegar, en torno a ella, a algo más amplio y ambicioso (Michelena 1971: 56‑7).
Aunque, sin lugar a dudas, la importancia de la RIEV trasciende el propio ámbito de la vascología. Es una de las revistas especializadas en lingüística y filología que más tempranamente alcanza cotas muy altas de exigencia y rigor científicos.
4. POLÉMICA ENTRE NICOLÁS ORMAECHEA Y TOMÁS NAVARRO TOMÁS
En 1926 la RIEV es el medio en el que se desarrolla el breve ciclo polémico entre el euskeltzale ―persona aficionada, amante o defensora del euskera y la cultura vasca―, profesor y poeta Nicolás Ormaechea (conocido como Orixe) y el filólogo y fonetista Tomás Navarro Tomás. Esta polémica sobre la naturaleza del acento vasco no es desconocida para algunos especialistas en fonética vasca, como Michelena, o para quienes han estudiado el legado de Orixe, como Iztueta Armendariz (2003). Sí es menos conocida para los historiadores de la fonética y de la aportación de Navarro Tomás, en especial. La contribución de este insigne filólogo se ramifica en muy diversos intereses y sus incursiones en la lengua vasca no han sido precisamente las más estudiadas por los historiógrafos de la fonética en nuestra tradición. El análisis que desarrollaremos a continuación, junto con la argumentación acerca de la naturaleza del acento en euskera que proponen sendos autores, pone específicamente el foco en tres puntos esenciales de corte metodológico e ideológico conectados entre sí: (1) grado aceptación de la metodología moderna de la fonética entre los estudiosos de la época (técnicas experimentales vs. impresionísticas), (2) tensión entre la sensibilidad y experiencia del oído nativo frente a la medición acústica del experto no nativo, (3) pugna por el reconocimiento y la autoridad académica en los distintos entornos del saber. Consideramos que tales cuestiones han pasado más desapercibidas y ponen de relieve la importancia de combinar los trabajos (epi)historiográficos con otros ya existentes.
4.1. La temática: el acento vasco
La cuestión sobre el acento en euskera es compleja, no solo en su reconstrucción histórica sino también desde el punto de vista actual. Prueba de ello es el gran interés que suscita a los especialistas desde épocas tempranas, como Larramendi (Hualde 1991). Por supuesto también en el periodo que nos ocupa y más adelante: se citan aquí, como botón de muestra, aquellos trabajos con perspectiva general como los de Michelena (1958), Hualde (1993), Gaminde & Hualde (1995), Hualde (1997), Gaminde (1998), Hualde (2006), Hualde (2008), Elordieta Alcibar (2011) o Egurtzegi & Elordieta Alcibar (2013).
De forma muy simplificada puede afirmarse que en la actualidad en la mayor parte de las áreas dialectales y en euskera batua (estándar) la prominencia del acento es la intensidad, pero no actúa como un rasgo distintivo o fonológico. Tiene generalmente una posición variable, por lo que no modifica el significado al cambiarlo de sílaba. Sin embargo, destacan dos zonas geográficas en las que aún se conserva un acento fonológico de base tonal: (a) norte de Bizkaia, con dos tipos: Gernika-Getxo y Lekeitio-Ondarroa (Elordieta Alciar 1997) y (b) occidente de Nafarroa lindando con Gipuzkoa: Leitza o Goizueta (Hualde, Torreira & Lujanbio 2008), precisamente la zona en la que se crio Nicolás Ormaechea.
La naturaleza del acento y su posición constituyen dos de las grandes controversias entre los estudiosos del euskera del siglo pasado. Hualde ofrece dos pistas para interpretar y comprender esta problemática: por un lado, en el área central-occidental del territorio vascoparlante había una enorme diversidad acentual, mucha más de la que se pensaba; los autores al describir el acento vasco lo hacen introspectivamente en base a su habla natal, de ahí que se contradigan a la hora de formular reglas de alcance general. Y, por otro lado, la naturaleza tonal del acento de ciertas áreas ―a principios del siglo xx posiblemente con mayor extensión que las actuales― pudo provocar problemas de interpretación a quienes partían de la perspectiva románica.
Azkue, al describir el acento vasco nos dice que se ciñe a la acentuación general empleada en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, pero lo cierto es que algunos aspectos importantes de su descripción se aplican sólo al habla de su Lekeitio natal o como mucho a Lekeitio y Ondarroa, pero no a ninguna otra habla [...] Esto sin duda debe haber llevado a otros autores a considerar la descripción de Azkue con cierta cautela, al no corresponder con sus intuiciones [...] A esto hay que añadir que, además de variación diatópica, encontramos variación diacrónica, con una progresiva simplificación del sistema en muchas áreas (Hualde 2006: 151).
Precisamente ambas cuestiones salen a relucir en la crítica de Ormaechea a Navarro Tomás: (1) el error de extender sus conclusiones a toda la provincia de Gipuzkoa (a partir de un solo informante de Donostia), a pesar de la gran variedad dialectal de la zona; (2) el condicionamiento metodológico de estar habituado a medir diferencias de intensidad en el continuo acústico antes que diferencias tonales, puesto que es romanista. A tales aspectos responderá el filólogo albaceteño, como se verá en el apartado 4.5.
4.2. Los participantes: Ormaechea y Navarro Tomás
Los dos intelectuales protagonistas de esta polémica son, como se sabe, el escritor Nicolás Ormaechea y el lingüista Tomás Navarro Tomás. De edades parecidas (en el momento de la contienda tienen 38 y 42 años respectivamente), pertenecen a esferas culturales distintas y son agentes con un estatus académico desigual: el primero es un conocido euskeltzale nacionalista vasco, que en 1926 ha publicado varios trabajos como colaborador en la RIEV y se encuentra trabajando para Euskaltzaindia (Real Academia de la Lengua Vasca). Por entonces, aún no ha preparado sus conocidas traducciones y famosos poemas épicos, ni ha sido nombrado académico de dicha institución. Al segundo se le conoce ya como el principal fonetista y lingüista experimental de España, una figura destacada del Centro de Estudios Históricos y un innovador en el estudio científico de la lengua española. En 1915 había fundado el Laboratorio de Fonética Experimental tras sus estancias en Francia y Alemania, y lo había equipado con instrumentalización moderna (técnica acústica, quimógrafo, técnica palatográfica, etc.). Además de su Manual de pronunciación española (1918), durante este periodo trabaja sobre cuestiones de ritmo, acento, métrica y entonación.
Este estatus, junto con el hecho de que la polémica aparezca en una revista científica de primer nivel como RIEV, posiblemente influyan de algún modo en la brevedad del intercambio: tras la respuesta de Navarro Tomás, Ormaechea parece dar el asunto por zanjado. En RIEV solo publicará después un artículo más (en 1929), y de otra temática. Sin embargo, como explicaremos en el apartado 4.6, su faceta como crítico, polemista y divulgador de cuestiones filológicas vascas continuará en otros medios hemerográficos, como el periódico Euzkadi, desde su columna sobre el euskera, que dirige el propio Ormaechea. Desde esa tribuna, de mayor repercusión social (aunque posiblemente menor a nivel intelectual), seguirá siendo azote y partidario, a partes iguales, de las distintas opiniones y libros que sobre el acento vasco vayan apareciendo.
El tema, por otro lado, continuará siendo de máximo interés para él, hasta el punto de convertirse en el eje central de su discurso de ingreso en Euskaltzaindia en 1958 (el acento de Leitza: Leitza’ko mintza-doiñua). Pues bien, en la respuesta de Michelena a dicho discurso, el nombre de Navarro Tomás seguirá apareciendo, lo que prueba hasta qué punto la intervención del fonetista sigue siendo importante en la discusión de los vascólogos:
Un hábil fonetista, el señor Navarro Tomás, nos mostró muchas cosas sobre el acento de algunos guipuzcoanos y vizcaínos: tanto sobre la fuerza espiratoria, como sobre la melodía y sobre la duración; que no hay gran diferencia de una sílaba a otra; que en los nombres de tres sílabas la primera y la última tienen algo más de peso; que en los de cuatro, la primera o la segunda y la última son las protagonistas; que en frases largas ―y también a veces en palabras sueltas― el acento cambia de sitio con facilidad, etc.
Todo eso es cierto, desde luego. Pero querríamos saber otra cosa. Si también en euskera ―y hablo por ahora del euskera que más se oye entre nosotros― el acento puede, pese a todo, distinguir parejas de palabras que no se distinguen por otro medio. Entre los lingüistas, muchos ―como el difunto Azkue― dicen que sí; el señor Altube, en cambio, sostiene que no, salvo en algunos casos aislados (Michelena 1958: 40, trad.)
Daremos, a continuación, unos breves datos biográficos de Orixe, que arrojan luz sobre su autoridad en la materia y que son esenciales para comprender la modalidad acentual que defiende para la lengua vasca. Tal como sostiene Iztueta Armendariz (en la enciclopedia Auñamendi y en 2003), nace en Orexa (Gipuzkoa, fronterizo con Nafarroa) en 1888. Se cría en Uitzi, Nafarroa, y estudia con los jesuitas en los centros de Javier, Loyola, Burgos y Oña. Desempeña la docencia en los colegios jesuitas de Comillas, Carrión de los Condes, Tudela y Javier. Durante este periodo publica sus trabajos sobre acentuación y métrica vascas en la RIEV y en el periódico religioso Jesus’en Biotzaren Deya. Cuando en 1923, por desavenencias con la orden, es expulsado de la Compañía, se traslada a Bilbao para trabajar para Euskaltzaindia en el equipo de R. M.ª Azkue sobre cuestiones dialectales y lingüísticas. A partir de 1924 comienza a colaborar con el periódico nacionalista Euzkadi, donde publica artículos mayoritariamente de temática folklorista y gramatical. Entre 1928 y 1931 dirige la sección de euskera de dicho periódico (sustituyendo a Evaristo Bustinza, Kirikiño), para la que prepara más de 400 artículos. También durante este periodo traduce dos obras (Tormes’ko Itsu-mutilla 1929 y Mireio 1930) y escribe una novela Santa Kruz apaiza (1929).
En 1931 regresa a su pueblo natal, Orixe, para acometer el encargo de la sociedad Euskaltzaleak, dirigida por José de Ariztimuño: escribir el monumental poema épico «Euskaldunak», importante creación poética en su doble vertiente folklórica y mística. Aunque lo termina antes de la Guerra Civil, no es publicado hasta 1950. Durante la contienda es encarcelado brevemente y en 1938 se exilia 12 años en distintos lugares del País Vasco francés. Más adelante, entre 1950 y 1954 emigra a distintos lugares de Sudamérica (Guatemala, El Salvador, etc.), donde se dedica a la literatura religiosa. A su vuelta al País Vasco, su labor como vascólogo y poeta es recompensada con su nombramiento de Académico Correspondiente de Euskaltzaindia (1958) y el premio «Lizardi» (1961), el mismo año de su muerte.
Conocer esta información biográfica de los protagonistas es fundamental para comprender mejor sus distintos roles a los que nos hemos referido en el apartado 2. Su estatus como lingüistas o, mejor, como expertos y autoridades en la materia viene dado por tres circunstancias (siguiendo a Stegu 2024): (a) su formación (es decir, en nivel de instrucción o reconocimiento oficial), (b) sus interacciones comunicativas en la sociedad con otros expertos o con no expertos (es decir, el reconocimiento «oficioso») y (c) el propio reconocimiento de sí mismos como expertos. Stegu no defiende una demarcación tajante entre el lingüista y el no-lingüista ―o, más allá, entre el experto y el no experto, entre la lingüística académica y la lingüística popular― sino que cree que se trata de un continuum y más bien podría hablarse de estatus intermedios (expertos profanos, amateurs, activistas, etc.). Sin embargo, parece conveniente admitir que hay dos zonas prototípicas entre las que se mueven estos personajes, y muy posiblemente ambos sean conscientes de ellas.
Ormaechea tiene estudios, pero no universitarios y ha debido cesar en su magisterio con los jesuitas, acontecimiento especialmente dramático para su trayectoria, tal como explica Iztueta Armendariz (2003). Aunque en las dos primeras décadas de siglo se encuentra trabajando para Euskaltzaindia, ha publicado varios trabajos en la RIEV y goza de la aceptación de Urquijo, su mayor reconocimiento como autoridad literaria vendrá más tarde, tras el encargo de Euskaltzaleak y su ingreso en la Academia vasca. Durante el periodo de este ciclo polémico, Ormaechea encuentra en la prensa un potente altavoz para para dar a conocer sus ideas y buscar la aceptación entre los suyos en tanto que experto en prosodia. Los autores de monografías sobre el tema se las envían para que las reseñe, a pesar de su recepción desigual. Es decir, se puede afirmar que Ormaechea goza de cierta reputación entre la comunidad euskaltzale. De este modo, y ante la evidente desigualdad como autoridad académica frente a Navarro Tomás (por formación y reconocimiento internacional), el vasco apela a su experticia en tanto que compositor literario y oyente nativo de los acentos de su lengua. No parece considerarse un lingüista desde el punto de vista científico o universitario, pero sí un lingüista folk, y es el estatus que está tratando de construir social y discursivamente.
4.3. Trabajos previos de Ormaechea publicados en laRIEV: ciclo temático sobre el acento vasco (1918-1920)
Como se ha dicho, Ormaechea es colaborador asiduo de la RIEV durante este primer periodo. Mantiene correspondencia con Julio de Urquijo sobre cuestiones lingüísticas y literarias (P. & I. Iztueta 2006). Sus temas más recurrentes son los literarios, métricos, musicales y acentuales. Presentamos el ciclo temático sobre el acento que debió de consultar Navarro Tomás antes de preparar su obra sobre el guipuzcoano:
| Fecha | Título del artículo | Paginación |
|---|---|---|
| 1918 | Acento vasco | 1-15 |
| 1919 (1) | Vocales compuestas o de acento doble en el euskera | 45-48 |
| 1920 (3) | De la música y letra popular al acento | 174-185 |
Señalamos algunas de las ideas más importantes ahí contenidas que posteriormente entrarán en la polémica con el albaceteño. En primer lugar, según Orixe en su artículo de 1918, no se dispone de herramientas válidas para el análisis, más allá del oído. Por lo tanto, en su opinión, los nativos tienen más autoridad en el tema, ya que pueden apreciar los matices prosódicos con mayor finura:
Una sola advertencia preliminar me permitiré hacer, y es, que en materia tan difícil de ser analizada con solo el auxilio del órgano auditivo, mientras no se disponga de aparatos mecánicos, tienen menos voto á nuestro juicio, los conocedores del idioma que no hayan sido hijos del pueblo Conozco á personas que por lo demás conocen y escriben con soltura el vascuence, pero que no se dan cuenta de muchos matices prosódicos del idioma, efecto de que no les es natural. Y aun los naturales de diversas comarcas, fácilmente diferimos en apreciaciones sobre puntos particulares; pero abrigo la confianza de presentar ciertos hechos más generales de los que tal vez se puedan sacar importantes consecuencias (Ormaechea 1918: 1).
En estos trabajos argumenta una y otra vez su teoría de que la naturaleza del acento vasco es tonal, no de intensidad ni de duración («definiremos el acento vasco, diciendo que es la altura relativa de una sílaba en la palabra, frase ó periodo» 1918: 3). Esta es una de las cuestiones que le llevarán a enfrentarse con otros lingüistas que sostienen lo contrario ―Sebero Altube, por ejemplo, en El acento vasco (1932)― o a no estar del todo de acuerdo con lo mantenido por Sabino Arana en sus Lecciones de ortografía del euskera bizkaino (1896), ni con la posterior teoría de Resurrección M.ª Azkue de Del acento tónico vasco en algunos de sus dialectos (1931). Para comprender su postura, conviene recordar que Ormaechea posiblemente esté describiendo el acento vasco de la zona en la que se ha criado: noroccidente de Navarra, una de las dos zonas con acento fonológico de tipo tonal. En estos primeros trabajos alude a la generalización de este tipo de acento y, si bien es conocedor de que no es el único existente en la geografía vascoparlante, sí parece concederle una mayor extensión de la que posiblemente tendría en épocas no muy posteriores.
Para argumentar su tesis, continuamente apela a la diferencia entre el castellano y el euskera, y a la muy distinta naturaleza de sendos idiomas:
en el habla ordinaria vasca no hay acento intensivo ó una sílaba más intensa que otra, definiremos el acento vasco, diciendo que es la altura relativa de una sílaba en la palabra, frase ó período [...] El vascuence tiene acentos tónicos, pero carece de intensivos al menos claramente perceptibles por el oído, en la conversación ordinaria. La palabra gizona v. g. tiene acentos en las sílabas primera y tercera, y sin embargo el oído nos da que difieren mucho de los intensivos que se dan en la primera y tercera sílabas del vocablo buenamente v. g. (Ormaechea 1918: 3, 4)
Todavía puede haber quienes opinen de diverso modo en lo de la calidad del acento nuestro. Cuando se acuda á la fonética experimental, el aparato puede señalar acentos intensivos en alguna porción de territorio vascón; pero en la mayor parte, abrigo en convencimiento de que no: á la experiencia me atengo cuando llegue á hacerse (Ormaechea 1919: 47).
Una prueba que aduce para probar que el acento vasco es tonal es mezclar lenguas o pronunciar español con acento vasco:
Otro indicio para asegurar que no son intensivos, es el de las palabras extrañas pronunciadas á la vasca. Cojamos tres palabras de distinto acento v. g. máquina, ventana, corazón. El vasco neto las pronunciará máquìná, véntàná, córàzón, con acentos agudo, grave y agudo [...] Háganse experiencias (Ormaechea 1918: 4).
En 1920 retoma la idea que había avanzado dos años antes de que la definición de acento que proporciona la Real Academia Española ―aquello que hiere con más fuerza determinada sílaba― se aplica a la lengua española pero no está formulado integral y válidamente para todas las lenguas. Y ello lastra de alguna manera a los lingüistas vascos, que se ven obligados a ir en contra del paradigma científico imperante en su tradición.
No hay duda de que nuestros oidos en música y en lingüística se resienten de eduación moderna. Teniendo materia tan apta como nuestro idioma, empezamos por aprender mal la noción del acento. La primera gramática que hemos estudiado no es la nuestra. y [sic] cuando queremos discurrir acerca de ella, no acertamos a desentendernos de conceptos que en ninguna manera la convienen. Encallejonados en la definición de acento que da la Academia española, definición inexacta si se aplica a todo acento, e inaplicable al euskera, no tenemos la amplitud suficiente de miras para examinar esta cuestión desde el punto de vista de la tonalidad. Si estuvieran vulgarizados en nuestro país siquiera los manuales científicos extranjeros, no nos escandalizaríamos de oir que hay lenguas en que el acento intensivo no existe como fenómeno ordinario (Ormaechea 1920: 177).
Otra de sus ideas principales es que el acento vasco no tiene una posición fija, sino variable:
Estos acentos no los debemos expresar gráficamente [...] porque no son fijos la mayor parte de las veces en determinadas sílabas (Ormaechea 1918: 3).
Vuelvo además á repetir, que hay tanta variedad dentro del párrafo en la pronunciación de los tonos, que es muy difícil analizarlos y reducirlos á leyes, mientras no se explore mejor que hasta ahora el campo de nuestra fonética (Ormaechea 1919: 48).
Sorprende, por este motivo, su afirmación en otro pasaje de que las palabras trisílabas tienen acento tónico en la primera y última posición (fijos, por tanto): «nuestras palabras de tres y más sílabas tienen acento tónico en su primera y última sílaba» (1818: 4). Encontramos idéntica opinión cuando trata de los acentos de la frase y del periodo: «Los hay fijos y variables. Son fijos los de la primera y última sílaba, lo mismo que dijimos en la palabra en general, y diremos después del período» (1818: 9). Esta inconsistencia aparecerá en la polémica con Navarro Tomás.
4.4. Pronunciación guipuzcoana de Navarro Tomás (1925)
El fonetista prepara en 1925 un estudio empírico sobre el habla guipuzcoana ―planos segmental y suprasegmental―, que aparece publicado en el Homenaje a Menéndez Pidal (Madrid: Hernando, tomo iii). Este será el trabajo que Ormaechea reseñará el año siguiente:
El interés de Navarro Tomás por el estudio empírico y acústico del euskera comienza algo antes, cuando es invitado a participar en el III Congreso de Estudios Vascos (Gernika, 1922), junto a otros insignes hispanistas, romanistas y vascólogos nacionales e internacionales: Menéndez Pidal, Amado Alonso, Meyer-Lübke, Uhlenbeck, Saroïhandy, Lacombe, Gavel, Azkue, Altube, entre otros. Para su intervención prepara un estudio experimental de la pronunciación de un joven de Gernika («Observaciones fonéticas sobre el vascuence de Guernica») realizado en el Laboratorio de Fonética del Centro de Estudios Históricos. Al final de este estudio alude muy brevemente al acento léxico del informante y a la necesidad de acometer un estudio sistemático y objetivo ―es decir, experimental― de las distintas variedades de pronunciación vasca para su cabal reconstrucción global:
Un análisis tan incompleto como el presente, no se puede ofrecer sino como una mínima contribución a la indispensable y poco cultivada tarea de estudiar directamente, en sus distintas modalidades, la pronunciación vascongada, a fin de hacer posible un día, sobre el conjunto de estos materiales, la solución de algunos de los diversos problemas lingüísticos que este idioma plantea (Navarro Tomás 1923: 56).
Posiblemente, con la intención de ir completando el mapa sonoro de las distintas variedades del vasco, un par de años después se propone realizar un estudio más pormenorizado de un hablante esta vez guipuzcoano. En una suerte de prólogo titulado «Contribución al estudio de la fonética vasca», Navarro Tomás explica que su trabajo persigue caracterizar el habla culta o literaria de la modalidad guipuzcoana, en tanto que variedad de mayor prestigio en la época, a partir de la lectura de palabras aisladas y frases. La selección del locutor, un sacerdote de Tolosa, es aconsejada al fonetista por Azkue, por su fama de preparar unos sermones claros y elegantes. Emplea para medir y describir su pronunciación las técnicas de la época: acústicas (quimógrafo) y articulatorias (palatografía), que aplica desplazándose a la casa del informante.
En una breve nota establece una comparación entre la modalidad de habla más vacilante y relajada del informante de Gernika, y el habla tensa y clara del guipuzcoano. De nuevo, emplaza a fonetistas y vascólogos a emprender con rigor y minuciosidad la descripción de la pronunciación vasca:
Toda variedad social o geográfica de la fonética vascongada debería ser minuciosa y rigurosamente descrita, deseo ya expresado en términos más generales por J. Saroïhandy, Ouverture des cours de langue basque au Collège de France, en la Revista de Estudios Vascos, 1920, 122. La riqueza lingüística del país ofrece a cada paso materia interesante para una monografía especial. Tras del trabajo de descripción vendría naturalmente el estudio comparativo de los hechos investigados (Navarro Tomás 1925: 594).
Las conclusiones a que allega sobre el acento guipuzcoano son las siguientes: sus mediciones no indican la existencia de acento tonal ni de intensidad. Sí hay ligeras diferencias de intensidad, tono y duración, pero estas no son lo suficientemente significativas como para constituir un rasgo diferencial. Destaca, además, la gran variabilidad interna y escasa regularidad en cuanto a su posición:
Se ve, en fin, que el guipuzcoano no tiene acento fijo, ni de tono ni de intensidad. En pronunciación no afectada las sílabas de cada palabra vienen a resultar todas igualmente acentuadas. Hay una leve tendencia, en la pronunciación de las palabras sueltas, a destacar la última sílaba de cada palabra. Hay asimismo un acento enfático que refuerza la intensidad y el tono de las sílabas y que se coloca libremente allí donde lo requiere en cada caso el carácter emocional de la expresión (Navarro Tomás 1925: 646).
A pesar de que observe cierta tendencia a destacar la última sílaba de cada palabra, en su opinión, al insertar la palabra en una frase esto ya no sucede. Es en este punto donde disiente de Ormaechea, citándolo en nota al pie:
Estos resultados son un testimonio evidente contra la opinión de que en vasco hay un acento tónico fijo que da una determinada estructura prosódica a las palabras y que hace siempre terminar la frase con elevación de tono sobre la última sílaba [NOTA: Dicha opinión ha sido defendida por N. Ormaechea en la Revista de Estudios Vascos, 1918, IX, 4; 1919, X, 46; 1920, XI, 174] (Navarro Tomás 1925: 645).
Aunque no sea este el aspecto que más le opone a Ormaechea, la mención explícita favorecerá seguramente el tono de la reseña que este le hace el año siguiente en la RIEV. Ormaechea conoce bien los trabajos que se han publicado antes sobre esta cuestión y se ocupará más adelante de realizar otras reseñas. Es decir, el hecho de haberse visto citado por Navarro Tomás posiblemente no sea el motivo de que la escriba (lo podría haber hecho aun sin esta cita), pero sí constituye un estímulo inmediato para defender y aclarar su posición.
4.5. Reseña crítica de Ormaechea y respuesta deNavarro Tomás (1926): el ciclo polémico
Como hemos dicho, este breve ciclo polémico consiste en una reseña a la obra de Navarro Tomás y la respuesta de este. Las reseñas suelen ser un prototipo textual muy recurrente para generar polémicas, dada su orientación muchas veces crítica (Gaviño Rodríguez 2021) y esta, aunque compuesta únicamente por dos piezas (cfr. otras reseñas que generan ciclos polémicos más complejos en Gallardo Richards 2023), es otra prueba de la actitud reflexiva de Ormaechea ante sus lecturas sobre el acento vasco. Aunque el tono en su recepción de una u otra obra diferirá mucho, como veremos, no es autor fácil de complacer y ni Sabino Arana, Azkue, Altube o el propio Navarro Tomás escapan de su lista de autores con los que discrepar.
| Fecha | Título del artículo | Paginación | Autor |
|---|---|---|---|
| 1926 (2) | La pronunciación guipuzcoana del Sr. Navarro Tomás | 260-8 | Ormaechea |
| 1926 (3) | Sobre la entonación y el acento vascos | 404-6 | Navarro Tomás |
La reseña de Ormaechea comienza alabando los hallazgos del fonetista coincidentes con sus observaciones impresionistas: «He leído con interés y aun con placer este trabajo, por hallar felizmente confirmados por el aparato fonético los hechos fundamentales que dejé señalados con el auxilio del simple oído» (1926: 260). En efecto, muchos de los párrafos citados literalmente de la obra del albaceteño son traídos para defender que él los ha explicado con anterioridad empleando una mera técnica auditiva. En un momento dado llega incluso a sugerir que tal vez haya plagiado su teoría, puesto que tan bien la conoce.
El vasco está enfocando su reseña en este punto hacia aquellos resultados coincidentes, que en su opinión son muchos, pero no comprende la lectura «errónea» de Navarro Tomás sobre la posición fija del acento, cuestión de la que se deriva la cita de los tres artículos de Ormaechea. En su opinión, él jamás ha defendido tal cosa, y cita pasajes de sus trabajos anteriores en los que argumenta una posición variable (cfr. § 4.3). Es decir, se esfuerza por tratar de demostrar que en este punto ambos están de acuerdo.
Finalmente, admite que tal vez haya generalizado en exceso en algún momento y se le haya escapado alguna afirmación matizable, pero que, dado que no es el asunto central de sus teorías, le parece injusto que Navarro Tomás solo se haya quedado con esta idea y lo haya citado por este motivo:
He quedado sorprendido, sin embargo, al leer (pág. 645, nota) que yo defendiera entre otras cosas el que en vasco hay un acento tónico fijo que da una determinada estructura a las palabras, cuando mi más obstinado empeño ha sido siempre el defender que no hay acentos fijos ni fuertes en nuestras palabras (Ormaechea 1926: 260).
«Dicha opinión», la de la nota de N. T. no es una opinión, sino dos opiniones: primera, que «en vasco haya un acento tónico fijo, que da una determinada estructura prosódica a las palabras»; segunda, que hace siempre terminar la frase con elevación de tono en la última sílaba». Si esto he dicho, lo rectifico, si bien no recuerdo haber escrito o dicho que siempre. Mi afirmación, sin embargo, lo reconozco, peca de excesivamente general, pero no he hecho jamás hincapie sobre ella, para que me cite los tres artículos consecutivos, en dos de los cuales ni se habla de tal cosa. Creo que no es hacerme justicia el citarme como adversario en una cosa que afirme de pasada y sin insistencia, cuánto menos en otra que no defendí, sino su contradictoria, y con la tenacidad que ha visto el lector, y con las mismas palabras no fijos que el señor N. T. ha podido copiar o recordar seis años después (Ormaechea 1926: 265).
En el apartado 4.3 vimos que, tras defender la posición variable del acento, Ormaechea resume de manera generalizada el comportamiento de las palabras trisílabas indicando que estas tienen una estructura acentual fija (agudo-grave-agudo) y es este el pasaje de la discordia. Navarro Tomás señala esta contradicción en su respuesta:
Creo que estos pasajes demuestran claramente que el Sr. O. ha dicho que en vasco hay acentos fijos en la palabra y en la frase y que por consiguiente mi nota no atribuía al Sr. O. nada que él no hubiese escrito. Sorprende que, olvidando sus propias explicaciones, manifieste ahora el Sr. O. que su más obstinado empeño ha sido siempre defender que en vasco no hay acentos fijos (REV, 1926, XVII, 260). Si efectivamente dijo en otros pasajes lo contrario que en éstos no extrañe al Sr. O. que los demás le atribuyan una u otra opinión mientras él por su parte no se ponga de acuerdo consigo mismo (Navarro Tomás 1926: 406).
Además, niega en rotundo haber plagiado a Ormaechea puesto que, en su opinión, son más los aspectos que los separan que aquellos en los que coinciden:
Ante resultados tan opuestos no creo que a nadie se le pueda ocurrir, como sugiere el Sr. O., que lo que yo digo a este propósito sea copia o calco de lo que el Sr. O. intentó defender (Navarro Tomás 1926: 405).
En efecto, uno de los aspectos centrales de la polémica es la naturaleza del acento. Mientras que Ormaechea describe un acento tonal y fonológico (existente en su zona noroccidental navarra), Navarro Tomás no encuentra en el hablante del centro de Gipuzkoa diferencias de duración, intensidad o tono significativas como para hablar de acento fonológico. Se infiere que en realidad están describiendo variedades distintas con comportamientos acentuales diferentes:
| Ormaechea | Navarro Tomás |
|---|---|
«En las palabras bisílabas, dice N. T. [...] lo más corriente es que las dos sílabas presenten la misma altura musical. En algunos casos la segunda sílaba suele resultar un poco más alta que la primera...» Permítame la audacia de contradecir, incluso al aparato, en la primera afirmación. Prescindiendo de la prosodia vizcaina y de la guipuzcoana-vizcaina que invade gran parte del partido de Azpeitia, no es eso «lo más corriente», sino lo segundo [...] Los tonos de galdu guera fijados por N. T. son los del número I; los del número II son mis cálculos aproximados a oído, pero que no dudo confirmará la experiencia, al menos en cuanto a que la última sílaba es mucho más aguda que la penúltima. En mi región podrá llegar aun a 195. I) 180, 190, 160, l00. II) 180, 190, 175, 190. |
Hace unos años el Sr. O. publicó en esta mismarevista unos interesantes artículos sobre el acento vasco. El principal objeto de dichos artículos era demostrar que el acento vasco no es acento de intensidad sino tónico o musical [...] La pronunciación por mí estudiada no confirmó la existencia de dicho acento. Las diferencias de altura señaladas por el quimógrafo entre las sílabas de una misma palabra fueron, cuando las hubo, tan minúsculas e insignificantes que, dado el ordinario alcance del oído y teniendo en cuenta la proporción de estas modificaciones en otros idiomas, no cabía atribuirles en el caso estudiado ningún valor prosódico (1926: 405). |
La confianza de Ormaechea en la experiencia del propio oído es asombrosa, máxime teniendo en cuenta que está aludiendo a diferencias sutilísimas dentro de un rango tonal comprendido entre 20 ciclos por segundo (máximo) y 5 (mínimo). En este punto hemos llegado a uno de los meollos de la discusión: las técnicas de medición acústica enfrentadas al oído del investigador. O lo que es lo mismo: objetividad vs. subjetividad del método fonético. En 1926 y con el Laboratorio de Fonética Experimental a pleno rendimiento tras su inauguración en 1915, la ciencia fonética acústica ha conocido un gran despegue en Europa, y en España también. Ante las imprecisiones e inseguridades del oído entrenado, la instrumentalización es el gran hallazgo que resuelve muchas de las incógnitas, confirma intuiciones auditivas o las refuta. En determinados círculos académicos existe una fe casi ciega en este nuevo desarrollo experimental, pero no en todos los entornos ―o no por parte de todos los especialistas― es recibido todavía con idéntico entusiasmo.
Son varias las ocasiones en las que Ormaechea manifiesta en su reseña desconfiar de tales herramientas, por lo que Navarro Tomás le responde extensamente mencionando autoridades internacionales que emplean esta metodología y la trayectoria que tiene este ámbito de la lingüística, e invita al vasco a comprobar en persona sus mediciones en el Centro de Estudios Históricos, para disipar toda duda con respecto a sus resultados:
| Ormaechea | Navarro Tomás |
|---|---|
Creemos que para comprobar la igual altura de las dos sílabas, no es suficientemente perfecto el aparato de que hoy disponemos [quimógrafo] [...] Recordemos que el perfectísimo aparato fabricado por el inventor universal, el oído humano, aprecia en cuestión de tonos, centésimas y aun milésimas, habiéndose dado el caso de percibir tonos que solo difieren en 1.200 de vibración (1926: 262). |
Algunas de mis observaciones sobre la entonación han parecido equivocadas al Sr. Ormaechea. La entonación es uno de los puntos que con más seguridad pueden estudiarse por medio del cilindro registrador. Bastan un diapasón ordinario y un inscriptor que recoja y registre las vibraciones de las cuerdas vocales para poder determinar claramente la altura de cada sonido. Mis datos sobre el guipuzcoano se fundan en la medida y recuento de una considerable cantidad de hojas quimográficas que se hallan en el laboratorio de fonética del Centro de Estudios Históricos a la disposición de quien desee consultarlas. El Sr. O. no ha examinado estos materiales ni los ha confrontado con la persona a quien se refieren; pero rechaza lo que no se acomoda a sus opiniones, manifestando que pone más confianza en su propio oído que en los aparatos de que se sirve la fonética experimental (1926: 404). [...] La discusión sobre la superioridad del método auditivo o del experimental en la investigación fonética tuvo actualidad hace más de quince años. Hoy ya es cosa sabida entre los que se dedican a estos estudios que el cilindro registrador no ha venido a sustituir al oído sino a auxiliarlo y ayudarlo, así como el microscopio no vino a competir con el ojo sino a aumentar el alcance de su potencia visual. Ni el ojo ni el oído bastan por sí solos para realizar cierta clase de estudios, porque es evidente que, no obstante su admirable mecanismo, el «Inventor Universal» no hizo al uno para describir microbios ni al otro para contar vibraciones [...] El tono ha sido estudiado experimentalmente en varios idiomas por Rousselot, Jones, Meyer, Calzia, Weiblinger, Gili, Heinitz y otros (1926: 405). |
Esta discusión se deriva, por último, en el asunto más identitario y personal de la polémica: la autoridad del experto en fonética es puesta en duda puesto que no es nativo de euskera y, según Ormaechea, carece de la intuición lingüística necesaria para profundizar en esta cuestión. Parece que se llega así al componente de la «descalificación» del adversario, destacado por Amossy (2014) como uno de los elementos de la polémica (junto con la «dicotomización» y la «polarización») y explicado por Gaviño en su trabajo sobre la faceta de polemista de Fernando Gómez de Salazar (2021):
Aunque esta última característica no debe implicar necesariamente la aparición de la violencia verbal o la agresividad, en no pocas ocasiones aparece un tono ácido en el debate que, en cierta medida, es esperado y forma parte de manera intrínseca en esta tipología discursiva: lo que se espera de los contrincantes de una polémica (también de la lingüística) es precisamente que los participantes expresen su ira y enfado con el otro, de modo que, aunque pudiera pensarse que tales componentes son perjudiciales para los intereses personales del polemista, se trata de un proceso natural de este tipo de discurso (muy practicado en la época que estudiamos), donde el participante, enfadado por las palabras del otro, va desarrollando nuevas maneras de tratar el asunto, poniendo especial énfasis en el aspecto intelectual o jubiloso de su persona, más que en el carácter social o técnico de la ideología defendida en su discurso (Gaviño Rodríguez 2021: 175).
Es precisamente el último recurso de Ormaechea, al que echa mano con ironía al final de su reseña. Con un recurso de falsa modestia se presenta a sí mismo como «mero aficionado» (no-lingüista) dice estar en la obligación de suministrar información a los «inteligentes», profesionales y expertos (lingüistas):
Para terminar. No se crea que, meros aficionados a la prosodia vasca, con más o menos espíritu de observación, vayamos a dar lecciones a profesionales de la fonética experimental. Pero nos parece, según aquello de «más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena», que estamos obligados a suministrar datos a los inteligentes, y éstos a su vez a que los recojan, ya que en cuestión de tonos nuestro oído observa muchos fenómenos que los aparatos de hoy no pueden acusar [...] siempre habrá en ella matices que escapen al aparato.
Por eso el natural es el testigo abonado para certificar la existencia de muchos hechos ocultos, aunque no pueda aprisionarlos con números (Ormaechea 1926: 267‑8).
A lo que Navarro Tomás responde con idéntica ironía, pero con un matiz conciliador:
Deseo sinceramente que el Sr. O. no haga cuestión de amor propio estas discrepancias y que al venir alguna vez a Madrid me haga el honor de visitar el laboratorio del Centro de Estudios Históricos, donde sobre los mismos aparatos podríamos ver prácticamente sus inconvenientes o ventajas.
Tal vez sirviese además dicha visita para que el Sr. O. reconociese que no «repugna» que dos sílabas contiguas sean igualmente agudas o graves, que se puede medir exactamente la entonación de una palabra vasca aunque no se haya nacido en el país, y que por muy fino que uno crea tener el oído no es prudente aplicarlo a la investigación científica en competencia con los aparatos de precisión (Navarro Tomás 1926: 406).
4.6. Continuación del ciclo polémico en el periódico Euzkadi, sin Navarro Tomás
Como se ha adelantado en el apartado 4.2, aunque el intercambio directo con Navarro Tomás termina en 1926, Ormaechea continúa siendo catalizador de las investigaciones y obras sobre acentuación vasca en los años sucesivos, a través de distintos foros de discusión. Uno de ellos es la columna de los asuntos vascos del diario nacionalista Euzkadi, que dirige él mismo y donde publica, por ejemplo, sus reseñas críticas de las obras de Larrasquet (acento suletino) o de Altube (acento vasco), además de otros ciclos polémicos en los que responde a un vascoparlante nuevo (euskaldun barri bat), etc. Esta continuación a través del periódico Euzkadi merece ser explicada y analizada en profundidad, para tener así una perspectiva integradora y global de su posición lingüística e ideológica (cfr. más detalles en Iztueta Armendariz 2003). Aunque no es este el momento de abordarla, sí queremos destacar la distinta valoración que tiene de los resultados ofrecidos por el lingüista de Iparralde (Zuberoa) Jean Larrasquet en su obra titulada Action de l’accent dans l’évolution des consonnes, étudiée dans le Basque Souletain (1928):
Miembro de la Sociedad Lingüística de París, antiguo alumno de la Escuela de Altos Estudios, hombre que empezó a trabajar al lado del abate Rousselot, inventor del aparato fonético y gran impulsor de esta ciencia; instruido y guiado por el acreditado teórico Vendryes, documentado en Uhlenbeck, Gavel, Schuchardt y otros autores que han hecho de la fonética vasca objeto de estudio, el abate Larrasketa (permítasenos la restauración morfológica de su apellido) ofrece con solo ello una garantía de la seriedad de su trabajo (Ormaechea 1929, trad.).
Parece que Larrasquet, quien manda un ejemplar de su obra enseguida a Ormaechea y lo cita como autoridad, posiblemente por ser nativo y por haber trabajado con insignes vascólogos, obtiene su beneplácito. Llama la atención cómo determinados lingüistas extranjeros que aplican el método científico ―aunque no todos son nativos, ni mucho menos― sí entran en el canon de Ormaechea de expertos en fonética vasca, frente a las dudas y suspicacias que mantiene ante Navarro Tomás, que también había aplicado el mismo método. Es evidente que le parecen más confiables que el albaceteño y, aunque en ocasiones Orixe dude aquí también sobre la validez de la instrumentación acústica, está claro que les concede una autoridad y estatus diferente de los de Navarro Tomás.
5. CONCLUSIONES
A través de esta polémica, hemos sido testigos de las reticencias que algunos vascólogos nativos manifiestan a las aportaciones sobre el euskera preparadas por romanistas e hispanistas españoles. Ciertamente, este grupo de investigadores está infrarrepresentado en la nómina de colaboradores de la RIEV, y es posible que la causa más sencilla no sea otra que la de que apenas traten el vasco en sus investigaciones.
Una prueba más que evidente del desdén de Ormaechea por los lingüistas de Madrid y, en su opinión, su escaso interés por el euskera, la obtenemos de la carta que manda a Urquijo para felicitarle por su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1929. Este había sido nombrado académico dos años antes, junto a Azkue, en la sección de lenguas regionales. El bilbaíno mantiene buenas relaciones con ciertos académicos como García de Diego o Menéndez Pidal, quienes reconocen su valía como filólogo y bibliófilo. En su discurso de ingreso en la RAE Urquijo alaba el euskera como materia de estudio lingüístico, repasa aportaciones de algunos académicos a esta lengua y asume con modestia que su nombramiento está directamente relacionado con la labor de excelencia de la RIEV:
Mi carácter de mero aficionado, y la poca valía de mis trabajos personales, me hacen sospechar que únicamente habéis querido premiar mi esfuerzo para agrupar en torno a la Revista Internacional de Estudios Vascos, la labor, en otros tiempos dispersa, de los vascólogos de diversas naciones (Urquijo 1929: 9).
En su discurso, Urquijo ve también la ocasión de llamar la atención sobre las cuestiones sociolingüísticas ―la reducción drástica del número de hablantes― y el estatus académico de la lengua. Para concluir, reclama la necesidad de que los centros universitarios de este país y sus mejores especialistas se vuelquen en el estudio del euskera y colaboren en los congresos lingüísticos:
Mi compañero, D. Resurrección María de Azkue, en frases sentidas y elocuentes, que tuvieron eco fuera de esta Real Academia, os hablaba de un problema de cultura popular en nuestras provincias, relacionado con el vascuence. Su resolución es de urgencia [...] Junto a ese problema existe otro, de alta cultura, que tampoco debe ser abandonado (Urquijo 1929: 34).
Ormaechea le agradece esta petición, pero no cree que vaya a ser tenida en práctica ni dé ningún fruto práctico:
Euskaltzaindia
Bilbao, noviembre 30 de 1929
Estimado don Julio:
Aunque llego un poco tarde, llego a agradecerle el discurso que me envió a tiempo [...] Lo que me prohibieron decir (si mal no recuerdo), era que se había excedido usted en cortesía con nuestros amigos los académicos romances, especialmente con Alemany [...] Lo segundo que me quitaron (poco más o menos) es que no creía yo que fuese usted tan cándido como para creer en la última proposición que hizo [la petición de creación de una universidad en el País Vasco], pero que le alaba el haberla hecho, para pulsar el grado de buena voluntad que se albergaba en los Madriles respecto a nosotros. Finalmente, decía que a Azkue le habían hecho caso fuera de la Academia, pero que no esperaba yo ver el fruto práctico; en cambio, que a su proposición de Vd. temía que ni se la hiciese caso. Eso era todo. Como ve usted, malicioso, si es que yo soy capaz de esa malicia [...] salvando mi opinión respecto de la creación de académicos regionales, creo que tanto usted como el señor García de Diego [académico que respondió a Urquijo en su discurso de entrada] han estado incluso pródigos en alabar nuestra lengua, y les agradezco por lo que me toca. Enhorabuena, pues por esto último (Ormaechea 1929, apudIztueta Armendariz 2006: 100).
Ormaechea claramente menosprecia el aparente interés de la RAE por la lengua vasca, subraya su animadversión hacia los «académicos romances de los Madriles». Y cuando uno de ellos, Navarro Tomás, hace una incursión en esta cuestión, resta importancia a sus esfuerzos y conclusiones. Posiblemente su antipatía por este colectivo se deba a posiciones ideológicas y políticas, más que científicas.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Fuentes primarias
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Navarro Tomás, Tomás (1923): “Observaciones fonéticas sobre el vascuence de Guernica”. En III Congreso de Estudios Vascos. Recopilación de los trabajos de dicho congreso, celebrado en Guernica del 10 al 17 de setiembre de 1922 acerca de temas de lengua y enseñanza. San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 49‑56.
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Fuentes secundarias
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Garrido Vílchez, Gema Belén (2025): “Nuevos agentes y nuevos productos gramaticales en el siglo xix: el modelo de enseñanza y difusión de la gramática promovido por la prensa profesional del magisterio”. Normas 15/1, 1-26. En línea: https://doi.org/10.7203/Normas.v15i1.30838
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Zabaltza, Xabier (2018): «Pizkunde: Los «renacimientos» de la lengua vasca». Scripta. Revista Internacional de Literatura i Cultura Medieval i Moderna 11, 86-107. En línea: https://doi.org/10.7203/scripta.11.12586
Notas
[1] Cfr. las tipologías de Gaviño Rodríguez & Silvestre Llamas (2024) y Garrido Vílchez (2025). Entre otros productos, estos autores señalan: anuncios, reseñas, artículos de opinión y entregas lingüísticas, obras lingüísticas por entregas, secciones de consultas-respuestas, ejercicios y solucionarios, programas de estudios y oposiciones, noticias, leyes y decretos, etc.
[2] Los datos están extraídos de Michelena (1971), Chacón Delgado (2015) y del portal Historia Hispánica (Real Academia de la Historia).
[3] La información sobre la trayectoria histórica de la revista ha sido tomada de Arocena (1949) y Monreal (2001).
[5] Seguimos aquí la nomenclatura de participantes de los intercambios en prensa establecida por Gaviño Rodríguez & Silvestre Llamas (2024).
[9] En este sentido, mientras que Navarro Tomás deja claro que su trabajo no pretende describir toda la pronunciación vasca, sino la modalidad concreta del informante de Tolosa, esta limitación geográfica no parece ser tan específica en los estudios de Ormaechea. Este más bien parece referirse al acento de buena parte de los euskaldunes. Otra cuestión puesta en duda por el especialista vasco es la pertinencia de describir una modalidad de habla culta, cuando esta en su opinión no existe. En su opinión, debe estudiarse el habla popular (Ormaechea 1926: 266‑7).
[12] Artículo de Euzkadi extraído de Iztueta Armendariz (2003: 94).
[13] Otro caso que se ha estudiado, pero merecería ser examinado con mayor profundidad, es la recepción en la revista de la teoría que defiende Julio Cejador y Frauca acerca del euskera como lengua primitiva. El análisis de las notas necrológicas realizadas por Urquijo sobre su antiguo maestro ofrece claves valiosas para este estudio epihistoriográfico que proponemos.




