1. INTRODUCCIÓN
«Para que en los reynos de las Indias, islas adyacentes y de Filipinas, se pongan en practica y observen los medios que se refieren y ha propuesto el arzobispo de Mexico, a fin de conseguir que se destierren los diferentes Idiomas de que se usa en aquellos Dominios, y solo se hable el Castellano» (apudVelasco Ceballos 1945: 81). Estas palabras, que pueden leerse en la Real Orden del 10 de mayo de 1770, dictada por Carlos III en Aranjuez, suponen un punto de inflexión en la política lingüística de los monarcas españoles respecto de las lenguas indígenas (cfr.Velasco Ceballos 1945, Tanck de Estrada 1994, 1999, Rospide 1995, Rivas Zancarrón 2021, 2023, Mühlschlegel 2025). Esta ordenanza propició, sin duda, un cambio de actitud ante la lengua vehicular en América, aunque los motivos que la pergeñaron no hay que atribuirlos a un pensamiento caprichoso o estratégico del rey, sino a diversos condicionantes de carácter sociopolítico que pululaban en el ambiente de la época. De hecho, la sanción de la Real Orden expuesta anteriormente se justificaba en la adenda posterior, en donde se presentaba al entonces arzobispo de México, Francisco Antonio de Lorenzana, como factótum e ideólogo de la ley:
Por quanto el Muy reverendo Arzobispo de México me ha representado, en Carta de veinte y cinco de Junio del año próximo pasado, que desde que en los vastos Dominios de la América se propago la Fe Catholica, todo mi desvelo, y el de los señores reyes, mis gloriosos predecesores, y de mi Consejo de las Indias, ha sido publicar Leyes, y dirigir Reales Cedulas a los Virreyes, y Prelados diocesanos, a fin de que se instruya a los indios en los Dogmas de nuestra Religión en Castellano, y se les enseñe a leer, y escribir en este Idioma, que se debe estender, y hacer único, y universal en los mismos Dominios, por ser el propio de los Monarcas, y conquistadores [...]
[...] que cada uno en la parte que respectivamente le tocare, guarden, cumplan y executen, y hagan guardar, cumplir, y executar puntual, y efectivamente la enunciada mi real resolución, disponiendo, que desde luego se pongan en practica, y observen los medios, que van expresados, y ha propuesto el mencionado muy reverendo Arzobispo de México, para que de una vez se llegue a conseguir el que se extingan los diferentes idiomas, de que se usa en los mismos dominios, y solo se hable el Castellano como esta mandado por repetidas Leyes Reales Cedulas, y ordenes expedidas en el asunto, estando advertidos de que en los parages en que se hallen inconvenientes en su practica deberán representármelo con justificación, a fin de que en su inteligencia, resuelva lo que fuere de mi Real agrado, por ser assi mi voluntad. Fecha en Aranjuez a diez de Mayo de mil setecientos setenta. (apudVelasco Ceballos 1945: 81)
Este giro en la política lingüística imperial fue, efectivamente, incitado por Lorenzana, que llegó a tierras de la Nueva España en 1766 y las abandonó poco después de dictada la Real Cédula. Lo interesante de esta prohibición es que, en realidad, viene a instaurarse, a pesar del desinterés manifiesto del monarca por estos asuntos y a pesar también del respeto y cariño que mostró el arzobispo a las lenguas indígenas en su llegada a las tierras del actual México, pues no solo fomentó su estudio en los primeros momentos de su estancia, sino que también era conocido el apoyo que les dio, hecho este que queda plasmado, entre otros documentos, en un prólogo escrito por él en 1767 con motivo de la publicación de Noticia de la lengua huasteca de Carlos de Tapia Zenteno:
Mas hà de quarenta años, que para mi enseñanza escribí este papel; y mas hà de veinte que se expidieron en varias Curias las licencias necesarias (como consta en las datas) para su impression, que por sus costos se ha detenido, hasta que el vigilantissimo pastoral del Ilmo. Sr. D. Francisco Antonio Lorenzana, Meritissimo Arzobispo de esta Metropolitana Diocessi, que en solos cinco meses, que logramos, y admiramos el fructo de su indefessa aplicación al bien espiritual de sus Ovejas, ha hecho tan alta idéa de la necesidad de cada una, y de criarles Ministros idoneos para su educación, y doctina, y particularmente de esta Nacion Huasteca, que se dignó de mandar imprimir a sus expensas esta Noticia (apudMühlschlegel 2025: 119).
Sin duda, este vuelco ideológico de Lorenzana, ahora contra las lenguas vernáculas, debió haberse motivado por las luchas de poder que evidenciaban algunas órdenes religiosas y, muy especialmente, los jesuitas. Estos últimos, que habían sido involucrados como principales sospechosos de motines antigubernamentales acontecidos en esos años en España, acabaron incriminados por la fiscalía del Consejo de Castilla y expulsados de tierras españolas y americanas en 1767.
Este pequeño excurso introductorio justificará, en cierto modo, el hilo conductor de este trabajo, pues, de un lado, contextualiza social y políticamente la instauración de un sistema pedagógico como el lancasteriano en tierras españolas y americanas, y, de otro, da a conocer cuáles son los condicionantes que motivaron o propiciaron su desarrollo. Con objeto de dar cuenta de los fenómenos sociopolíticos que permitieron la introducción y pervivencia de este método didáctico, nos serviremos esencialmente de fuentes documentales ligadas a los espacios de opinión pública, pues es aquí donde puede trazarse con más claridad la evolución y pervivencia del método y analizar las causas de su mudanza y asentamiento en las estructuras educativas del Estado, así como las repercusiones que tuvo su introducción desde una perspectiva sociolingüística.
Aclaradas las fuentes de donde parte este estudio, nos planteamos con él varios objetivos: (1) estudiar los condicionamientos sociopolíticos que influyeron en el desarrollo y triunfo de determinados métodos pedagógicos destinados a la enseñanza de las primeras letras, (2) concienciarnos de la importancia de los canales de opinión pública en la adopción o rechazo de los distintos sistemas enfocados en el aprendizaje lingüístico de los ciudadanos de un determinado territorio, (3) evaluar la importancia de los métodos pedagógicos en la enseñanza de las primeras letras y en la evolución de las ideas gramaticales en un espacio geográfico concreto y en un periodo determinado, (4) reforzar la necesidad de los estudios epihistoriográficos, que proceden, como aquí, de fuentes marginales, para afinar la causa por la que triunfan unas ideas lingüísticas y no otras, y 5. observar cómo fluctúa y se aceptan normas lingüísticas de manera subliminar desde los presupuestos de uno de los modelos pedagógicos de mayor éxito para la enseñanza de las primeras letras en el español de sus diferentes espacios geográficos: el sistema lancasteriano.
Estos objetivos ponen en conexión diversos aspectos del acto de habla virtualizado en el castellano de una época y en lugares concretos a partir de una dimensión sociopolítica ―traslucida en los diferentes documentos de opinión―, y que impregnarán el componente actitudinal hacia la modalidad de castellano usado y sobre cómo debe enseñarse este. En esta ocasión, resaltaremos la importancia del método de Joseph Lancaster en las escuelas de enseñanza primaria de la Nueva España, a la vez que analizaremos el porqué de su introducción y las repercusiones de su aplicación, pervivencia o rechazo. Con objeto de introducir el tema de este estudio, hemos avanzado la importancia sociopolítica de la Real Cédula de Carlos III de 10 de mayo de 1770, pero será necesario también informar previamente sobre el origen del método lancasteriano y las razones de su aplicación en los diferentes espacios en los que se extendió.
2. EL MÉTODO PEDAGÓGICO DE JOSEPH LANCASTER: ORIGEN Y MOTIVOS PARA SU APLICACIÓN EN LOS DIFERENTES ESPACIOS GEOGRÁFICOS DEL CASTELLANO
Cualquier pedagogo que se haya acercado a la investigación de los distintos métodos de enseñanza conoce la importancia que tuvo el modelo lancasteriano y las huellas que ha dejado en la escuela actual. Más difícil es, quizá, comprender las razones de carácter sociolingüístico que influyeron para que este se instaurara con éxito en diversos espacios geográficos, y de las que daremos cuenta en este trabajo.
Joseph Lancaster fue un religioso cuáquero nacido a finales del siglo xviii, que, sirviéndose de las enseñanzas del Dr. Bell, logró extender por el mundo una manera de enseñar, cuya máxima educativa más sorprendente era convertir a alumnos aventajados en monitores y, a la vez, seguidores de la actividad de aprendizaje de otros compañeros. Esta peculiaridad motivó que a esta práctica educativa se le conociera también por el nombre de «enseñanza mutua».
Un detalle importante que habla del éxito de este método es el contexto socioeconómico en el que acontece y que explica el porqué de su uso en la India por el Dr. Bell. La idea era, esencialmente, enseñar a leer y escribir a un gran número de niños procedentes de ambientes con padres de escasos recursos, pues la utilización de material humano no remunerado abarataba los costes de enseñanza y facilitaba la escolarización sin excusas. No es de sorprender, pues, que la primera escuela de Joseph Lancaster fuera abierta en el barrio industrial londinense de Borough Road, habitado fundamentalmente por familias pobres. La apertura de este colegio se hizo en 1798 y, como las necesidades materiales de la zona eran muy visibles, Lancaster se vio obligado a reducir gastos en los materiales didácticos, lo que le llevó a agudizar su imaginación elaborando planchas de papel pegadas en cartones, sobre las que se pintaban letras o palabras y que, a su vez, se colgaban en las paredes del aula de forma estable. La gran demanda de aprendientes obligaba también a servirse de alumnos más preparados, que actuaban como monitores (o decuriones en México), hecho este que reducía considerablemente el número de maestros y permitía el funcionamiento de la escuela sin mucho gasto. Lancaster fomentó también un sistema de suscripciones para mantener su institución educativa, que consistía en el pago de unas cuotas básicas con las que se garantizaba su funcionamiento regular.
Algunos autores señalan, no obstante, que el método lancasteriano no partía de una idea original de su presunto creador, ya que su esqueleto ideológico estaba presente en el funcionamiento de escuelas francesas anteriores a Lancaster. Se cree que Harbault lo utilizó en 1747 en el hospicio de la Piedad o que el abate Gaultier lo usó en Londres en 1792, antes incluso de que Bell lo llevara a la India (cfr. Buisson 1911). Hay que recordar también que otros pedagogos como Pestalozzi (1889: 9) ya se aventuraron a idear formas de abaratar los costes educativos con las ideas que luego propuso Lancaster, sobre todo la que atendía al uso de monitores: «Como no tenía colaborador alguno, colocaba al niño más capaz entre dos que lo eran menos; aquel los cogía con ambas manos, les decía lo que sabía y estos aprendían a repetir lo que no conocían».
Algunos autores como García y Barbarín (1903) advirtieron ya que ni a Bell ni a Lancaster podría atribuírseles la originalidad de sus planteamientos pedagógicos, pues él mismo deja constancia de modelos parecidos en el siglo xvi, y en tierras españolas. Parece que se sirvió de ideas parecidas el afamado calígrafo Juan de la Cuesta en 1589 o el fraile extremeño Juan de Plasencia. Posteriormente, en el siglo xvii, se ensayaron métodos parecidos por los sacerdotes escolapios y por el jesuita Lorenzo Ortiz. Y sea cual fuere la procedencia ideológica, lo cierto es que el resorte que hace saltar el engranaje del modelo es siempre un entorno socioeconómico concreto, pues como señalan Carreño & Colmenar Orzaes (2013: 614), la coyuntura que lo pone en práctica es siempre la misma: «aumento inusitado de una población infantil pobre y sin recursos para pagarse la educación, escasez de maestros, avance de la industrialización y de la técnica que empieza a exigir una mano de obra más cualificada que la del analfabeto». Téngase en cuenta, pues, este factor para comprender el porqué del éxito de las ideas lancasterianas en tierras americanas, y después de dictada la Real Orden de Carlos III (1770) sobre la prohibición del uso de las lenguas indígenas: el proyecto ilustrado de la época abrazaba la máxima de que la educación llegara al mayor número de personas y que esta se llevara a cabo en una lengua de alcance general como el castellano.
A pesar de que la puesta en práctica de las enseñanzas lancasterianas fue iniciada por su autor en los últimos años del siglo xviii, no fue hasta 1803 cuando Joseph Lancaster dejó por escrito sus ideas en el libro Improvements in Education, as it Respects the Industrious Classes, of the Community Containing, Among other Important Particulars. Lo interesante de esta obra fue no tanto su despliegue de ideas pedagógicas, sino la adaptación que experimentarían sus contenidos en los distintos lugares en los que se aplicaría el modelo, y de acuerdo al contexto socioeconómico y político del espacio geográfico concreto. Así, por ejemplo, en España, en donde la popularidad del libro se evidencia por las reseñas aparecidas en prensa o por sus traducciones, el contexto social de adaptación no fue el mismo que en la Inglaterra de la época, pues aquí el proceso de industrialización experimentado por el país activaba las bondades del modelo, en tanto que en la Península se fomentó por los principios de las ideas liberales, en donde la educación pública empezó a ser contemplada como una necesidad imperiosa. De hecho, aunque el método era conocido de antes, Madrid no ve creada su primera escuela lancasteriana hasta 1819, y lo hace, curiosamente, bajo el reinado de Fernando VII, que lo contempló como beneficioso para educar a soldados y militares. En el Trienio Liberal se impulsa aún más el método y, paradójicamente, lo revierte nuevamente Fernando VII tras su regreso debido a su encontrada relación con ideas liberales.
En América, como veremos, se reseñan las bondades de un modelo parecido en la prensa desde finales del siglo xviii y se resaltarán o se rechazarán sus beneficios en función del contexto sociopolítico imperante. Era de esperar, pues, que, durante el Trienio Liberal español, se mirara con buenos ojos también en el continente americano, pues estas escuelas se asociaron ideológicamente con los procesos independentistas acontecidos en estas tierras. Se sabe que el suelo americano conoció las primeras escuelas lancasterianas en las Provincias Unidas del Río de la Plata, aunque hay constancia de que en 1815 funcionaban instituciones educativas con estas ideas en Montevideo. Igualmente, la prensa recoge cómo James Thomson, el afamado poeta y dramaturgo escocés, llegó a Buenos Aires en 1819 y cómo él consiguió que el sistema de Lancaster calara en las escuelas públicas del lugar y que se fundara la primera institución educativa. Dos años más tarde ya funcionarían aquí ocho escuelas más. En 1822, el ministro Bernardino Rivadavia obligó a usar el método en las escuelas públicas y privadas de Buenos Aires.
También los diferentes canales de opinión pública americanos ejercieron de testigos de la presencia de Joseph Lancaster por América, sobre todo, a partir de 1818. La promoción que realizó el autor de su método fue tremendamente efectiva y sus continuos halagos en la prensa favorecieron la creación de colegios fundamentados en sus principios.
James Thomson, aval del método, no solo visitó Montevideo para promocionarlo, sino que fue invitado a Chile por O’Higgins en 1821. Su estancia allí fue enormemente productiva, a tenor de las cinco escuelas de enseñanza mutua que se fundaron en Santiago, Valparaíso y Coquimbo, razón por la que se le concedió al poeta la nacionalidad chilena. Un año más tarde, se fundó en Santiago la Sociedad Lancasteriana y, a pesar del exilio de O’Higgins en Perú, los colegios seguían funcionando bajo los mismos principios, que fueron de obligado cumplimiento para los educadores. Las capacidades de convencimiento de Thomson eran tan grandes que Perú solicitó también sus servicios en 1822 para explicar el modelo, a instancias de San Martín, aunque un año antes, y tras la fundación de la Biblioteca Nacional, el prócer peruano ya había propuesto una renovación del sistema educativo amparándose en las enseñanzas de Lancaster. Perú abre en Lima la primera escuela monitorial poco después de que San Martín saliera del país. Hasta 1824 permaneció Thomson en Perú alabando las virtudes del sistema lancasteriano, pero dada su condición religiosa de origen protestante, levantó suspicacias entre las clases más conservadoras peruanas; sin embargo, estas dudas fueron apaciguadas por el presbítero José Francisco Navarrete, quien apoyó la implementación de escuelas de enseñanza mutua.
Cuando Bolívar entró en Perú en 1823, con Thomson en el país, no cambió la situación pedagógica, pese a las posturas encontradas con San Martín. La decisión del mantenimiento de estas ideas se debía a que el mismo Bolívar conoció personalmente en 1810 a Lancaster en Londres, a quien halagaba su compromiso con las ideas liberales e independentistas, siempre a favor de la educación del pueblo. En 1824, se fundó en Santa Rosa de Ocopa, en Junín, una escuela lancasteriana y se estableció otra en Huánuco, bajo la supervisión de Navarrete. Un hecho que debe tenerse en consideración es que, a pesar de que en la costa peruana la enseñanza se desarrollaba en castellano, en la sierra se desarrollaba en diferentes lenguas indígenas (quechua y aymara, fundamentalmente). Los cambios políticos no afectaron mucho al mantenimiento del sistema pedagógico, pues el modelo lancasteriano pervivió, a pesar del retorno de Bolívar a Gran Colombia en 1826 y la asunción del gobierno por parte de Santa Cruz, cuyo ministro, José María de Pando, firmó en 1827 un documento en el que se fomentaba la creación de escuelas bajo los principios lancasterianos.
Y quizás por razones sociopolíticas fue en México donde más perduró el sistema de Lancaster, que se mantuvo hasta finales del siglo xix, cuando el porfiriato acabó con la sociedad que amparaba su método, creada en 1822 durante el I Imperio. Carreño & Colmenar Orzaes (2013) aventuran los gastos bélicos constantes de México como razón para primar en las escuelas el modelo lancasteriano, pues este presuponía escasos costes y las arcas no estaban para desviar fondos hacia la educación. Fue durante el porfiriato cuando la enseñanza mutua se eliminó por su implicación con contenidos religiosos, ya que sus cartillas se servían de la Biblia como texto educativo y este hecho chocaba con el proceso de secularización que sufrió el país a partir de 1869, fecha en la que se elimina la doctrina cristiana de los sistemas de enseñanza.
Como vemos, los condicionantes que introdujeron, mantuvieron o rechazaron el sistema lancasteriano fueron múltiples y variados: en Hispanoamérica, fue favorecido por los problemas económicos de las nuevas repúblicas y sus ideas de modernización política, basadas en la formación civil del ciudadano, en donde la educación se concibió como un instrumento necesario para la conformación del Estado. En España, el ideario ilustrado liberal pesó más para darle alas en las escuelas públicas y privadas, y siempre asociado a razones de carácter económico.
3. ALGUNAS APOSTILLAS SOBRE EL MÉTODO DE ACCESO AL OBJETO DE ESTUDIO
Dada la transversalidad en los objetivos que se persiguen con este trabajo, los métodos de acceso al objeto de estudio no se dejan encasillar bajo los principios de una única disciplina, pues los contenidos tratados aquí se detienen en aspectos que ponen en conexión la lengua con lo social bajo posibles miradas hacia la historiografía lingüística. Se trata, esencialmente, de poner atención a cómo influyen determinados condicionantes socioeconómicos y políticos en el componente actitudinal de la lengua, y sirviéndonos de fuentes documentales marginales ―textos extraídos de la prensa novohispana y de los primeros años de independencias―, que permiten adscribir los resultados a disciplinas recientes como la epihistoriografía lingüística. Los métodos de acceso son, pues, transversales, desde el momento en que se mezcla el análisis sociolingüístico, basado en el concepto de «actitudes ante la lengua», con el tipo de materiales textuales que dan cuerpo a los corolarios, y que permiten hablar no de historiografía lingüística en sentido estricto ―pues no nos servimos de textos gramaticales―, sino de una metahistoriografía que incide en la transmisión del componente ideológico.
No es necesario extendernos detalladamente en los métodos implicados en las disciplinas ya aludidas, pues ya existe una amplia literatura que da cuenta de ellos y que avala sus principios, pero sí reseñaremos muy brevemente algunos de sus antecedentes y logros fundamentales, con el objeto de inscribir este trabajo en la lista de sus posibles bondades.
3.1. Sobre el concepto de «actitudes lingüísticas» y sus ámbitos de aplicación
El concepto de «actitud lingüística» que aquí vamos a emplear, y que se inscribe dentro de la disciplina que pone en conexión la lengua con la sociedad, no solo permite extraer conclusiones sobre la situación normativa del castellano en una época concreta, sino que también se muestra clave en el avance hacia el estudio de los procesos de planificación y política lingüísticas.
Sabemos que muchos de los rasgos que definen la personalidad individual o de aquellos que construyen tipos sociales se reflejan y se nutren del modo de expresión lingüística. El ser humano continuamente muestra su manera de ser con sus propias palabras, construyendo discursos en los que, de manera consciente o no, expone su valoración sobre sí mismo y el mundo que lo rodea. Entre estas valoraciones, destacan aquellas relacionadas con las actitudes lingüísticas. Por medio de ellas, se producen estimaciones acerca de lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, y en relación siempre con determinados rasgos lingüísticos, que sirven al mismo tiempo para dejar entrever otros aspectos como el estatus social, la relevancia cultural de la lengua, la forma de hablar de los individuos de una sociedad, etcétera. En el ámbito sincrónico, son muchos los estudios teóricos sobre las creencias y actitudes ante la lengua, que se revelan esenciales a la hora de conocer la reacción de los hablantes ante su instrumento comunicativo; sin embargo, en el estudio de épocas pasadas, donde no contamos con acercamientos al fenómeno oral espontáneo y solo disponemos de textos escritos como única fuente para la extracción de conclusiones, poco sabemos sobre cómo llegar a estas actitudes. Esta idea, que da a entender la necesidad de conocer los distintos factores que hacen de la lengua un instrumento revelador de la conciencia de los hablantes, precisa ser estudiada al detalle, pues una profundización en los contenidos que alberga permitiría estrechar lazos entre diferentes disciplinas lingüísticas y, muy especialmente, entre la historia de la lengua y la sociolingüística histórica. Cualquier dato externo, por nimio que sea, podrá tener consecuencias en los corolarios extraídos sobre el funcionamiento del mecanismo interno y podrá constituir una prueba sobre por qué determinados cambios lingüísticos tomaron una dirección y no otra. Al fin y al cabo, la opinión que los individuos expresan sobre su forma de hablar o escribir es el reflejo más cercano que tenemos sobre la construcción de una norma lingüística, que, por contraste con un constructo creencial, hace aflorar conceptos como el de pureza o barbarie expresiva, de los que tanto se habla cuando se analiza el pensamiento de un autor o una autoridad gramatical. Por esto, un concepto que se pretende perfilar con el filtro de las actitudes lingüísticas es el de «norma», pues este está más asociado al componente creencial de los hablantes, que a la actuación del instrumento comunicativo, o en palabras de Torrent-Lenzen (2002: 53):
De este modo [con un acto retrospectivo de reflexión], los usuarios sabemos, por experiencia propia, que hay expresiones más elegantes que otras, más adecuadas que otras para una determinada situación, más correctas que otras según los moldes de la norma académica o institucional, más hermosas según los ideales sobre belleza lingüística, más vulgares, más generalizadas, más universales, más locales, etc. Pues es un hecho que toda sociedad crea ideales y escalas de valores, sobre los cuales reposa toda su cultura.
Téngase en cuenta, además, que, en cierta medida, el hablante se ve obligado a regirse por determinadas normas en el traslado de su forma de hablar a la sociedad, es decir ―y como ya anunciaba Schlieben-Lange (1990)―, no existe ninguna lengua que presente valores lingüístico-comunicativos que estén exentos de obligatoriedad, pues todo miembro de una comunidad desea integrarse en ella por el simple hecho de ser entendido. Desde la perspectiva de las «actitudes lingüísticas» son muchos los trabajos iniciados y desarrollados en los últimos años (cfr.Appel & Muysken 1987, Blanco de Margo 1991, Blas Arroyo 2005, Blommaert 1999, García Martín 2011, Moreno Fernández 2008, Quesada Pacheco 2011, Rivas Zancarrón 2011, 2017a, 2017b, 2018a, 2018b, 2019a, 2019b, 2020a, 2020b, 2020c, 2021..., Rojas & Avilés 2014, Rojas Mayer 2011, etcétera), en donde se analizan las actitudes de los hablantes ante la lengua de acuerdo con el contexto sociopolítico específico o el acto de hablar concreto, y desde diferentes tipos de textos. Es indudable, igualmente, el rendimiento favorable de este concepto en los estudios de política y planificación lingüísticas (cfr.Haugen 1959, Fishman 1974, Garza Cuarón 1991, Christian 1992, Cameron 1995, Amorós Negre 2008, Bein & Born 2001, Bourdieu 2001, Ennis & Toscano y García 2019, Rivas Zancarrón 2021, etc.), pues muchas de las actitudes explícitas e implícitas que nos encontraremos en el corpus textual se manifiestan desde un contexto social concreto, que ha podido ser inducido por políticas de planificación de la lengua. En este sentido, este trabajo desea poner de manifiesto también cómo las actitudes reflejadas en los canales de opinión pública de la Nueva España son el resultado o el germen de políticas lingüísticas determinadas o de circunstancias socioeconómicas concretas.
La imposición o sugerencia de un sistema pedagógico concreto como el lancasteriano presupone la existencia de un escenario que no solo favorezca su puesta en práctica, sino que reconduzca la actitud de los hablantes hacia lo que hablan (influencias en la restauración de una norma lingüística a partir de la imposición de un método didáctico). Los textos extraídos nos revelarán posteriormente estas intenciones ocultas, las más de las veces inconscientes.
3.2. Sobre el concepto de epihistoriografía y el manejo de las fuentes documentales
No solo la recepción de las ideas gramaticales, sino cualquier aspecto de la vida cotidiana con una posible incidencia en el acto de habla, que pueda, asimismo, identificar causas y consecuencias en la mudanza de una lengua y que se reflejen en fuentes no canónicas podría tener, quizá, cabida dentro del concepto de la neonata disciplina epihistoriográfica (cfr.Rivas Zancarrón 2024), pues las distintas variables sociopolíticas implicadas en el análisis se determinarían como esenciales en la recepción de los planteamientos escritos de la gramática. Swiggers (2004: 116) ya nos definía la epihistoriografía como «el estudio (sistemático y crítico) de la producción y evolución de ideas lingüísticas, propuestas por “actantes”, que están en interacción entre sí y con un contexto sociocultural y político y que están en relación con su pasado científico y cultural». El análisis de un sistema pedagógico concreto en el contexto de una época y un lugar determinado, que parte en este caso de las actitudes de los hablantes y de su entorno ofrecería pistas interesantes sobre el porqué determinadas ideas gramaticales prosperaron o quedaron en el olvido. Muchas veces, el trazado ideológico de los manuales de gramática canónicos no responde a preguntas de por qué triunfaron de facto unos planteamientos u otros, de manera que suele plantearse un continuum de transmisión que no explica cortes, pérdidas o nuevas asociaciones. Desde esta perspectiva, observar las actitudes de los hablantes ante el aprendizaje y enseñanza de su lengua contribuiría a justificar una mejor recepción de las ideas gramaticales en su conjunto y a determinar por qué fluyen mejor unos métodos en unos territorios que en otros. En el caso que aquí nos ocupa, nos serviremos de las referencias al sistema pedagógico lancasteriano que se hicieron en la prensa virreinal hispana (y primeros años de su independencia de la metrópoli), para evaluar la recepción del objeto lingüístico y engarzar el entorno político y sociocultural que propició la transmisión de una idea gramatical concreta y no otra. Es evidente que tratamos con «fuentes marginales» con un potencial discursivo basado en la mediatez comunicativa (a diferencia de la tradición transmitida por la lectura de tratados filosóficos o gramaticales). En el constructo teórico-metodológico habitual presente en las obras descriptivas de Zamorano Aguilar (2008, 2022), este trabajo se sitúa dentro de la «metahistoriografía» y el «tratamiento de fuentes», y si hubiéramos de incluirlo en algunos de los parámetros que sirven a este autor (2022: 29) para interpretar el hecho historiográfico desde una teoría de la comunicación, estos serían, sin duda, los de «receptor» («escolares de educación primaria y secundaria»; «profesorado», y «perfil y tipología de receptores»), «código» («relaciones con otras lenguas: indígenas o europeas»; «el español como lengua de educación»; «el español como lengua modelo»; «el español como canon literario») y «contexto» («factores exógenos: políticos, sociales, filosóficos, literarios, educativos y culturales»). Y, a pesar de que ―como nos anuncia Zamorano Aguilar (2022: 30)― el interés gramaticográfico es el mensaje, «este se enriquece y se justifica a partir de su interpretación sobre la base de los otros ejes del acto comunicativo complejo (en tanto que caológico) que supone cualquier hecho historiográfico, de ahí su necesidad y adecuación».
Sobre la importancia de los espacios de opinión pública como fuente documental necesaria para la construcción no solo de un canon gramatical, sino para obtener un panorama del devenir de los cambios lingüísticos no es pertinente tampoco extenderse mucho, sobre todo por los resultados conseguidos en los últimos años (cfr. Rivas Zancarrón 2021, 2023..., García Folgado 2021, Gaviño Rodríguez & Silvestre Llamas 2024, etcétera). La productividad de estas fuentes marginales en la investigación historiográfica pueden resumirse en las palabras de Zamorano Aguilar (2022: 45), ya que, según él, estos documentos podrían ayudarnos a construir lo que se designaría como canon ficcional o prestigiado, o sea, «una selección, no desde el eje actual, sino desde la óptica de los intelectuales, gramáticos, políticos, educadores...», y que vendría motivada por «cuestiones de legislación educativa, por cuestiones de censura, de prestigio histórico o de gustos personales, así como de la necesidad de dotar al texto (en nuestro caso una gramática) de una posición de privilegio, o de la recepción de un canon histórico previo o heredado». No cabe duda, por tanto, de que servirnos de los comentarios y opiniones aparecidos en la prensa de una época constituiría un valor indiscutible en el trazado de la huella que dejó el entorno sociopolítico y cultural de un lugar concreto. Es aquí donde la labor metahistoriográfica contribuiría no solo a delinear la evolución de las ideas lingüísticas, sino a dar cuenta de por qué no triunfaron unas y sí otras, o de por qué fenómenos de lengua concretos se consolidan o desaparecen en determinados puntos de la geografía.
4. GERMEN, DESARROLLO Y CONSECUENCIAS SOCIOLINGÜÍSTICAS DEL MÉTODO LANCASTERIANO EN LOS TERRITORIOS DEL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA DESDE LOS CANALES DE OPINIÓN PÚBLICA
4.1. Germen y desarrollo desde los espacios de opinión pública durante el periodo virreinal
Pudiera pensarse ―dada la cercanía con Inglaterra y sus medios de comunicación― que sería España la primera en rendir cuenta de los beneficios de este método que ahora ponemos en foco. También tiene lógica ―porque hasta 1821 España controlaba las políticas educativas de sus territorios sometidos (o, por lo menos, hacía por controlarlas)― que fuera en este lugar en donde se dictara la primera Real Orden para aprobar el método de Lancáster en las escuelas (30 de marzo de 1819), favorecida, en cierta medida, por circunstancias económicas, demográficas, políticas y científicas ―las mismas, por cierto, que motivaron su aprobación en Inglaterra algunos años antes tras el nacimiento de una sociedad eminentemente industrial―. Sin embargo, como ya hemos indicado en el epígrafe 2, Buenos Aires ya contó con una escuela de estas características en el mismo año en que se fundó en España (1819), y en las zonas del actual México, desde época muy temprana, se informó sobre la utilidad y necesidad de este método, que aparece reseñado por primera vez el 12 de octubre de 1807 en el Diario de México, cuatro años más tarde de que Lancaster publicara su obra de referencia, y desde una reproducción de la Gaceta de Madrid:
Instrucción pública.
Gazeta de Madrid núm. 53, articulo de Lóndres.
Mr. Lancaster, sugeto muy estimado en esta capital, ha ideado y puesto en practica un método nuevo para enseñar las primeras letras á los niños pobres. En menos de un año, y con poquisimo gasto, aprenden á leer, escribir, y contar. Hay en la escuela varias tablas con una capa de arenilla encima, y aquí es donde comienzan á trazar las letras con los dedos. No se valen de cartillas, y en su lugar hay unas muestras de papel con cifras numéricas, letras y vocablos, fixo y clavado todo en tablas. Con esto se economiza mucho en papel, pluma y tinta. Un niño puede facilmente repasar á otros 5, y solo con un maestro hay cuanto se necesita para dirigir sin confusion una escuela de 500 niños. Hace ya mas de año y medio, que su Mag., las personas reales, y á su exemplo varios Lores, contribuyeron con crecidas sumas para los gastos de tan útil establecimiento. Mr. Lancaster tuvo como era natural, no pocos enemigos, quienes no pudiendo impugnar la cosa, intentaron denigrar su persona; pero los hechos irrefragables han aumentado su celebridad á pesar de malévolos enemigos de las innovaciones provechosas á los pobres; y las resultas han sido que se le ha pedido que pase á diferentes pueblos de Inglaterra, y de Irlanda á planificar muchas escuelas sobre el mismo pie que la de ésta corte. Ha contribuido bastante á su crédito el favorable informe, que dio del nuevo mètodo en el parlamento Mr. Witbread, cuando habló del bill para hacer mas llevadera la condicion de los pobres. En su elocuente discurso recomendó como muy á propósito para disminuir el número de los delitos, y por consiguiente de los suplicios; confirmando sus asertos con el exemplar de la Escocia, en donde las escuelas de primeras letras se han arreglado con el mayor esmero. Posteriormente ha recomendado dicho método Mr. Kolqhoum en un libro, que acaba de dar á luz; y resulta de sus cálculos, que adoptándole generalmente, las sumas cuantiosas invertidas ahora en Inglaterra solo en las escuelas gratuitas, bastarán para instruir y costear la comida y vestido á un número mas que triplicado de discipulos. Estos honorificos testimonios podrán influir en que se generalice el método de Mr. Lancaster, y podrá quizas mejorarse la enseñanza de los pobres. (Diario de México, 12/10/1807: 197‑8).
A partir de este texto y lo que reproduce, hemos de hacer unas breves apostillas sobre el componente ideológico que rezumaban algunos de los canales de opinión pública más influyentes y que confirman sus repercusiones sociolingüísticas en torno a la enseñanza del castellano. En los últimos años de la Nueva España, la prensa periódica estuvo representada por dos seriales con ideologías contrapuestas: la Gazeta de México, heredera de la primera publicación en tierras americanas (desde 1722, aunque con algunas interrupciones), y dirigida a principios del siglo xix por López Cancelada, y otra de tendencia ideológica marcadamente opuesta, que se disputaba con este último la popularidad de sus contenidos, el Diario de México (1805-1812), editado por Jacobo de Villaurrutia y Carlos María de Bustamante. En realidad, y tal y como hemos anunciado en otras ocasiones (Rivas Zancarrón 2023a; 2023b), estas presuntas diferencias ideológicas fueron exageradas por López Cancelada, que veía mermadas las suscripciones a su periódico por la competencia que le ejercía el Diario de México. Los dos seriales estaban bajo control gubernamental, pero López Cancelada acusó varias veces a Jacobo de Villaurrutia de defender ideas sediciosas en su periódico, con el objetivo de que le clausuraran la publicación y, así, eliminar su competencia. En realidad, los objetivos ilustrados que deseaba alcanzar el Diario de México dejaban entrever unas ideas más innovadoras, que fueron, consecuentemente, interpretadas como subversivas.
Pues bien, hecho este excurso, las dos publicaciones se afanaban por ofrecer dos modelos educativos claramente diferenciados, en donde la Gazeta de México, de tono más conservador, era más partidaria de una educación elitista, basada en las disposiciones de maestros mayores ―quienes, en ese momento, eran elegidos ya por ayuntamientos y diputaciones―, frente al Diario de México, que abogaba por que la educación llegase a un mayor número de personas. Es evidente que los dos periódicos generaban dos corrientes de opinión diversas: una más conservadora y elitista, y otra más renovadora y popular.
A este contexto ideológico hay que sumar el problema social y educativo que originó la ya aludida Real Cédula de Carlos III de 1770, pues, a pesar de que la prohibición afectaba esencialmente a las lenguas prehispánicas, lo cierto es que esta originó posturas divergentes tanto en la clase social dominante, los criollos, como en el clero: los primeros veían un peligro en que la población indígena aprendiera obligatoriamente castellano ―lo que permitiría a estos pueblos entrar en la vida público-administrativa y actuar, así, como competencia política― y los segundos verían igualmente peligrar algunos derechos favorecidos por la presencia de esta población, pues existía una norma que impedía regentar una parroquia si no se dominaba al menos una lengua indígena, hecho este que anulaba la posibilidad de que sacerdotes recién llegados de España pudieran ejercer como párrocos (cfr. Tanck de Estrada 1989 y Rivas Zancarrón 2021). Clero y criollos no vieron con buenos ojos la publicación de esta ley, pues amenazaba algunas de sus prebendas, e hicieron todo lo posible por retrasar o excusar su cumplimiento con la connivencia de los virreyes, que vieron acrecentado su poder con la publicación en 1786 de la Real Ordenanza de Intendentes para la Nueva España, y por la que los ayuntamientos perderían su independencia y pasarían a ser controlados directamente por el virreinato. Desde el lado educativo, y a través de ideas pergeñadas en España por Campomanes y Jovellanos, se procedió en 1780 a la supresión de los gremios de maestros, de manera que los preceptores de primeras letras podrían ejercer libremente y sin control alguno sus tareas educativas, siempre que estuvieran supervisados por un «colegio académico». Esta institución se encargaría, a partir de 1786, de discutir el programa de estudios de la enseñanza primaria, que debía ser gratuita, a la vez que se arrogaba el derecho de controlar los libros de textos. La Gazeta de México ya recogió por aquella época las circunstancias que acarreó la nueva Ley de Intendencias, mientras informaba de cómo se crearían las nuevas escuelas en los diferentes pueblos y ciudades:
PLAN.
DISTRIBUCIÓN DIARIA.
1. Luego que se dispierte por la mañana (que en tiempo de Invierno será á las cinco y media, y en el Verano á las cinco) procurarán ofrecer su corazón á Dios, pidiéndole las gracias necesarias para cumplir con sus obligaciones christianas y escolásticas. Se levantarán prontamente, se vestirán con modestia y en silencio, se peinarán y lavarán las manos y cara antes de salir de sus Quartos.
2. A las seis ó cinco y media (segun los tiempos) se tocará la Campana, y saldrán todos inmediatamente para la Capilla, donde se les leerá alguna instruccion sobre la Religion ó la Moral, la qual durará quando mas un quarto de hora. [...]
6. Dadas las nueve se tocará á Aulas hasta las once para los Filósofos y Gramáticos; y los Teólogos y Juristas preparán sus materias para la Cátedra, ó en sus Quartos ó en los Corredores.
7. A las once baxarán estos á sus Aulas, y del quarto hasta las doce estudiarán los demás en los Corredores. [...]
Debe advertirse que los Estudiantes de primeras letras en las horas de estudio, en que no están en la Escuela, ni en recreacion, han de leer en algun Catecismo ó en el librito de las Reglas de buena crianza, y los mas adelantados tomarán de memoria las Reglas de la Ortografia y Gramática Castellana de la Real Academia Española. (Gazeta de México, 21/9/1790: 20)
En este forcejeo ideológico, en donde la enseñanza del castellano luchaba contra fuerzas paradójicamente amistosas, es donde comienza a despuntar el método lancasteriano en América, en donde los dos canales generadores de opinión pública se distinguirán o por sus planteamientos más elitistas (representados por la Gazeta de México) o por los más populares (Diario de México). El efecto curioso del enfrentamiento en la transmisión de ideas es que la postura más conservadora de la primera publicación logra interpretarse como más cercana al régimen monárquico, a pesar de sus reticencias a que la enseñanza del castellano llegue a la población indígena y a las clases desfavorecidas, en tanto que la segunda, más de acuerdo con los proyectos ilustrados de la monarquía, es acusada de sediciosa.
Efectivamente, la Gazeta de México, el diario oficial del virreinato, se empeñaba en favorecer una educación selectiva, basada en las disposiciones de maestros mayores, que en ese momento ya eran elegidos por ayuntamientos y diputaciones, y quienes se servían de materiales ya elaborados por ellos mismos, ya fomentados desde arriba (como el Arte de escribir por reglas y muestras). En cierto modo, la Gazeta de México diseñaba una opinión que contravenía las normas gubernamentales, y tanto en referencia a cómo debía regirse la entrada de los docentes en la vida laboral, como el manejo del tipo de estudiantes. Esta publicación se cuidó mucho a la hora de informar sobre la necesidad de educar a la población indígena en castellano, después de dictada la Real Orden, pues debía convencer también a las autoridades españolas de que se estaba intentando una educación más generalizada y menos selectiva:
El colegio de Inditos Hiaquis, que se erigió en este Pueblo para primeras letras, según se participó en la Gazeta de 5 de Julio de 85, despues de que sus primeros Alumnos aprendieron toda la doctrina Christiana, y á leer, escribir y contar, se abolió enteramente por falta de auxîlios para su subsisttencia; y de los expresados se enviaron quatro al Real de los Alamos á fines de Noviembre último, donde actualmente se mantienen, y con efecto manifiestan aplicación, con la que prometen buenas esperanzas de su logro, mayormente con el cuidado, eficacia y empeño del Catedrático, que lo es el Fr. D. Joseph Vicente Ramos de Castilla, en cuya misma casa los continúa enseñando á expensas del Illmô. Sr. Obispo de esta Diócesi D. Fr. Joseph Joaquin Granados, y de los Ministros Doctrineros del Hiaqui. (Gazeta de México, 7/9/1790: 153).
Sin embargo, a pesar de menciones forzadas de estas características, siempre se acababa rindiendo ante una evidencia deseada: la falta de recursos impedía continuar con estas escuelas, por lo que debía fomentarse un sistema privado más elitista. La manipulación de la opinión pública era evidente, pues se alababa el intento de imponer un sistema educativo más popular ―que era obligatorio por ley―, pero se reseñaba su fracaso y se anunciaban las virtudes de enseñanzas privadas, canalizadas por maestros particulares. Por este motivo, era muy común que la Gazeta de México diera publicidad a sistemas educativos creados por individuos concretos, cuyos logros moldeaban inconscientemente un modelo de enseñanza que calaba en la población. Las referencias a estos maestros son frecuentes, de los que extraemos aquí dos botones de muestra:
D. Rafael Ximeno Maestro Mayor por S. M. de primeras Letras en esta Capital, deseando ser útil á la Patria y al Estado, despues de haber puesto en práctica muchos arbitrios que le ha sugerido su constante zelo por el aprovechamiento mas ventajoso de la Juventud que se confia á su cuidado, como lo ha acreditado en las funciones públicas que ha tenido en los años anteriores; y no satisfecho aun con lo conseguido hasta aquí ha reducido el Arte de escribir á solo seis reglas, tomando de los mejores Autores las que le han parecido mas fáciles y propias para la enseñanza de los niños: baxo de estas con solo tres Letras aprenderán á formar veinte y tres, y las cinco restantes que no tienen conexion con las ya dichas, y les explicará su formacion baxo de ciertas reglas á que están reducidas.
Este nuevo método es el mas fácil, útil, y provechoso para que los niños aprendan á escribir con brevedad; pues estando bien templada la pluma, y explicándoles como la deben manejar, sacarle los trazos, y colocar el brazo sobre la mesa, indispensablemente formarán todas las letras minúsculas de nuestro Abecedario.
Del mismo modo enseñará la formacion de las mayúsculas. Como la misma naturaleza nos inclina á elegir la mejor; este Profesor, deseoso de manifestar al Público que las reglas que ha elegido son las mas útiles para la enseñanza de los niños, se promete que con ellas lograrán aprender en mas breve tiempo, que el que se puede considerar con las otras, pues las pautas que ha fabricado para esta operacion, manifiestan el principio, medio y fin que deben tener, y con que se deben formar todas las letras.
Así mismo promete dicho Profesor enseñar á los niños que se le confien, no solamente las quatro reglas de contar, sino mucha parte de la Aritmética inferior. También los instruirá en los dogmas de la Religion, máximas de educacion, puntos de Ortologia, Calografia y Ortografia, y no omitirá todo quanto sea conducente para formar un hombre verdaderamente Christiano, civilizado en las mas loables costumbres.
Todo lo dicho y aun mucho mas que dexa de explicar por no acrecentar este razonamiento manifestarán los discípulos que á su cargo se hallaren en un Certamen que practicarán á fin de este presente año, siguiendo todos los niños que en lo sucesivo se le encargaren á demostrar anualmente sus adelantamientos práctica y teoricamente en dichos Certámenes, que con Superior permiso del Excmô. Señor Virrey se le han concedido execute. Cuya noticia participa al Público para que los que gusten de que les enseñe á sus niños los pongan en su Escuela, que está en el portal de los P. P. Agustinos de esta Capital. (Gazeta de México, 21/10/1794: 578-579).
El notorio zelo y empeño que D. Rafael Ximeno, Maestro mayor de primeras letras en esta Capital, ha puesto para el mas feliz progreso de sus discipulos, acaba de acreditarse con otro nuevo medio utilisimo á la Juventud.
Se reduce á noticiar á los Padres de familias, Tutores ó Protectores de Niños educandos, que en su Escuela pública enseña Latinidad, con permiso Superior, el Preceptor de Gramática D. Manuel de Acero, sin que se impliquen, impidan ó confundan unas por otras las distribuciones de cada clase.
Tinturados suficientemente los Niños en la lectura, pueden pasar á la de rudimentos latinos, escribiendo al mismo tiempo. Así conseguirán imponerse mas fácilmente en todo lo conducente a una lectura perfecta, y la variedad de operaciones tal vez contribuirá á disiparles el disgusto con que caminan por estas primeras sendas: lograrán por este medio perfeccionar la pronunciacion de nuestro idioma vulgar, materializar las reglas de Ortografía al tiempo de escribir, y otras mil ventajas sobre que decidirá la experiencia. (Gazeta de México, 29/5/1799: 8).
Pero las excelencias de don Rafael Ximeno eran conocidas ya de antes, pues este maestro particular ponía en práctica métodos que podrían enseñar a los niños a leer, escribir y pronunciar correctamente, y sin servirse del castigo físico. Este último detalle es interesante porque la prohibición de los azotes en la escuela fue incentivada por el sistema lancasteriano y considerada uno de sus logros pedagógicos, pero vemos cómo en 1790 (y en América) estas experiencias didácticas ya habían sido puestas en práctica por estos maestros particulares, como puede leerse en el siguiente fragmento de la Gazeta de México:
El saber leer, escribir y contar es necesario para la humanidad, que, sin estas artes, fuera una confusion el Universo, y en muy poco se diferenciaria la vida de los hombres de la de los irracionales.
Estas Artes, que son el principio y fundamento de todas las Ciencias, es indispenssable aprenderlas con perfeccion, y abrazarlas con dulzura, para llegar á la cumbre de conseguir las demas. Comienzan á aprenderlas los hombres desde su primera edad, en cuyos tiernos años, sin conocimiento alguno, solo apetecen y se inclinan á la diversion, al juguete y entretenimiento.
Los Padres de familia, con aquellos naturales y nobles pensamientos que les asisten, desean la educacion de sus hijos, y les solicitan Maestros que los instruyan. Estos, por lo general, se han valido del rigor y castigo de los azotes para conseguir el adelantamiento de sus Discípulos, obscureciendoseles hasta ahora nuevos métodos ó arbitrios con que establecer una enseñanza sin rigor y sin castigo.
Valerse de éste para que los Niños aprendan las primeras Artes (quando para conseguirlo hay muchos arbitrios que compelen á los Niños, y los hace mucho mas adelantar) es inhumanidad, es forzar á su naturaleza, es hacerlos que abrazen con repugnancia las Artes, es quitarles la vergüenza, es atemorizarlos, es hacerlo ir con repugnancia á la Escuela, es la desesperacion de los Maestros y los Niños, y es el disgusto de los Padres y los Maestros: y así éstos deben reservar el castigo solo para corregir la maldad y los vicios, y valerse de los arbitrios para que abrazen las Artes.
Los Niños, por su edad y su naturaleza, son inclinados (como está dicho) al juguete, á la diversion y al entretenimiento: ellos fabrican de un pedazo de cera, ó un papelito, qualesquiera figura de muñecos y animales: baylan un trompillo con tanta destreza, que admira verselos tomar baylando en el ayre: para un pelotero con mucha gallardia; y forman varias curiosidades, arbitrando instrumentos para ello, sin que nadie los enseñe.
Estas reflexîones, y la experiencia que há adquirido D. Rafael Ximeno, Maestro mayor de primeras Letras, le há hecho inventar y practicar nuevos arbitrios, para que sin valerse del rigor de los azotes, aprendan los Niños á leer, escribir y contar.
Las maxîmas de que se vale para conseguirlo con arreglo á los genios y estados de los Niños, son: la amenza, la emulacion, el ceño, los premios, el empeño y la diversion: motivos los mas proporcionados para empeñar á la Juventud, como se está manifestando en su Escuela de primeras letras, donde há conseguido por estos medios, y con otros arbitrios que le há sugerido el deseo de su aprovechamiento, que aun los mas parvulitos en menos de quince dias conozcan todas las letras de nuestro Abecedario, y que despues se les facilite su combinacion.
El patriótico amor que tiene al Paisanaje, y el deseo que le asiste de abolir la mala pronunciacion, le há movido a inventar nuevas reglas, que enseñen á leer y escribir con propiedad, las que promete dar á luz y enseñar perfectamente en su referida Escuela de la calle de la Monterilla. (Gazeta de México, 23/11/1790: 213‑5).
En el fomento de la actividad privada en la enseñanza, los virreyes desempeñaron también un papel importante, contraviniendo en cierto sentido el espíritu de las leyes monárquicas de educación. La Gazeta de México informaba sobre los privilegios otorgados a maestros particulares por parte del virrey de turno:
Por Decreto de 10 del corriente Enero ha mandado al Exmô. Señor Virrey noticiar al Público que D. Antonio Escalante se halla habilitado con licencia del Superior Gobierno para establecer en esta Capital una Preceptoría pública de Gramática Castellana y Latina, de Eloqüencia y Educacion; y habiendo acreditado este Sugeto, mediante una informacion superabundantemente extensa, con citacion del Procurador general y del Procurador Síndico del Comun de esta N. C. su literatura, sólida doctrina, honrados y religiosos procedimientos y su muy distinguida aptitud para la instruccion y educacion de la Juventud, ha ordenado S. E., conformándose con el pedimento del mismo Procurador Síndico del Comun, se dé esta noticia, para que los Padres que quieran aprovecharse de tan preciosa ocasion ocurran al citado D. Antonio de Escalante. (Gazeta de México, 28/1/1799: 8).
Y, paralelamente, se promocionaban manuales de enseñanza elaborados por individuos autónomos, que eran reseñados también por la Gazeta de México, y que debían confeccionarse, eso sí, con los principios ortográficos de la Real Academia Española (cfr. Rivas Zancarrón 2024):
[...] que dirían igualmente de memoria todo el Libro de educacion, que con arreglo á la Sagrada Escritura publicó Don Pedro Septien: que dirian los compendios de Gramática y Ortografía castellana formados por su Maestro, con arreglo á la Real Academia Española, y que harían régimen de uno y otro en qualquiera Libro ó Manuscrito que se les presentase: que escribirían hasta de falsa lo que se les dictase. (Gazeta de México, 6/12/1802: 194).
Esta educación elitista en torno a la enseñanza del castellano, en donde claramente se excluye a la población indígena, es presentada a la opinión pública como necesaria para el progreso de los estudiantes, que encontrarán en determinados libros y manuales la esencia de los conocimientos básicos, y de los que se da cuenta también en el diario oficial:
Finalizado el Canto, y recitadas las Octavas, exâminó el Párroco Dr. D. Joseph Maria Laso de la Vega de Ortografia, Ortologia, Música y Explicacion de la Doctrina Chistiana, preguntando á los Niños que pudo ofrecerle el orden casual en la estrechez de un tiempo en que no podian ser requeridos todos. Y luego inmediatamente continuó el P. Director el Exâmen del Catecismo de Fleuri, Gramática Castellana, Version del Francés y Geografia, respondiendo á todos los Niños con satisfaccion y complacencia el Concurso, y manifestando bastante inteligencia y manejo de Mapas y Globo en los diferentes usos y operaciones que hicieron, hasta que consumido el espacio de dos horas, se concluyó la funcion con ventajosa idea y aprobacion de quantos asistieron, conociendo todos en lo que los Niños acudian con sus respuestas, lo mucho que hubieran podido continuar ocasionando el mismo deleyte, á no haber precisado lo caloroso del dia á abreviar los términos del Certamen. (Gazeta de México, 24/6/1788: 10).
Y se mencionaba también el proceso educativo que debía regir las escuelas, en donde la enseñanza de la lengua en las primeras letras no debía limitarse solo a saber leer y escribir ―objetivo básico del sistema lancasteriano―, sino que abarcaría también un conocimiento gramatical más amplio, al que, naturalmente, no se puede acceder si el número de estudiantes es muy grande y sin posibles económicos:
[...] 3. Acabada la leccion comenzará el estudio, que durará hasta las siete, á cuya hora se formarán en comunidad en el Corredor del Rector, y baxarán presididos de uno de los Superiores al Refitorio, donde se les servirá el Chocolate luego se retirarán en la misma forma á sus Quartos ó Salas. Los que cursaran en la Universidad desde las siete, anticiparán el desayuno media hora, y saldrán del Colegio formados en comunidad, y presididos de algún superior.
4. A las siete y media se tocará la Campana para Misa, la que ayudarán los mismos Colegiales verstidos de Manto y Beca por su turno.
5. A las ocho los Colegiales que estudiaren primeras letras baxarán á la Escuela, los demas estudiaran: los Filosofos y Gramáticos tendrán estudio hasta los tres quartos, y hasta las nueve darán las lecciones de memoria sin salir de los Corredores.
6. Dadas las nueve se tocará á Aulas hasta las once para los Filósofos y Gramáticos; y los Teólogos y Juristas prepararán sus materias para la Cátedra, ó en sus Quartos ó en los Corredores. [...]
11. A las tres los Filósofos y Gramáticos baxarán a sus respectivas Clases, y los Teólogos y Juristas prepararán sus Academias, ó estudiarán sus materias. [...].
[...] 2. Desde esta hora hasta la del desayuno los Filósofos y Gramáticos estudiarán una leccion del Catecismo del Abad Fleuri, ó del de Soissons, que se traduxo al Castellano para el uso del Seminario de S. Fulgencio de Murcia; los Estudiantes Teólogos y Juristas estudiarán algún Capítulo del Nuevo Testamento ó de los Libros Sapienciales; baxarán á tomar chocolate, y despues oirán Misa. [...].
18. En las Clases de Gramática se señalarán por suerte quienes pregunten y respondan así, sobre las reglas de Gramática Latina, como sobre la explicacion y analysis de los pasages de Autores Latinos traducidos a la Semana, y se concluirá este exercicio con la traduccion al latin de algun lugar de los mejores Autores de nuestra lengua. (Gazeta de México, 21/9/1790:17).
Frente a esta postura más conservadora y, paradójicamente, más contraria a los deseos de la monarquía española, el Diario de México defendía la postura de que la población indígena tuviera acceso a la lengua recientemente impuesta por la Real Orden, con el objeto de que sus congéneres se alfabetizaran y se integraran en la sociedad, en donde la lengua desempeñaba, por cuestiones obvias, un papel esencial. Para los editores, la labor educativa de estos pueblos marginados debía pasar por la integración con los castellanohablantes, pues sería así como podrían tener acceso al idioma en mejores condiciones. En un fragmento de 1807, puede sobreentenderse que este pueblo marginal no podría aprender la lengua castellana si no es con la integración social y educativa:
Pretender que se perfeccione el idioma, y se uniformen las costumbres de los indios con éstas comidas [el pan] públicas, es querer que todo suceda á medida de nuestro antojo, sin reparar en la imposibilidad, ó dificultades que se oponen á su logro. Estas comidas se han de llevar á la labor, ó tajo, como llaman los labradores. ¿Con quien han de perfeccionar el idioma? Con quien uniformar las costumbres? ¿Han de tener alli maestro de lengua castellana, y combidados españoles? Solo de ésta suerte se lograría en alguna parte el fin indicado. (Diario de México, 17/12/1807: 460).
Por esta razón, los editores del Diario de México vieron en el sistema lancasteriano una oportunidad de oro para democratizar la enseñanza del castellano. Sin embargo, si bien hemos dado cuenta hace pocas líneas de las reseñas que hizo este periódico sobre el modelo de Lancaster ―mediante la reproducción de un fragmento calcado de la Gaceta de Madrid de 1807―, poco se ha dicho sobre si este modelo tuvo aplicación en estos años en la Nueva España. Como ya hemos advertido, las primeras escuelas lancasterianas se fundan en la Península en 1819, pero en 1806, el Diario de México, aprovechando una polémica ortográfica contra un tal «señor Montañés», y en claro enfrentamiento con «Escuelero», seudónimo de uno de los editores (presuntamente Jacobo de Villaurrutia), da noticias sobre el funcionamiento de la escuela «El Refugio», en donde el modelo didáctico es claramente lancasteriano (carteles sobre las paredes con el abecedario y un sistema para enseñar a leer y escribir adaptado al tipo de estudiantes y sin pretensiones de enseñanza abstracta del idioma):
La costumbre solidamente establecida, y confirmada con una larga esperiencia, hace una ley invariable de que nadie puede separarse. No hay regla mejor, que la misma experiencia para acreditar de solido qualquiera establecimiento, que no depende tanto de principios abstractos, como de una continua observacion sobre el mal ó buen exîto de las circunstancias à que aquellos se aplican. Desde luego los maestros de primeras letras de esta Capital admitirian gustosos la oferta del Señor escuelero Toledano, con que se sirvió obserquiarlos en el plan que describe, y salió en el diario el martes 22 del último Octubre, y los otros que tambien han dirigido à V. varias personas, sino estubieran cerciorados, por la continua experiencia y manejo de los niños, de que las maxîmas de educacion cientifica deben adaptarse á las peculiares circunstancias de los discipulos, sus diversas edades, complexîones, y talentos, y aun à las proporciones del país en donde se enseña. El plan del Señor Escuelero deberia reunir todas estas combinaciones, ó por mejor decir, debería ser un resultado de ellas, que simplificase y perfeccionase mucho mas, como propone las artes de leer, y de escribir; pero al fin de su discurso venimos á quedar (si yo no soy de cerebro tan duro, y tan preocupado, que no ceda á los convencimientos de un metodo ventajoso como nos ha pintado en el frontispicio de su discurso) en que nada nos ha dicho de nuevo en lo substancial, y solamente ha variado en lo modal en ciertos mecanismos, que no merecen el trabajo que se ha tomado, por ser ya olvidados entre muchos de los profesores de este Reyno.
El que responde al escuelero Toledano no ignora las reglas que propone en su método. Ha visto, exâminado y recopilado los grandes autores que con el mayor acierto han tratado tan importante materia y no puede menos de hacerle presente (en obsequio del cuerpo y honor de sus preceptores) que si antes de descubrir su plan el Señor Toledano, hubiera visitado las escuelas de México, principalmente la del Refugio, habría encontrado en sus paredes 16 carteles de todo genero de abecedarios mayusculos y minusculos, cuyos caracteres están sacados y formados bajo las reglas que han manifestado dichos autores, y son mucho más útiles y ventajosos que los lienzos que propone.
Cada maestrito tiene su librito: el del Señor Toledano ya se ha visto: vamos à exâminar el que observa el que responde, y dejaremos que el público forme un paralelo, y declare qual sea el mas util y ventajoso.
En la escuela ya citada (supuestos los carteles nominados) tienen todos los niños de escribir, otras muestras á la vista en donde observan todos los perfiles, lineas rectas y curbas de que se ponen las letras, cuyos ejemplares se las hacen perfeccionar.
La distribucion de semanas que se observa en dicha escuela es la siguiente. Lunes, explican todos los niños los misterios de nuestra Santa Fé, en los que estàn impuestos para entrar en el conocimiento de lo que debe entender todo cristiano. Martes, repasan y dan la gramatica castellana, la qual les enseña á hablar y escribir con propiedad. Miércoles, parrafos de ortologia, y ortografia con los que se van instruyendo en la perfecta pronunciacion, y modo de usar de las notas ortograficas, para dar á la escritura su verdadero sentido. Jueves, explicando la caligrafia, cuyo uso les enseña que las letras se componen de perfiles, lineas rectas, y curvas: de los gruesos, distancias y tamaños que deben tener: y tambien de las reglas de Arismetica, las que les da el conocimiento de lo que es número, qual es el abstracto ó concreto, el misto ó fraccionario, y como se deben practicar las cuentas de estos con la mayor brevedad, respecto à que el asunto de la Arismetica és dar reglas para facilitar el cálculo de los números, reduciendo el de los mas complicados al de los mas sencillos, ó expresados con el menor número de los signos. Viernes, dan la doctrina cristiana que les corresponde, no solamente por el catecismo comun, sino por el de Clicuet, y el de los Padres Esculapios de Madrid. Sábado, puntos del nuevo y viejo testamento, el ayudar á Misa, y la tabla. S. C. (Diario de México, 29/1/1806: 2).
El texto no deja entender si el sistema se adapta a un grupo numeroso de estudiantes, pero sí advierte de que un modelo educativo concreto debe encajar con las circunstancias sociales en donde se pone en práctica: no hay referencias a la utilización de monitores, pero sí se copia la idea lancasteriana de poner carteles con letras distribuidos por toda el aula. Sin embargo, un año antes incluso, el mismo «Escuelero» da muestras claras de cómo funciona un método pedagógico aparentemente descubierto por él y que describe las pautas del modelo lancasteriano, poco después de que su autor publicase sus Improvements en 1803:
Digolo, Señor diarista, porque por mas que en otras partes se haya adelantado en el modo de enseñar las primeras letras, me parece que todavia se puede simplificar, y perfeccionar mucho mas. Supongame V. autorizado para poner una escuela que según mi caletre, ó como Dios me da à entender: mando pintar en unos lienzos grandes, puestos en sus bastidores, los alfabetos mayúsculo, y minusculo, redondo, y bastardo, y un silabario completo, todo de letra gorda, esto es, que la minuscula tenga 4, ó 5 dedos de altura, para que colocados los lienzos en la pared, se vean desde lejos con claridad y distincion. En otros lienzos mando poner la misma letra las primeras oraciones y otras cosas, mejores que los ejemplos del caton comun, seguno uno que á llegado á mis manos, y á buen seguro que tenga el justo paradero que á tenido alguno. Tambien mando pintar en una gran tabla, á falta de pizarra, las lineas orizontales, y diagonales, que forman los renglones, y sus caídos, para que aprendan á escribir por reglas, y con la economia de no gastar mas que yeso en lugar de papel, plumas, tinta, margajita, asta que tengan el pulso en estado de escribir bien en pequeño à pocos dias.
Ahora bien vamos á lo sustancial: pongo en la pared en el paraje mas proporcionado el lienzo correspondiente: colóco mis niños frente a él á dextris, et á sinistris en las filas necesarias, y yo en el centro un poco atrás, para verlos á todos, voy apuntando con una varita y dandoles leccion: quando me parezca tiempo voy haciendo que repitan, preguntando yo saltuariamente, y respondiendo el nombrado lo que dice en donde apunto. Asi estoy ejercitandolos un buen rato: paso luego á eneseñarles la formacion de las letras en la pizarra, y van repitiendola ellos á vista unos de otros, y con media hora por la mañana, y otro tanto por la tarde en un mes, á lo mas, me las saben hacer todas perfectamente. Despues se exercitarán en hacerlas en otro renglon mas pequeño, poniendo primero las silabas y luego las palabras que les vaya yo dictando, y quando ya estén expedítos en esto, les ire dictando oraciones enteras con los acentos, y signos, para que insensible y practicamente vayan aprendiendo la ortografia.
Concluidos estos ejercicios, se les dirá con sentido la doctrina christiana, repitiendola ellos sin sonsonete, por mañana y tarde, una parte, y luego que la sepan, otra, y se concluira con la tabla, y en ayudar á Misa.
¡Que burla hará algun mentecato, si cree que ya se acabó! Vamos adelante. A esta sazon ya admitiré otros principiantes, que sigan los mismos pasos, á que asistirá mi ayudante, bajo mi direccion, observandolo yo desde la pieza inmediata, y asistiendo yo mismo algunos ratos mientras el me sustituye en la otra sala en las lecciones de escribir, y de aritmetica, en que será mi principal ocupacion con los adelantados. A pocos dias que estos manejen la pluma, escribirán perfectamente en la regla primera, como lo he visto por experiencia constante en una escuela de Madrid, por que se reduce á ejecutar en pequeño lo que saben hacer en grande, y asi sucesivamente hasta la última regla de diagonales, en que conviene denerlos mas, para que afirmen bien la forma. No se les pondrá muestra alguna ni renglon, y quando escriban suelto, irán copiando de algun libro. Yo cuidará de que este levante la cabeza, que aquel no la cargue el cuerpo, que esotro no pègue el pecho à la mesa, y que el de mas allá tóme bien la pluma, y les notaré los defectos de ortografia, en que incurran.
Despues les iré explicando, y ejercitando en cuentas aritmeticamente, y no por metodo mecanico, y se enseñará esto como la formación de las letras en otra pizarra. Entramos luego en la lectura, que empezarémos por el caton, que déjo indicado, y seguiremos por el catecismo de Fleuri, Rudimentos historicos, y Quijote. Como ya sabrán decorar, quando pasen á la segunda sala, acabarán de soltarse en el caton. Estarán colocados en los mismos puestos en que escriben de frente á mi: leeré yo un parrafo dos ó tres vezes despacio con toda claridad, y sentido, pronunciando todas las letras como buen toledano, y repetirán conforme los vaya señalando, sin guardar orden, haciendo que à una voz corrijan todos qualquiera errata, ó yerro de pronunciacion. Sueltos ya en la lectura en el caton, que se repetirá las veces necesarias, para que puedan imprimerseles sus documentos, seguirémos con los demas libros indicados, y por el mismo orden, repitiendo tambien el Fleuri, y los Rudimentos historicos, cuya lectura se hará seguida, quiero decir, sin repeticion de cada leccion particular. Empezaré yo para darles tono, y aire, todos irán atendiendo por su libro para continuar en donde se va, luego que sean nombrados. Y concluirémos rezando el rosario, como se debe rezar, y como lo rezan pocos.
Ultimamente, Señor diarista, no es facil describir con toda exactitud, y claridad en los estrechos limites del diario un plan entero; si en una ciudad tan opulenta como México, en que abundan las personas ricas, y caritativas, hay alguna que quiera abilitar de lo necesario una escuela en que se establezca mi metodo, aviselo por medio de V. que me ofrezco á concurrir por el bien de su juventud, dirijiendo las operaciones hasta poner al Maestro, y su ayudante en estado de que lo ejecuten por si solos. El es tan perfecto, y sencillo, que á pocos dias se verá el fruto de una dilatada, y profunda meditacion y cosas esperimentadas. Escuelero. (Diario de México, 22/10/1805: 1).
En cualquier caso, durante el periodo virreinal, y a pesar de la situación de alfabetización que exigía la población indígena, la opinión pública era más partidaria de una educación elitista, basada en la formación de grupos reducidos, aunque con aplicación de sistemas que se parecerían más al modelo de Pestalozzi que al de Lancaster. En el Diario de México, a pesar de los deseos de culturización generalizada que se dejaba leer entre sus líneas, se daba prioridad a métodos particulares ―muchas veces anunciados por maestros al uso―, aunque tintados por aquellas ideas más sobresalientes de pedagogos como Lancaster o Pestalozzi. En el siguiente texto, se anuncia en 1807 un nuevo programa de instrucción pública, perfilado con las ideas de un tal «Sr. López», que, según se deja leer en una nota a pie de página, recoge muchas de las ideas que ya expusiera Pestalozzi años antes, aunque, como se deja constar en una nota a pie de página, el autor no ha podido leerlo, porque se introdujo en la Nueva España en fechas posteriores:
Nuevo sistema de instrucción publica (*)
Sr. D. Si yo llégo á tener el dinero suficiente, ó me dan un edificio a propósito surtido de los muebles necesarios, he de fundar un colegio (se supone, que con la correspondiente licencia de S. M.) entablandolo yo mismo, por que ningun otro ha de conocer mejor mis idèas [...].
No ha de ser muy numeroso, por que en donde hay multitud, hay confusion, y es muy dificil el buen orden en las casas en que hay que gobernar á muchos, como sucede respectivamente en los hospitales generales, por bien administrados que estén.
Tampoco lo tendrán los pobres, aunque por ésta causa se malogre algun talento estraordinario: asi que tiene cabida en otras muchas fundaciones, como por que soy algo escrupuloso, y no quisiera que proporcionandoles éste ausilio, se ordenasen por mi cuenta algunos, que no tubiesen mas vocacion que la necesidad. Y aún por esto, y por otras consideraciones economico-politicas no se darán las plazas de famulos á estudiantes muy pobres.
Podrán serlo personas decentes, como que no se emplearán en ministerios indecorósos, para lo qual habrá los criados necesarios, con quienes no tenddrán que rozarse.
Los que entren de colegiales han de saber leer, escribire, el catecismo de la Diocesis, y el de Fleuri, y la tabla lo menos, en materia de cuentas.
[*] Este papel se formó antes que llegasen á México las primeras noticias del sistema de Pestalozzi, al que según se dexa traslucir, podrá servir para perfeccionar el del Señor Lopez, á cuyo fin sabémos que ha pedido ya á Madrid, que le envien quantas obras se vayan publicando de Pestalozzi. D.
No se admitirán los hijos unicos de los hombres ricos, por que generalmente son consentidos, ó mimádos, estudian poco, y pronto lo dexan: y perjudicarían á otros, que ocuparian mejor su lugar. (Diario de México, 26/03/1807: 2).
Ni alumnos ricos, ni alumnos pobres serán, pues, sugeridos para estudiar en las escuelas propuestas: los primeros, por ser consentidos y vagos; los segundos, muy posiblemente, por no aportar dinero para la formación, aunque se malogren talentos.
En estos años de la Nueva España, por tanto, se conocieron los modelos de Lancaster y, aunque el Diario de México pudiera haber sido un vehículo ideal para fomentar la enseñanza del sistema monitorial (por sus ideas ilustradas de educación, que abogarían por que llegaran a un amplio público, incluida la población indígena), lo cierto es que entre sus páginas pueden leerse otras propuestas más selectivas y más centradas en el detalle gramatical y en acercamientos a la lengua más abstractos. No interesa solo alfabetizar, como propondría Lancaster, sino reflexionar sobre la lengua, de aquí que en muchas ocasiones se criticase la utilización de la Biblia como manual de aprendizaje, lo que lo apartaba también un poco de los instrumentos didácticos lancasterianos, pues se prefería para estos fines obras literarias reconocidas. Este hecho no descartaba, naturalmente, la presencia del catecismo en las escuelas, entre otras cosas, para evitar enfrentarse a instancias superiores civiles y eclesiásticas:
Despues de una hora de lectura alternada del Quijote, que concluido se volverá á empezar, como se hará con el Paujér. En seguida media hora de francés en ésta forma. El maestro leerà con buena pronunsiasion un periódo, lo traducirá, y repetirá uno, y otro, por tres veces, y hará que vayan repitiendo algunos discipulos, lo qual se hará en las fabulas de Fenelón, sin pasar de una à otro, hasta que la entiendan.
Luego irán á cenar, y después á acostarse. Desde principio de Marzo hasta fin de Octubre srá á las 5 de la tarde la media hora de lecsion de francés. Seguirá el desahogo hasta la oracion, y luego el rosario, Napuco, y lectura instructiva, y agradable hasta las 8.
En los dias festivos, despues del Napuco, las esplicaria, y ampliarán las reflexîones del dia, por via de plàtica. Recordaràn el catecismo, preguntandoles alternativamente, y despues leeràn un par de capitulos de Escritura, y otros dos de Poujér, procurando siempre el maestro esplicar al paso lo que le parezca conveniente. Luego podrán salir á sus casas con las precauciones correspondientes, obias, y esperimentadas hasta las 7 que rezaràn el rosario, y despues leeràn alternativamente en los ejercicios del Padre Rodriguez, hasta las 8 que seguirà la cena. (Diario de México, 27/3/1807: 341‑4).
Igualmente, a diferencia del modelo lancasteriano, se insistía en el aprendizaje de lenguas modernas y del latín, sobre todo, a partir del quinto año:
Año quinto.
A las 8 se principiarà la gramàtica latina, y castellana unidamente, por que sus nociones generales son comunes à todas las lenguas, variando solo en accidentes. Se esplicaràn las partes de la oracion, haciendo aprender de memoria solamente las definiciones, y divisiones, luego que se conozca que las han estendido con la esplicacion de los exemplos, que se les pongan, y que se las haga poner. Para la inteligencia de éstos rudimentos con la capacidad que ya tendràn los alumnos, y trabajando el maestro como debe, bastaràn 15 dias con la clase de 8 à 10, y 3 à 4 de la tarde. Despues seguirà la traduccion con las pocas relgas que necesita, y analizando las partes de la oracion. A los principios leerà el maestro clara, y pausadamente con toda la expresion posible, por dos ó tres veces cada periódo, lo traducirà primero literal, y luego libremente: lo esplicarà, y despues harà que vayan repitiendo algunos la lectura, y la traduccion, y harà preguntas analíticas de las partes de la oracion.
Se empezarà à traducir por las fabulas de Esopo, sin pasar à otra, hasta que esté bien entendida la primera, en cuyo caso la aprenderàn de memoria. Quando sepan bien 25, ó 30, las traduzen, y analizen todas sus partes, empezarà el maestro à desenvolverles practicamente el mecanismo de la oracion natural, esto es, que clase de palabras, y con que orden, regimen, ó gobierno se emplean, para manifestar un pensamiento: 1.º la persona, ó cosa que hace de tal: 2.º el verbo, que espesa la accion de aquella, esto es, lo que hace, ó dice, que papel representa, ó que pito toca; en una palabra, lo que quiero decir de aquella persona, ó cosa, que es el sugeto principal de tal pensamiento: 3.º sobre qué, ó sobre quien recàe esa accion: y asi de lo demàs, dejando la observacion de las frases figuradas para mas adelante.
Quando sepan 50 ó 60 fabulas de Esopo del modo dicho, y una docena de las de Fedro, principaràn à traducir las familiares de Ciceron. Ya entonces estaràn bastante sueltos en la lectura, y en la traduccion, sin que se le anticipe el maestro; pero no se variarà de exercisio, aunque se hayan concluído las tres obras citadas, pues entonces deberàn principiarse otras como los comentarios de Julio Cesa, Quinto Curcio &c.
De 10 à 11 continuarà, y se repetirà el Blair, haciendo el maestro todas las ampliaciones, observaciones, y esplicacion convenientes, para que todos los discipulos salgan bien aprovechados en ésta preciosa obra.
La lectura nocturna de éste año, será la historia de la vida de Ciceron traducida del inglès por el Señor Azára. Bastarà media hora cada noche, y el resto del tiempo hasta las 8 se ocuparà en el dibujo. (Diario de México, 27/3/1807: 341‑4).
4.2. Condicionantes sociolingüísticos en la instauración del modelo lancasteriano después de los primeros años de independencias desde los canales de opinión pública
La instauración de escuelas lancasterianas ―o, cuando menos, aquellas regidas por sus métodos― tuvo una amplia repercusión en el México independiente. Poco antes de las independencias de los pueblos americanos, también hubo motivos para su instauración durante el periodo de las Cortes de Cádiz (1812), o la de Apatzingan (1814) en la Nueva España, pues las ideas liberales de una y las insurgentes de la otra sugerirían esta puesta práctica educativa. Sin embargo, dado que la prensa de esos años estaba más enfocada en las luchas sociales, la información que se proporcionaba fue casi exclusivamente de carácter político y se ausentaron las menciones a sistemas educativos. Con la instauración del I Imperio Mexicano en 1821, el interés de los nuevos gobiernos volvió a enfocarse en la educación como bien necesario de las nuevas repúblicas y, como estos lugares se enfrascaban en guerras continuas muy costosas, el método lancasteriano se ofrecía como una oportunidad inmejorable para educar a la población con una escasa o nula inversión gubernamental. Una vez conseguida una mayor tregua bélica, la prensa comenzó a informar sobre las bondades del método lancasteriano para promoverlo en las escuelas. El serial La Águila Mexicana publica en 1825 un artículo sobre «educación», en donde da a entender la importancia de este método no solo para el ciudadano de a pie, sino también para el soldado, que debía estar formado humanísticamente:
«Educacion.
La educacion, ha dicho Dumarsais, es el cuidado de alimentar, de criar y de instruir los niños: así la educacion tiene por objeto, 1.º la salud y la buena conformacion del cuerpo; 2.º lo relativo a la rectitud é instruccion del espíritu; 3.º las costumbres, esto es, la conducta de la vida y las calidades sociales. Lo referido por este ilustre autor es de tanta estension que parece imposible comprender mas en las tres pequeñas clausales que van espuestas. Todas las naciones que merecen el nombre de cultas han empezado á suavizar sus costumbres, y á gozar de los inmensos beneficios de la sociedad, procurando cultivar una buena educacion. Un pueblo puramente guerrero produce hombres ilustres por su denuedo y bravura en el campo de batalla, pero conservan en medio de la sociedad todo lo agreste de su inculta educacion. Un militar cultivado podrá muy bien ser una fiera sanguinaria en los momentos del combate; pero generalmente hablando no hay seres mas humanos en la sociedad civil. Los norte-americanos y los colombianos son respectivamente dignos de eternas alabanzas por los esfuerzos que hacen á fin de cimentar un buen sistema de educacion. La vista de un pueblo que establece preceptos para cultivar el espiritu al mismo tiempo que defiende su libertad sin dejar la espada de la mano, es digna de la mas alta admiracion de los hombres pensadores.
Rousseau nos dice que la educacion viene de la naturaleza, ó de los hombres, ó de las cosas. Es sabido que el primero de estos origenes, aunque es el mas fecundo en sí mismo, no se estiende con igualdad á todos los que nacemos con el carácter de racionales: se limita á ciertos genios distinguidos á quienes naturaleza prodiga sus dones, y éstos siempre necesitan la educacion del hombre y de las cosas para desarrollarse con culta sabiduría. Los pueblos bárbaros nos comprueban esta verdad. Hay entre ellos almas sobresalientes: pero siempre adolecen de la falta de la educacion de los hombres y de las cosas. Al contrario sucede en un pueblo civilizado, donde las almas privilegiadas se cultivan involuntariamente con la familiaridad de las mismas cosas. Todos los dias observamos individuos que sin saber leer ni escribir reparan su educacion y sus debilidades con el ascendiente de su carácter natural, ilustrado por los objetos que ecsaminan. No es un asombro el ver dictando leyes, y administrando la sociedad, á hombres sin mas educacion que el arado, el nivel ó el martillo! Por estas mismas causas una educacion nacional es muy importante, especialmente a una república dividida entre sí misma por el sistema de federacion, y unida en cuerpo de nacion por el mecanismo del mismo sistema. En un estado organizado de tal suerte, es de sumo perjuicio la parcialidad de la educacion de los distintos miembros que le componen. Esto puede inducir discordancia fatal en las opiniones. La educacion para ser conforme al espíritu del gobierno, dice el sabio Barthelemy, debe imprimir en el corazon de los jóvenes ciudadanos los mismos principios y los mismos sentimientos. (La Águila Mexicana, 3/7/1825: 1).
Sin embargo, y a pesar de los beneficios de los que se hace eco, los padres no estaban dispuestos a aportar nada al proceso educativo, a pesar de los bajos costes del modelo que pretendía instaurarse:
Esta es una de las ventajas de la primera enseñanza por el sistema lancasteriano; hay en él facilidad y uniformidad. Su establecimiento en toda la república bajo un plan bien combinado, seria un paso grandioso á la felicidad nacional, cuyo principio es un buen sistema de educacion. Pero al contrario, los establecimientos de Méjico parece que se demuelen. Hay padres tan ingratos y tan indolentes, que teniendo proporciones, son morosos en dar la miserable retribucion de un peso mensal, por el gran beneficio que sus hijos reportan en la educacion que reciben. Esto parece increible entre seres sensibles y dotados de racionalidad. Algun dia los clamores de sus desgraciados hijos interrogarán las cenizas de tan crueles hombres en el sepulcro. Oh! padres! esclamarán, laboramos en la miseria, en el abatimiento y la ignonimia por vuestro descuido criminal.
No faltarán otros que comprometidos á dar una pequeña contribucion gratuita para el sosten de tan útil establecimiento, hayan desentendídose de su promesa, y le vean decaer y perecer con apática indiferencia; entretanto que irán diariamente á la sociedad á prodigar indiscretamente cuanto se ocurre en parage tan oportuno. Las leyes de Lacedemonia velaban con tanto cuidado sobre la educacion de la juventud, que todo hombre célibe tenia que escribir una contribucion para la enseñanza y entretenimiento de los huérfanos y esposas; y todo el mundo sabe que Licurgo calificó de infantes á los celibatos. (La Águila Mexicana, 3/7/1825: 1).
Un error tremendo es este escaso apoyo a la cultura, según sus editores, los cuales señalaban a la lengua de la nación como un bien necesario para el pueblo, pues necesitaba ser enseñada y aprendida con corrección en aras a la prosperidad de las leyes y el bienestar de sus ciudadanos:
Ningún pais de los que se jactan de ilustrados tiene mas necesidad de perfeccionar su educacion que la república mejicana, por lo mismo que hay amor á las letras y bellas disposiciones naturales. Hasta lo material de la lengua necesita de mucha reforma. En la tribuna, en el pulpito, en el foro, en la sociedad, en el teatro, en la imprenta, en los actos públicos, se advierten defectos imperdonables, en los actos públicos, se advierten defectos imperdonables de elocucion en individuos por otra parte recomendables en la bella litertura, en las ciencias y en el trato social.
Si volvemos la cara á los vicios y malas costumbres del bajo pueblo, verémos con sumo sentimiento la falta en que estamos de buenas escuelas para dirigir en tiempo la prole desgraciada de esa muchedumbre inmunda que mantiene en inquietud la sociedad. El legislador debe llevar en una mano el hacha que destruye, y en la otra el cincel que edifica; pero las córtes españolas olvidaron algunas veces esa mácsima regeneradora. Las vimos desplomar, en virtud de un decreto, los establecimientos de caridad y de educacion que sustentaban los hospitalarios, y substituir ese gran vacio con proyectos grandiosos, cuya fuerza vital absorvió el insaciable crédito público. Bien facil es concebir cuanto pudiéramos estender estas observaciones, pero mas adelante tendrémos ocasion de continuarlas.» (La Águila Mexicana, 3/7/1825: 1).
Estos intentos por que el mayor número de personas tuviera acceso a la educación ―y, esencialmente, a procesos de alfabetización como asunto prioritario― chocaba con las prácticas reales en materia educativa, pues la prensa da cuenta de innumerables anuncios, en los que maestros particulares se ofrecían para una enseñanza más elitista y enfocada con métodos propios:
Esta ciudad de Salvatierra y su ilustre ayuntamiento, ha tenido la suerte de estar careciendo de un perceptor de primeras letras en aptitud completa, para que se instruya la juventud, no solo en las artes novilísimas de leer, escribir y contar, sino tambien en los primeros rudimentos de politica y costumbres buenas, apesar de repetidas solicitudes que ha hecho esta corporacion para conseguirlo: en cuyo estado y sesion de la fecha, dispuso su señoria, que por mi medio se comunique á VV. tan grave urgencia, recomendandosela, con el objeto de que se remedie; siriviendose V. por un efecto de su bondad hacer que se haga pública en el periódico de la Aguila, á fin de que se convoque á alguno ó á algunos de los individuos que quieran, destinarse en esta ciudad, á la enseñanza pública de los niños previa su aptitud para la carrera, que concurran á ajustarse en el sueldo de su compensacion, con este cuerpo, interesado en el bien general de la ciudad.
Y en cumplimiento de lo mandado, ponga á VV. este oficio, participandolo aquella resolucion, y recomendandole lo que implora de la bondad de VV. este illustre ayuntamiento y suplicando se dignen inclinar sus acciones á lo pedido en la inteligencia, de que agradecido el cuerpo suplicante perpetuará este favor en su reconocimiento.
Dios guarde á VV. muchos años. Salvatierra mayo 5 de 1824. Rafael Herrera.» (La Águila Mexicana, 12/5/1824: 3).
Y será en el periódico El Sol, en donde se expondrá con toda claridad el método lancasteriano en 1826. El 24 de junio de este año, bajo el título «sistema de educación bajo el método de Lancaster», la publicación periódica resume cómo funciona el modelo y de qué manera puede aplicarse. Hace mención, en primer lugar, a cómo debe concebirse el espacio de la escuela, que tendrá la figura de un «cuadrilongo» o «paralelogramo», y cómo debe estar estructurado: «las salas de las escuelas deben construirse en parages abiertos, lejos de las calles pasageras y con fuentes de agua en sus recintos ó inmediaciones para la limpieza. Todo esto se halla reunido en los conventos» (El Sol, 24/6/1826: 1501). Se dispondrá también de un patio o corral para que los niños jueguen en los descansos y las aulas deberán tener una determinada inclinación («seis pulgadas»), que permitirá colocar a los maestros en la parte de abajo y, paseándose estos hasta la más alta, podrán controlar el comportamiento de sus estudiantes. El material de construcción será el ladrillo seco y se levantarán tarimas para la mejor visión del maestro; las bancas estarán bien sujetas por los extremos y nunca mirando a la pared, y se determinará una buena ventilación del aula con techos altos y grandes «ventiladeros». Una de las grandes máximas de la escuela lancasteriana, y que debe grabarse a tinta en una zona de tránsito, es que en una escuela «debe haber un lugar para cada cosa, y cada cosa debe estar en su lugar». Con objeto de ahorrar en material, los niños deberían comenzar a escribir con pizarras pequeñas, y sirviéndose de palos, en vez de usar papel y tinta, la cual debe usarse meses después y disponerse en aberturas en forma de uve (V), para mayor economía y limpieza. Los atriles deben estar inclinados y cada escuela dispondrá también de un reloj. Se avisa de que el maestro no debe lucrarse con la venta de utensilios a los niños.
Y un aspecto importante es reseñar que cada clase tiene sus lecciones y que deben confeccionarse por niveles. En este sentido, habrá espacios concebidos para enseñar a leer (alfabeto, palabras o sílabas de dos letras, de tres letras, de cuatro letras, de cinco letras, y deletreo de lecciones de dos sílabas y el viejo testamento), a escribir (con impresión de palabras de dos y tres sílabas y de cuatro y cinco letras), y a contar (numeración, división, adición, etcétera).
Por último, se discute también la importancia de los monitores o decuriones, que deben ser examinados previamente por el maestro. Su labor es la de enseñar (una hora con estudiantes de clases inferiores) y aprender (una hora con compañeros del mismo nivel). El hecho de que estos alumnos puedan estar habilitados también para la enseñanza contribuye a que valoren más su contribución a la sociedad, pues «adquieren aquel tacto y aquella circunspeccion tan necesaria en el trato de la vida» (El Sol, 24/6/1826: 1501). Y la conclusión del artículo sobre el sistema de Lancaster resume las causas de su necesidad:
Hemos llegado al grande paso que ha dado Lancáster en la instrucción. Por su método se han evitado parcialidades, se ha economizado mucho dinero y muchos maestros, y se ha sistemado un principio de noble emulacion en virtud de la cual se han hecho grandes progresos en la institucion pública. El empleo de la disciplina militar puede servir de mucho á nuestro autor para su reforma. (El Sol, 24/6/1826: 1501).
Un año después de estas observaciones, el mismo periódico se hace eco de cómo se discute en la tarima política el método lancasteriano, advirtiéndose de las mejoras que pueden hacerse. Las quejas se centran esencialmente en que los monitores o decuriones no están bien preparados ni controlados por los maestros, que tampoco corrigen a aquellos, además de la ausencia de una cartilla que contenga las enseñanzas de este modelo didáctico. Se plantea como primera necesidad que estos materiales sean discutidos y contrastados con los que ofrecen otros países que hayan puesto en práctica la experiencia lancasteriana, pues el refinamiento de estas enseñanzas contribuirá al bienestar de la república:
Está bien persuadida de que esta cartilla no será un iris que calme las tempestades que se levanten contra el sistema: prevee que unos impugnarán un capítulo, los otros un artículo, aquellos que en tal parte se lleve ecsactamente el plan adoptado por Francia, y en otros ni aun mencion se haga de él; pero como conoce que no hay obra hecha de mano de hombre que sea perfecta en todas líneas, y como por otra parte á pesar de la uniformidad escrupulosa que se desea en el sistema, nada hay que haya tenido mas variaciones, se contenta con presentar un ensayo de las mejores observaciones de los sábios de Europa, apoyada por la propia esperiencia.
Dichosos nosotros si podemos cooperar algun tanto á elevar los estados de Anahuac por medio del sistema de enseñanza mútua al grado de prosperidad que deben tener entre las naciones todas del orbe, y mientras que nuestros sábios legisladores aseguran sus adelantos en la generacion actual, dedicándonos á la futura, podemos realizar la gran mácsima del obispo Laudaff: si hay algun medio para contener la corrupcion de una nacion cuya opulencia aumenta, y cuya moral se pierde, no es el de las leyes, cuyo objeto directo es corregir las malas costumbres de los hombres, sino el de una educacion que forme el corazon de los niños imbuyéndoles la escelencia de la religion y de la moral. Dios y libertad. México julio 26 de 1827. José María Jáuregui. Joaquín Carrera. Isidro Gondra.» (El Sol, 5/8/1827: 3226).
Y en 1828, Félix Mendarte publica la primera reseña sobre un manual de enseñanza mutua en México:
De la obra de educacion titulada: Arte para la primera enseñanza de niños y niñas por el sistema mútuo, que el año prócsimo pasado anunció el que suscribe, está concluido ya el primer tomo y toda la colección de muestras y carteles que son precisos en una escuela de primeras letras, ó para el que guste educar por sí mismo á sus hijos... Unicamente queda pendiente el segundo tomo, del cual hay hechos ya ocho pliegos; y aunque concluirá, Dios mediante, no puede asegurarse el cuando, por estar encargadas á Europa sus láminas hace mas de quince meses. Con este motivo se avisa á los sres. suscritores y á todos los demas amantes de estas tareas, que si gustan recoger ó comprar dicho primer tomo y colección, pueden hacerlo ya; seguros de que con solo su contenido está bien socorrida la primera educacion. Pues aunque el segundo tomo es muy esencial, como lo particular de él se reduce á esplanar mas las teorías para uso de los profesores y satisfaccion de los curiosos, principalmente el tratado de calografia, se hace mas sufrible su demora. Felix Mendarte.
El precio del primer tomo y de la espresada colección que va separada, es nueve pesos para los suscritores y diez para los que no lo son. Hállase en la H. Veracruz, librería del autor, calle de Salinas casa número 784; y tambien se vende en ella por separado todas las muestras y carteles, ó solo los pertenecientes a cualquier ramo, cuyo número y division es á saber.
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17 carteles para las seis primeras clases de leer.
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24 dichos duplicados para la séptima id.
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15 muestra para las cinco primeras clases de escribir.
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14 dichas para la sesta y séptima clase id.
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54 carteles de la doctrina.
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36 dichos de civilidad y política.
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30 carteles de aritmética.
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20 dichos de ejemplos prácticos de ella.
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20 dichos de ortografia.
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20 dichos de gramática castellana.
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6 dichos de calografia.
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10 dichos de geografia.
Ultimamente, el tomo 1.º trata en su 1.ª parte del aparato y utensilios para la formacion de escuelas primarias de cualquier número: la 2.ª contiene el método que se debe usar para el buen órden de la instrucción: La 3.ª el sistema de educacion para las niñas: La 4.ª indica como se puede dar y uniformar los ecsámenes públicos; y la 5.ª es un contenido de 35 notas que amenizan la obra.» (El Sol, 16/3/1828: 5032).
En la Nueva España y territorios surgidos de este virreinato, la alusión al sistema lancasteriano es constante hasta finales del siglo xix, sobre todo, en el caso de México, en donde hay constancia de su aplicación hasta 1869. Posteriormente, durante el porfiriato (a partir de 1876) se suceden las críticas al método por implicaciones de carácter eclesiástico: la nueva tendencia política más laica mantenía sus reticencias sobre el uso de la Biblia y otros materiales de índole religiosa en las aulas.
El detenimiento en la aceptación o rechazo de este tipo de sistemas pedagógicos creemos que puede arrojar evidencias interesantes para los estudios de historiografía lingüística, pues la transmisión de las ideas gramaticales, en sentido estricto, no acontece de manera paralela a las circunstancias sociales o políticas del lugar y la época en la que se manifiestan. Las teorías de la gramática y su aplicación a la enseñanza efectiva de la lengua campan en distintos planos y niveles: los planteamientos teóricos abstractos no interesan al pueblo llano ni a los poderes fácticos, que los contemplan como disquisiciones enrevesadas inútiles para el buen desarrollo del hablar (cfr.Rivas Zancarrón 2019b). La mente del estadista, incluso del ilustrado, está más enfocada en los procesos de alfabetización (aprender a leer y escribir), que en la viabilidad de una determinada gramática, base de los estudios superiores. Por esta razón, los manuales de enseñanza y los sistemas pedagógicos no se implican en si una teoría es buena o mala para explicar una lengua, sino en si es efectiva para que la mayor parte de los ciudadanos se alfabeticen. Aquí es donde las variables sociopolíticas y económicas entran en juego, las cuales dan muestras de las circunstancias por las que una lengua se enseña en la escuela y los motivos por los que se impone un modelo pedagógico o unos manuales concretos. De otro lado, la intervención del gramático particular desde esferas superiores en estos procesos de alfabetización acontece cuando se producen choques actitudinales ante la lengua, fruto de una distinta concepción de norma lingüística, la cual sí surge por condicionantes de carácter político: las barreras geográficas se convierten en fronteras conscientes de variación lingüística y son defendidas a capa y espada. Téngase en cuenta que no solo una situación política puede interferir, por ejemplo, en los manuales que se usan para la enseñanza de una lengua (la utilización, como en este caso, de la Biblia), sino que el debate en torno a lo normativo en el idioma (donde sí puede intervenir el gramático) podrían afectar a la aceptación de manuales y modelos didácticos concretos. Así, la elaboración de cartillas, sus sistemas de silabeo o el porqué de la utilización de una determinada ortografía condicionarían, sin duda, la prevalencia o rechazo de una aplicación pedagógica.
5. FAZIT Y ALGUNAS CONCLUSIONES
A través de los canales de opinión pública podemos intuir las razones que se escondían en los intentos de aplicación de este modelo pedagógico que, en el caso de los territorios de la Nueva España, fueron de índole sociopolítica y económica. En los primeros momentos, la Real Orden de 1770 emitida por Carlos III obligaba a la alfabetización del contingente indígena, que se había quedado sin medio de expresión, pues el castellano se había convertido en la única vía de comunicación con el hombre y con Dios. Se tenía el derecho ―y casi el deber― de aprender y enseñar español, pero criollos, por un lado, y sacerdotes, por otro, boicotearon por intereses particulares esas prebendas de obligado cumplimiento. La opinión pública, como hemos mostrado en los epígrafes anteriores, se dividía entre los partidarios de una educación elitista, que afectaría a un grupo social reducido ―defendida por la Gazeta de México―, y los que se amparaban en el cumplimiento de las leyes tras la disposición de 1770, que permitiría la alfabetización de las clases sociales pobres, incluyendo aquí a la población indígena; de esta última postura sería abogado el Diario de México. A pesar de que el modelo lancasteriano tiene ya predicamento en la prensa novohispana de principios de siglo xix, los intereses locales de criollos y sacerdotes, por un lado, y la desviación del foco educativo, por otro, causado por la situación política de la España de esos años ―que estaba sumida en las guerras contra Napoleón―, provocaron que la creación de escuelas en estos territorios se pospusiera. Después de las independencias americanas, el panorama educativo dio un giro: la opinión pública ponía en foco la educación del pueblo como necesidad imperante para el progreso de las nuevas naciones y vio en el modelo lancasteriano el vehículo para hacerla realidad. El surgimiento de las distintas y nuevas realidades americanas se sustentaba ahora en una suerte de idiosincrasia cultural, en donde recobrarían importancia nuevamente los pueblos indígenas. De estos se serviría la clase dominante para justificar los límites geográficos y políticos, aunque, eso sí, el idioma de la nación sería el castellano; no obstaba, en cambio, para que las lenguas prehispánicas no tuvieran garantizado su rincón particular en el fomento de su estudio, pues formaban parte del patrimonio y acervo cultural del nuevo territorio. En cualquier caso, la prioridad era alfabetizar al mayor número de la población posible y para estas lides el modelo lancasteriano se ofrecía como una solución ideal, dada también la situación económica por la que pasaban los nuevos territorios, sumidos en continuas guerras.
En la extensión de este modelo pedagógico, no deben pasar desapercibidas las actitudes implícitas ante la transmisión normativa particular del castellano que pretendía enseñarse. Téngase en cuenta que la misma combinación de letras propuestas para el silabeo y el aprendizaje de la escritura bajo este sistema, presuponía un modelo de norma peninsular, que penetraba de manera inconsciente a través de los manuales publicados y distribuidos desde España, lo que invitaba a elevar a norma la pronunciación de una variante considerada de prestigio. Este hecho ya resultaba digno de mención en el Diario de México, cuanto más en la consideración del tipo de español que habría de enseñarse en lugares que defendían a capa y espada su ser diferente. Y no solo la pronunciación, sino también la ortografía de rigor venía necesariamente manipulada por textos peninsulares. De estas divergencias, ya dio cuenta el Diario de México en un texto sobre el uso de las cartillas, aparecido en 1806:
Sobre el uso de las cartillas.
S. D. Aunque no me acomoda que todas las cosas de España sean mejores que las nuestras, por que soy un criollo muy fino, me ví en la necesidad de comparar un silabario, para que aprendiera mi hijo á leer, advirtiendo los gravisimos defectos que tiene la cartilla que se usa en las escuelas: por que sobre su muy mal imprenta, es insufrible aquella sandez de que todas las convinaciones an de ir por el orden que pone a las vocales á, é, í, ó, ú el qual aprenden los muchachos de memoria para decir: be, á ba, be, é, ba, be, í, bi, be, ó, bo, be, ú, bu, y despues no hacen mas que ver la primera letra, y dicen volando qualquiera renglon, sin olvidar la seqüela del á, é, í, ó, ú; pero sin aprender ni entender jamás lo que ablan.
Aquello de be, á ban, lo juzgo tambien del todo inutil en el dia, y solo bueno para embrollar à los niños, llenarles de confusiones, y el copiar el padre nuestro, ave maria, salve &c. esa otra bobera de no menor tamaño; por que lo oyen en su casa muy repetidas veces, y en la misma escuela, y asi luego que se les presenta lo dicen asi mismo de memoria, sin adelantar un paso en la lectura.
De aquí es que concluye un muchacho la cartilla, despues de muchos meses, ó tal vez de uno, ó dos años de pagar escuela, ó amiga; la maestra ó maestro avisa al padre, le exîge un victor para disfrutar la gratificacion y la merienda, gasta uno en coche y demás, doce ó catorce pesos; y por fin el muchacho no sabe, sino las oraciones que le enseñó su madre de memoria, y la cantinela de be, á, ba, be, é, be, &c. y aun éstas mismas silabas no las dice quando se le muestran por separado, ó en otro libro: pero vamos al caso.
Compré pues mi silabario de España, de muy bella letra, y sin que contenga otra cosa, que las combinaciones mas freqüentes, dispuestas con variedad, é industria, aunque sin faltar á cierto orden que no es perceptible á los niños: hizo à mi Pepe, que aprendieran bien el alfabeto, y luego á pronunciar las silabas juntas v. g. ban, ben, y no be, á, ene, ban, be, é, ene, ben, y asi todas: ésta fué operacion de quince ó veinte dias, por que soy eficaz, y por que quería quedas bien cimentado, y despues sin mas trabajo que irle dividiendo en el libro que le puse en las manos las mismas silabas con unas comitas, para que no las confundiera; por ejemplo, = la, vir,tud, es, a, ma, ble, a, un, á los, o, jos, de, los, im, pi, os, = supo leer el muchacho, reflexîonando él propio, que la silaba pa: y la: dre quando se juntan dicen padre, y recibiendo tal complacencia de estos descubrimientos, que el creía suyos, y no son sino frutos naturales del metodo con que se le enseñó, que le ha cobrado demasiado amor à la lectura, y se ejercita continuamente.
Debo confesar à V. que su maestro ayudó no poco á estos progresos: pacté con él, que siguiera en todo mis ideas, y que por esto le daria precisamente el estipendio que me pidió: no solo lo á echo asi, sino que quando mi Pepe le daba pronto la leccion le regalaba un bizcocho, ó un dulze, y si faltaba à ella lo detenia en la escuela una media ora, ó una ora mas de lo regular: con lo qual, el cariño y buen trato, é inspirarle á menudo sentimientos de onor, para formar en su corazon éste solo resorte de sus operaciones, hemos vistos éstos rapidos adelantos, con satisfaccion, y yo he tenido la de que el dicho maestro haya adoptado mi modo de pensar para toda su escuela.
Luego que le vímos en este estado, que en todo ello se gastó poco mas de un mes, ize que comenzáran á escribir, esto es á formar lineas derechas, ó palotes, finales, medios finales, circulos y medios circulos, en una pauta mediana, que yo mismo escogí, y no en la que se usa vulgarmente para los que empiezan: mi designio es que se le acostumbre la mano á hacer esto, aunque por ahora no lo entienda, para que despues facilmente con mayores luces sepa que juntando un palote à un medio circulo sale una d, una p, &c. y á la verdad no encuentro mérito para que no se enseñe á un propio tiempo á leer y à escribir estos signos, ó figuras, si no es quando la mui tierna edad del niño no lo permita.
Si V. conceptuare que estas reflexîones son de alguna utilidad, se servirá darles un lugarcito en su diario; y si no el destino que merezcan, quedando siempre su afectisimo y apasionado. Juan Pedro.» (Diario de México, 6/6/1806: 149‑51).
La evolución del ajuste teórico de los manuales lancasterianos a una norma concreta, que no coincide con la variante de un territorio sería de enorme interés para el conocimiento de las actitudes ante la lengua y la discusión sobre la norma en los diferentes espacios geográficos. Hasta que la imprenta no vaya consolidándose en los distintos territorios americanos, el uso de cartillas para la enseñanza de primeras letras vendría condicionada por las indicaciones normativas de España. De este hecho se era muy consciente en algunos vehículos de opinión:
El producto de estas cinqüenta mil cartillas, á razon de quatro por media, rendirá doce mil y quinientos medios seis mil doscientos y cinqüenta reales, tres mil ciento veinte y cinco pesetas, mil quinientos sesenta y dos roslones y dos reales, setecientos ochenta y un pesos, dos reales: si de esta suma deducimos los trescientos noventa pesos del costo, quedará una ganancia liquida de trescientos noventa y un pesos dos reales. Luego en esta impresión ganará la nacion mas de un ciento por ciento.
A este tenor bien podra la nacion dar á los niños en todas las poblaciones del imperio las cartillas á tlaco, los catecismos á medio &c . las obras para que las escuelas mayores, á razon de tres reales y tlaco cada tomo en octavo de quatrocientas páginas &c. En el dia, no digo en los lugares mas distantes y remotos de las provincias, sino en al misma capital del imperio, no baxan estas obrillas de un precio quatro tantos mayor pues en las compras de por menor no baxan las cartillas de medio, ni los catecismos de dos reales. De los libros usados en nuestros colegios y universidades, ya no se diga, bastando reflexîonar que todos tenemos que recibirlos de los extrangeros, comprándolos de tercera ó quarta mano. Las sumas que con sus libros nos sacan los extrangeros, son de alguna consdieracion, y de toda esta carga nos libertará el establecimiento de esta renta, pues con un solo exemplar de una obra que se les compre, bastará para que las copias se multipliquen á millaradas». (Fanal del Imperio Mexicano, 15/5/1522: 368)
Y este mismo periódico transmitía constantemente su preocupación por que los legisladores crearan un manual de enseñanza apropiado y generalizado para todas las escuelas:
Penetrados de estas verdades, reconcieron nuestros legisladores la obligacion en que se halla el estado de costear la enseñanza pùblica, y de franquearla gratuitamente à los ciudadanos. Mas para sacar de ella todo el fruto posible era necesario uniformarlas: asi lo previene el art. 262 de la constitucion del estado, y nada es mas conforme al objeto. Escogido el mejor libro elemental sobre determinada instrucción, este debe enseñar en todas las escuelas respectivas del estado: de otra manera, en unas se enseñarian verdades, en otras errores, y en todas seria arbitrario el método de los preceptores. La comision cree pues, que esta incoherencia de doctrinas y de sistema desaparece, adoptando por primera base de la educacion pública, la uniformidad, tanto en el método, como en los libros elementales. (Fanal del Imperio Mexicano, 24/01/1826: 2)
Para la transmisión de las ideas gramaticales, las fuentes marginales aquí analizadas ofrecen una información de alto interés, ya que explican el entorno sociopolítico en el que estos pensamientos se vehiculan: su aceptación implícita o explícita en torno a la consideración de una norma lingüística. Trazar la historia del triunfo, pervivencia o rechazo de los diferentes modelos educativos desde los canales de opinión pública podría contribuir no solo a justificar el porqué del asentamiento de una idea gramatical, sino también a justificar la presencia de una norma lingüística concreta en un determinado territorio.
FINANCIACIÓN
Esta publicación se inscribe en el marco del proyecto de investigación «Política, ideologías y actitudes lingüísticas en la España y América de los siglos xviii y xix: un acercamiento desde los textos periodísticos y gramaticales» (ref. PID2020-115226GB-100), subvencionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Fuentes primarias
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Fanal del Imperio Mexicano (1822). México: L.L.H.H. Morán. En línea: http://www.hndm.unam.mx/consulta/resultados/visualizar/558075be7d1e63c9fea1a27a?resultado=7&tipo=publicacion&intPagina=0 (Consulta: 1/11/2024).
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Gazeta de México (1784-1809). México: Valdés y Murguía. En línea: http://www.hndm.unam.mx/consulta/busqueda/buscarPorRangoDeFecha?rango=1722-1799&id=1 (consulta: 11/11/2024).
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La Águila mexicana: periódico cotidiano, político y literario (1823-1827). México: Germán Nicolás Prisette. En línea: http://www.hndm.unam.mx/consulta/resultados/visualizar/558075bd7d1e63c9fea1a0f3?resultado=11&tipo=publicacion&intPagina=0 (consulta: 17/11/2024).
Fuentes secundarias
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Notas
[1] Dado que el origen del método se esconde en los principios del modelo educativo del Dr. Bell, que desarrolló su actividad en la India, también se alude a él con la designación de «método de Madrás». Hay constancias de aplicación de este modelo educativo en 1795 por parte del Dr. Bell, quien también publicó dos años más tarde el manual titulado Ensayo de educación, hecho en el colegio de Madrid, que consiste en un método por cuyo medio una escuela entera o una familia puede instruirse a sí misma bajo la vigilancia de un solo maestro. Inglaterra, de todos modos, se mostró más reticente a los principios de Lancaster, pues veía en él una mayor neutralidad religiosa.
[2] El modelo pedagógico se instauró de manera general en España en torno a la Escuela Central en 1819, un año después de que apareciera la traducción al español de los Improvements de Lancaster (1818), de los que Mallorca conocería también una edición un año más tarde.
[3] Como indican Carreño & Colmenar Orzaes (2013: 622), «el hecho de que Lancaster no se afiliara a ningún dogma religioso y que uniera la enseñanza fundamentalmente a la razón como medio de conocimiento, fue un motivo más de atracción para los sectores liberales que, en España, impulsaron a través de la legislación, la institucionalización de este tipo de escuelas».
[4] En Perú, los últimos vestigios del método datan de 1852, pues resistió hasta esa fecha a pesar de las campañas de desprestigio que lanzaba la prensa desde 1828. En Brasil, desapareció en 1871 por las sospechas atribuidas a Lancaster de servirse de la Biblia como material educativo. En Chile, también perdió fuerza al final de la primera mitad del siglo.
[5] De hecho, el por aquel entonces virrey de la Nueva España, José de Iturrigaray, tuvo que intervenir en una polémica ortográfica denunciada por López Cancelada, pues Villaurrutia abogó por un sistema simplificado de grafía castellana que incorporó en la edición del Diario de México López Cancelada veía en este uso heterográfico una forma de sedición, que obligó al virrey a ordenar a Villaurrutia que el periódico se editase con la grafía convencional de entonces, respetando los cánones establecidos por la Real Academia Española (cfr.Rivas Zancarrón 2023b).
[6] Muchos de estos manuales se concebían como textos elaborados por particulares, promocionados por la Gazeta de México desde épocas tempranas: «En dicha Libreria [Don Manuel Lopez de Luna en Veracruz] se hallan juegos de á diez y ocho muestras del Arte de Escribir de Servidor á 35 rs. y sueltas a 2 1/2 rs. Compendio de la Gramática y Ortografía Castellanas, dispuesto con arreglo á las de la Real Academia de la lengua para el uso de las Escuelas de primeras letras, quinta edicion á quatro reales». (Gazeta de México, 2/2/1798: 8).

