La sufijación en español constituye un mecanismo de derivación léxica notablemente productivo y, en numerosos casos, de gran complejidad. Son abundantes los elementos sufijales que presentan variantes alomórficas, fenómeno que contribuye a acrecentar las dificultades en la delimitación precisa de estas partículas. En concreto, los afijos -izo y -dizo ilustran de manera paradigmática este problema, ya que, desde una perspectiva histórica, sus límites han sido objeto de controversia debido a su coincidencia formal, aspecto que sugiere la cuestión de si estamos ante un solo sufijo con distintos alomorfos o, por el contrario, ante dos sufijos independientes.
El análisis de estas dificultades de acotación del elemento afijal -dizo constituye el eje vertebrador del presente estudio. Con este propósito, se llevará a cabo una revisión amplia de la literatura científica que aborda el tema, para intentar esclarecer el estatus morfológico de esta partícula.
1. PERSPECTIVAS TEÓRICAS QUE NIEGAN LA AUTONOMÍA MORFOLÓGICA DE ‑DIZO COMO SUFIJO INDEPENDIENTE
Para acercarse a la cuestión inicial sobre la posible alomorfia o, por el contrario, la independencia de -dizo con respecto a -izo, resulta pertinente considerar los autores que han analizado la naturaleza de estos sufijos.
Uno de los principales exponentes es José Alemany Bolufer, quien en su Tratado de la formación de palabras en español () adopta una posición que tiende a negar la autonomía de -dizo, al considerar que es un derivado alomórfico de -izo. Este autor ofrece un detallado catálogo de elementos afijales, en el que sorprende la omisión de -dizo como sufijo independiente, mientras que sí recoge con amplitud el análisis de -izo, cuya etimología sitúa en el sufijo latino ‑icio (acusativo ‑um, ‑am), como en hechizo, mestizo y pelliza, de facticium, mixticium y pelliciam, respectivamente. Sostiene que ‑izo en español forma adjetivos derivados de adjetivos, de sustantivos y de participios pasivos, como se observa en los ejemplos rojizo (de rojo), pajizo (de paja) y apartadizo (de apartado).
Según Alemany, los adjetivos formados a partir de otros adjetivos reflejan una «semejanza o aproximación a la idea expresada por el primitivo» (), y ejemplifica este valor semántico con términos como blanquizo, enfermizo y primerizo, derivados de blanco, enfermo y primero, respectivamente. En el caso de aquellos creados a partir de sustantivos, en cambio, se observa una denotación de «posesión de la cosa designada por el primitivo» (ibid.) o de sus propiedades, como en calizo (de cal), castizo (de casta), cobrizo (de cobre), fronterizo (de frontera) y roblizo (de roble).
Es particularmente llamativa la ausencia de ejemplos que contengan el sufijo -dizo, salvo los derivados de participios pasivos de la primera conjugación, de los cuales Alemany dice que indican «propensión o aptitud para verificar o recibir la acción del verbo a que corresponde el participio» (). Esto se manifiesta en términos como alborotadizo («que por ligero motivo se alborota»), ahogadizo («que se puede fácilmente ahogar»), y otros similares como allegadizo, anegadizo, apartadizo, apretadizo o manchadizo, todos derivados de participios como alborotado, ahogado, allegado, anegado, apartado, etc., procedentes de verbos de la primera conjugación.
Sin embargo, cuando se trata de participios de verbos de la segunda y tercera conjugaciones, el filólogo valenciano observa que no se da la mera adición de ‑izo al participio tras eliminar la terminación ‑ado, como ocurre en los verbos de la primera conjugación. En su lugar, en estos casos señala que se produce un fenómeno específico: la aparición de una ‑d- (sobre la que el autor no da ninguna explicación) que configura el sufijo en la forma ‑edizo, y preserva así la ‑e característica del infinitivo de la segunda conjugación, como en acogedizo, bebedizo, caedizo, cogedizo, llovedizo, movedizo, entre otros. Alemany especula que esta forma podría deberse a la influencia de nombres terminados en ‑edor y ‑edero, formados con la misma raíz (por ejemplo, cogedor y cogedizo, bebedor y bebedizo), o bien a un fenómeno de disimilación de la forma ‑idizo hacia ‑edizo. Observa, asimismo, que esta variación en ‑edizo se manifiesta ocasionalmente en participios de la tercera conjugación, como en advenedizo (de advenido y venido) y encubridizo (de encubrir).
Resulta desconcertante, sin embargo, que Alemany, en su exhaustiva obra, no haya proporcionado una explicación clara para la presencia de esa ‑d- en las formas mencionadas, lo cual genera cierta insatisfacción en el análisis que ofrece; si bien recurre a la idea de fusión con otros elementos al abordar ciertos sufijos derivados de ‑izo en combinación con ‑ario y ‑ero, como en albarizo (de albo) y yeguarizo (de yegua), no menciona tampoco explícitamente la posibilidad de una alomorfia entre -izo y -dizo.
En el marco de esta discusión, resulta imprescindible considerar el análisis que Salvador Fernández Ramírez realiza del sufijo -izo en su obra La derivación nominal, edición preparada y revisada por Ignacio Bosque en 1986. Esta obra es fundamental, ya que Bosque no solo organiza el contenido y agrega notas aclaratorias, sino que también incluye observaciones que resultan cruciales para esclarecer aspectos complejos y, en algunos casos, ambiguos del estudio de los sufijos en español. En este texto, Fernández Ramírez examina los «sufijos derivativos que entran en la formación de sustantivos y adjetivos» () y ofrece una exploración etimológica del sufijo -izo/‑iza, que, según indica, se remonta al latín ‑īcĭus, ‑ītĭus, presente en palabras como ērīcĭum (erizo), factīcĭum (hechizo) y nutrīcīa (nodriza).
Sin embargo, la aportación de Fernández Ramírez va más allá de la etimología, ya que su obra permite profundizar en el uso del sufijo ‑izo y, a través de una muestra extensa de ejemplos, plantea un análisis en el que se observan tanto formas en -izo como en -dizo, analizadas en igualdad de condiciones. Según señala, el sufijo «ha pasado no se sabe bien cómo a caracterizar un grupo extenso de nombres españoles» (), predominantemente adjetivos, que, en muchos casos, expresan «facilidad, propensión o disposición de personas y cosas para determinados efectos», como en asustadizo (de asustado), bebedizo (de beber), caedizo (de caer), enfermizo (de enfermo), huidizo (de huido), entre otros. Esta afirmación introduce una perspectiva que complica la delimitación entre -izo y -dizo, al integrarlos bajo un mismo análisis.
Es notable que, al igual que Alemany Bolufer, Fernández Ramírez también observa ciertos lapsus o irregularidades en la formación de derivados que no responden a las pautas generales de los participios. Como ejemplo, destaca la inclusión de la vocal ‑e- del infinitivo en los derivados de algunos verbos en ‑er, como en bebedizo (de beber), caedizo (de caer), movedizo (de mover), en lugar de *bebidizo, *caidizo o *movidizo, que serían esperables si se tratara de una derivación directa del participio. Aun así, Fernández Ramírez tampoco explica la presencia de esa ‑d- en estos términos y deja la cuestión sin resolver y sin considerar posibles explicaciones como la alomorfia o la analogía, que sí son conceptos manejados en otras situaciones.
Ignacio Bosque, por su parte, en las anotaciones a la obra póstuma de Fernández Ramírez, introduce un matiz interpretativo que enriquece este debate. Bosque anota la existencia de numerosos adjetivos en ‑izo que Fernández Ramírez no llegó a incluir en el texto, como colgadizo, asombradizo, entornadizo, llovedizo, alabadizo, añoradizo o movedizo. Y dice ():
En la primera redacción de este epígrafe, posteriormente modificada, se añadían banderizo (bandera), bermejizo (bermejo), m. caballerizo (caballería), cobrizo (cobre), f. hortaliza (ant. hortal), invernizo (invierno), f. nodriza (l. nŭtricia, en San Jerónimo, Epístolas), 1558 f. ojeriza (ojera s. xiii), pajizo (paja), paliza (palo, s. xiii), rojizo (rojo), rollizo (rollo) y vaquerizo (vaquero o vaquería). En principio, el autor pensó en separar el sufijo -izo de -dizo, pero todo parece indicar que desistió de considerarlos como dos sufijos diferentes.
Bosque revela, pues, que Fernández Ramírez en sus primeras aproximaciones pareció considerar la posibilidad de separar -izo de -dizo como sufijos distintos, pero que, finalmente, desistió de tal diferenciación y consideró a ambos como variantes de un mismo sufijo. La fluctuación y, en última instancia, la renuncia a establecer una clara separación entre -izo y -dizo en el análisis de Fernández Ramírez y Bosque aportan una evidencia de la dificultad de establecer límites estrictos entre estos morfemas, los cuales, a pesar de su proximidad formal y semántica, han provocado una prolongada incertidumbre en su estudio.
José Alberto Miranda, en su obra La formación de palabras en español, explora el sufijo -izo/-dizo en el contexto de la «Adjetivización» (). Al hacerlo, parece confirmar una relación de alomorfia entre ambas formas y para ello se apoya en ejemplos como los adjetivos rojizo (< rojoAdj. + -izoAf.Adj.), que denota «aproximación, que tira a»; o enamoradizo (< enamoradoAdj. + -izoAf.Adj.) y asustadizo (< asustadoAdj. + -izoAf.Adj.), ambos asociados a la «propensión, facilidad o disposición a» (). Este análisis resulta interesante, dado que Miranda ofrece una nueva perspectiva en una nota a pie de página, en la que alude a la apreciación planteada por Fernández Ramírez y a las observaciones de Bosque. En esta nota, Miranda expone dos problemas: el primero es si -izo y -dizo deben considerarse sufijos distintos y, el segundo, si la base a la que se adjuntan estas partículas es siempre adjetiva. En el segundo problema puede estar la explicación; dice Miranda que Fernández Ramírez asigna el adjetivo huidizo a huido, pero que trata tornadizo indistintamente como derivado tanto de tornar como de tornado. Esto parece sugerir, según Miranda, una regla formal en la que, cuando la forma participial coincide con la derivada, se toma como base dicha forma; en caso contrario, se considera el infinitivo verbal, como en caedizo (de caer) y bebedizo (de beber), en lugar de unos hipotéticos *caidizo o *bebidizo ().
En su obra de 1999 Procedimientos de formación de palabras en español, Ramón Almela se alinea con la perspectiva iniciada por Alemany Bolufer y omite la consideración del sufijo -dizo como un elemento independiente. En su lugar, se centra en el sufijo -izo, que clasifica como un «sufijo exocéntrico adjetivador» (). Sin embargo, en la lista de ejemplos que presenta para -izo, se pueden encontrar numerosas palabras que incluyen -dizo. No obstante, una vez más, no se aclara la presencia de la ‑d- en posición intervocálica, lo que genera cierta confusión. En este contexto, identifica varios tipos de adjetivos derivados: (1) adjetivos de propensión, tales como asustadizo, enamoradizo, enfermizo, huidizo, movidizo [sic] y olvidadizo, que se originan a partir de otros adjetivos; (2) adjetivos que derivan de sustantivos relacionados con materia, como calizo y terrizo; (3) adjetivos que expresan similitud, como cobrizo, pajizo, plomizo y rojizo, y (4) adjetivos que indican condición, como advenedizo, castizo, encontradizo y fronterizo. Es importante señalar que Almela parece derivar todos estos ejemplos exclusivamente de adjetivos, sin considerar la posibilidad de que algunos de ellos puedan ser participios. Además, se evidencian posibles errores en las bases etimológicas, ya que términos como advenedizo y encontradizo probablemente no provengan de sustantivos, como este autor sugiere.
Por otro lado, Pharies, en su Diccionario etimológico de los sufijos españoles y de otros elementos finales (), presenta un enfoque desconcertante. En una obra lexicográfica dedicada a estas partículas, resulta sorprendente la ausencia total del sufijo -dizo como elemento independiente. Sin embargo, sí documenta e incluye -izo, del cual señala que es un sufijo adjetival, derivado del latino ‑īcius, que cumple una función análoga a ‑icius (> -izo) y ‑ūcius (> ‑uzo). Además, señala que es un elemento que se caracteriza por su capacidad para formar adjetivos a partir de sustantivos, según el modelo de numerosas formaciones latinas. Ejemplos de este proceso se encuentran en términos como caementīcius (‘hecho de morillo’, de caementum ‘morillo’), strāmentīcius (‘hecho de paja’, de strāmentum ‘paja’), y laterīcius (‘hecho de ladrillo’, de later ‘ladrillo’). Asimismo, gentīlīcius (‘propio de una familia’, de gentīlis ‘de la misma familia’), meretrīcius (‘perteneciente a una meretriz’, de meretrix ‘meretriz’) y pastōrīcius (‘perteneciente a un pastor’) ilustran esta tendencia. Es relevante destacar que la mayoría de estas formaciones son derivados directos del latín, ya que se registran escasas voces de creación patrimonial en el español.
En este contexto, encontramos formaciones derivadas a partir de sustantivos que emulan estructuras latinas, como en roblizo (‘relativo al roble’, de roble). Además, observamos derivados con base en participios, ya sea en sentido pasivo ―como en colgadizo (‘que solo tiene un uso estando colgado’, de colgar), bebedizo (‘potable’, de beber) y regadizo (‘que se puede regar’, de regar)― o en sentido activo, como caedizo (‘que cae fácilmente’, de caer), cambiadizo (‘inconstante’, de cambiar), olvidadizo (‘que con facilidad se olvida de las cosas’, de olvidar) y huidizo (‘que huye fácilmente’, de huir). En algunas formaciones, además, se presenta una dualidad de sentido, ya que pueden interpretarse simultáneamente en clave activa y pasiva; así ocurre en tornadizo (‘que se torna fácilmente’ y ‘que puede ser tornado fácilmente’, de tornar), movedizo (‘inconstante, tornadizo y fácil de ser movido’, de mover), levantadizo (‘que se levanta o puede ser levantado fácilmente’, de levantar), y espantadizo (‘que se espanta o puede ser espantado fácilmente’, de espantar).
Para nuestro propósito, destaca la observación de Pharies sobre las notables «ampliaciones de -izo» (), al referirse a las variaciones ‑adizo, ‑idizo y ‑edizo. En algunos ejemplos como huidizo (de huido < huir) y escurridizo (de escurrido < escurrir), puede rastrearse un origen participial. Sin embargo, en términos como caedizo y movedizo no existe un participio en el origen, ya que no se derivan de los hipotéticos *caedo o *movedo. En estos casos, Pharies propone que estas palabras no son formaciones participiales, sino ampliaciones que integran un interfijo de probable origen analógico. Es la primera vez que un estudio introduce el concepto de interfijo, en lugar de considerarlo un sufijo distinto, y lo identifica como motivado por la analogía.
En relación con el último punto, resulta esencial analizar la obra de José Carlos Martín Camacho El problema lingüístico de los interfijos españoles (), ya que este autor aborda el fenómeno de los interfijos desde una perspectiva que, si bien difiere de planteamientos previos, aporta elementos de interés para el asunto. En lugar de defender la existencia de dos sufijos distintos, Martín Camacho sostiene que se trata de un caso de alomorfia del sufijo -izo/-dizo. Su enfoque vuelve al aspecto crucial en la discusión: la naturaleza de las bases sobre las que se construyen estas formas y el grado en que estas bases pueden interpretarse como adjetivos o como participios verbales. Esto se observa en ejemplos como asustadizo (< asustado), donde emerge la pregunta de si la base debe interpretarse como un participio verbal o como un adjetivo.
A partir de un amplio análisis de datos, Martín Camacho concluye que -dizo puede considerarse un alomorfo de -izo, empleado de manera autónoma para formar nuevos adjetivos derivados de verbos, sin que esto implique necesariamente la desaparición del sufijo participial -izo. Este alomorfo, en su opinión, adopta distintas variantes, tales como ‑adizo, ‑edizo e ‑idizo, que reflejan la alomorfia característica de otros sufijos deverbales en español, como ‑adero, ‑edero, ‑idero; ‑ador, ‑edor, ‑idor, o ‑adura, ‑edura, ‑idura. Martín Camacho, además, no descarta la intervención de la analogía en la generación de algunas formas particulares. De esta manera, aunque el autor reconoce la alomorfia, rechaza la existencia de un interfijo ‑d-, y aclara que «[e]n ocasiones, ciertas palabras han sido definidas como interfijadas cuando en realidad no poseen otra cosa que un sufijo que no ha sido convenientemente diferenciado de otros próximos a él formal o semánticamente» (). Así, para Martín Camacho existe un único sufijo formador de adjetivos, -izo, que presenta dos grupos de alomorfos en la sincronía actual: por un lado, -izo, aplicado a sustantivos, adjetivos y participios, y, por otro, -dizo (con sus variantes ‑adizo, ‑edizo, ‑idizo), que se emplea específicamente en la derivación a partir de verbos.
Por el contrario, sí defiende la existencia de un interfijo que acompaña al sufijo en estas formaciones al referirse explícitamente a «combinaciones de interfijos y sufijos», perspectiva que le lleva a examinar la estructura de palabras como enfadadizo. Según su análisis, esta forma se descompone en enfado + ‑ad- + -izo, donde ‑ad- funciona como un interfijo que facilita la unión entre la base nominal (enfado) y el sufijo formador de adjetivos (-izo). Este planteamiento implica, en consecuencia, que Portolés reconoce la existencia de un solo sufijo, -izo, que puede combinarse con un interfijo, sin constituir por ello una unidad morfológica distinta.
La interpretación de Portolés se inscribe en una tradición que considera los interfijos como elementos de carácter puramente morfofonológico, es decir, unidades que no aportan significado propio, sino que median en la estructura de las palabras para facilitar su cohesión formal. Su análisis sugiere que el interfijo ‑ad- cumple una función de enlace sin modificar el contenido semántico de la palabra, y que la estructura morfológica de estos adjetivos no responde a una simple aplicación de sufijos al radical, sino a un proceso más complejo de combinación de elementos morfológicos.
Tampoco Manuel Casado Velarde, en su obra La innovación léxica en el español actual (), incorpora ‑dizo en el capítulo dedicado a la sufijación. Se limita, en cambio, a señalar diversos valores del sufijo -izo: por una parte, lo incluye entre los «sufijos adjetivales que indican relación o cualidades y propiedades de personas, animales o cosas», ejemplificado mediante olvidadizo (2015: 40); por otra, lo considera un «sufijo adjetival que indica semejanza, especialmente en el color», ilustrado esta vez con el adjetivo rojizo ().
2. DEFENSORES DE LA AUTONOMÍA: AUTORES QUE DISTINGUEN EL SUFIJO -DIZO DEL SUFIJO -IZO
Los estudios recientes en morfología tienden a inclinarse hacia la existencia de dos sufijos distintos, una teoría que, aunque a primera vista parece innovadora, ya había sido esbozada, aunque con timidez, por Fernández Ramírez, según hemos visto. Entre los investigadores que defienden esta posición destacan los trabajos de autores como Lang, Thiele o Rainer, entre otros.
Uno de los primeros en explorar el sufijo -dizo como afijo autónomo fue Mervyn Lang, que, en su obra Formación de palabras en español, analiza este sufijo en la «adjetivización y adverbialización», dentro de la sufijación «no apreciativa». En la sección titulada «Adjetivización deverbal» (), este autor detalla varios alomorfos del morfema: -dizo, ‑adizo, ‑edizo e ‑idizo, presentes en diversas formaciones adjetivales que, en algunos contextos, pueden sustantivarse. En su análisis, Lang argumenta que -izo y -dizo son, efectivamente, dos sufijos distintos. Mientras que -izo aparece en formaciones que suelen derivar de sustantivos o adjetivos, -dizo se adjunta exclusivamente a bases verbales, sin considerar un paso intermedio a través de la forma participial.
Algunos ejemplos relevantes de estos adjetivos son, según :
-
a) Quebrar → quebradizo; resbalar → resbaladizo; arrojar → arrojadizo
-
b) Huir → huidizo; correr → corredizo; escurrir → escurridizo
-
c) Advenir → advenedizo; encontrar → encontradizo; acomodar → acomodadizo.
Todos estos adjetivos, creados a partir de bases verbales (ya sean transitivas como quebrar o intransitivas como huir), se caracterizan por tener un sentido sintáctico pasivo. Según Lang, el significado de estos términos se relaciona con la «propensión o aptitud para recibir la acción del verbo». Así, por ejemplo, quebradizo significa ‘susceptible de quebrarse’, mientras que corredizo denota ‘que se puede correr fácilmente’.
Otro defensor de la independencia del sufijo -dizo respecto de -izo es Johannes Thiele, que examina la cuestión en su libro Wortbildung der spanischen Gegenwartssprache (). En el capítulo 3 del volumen, dedicado a la formación de adjetivos, este autor propone que -dizo constituye un sufijo independiente de -izo, y así analiza ambas partículas como entidades diferenciadas y ve las formas ‑adizo, ‑edizo e ‑idizo como variantes alomórficas («Suffixvarianten», ) de un mismo sufijo, de -dizo. Para ilustrar su análisis, ofrece ejemplos representativos como arrojar(se) → arrojadizo, caer → caedizo y huir → huidizo. Asimismo, expone una serie de palabras relacionadas por analogía, tales como alborotadizo, anegadizo, asustadizo, espantadizo, conformadizo, olvidadizo, quebrantadizo, resbaladizo; (madera) (a)serradiza; acogedizo, caedizo, (nudo) corredizo, movedizo, escurridizo. De manera particular, también incluye ejemplos de formas consideradas morfológicamente irregulares, como saledizo (< salir), perdidizo (< perder) y advenedizo (< advenir).
Por otra parte, Thiele establece un vínculo semántico entre los sufijos -dizo y ‑able/‑ible, al atribuirles valores compartidos de «inclinación hacia» o «receptividad». Según esta relación, huidizo debe entenderse como «aquel que tiende a huir», mientras que espantadizo se refiere a «el que se espanta con facilidad». Del mismo modo, interpreta antojadizo como «propenso a sentir antojos». Este enfoque resalta la capacidad de estos sufijos para expresar cualidades inherentes que sugieren una disposición o tendencia hacia la acción representada por la base verbal.
Thiele considera, además, que -izo es un sufijo independiente que denota «contenido», que indica «consistente en» en derivados denominales, mientras que en derivados deadjetivales habla del significado de «inclinación» o «semejanza»:
-izo m / -iza f: in denominalen Derivaten bezeichnet das Suffix «Inhalt», «bestehend aus»: calizo = que tiene cal, analog cobrizo, macizo (< masa), pajizo, plomizo, rollizo; mit gelehrtem Stamm: ferrizo; mit spezieller Bedeutung: castizo, fronterizo. In Ableitungen von adjektivischen Stämmen wird «Neigung», «Ähnlichkeit» ausgedrückt: enfermizo. Idiomatisiert ist primerizo. Direkt aus dem Latein entlehnt: hechizo, postizo (synchron unmotiviert). Wird das Suffix an die Bezeichnung von Grundfarben angefügt, wird «Annäherung» zum Ausdruck gebracht: albarizo, rojizo. (...) Das Suffix -izo stellt das erbwörtliche Pendant zum gelehrten lateinischen Suffix -icio dar» ().
La perspectiva de Thiele contribuye a afianzar la idea de una diferenciación morfológica entre ambos sufijos, no solo en términos de su estructura formal, sino también en su funcionamiento semántico. Esta distinción permite clasificar -dizo como un sufijo especializado en la formación de adjetivos a partir de verbos, con una idea de pasividad o de predisposición que no se encuentra en el sufijo -izo.
Para continuar el estudio que planteamos, resulta indispensable recurrir a la monumental obra de Franz Rainer, Spanische Wortbildungslehre (), que también ofrece una perspectiva detallada sobre el sufijo que nos ocupa. En el capítulo 2, titulado «Wortbildungskategorien des Spanischen» [Categorías de la formación de palabras en español], Rainer analiza las diversas categorías de formación de palabras, e incluye los «Adjektive mit passivischer Möglichkeitsbedeutung» [adjetivos con un significado pasivo de posibilidad]. Y dentro de este apartado, destaca el sufijo ‑ble como el más fecundo para expresar dicha función, junto a otros de productividad marginal como ‑dero (abridero), ‑ntío (labrantío) y -dizo (antojadizo), estudiados conjuntamente a pesar de la falta de homogeneidad semántica entre ellos.
Esta organización demuestra que Rainer considera que -dizo es un sufijo independiente de -izo, al agruparlos por separado. Posteriormente, cuando analiza los adjetivos con significado activo, retoma el sufijo -dizo, en este caso ejemplificado por huidizo. Así pues, Rainer contribuye a la delimitación semántica de estos sufijos y subraya que -dizo puede tener valor activo y valor pasivo: «‑dizo/a: Die Adjektive auf -dizo sind von Verbenabgeleitet und zerfallen in zwei Bildungstypen, einen aktivischen und einen passivischen» ().
Como adjetivos que se consideran de significado activo, se incluyen términos como acomodadizo, alboradizo, anegadizo, antojadizo, apagadizo, caedizo, corredizo, desmoronadizo, enamoradizo, enfadadizo, enojadizo, escurridizo, huidizo, manchadizo, mudadizo, olvidadizo, pegadizo, resquebradizo, entre otros. Entre los adjetivos con significado pasivo, se destacan términos como asustadizo, asombradizo, contentadizo, descontentadizo o plegadizo. Además, se observa una estructura fija en algunas de estas formas, como la expresión «hacerse el» en construcciones como encontradizo, o resbaladizo. Rainer incluso señala algunos adjetivos que admiten tanto una interpretación activa como pasiva, como movedizo, que puede entenderse bien como «que se mueve con facilidad» (valor activo), bien como «que puede ser movido con facilidad» (valor pasivo).
Rainer subraya la escasa productividad del sufijo -dizo en cualquiera de los valores mencionados, a pesar de que documenta algunos neologismos en la literatura con dicha partícula, como alabadizo (Pardo Bazán), añoradizo (Unamuno), entornadizo (Pérez de Ayala) o escondidizo (Ortega y Gasset). Es relevante señalar que el sufijo -dizo sigue una tendencia general de baja productividad en el español moderno, aunque persiste en ciertos registros literarios y dialectales. El profesor austriaco también observa las variaciones que experimentan estos adjetivos en función de la conjugación verbal sobre la que se forman, lo que añade complejidad al análisis de los mismos. Así, el sufijo -dizo puede generar variaciones semánticas y formales que dependen de las raíces a las que se adjunta, lo que resulta en una categoría morfológica sumamente rica en matices.
En contraste, Rainer analiza el sufijo ‑izo/‑a () como un elemento con una mayor productividad y capaz de crear adjetivos a partir de sustantivos o incluso de otros adjetivos, como los adjetivos derivados de sustantivos cobrizo, pajizo, plomizo y rollizo, que proceden de cobre, paja, plomo y rollo, respectivamente. Además, el sufijo -izo/‑a también da lugar a adjetivos como rojizo, enfermizo y sequizo, derivados directamente de los adjetivos rojo, enfermo y seco. Es importante destacar que este sufijo es más productivo en la creación de neologismos. En este sentido, el estudio de Franz Rainer se centra en la clasificación de los derivados en tres grupos principales: (1) activos puros, parafraseables con la expresión «que V» (advenedizo, saledizo, voladizo), (2) activos disposicionales, parafraseables como «que tiende a V» (acomodadizo, enamoradizo, huidizo) y (3) pasivos potenciales (arrojadizo, bebedizo). Es decir, muchos de estos adjetivos son parafraseables por un participio.
En conclusión, según Rainer estamos ante dos sufijos diferentes, -dizo/‑a e -izo/‑a, cuyas bases de derivación son las que generan las diferencias semánticas y formales. Mientras que el sufijo -dizo presenta una productividad limitada, el sufijo -izo/‑a sigue siendo altamente productivo, no solo en la formación de adjetivos, sino también en la creación de neologismos, lo que demuestra su versatilidad en la lengua española.
La misma dinámica se observa en los trabajos más recientes de la Real Academia Española. En primer lugar, el Glosario de términos gramaticales de la Real Academia Española () ofrece, bajo el lema lexicográfico sufijo, una primera clasificación en sufijos nominalizadores o nominales, sufijos adjetivadores o adjetivales y sufijos verbalizadores o verbales, en función de si forman sustantivos, adjetivos o verbos, respectivamente. Y es en esta clasificación donde encontramos la primera alusión al sufijo que nos ocupa:
Los sufijos se pueden clasificar en función de la categoría que aportan: son nominalizadores o nominales los que forman nombres (‑ción, ‑miento, ‑o, ‑idad, ‑ez, ‑dor, ‑ismo...); adjetivadores o adjetivales los que dan lugar a adjetivos (‑ble, -dizo, ‑oso, ‑udo...) y verbalizadores o verbales los que construyen verbos (‑izar, ‑ificar, ‑ear...).
Resulta evidente que, al ser citado como ejemplo en este glosario, el sufijo -dizo no tiene una importancia menor dentro del panorama morfológico del español. Sin embargo, es significativo que dicho sufijo no se lematice como entrada en el diccionario académico, lo que invita a la reflexión sobre la consideración real de la naturaleza y el uso de este sufijo en la actualidad.
El propio Gtg proporciona algunas de las significaciones asociadas a los distintos sufijos que ha clasificado; por ejemplo, los sufijos adjetivales indican, principalmente, cualidad (amable, aburrido, envidioso) o bien relación o pertenencia (comercial, telefónico, mexicano). Y en este punto resulta curioso que, en el apartado dedicado al valor semántico de los sufijos adjetivales, no se aporte ningún ejemplo con el sufijo -dizo. Este hecho, lejos de ser una simple omisión, podría sugerir una dificultad para definir un valor semántico concreto para este sufijo, a pesar de que previamente se lo haya citado como un sufijo adjetivador relevante, pues, a veces, lo que en un primer momento puede parecer una minucia o un simple descuido podría esconder una complejidad subyacente en el tratamiento morfológico de ciertas partículas. En este caso, la ausencia del sufijo -dizo en los ejemplos de valor semántico podría ser indicativa de las dificultades que presenta su clasificación y su uso en el sistema morfológico español.
Siguiendo la estela de la Real Academia, en la Nueva gramática de la lengua española (), apreciamos un tratamiento más exhaustivo de este elemento sufijal. En el capítulo 7, dedicado a la «Derivación adjetival y adverbial», se incluye el apartado titulado «Sufijos de sentido activo o pasivo (III): Los sufijos -dizo/‑diza, ‑nte y sus variantes» (§ 7.11), que resulta de especial interés al dedicar una atención particular al sufijo -dizo, lo que subraya su relevancia en el contexto de la derivación adjetival y su tratamiento dentro de la gramática:
7.11a El sufijo -dizo/‑diza se acerca a -ble en algunos aspectos de su morfología y de su significación. Frente a los adjetivos derivados en -ble, los que terminan en -dizo no se forman con el tema verbal utilizado en el participio (mov‑e‑dizo frente a mov‑i‑ble), sino con temas de futuro (o de infinitivo, § 4.3.d), al igual que los derivados en ‑dero/‑dera. Se distinguen, por tanto, las tres vocales temáticas del infinitivo en los derivados en V-dizo: resbal‑a‑dizo, mov‑e‑dizo, hu‑i‑dizo. Repárese en que en el análisis sincrónico no puede postularse ‑izo/‑iza como sufijo adjunto a una raíz participial (resbalad‑izo) porque este análisis predice las formas *movidizo, *traidizo, en lugar de las existentes movidizo, traidizo. Se postula, en cambio, este sufijo en cobrizo, rojizo y otros adjetivos derivados de bases adjetivales y nominales que se analizaron en el § 7.5e.
Este párrafo resume, en buena medida, el gran problema de la delimitación del sufijo -dizo, ya que precisamente la confluencia de sus fronteras con ‑izo está estrechamente vinculada a la cuestión de determinar si las palabras formadas con -dizo/‑diza derivan del participio o del tema del infinitivo más la vocal temática.
La proporciona otros datos relevantes sobre los significados que aporta este sufijo a la base a la que se adjunta, significados variados y, en ocasiones, de difícil delimitación. En primer lugar, es importante señalar que, aunque -dizo/‑diza comparte ciertas similitudes con el sufijo ‑ble, este último resulta mucho más productivo en la formación de adjetivos. Esta diferencia plantea una especie de «arma de doble filo»: si bien ‑ble ofrece una mayor cantidad de ejemplos, lo que podría complicar la clasificación y la catalogación semánticas, también es posible que las formas derivadas con -dizo/‑diza estén asociadas a solo dos o tres valores semánticos muy concretos que, según la Real Academia Española (§ 7.11b), serían los siguientes:
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A) Un sentido pasivo: «en expresiones como arma arrojadiza (‘apta para ser arrojada’), terreno regadizo (‘que se puede regar’), tierra robadiza (‘que tiende a ser robada por el agua’). Se usa hoy levadizo (puente levadizo ‘que puede ser levantado’), pero en la lengua antigua se registra también levantadizo: E hizieron una puente de madera levantadiza (Tirante)».
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B) Con verbos intransitivos (inacusativos o inergativos): «que denotan cambio (cambiadizo, mudadizo, tornadizo) o movimiento (caedizo ‘que tiende a caer’, corredizo, escurridizo, huidizo, rodadizo)». Entre estos últimos, la Academia distingue los adjetivos que proceden de verbos pronominales en usos que se acercan a los pasivos: «enamoradizo (‘que tiende a enamorarse’), enojadizo (‘fácil de enojar’ o ‘con propensión a enojarse’), manchadizo (‘que se mancha o es manchado’), como en ropa manchadiza o piedra manchadiza: La caliza blanca manchadiza, que dimos ya a conocer en la descripción de las rocas [...] (Vilanova Piera, Geología)».
La (§ 7.11c) destaca varias similitudes semánticas con el sufijo ‑ble (que expresa, principalmente, «la posibilidad o capacidad de realizar una acción»), porque -dizo denota, sobre todo, «propensión o tendencia», lo que permite establecer paráfrasis aproximadas como las siguientes: «arenas movedizas (‘que se mueven o tienden a moverse’), vocal caediza (‘que tiende a caer’), material resquebrajadizo (‘que tiende a resquebrajarse’), música pegadiza (‘que se pega fácilmente’), gente olvidadiza (‘que se olvida con frecuencia de las cosas’), terreno anegadizo (‘que se anega fácilmente’), persona quedadiza (‘que tiende a quedarse, lenta, que se retrasa’), piso resbaladizo (‘en el que se puede resbalar con facilidad’)», entre otros.
Además, la gramática académica (ibid.) considera que es fundamental tener en cuenta la base, ya que, como ocurre en todos los procesos de formación de palabras, esta determina en gran medida el significado del adjetivo. Así, resbaladizo, aplicado a calzado, significa «calzado que resbala», mientras que aplicado a terreno se refiere, más bien, a «aquel en el que uno resbala», y puede aplicarse tanto en el sentido físico del verbo como en su interpretación figurada. Una distinción similar se observa en el caso de escurridizo.
Otra autora destacada en este tema es Soledad Varela, que, en su Morfología léxica: la formación de palabras, incluye el sufijo -dizo entre los «Sufijos que forman adjetivos», y así lo considera como un sufijo derivado de verbos. Como ejemplo, ilustra su uso con la forma caedizo, junto a otros adjetivos formados de manera similar: «A de V: movi-ble, medita-bundo, casa-dero, cae-dizo, aburri-do, vivi-dor, llor-ica, ejecut-ivo, cantar-ín, abunda-nte, pele-ón, elimina-torio» ().
Y, en la misma línea, Carmen Aguirre, en el capítulo de su Manual de Morfología dedicado a los adjetivos deverbales, menciona de manera breve el sufijo -dizo; lo incluye en un apartado titulado «Sufijos minoritarios», que analiza como elementos de escasa productividad. señala que el sufijo -dizo «puede tener significado tanto activo como pasivo» y solo aporta ejemplos de la primera conjugación, como enamoradizo, asustadizo y arrojadizo.
Josefa Martín, en La formación de adjetivos (), reconoce el sufijo -dizo como un sufijo independiente y distinto de -izo, capaz de formar adjetivos deverbales con valores tanto activos como pasivos. Como ejemplo de su valor pasivo, analiza el adjetivo quebradizo (derivado del verbo quebrar, con el significado de ‘que puede quebrarse’), y como ejemplo de su valor activo, cita resbaladizo (derivado del verbo resbalar, con el significado de ‘que resbala’).
En los casos en los que el sufijo -dizo tiene un valor pasivo, se aplica a verbos transitivos, de modo que el complemento directo del verbo pasa a ser el nombre modificado por el adjetivo («El periodista critica la novela > una novela criticable», ). En el caso de quebradizo, el ejemplo expuesto por la autora es «Juan quebró el palo > es un palo quebradizo». No obstante, según ella misma señala, en muchos de estos verbos lo que predomina es una «voz media», como sucede en el ejemplo de quebradizo, en el que sería más adecuado el uso de una construcción como «La rama es muy quebradiza», con el significado de «que puede quebrarse por sí sola». Dice Josefa Martín (ibid.) que en estos casos la base del adjetivo se forma a partir de la construcción media del verbo, como ocurre con quebrar: «El cristal se quiebra con facilidad > un cristal quebradizo».
Además, el sufijo con valor pasivo -dizo denota un contenido modal diferente al de otros sufijos como ‑ble o ‑dero. Este contraste se refleja en las paráfrasis que pueden construirse con adverbios, sintagmas preposicionales o perífrasis verbales. Por ejemplo: escurridizo = «que se escurre fácilmente»; enamoradizo = «que se enamora con facilidad»; arrobadizo = «que suele arrobarse» (). Asimismo, en una construcción como La madre contentó al niño > es un niño contentadizo, se observa la aplicación del sufijo -dizo con valor pasivo.
En cuanto al uso activo del sufijo -dizo, este se aplica, según Josefa Martín, a verbos transitivos e intransitivos, cuyo sujeto pasa a ser el nombre modificado por la forma adjetival. El valor activo del adjetivo derivado tiene que ver con el sujeto de la base verbal, mientras que el valor pasivo se relaciona con el complemento directo del verbo base. Este patrón general se observa también en los sufijos que permiten la doble interpretación. Así, ciertos sufijos adjetivales, que generalmente se interpretan de manera pasiva, pueden adquirir una lectura activa cuando se aplican a verbos intransitivos.
En contraste, Josefa Martín clasifica el sufijo -izo como un sufijo «denominal relacional» en ejemplos como fronterizo y como un sufijo «denominal calificativo» en adjetivos del tipo plomizo. Es decir, esta autora tiene muy en cuenta las características sintácticas y las propiedades de las bases, así como los argumentos de los verbos (ya sean transitivos o intransitivos), a la hora de clasificar los sufijos que se añaden a cada una de las bases. Por ello, distingue entre los adjetivos deverbales activos y pasivos, sin olvidar que algunos sufijos pueden presentar ambos valores (ya lo vimos en Rainer), al depender de las bases a las que se adjunten. En este sentido, afirma que «[l]os adjetivos deverbales activos formados sobre verbos transitivos pueden heredar el complemento directo» y ejemplifica con el modelo La empresa construye casas > una empresa constructora de casas; por otro lado, considera que los adjetivos deverbales pasivos pueden tener «un complemento preposicional», como se ve en Juan aplica la teoría a nuevos casos > una teoría aplicable a nuevos casos ().
Todos los ejemplos registrados con el sufijo -dizo evidencian las características propias de la doble naturaleza que este sufijo posee, al integrar tanto propiedades verbales como adjetivales. Si seguimos el análisis de Josefa Martín, se pueden observar los siguientes comportamientos:
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A) Posibilidad de ser la base de nuevos procesos derivativos: los adjetivos formados con el sufijo -dizo tienen la capacidad de originar derivados adverbiales, lo que refleja su flexibilidad morfológica; así, enamoradizo podría derivar en enamoradizamente.
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B) Admisión de complementos de grado: estos adjetivos denotan cualidades susceptibles de ser graduadas, y esto les permite aceptar modificadores que indiquen grado, como en el caso de enamoradizo, se podría decir muy enamoradizo.
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C) Posibilidad de anteposición: los adjetivos derivados con el sufijo -dizo también pueden preceder al sustantivo, como ocurre en un enamoradizo joven / un joven enamoradizo.
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D) Por último, heredan los complementos del verbo base: dada su naturaleza verbal, los adjetivos con -dizo conservan ciertos complementos provenientes del verbo del que derivan, de forma que pueden incorporar elementos que originalmente pertenecen a la estructura verbal. Un ejemplo con el sufijo -dizo podría ser es enamoradizo de todo lo que le rodea.
Finalmente, es relevante considerar la perspectiva de Antonio Fábregas en su Diccionario de afijos del español contemporáneo (), uno de los repertorios más recientes que lematiza el sufijo -dizo. El autor lo aborda como un sufijo independiente de -izo, lo que refuerza la idea de que ambos elementos, aunque similares formalmente, poseen características distintivas. Fábregas no proporciona una etimología precisa para este sufijo; en su análisis, sugiere que -dizo podría derivar del latín ‑icium, combinado con la terminación del participio. Este sufijo es clasificado como adjetivalizador, «que forma sobre todo adjetivos disposicionales y toma verbos como su base» ().
Aunque Fábregas no profundiza en la distinción entre formaciones activas y pasivas, señala que existe una tendencia en el sufijo -dizo a asociarse con bases verbales que implican un cambio de estado o que reflejan una acción eventiva. No obstante, también sugiere que es posible que -dizo admita lecturas estativas, es decir, adjetivos que describen una cualidad que permanece en el tiempo. En su análisis, presenta una amplia variedad de ejemplos que abarcan las tres conjugaciones verbales: de la primera conjugación encontramos adjetivos como acarreadizo, acomodadizo, acuchilladizo, ahogadizo y ahorcadizo; de la segunda conjugación, acogedizo, bebedizo, traedizo; y de la tercera incluye advenedizo, huidizo y saledizo.
Lo que resulta particularmente interesante es su mención de que, en algunos casos limitados, parece que la base del adjetivo formado con -dizo es un participio. Fábregas cita ejemplos como cobertizo, escondidizo y salidizo, aunque es importante señalar que, en el caso de cobertizo, este no es un adjetivo, sino un sustantivo, según indica la RAE en su (s. v. cobertizo). En definitiva, Fábregas subraya que -dizo es un sufijo autónomo, distinto de -izo, y con sus propios alomorfos, que varían en función de la vocal temática correspondiente a cada conjugación verbal.
Así, el debate entre la existencia de un único sufijo con alomorfos o de sufijos independientes persiste como un problema central en la morfología española, alimentado por la diversidad de enfoques de estos autores.
3. REFLEXIÓN FINAL
Las dificultades para delimitar el sufijo -dizo dentro del sistema morfológico del español se reflejan en la variedad de enfoques teóricos y en los debates no resueltos que siguen existiendo al respecto. En el presente trabajo se ha analizado la naturaleza del sufijo -dizo a partir de diversas perspectivas teóricas, como la postura defendida por autores como Alemany Bolufer y Fernández Ramírez, que solo consideran la existencia del sufijo -izo/‑a como formador de adjetivos a partir de bases sustantivas, adjetivas o participiales, visión respaldada también por otros autores como Almela, Miranda, Martín Camacho o Casado Velarde; Portolés también participa de esta idea, pero con la consideración de un elemento interfijal (‑ad‑) entre la base y el sufijo -izo.
Por otro lado, se ha examinado la postura que defiende la existencia de dos sufijos distintos: -izo, que forma adjetivos a partir de sustantivos o adjetivos, y -dizo, cuya naturaleza deverbal ha sido reconocida por varios estudios, entre los que se incluyen los trabajos de Lang, Thiele, Rainer, la RAE, Soledad Varela Ortega, Carmen Aguirre, Josefa Martín García o Antonio Fábregas.
Una posible causa de la indefinición que se ha observado en el sufijo -dizo radica en la relativa baja productividad, sobre todo si se le compara con otros sufijos que participan en la formación de adjetivos y sustantivos dentro de la lengua española. La escasa frecuencia de aparición de -dizo en el sistema lingüístico puede haber contribuido a su ambigua delimitación, que ha llevado a que algunos ejemplos se interpreten como anomalías del sistema, excepciones, derivaciones por analogía o incluso formaciones que obedecen a procesos de disimilación fonológica.
Pharies documenta cerca de 200 formas con el sufijo -izo; sin embargo, en el registro de diccionarios y manuales consultados para este trabajo, el número de formas terminadas en -dizo es mucho más reducido, con una cifra que ronda los 100 términos que cumplen con las características formales y semánticas correspondientes. Del total de formas documentadas que terminan en -dizo, se pueden extraer algunos datos relevantes en cuanto a su estructura morfológica:
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― 4 formas derivan del infinitivo en ‑ir: salidizo (de salido < salir), perdidizo (de perdido < perder), huidizo (de huido < huir), escurridizo (de escurrido < escurrir).
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― 11 formas derivan del infinitivo en ‑er.
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― 89 formas derivan del participio de verbos en ‑ar, una conjugación en la que todos los verbos, antes de formar el adjetivo, pasan por la derivación del participio.
Las cifras reflejan la problemática que envuelve al sufijo -dizo: en comparación con otros afijos más productivos, la cantidad de términos documentados es insignificante, lo que contribuye a la duda sobre su estatus dentro del sistema morfológico del español. Esta baja frecuencia puede ser un factor determinante para la falta de consenso acerca de si -dizo debe considerarse un sufijo autónomo o un alomorfo de -izo.
Según lo expuesto, parece lógico que haya que replantear la explicación de este sufijo desde una perspectiva más precisa y sugerir que los adjetivos derivados en -dizo se forman a partir de temas de infinitivo, como señala la Academia, lo que permitiría la diferenciación de la vocal temática propia de cada conjugación verbal (como en resbaladizo, movedizo, huidizo). Podría darse que el error histórico que ha condicionado las interpretaciones previas radica en considerar la base derivacional del participio en lugar del infinitivo. Cabe destacar que, aunque se puedan encontrar algunos sustantivos derivados como atajadizo (referido a elementos que permiten «atajar»), estos casos serían excepcionales y reflejan un proceso de sustantivación, ya que sí parece claro que este sufijo solo crea adjetivos.
En este trabajo, se ha intentado proporcionar datos preliminares sobre el sufijo -dizo/‑diza, formador de adjetivos en español, a partir de la consideración que ha tenido en diferentes estudios desde principios del siglo xx hasta la actualidad. Queremos considerar que, aunque poco productivo, sí es un sufijo autónomo, diferente de -izo, pues nos parecen muy convincentes las últimas teorías al respecto expuestas por la Real Academia en la última versión de su , así como los datos aportaros por otros autores consultados. No obstante, es evidente que la investigación sobre esta partícula está aún lejos de estar concluida y resulta necesario continuar con el estudio de su evolución, identificar nuevas formaciones y analizar más ejemplos que permitan comprender su funcionamiento completo. Pero lo visto hasta aquí ha pretendido transmitir que el análisis de -dizo pone en evidencia la complejidad de las categorías morfológicas en español y resalta la necesidad de seguir explorando, con rigor, las interacciones entre los sufijos, sus bases y los significados que unos y otras aportan a las formaciones adjetivales.
FINANCIACIÓN
Este trabajo se incluye en el proyecto PID2021-124135NB-I00: «Los sufijos adjetivales en la interfaz léxico-sintaxis: desde la teoría a la aplicación lingüística» (SUFAES), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (España).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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DLE = Real Academia Española & Asociación de Academias de la Lengua Española (2020): Diccionario de la lengua española, versión electrónica actualizada de la 23.ª edición. https://dle.rae.es/.
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Gtg = Real Academia Española & Asociación de Academias de la Lengua Española Glosario de términos gramaticales. https://www.rae.es/gtg/sufijo (consulta 18/11/2024).
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Notas
[1] Sustantivizados pueden aparecer los siguientes adjetivos: encontradizo = persona que busca encontrarse con otra sin hacer patente su intención; advenedizo = persona recién llegada a un lugar o puesto; acomodadizo = persona cómoda, que se hace a todo ().
[2] «-izo (masc.) / -iza (fem.): en las derivaciones denominales, el sufijo indica ‘contenido’ o ‘hecho de’: calizo = que tiene cal; de modo análogo cobrizo, macizo (< masa), pajizo, plomizo, rollizo; con base culta: ferrizo; con significado especializado: castizo, fronterizo. En las derivaciones a partir de bases adjetivales expresa ‘tendencia’ o ‘semejanza’: enfermizo. Primerizo está lexicalizado. Tomados directamente del latín: hechizo, postizo (sin motivación sincrónica). Cuando el sufijo se añade a la designación de colores básicos expresa ‘aproximación’: albarizo, rojizo. [...] El sufijo -izo constituye el equivalente patrimonial del sufijo latino culto -icio» [la traducción es mía].


