1. INTRODUCCIÓN
La prensa cultural española de finales del siglo xix y comienzos del xx conformó un espacio clave para la circulación de las nuevas corrientes científicas e intelectuales procedentes de Europa. En ese contexto, la lingüística, que se encontraba todavía en proceso de consolidación como disciplina autónoma y no contaba con una implantación sólida en el ámbito universitario, encontró en las revistas culturales un cauce privilegiado para su difusión, aunque los estudios sobre el lenguaje no compusieran el tema central de sus intereses. No obstante, las revistas culturales funcionaron como lugares de mediación intelectual en los que se propagaban teorías, debates y polémicas y se interpretaban y discutían ideas procedentes de distintos campos del conocimiento europeo adaptadas a un público lector amplio y no especializado.
El presente trabajo tiene como objetivo principal analizar la difusión y el tratamiento las cuestiones lingüísticas y, en particular, las ideas sobre el origen del lenguaje, en la Revista Contemporánea (Madrid, 1875-1907). La elección de esta cabecera responde a un doble criterio. Por un lado, se trata de una de las revistas culturales más influyentes de la Restauración, comparable a La España Moderna por su ambición intelectual; por otro, pese a su relevancia, no ha sido objeto hasta ahora estudios detallados en lo que respecta a la presencia y circulación del pensamiento lingüístico en sus páginas, como sí ha ocurrido en otras publicaciones coetáneas. Estas razones permiten abordar un corpus amplio y relativamente poco explorado desde la historiografía lingüística.
Los objetivos particulares del estudio son, por un lado, contextualizar el lugar que ocuparon la filología y la lingüística en la prensa cultural española del período, atendiendo a sus condiciones de difusión, a los intereses del público lector y a las controversias ideológicas que rodearon a estas disciplinas. Por otro lado, se pretende reconstruir el panorama de enfoques sobre el origen del lenguaje que convivieron en la Revista Contemporánea, desde posiciones naturalistas y evolucionistas hasta interpretaciones metafísicas y teológicas. Finalmente, se aborda con mayor detenimiento el extenso ensayo de Edmundo González-Blanco, «La lingüística como ciencia de la observación» (), ya que constituye la aportación más ambiciosa y sistemática sobre este tema publicada en esta revista.
En concreto, este artículo de González-Blanco es un extenso trabajo de carácter divulgativo y ensayístico que aborda el problema del origen del lenguaje desde una perspectiva que combina referencias a la lingüística comparada, la antropología, la psicología y la filosofía, y que somete a un examen crítico las propuestas de escuelas positivista, metafísica y teológica sobre este asunto. Por otra parte, la elección del autor como objeto de estudio responde tanto a la amplitud y a la ambición de su ensayo como a su condición de intelectual no académico, cuya producción permite analizar los mecanismos de apropiación, reinterpretación y difusión del saber lingüístico en la prensa cultural.
Desde el punto de vista metodológico, el trabajo combina el análisis textual de los artículos aparecidos en la Revista Contemporánea con su contextualización histórica e intelectual y se apoya en estudios previos sobre la historia de la lingüística en España y sobre la prensa cultural decimonónica. Este enfoque permite situar los textos en sus redes de circulación del conocimiento lingüístico y de las polémicas científicas e ideológicas de la época en torno a este tema.
La estructura del artículo responde a estos objetivos. En primer lugar, se ofrece el marco general sobre la lingüística en la prensa cultural española. A continuación, se presenta la Revista Contemporánea, su orientación editorial a lo largo de los años de vida de la publicación y se describe el conjunto de contribuciones lingüísticas identificadas en sus páginas. En los apartados siguientes se revisan los principales enfoques sobre la filología, la lingüística y el origen del lenguaje presentes en la revista antes de 1903 con el fin de contextualizar la aparición del ensayo de González-Blanco, autor prácticamente desconocido del que se ofrece una presentación de su vida y de su trayectoria intelectual. Se aborda de manera detallada, a continuación, su ensayo sobre «La lingüística como ciencia de la observación», con la consideración tanto de su organización interna como de sus presupuestos teóricos y sus fuentes. El trabajo se cierra con una valoración del significado de estas aportaciones en el marco de la historia de la lingüística y de la reflexión lingüística en la prensa cultural española de finales del siglo xix y comienzos del xx.
2. LA LINGÜÍSTICA EN LA PRENSA CULTURAL
La prensa española de finales del siglo xix y principios del xx, especialmente las revistas literarias y culturales que ya habían encontrado un lugar destacado en la sociedad, se convirtió en un espacio propicio para la difusión de las nuevas corrientes del pensamiento que circulaban por Europa. Las revistas culturales contaban con la colaboración de autores españoles y extranjeros de relevancia intelectual, figuras de la cultura o de la política, traductores o publicistas que escribían sobre los más variados temas de sociología, psicología, literatura, antropología, economía, etc., para un público burgués, fidelizado por las suscripciones y, por lo general, ideológicamente afín.
Aunque la temática lingüística no ocupa un lugar central en estas publicaciones periódicas, pueden encontrarse algunas aportaciones significativas relacionadas con el interés del público lector sobre estos temas en las principales cabeceras del momento como la que nos ocupa. El interés acerca de los asuntos teóricos relacionados con la filología y la lingüística es, en principio, limitado, según el significativo dato que aporta sobre las observaciones vertidas en la carta que Lázaro Galdiano, director de La España Moderna, remitió en 1893 a su colaborador Miguel de Unamuno suplicándole que no enviara «nada de lingüística ni cosa semejante porque eso tiene media docena de lectores». Aun así, esta nueva disciplina, y en particular las teorías sobre el origen del ser humano y del lenguaje, sí suscitaron una intensa polémica en la época, que tuvo su reflejo en estas publicaciones mediante las aportaciones, no solo de especialistas, sino también de maestros, eruditos, ensayistas, intelectuales y otras figuras de la época tanto con trabajos originales como con traducciones, reseñas y críticas de las principales obras.
Precisamente, como muestra , en España la difusión del nuevo paradigma de la gramática comparada había comenzado en torno a la década de 1850 a través de la prensa con la traducción de una reseña en inglés sobre las obras de Bopp. No era el único modo de acercamiento a los textos fundacionales de la disciplina: las ideas de Max Müller y los textos de Wiseman son la fuente de las conferencias del académico exiliado José Joaquín Mora sobre «La ciencia del lenguaje» que se reprodujeron en la revista La América en 1861 (). En cuanto a la recepción académica de las corrientes de la nueva lingüística, España se encontró a la zaga en la investigación y la docencia universitaria respecto a Europa (, , ), aunque destacan las aportaciones de los nuevos académicos de la Real Academia Española, como Monlau, Canalejas, Valera y Commerlan en sus obras y en sus discursos de ingreso (). En particular, la figura del orientalista y académico Francisco García Ayuso (1835-1897) sobresale por haber mostrado en España los logros de la lingüística comparatista desde una fecha temprana con su obra de divulgación científica El estudio de la Filología en su relación con el sanskrit (Madrid, 1871) y con su Ensayo critico de Gramática comparada de los idiomas indoeuropeos sanskrit, zend, latín, griego, antiguo eslavo, litáuico, godo, antiguo alemán y armenio (Madrid, 1877) (, , , ).
En el siglo xix español las ideas científicas sobre el lenguaje y su origen participaron de la intensa controversia en la interpretación de los hechos lingüísticos entre la teoría de la evolución de Darwin y las ideologías religiosas y conservadoras. De este modo, del modelo histórico-comparativo derivó el debate entre monogénesis y evolución; esto es, la confrontación de la idea de la derivación de todas las lenguas de una única lengua primitiva como prueba de su creación divina frente a la evolución natural y la posibilidad de un origen múltiple, por un lado, y, por otro, de la dificultad de explicar la complejidad y la estructura de las lenguas y del lenguaje humano desde la evolución natural según el modelo de las ciencias biológicas. En los epígrafes siguientes se examinará el tratamiento de estas cuestiones en diversos artículos aparecidos en la Revista Contemporánea.
3. LA REVISTA CONTEMPORÁNEA (MADRID 1875-1907)
La Revista Contemporánea, fundada por José del Perojo, fue una de las publicaciones más prestigiosas entre la prensa cultural en el período de la Restauración. Apareció en Madrid el 15 de diciembre de 1875 con el propósito de presentar «las más variadas manifestaciones de la cultura», según describe en prospecto del primer número donde se expone su programa editorial (Revista Contemporánea, tomo 1, s. p.). La revista incluía la publicación de novelas, cuentos y leyendas; ensayos y estudios en todos los campos de la cultura; poesías originales de autores reputados; revistas literarias sobre el movimiento intelectual y artístico europeo y americano, así como notas bibliográficas, novedades y sumarios de publicaciones.
Estas características la sitúan, junto con La España Moderna, como una de las principales divulgadoras del pensamiento, las ideas y la estética contemporáneos, especialmente alemán y francés. , compilador del índice, destaca particularmente sus vinculaciones europeas, ya que la revista mantuvo corresponsalías estables en Alemania, Inglaterra, Italia y Francia. De la Revista Contemporánea se publicaron 134 tomos durante 32 años (desde el 15 de diciembre de1875 hasta el 15 de junio 1907). Tuvo dos etapas ideológicamente opuestas: en la primera manifestó una mayor vocación aperturista hacia las corrientes positivistas y neokantianas europeas y contó con colaboradores de carácter progresista bajo la dirección de José de Perojo como director, Rafael Montoro como redactor jefe y Manuel de la Revilla en la sección de «Revista crítica» (). La segunda etapa, desde 1879 a partir del tomo 22, se produce con la compra de la revista por el canovista José de Cárdenas, por lo que su orientación terminó consolidándose en el conservadurismo con un tono relativamente tolerante. Contó como director con Francisco de Asís Pacheco, con el académico Rafael Álvarez Sereix como redactor jefe hasta 1901, y con Juan Ortega y Rubio desde entonces hasta 1907, fecha de la muerte de Cárdenas cuya desaparición supuso el fin de la propia revista.
Teniendo en cuenta su carácter heterogéneo, resulta relevante la aspiración de la Revista Contemporánea a ofrecer los temas, informaciones y cuestiones lingüísticas que pudieran interesar al público de finales del siglo xix y principios del xx en España: sin encontrarse entre los temas privilegiados, algo similar a lo que ocurría en otras publicaciones coetáneas como señala , hay que destacar que a lo largo de sus treinta y dos años de existencia vio la luz en ella un número reducido pero apreciable de aportaciones en este campo.
En el recuento realizado por a partir de un nuevo estudio de la revista y del cotejo con los índices elaborados por , se han identificado alrededor de sesenta contribuciones relacionadas con estas materias en forma de artículos, notas, reseñas, críticas bibliográficas, con distinto valor y consideración. Los temas lingüísticos que aparecen abarcan cuestiones generales sobre los movimientos filológicos en Europa, las aportaciones españolas a la lingüística, la lingüística como ciencia o su relación con la enseñanza. Asimismo, en sus páginas también se realizan propuestas pedagógicas sobre los métodos de enseñanza de lenguas extranjeras, algunas sobre sordomudística (), o presentación de modelos contrastivos según la filología comparada entre las lenguas neolatinas. La crítica y el debate acerca de las lenguas artificiales, en concreto sobre el volapük, también tiene un lugar en la publicación, así como la divulgación de conocimientos sobre la acústica en relación con la fonética auditiva. En cuanto a la lengua española, destaca la presencia de varias series de artículos dedicados a las polémicas del reformismo ortográfico y la ortografía racional, un tema con propuestas y debates muy intensos en la prensa periódica decimonónica (), a los que se unen los destinados a temas normativos o de corrección lingüística, así como los que examinan actitudes ante la lengua y su enseñanza (, ). Otro apartado lo conforman las publicaciones, tanto laudatorias como críticas, en torno a la Real Academia Española como institución y a la actividad de sus académicos; en particular destaca la crítica a la Gramática, a los artículos sobre léxico, y las valoraciones lexicográficas en torno a la publicación de la 12.ª edición de 1884 del Diccionario (, ). El panorama de las lenguas y dialectos peninsulares se completa en la revista con estudios dedicados al íbero, el euskara, el gallego, el bable, el aragonés y el caló. Por otro lado, se abordan temas como la historia de la lengua española, la gramática histórica, o cuestiones de etimología, lexicología, prosodia y fraseología españolas. A ello se puede unir la presencia de estudios crítico-biográficos sobre Antonio de Nebrija y el Padre Sarmiento. La Revista Contemporánea contó desde sus inicios, además, con una sección, el «Boletín bibliográfico», donde se pueden hallar críticas variadas de las novedades gramaticales y lexicográficas, tanto nacionales como internacionales.
4. LA FILOLOGÍA Y LA LINGÜÍSTICA EN LA REVISTA CONTEMPORÁNEA
Como se desprende de la diversidad de aproximaciones a los temas de la lengua, el lenguaje, la filología y la lingüística, Revista Contemporánea procuró ofrecer a sus suscriptores contenidos variados y con distintos niveles de profundidad. Dentro de este amplio conjunto, el presente estudio se centra en la selección de aquellas contribuciones consideradas más representativas en torno a la filología, la lingüística y, en particular, el origen del lenguaje, atendiendo a una serie de criterios. En primer lugar, se trata de textos cuya publicación responde a la explícita solicitud del propio director de la revista con el fin de fomentar la reflexión sobre esta cuestión, en un momento en que la filología y la lingüística comenzaban a consolidarse en los ámbitos universitarios españoles. En segundo término, estas contribuciones resultan especialmente significativas por su estrecha relación con el cambio de orientación ideológica de la revista, perceptible en la evolución de su valoración del darwinismo y en la promoción tanto de posturas de antidarwinismo lingüístico como de la asimilación de concepciones lingüísticas de cuño naturalista.
Finalmente, los textos seleccionados ilustran sobre el funcionamiento de los circuitos de traducción, adaptación y transmisión del saber en la prensa cultural, que actuaron como vías fundamentales de difusión de las ideas lingüísticas europeas entre un público español no especializado. Desde esta perspectiva, el recorrido por los artículos dedicados al origen del lenguaje permite apreciar la variedad de enfoques que reflejan, de forma necesariamente fragmentaria, las corrientes lingüísticas que circulaban en España a finales del siglo xix y los procesos de su recepción y asimilación.
4.1. La lingüística y la filología en España en 1880
Desde el punto de vista cronológico destaca el hecho de que la primera colaboración dentro de esta temática se lleve a cabo a petición del propio director de la revista, José de Cárdenas, quien ocupa en estas fechas el cargo de Director General de Instrucción Pública. Se titula «España y la filología, principalmente la neo‑latina» y la firma . El autor sitúa su reflexión en un momento en el que, según denuncia, España permanece todavía en un inconcebible atraso respecto de Europa en los estudios filológicos de las lenguas neolatinas: «La Ciencia del lenguaje, como tal ciencia, se ha constituido y desarrollado en Europa sin nuestro concurso, con total independencia de nosotros». También le mueve el afán de que Cárdenas contribuya a la reforma de los estudios filológicos y lingüísticos en España desde su posición en la Administración educativa.
Antonio Sánchez Moguel (1847-1913) fue filólogo, historiador y miembro de la Real Academia de la Historia, además de catedrático de Principios generales de Literatura general y española en la Universidad Central y decano de la Facultad de Filosofía (). Su trabajo supone una denuncia sobre la necesidad de abordar políticamente el tema y de la urgencia de una renovación en el panorama académico español en sus métodos, espíritu crítico y estudios comparados. La realidad que presenta puede considerarse una radiografía crítica, a modo de foto fija en 1880, de la situación filológica española: según expone, en España se carece de traducciones de las grandes obras europeas de autores como Bopp, Schleicher, Ascoli, Max Müller, Whitney y, por tanto, no se han divulgado sus principios, sino que solo se dispone de «extractos y noticias de escasa calidad». En cuanto a los estudios propios, se pueden contar «solo las lecciones que aparecen en sus Tratados de Literatura general, de Milá, Canalejas y Revilla», y «el erudito libro» El estudio de la Filología en su relación con el sanskrit de Francisco García Ayuso, aunque no cita su Ensayo crítico publicado ya en estas fechas. Tampoco hay ninguna cátedra de filología comparada, y los nuevos conocimientos se divulgan en ámbitos no universitarios como el Ateneo de Madrid, donde, según , se movía el núcleo más activo en torno a la Institución Libre de Enseñanza en el que había tenido más efecto la influencia de Schleicher. En definitiva, según expone, mientras que en otros países las ciencias del lenguaje habían avanzado de una forma extraordinaria gracias a la lingüística comparada de Bopp, la filología germánica con Grimm, la eslava con Schleicher, las semítica, griega o neolatinas con Raynouard y Diez, en España dominaba el aislamiento intelectual, la falta de publicaciones especializadas y una casi nula dedicación institucional a estas materias:
En cuanto á nosotros, no hay para qué repetir lo que tantas veces queda dicho sobre nuestro atraso y apatía en ese punto. Ni la revolucion operada por Diez, ni sus escritos, ni su nombre siquiera, ha encontrado entre nosotros la admiracion y aplauso debidos. [...] ni hemos traducido ni compendiado sus obras, ni difundido sus conocimientos ni aplicado sus métodos que tan fructuosos resultados hubieran ofrecido á nuestra misma lengua nacional. [...] Tocante á la filología neo-latina en general, únicamente podemos citar el Programa del Sr. Vignau sobre Gramática comparada de estas lenguas, sin que nos sea posible determinar si la doctrina corresponde á la teoría, pues la simple lectura del programa no basta á demostrarlo.
Para la lengua nacional, Sánchez Moguel denuncia la ausencia de estudios sistemáticos sobre fonética, morfología histórica o comparativa, así como de los nuevos métodos científicos en los que «puede decirse que estamos en la infancia de esos trabajos»:
Nosotros carecemos hasta el presente y en absoluto de una Gramática especial según los nuevos métodos, de una Historia de la misma lengua, lo propio de un verdadero Diccionario etimológico, por lo que ni el de Monlau ni el de Barcia, recientemente publicado, satisfacen las exigencias científicas de la moderna filología.
La parte principal de su texto consiste en el análisis del estado de la filología latina y neolatina en Europa y el desarrollo de sus estudios especialmente en Francia, Italia y Alemania, países en los que confluyen revistas y publicaciones especializadas, sociedades científicas y la existencia muy activa de filólogos de gran prestigio, como Diez, Meyer-Lübke, Gaston Paris, entre otros que han impulsado la investigación de calidad sobre el origen, la evolución y la comparación de las lenguas romances. Sánchez Moguel insiste en que de todo ello carece España, pese a la centralidad de la lengua española y de las lenguas peninsulares en la romanística aunque, paradójicamente, se pueda contar con estudios realizados en su mayor parte por investigadores españoles sobre temas que van desde el fonetismo andaluz hasta gramáticas históricas, textos medievales o dialectología. El problema para el autor es que todos estos estudios no están integrados en un marco científico coherente. Los contenidos de la carta de Sánchez Moguel coinciden, aunque con unos tintes notablemente pesimistas, con el panorama expuesto por cuando atribuye la falta de eco de los neogramáticos en España a un desinterés por las alternativas ideológicas que conllevaba la especulación sobre el lenguaje derivada de estos estudios y también con el panorama sobre la introducción de la filología comparada en los ámbitos universitarios españoles en este periodo finisecular español ().
4.2. El antidarwinismo lingüístico
Como señala , «El darwinismo lingüístico fue casi inapreciable entre nosotros. El antidarwinismo, en cambio, floreció con brío». Contamos con una representación de esta última postura en el artículo titulado «La palabra» (Revista Contemporánea, tomo 71, julio 1880) de Francisco Cáceres Pla, la primera de sus colaboraciones con la Revista Contemporánea, con la que desarrollará una vinculación que se hará habitual y cada vez con mayores responsabilidades a lo largo del tiempo. En la Revista Contemporánea de la primera época, siguiendo el programa establecido por Perojo, el darwinismo tuvo un lugar importante con, entre otras publicaciones, la reproducción de una reseña sobre La descendencia del hombre y la selección en relación con el sexo, de Darwin, y la publicación del trabajo Origen y desarrollo del hombre, de Darwin y Huxley. También se encuentran en la segunda época reseñas o traducciones como «Refutación al libro: Origen de las especies de Charles Darwin», «El darwinismo. Sus adversarios y sus defensores» o «El darwinismo y la moral» (). Desde el punto de vista lingüístico, Cáceres Pla, que fue académico de ambas Academias, historiador, ensayista y etnólogo (), aborda el problema de la determinación del origen del lenguaje desde una perspectiva marcadamente teológica (al margen de presentar un tono lírico y un lenguaje poco científico). Es, pues, el primer representante en la revista de la controversia ideológica entre la hipótesis indoeuropea y su vinculación con el evolucionismo darwinista y la doctrina bíblica sobre el origen del ser humano y del lenguaje dentro de la ortodoxia católica.
Para Cáceres Pla hay dos modos de abordar la cuestión, el filológico y el filosófico; sin embargo, expone que la ausencia de datos filológicos ha dejado en manos de la filosofía especulaciones y sistemas explicativos divergentes, por lo que niega que la palabra sea una invención humana y critica a los naturalistas partidarios de un origen evolutivo, frente a los que afirma el origen de la palabra «otorgada directamente por Dios». Cáceres Pla también defiende la idea de la existencia de un lenguaje primitivo universal fragmentado tras el episodio de Babel, cuya veracidad, según afirma, está confirmada por la «unidad primitiva del género humano» a partir de las semejanzas que se pueden observar entre las lenguas conocidas. Defiende, de este modo, el análisis comparado de lenguas, sus gramáticas, literaturas y civilizaciones, lo que considera el método filológico «auténtico» para las lenguas clásicas, orientales y semíticas. El antidarwinismo lingüístico de fuentes españolas es uno de los pilares de su argumentación en la línea de , a quien cita, y que fue uno de los primeros refutadores contra Darwin y, sobre todo, se apoya en las tesis de , cuya vehemente lección magistral de apertura del curso de 1886‑87 en la Universidad de Barcelona reafirmaba el origen divino del lenguaje desde profundas creencias católicas y convicciones tradicionalistas. Sobre estos razonamientos, afirma que «desde el punto de vista lingüístico deja al descubierto lo que pretende: a través de la comparación, hermanar todas las lenguas en una primitiva. La monogénesis, falacia que parecen no comprender, es también un argumento contra un origen natural del lenguaje».
4.3. La traducción como vía de difusión de las teorías sobre el origen del lenguaje
El modo en que actúan los circuitos de traducción y transmisión en la prensa como vías de difusión de las ideas lingüísticas europeas para un público no especializado español se encuentra en una aportación que ejemplifica ese proceso, similar al de la primera noticia sobre Bopp en El Eco Literario de Europa en 1851. En esta ocasión se trata del artículo titulado «Del origen del lenguaje» (Revista Contemporánea, tomos 78 y 79, junio-julio 1890), traducción de una extensa recensión escrita en francés por donde se analiza en detalle y por extenso la obra de Paul Regnaud Origine et Philosophie du langage ou Principes de linguistique indo-européenne (París, 1888).
El proceso de transferencia se inicia en la reseña de Michel, profesor del Liceo de Lyon y autor de unas Notions elementaires de grammaire historique de la langue française publicadas en 1884, muy próximas a los postulados de Max Müller. La reseña había sido publicada un año antes en la revista pedagógica L’Instruction Primaire de París y traducida al español (brevemente anotada) por José M. B. Mareca, quien, además de profesor en el Liceo francés de Ages, fue colaborador ocasional en la Revista Contemporánea (). El trasvase, pues, se produce por vía de la prensa del magisterio y de educación francesa, un subgénero destinado a docentes y con un nivel de especialización en temas lingüísticos y objetivos similares a las principales cabeceras españolas, como la Revista de Instrucción Primaria (). Según las tipologías textuales en las redes dialogales de textos en prensa establecida por , este texto corresponde a una reseña crítica de obras sometidas a un proceso de circulación tomado desde las revistas extranjeras que aparecen en un momento en el que las publicaciones periódicas son muy numerosas y cambian sus sistemas de creación y producción de textos, de manera que
los editores tienen que recurrir a múltiples sistemas de relación hipertextual para la creación de contenidos por transformación o imitación [...] haciéndose frecuente la reproducción de textos literales, fragmentados, adaptados, etc., procedentes de otros periódicos o publicaciones, ya sea de la misma o de distinta época ().
En cuanto al autor del texto, Paul Regnaud (1838-1910) fue catedrático de sánscrito y gramática comparada en la Facultad de Letras de Lyon, aunque no está considerado como un lingüista de primera fila en Francia. Sin embargo, su Origine et Philosophie du langage destaca por ser un intento de aclarar los orígenes de la lengua y por la exposición pormenorizada de las cuatro principales doctrinas o teorías más discutidas en su momento sobre el origen del lenguaje: la del origen directamente revelado y divino, la de ser el lenguaje innato al hombre, la que lo considera una creación artificial o invención humana y la que postula un origen natural, con un desarrollo posterior de esta última a través de las hipótesis del grito, la onomatopeya y la interjección como primeras manifestaciones del lenguaje. La reseña que le dedica Michel sigue este esquema descriptivo y resume los postulados y objeciones de Regnaud a cada una de las teorías. Para exponerlo brevemente, Regnaud rechaza la idea de revelación divina, considerando que las lenguas se han desarrollado como las demás producciones de la naturaleza. También rechaza la inneidad del lenguaje en el hombre porque es imposible conformar esta hipótesis con las leyes de la naturaleza; esto es, no se puede considerar una brusca aparición del ser humano sobre la Tierra con todas sus facultades, entre ellas las lingüísticas, sino como un proceso en el que ha habido evolución. La teoría sobre la invención artificial del lenguaje es refutada también, ya que el lenguaje, afirma, se ha formado convencionalmente y es una conquista que la sociedad ha realizado por medio de la reflexión y el trabajo. Por último, la teoría aceptada por Regnaud es la naturalista, que comprende el origen de las palabras primitivas a partir del grito, como signo natural, su paso de signo particular al general, las interjecciones y las onomatopeyas. Frente a Max Müller, Regnaud considera que el uso de las onomatopeyas corresponde a una voluntad anterior y no posterior al lenguaje, al ser formaciones artificiales, reflexionadas y no primitivas. En cuanto a la defensa de las interjecciones, las considera como origen del lenguaje, una hipótesis muy difundida y aceptada en este momento. Tras estos preliminares se expone la teoría principal recogida en el Origine ou Philolophie du langage: el lenguaje se concibe como un organismo vivo, con un desarrollo propio y autónomo, pero influido por factores externos. Así pues, nace independientemente de la voluntad humana y evoluciona siguiendo leyes internas: «Las lenguas son organismos vivos y lo prueban modificándose y engrandeciéndose cada día». En cuanto al método empleado, el origen debe investigarse avanzando de lo conocido a lo desconocido mediante el análisis comparativo. En definitiva, el lenguaje se concibe como un ejercicio espontáneo de la facultad humana de hablar (como las demás facultades), cuya complejidad se desarrolla en paralelo con la historia psicológica y cultural de la humanidad.
La divulgación del Origine de Regnaud a través de extensas recensiones y resúmenes como los publicados en la Revista Contemporánea adquiere relevancia si se considera su influencia en González-Blanco o también en autores tan destacados como Fernando Araujo. Como demuestra , Araujo, en el primer capítulo de la segunda edición de su Gramática histórico-crítica de la lengua francesa (Madrid, 1891), toma como base el esquema expositivo de las principales teorías sobre el origen del lenguaje de la obra de Regnaud y realiza una síntesis adaptada a sus propios principios e ideas sobre el tema con el fin de suplir la ausencia de estudios de este tipo en España.
La secuencia es significativa: la publicación del libro de Regnaud en 1888; su temprana circulación en recensiones y extractos en la prensa pedagógica francesa de prestigio; la pronta circulación de estas reseñas traducidas en la prensa española a partir de 1890 y la posterior asimilación de sus ideas en los trabajos de divulgación para un público más general, como veremos en González Blanco, y en los estudios propiamente lingüísticos, como los de Araujo en 1891, insertas ya en el contexto de una obra especializada, evidencian el papel decisivo que tienen estos trabajos de mediación divulgativa.
4.4. El naturalismo lingüístico en el Congreso Literario de 1892
Con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América, entre octubre y noviembre de 1892 se celebró en Madrid el Congreso Literario Hispano-Americano organizado por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles bajo la presidencia de Gaspar Núñez de Arce. El tema del congreso fue el de la unidad lingüística de España e Hispanoamérica sobre la que, además, se produjeron distintos posicionamientos políticos, como han señalado . En la sección de Filología participó Carlos Soler y Arqués, cuya intervención con el título «Gramática Histórica» fue publicada en la revista tan solo unos días después de acabado el congreso (), antes incluso de que lo hiciera en las propias actas que aparecieron el año siguiente.
consideran que los congresistas presentaban una formación filológica escasa y «encajaban» en sus exposiciones ideas sobre la evolución de las lenguas o sobre el origen del lenguaje en las que aparecían «nombres de historicistas del siglo xix y de algunos tratadistas del lenguaje como Max Müller o Renan, más citados que leídos dentro de las fronteras peninsulares». El autor de esta ponencia, Carlos Soler (1836-1896), fue catedrático del instituto Cardenal Cisneros de Madrid desde 1888, se dedicó a los estudios lingüísticos e históricos y fue miembro de las academias de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas. Soler fue también autor de un diccionario bilingüe español-francés y de unas Lecciones de lengua francesa bajo un plan pedagógico y con base histórico comparativa (1895). Compaginó su tarea docente con la colaboración en la prensa en la que publicó artículos sociales, históricos, políticos, literarios y educativos, particularmente en la Revista Contemporánea, de la que fue una de las figuras fundamentales, y El Magisterio Español, donde plasmó sus preocupaciones pedagógicas sobre el sistema educativo de la Restauración y de la Ley Moyano (). Su interés por la filología y la lingüística histórica le llevan a defender en el Congreso Literario la exigencia indiscutible de elaborar una gramática histórica del castellano con una necesaria colaboración entre la filología tradicional como ciencia histórica dedicada al estudio crítico de textos, literaturas e instituciones y la lingüística, una «ciencia natural» encargada de estudiar la estructura del lenguaje, en particular la fonética y sus leyes evolutivas. Era el mismo proyecto de gramática histórica reclamada, como vimos, doce años antes por Sánchez Moguel. En su disertación, Soler reivindica el enfoque de la lingüística científica que concibe el lenguaje como un producto natural sujeto a leyes evolutivas comparable en su desarrollo a los procesos biológicos, y para ello se apoya en autores como Schleicher, Max Müller o Heise. Según , este despliegue bibliográfico respondía a la divulgación de concepciones lingüísticas de cuño naturalista, incluso darwinista, que realmente eran extrañas para la comunidad universitaria española del siglo xix, de modo que cuando Soler afirma que «el evolucionismo es un hecho» creen estos autores que debe entenderse más bien como muestra de la difusión de las ideas de la ciencia lingüística europea o de fórmulas más o menos de moda de corte historicista-naturalista que de su auténtica asimilación.
Al entrar en el siglo xx es cuando la revista va a acoger la aportación más ambiciosa sobre el tema del origen del lenguaje: el extenso ensayo que Edmundo González-Blanco publica en 1903 bajo el título «La lingüística como ciencia de la observación». Este trabajo tiene un lugar destacado en la revista, tanto por su amplitud como por su intención de reunir y reorganizar las tradiciones teóricas previas con un planteamiento interpretativo (pretendidamente) propio, como se examina a continuación. Podría formar parte, así, de los textos hasta ahora desconocidos que no han trascendido en la construcción del relato histórico de la lingüística hispánica similares a otros que difundieron sus producciones textuales en la prensa escrita más o menos perdidos entre estas fuentes efímeras ().
5. EDMUNDO GONZÁLEZ-BLANCO GUTIÉRREZ
Edmundo González-Blanco, quien también firmó sus obras con los seudónimos de Félix Arias y E. Moro de Luanco, nació en Luanco (Asturias) en 1877 y falleció en Madrid en 1938. Fue el mayor de los hermanos González-Blanco (): Pedro (1979‑1961), periodista, conferencista y traductor, vinculado con la masonería, Andrés (1886‑1924), crítico literario de gran prestigio y Dolores (1892‑1963), también escritora y maestra. Los tres hermanos varones fueron intelectuales destacados y públicos, de gran cultura y dominio de lenguas, y colaboradores habituales en la prensa periódica; además, estuvieron vinculados con la iniciativa editorial de Vicente Blasco Ibáñez y participaron en el Ateneo de Madrid y en las tertulias literarias en los inicios del siglo xx (). Se les ha considerado miembros de la Edad de Plata de la cultura y las letras españolas.
El carácter polifacético de Edmundo González-Blanco se revela en su extensísima producción como filósofo, traductor, periodista, ensayista y novelista. Los detalles biográficos más pormenorizados son recogidos por Españolito () en su obra dedicada a los escritores asturianos. Con una formación inicial en Teología y, posteriormente, en Filosofía y Letras en Madrid, tuvo que abandonar sus estudios tras el fallecimiento de su padre en 1895. En los años siguientes, durante el cumplimiento del servicio militar sufrió una serie de calamidades que provocaron su deserción y posterior consejo de guerra, por lo que fue condenado a prisión, un encierro en el que tuvo ocasión de ahondar en sus lecturas y dar comienzo a su vocación como novelista y ensayista. Cumplida su condena, en 1901 fijó su residencia en Luanco y desde este momento comienzan sus colaboraciones fijas en La España Moderna, dirigida por José Lázaro Galdiano, y en Nuestro Tiempo, por Salvador Canals. En esta última se encargará de una sección, «Crónica científico-filosófica», de variados contenidos culturales. En La España Moderna publicó ensayos filosóficos, históricos o sociológicos y contribuyó con traducciones y perfiles biográficos y políticos. A estas dos colaboraciones iniciales, pronto se sumó su intensa participación en otras revistas y periódicos de Madrid como Helios, Revista Ibérica, La lectura, Revista Critica, La República de las Letras, Heraldo, Faro, El Imparcial y la Revista Contemporánea (donde colaboraron también sus hermanos); con El Censor y La Voz de Avilés, El Noroeste, de Gijón o con Labor Nueva, de Barcelona, entre otras. En la revista Norte compartió la dirección con Antonio Camín.
Por su conocimiento de idiomas, como traductor favoreció la difusión de autores e ideas extranjeras en España, tanto de obras en inglés (Hume, Poe, Christie, De Quincey, Roosevelt, Stern) como del francés (Fouillé, Guizot, Renan, Stendhal, Rousseau), italiano (Croce, Machiavelli, Mussolini), alemán (Shopenhauer, Nietzsche, Marx, Mermer) y griego (fue el primer traductor de Los Evangelios Apócrifos). Su producción bibliográfica, recogida en , comprende trabajos de traducción sobre más de cuarenta autores extranjeros en estas lenguas y más de cincuenta obras propias entre narraciones, novelas, biografías, crítica literaria y antologías, obras teatrales y ensayos históricos, bélicos, sociopolíticos, sociológicos, filosóficos.
6. «LA LINGÜÍSTICA COMO CIENCIA DE LA OBSERVACIÓN» (1903)
6.1. Los antecedentes: Julio Cejador y Edmundo González-Blanco
En los primeros años del siglo xx Edmundo González-Blanco empieza a abrirse un horizonte en el panorama cultural de Madrid donde reside entre 1902 y finales de 1903. A estas fechas corresponde un conjunto de aportaciones sobre la obra de Julio Cejador y Frauca, en concreto, las reseñas de los dos primeros volúmenes de El lenguaje, sus transformaciones, su estructura, su unidad, su origen, su razón de ser, estudiados por medio de la comparación de las lenguas (, , ) y de un artículo sobre el autor titulado «Cejador y la ciencia del lenguaje» ().
El «descubrimiento» de González-Blanco de la obra de Cejador se produce fortuitamente por la búsqueda de materiales para la elaboración del ensayo lingüístico que nos ocupa y se encuentra, según sus palabras, con «el sabio español más competente en materia de filología», del que valora su talento como comparativista y sus estudios, que son en su opinión una contribución excepcional y poco común en la lingüística que, «en este país donde sobre asuntos lingüísticos se escribe poco ó nada, tiene un mérito y una oportunidad incuestionables» (). Llega a afirmar que desde los estudios del orientalista García Ayuso sobre el sánscrito «no hemos oído sobre el particular otras voces asiladas en la ciencia española, la cual quedó muda [...] sin que le volviese la gana de acometer nuevas empresas filológicas» ().
La figura de Julio Cejador y Frauca (1864-1927) fue muy controvertida y polémica tanto por su personalidad como por su propia obra. Filólogo, erudito, humanista y políglota conocedor de lenguas orientales ha ocupado un lugar poco destacado en la lingüística española (, , ) pese a contar con una amplísima producción que comprende una Historia de la lengua y la literatura castellana, diccionarios, gramáticas y métodos de aprendizaje de las lenguas clásicas, así como ediciones de autores clásicos, en particular estudios sobre Cervantes y ensayos lingüísticos. La marginación y el aislamiento de Cejador en el panorama de la filología se han justificado por ser sus estudios una demostración tardía del positivismo de la lingüística histórica y comparada del siglo xix, por el mantenimiento de sus preocupaciones sobre la naturaleza del lenguaje o de su propuesta del vasco como lengua primitiva original y por su enfrentamiento con la escuela filológica de Madrid en torno a Menéndez Pidal ().
En el primer volumen de El lenguaje, Introducción acerca de la lingüística, de sus principios y del material lingüístico (Salamanca, 1901), Cejador aborda esta materia como ciencia del lenguaje y expone la historia, la naturaleza de lenguaje, el estudio del origen y evolución de las lenguas y la lengua primitiva. En la primera reseña que le dedica ya manifiesta algunas discrepancias con Cejador sobre las diferencias entre los conceptos de filología y lingüística, anotando que es en la dimensión sociológica de la lingüística en la que reside su porvenir, esto es, en la Völkerpsychologie según los postulados de Wundt. No obstante, destaca que su defensa de la unidad primitiva del lenguaje lo sitúa frente al consenso científico del momento que abogaba por la pluralidad de familias lingüísticas irreductibles a esa unidad. Pese a todo, González-Blanco reconoce que son muestras de la valentía intelectual el uso del método comparativo junto con la observación de datos históricos, de la antropología y la reflexión filosófica que practica Cejador, así como el erudito análisis de la estructura de las lenguas, su clasificación y su evolución lingüística. Por último, discrepa abiertamente del tratamiento poco firme en torno al problema del origen del lenguaje en el que Cejador intenta conjugar el tradicionalismo bíblico y las teorías modernas, con lo «queda mal con éstas, criticando el empirismo de Grimm, y mal con aquél, llamando en su ayuda el idealismo de Renán».
Los fundamentos para el origen del estudio del habla se analizan en el segundo volumen de Cejador, Los gérmenes del lenguaje, estudio fisiológico y psicológico de las voces del lenguaje como base para la investigación de sus orígenes (Bilbao, 1902), del que González-Blanco realiza sendas reseñas en la Revista Contemporánea () y en La España Moderna (). Considera que el planteamiento de la obra «significa el principio de una nueva era para los estudios filológicos, hoy tan decaídos entre nosotros» (). Pero lo que le merece una valoración más positiva es el estudio de la fonética psicológica «por cuyo medio aclara en las distintas direcciones de la filología las importantes y recónditas leyes del fondo común de dichos idiomas» ().
La obra de Cejador produce en González-Blanco una franca admiración, como manifiesta en el artículo que le dedica ese mismo año en Nuestro Tiempo (), precisamente por su independencia y marginalidad frente al estudio de la lingüística en lo que llama «antros oficiales» de la ciencia internacional y la universitaria «rutinaria, vetusta, atrincherada en la secular muralla de la tradición y henchida de vanidad ridícula en su atraso», aunque su método comparativo lo haya conducido «á la tesis de la unidad de las lenguas por vía de investigación del lenguaje primitivo» (), esto es, a un monogenismo exagerado y a la descalificación del evolucionismo filológico. Insiste González-Blanco en que es indudable que las teorías poligenistas son las correctas y que Cejador «no debió reducir la cuestión del origen del lenguaje á la del origen común de las lenguas» ().
A través de estas reseñas críticas se deslizan datos suficientes para rastrear la génesis del tratado lingüístico de divulgación que preparaba y el impacto que supuso la obra de Cejador, sobre lo que insiste en varios lugares:
Andaba reuniendo materiales para componer un tratado lingüístico de vulgarización, cuando tuve la noticia de la existencia de la obra que acabo de citar [El lenguaje]. Sin por eso dejar de la mano el proyecto ―noble quizá, pero aventurado― de ser en España el indigno continuador del eminente y malogrado Ayuso, procuré dar con el libro del Sr. Cejador para ver cuál es la actual orientación española en asuntos filológicos y para orientarme yo mismo. ().
Es un modo de reforzar su propia posición situándose modestamente como un discípulo menor cuando afirma «Yo también soy lingüista, pobre lingüista, miserable lingüista» () o «Los límites de esta nota y el hecho de ser yo cultivador, aunque más modesto, de ese mismo género de estudios, me impiden extenderme» (). La deuda con Cejador es evidente en su texto, y así lo reconoce cuando afirma «es deber mío reconocer lo mucho que al Sr. Cejador debo en la parte empírica y en los detalles fonológicos» (), pero también que aporta contenidos originales sobre la finalidad del lenguaje o su dimensión «psico-genésica». El descubrimiento de El lenguaje, una obra sólida, en la que se presentaba una imagen actualizada de la lingüística como ciencia y de su historia desde la perspectiva de un lingüista de principios de siglo (), sin duda puso en peligro su propio proyecto por falta de solidez en su formación lingüística y, con notable sinceridad, admite que de haber conocido antes el tratado de Cejador no habría emprendido el suyo. González-Blanco se mueve entre la dependencia intelectual y el reconocimiento de sus propias limitaciones, pero se sitúa a sí mismo como un interlocutor válido en la filología española del momento, a la que se incorpora como no especialista, pero un no especialista que compensa sus carencias mediante su erudición bibliográfica y sus lecturas tanto de autoridades antiguas como modernas, con las que apoya sus argumentos y se prodiga en citas.
Un episodio final resulta revelador. A la muerte de Cejador, el 1 de enero de 1927, se publicaron pocas necrológicas, pero entre ellas se encuentra la que le dedica González-Blanco en La Esfera titulada «Un sabio menos» (). Con un tono que combina el homenaje y condescendencia, aprovecha para reivindicar su papel decisivo como valedor generoso y «único» crítico pionero en la difusión de sus obras: «Me enorgullezco de haber sido el primer escritor de nuestra Patria que descubrió á Julio Cejador». Contrapone así en aquellas fechas de principios de siglo su propio prestigio y el éxito que había alcanzado con apenas veinticuatro años con dos de sus obras y sus colaboraciones en La España Moderna y Nuestro Tiempo, con la situación de un Cejador aún desconocido a los treinta y siete en el comienzo de su carrera literaria. Con una perspectiva que combina la autopromoción y la reivindicación de Cejador, pone de manifiesto la fría recepción que, asegura, encontró el aragonés entre los universitarios y los ateneístas, quienes lo consideraban «extravagante y audaz» e incluso un «loco» por defender la unidad del idioma primitivo. Resulta significativo que no se mencione en absoluto en este punto cuánto aprovechó González-Blanco las obras de Cejador para la elaboración de su propio trabajo.
6.2. «La lingüística como ciencia de la observación»
La Revista Contemporánea recogió este ensayo durante el año 1903 en los tomos 126 y 127, con un total de 145 páginas que se cerraban con el rótulo «continuará». Publicado en siete entregas, la serie responde tanto a la estrategia de fragmentación señalada por , que dosifica el contenido y fideliza a los lectores mediante el «continuará» lingüístico, como al hecho de tratarse de un trabajo del que se encarga un profesional, en principio no especializado en estudios sobre lenguas, sino por su condición de intelectual que afronta el tema desde una reflexión personal. El modelo tipológico corresponde al de una obra lingüística publicada de forma seriada y parcial durante un año en varios volúmenes, lo que sugiere que la intención era la de difundir primero el contenido en prensa para, posteriormente, recopilarlo en una obra independiente según un patrón establecido (). Además, el proyecto era de largo alcance, ya que en el prefacio se anuncia como el primero de un conjunto de trabajos semejantes en antropología, etnografía y prehistoria.
La lingüística se presenta, así, como la primera parte de la obra completa (aunque en construcción), correspondiente al prefacio y al primer capítulo con el siguiente orden: Preliminar. Parte general. El lenguaje. Capítulo primero. Origen del lenguaje. § 1. Medios de comunicación de los seres inferiores. § 2. El grito animal. § 3. El canto de las aves. § 4. La voz humana. § 5. La escuela positivista y el origen del lenguaje. § 6. La escuela metafísica y el origen del lenguaje. (No hay § 7). § 8. La escuela teológica y el origen del lenguaje. § 9. Tradiciones sobre la confusión de las lenguas. § 10. La tradición diluviana. § 11. Tendencias al monogenismo en la filología moderna.
La distinción entre filología y lingüística, que ya había sido abordada en sus reseñas a Cejador, abre aquí la parte preliminar con la definición de Lingüística como la «ciencia de la facultad de hablar y de las creaciones sociales (idiomas) de que semejante facultad ha sido causa en el curso de la historia» () y declara que su estudio debe repartirse en dos secciones: una psicológica, analítica, limitada al lenguaje y otra sociológica, sintética, extendida a las lenguas: «No es mi ánimo en las páginas siguientes presentar el análisis de métodos, a mi ver, desorientados, no hacer su resumen; el método de la observación me parece el único admisible en lingüística» (), razón que justifica el título del trabajo.
En los cuatro primeros epígrafes, el autor desarrolla un recorrido progresivo desde los rumores del universo hasta la voz humana, describiendo todos los modos de manifestación del «lenguaje» a través de los sonidos de los seres inferiores del reino animal (§ 1), mostrando los estudios experimentales más actualizados sobre el tema. Aunque reconoce en estos lenguajes animales una capacidad de expresión psicológica o mecánica, concluye que no tienen conexión con los orígenes o «gérmenes» evolutivos del lenguaje articulado porque este surge y es producto del pensamiento. En el apartado dedicado al grito animal (§ 2), González-Blanco analiza su función en los animales superiores como una manifestación psico-física que ha sido interpretada como punto de partida del lenguaje, junto con la onomatopeya y la interjección, en el mismo orden que Regnaud. Examina los sonidos emitidos por diversas especies, tanto libres como enjauladas, y distingue entre sus expresiones individuales y las de comunicación social. También considera la cuestión de la cantidad, aludiendo a la supuesta capacidad de «contar» en garzas y ratas, y comparando estos comportamientos con los de los «salvajes», quienes presentarían idénticos atributos de inteligencia y sistemas de numeración, de manera que concluye que si el grito representa la primera fase del lenguaje en los animales y no hablan por su débil desarrollo cerebral, esto es predicable también para el «hombre primitivo». La dependencia de Cejador en la consideración de la concepción de los gritos como signos articulados en función de su grado de evolución en la escala animal es manifiesta, así como todo el epígrafe dedicado al canto de las aves (§ 3), en el que incorpora largas citas literales de Los gérmenes del lenguaje. También en este punto asume la postura de Cejador sobre la voz de los pájaros como lenguaje articulado y variado, pero no innato, avanzando que abordará esta teoría en § 8. Cierra este apartado con la descripción de lo que llama «fonología psicológica» en la descripción del lenguaje de los animales próxima al fonosimbolismo. Por último, al tratar la voz humana (§ 4), González-Blanco recurre a estudios antropológicos para abordar los distintos «tipos fonéticos» y los fenómenos que ofrecen en su gradación evolutiva. De este modo, sostiene que las articulaciones no son naturales ni por su necesidad ni por su universalidad, pero que de ello no se puede inferir que el lenguaje se hubiera formado al azar por adaptación externa. Por el contrario, afirma que es preciso admitir la existencia de un cierto número de tipos fonéticos, así como de una base filosófica fundada «en el poder expresivo y simbólico de las raíces y de las letras», marco en el cual cita a Leibniz, Müller, Grimm o Renan.
Los tres epígrafes siguientes están destinados al estudio de lo que juzga «los principales errores de las escuelas contemporáneas sobre el origen del lenguaje», comenzando por la positivista (§ 5), y en este caso también se hace evidente la dependencia de la disposición de los Origine de Regnaud. El autor mantiene que el estudio del origen sí es lícito si se aborda científicamente, como propone Regnaud, a pesar de la exclusión de su análisis en las corrientes filológicas modernas; sin embargo, denuncia lo que considera un abuso del darwinismo y de las hipótesis evolucionistas. A su juicio, estas teorías son «preconcebidas y aventuradas», en especial la idea de la «descendencia simiesca del género humano» entendida como un resultado psíquico y físico de evolución del reino animal. Rechaza, así, las hipótesis positivistas, que reduce a cuatro: las experiencias de Lambert, los ensayos de Garner, la teoría de Darwin que afirma que ciertas raíces lingüísticas actuales pueden reducirse a imitaciones, lo que califica como «extravagante», y el desarrollo darwinista por Romanes, que califica como plenamente evolucionista porque resuelve haber «confirmado por vía lingüística el origen simio del hombre». Frente a estas propuestas, la posición de González-Blanco es reivindicar la diferencia esencial entre el grito animal como expresión mecánica y el lenguaje humano articulado, apoyándose de nuevo en Grimm, Regnaud o Renan para refutar lo que llama «disparatadas concepciones del lenguaje» darwinistas. En definitiva, rechaza las tesis materialistas que defienden la falta de diferencias entre el lenguaje animal y el humano y del origen de carácter individual de este. Frente a estos postulados, González-Blanco defiende que la palabra y la frase nacen de la combinación consciente y premeditada de sonidos naturales con «nociones del espíritu», e impugna el mecanicismo evolucionista y materialista que, en su opinión, desvirtúa su idiosincrasia.
En el apartado dedicado a las teorías espiritualistas e idealistas (§ 5), el autor revisa los planteamientos filosóficos clásicos sobre el origen del lenguaje, en particular el Sofista y el Crátilo de Platón, estableciendo que los errores de esta concepción se han producido por una interpretación equívoca sobre el valor de la onomatopeya y la estrecha relación entre la palabra y el sonido. A partir de la confrontación con las ideas organicistas de Schlegel y Becker y, sobre todo, de los seguidores de Schleicher, quienes reducían la filología a una ciencia histórica y la lingüística a una ciencia natural, afirma que no se ha considerado que el lenguaje sí es un organismo, pero que «tiene la vida propia del ser humano». Frente a la idea del origen del lenguaje de Renan, que se apoya en una «revelación interna» (no divina), sitúa también las tesis de Müller, a quien objeta su concepción del origen de la palabra como «una cuestión de instinto», como una disposición natural e irresistible del ser humano a producir signos vocales como interjecciones y onomatopeyas. González-Blanco denuncia que ambos incurren en una especie de «espiritualismo» que denomina «misticismo idealista», que iguala con el misticismo tradicional y que, como este, tampoco explica la formación real del lenguaje. El autor defiende el criterio aplicable a las ciencias según el cual ningún organismo aparece completo desde el principio, de modo que el lenguaje se formaría como una serie de «capas superpuestas», utilizando el símil geológico, surgidas de la acción lenta del «espíritu de las razas».
La escuela teológica (§ 8) es, según el autor, el último «gran error» en el debate sobre el origen del lenguaje. Sus afirmaciones subrayan la vigencia del problema en la España de comienzos del siglo xx y justifican la gran extensión que le otorga a este apartado en su estudio:
No es para los extranjeros para quienes estoy gastando tanto tiempo en discutir las pretensiones de la escuela teológica, sino para los españoles, que todavía siguen considerando como impiedades los postulados más admitidos é irrefutables de la ciencia de las lenguas. En cualquier otra nación sería una verdadera ofensa á la cultura del lector dedicar tan largas digresiones a convencerle de que el lenguaje deriva en todo y por todo de la naturaleza humana. ().
Frente a la tesis teológica que considera el lenguaje como una institución divina revelada al hombre, el autor cita a Humboldt, Renan o Müller, y a sociólogos como Gumplowicz o Geiger, con quienes comparte, en síntesis, su concepción de la lengua como un producto social, colectivo y desarrollado lentamente, que ha sido adquirido no por cada individuo, sino como obra común. Además, concluye que el lenguaje es espontáneo e innato en el hombre, y la creación del lenguaje, inseparable de la sociedad humana y del trabajo intelectual de las comunidades, lo que constituye una evidencia bien asentada:
Escritores filológicos de todas especies, psicólogos, antropólogos, sociólogos, todos conocedores profundos del mecanismo de la inteligencia y de la unidad de la especie humana, han abandonado desde este punto de vista la opinión tradicional, buscando la justificación, universalidad y significación del lenguaje en las combinaciones que preparan, en la gran química social del espíritu colectivo, y según el genio de las razas, la complejidad y estructura de los idiomas. Se puede decir que este criterio tiene ya cierta carta de naturaleza en nuestra ciencia, y que solo unos pocos lingüistas atrabiliarios y desorientados siguen la corriente opuesta, por puro escepticismo. ().
En su argumentación sigue las refutaciones de Regnaud al principio teológico, a quien cita por extenso, a las que añade datos de la antropología prehistórica y demostraciones frenológicas. Con ello se justificaría «el estado salvaje del hombre primitivo» que haría imposible aceptar los postulados tradicionalistas que defendían la primitiva perfección del género humano para poder recibir la revelación y desarrollar un lenguaje completo. Por otro lado, tras examinar las teorías onomatopéyica, interjeccional, psiquista o «la pitecoidea de los naturalistas», mantiene que ninguna puede explicar la necesidad humana de manifestar las ideas como una propiedad espontánea del hombre. A partir de los postulados de Humboldt, Bopp y Schleicher, expone la jerarquización evolutiva de las lenguas en flexivas, aglutinantes y aislantes. También reproduce la escala que sitúa a las lenguas indoeuropeas como «las más perfectas de las lenguas, y la verdadera tradición simbólica del pensamiento humano», seguidas de las semíticas, dentro de la tradición comparatista que expone que «la historia de las lenguas es una serie no interrumpida de gradaciones semejantes á la que en el mundo orgánico nos muestra la ciencia natural». Finalmente, el autor reproduce extensamente citas de Cejador en sus argumentos favorables a las posturas científicas «sin ofender á la Divinidad» como justificación de que mantenerlas es posible también para los creyentes, entre los que él mismo se encuentra, siempre sujeto con respeto al dogma en su esencia. Con todo ello, frente a cualquier explicación sobrenatural sobre el origen del lenguaje religiosa o mitológica, González-Blanco mantiene que el lenguaje es espontáneo e innato al hombre, mientras que las lenguas son creaciones lentas, libres y reflexivas de la inteligencia humana.
La última parte del ensayo introduce la cuestión clave que se ha venido perfilando sobre la monogénesis del lenguaje y para ello organiza su examen desde el análisis de los relatos tradicionales y la mitología comparada, como la confusión de las lenguas (§ 9) y el Diluvio universal (§ 10), para continuar con la revisión de los sistemas científicos modernos que han tratado de explicar el origen común o diverso de las lenguas (§ 11).
Como señala , al menos en intenciones, González-Blanco aborda campos novedosos al declarar que tiene en cuenta los estudios orientales sobre antiguas civilizaciones (Simonet, Viscasillas, García Ayuso, Sánchez Calvo, Mendoza, Sales Ferré, Coroleu, Fernández de la Peña, Valbuena, etc.), así como los comentarios y conjeturas sobre los materiales lingüísticos de la arqueología, a los que se agregan datos de la mitología y del orientalismo.
El relato de Babel aparece en distintas culturas y literaturas y es posible encontrar un amplio repertorio de mitos y leyendas. González-Blanco analiza el pasaje del Génesis y la etimología de Babel, haciendo alarde de sus conocimientos orientalistas, pero concluye que el monogenismo que intenta apoyarse en el relato bíblico de la tradición diluviana (Génesis 6:8) que coincide con otras tradiciones presentes entre caldeos, indígenas americanos y otros testimonios de la antigüedad, parece otorgar una universalidad a este mito que ha hecho posible plantearlo como origen de la diversidad lingüística, pero que carece de fundamento científico.
En su contrargumentación a estos mitos se revisa la teoría de la antigua geología diluviana que intenta reconciliar la geología de la Tierra con la creencia literal en el diluvio universal y el catastrofismo del Diluvio universal contrapuestos a las investigaciones de Lyell en sus Principios de geología (1830‑33) y el principio de uniformismo que permite aceptar un proceso lento y gradual de los cambios y la existencia de diversos eventos catastróficos naturales ocasionales. El autor prefiere despojar de mitología el relato y sustituir la idea de dispersión de las lenguas tras el diluvio por el del concepto de emigración: «El Génesis, interpretado de una manera amplia y filosófica nos indica lo probable que es que el origen de los idiomas esté en el origen de las grandes migraciones de los pueblos y que estas tengan una fecha muy remota en la vida del género humano» () a partir de la cual las lenguas se diversificaron rápidamente «y dejaron a las razas marchar solas al frente de sus respectivos destinos» ().
El último apartado se ocupa del monogenismo en la filología moderna (§ 11). Para afrontar el problema, y como se había venido anunciando, considera que se trata de un problema filosófico más que propiamente lingüístico y, por tanto, alejado del modelo de estudio empírico, taxonómico y teórico propuesto por Renan. A partir de esta premisa ofrece un amplio panorama apoyado en numerosos estudios y abundantes citas sobre el desarrollo histórico de esta teoría con un desarrollo a la manera tradicional. Su explicación parte de la valoración del hebreo como lengua madre, pasando por «el primer periodo de la historia de movimiento monogenista de nuestra edad» que comienza en Leibniz y el método comparativo, hasta un estado de intermedio de poligénesis con la identificación de «numerosas lenguas madre» favorecido por aportaciones como el Catálogo de Hervás y Panduro o el proyecto de diccionario universal de Catalina II de Pallas. El descubrimiento del sánscrito y el estudio sistemático de las lenguas indoeuropeas y semíticas permitió fijar las grandes familias lingüísticas, mientras que el desarrollo de la etimología comparada reforzó la idea de un origen común del lenguaje. Por otra parte, expone los procesos de derivación etimológica, esto es, los vínculos entre la lingüística, las ciencias sociales, la etnografía y la antropología apoyados en factores como el clima y su función moldeadora de hábitos fonéticos, el propio carácter de los pueblos o los paralelos entre evolución social que se han utilizado para explicar las diferencias lingüísticas, subrayando «la importancia antropológica de la filología». Aunque González-Blanco concede valor a estas observaciones, insiste en que es necesario diferenciar entre lengua, pueblo, nación y raza, recordando que la ciencia actual ha avanzado en la distinción entre los fenómenos lingüísticos y raciales.
En las páginas finales González-Blanco avanza los rasgos de la doctrina poligenista entresacados de los estudios de Humboldt, Waitz e incluso Grimm, pero concluye que ninguno de los dos sistemas, monogénesis y poligénesis, puede demostrarse con rigor, ya que el origen de las lenguas y las razas humanas permanece fuera del alcance probatorio de la lingüística y de la antropología, y está limitado por su condición hipotética y general, con bases indirectas e insuficientes para la ciencia. De este modo, su reflexión concluye con la siguiente afirmación: «El origen de las razas es enteramente desconocido para nosotros; y en cuanto a su relación con los grupos de idiomas respectivos, está envuelta en tinieblas no menos densas» (). El texto se cierra con un «continuará».
En definitiva, la aportación de González-Blanco fue un intento muy ambicioso, aunque finalmente truncado, que constituye un caso excepcional dentro de la Revista Contemporánea, ya que el tratamiento del origen del lenguaje no había recibido antes una atención tan extensa y sistemática en sus páginas por parte de un autor español que, además, no era un profesional de la lingüística y que abordó este ensayo desde el acopio de lecturas, muchas de ellas en su lengua original, y con el bagaje de su formación en teología y filosofía.
Sin embargo, no es posible determinar con certeza las causas por las que se abandonó la publicación por entregas. El propio González-Blanco había anunciado su finalización en tres o cuatro años, pero también insinuó motivos personales como la falta de salud, de medios o el escaso apoyo de las instituciones que podrían impedir que siguiera desarrollando las tesis poligenistas en capítulos posteriores. Por otro lado, desde un punto de vista divulgativo, «La lingüística como ciencia de la observación» destaca por la organización de los materiales compilados sobre el tema de los autores más destacados de la filología y la lingüística europea contemporánea, aunque puede percibirse su apoyo en fuentes directas, como son Cejador y Regnaud. Hay que destacar también la densidad de la bibliografía, que está compuesta por alrededor de doscientas citas a obras y autores, algunas en su lengua original, de obras de filología y lingüística, pero también de antropología, psicología, ciencias naturales, exégesis bíblica y orientalismo. Su exposición resulta en ocasiones excesivamente argumentativa y algo farragosa, lo que pudo limitar su impacto entre los lectores; sin embargo, no es posible negar el valor que tiene como testimonio de la recepción y la discusión de la gran polémica sobre el origen del lenguaje en el contexto español dentro de un marco divulgativo como era la prensa cultural.
La última ocasión en la que el autor se aproxima al tema del origen del lenguaje () lo hace en un artículo-reseña titulado «De la irreductibilidad de las lenguas» a través de una extensa crítica sistemática del monogenismo lingüístico defendido por Cejador en el tercer volumen de El lenguaje, Embriogenia del lenguaje; su estructura y formación primitivas, sacadas del estudio comparativo de los elementos demostrativos de las lenguas (Madrid 1894). En esta ocasión, se manifiesta absolutamente discrepante con Cejador tanto metodológica como conceptualmente, ya que para González-Blanco la historia demuestra que la diversidad lingüística es anterior a la uniformidad, por eso declara que «el monogenismo lingüístico de Cejador es un sistema tan brillante como ficticio» (), porque ni la lingüística comparada ni la antropología pueden probar la unidad del origen de las razas humanas ni de las lenguas, y lo defiende con los mismos argumentos que ya había aportado en «La lingüística como ciencia de la observación».
7. CONCLUSIONES
En el año 1907 aparece un último trabajo con el que se zanjaba el tema del estudio del origen del lenguaje en la Revista Contemporánea, ya que sostenía que la investigación sobre la lengua primitiva y las lenguas universales carecía de fundamento racional y era ajena a la observación y al empirismo y, por lo tanto, debía abandonarse definitivamente como tema de debate científico.
El artículo que defiende este presupuesto se debe a y presenta el explicito título de «La vida de las lenguas». Antonio Balbín de Unquera (Madrid, 1842-1919), polígrafo, periodista y uno de los grandes polígrafos españoles de su tiempo (), se inscribe también, como vimos en el caso de Soler, en la corriente naturalista de la lingüística española de la segunda mitad del siglo xix que concebía las lenguas como organismos vivos sometidos a las leyes biológicas. Esta orientación, influida por autores como Schleicher y, fundamentalmente por los naturalistas franceses como Hovelacque, tuvo en España según su principal representante en Antonio de la Calle. Balbín de Unquera desarrolla esta perspectiva mediante analogías tomadas de las ciencias naturales y describe el nacimiento, crecimiento, dispersión, mantenimiento, hibridación, escisión, enfermedad (lo que llama «patología lingüística»), parentesco y muerte de las lenguas. Desde este marco, considera que el estudio de la lengua primitiva es comparable a otros problemas irresolubles como «la cuadratura del círculo», de manera que en su análisis centrará su atención en el origen de las lenguas derivadas de las que ofrece una clasificación según modelos naturalistas en órdenes, clases, familias, géneros y especies, y cuya evolución explica señalando la ausencia de «eslabones intermedios» por la ausencia de testimonios escritos.
Después de este número, la Revista Contemporánea dejó de publicarse, pero el recorrido que se ha mostrado ayuda a entender mejor el modo en el que se fueron incorporando y difundiendo los debates sobre el origen del lenguaje en esta prensa cultural española entre el siglo xix y los primeros años del xx. La Revista Contemporánea ofreció a sus lectores un espacio en el que convivieron las nuevas teorías lingüísticas que llegaban desde distintos ámbitos de la filología y la lingüística europeas y las diferentes formas de interpretarlas. También acogió la propuesta de Edmundo González-Blanco, en forma de «tratado lingüístico de vulgarización» por entregas, en un intento de acercar al público un tema tan complejo como los orígenes del lenguaje, un texto que pone de relieve un episodio menor y apenas atendido dentro de la historia de la reflexión lingüística en la prensa española.
FINANCIACIÓN
Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto LinPePrensa II. La lengua y su enseñanza en la prensa española: de la ley Moyano al fin de la II República (1857-1939) (MINECO, Gobierno de España, convocatoria 2021. Ref. PID2021-126116NB-100).
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Cejador y Frauca, Julio (1901-1914): El lenguaje. Sus transformaciones, su estructura, su unidad, su origen, su razón de ser, estudiados por medio de la comparación de las lenguas. Tomo I: El lenguaje. Introducción acerca de la lingüística, de sus principios y del material lingüístico. Salamanca 1901. Tomo II: Los gérmenes del lenguaje. Estudio fisiológico y psicológico de las voces del lenguaje como base para la investigación de sus orígenes. Bilbao 1902. Tomo III. Embriogenia del lenguaje. Su estructura y formación primitivas, sacadas del estudio comparativo de los elementos demostrativos de las lenguas. Madrid 1904.
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Notas
[1] José de Cárdenas, además de su fundador y director, como propietario fue el sostén económico de la revista (). Para una semblanza, puede verse la «Necrológica: Excmo. Sr. D. José de Cárdenas» por La Redacción publicada en la propia Revista Contemporánea (tomo 134, mayo 1907, 513-7).
[2] Recordemos que la primera noticia en España sobre la nueva corriente es el artículo anónimo citado por «Gramática comparada de los idiomas sánskrito, zend, griego, latín, lituano, gótico, alemán y eslavo», una reseña de la traducción inglesa de la gramática comparada de Bopp (1833‑1852) publicada en El Eco Literario de Europa 2, 1851, 182‑225 (vid.).
[3] Sobre la primera cátedra de sánscrito creada en España en 1877 dice Sánchez Moguel: «En la Cátedra de indoeuropeo está Rivero, es de creer que el profesor titular ha de difundir entre nosotros tan útil y fecunda enseñanza». Como expone , esta cátedra se adjudicó directamente a Francisco M. Rivero Godoy para evitar que la ocupara García Ayuso. Rivero, que era diplomático, no llegó a tomar posesión y la cátedra pasó por una serie de desafortunados avatares en los años siguientes que dejaron sin efecto cualquier transcendencia en estos estudios en la universidad española.
[4] En se puede consultar la valoración de estos artículos dedicados a la antropología en la Revista Contemporánea.
[5] Para profundizar sobre el darwinismo social y la filología en la prensa decimonónica española, se puede ver el trabajo de .
[6] En hay un listado de sus publicaciones. Su vinculación con la revista queda recogida en su necrológica (Revista Contemporánea, tomo 102, abril-mayo-junio 1896, 5‑8).
[7] Entre estas numerosas obras, la crítica ha destacado algunos ensayos de talante marcadamente antifeminista en los que se ofrece una justificación, a partir de presupuestos científicos fisiológicos, funcionales y morales, de la subordinación e incapacidad mental de la mujer ().
[8] Se trata de una obra en 12 volúmenes publicados entre 1901 y 1914 que han sido estudiados por . Los tres primeros tienen interés para la historiografía lingüística por su exposición sobre la naturaleza del lenguaje, la historia de la lingüística, el origen del lenguaje y del idioma primitivo. Los nueve restantes son un Tesoro de la lengua castellana.
[9] Cejador preparó una segunda edición de este tomo que se publicó en 1911 con el título Introducción a la Ciencia del Lenguaje. También firmará González-Blanco (1895) una extensa crítica al tercer volumen de El lenguaje, Embriogenia del lenguaje; su estructura y formación primitivas, sacadas del estudio comparativo de los elementos demostrativos de las lenguas (Madrid, 1894). Según la valoración de : «En este tomo, por medio del método inductivo (de ahí lo farragoso de su lectura, plagado como está de ejemplos y datos de las diferentes lenguas) es donde Cejador llega a sus conclusiones sobre la teoría del origen del lenguaje: defiende la unidad originaria de la lengua primitiva y que ésta es el euskera, del que derivarían las demás lenguas del mundo (de hecho, el autor hace gala de ejemplificar su teoría no sólo con todas las familias lingüísticas, sino en general con casi todas las lenguas conocidas y estudiadas en cada familia».
[10] Se refiere a Democracia y Clericalismo: estudios de política aplicada (Madrid 1901) y Las iglesias y el Estado: cuestiones de Derecho social (Madrid 1902). La crítica del momento ponderó sobre todo la perspectiva social y filosófica de sus escritos, su vasta cultura teológica y su independencia de criterio desde su fe cristiana. Ver más adelante su valoración de las teorías teológicas sobre el origen del lenguaje y los mitos bíblicos.
[11] La publicación tampoco pasó desapercibida para Cejador quien en su artículo «Estudio del castellano» publicado en Cabos sueltos (), junto con otras publicaciones recientes sobre el tema, se refiere a González-Blanco con un símil taurino no exento de ironía: «El Sr. Alemany acaba de publicar un compendio muy á propósito para que el público se vaya enterando en la faena que ha de verificarse acá abajo en el coso [Se refiere al Estudio elemental de gramática histórica de la lengua castellana, 1902]. Pues digo, y lo que promete aquel otro de vistoso y variado plumaje sobre chispeante casco, cuyo corcel caracolea que no se da manos el caballero á sujetar tan fogoso bruto: por las señas es D. Edmundo González-Blanco, autor de un artículo acerca del lenguaje en la “España Moderna”, que parece va á ser el primero de una gran obra de Lingüística general». (La cursiva es nuestra).
[12] En su exposición, González-Blanco expone los conocimientos que se tienen sobre los sonidos de múltiples especies comenzando con los crustáceos, cuyas emisiones han sido recogidas por los experimentos de Helmholtz, los moluscos, según las experiencias de Darwin con caracoles, los insectos, los arácnidos y otros grupos, y revisa los datos biológicos y las observaciones experimentales para percibir los «gritos» de estos seres inferiores incluso con medios tan sofisticados para estas fechas como el micrófono.
[13] Se refiere a las restricciones impuestas por la Sociedad de Lingüística de París, la cual vetó en sus estatutos en 1866 la admisión comunicaciones o memorias en las que se discutiera sobre los orígenes del lenguaje, alegando que carecían de base científica sólida y eran meramente especulativas.
[14] En contra de esta opinión se sitúa la afirmación de que el lenguaje se adquiere, que viene acompañada en el texto por una extensa cita de las Lectures on the Science of Language (1866) de Max Müller.
[15] Litvak añade a estas referencias otros artículos de este mismo año de González-Blanco en los que se ataca el acercamiento de Ernest Renan a la lingüística por no contar con el comparativismo (). De hecho, el autor afirma que Renan resucitó «las fantasías filológicas de Schlegel, plagiando al simbolista alemán sus dos tesis capitales: a) que el origen del lenguaje estuvo en una revelación interior que se hizo el hombre á sí mismo; b) que su evolución se produjo, no por yuxtaposición ó adición exterior de sonidos, sino por introsuscepción ó modificación interna de sus voces». Además, González-Blanco critica que Renan mantuviera «esa famosa y tan discutida teoría conocida en Filosofía de la Historia con el nombre de teoría de las razas». Del conocimiento sobre este autor da cuenta el hecho de que González-Blanco fuera el traductor de la tesis doctoral de Renan, Averroes y el averroísmo: ensayo histórico, publicada en Valencia en 1910(?).


