1. OBJETIVO Y TESIS PRINCIPALES
Nuestro objetivo principal será tratar de interpretar las metáforas de los sabores como un fenómeno genuinamente humano, con su sello indiscutible en nuestra vida cotidiana, incrustado tanto en el pensamiento como en la lengua y en el hablar. Explorar la motivación conceptual de la metáfora sirve para revelar los vínculos entre lenguaje y pensamiento que subyacen en la metáfora, ya que su creación y su interpretación están mediadas por la experiencia y la cognición. Además, el lenguaje metafórico, siendo la manifestación de uno de los modos en que se estructura la conceptualización de lo extralingüístico, se erige en una de las pruebas más firmes a favor de la tesis del pensamiento metafórico y del saber metafórico. A partir de la perspectiva esbozada, en este artículo nos proponemos examinar algunas metáforas relacionadas con los cinco sabores básicos: dulce, salado, agrio, amargo y picante (incluido el soso), que se han elegido como dominio fuente en el estudio contrastivo entre el español y el búlgaro. Plantearemos dos tesis principales: (1) la percepción y la intuición están arraigadas en los principios que siguen las proyecciones metafóricas sobre diferentes dominios meta, (2) los resultados que se obtendrán en el análisis de las proyecciones del área gustativa sobre distintos dominios meta en las lenguas contrastadas podrían brindar algunas pistas para buscar las «huellas» etnoculturales, comunes, pero también «tamizadas», en las vías que ha seguido el pensamiento metafórico en las respectivas comunidades lingüísticas. En lo que respecta al español, se tomarán en cuenta algunas de las variedades diatópicas que se dan en el mundo hispanohablante, que, aun compartiendo el español como lengua histórica, presenta diferencias dentro de esta relativa unidad.
La primera tesis se relaciona con la capacidad interpretadora del pensamiento metafórico y su producto, la metáfora, que es un fenómeno específico, pero también universal, vinculado ontológicamente al pensamiento, a la cognición, a la psicología, a la experiencia social, a la cultura, en fin, a nuestra condición humana. La organización de las percepciones y los conocimientos es una especie de aprehensión del mundo que nos rodea y un principio de interpretación de la realidad extralingüística que aprovecha distintas vertientes de nuestra experiencia. Por tanto, el hecho de que categorizamos la realidad extralingüística acorde con nuestro conocimiento y experiencia es una facultad universal del pensamiento humano.
La psicología cognitiva y, de ahí, la lingüística, han visto en la metáfora un instrumento cognitivo para la conceptualización de la realidad extralingüística. Para la llamada teoría de la metáfora conceptual es fundamental considerar las proyecciones, ya que estas pueden proporcionar datos sobre el «conjunto de asociaciones sistemáticas entre elementos del dominio fuente y el dominio meta», así como acerca del «conjunto de inferencias que resultan posibles gracias a esa asociación» (Soriano 2012: 98). Asimismo, se reconoce que la proyección o mapeo estructural de una esfera conceptual conocida (dominio fuente/origen) sobre la nueva esfera de conocimiento (dominio meta/destino) va arraigada en la experiencia humana y aplica el principio de la analogía y la semejanza en la organización de las nuevas representaciones, es decir, la metáfora se procesa de la misma manera que la comparación literal (Gentner & Bowdle 2008). Al concebir la metáfora como facultad humana, erigida en principio de interpretación de la realidad extralingüística, se revela su esencia más profunda no solo de fenómeno conceptual, sino también de procedimiento universal para la conceptualización de la realidad que aprovecha distintas vertientes de la experiencia humana.
La segunda tesis parte de la hipótesis que se vislumbra en Coseriu (1977: 80) sobre la posibilidad de encontrar cierta universalidad en el pensamiento metafórico:
[...] el conocimiento lingüístico es muchas veces conocimiento metafórico, un conocimiento mediante imágenes, las cuales, además, se orientan tan a menudo en el mismo sentido que nos hacen pensar seriamente en cierta unidad universal de la fantasía humana, por encima de las diferencias idiomáticas, étnicas o culturales.
Pero en el caso de expresiones como niña del ojo para indicar la pupila, o cuando decimos de alguien que es media cuchara, o cuando [...] de alguien que es bondadoso decimos que es un alma de Dios y de otro que es malo decimos que es un alma de Judas o de Caín o de caballo, entonces nos encontramos en una situación que es, o por lo menos ha sido en cierto momento, completamente distinta: nos encontrarnos frente a intentos de clasificar la realidad, ya no mediante categorías de la razón, sino mediante imágenes, y frente a analogías establecidas, no desde un punto de vista estrictamente formal, entre vocablos, sino poéticamente, entre «visiones», que deben haber surgido, en cierto momento particular, de la fantasía creadora de alguien. Nos encontramos frente a lo que, en un sentido muy amplio, llamarnos metáfora, que no entendemos aquí como simple transposición verbal, como «comparación abreviada», sino como expresión unitaria, espontánea e inmediata (es decir, sin ningún «como» intermedio) de una visión, de una intuición poética [...].
Claro que no todas las metáforas que se producen en los actos lingüísticos concretos se vuelven «lengua», es decir que no todas penetran en la tradición de la comunidad. Además, entrando en la «lengua» se van haciendo «convencionales», perdiendo gradualmente su valor inicial de imágenes.
Del texto citado se pueden inferir tres conclusiones relacionadas con el tema de nuestro estudio: (a) sobre la posibilidad de encontrar una dimensión universal en la fantasía humana, (b) sobre la posibilidad de clasificar la realidad no mediante categorías de la razón, sino mediante imágenes, estableciendo analogías no desde un punto de vista estrictamente formal, entre vocablos, sino poéticamente, entre «visiones», (c) sobre la convencionalidad de las metáforas, incluidas las gustativas.
La «unidad universal de la fantasía humana» intuida por el maestro podría buscarse en la proyección de lo perceptivo a lo conceptual, que es lo que ilustran las metáforas de los sabores. La metáfora es cognición y principio para la conceptualización de la experiencia, las representaciones y las percepciones del ser humano (cfr. Vucheva 2016: 175‑97). Ello quiere decir que la conceptualización metafórica es algo más que conocimiento metafórico: es un determinado modo (pero, con todo, no el único posible) de organización de la experiencia y los conocimientos, una especie de re‑conceptualización y re‑categorización del mundo que nos rodea.
Además, la representación interpretativa también tiene su sello cultural y este podría rastrearse en la imagen lingüística del mundo en cuanto reflejo de la imagen conceptual del mundo. Así, el cotejo entre las metáforas relativas al sentido del gusto nos podría proporcionar datos sobre el modo en que las distintas culturas «interpretan» y conceptualizan el mundo. En algunos casos, este modo de interpretación será común y, en otros, específico, es decir, presentará la «forma en que las culturas distinguen diferentes aspectos de la corporeidad» (Caballero & Ibarretxe-Antuñano 2009: 278) o lo que se ha denominado tamiz cultural (culture sieve) o filtro cultural (Ibarretxe-Antuñano 2018: 43).
2. SABOR Y METÁFORAS GUSTATIVAS
Según la función que desempeñan, de acuerdo con la clasificación de Lakoff & Johnson (1980), en las metáforas de los sabores las proyecciones son ontológicas, ya que se interpretan como la categorización de lo abstracto a través de magnitudes más concretas relacionadas básicamente con las asociaciones que derivan de nuestra experiencia corporal, física o perceptiva. Es decir, se basan en la interacción de las áreas auditivas, visuales y cinésicas del cerebro con la experiencia general del ser humano en el mundo físico, cultural y social (cfr. Coulson 2008), denominada en la lingüística cognitiva (Ibarretxe-Antuñano 2018: 40) corporeización (embodiment). En nuestro caso, enfocaremos el área perceptiva con atención a la experiencia gustativa. Además, según se verá, las metáforas relacionadas con el sabor se basan en proyecciones epistémicas, o sea, «representan el conocimiento que se importa del dominio origen al dominio destino» y expresan «las intuiciones que extraemos del dominio origen para razonar sobre el dominio destino» (Cuenca & Hilferty 2007: 102). Esta observación explica el hecho de que las proyecciones de un mismo sabor como dominio fuente se extienden sobre distintos dominios meta. Las respectivas correspondencias nos llevan al criterio interpretativo que se aplica en los casos concretos de una misma cultura, permitiendo, al mismo tiempo, vislumbrar similitudes y diferencias en la aprehensión gustativa de distintas culturas.
A esta etapa el estudio se limita a las fuentes lexicográficas que nos suministrarán los datos sobre las expresiones metafóricas convencionalizadas a partir de las que pueden rastrearse las metáforas conceptuales. El criterio de selección de los ejemplos será el cualitativo, con atención a los usos metafóricos recogidos como acepciones del término de entrada en el respectivo artículo del diccionario, o sea, los significados registrados, reconocidos y utilizados por una comunidad, con las variedades territoriales, sociales y estilísticas correspondientes. Las fuentes exploradas son diccionarios de reconocido prestigio que ofrecen observaciones fiables sobre las esferas de empleo de una expresión metafórica concreta, incluidas las variaciones diatópicas, diastráticas y diafásicas más usuales. Por lo tanto, se utilizan, con referencia al español: el Diccionario de la lengua española (DLE) de la Real Academia Española, el Diccionario ideológico de la lengua española (DILE) de Julio Casares, el Diccionario de uso del español (DUE) de María Moliner, el Diccionario del español actual (DEA) de Manuel Seco et al., el Diccionario Clave: Diccionario de uso del español actual (Clave), dirigido por Concepción Maldonado González, el Diccionario de locuciones idiomáticas del español actual (DiLEA) de Inmaculada Penadés Martínez, el Diccionario Español en WordReference (DEWR) y sus foros; con referencia al búlgaro: el Diccionario de la lengua búlgara (DLB) del Instituto de Lengua Búlgara, el Diccionario búlgaro explicativo (DBE) de Liubomir Andreichin et al., el Diccionario fraseológico de sinónimos de la lengua búlgara (DFSLB) de Ani Nanova y el Diccionario de sinónimos de la lengua literaria búlgara moderna (DSLLBM) de Milka Dimitrova & Ana Spasova.
Para empezar, veamos las definiciones que son relevantes para la interpretación de las metáforas del sabor o del gusto en los diccionarios:
En español: DEL
Sabor 1. Sensación que ciertos cuerpos producen en el órgano del gusto. 2. Impresión que algo produce en el ánimo.
Saborear 1. Dar sabor y gusto a algo. 2. Percibir detenidamente y con deleite el sabor de lo que se come o se bebe. 3. Apreciar detenidamente y con deleite una cosa grata.
Gusto: 1. Sentido corporal con el que se perciben sustancias químicas disueltas, como las de los alimentos. 2. Sabor que tienen las cosas. 3. Placer o deleite que se experimenta con algún motivo, o se recibe de cualquier cosa. 4. Propia voluntad, determinación o arbitrio. 5. Facultad de sentir o apreciar lo bello o lo feo. 10. Manera de apreciar las cosas cada persona. 12. Afición o inclinación por algo.
Gustar 1. Sentir y percibir el sabor de las cosas. 2. Experimentar. 3. Agradar, parecer bien. 4. Dicho de una persona: resultar atractiva a otra. 5. Desear, querer y tener complacencia en algo.
Aunque gusto es uno de los cinco sentidos, o sea, el sentido corporal con que se perciben los sabores, en español gusto y sabor son sinónimos en lo referente a la sensación perceptiva y a su proyección sobre la manera de apreciar el mundo que se consigue a través de la sensación; saborear y gustar remiten a la apreciación positiva.
Búlgaro: RBE
Vkus [‘gusto/sabor’]: 1. Uno de los cinco sentidos, cuyo órgano es la lengua y el interior de la boca. 2. Sensación de dulce, amargo, agrio, salado, etc., que se produce cuando una sustancia entra en contacto con órganos sensoriales especiales en humanos y animales. 5. Inclinación natural, atracción, preferencia por algo. 6. Sentimiento desarrollado, sentido de la belleza, elegancia, mayor capacidad de percepción y apreciación estética.
Vkusvam [‘saborear’]: 1. Probar el sabor de la comida. 2. Comer, beber un poco o probar algo por primera vez. 3. Experimentar, generalmente por primera vez, alguna sensación, emoción, experiencia.
En búlgaro, para sabor y gusto existe un solo lexema vkus, que es tanto uno de los cinco sentidos como la sensación que se produce al percibir un sabor concreto (dulce, amargo, agrio, salado, etc.). En el primer caso, las proyecciones se disponen sobre la esfera de nuestras predilecciones; en el segundo, es a partir de la sensación como se establece la correspondencia ontológica entre los distintos sabores y la apreciación de la experiencia extralingüística. En vkusvam [‘saborear’] se alude a la experiencia en esferas no sensoriales.
Las definiciones que hemos seleccionado muestran que los campos de gusto y sabor coinciden con el campo de vkus (= ‘gusto + sabor’) en la tradición búlgara y presentan analogía en las correspondencias apreciativas, valoradas, en principio, como positivas, por lo que diríamos, parafraseando la cita aducida de Coseriu, nos hacen entrever cierta universalidad de la aprehensión humana que relaciona la experiencia sensorial con la apreciativa y que está por encima de las diferencias idiomáticas, étnicas o culturales. Desde esta perspectiva general, procederemos al análisis de las metáforas relacionadas con los cinco sabores básicos. Como es de esperar, dentro de la universalidad de la percepción sensorial, aparecerán «huellas» de interpretación etnocultural, como también, diatópicas.
2.1. Dulce
A partir de las definiciones de los diccionarios, en ambos idiomas dulce se relaciona con el sabor suave y agradable al paladar, como el de la miel, el azúcar, etc. (DLE, DLB). Esta percepción de lo agradable al paladar interactúa con las otras cuatro áreas sensoriales para crear metáforas sinestésicas: visual (sonrisa dulce, mirada dulce), auditiva (voz dulce), olfativa (olor dulce), táctil (beso dulce). Además, lo agradable de la dulzura se proyecta hacia espacios no sensoriales, para referirse a lo grato o agradable, especialmente por su suavidad (DEA): un recuerdo dulce, dulces sueños, un clima dulce, una sensación dulce, una persona dulce (afable, complaciente, DILE; de trato afectuoso y modales suaves, DEA). En el registro informal, de dulce equivale a muy bien: «Me quedo aquí. En verano, Madrid está de dulce» (DiLEA). Dicho de un metal, significa purificado, dúctil y maleable, que se labra con facilidad (DEA) y, especialmente, el hierro dulce, que es libre de impurezas (DLE). Los derivados y sinónimos dulcemente, dulzura, dulzor, endulzar, dulcificar (moderar o mitigar la acerbidad de una cosa material o inmaterial, DILE), acaramelar, azucarar también se interconectan con las cualidades de suave, grato, gustoso.
Aquí merece ser mencionado el sabor de la miel que también se asocia con lo gustoso, suave, dulce y deleitable: esp. ser de miel algo; búlg. med mi kape na sartseto [‘miel gotea en mi corazón’], en el sentido de sentir felicidad y placer. Es común y casi universal la metáfora luna de miel que remite de nuevo a lo placentero y deleitoso en el viaje de la pareja recién casada. Es decir, tanto para las culturas hispanohablantes como para la búlgara, lo agradable, suave, deseable es dulce, que podría conceptualizarse según el esquema el agrado es dulce.
En este panorama general y simétrico, puede notarse un matiz relacionado con la tradición búlgara, en la que lo dulce es también lo sabroso: al principio de la comida, los búlgaros se desean Da ti e sladko [‘que te sea dulce’], mientras que los españoles se centran en el disfrute de la comida: Que aproveche. Los respectivos derivados en búlgaro naslada [‘goce’] y naslazhdavam se [‘gozar’] remiten al efecto de disfrutar y su aprovechamiento. Esta «huella» metafórica de la imagen conceptual del mundo nos hace suponer que la experiencia gustativa en la tradición búlgara se ha proyectado hacia la interpretación de lo que se puede disfrutar: la comida, el momento, las vacaciones, la compañía de alguien, la naturaleza, la vida, etc., es decir, para la cultura búlgara el disfrute es dulce.
O sea:
Si trasladamos a una escala más alta las proyecciones del sabor dulce, podemos decir que las varias expresiones metafóricas en las tradiciones culturales en cuestión responden a una misma metáfora conceptual el placer es dulce.
2.2. Salado
El sabor salado se interpreta en español en dos direcciones principales que se atribuyen a la sal. En ambas, la percepción de lo salado se proyecta sobre espacios no sensoriales. La primera remite a cualidades, como agudeza, donaire, lo «que tiene sal o gracia» (DEA), lo gracioso, agudo, chistoso (DLE). La segunda, característica de América Central (Damer), se relaciona con una persona que tiene mala suerte, desafortunada, desgraciada. Así, la exclamación coloquial ¡Qué salado eres! muestra dos variedades diatópicas, diametralmente opuestas en sus referencias a gracia ⟺ desgracia: en España será el gracioso y divertido: «¡Qué chistoso eres!», pero en América Central es el desafortunado y desdichado: «¡Qué mala suerte tienes!» (DEWR). En Uruguay y Cuba una persona salada es insoportable y molesta; en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay (Damer) presenta una característica diafásica al atribuirse coloquialmente a objetos de precio muy alto (Ese móvil es muy salado). El DILE recoge los tres focos básicos de la proyección del sabor salado en español: que tiene gracia, donaire o gallardía; desgraciado, infortunado; caro, costoso.
Es significativa también la proyección de la sal, que es la sustancia a la que se debe el sabor salado. Por un lado, tanto en español como en búlgaro, la metáfora bíblica la sal de la tierra o su reinterpretación en la expresión la sal de la vida alude a algo muy importante y valioso (DLB). Por otro lado, sal se relaciona con infortunio, desgracia, mala suerte (Damer). Sal gorda/gruesa califica la gracia ordinaria o chabacana (DiLEA) y echar sal en las llagas es «insistir en una cuestión enojosa, avivándola» (DEA). La proyección de salero sigue la dirección de gracia, donaire en tener mucho salero o ser saleroso (DLE). Lo dicho muestra que para las comunidades hispanohablantes lo gracioso es salado, lo costoso es salado, pero también, la persona insoportable es salada, la importancia es sal, la mala suerte es sal.
En búlgaro, en el habla coloquial, resalta la modalidad diafásica del sabor salado que se proyecta básicamente hacia lo que es caro y costoso, que podría referirse al precio, pero, asimismo, a cualquier actividad que supone un gran esfuerzo o causa problemas. Cuando algo nos sale salado, estamos en un gran problema, estamos pagando caro por algo (DBE, DFSB). El verbo deadjetival presoliavam [‘sobresalar’] es exagerar, propasarse, excederse en algo y, de ahí, presoleno [‘sobresalado’] es lo excesivo, lo exagerado, lo obsceno: presoleni vitsove [‘chistes sobresalados’]. Es interesante la proyección de la sal sobre aquello que es de mayor interés y da sabor a la actividad: la sal de la noche. Stavam na sol [‘hacerse sal algo’] quiere decir romperse, hacerse trizas, que correspondería en español a hacerse polvo, o sea, «destrozarse una cosa» (DiLEA). En español también existe una expresión parecida, enfocada en la sal, hacerse sal y agua, «reducirse a nada, desvanecerse, disiparse» (DLE, Damer), que es mucho más fuerte en intensidad. Por último, la expresión coloquial tria sol na glavata na niakogo [‘frotar sal sobre la cabeza de alguien’] es reprender, regañar.
Los ejemplos ilustran las varias proyecciones que sigue el dominio fuente salado/sal, siempre en dirección de la calificación o atribución de características: lo costoso (caro o difícil de conseguir) es salado; lo excesivo o exagerado es sobresalado; el valor y la creatividad son sal; reprender es frotar la cabeza de alguien con sal.
O sea:
La sal y el sabor salado como dominio fuente se proyectan de forma diferente sobre varios espacios conceptuales: en el mundo hispanohablante parece que esta proyección se desdobla en una paridad entre lo positivo y lo negativo; en la cultura búlgara prevalece la valoración negativa. Además, se nota que en ambos casos la asimetría en la conceptualización es casi total, con dos excepciones en la interpretación lo caro es salado y el valor / la importancia es sal. Con todo, podríamos deducir una metáfora general que reúna todas las características de las proyecciones sobre los distintos dominios meta, que sería lo significativo es salado.
2.3. Ácido/Acre/Agrio
La percepción del sabor agrio, propio del limón o del vinagre, se entrelaza, en primer término, con el espacio olfativo formando una metáfora sinestésica: olor agrio, que el DLE define como áspero y penetrante. A partir de esta captación sensorial de lo desapacible al gusto o al oído, se aprehende la experiencia psicosocial: agrio es lo desagradable no solo a los sentidos, sino que es «acre, áspero, desabrido» (DLE) referido a una persona de mal carácter, ruda en el trato: genio agrio, respuesta agria. En el lenguaje juvenil de Honduras y El Salvador (Damer), califica un asunto de difícil, complicado o doloroso. De ahí, agriar es ocasionar tensión en las relaciones: sus relaciones se han agriado (DEWR). La pronominalización en mascar las agrias (DLE, DILE) remite al encubrimiento del desagrado o la molestia que se siente.
En similar dirección, como variedades del mismo sabor básico, se posiciona la aprehensión de ácido o acre (áspero y picante al gusto y al olfato, DLE, DILE), que, referidos a personas y a su carácter, actitud o modo de expresión los califica de ásperos, cáusticos (DEA) o desabridos (DILE): el carácter ácido es agresivo y mordaz, el humor ácido es mordaz e irónico; el genio acre o las palabras acres son agrios, ásperos o desabridos (DLE, DEA). En el lenguaje juvenil de Hispanoamérica destacan dos variedades diatópicas de ácido: en Venezuela significa bueno, excelente, agradable; en Honduras la persona ácida es una persona experta o que tiene muchos conocimientos sobre algo (Damer, DLE).
El vinagre (vino + agrio) se utiliza coloquialmente para calificar a la persona de genio áspero y desapacible (DLE): ¡Eres un vinagre! Y tener cara de vinagre es tener cara de pocos amigos (DLE), cara adusta o de enfado (DiLEA). Es decir, el mal humor se asocia con la sensación gustativa del vinagre.
En las interpretaciones que ha recibido el sabor agrio se hace notar la mezcla entre tres o hasta cuatro espacios sensoriales: el sabor, el olor (áspero y penetrante), el tacto (áspero y desagradable) y, de ahí, el oído (sonido áspero y desagradable). A partir de esta proyección sensorial, se ha llegado a la aprehensión de la experiencia intersubjetiva (el trato) a través de las características sensoriales, para llegar a la interpretación genérica de todos los casos citados: lo desagradable, áspero o mordiente es agrio, ácido, acre, o sea, el desagrado es agrio.
La mezcla del sabor agrio y dulce en agridulce se proyecta de lo gustativo sobre lo no sensorial: un final agridulce (DUE), vivencias, recuerdos agridulces, en los que conviven lo triste y lo alegre, lo desagradable y lo agradable. O sea, la mezcla de tristeza y alegría es agridulce. Es curioso que en búlgaro la referencia al mismo fragmento del mundo presenta una asimetría lingüística absoluta frente al español, con el orden invertido en la combinación de estos sabores sladko-kisel [‘dulce-agrio’], sin abandonar el área gustativa. Por lo tanto, juzgando por el orden formal, parece que, para la cultura búlgara, en la sucesión de lo agradable y lo desagradable, en primer término, se posiciona lo positivo: la mezcla de alegría y tristeza es «dulce-agria».
El sabor agrio en búlgaro se asocia principalmente con lo no sensorial: el mal humor. La persona agria es la enojada, molesta, descontenta, hosca, sombría, malhumorada; agriarse o «poner cara agria» es poner cara de pocos amigos, enojarse, enfadarse, molestarse (metonimia del efecto por la causa, mediante la asociación de la cara que ponemos al probar un alimento de sabor agrio). Cuando «el sabor agrio nos sale por la nariz», estamos en un gran problema por algo, nos estamos metiendo en problemas, estamos pagando caro por algo (DFSB). Es interesante la analogía entre las expresiones que también tienen el sentido de ‘pagar caro por algo’, utilizadas cuando algo nos sale agrio o salado (que parecen de experiencia similar). Es decir, las metáforas ontológicas serían la persona malhumorada es agria; lo desagradable es agrio.
El cotejo entre las proyecciones de agrio/ácido/acre muestra que para los hispanohablantes la persona agria es áspera o poco amable en el trato con los demás, mientras que la tradición etnocultural búlgara la ve como persona que se siente molesta y de mal humor. O sea, la aspereza y brusquedad (para los hispanohablantes) o la molestia y el mal humor (para los búlgaros) se asocian con la percepción del sabor agrio.
O sea:
Según muestra la tabla, en las atribuciones a las personas, la proyección del sabor agrio en las comunidades hispanohablantes y en la búlgara se realiza en direcciones opuestas y se basa en la experiencia relacionada con producir una sensación ⟺ experimentar una sensación, en el caso concreto, producir desagrado ⟺ experimentar desagrado.
2.4. Amargo
El sabor amargo se proyecta hacia dos espacios no sensoriales: el del estado anímico y el del temperamento. En el primer caso, la amargura, como sentimiento, se asocia con la pesadumbre, el disgusto y la aflicción: persona amarga, palabras amargas, sonrisa amarga (sinestesia, por el cruce de dos dominios sensoriales, la vista y el sabor, que, de interpretarse como sonrisa triste sería, a la vez, un oxímoron). Las dos últimas metáforas se entrecruzan con la metonimialo concreto por lo abstracto,, donde el dominio fuente sabor amargo, al proyectarse sobre el estado emocional de tristeza (amargura), sirve para relacionar la manifestación concreta de la aflicción (palabras o sonrisa) con el dominio meta más abstracto (estado emocional). En el segundo caso, el sabor amargo remite a la dureza o acritud en el trato (DEA) y se asemeja al uso metafórico del sabor ácido/acre/agrio: carácter amargo ≈ carácter ácido, genio amargo ≈ genio agrio, ≈ humor acre.
La amargura es también una «situación angustiosa prolongada»: llevar/traer por la calle de la amargura (DLE).
Amargar sigue la misma línea de conceptualización de causar aflicción o disgusto (DILE). Amargar la fiesta es estropearla, aguarla; amargarse es «experimentar resentimiento por frustraciones, fracasos, disgustos, etc.» (DLE): No te amargues la vida. La metáfora sinestésica de Gustavo Adolfo Bécquer (Rima LVI) «Amargo es el dolor...» intensifica la representación del sufrimiento. Y en el oxímoron dulce amargura los contrastes del placer y el dolor se entrecruzan y compenetran.
Es decir, lo triste, desagradable, duro y doloroso es amargo. O, si se quiere, la tristeza, la frustración o desilusión, el dolor son amargos.
En búlgaro, el sabor amargo también se asocia con lo que causa o expresa pena, desesperación y dolor: verdad amarga, sonrisa amarga, lágrimas amargas, amor amargo. El adjetivo gorak de la familia de gorchiv [‘amargo’] se utiliza para referirse a una persona que es desafortunada, desgraciada, desdichada, que inspira compasión (RBE): gorkite detsa [‘pobres niños’], gorkoto zhivotno [‘pobre animal’]; también en diminutivo gorkichkoto kote [‘pobrecito gatito’]. Cuando algo nos sale amargo, estamos en un gran problema, estamos sufriendo o pagándolo caro (parecido a nos sale salado). La píldora amarga es un inconveniente que habrá que aguantar y, de ahí, tragar la píldora amarga es soportar una experiencia desagradable sin quejarse. Beber hasta el fondo la copa amarga (metonimia del continente por el contenido) es soportar hasta el final algún gran sufrimiento o una seria prueba (DLB, DFSB).
La metáfora conceptual la tristeza y el dolor son amargos muestra una simetría casi total en las proyecciones de amargo hacia el espacio no sensorial de estado de ánimo tanto en español como en búlgaro. Con todo, sin embargo, presenta ciertas variaciones.
En resumen:
| Español | Búlgaro | |
|---|---|---|
| amargo | triste, desagradable, doloroso | triste, desagradable, doloroso |
| áspero, ácido y duro en el trato | ||
| salado, caro | ||
| desdichado |
Un caso interesante es la exclamación ¡Gorchivo! [‘¡Amargo!’], que se utiliza en búlgaro como petición de los invitados al banquete de bodas dirigida a los novios, equivalente en español a ¡Que se besen! La tradición utiliza este simbolismo de los brindis que es muy claro: el vino de la boda es amargo y los recién casados deben endulzarlo con un beso (alusión a la dulzura del beso).
2.5. Picante
El sabor picante, aplicado, en general, a «expresiones mordaces y a las que son un tanto libres sin llegar a ser francamente obscenas» (DILE), tiene dos proyecciones en espacios no sensoriales en español. La primera, común de ácido/acre/agrio en la experiencia psicosocial, califica lo dicho de atrevido, mordaz: palabra picante; en Chile se utiliza despectivamente con referencia a la persona maleducada, que se comporta mal o es de clase social baja (Damer). En la segunda, el sabor picante se interpreta como la referencia a algún hecho «ligeramente indecente u obsceno» (DEA) que despierta la curiosidad, asociándose a menudo con temas sexuales y obscenos: chiste picante, historia picante. La aprehensión de lo picante en el mundo hispánico es más moderada que en la cultura búlgara. Los dos dominios meta esquematizan las siguientes posibilidades para llegar a la conceptualización de lo picante: lo atrevido y mordaz es picante, lo curioso e impúdico es picante. Lo común de ambos dominios meta es la aprehensión de lo excitante como picante, es decir, lo provocativo es picante.
En búlgaro, liut [‘picante’] se proyecta sobre varios espacios no sensoriales: (1) la experiencia psicosocial, para calificar el discurso de iracundo, fuerte, despiadado (la maldición «picante» es una maldición muy cruel), (2) el estado de ánimo, para designar a una persona enojada, de mal genio e irritable (DBE), enfurecida y furiosa (DSLLBM) y su temperamento como violento, feroz y malvado, furioso, acalorado, apasionado, (3) el espacio meteorológico, para atribuir al viento, el frío, el invierno o el calor la cualidad de fuerte e insoportable, (4) el dominio meta de la enfermedad, donde el dolor se califica de agudo e insoportable y la herida como difícil de curar, (5) los estados emocionales desfavorables, como pena, dolor, tristeza, miedo, envidia, aversión, etc., con el propósito de aludir a su fuerza extraordinaria (grande, enorme, muy intensa, extremadamente fuerte), (6) el mundo animal, para referirse a los animales agresivos y feroces (perros, bestias), (7) las acciones ofensivas, como la pelea o la batalla, calificándolas de duras, violentas, crueles. El verbo derivado de picante se utiliza en el sentido de causar enfado, enojar, poner(se) furioso (DLB).
Como se puede observar, el dominio fuente picante tiene proyecciones sobre dominios meta muy variados. Ello podría interpretarse como índice de la enorme importancia que la comunidad búlgara concede a esta percepción sensorial en la conceptualización de un gran número de experiencias marcadas por la fuerza incontenible de hechos y circunstancias. Las metáforas atributivas son muy numerosas debido a la enorme diversidad de los dominios meta. Algunas descansan en el esquema: el enojo, la ira son picantes. En el caso de las emociones y sentimientos, la emoción negativa extremadamente fuerte es picante. En el espacio meteorológico, lo fuerte e insoportable es picante. En el mundo animal y bélico, la agresividad y la ferocidad son picantes. Es decir, en la mayoría de los casos, picante se asocia con actos, fenómenos y emociones de fuerza desmesurada, marcadamente negativa, o sea, la violencia y el descontrol son picantes.
Es interesante notar que en búlgaro también se utiliza el extranjerismo pikanten [‘picante’] que el DLB define como: (1) lo que tiene un efecto agradable y estimulante sobre el sentido del olfato y del gusto: comidas picantes, (2) interesante, sensacional: noticias picantes. Según el DBE, picante «provoca curiosidad e interés o toca aspectos de la vida íntima de una persona y despierta la sensualidad: historia picante, dama picante». En el lenguaje informal, se utiliza el colectivo derivado pikanteria, para referirse a una circunstancia sensacional, historia divertida o chiste picante, generalmente de contenido indecente (DLB). El tratamiento de lo sensacional como picante se acerca al modo de interpretar en español los hechos «ligeramente indecentes» y a la metáfora conceptual lo provocativo es picante.
El cotejo entre las proyecciones del sabor picante indica que estas se han desarrollado en dominios meta completamente diferentes, con las dos excepciones referidas al discurso y a los hechos sensacionales cuyas atribuciones, sin embargo, no se corresponden por completo.
O sea:
2.6. Soso
Este sabor, relacionado con la poca sal o la falta de sal en la comida, se integra en el dominio fuente de salado para orientar su proyección sobre espacios mentales relacionados con la experiencia apreciativa de los hechos extralingüísticos.
En español soso se asocia con personas, situaciones, palabras u objetos que carecen de gracia, atractivo o viveza. Aplicado a personas, soso expresa lo opuesto a divertido, gracioso (DLE) o a salado, o sea, falto de gracia: «es una chica muy guapa, pero muy sosa» (DUE). Se aplica también a «cosas que, no siendo feas o hasta siendo bonitas, tienen falta de gracia o de expresión»: una película sosa, un paisaje soso. Dichas especificaciones del DUE muestran que la escasez o falta de sal se interpreta como falta del sabor, esto es, de la gracia o el atractivo que se espera que tenga el referente extralingüístico. Sobre el mismo dominio meta, en el habla informal, también se disponen las cualidades de sosaina, persona sosa, sin gracia, o sosería, cualidad de soso. Las proyecciones presentadas se explican por la metáfora conceptual lo insípido y aburrido es soso.
En la tradición búlgara, bezsolen [‘sin sal’] remite principalmente a la calificación de lo dicho en el lenguaje coloquial como carente de sal, de ingenio, o sea, como algo insulso, aburrido y que no tiene gracia: el chiste «sin sal» no es divertido; los halagos «sin sal» son insípidos (DLB). En español existe una interpretación parecida en la expresión pan sin sal referida a «persona o cosa sosa o sin gracia» (DiLEA). Es de notar que, a diferencia de la asimetría en las aprehensiones del sabor salado en las respectivas comunidades lingüísticas, las proyecciones de soso y bezsolen [‘sin sal’] siguen el mismo esquema conceptual: dominio fuente → la comida sin sal es sosa → la sal da sabor a la comida; dominio meta: lo que no tiene sabor es soso, es decir: la carencia de sabor (espíritu, viveza, gracia) es sosería.
Si vamos más allá, para descodificar la metáfora general subyacente en las interpretaciones aducidas, que presentan una simetría total en ambas lenguas, podríamos llegar a la representación genérica el sabor es sal, que contiene algunas de las proyecciones de salado relacionadas con la atribución de cualidades, como gracia, importancia, valor.
3. CONSIDERACIONES FINALES
Todo parece indicar que las metáforas del sabor son el resultado de la aplicación de un esquema general de conceptualización que podríamos llamar gustativo/experiencial-cognitivo. La funcionalidad de dicho esquema, que integra mediante asociaciones diferentes dominios mentales, está fundada en los principios más generales de la cognición humana. En lo relativo a la motivación conceptual, los empleos metafóricos aducidos revelan las estructuras conceptuales que emergen en el proceso cognitivo y, de ahí, los mecanismos cognitivos de la metaforicidad. Las metáforas del sabor ilustran de forma transparente la vía inductiva que sigue el proceso de metaforización desde la percepción gustativa hacia la impresión que algo produce en el ánimo y su interpretación intuitiva y emocional, basada en la experiencia extralingüística. En el dominio meta de las apreciaciones emotivas, estas metáforas se entrecruzan a menudo con la metonimia lo concreto por lo abstracto, cruce que muestra que existen diferentes procedimientos conceptuales para organizar la experiencia a partir de lo que mejor se conoce estableciendo correlaciones referenciales (metonímicas) o asociativas (metafóricas) en la categorización de distintos aspectos del mundo circundante.
Resumiendo, la apreciación intuitiva y emocional se asocia con la experiencia sensorial del gusto o sabor. Todas las expresiones metafóricas responden a una misma metáfora conceptual las apreciaciones emotivas son sabores, basada en la correspondencia inferencial entre el dominio fuente sabor y el dominio meta relativo a las evaluaciones intuitivas y emocionales. Así, con cierta aproximación en cuanto a los filtros etnoculturales, podríamos generalizar los datos que hemos analizado, a saber:
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― El placer es dulce.
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― Lo significativo es salado.
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― La gracia es salada (esp., diatópico, España).
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― La tristeza es amarga.
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― Lo provocativo y sensacional es picante.
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― Lo carente de gracia es soso.
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― La mezcla de impresiones es mezcla de sabores.
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― La sal es sabor. La falta de sal es falta de sabor.
Como se habrá notado, desde el punto de vista de la práctica discursiva, en la mayoría de los casos, si bien de registro coloquial, las metáforas gustativas son convencionales, es decir, son fácilmente reconocidas e interpretadas y se utilizan instintivamente en el habla cotidiana.
En el área de los sabores, las proyecciones del sabor dulce se contraponen a las del salado, del agrio y del amargo. En nuestra experiencia gustativa también apreciamos como opuestos los sabores por pares: dulce-salado, dulce-agrio, dulce-amargo. Así, la oposición básica perceptiva se presenta como dulce frente a salado/agrio/amargo, para repercutir en la antítesis casi general plasmada en la imagen conceptual de las respectivas comunidades culturales agradable-desagradable. Ello indica que la percepción de lo dulce se utiliza como punto de referencia y dominio fuente más amplio y productivo para interpretar la experiencia extralingüística. Además de esta conclusión general, el hecho de que las metáforas conceptuales se codifican a través de expresiones metafóricas diferentes ilustra que un mismo dominio fuente no se proyecta automáticamente y de forma análoga sobre los respectivos dominios meta: aunque la experiencia gustativa es la misma, las proyecciones se filtran o tamizan por la tradición cultural. En el caso de dulce, amargo y soso, las correspondencias conceptuales tanto en el mundo hispanohablante como en la tradición cultural búlgara son idénticas ―de placer, de aflicción y de insipidez, respectivamente―; en el de ácido, acre y agrio coinciden en parte en la apreciación del desagrado; sin embargo, las proyecciones del sabor picante no presentan ninguna coincidencia.
En tal perspectiva cognitivo-cultural, se podrán vislumbrar algunas rutas casi idénticas que se han seguido en la conceptualización de las percepciones emocionales en las comunidades culturales contrastadas. En otros casos, las diferentes predilecciones en el proceso de categorización de la realidad extralingüística han dejado su «huella» cultural en las respectivas formaciones lingüísticas.
No cabe duda de que la metaforización es un elemento clave en la categorización ―mental, perceptiva, imaginativa, intuitiva, lingüística― de la experiencia que adquirimos en la interacción con el mundo que nos rodea. En esa dirección, Cameron (2008: 209) destaca que, en los estudios sobre la metáfora conceptual, los argumentos son a menudo desacordes con la riqueza y la complejidad del uso real de la lengua, ya que cada individuo puede tener una interpretación propia de las metáforas conceptuales en función de su experiencia, del contexto cultural, social y situacional, de su deseo de novedad, de sus propósitos de interacción. Esta advertencia resulta muy oportuna en lo referente al estudio comparativo de las metáforas sensoriales de dos o más culturas, ya que la «imagen metafórica» (en nuestro caso, gustativa) del mundo puede brindarnos datos sobre la forma de pensar, de percibir los fenómenos y de conceptualizarlos, para impulsar la reflexión sobre aspectos culturales específicos de diferentes comunidades lingüísticas.
Bibliografía
Abreviaturas y Recursos lexicográficos
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Damer = Asociación de Academias de la Lengua Española: Diccionario de americanismos. En línea: https://www.asale.org/damer (última consulta 7/4/2025).
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4
DEA = Seco, M., O. Andrés & G. Ramos: Diccionario del español actual. En línea: https://www.fbbva.es/diccionario/ (última consulta 2/6/2025).
5
DEWR = Diccionario Español en WordReference. En línea: https://www.wordreference.com (última consulta 21/8/2025).
6
7
8
DiLEA = Penadés Martínez, I. Diccionario de locuciones idiomáticas del español actual. En línea: http://www.diccionariodilea.es/diccionario (última consulta 8/4/2025).
9
DLB = Rechnik na balgarskia ezik [‘Diccionario de la lengua búlgara’]. En línea: http://ibl.bas.bg/rbe/ (última consulta 2/4/2025).
10
DLE = Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. Versión 23.8 en línea: https://dle.rae.es (última consulta 21/3/2025).
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Referencias bibliográficas
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20
Kövecses, Z., L. Ambrus, D. Hegedűs, R. Imai, I. Ren & A. Sobczak (2019): “The lexical vs. the corpus-based method in the study of metaphors”. En M. Bolognesi et al. (eds.): Metaphor and Metonymy in the Digital Age. Theory and methods for building repositories of figurative language. Amsterdam: John Benjamins, 149‑73.
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Notas
[1] Para más, vid. Vucheva (2019).
[2] Aun considerado como uno de los cinco sabores básicos al lado de dulce, salado, agrio y amargo, el umami (del japonés, ‘delicia’) quedará fuera del análisis, ya que, si bien puede aplicarse a ámbitos no asociados con los alimentos (voz, mirada, recuerdo, vida), generalmente, su significado de ‘delicioso’ es transparente y no re-conceptualiza la realidad, principio fundamental para la creación metafórica.
[3] Desde el principio cabe aclarar que, aunque en las metáforas ontológicas se interpretan experiencias, entidades y fenómenos abstractos o difusos en términos de objetos, en el caso de los sabores, se proyectan básicamente las percepciones del sabor propio de una sustancia (el del azúcar o la miel, de la sal, del limón o el vinagre, de la hiel o la quinina, de la pimienta o la guindilla, etc.) y, tan solo en pocos casos, se alude a la sustancia misma (miel, sal, vinagre). Además, habrá que tener en cuenta que es a partir de los adjetivos de sabor como se forman los respectivos sustantivos y estos no designan entidades concretas.
[4] Este método, basado en datos recogidos de obras lexicográficas, ha sido especificado como «enfoque léxico» (lexical approach), en comparación con el enfoque basado en corpus (Kövecses et al. 2019).
[5] Seguimos la tradición de la lingüística cognitiva de usar versalitas para indicar los contenidos conceptuales.
[6] En principio, este cruce se produce en muchas de las metáforas del gusto. La proyección sobre otro espacio mental crea la metáfora, mientras que la metonimia indica la ruta de acceso al dominio meta, utilizando el mismo principio de la aprehensión de lo abstracto a través de lo más concreto y conocido.
[7] Aunque no se asocia con una sustancia concreta, como lo dulce con el azúcar y la miel, lo salado con la sal, lo amargo con la hiel y la quinina, lo agrio con el limón y el vinagre, lo picante, propio de ciertos alimentos o especias, como la pimienta, la guindilla, etc., se define como alimento o sabor que produce sensación de ardor en el paladar (DEA).
[8] Es curioso que, en Nicaragua, Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico, soso puede referirse a una bebida, especialmente el café, que no tiene azúcar (Damer).

