1. INTRODUCCIÓN
La lexicalización de los diminutivos es un fructífero recurso de innovación léxica. En su propuesta de categorización, desde una perspectiva tipológica, muestra una salida al problema de los límites entre la nominalización o derivación con sufijos diminutivos y los usos prototípicos de estos, sin posibilidad de cambio categorial respecto de la base. Distingue dos tendencias morfosemánticas; de una se desprenden valores cuantificadores y especificadores, de aproximación, relación, especialización y de tipo partitivo, y de otra derivan los valores apreciativo, humorístico y de intimidad. En la misma línea comparativa, subraya los diminutivos de significado denotativo, que especifican ciertas propiedades del referente (tamaño, diseño, materia, etc.), los diminutivos de significado connotativo (afectividad, descalificación, ironía) y los de atenuación de actos de habla. Los enfoques de y de arrojan luz en el estudio de la lexicalización del significado diminutivo. En los usos denotativos se encuentra el origen de los nombres de variedad o especialidad (manta → mantilla), pero este tipo de cambio léxico difiere de los que se producen por usos metafóricos o metonímicos, o de los casos de elipsis y recategorización. El análisis de Pato nos enseña otra dimensión «en la que el hablante está íntimamente relacionado con la entidad y la situación» (). El motivo de la innovación puede ser eufemístico o humorístico; pero, en principio, el mecanismo destaca los rasgos prominentes, dentro de un continuum de valores, cuantificativos y cualitativos (, ). El triunfo de la forma diminutiva puede provocar situaciones de rivalidad léxica: el diccionario académico registra la sinonimia entre moquillo ‘enfermedad catarral de algunos animales’ () y pepita, alteración de pituīta (; 1611, Covarrubias, en ).
Las relaciones semánticas pueden hacerse explícitas mediante este procedimiento tan sencillo y tan frecuente en la comunicación oral, sin que por ello queden cerradas otras posibilidades de uso en discursos más elaborados. El principal problema que debe resolver el investigador del tema es el de los límites entre las nuevas palabras (paño → pañuelo) y los usos prototípicos (dedo → dedito).
1.1. Objetivos de la investigación
El propósito de esta contribución es identificar y describir los procesos de lexicalización de los diminutivos. Con este fin, se va a proponer un nuevo enfoque sobre el problema de los límites entre derivación y lexicalización, después de que se hayan establecido niveles de independencia de las formas diminutivas respecto de las bases.
Para cumplir dichos objetivos, ha sido necesario avanzar en el conocimiento de otros aspectos del cambio semántico experimentado por las formas diminutivas:
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A) El grado de predictibilidad del significado de las nuevas unidades respecto de la base, lo que implica situarlas entre dos polos, desde los usos prototípicos hasta el cambio léxico por elipsis o por analogía. En el continuum, los tipos de proyección determinan el grado de autonomía de la forma diminutiva.
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B) La productividad de los modelos diminutivos en la lexicogénesis del español, lo que requiere comparar la suerte de los sufijos, indicada en términos de frecuencia, continuidad latino-romance, decadencia, dialectalización o pérdida. Se trata de explicar los desequilibrios en la elección de los formantes que han resultado más rentables.
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C) La tradicionalidad discursiva de este tipo de léxico, lo que conlleva valorar si la lexicalización del significado del diminutivo es un recurso de la inmediatez comunicativa o, por el contrario, de la distancia comunicativa. El cumplimiento de este objetivo requiere indagar en los dominios léxicos con más formas diminutivas y en las relaciones sinonímicas de estas con otras palabras.
1.2. Cuestiones de método
Como solución al problema de los límites entre derivación y lexicalización, se propone concebir el proceso como un continuum entre dos polos, desde los usos denotativos y apreciativos de los diminutivos hasta la consecución del cambio léxico por metáfora, metonimia, elipsis y recategorización. En este extremo, los significados de las nuevas unidades son impredecibles, lo que explica la repercusión del procedimiento en la evolución del léxico de diferentes campos:
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Ej. 1. Hoja → hojuela. El registra cinco acepciones de hojuela, que se distribuyen en tres dominios léxicos: adornos, alimentación y botánica.
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Ej. 2. Campana → campanilla. El registra siete acepciones, que se distribuyen en seis dominios léxicos. La forma diminutiva da nombre a nuevos diseños del objeto primigenio, pero también contribuye a la renovación del léxico de la flora, de la anatomía, de la alimentación y de la imprenta. Desde la perspectiva de la historia del léxico, la polisemia plasmada en la lexicografía proviene de la fragmentación del significado por especialización. Así describe Rainer el cambio:
Las nociones de irradiación, absorción, reagrupamiento paradigmático, secreción, extensión metafórica y desplazamiento metonímico remiten a los descubrimientos de las primeras figuras de la semántica moderna. En nuestro corpus, que fue creado con un diccionario inverso (DIRAE/), se han detectado numerosas evidencias de dichos fenómenos, pero también se ha podido constatar que, desde la premisa de las fronteras difusas, es posible justificar la derivación verdadera de otros usos cuantificativos y apreciativos, que no implican neología. En este marco teórico, es importante verificar si existen conexiones entre distintas categorías gramaticales; por lo tanto, si no permanecen aisladas (Scalise , ). En los procesos de formación de palabras, los rasgos prototípicos o más representativos y los rasgos periféricos determinan las distintas relaciones de las palabras , , , ). En la argumentación sobre los límites, los miembros prototípicos presentan los siguientes rasgos definitorios:
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A) Mantienen la categoría de la base (): caja → cajita. En general, se adhieren a sustantivos y adjetivos; aunque no faltan casos de derivación con adverbios (cerquita), verbos (busquillo) y cuantificadores (tresillo).
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B) No se combinan con abstractos o ciertos adjetivos relacionales: *bondadita, *medievalito; sin embargo, con nombres de materia, el recurso es productivo en la formación de nomenclaturas de extractos y otros preparados alimentarios o cosméticos: mantequilla (1,2, ), cerilla (4, , ), vinagrillo (1,2,3, ), polvillos de olor (), unturilla y unturillas (). La oposición continuo / concreto se expresa de la misma forma: azúcar → azucarillo.
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C) Conservan el significado de la base y añaden contenidos de tamaño menor o de aprecio: «una niñita de tres años». Los usos periféricos alteran esta tendencia por la posibilidad de obtener significados impredecibles mediante creaciones metafóricas, metonímicas o por elipsis del núcleo del SN y la subsiguiente recategorización del diminutivo: peladilla (almendra peladilla). En esta, como en otras innovaciones, no desaparece cierto sentido apreciativo ().
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D) Los diminutivos conservan el género del sustantivo: libro → librito. Los datos de nuestro corpus indican que el cambio de género o los dobletes por motivación semántica son a menudo la consecuencia de la dialectalización de la unidad: campanilla y campanillo ‘cencerro’ (dialectal), candilejo (de candil, s. xvi) y candileja (s. xvii); sin descartar influencias analógicas de campo: zapato → zapatilla, femenino coincidente con el de otros calzados; cazo → cazuela, femenino coincidente con el de otros recipientes ().
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E) La vocal final de la base se elide al añadirse el sufijo: vas(o) +ito. También en los diminutivos lexicalizados.
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F) Los diminutivos imponen su pauta acentual: pérla - perlíta.
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G) En estas unidades no se producen alternancias de diptongación de las vocales medias. Son excepcionales variantes del tipo cigoñuela y cigüeñuela.
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H) Los sufijos diminutivos se sitúan en posición final de palabra (boquita).
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I) El repertorio está constituido por sufijos que se combinan con las bases según los factores siguientes: la variedad del español (el lematiza cinturilla y cinturica), el periodo de introducción de la palabra o la fonología de esta (, , ).
A los diminutivos prototípicos siguen los nombres de variedad o semejanza, lo que no ha impedido que los nuevos lexemas se desvinculen de la base inicial (del significado A al B): manta → mantilla, albahaca → albahaquilla, órgano → organillo. El procedimiento facilita la denominación de una nueva clase, perteneciente al mismo dominio léxico de la base.
Se ha verificado la lematización de las formas diminutivas en los diccionarios. La información lexicográfica confirma que unas voces son monosémicas y otras han desarrollado múltiples acepciones por usos figurados: la metáfora campanilla ‘flor’ pertenece a un nivel diferente respecto de campanilla ‘campana pequeña con mango’, acepción que ejemplifica la lexicalización de variedad o especialización respecto de la base.
1.2.1. De la oralidad a la escritura
En las fuentes literarias, están bien representadas las nominalizaciones objeto de estudio en situaciones estrechamente vinculadas a la vida cotidiana; no obstante, habría que considerar la historia de los diminutivos en otras tradiciones discursivas. Nos preguntamos si fue del gusto de oradores cultos, o si participaron líderes lingüísticos con capacidad para establecer relaciones de significado y con sentido del humor. Numerosas unidades del corpus fueron, en la fase de introducción, expresiones humorísticas de fácil aprendizaje, con las que se cubrían necesidades denominativas sin prescindir de la voz preexistente; no obstante, esta también podía perderse. Las historias de alcantarilla y de ardilla enseñan dicha posibilidad tras la pérdida de alcántara ―arcaísmo onomástico― y arda ().
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A) Algunas unidades se han integrado en distintas nomenclaturas científicas, según las siguientes marcas lexicográficas del : histol.: bastoncillo; bot.: celdilla, caobilla, nuececilla; arte: amorcillo; zool.: anillo, bonete; métrica: redondilla, voz que ha reducido la polisemia, como corresponde a los términos o semitérminos (); no obstante, existen más posibilidades de uso que las atribuidas a la jerga científica de alta especialización, necesariamente monosémica. Nadie cuestiona que hay más pragmática en la lengua oral () y que la delimitación entre el discurso oral y el escrito requiere un análisis pormenorizado de la diversidad de situaciones en que se produce la comunicación (, , , ). Fueron adecuadas las que se vivieron en mercados y en los talleres de los oficios mecánicos. Y es a partir del siglo xv cuando se multiplican los diminutivos que designan utensilios (platillo, horquilla, tenacillas), preparados culinarios (empanadilla, gachuela), indumentaria (herreruelo), etc.
Era más limitada la neología en referencias a personas tratadas desde el prisma del humorismo. En general, el marca estas acepciones con las abreviaturas de los usos figurados (fig.) y del registro coloquial (coloq. y fam.): cocinillas, diablillo, dinerillo, figurilla, fuguillas, gambeta (Arg., Bol.), golilla (Venez.), guindilla, mañuela (fam., ), almohadilla ‘mujer que canta’ (), asuntejo, calcillas ‘hombre tímido’, gacetilla ‘persona chismosa’, gorgorito, morrillo ‘cogote’, palillo ‘persona muy delgada’, soleta ‘mujer descarada’, sainete ‘situación grotesca’, etc. El nuevo significado puede convivir con el anterior, en situación de polisemia, o puede terminar sustituyéndolo.
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B) Las fuentes lexicográficas también proporcionan suficiente información sobre la amplia fraseología que contiene diminutivos; una evidencia de la procedencia oral de este tipo de léxico.
Locuciones adverbiales: de tapadillo, de trapillo, al dedillo, a hurtadillas, de puntillas, como el/la agüita (Ec.), a la orilla, en porretas.
Locuciones verbales: estar como unas castañuelas, dar la puntilla, dar morcilla, ponerse de puntillas, no tener pelillos en la lengua.
Locuciones adjetivales: de bolsillo, de trompetilla.
Incluso se integran en otras expresiones coloquiales: miel sobre hojuelas, pelillos a la mar, tocar todos los palillos.
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C) Pertenecen al grupo de los cultismos grecolatinos ciertas voces cuyo uso ha quedado reducido a áreas del conocimiento especializado. En general, son préstamos que preservan los formantes etimológicos y que son escasamente productivos en la lengua general (ulo, a; iculo, a; -olo, a): aurícula (lat. med. auricula), corpúsculo (lat. corpuscŭlum), partícula (lat. particŭla), gástrula (del lat. cient. gastrula, y este del gr.), blástula (del lat. cient. blastula, y este del gr.), cutícula (lat. cuticŭla). Se suman al repertorio otras unidades de más amplia difusión: aureola (lat. aureŏla), clavícula (lat. med. clavicula), monóculo (lat. monocŭlus). Así mismo, el diminutivo patrimonial puede ser desplazado por un cultismo: arborçillo (1490, A. de Palencia), por arbusto (1494, Fray V. de Burgos). Ha de tenerse en cuenta la universalidad de ciertas formaciones, manifiesta en los distintos cognados.
1.2.2. Casos de herencia, importación y formación interna
Conocemos numerosas palabras que en latín tenían forma diminutiva, pero perduraron en las lenguas románicas sin el sentido de disminución; no obstante, este modelo de la lexicogénesis ha seguido generando neologismos hasta hoy, aunque la máxima productividad se alcanza en el periodo clásico. Y no faltan los préstamos con estructura similar. En definitiva, léxico heredado, léxico importado y léxico multiplicado, que es el mayoritario.
1.2.2.1. En trabajos anteriores de la autora, se han estudiado los lemas del Léxico Hispánico Primitivo () cuyos étimos son latinos. Esta obra contiene principalmente diminutivos cuantificativos, que son la contrapartida a una situación de limitación en la nomenclatura de accidentes geográficos, construcciones o lugares de un entorno más amplio (, y ). Son evidencias de la continuidad latino-romance: rivulo, riuuro, del lat. rīvulus ‘riachuelo’; anillo (lat. anĕllus); açuela (lat. *asciŏla, dim. de ascia); majuelo (lat. malleŏlus); orçuelo y orzuelo (del lat. hordeŏlus); cadiello y cadillo ‘perro de poco tiempo’ (lat. catĕllus ‘perrillo’); colmiello y colmillo (lat. v. columĕllus, der. de columĕlla ‘columnita’), arannuelos y arañuelo ‘larva de insectos’ (lat. araneŏlus), follejo y hollejo (lat. follicŭlus), padiella y padilla (lat. patĕlla), canastiello y canastillo (lat. canistĕllum, dim. de canistrum).
1.2.2.2. El corpus de diminutivos lexicalizados también lo forman préstamos o creaciones inducidas (léxico importado): banquete, del italiano banchetto, a través del francés banquet; bizcotela es adaptación de biscottella, d. del italiano biscotto; blanchete procede del francés blanchet ‘blanquecino’; luquete podría ser castellanización del italiano lucchetto; membrete parece alteración del francés brevet; como pacotilla, galicismo del siglo xviii (del fr. pacotille, y este del italiano); rampiñete procede del prov. rampinet, y este de origen germánico; reineta o manzana reineta remite al francés reinette o rainette, de rain. Una de las aportaciones del portugués es tabardillo.
1.2.2.3. Gran parte del repertorio lo constituyen creaciones internas. Se han observado tres tendencias, que resumen la suerte de los nuevos lemas con forma diminutiva.
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A) Dialectalización
El diminutivo -illo era la forma no marcada en el español antiguo. La dialectalización es una consecuencia de la contienda entre –illo e –ito, sufijo que termina imponiéndose al anterior en la lengua general. Por la antigüedad y la productividad de –illo, este se convierte en el nominalizador principal, no solo en la Edad Media, sino también en el periodo siguiente; antes de convertirse en marca geolingüística y en elemento de variación: bolsillo y bolsico (Chile), acerico / acerillo, agracillo / agrecillo / agracejo, arbolete / arbolillo, artalejo / artalete (), artesuela / artesilla (), asuntejo / asuntillo, bacinilla / bacineta / bacinica, barquete / barquichuelo / barquillo, canaleja / canaleta (acep. 2), entre otras variantes léxicas. Así mismo, son voces dialectales: abrojillo, aceitunillo, aguedita, alfilerillo, algarrobillo, alumbradilla (aceps. 5 y 6), barrilete (5, Arg.; 6, Cuba; 7. Méx.), caldillo (aceps. 2 y 3), blanquillo (5, 6 y 7), bolilla (1, Arg., Bol., Par.; 2, Arg., Par., Ur.), bonete (acep. 6, Cuba), cabañuela (3, Méx., 4, Bol.), camotillo, canelilla y canelillo, campanilla (acep. 7, Cuba), canastita (Arg), canilla (aceps. 7, 8, 9), cascarillo, ciruelillo ‘árbol’, cerillo / cerilla, cielito, catarinita, copeicillo (acep. 1), coloradilla. En el repertorio figuran sufijos que han caído en desuso (–uelo), o distintivos de Aragón, Murcia y la Andalucía oriental (–ico), o que han desarrollado nuevos sentidos como voces humorísticas (–ete, –ejo); este cambio es ilustrativo de la irradiación (término de Bréal que retoma ), por el significado más connotativo de ambos morfemas en el español moderno.
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B) Decadencia y pérdida de la productividad
Aunque –ito es el diminutivo no marcado del español contemporáneo, no ha sido un nominalizador tan productivo como –illo (). Este alcanza la máxima vitalidad en los siglos xvi y xvii, seguido de –ete, a, –uelo, a, –ín, a, –ito, a y –ejo, a.
El gráfico muestra la ventaja de –illo respecto de los demás segmentos. Estos se encuentran en nombres de animales, plantas, objetos, productos y tipos sociales. Muchos lemas son arcaicos o han reducido el árbol de acepciones; especialmente los terminados en –uelo: arañuela, bermejuela, correhuela, mosqueruela, hijuela, planchuela, etc. Bases combinadas con un sufijo en decadencia desde finales del siglo xvii. Pero hemos anotado otros arcaísmos: abanillo (acep. 2), alcobilla (), alcubilla (1), almenilla (1), almilla (5), arenilla (4), balancín ‘carruaje’ (Perú, ), ballestilla (4), bosadilla, buchete (1), burrito (2, Méx, , 1992), cabestrillo (2), castañuela (3), catedrilla, cercillo (2), conventillo (2), dominguillo (2), escofieta (2), garrotillo (1), horquilla (13, 14), padilla (1, 2), presilla (5, 6), sebillo (1, 2), terzuelo (1), zagalejo, zaguanete (1, 2), entre otras voces con acepciones en desuso.
En unos casos, se ha salvado la palabra originaria: perdura alcoba, pero la alcobilla ya no es un ‘habitáculo con una cama’; por el contrario, el lematiza alcubilla, pero no alcuba (). En la misma fuente, no constan relaciones sinonímicas en capadillo, cancanilla, martillejo, guinilla, faceruelo, entre otras palabras olvidadas o moribundas. Es necesario avanzar en la investigación con más casos de declive o pérdida de acepciones, lo que implica cambios en las relaciones con otras palabras, por dialectalización, especialización discursiva o coexistencia y rivalidad entre sinónimos de acepción: azadilla / almocafre / escardilla, etc.; coronilla (2) / tonsura; coronilla (4) / coronillo; borroncillo / borrador / esbozo / boceto / bosquejo / apunte / croquis. No son rivales los sinónimos pertenecientes a distintas tradiciones discursivas: candilillo / frailillo / arísaro; bordadillo / tafetán, del it. o del cat.); acetosilla / acederilla / (5) aleluya, y a distintas variedades del español: colmenilla / (1) cagarria / morilla (fr.) / carraspina (Ál.).
En conclusión, se pierden voces (sebillo), también se modifica el árbol de acepciones (presilla) y otras palabras dejan de ser panhispánicas (caldillo, frutilla). Las divergencias significativas se producen también dentro de Hispanoamérica: cebolleta (acepciones 1, 2 y 3 en el ).
2. NIVELES DE LEXICALIZACIÓN DEL SIGNIFICADO DIMINUTIVO
No siempre es posible delimitar los significados descriptivos y no apreciativos de las palabras. Buena parte de estas combinan ambas dimensiones (). Así, los usos prototípicos de –illo son tres: 1. gradativo (con adjetivos y adverbios); 2. de cuantificación o tamaño (casi siempre con sustantivos contables); 3. valorativo, en formaciones evocadoras del punto de vista del hablante. Los valores mencionados han contribuido al desarrollo del sufijo como cuantificador y cualificador (), pero también han propiciado una renovación funcional del mismo como nominalizador. Tal propiedad queda demostrada en los repertorios analizados en los capítulos que siguen, pero también en el elevado rendimiento del procedimiento en la toponimia:
Yuncos, Yuncler y Yunclillos; Granada y Granadilla; Aracena y Aracenilla; Montellano, Montellanillo; Estepa y Estepilla (, , , , ).
La labor de identificación de los usos periféricos o no prototípicos se rige por dos parámetros: el dominio léxico y la categoría gramatical de la base. Ha sido necesario constatar algunas evidencias:
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― Si el diminutivo cambia de dominio respecto de la base o si la integración de la nueva unidad lo amplía. Es necesario verificar si el cambio de dominio se produce por asociación de sentidos (metáforas y metonimias) o por asociación de formas (etimología popular, analogía y elipsis), según la propuesta de sobre los tipos de cambio semántico; ratificada por otros historiadores del léxico (Penny 1993, ).
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― Si el diminutivo coadyuva a la nominalización cuando las bases son de origen participial o adjetival ( emplea el término absorción) y si el cambio semántico se debe a la elipsis del núcleo del sintagma: almendra peladilla → peladilla.
Entre las innovaciones mencionadas, se subrayarán las siguientes:
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A) Cambios de nombres continuos a contables: azúcar → azucarillo, amor → amorcillo, vuelo → vuelillo ‘adorno de encaje colocado en la bocamanga’.
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B) Cambios de nombres de materia, cuyas formas diminutivas designan variedades de cada una de ellas: nata → natilla (C. Rica) y natillas, quesada → quesadilla (el remite a quesada). Los andaluces orientales distinguen entre la habichuela y la habicholilla ‘judía verde’. Así mismo, conviene recordar que ciertas unidades poseen el mismo significado descriptivo, pero pertenecen a distintos registros.
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C) Cambios de estatus laboral. La forma diminutiva indica inferioridad: mediquillo ‘médico indocto’, abogadillo ‘abogado de poca relevancia’ (1853, Gaspar y Roig; lematizado por última vez en RAE: Diccionario manual e ilustrado, apud ).
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D) Cambios que delimitan la edad: en el periodo medieval se empleaba mancebiello. Y el sustantivo mozuela ‘adolescente’ seguía circulando en la Andalucía oriental de mediados del siglo xx.
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E) Cambios funcionales y de diseño de ciertos objetos: enaguas → enagüillas.
2.1. Análisis de los datos del nivel 1: procesos de lexicalización de variedad o especialidad
Los diminutivos de variedad ocupan un espacio limítrofe entre el diminutivo prototípico y la nominalización, ya que las nuevas unidades solo se han desvinculado parcialmente de la base: palacio → palacete, aunque no siempre se percibe la histórica vinculación entre la base y el diminutivo; por ejemplo, entre horca y horquilla. En principio, el éxito del procedimiento radica en las posibilidades de destacar rasgos prominentes y diferenciadores de clase, como pueden ser los relativos al tamaño, la función o el aspecto físico de una entidad.
La palabra gigantillo ‘figura de enano de gran cabeza’ ilustra la capacidad nominalizadora del diminutivo, hasta el punto de admitir modificadores aparentemente incompatibles con la base: gigante ‘figura de enorme estatura’ (acepción 3):
DOC. HIST. Don Luis de Vargas y Don Luis de Salazar, entraron con cuatro trompetas y dos padrinos y dos gigantillos enanos, vestidos todos de velo de plata; sacó una tarjeta blanca y letras blancas con cifras doradas (1590, anón., Relación de la sortija).
Son lexicalizaciones de variedad o especialidad, que contribuyen a la ampliación o complejización del mismo dominio léxico, desde el hiperónimo al hipónimo.
Rasgos distintivos de la lexicalización:
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A) La nueva unidad pertenece al dominio léxico de la base.
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B) La nueva unidad no altera el género de la base.
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C) La lexicalización se desarrolla sobre bases sustantivas.
Los lemas seleccionados se vinculan a campos complejos, que se identifican con un hiperónimo y, en su mayoría, están constituidos por varios subdominios. Este corpus de diminutivos de variedad presenta la siguiente distribución en el anexo 1:
1. Flora. 2. Fauna. 3. Alimentación. 4. Interiorismo. 5. Los vehículos y sus partes. 6. Confección (tejidos, indumentaria y complementos). 7. Productos (cosméticos y otras materias). 8. Construcción. 9. Lo espacial. 10. Economía. 11. Utensilios (herramientas, piezas, recipientes, etc.). 12. Vida social (ocupaciones; clases de personas). 13. Anatomía. 14. Elementos de comunicación, oral o escrita. 15. Otros fenómenos.
Utensilios: 82. Confección: 56. Flora: 36 Comunicación: 26 Alimentación: 25. Construcción: 17. Fauna: 17. Vida social: 14. Interiorismo: 12. Vehículos: 11. Lo espacial: 11. Productos: 8. Anatomía: 5. Lo temporal: 3. Economía: 2.
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― Ejemplos de la Edad Media: arbolete, caldillo, tortiella, capillejo/-a, pañuelo, redeciella, entre otros lemas.
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― Ejemplos del periodo clásico: calabacino, gachuela, lechuguilla, mostillo, naranjilla, natillas, panecillo, solomillo, artesilla, esterilla, camilla, entre otros lemas.
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― Ejemplos del español moderno: peineta, peinilla, peluquín, rehiladillo, cigarrillo, bordillo, ganchillo, maquinilla de…, entre otros lemas.
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― Ejemplos del español contemporáneo: calzoneta (Guat., Hond., Nic., El S.), telefonillo, entre otros lemas.
2.2. Análisis de los datos del nivel 2: procesos de lexicalización por metáfora y metonimia
Las obras lexicográficas enseñan que la elevada polisemia de algunos lemas se debe al múltiple tratamiento que han recibido. Las formas diminutivas designan entidades de naturaleza distinta a la que corresponde a la base. Y este hecho es posible por asociación de sentidos, bien por semejanza o bien por contigüidad ().
Pertenecen al segundo nivel las creaciones metafóricas o metonímicas.
2.2.1. Metáforas
La metáfora es una proyección conceptual por semejanza entre entidades de dos dominios, el de origen y el de destino. Este proceso cognitivo implica la recuperación de propiedades (, , , , ). Y así se logra procesar información abstracta mediante conceptos más concretos. En el corpus elaborado para esta investigación, predominan las metáforas ontológicas, que son las más frecuentes en la inmediatez comunicativa, por la inevitable interacción del hablante con el mundo que le rodea. Tradicionalmente se definen como antropomórficas, zoomórficas y cosificadoras (). Y han sido creadas por motivaciones didácticas, psicológicas o ideológicas. Incorporan la actitud y el punto de vista del autor, aunque las proyecciones no son arbitrarias, sino que están sujetas a la propia experiencia.
Se han agrupado en el nivel 2 las siguientes traslaciones: vegetales → repostería (hoja → hojuela). Puede alterarse el género de esta por motivación semántica: animales (hormiga) → patología (hormiguillo).
Tipos de relaciones:
1. Asociación de objetos con plantas, animales, indumentaria, patologías, partes de la anatomía, personas, alimentos y recursos de la comunicación
La síntesis anterior contiene suficientes ejemplos de cosificación. El diminutivo es también la marca de una nueva nomenclatura popular, válida para los iletrados que necesitan dar nombre a referentes muy dispares: plantas, frutos, patologías, incluso composiciones.
2. Asociación de animales con objetos, personas, plantas, alimentos, patologías, construcciones, tejidos y con partes de la anatomía
Se ha podido constatar que el dominio origen es el de los animales más presentes en el ámbito doméstico: burros, pájaros, caracoles, hormigas, palomas, pollos, sardinas, etc. La lexicalización del diminutivo dragoncillo es excepcional porque el referente inicial se popularizó a través de la ficción. En el nivel 2, también se dan cambios de un subdominio a otro: cabrilla ‘pez’, palomilla ‘insecto’.
3. Asociación de las partes del cuerpo con objetos, personas, confecciones, plantas, elementos de arquitectura, patologías y alimentos
La creación de estructuras metafóricas a partir de la anatomía es una práctica tradicional con consecuencias estructurales, pues se amplían las nomenclaturas populares, a menudo marcadas por el diminutivo: cabezuela, plumilla (plantas).
4. De las personas a los animales, plantas, alimentos, indumentaria, elementos de interiorismo y juegos.
La creación de nuevas nomenclaturas populares también se fundamenta en ciertos rasgos prominentes de una galería de tipos. Estas metáforas antropomórficas satisfacen necesidades lingüísticas de quienes deben buscar el nombre de animales y plantas. Permiten un tratamiento humorístico de los referentes mencionados. Ej.: herrerillo: del dim. De herrero, por el chirrido metálico del canto. El subdominio de las ocupaciones está bien representado. Y no faltan los deonomásticos en el repertorio. Ejs.: mariquita, martinete, dominguillo, periquillo.
5. Asociación de plantas con objetos y otras entidades relacionadas con las confecciones, la anatomía, la arquitectura, la mineralogía y las patologías
Se establecen conexiones entre los subdominios de las hortalizas, las frutas y otros vegetales: capullina, espartillo, cerecilla, manzanilla, manzanita, pimienta, piñuela.
Más asociaciones de sentidos:
2.2.2. Metonimias
Todos empleamos metonimias sin fines estilísticos. Son usos espontáneos, aceptados y entendidos cuando se lexicalizan y adoptan formas diminutivas. El cambio semántico consiste en una traslación del significado: una entidad conceptual proporciona acceso mental a otra en relación de contigüidad. Los hablantes toman conciencia de que numerosas expresiones tienen un significado literal y otros posibles de carácter inferencial (, , , ). Los especialistas han visto la alteración de la referencia en las siguientes relaciones extralingüísticas de contigüidad: continente / contenido, materia / objeto, agente / instrumento, autor / obra, etc. Son metonimias espaciales (minerales, tejidos), temporales (frutos, animales y otros) y causales (nomenclaturas científicas). Cuando la relación es de inclusión (parte / todo, género/ especie, singular / plural) suele denominarse sinécdoque.
En la elaboración del presente esquema, se han tenido en cuenta las propuestas de y de .
El proceso de lexicalización de metonimias del tipo la parte por el todo es el que ha generado más unidades independientes.
2.3. Nivel 3: Lexicalizaciones por elipsis y recategorización
El fenómeno de la elipsis ha motivado la aparición de diminutivos deadjetivales convertidos en sustantivos. Las nuevas unidades han triunfado tras un proceso que comienza con la pérdida de una o varias palabras en un sintagma lexicalizado. En el ejemplario siguiente, se encuentran voces pertenecientes a los dominios léxicos de los núcleos elididos, puesto que estas asumen el significado de toda la construcción: coche todoterreno → todoterreno (, ).
Los contextos que proporcionan el y el permiten detectar el surgimiento de la neología, lo que implica descubrir los primeros testimonios de los sustantivos suplentes. En latín: mattiana (mala). En español: barreño (jarro), móvil (teléfono), deportiva (zapatilla, cazadora), fotocopiadora. El también ofrece algunos lemas anteriores o no documentados en los corpus académicos. Por el cambio categorial, se establecen vínculos analógicos con palabras del mismo campo. El ejemplo de crespiello o crespillo es ilustrativo de la influencia de otros diminutivos de la repostería.
DOC. HIST. una fojuela con olio esparzudo adesuso e un crespiello o bonuelo (c 1275, Alfonso X, General Estoria. Primera parte, ).
Es evidente que la presencia recurrente de -iello o -illo y -uelo, entre otros diminutivos, ha propiciado la conversión del adjetivo crespillo y la asociación, a través de la marca, de una unidad con otras; por lo tanto, la similitud formal constituye un resorte esencial de organización del léxico. En el dominio de la repostería: hojuelas, crespillos, buñuelos, rosquillas, quesadilla, natillas. En los nombres de juegos, este tipo de analogía también se cumple con cuantificadores recategorizados: dosillo, tresillo y cuatrillo.
Relación de nominalizaciones por recategorización:
Agrilla (agria), ahogadilla, altillo, amargaleja, amarguillo, armadillo, arrimadillo, asperilla, asperillo, avanzadilla, azulete, babosilla, baratillo, basquiña, bastardilla (letra bastardilla), blanquilla (azúcar blanquilla), blanquillo (pino blanquillo), bobillo, borrachuela, borrachuelo, calentito (And.), cantarín, cardenillo, cardenillo, caserillo, cernidillo, clarilla (And.), crespilla, crespillo, crespín, crespina, criadilla, cuadradillo, cuajadillo, cuatrillo, cuatrín, curadillo, chupito, dobladillo, donosilla, doradilla, doradillo, dosillo, durillo, echadillo, escarbillos, espigadilla, correndilla, cortadillo, falsilla, flamenquilla, francesilla, fresquilla, fritillas, guardilla, hondillos, hurguillas, justillo, majaderillo y majaderico, malilla, melosilla, morenillo, morenito, negrete, negrilla, negrillo, negrita, nevadilla, pegadillo, pelosilla, romanillo, secadillo, seguidilla, segundilla, segundillo, septillo, sequillo, sequilla, septillo, sextillo, sextilla, sordilla, tercerilla, ternilla, tiradillas, torcidillo, tostadillo, tumbadillo, viscosilla.
Se han incluido en el nivel 3 los siguientes casos de etimología popular: bajillo, de vascellum (dialectal, ), islilla, de aslilla, y esta del lat. axillella, dim. de axilla. El cambio induce al hablante, atraído por semejanzas formales, a relacionar una palabra con otra sin que tal relación exista (). No solo se pretende encontrar un étimo, sino dotar a la palabra de nuevos contenidos, atribuyéndole una motivación ().
3. CONCLUSIONES
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1. La lexicalización del diminutivo es un recurso de innovación léxica que el español ha heredado del latín. El diccionario académico proporciona suficiente información etimológica de lemas con forma diminutiva, tanto en latín como en español.
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2. En el cambio que es objeto de estudio, participan formantes con distinto grado de productividad; así, -illo aventaja al resto en todos los tiempos: fontiella, tortiella, mantequilla, telefonillo, ventanilla. La antigüedad del recurso y la primacía de -illo explican que gran parte de estas palabras no se hayan dialectalizado. En cambio, el sufijo -uelo no ha corrido la misma suerte: la decadencia de este en los usos prototípicos redujo sus posibilidades como nominalizador.
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3. Fuentes lexicográficas, como el , muestran la vitalidad del procedimiento en referencias a distintos lugares. Los testimonios más evidentes de la función nominalizadora de -illo y de los otros diminutivos se encuentran en el repertorio de la toponimia menor; no obstante, en el periodo medieval se consolida este recurso de la lexicogénesis en referencias a otras entidades de la vida cotidiana.
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4. Los lemas de nuestro corpus pertenecen, en su mayoría, al periodo clásico. Se crearon en situaciones de oralidad e inmediatez comunicativa; en ámbitos estrechamente relacionados con la vida cotidiana de los hablantes. De este modo, se cubren necesidades denominativas sin prescindir de la voz preexistente, aunque se conocen casos de pérdida de la misma: arda / ardilla, alcántara / alcantarilla.
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5. Algunas unidades se han integrado en nomenclaturas científicas, según las siguientes marcas lexicográficas del : histol.: bastoncillo; bot.: celdilla, caobilla, nuececilla; arte: amorcillo; zool.: anillo, bonete (, 6); métrica: redondilla, semitérmino que ha experimentado un extenso desarrollo polisémico. Los datos del indican que, en el siglo xix, y en el dominio de la imprenta, contendieron las unidades letra redonda y letra redondilla. Esta rivalidad no parece resuelta en el español contemporáneo, según los datos del .
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6. Se han propuesto tres niveles de lexicalización de los diminutivos: en el nivel 1 quedan los de variedad o especialidad. Son nombres que contribuyen a la ampliación o complejización del mismo dominio léxico de la base. En el nivel 2, estas unidades pertenecen a un campo no coincidente con el de la base, debido al tratamiento metafórico o metonímico de las formas diminutivas; así mismo, alteran el género de la base por motivación semántica y aportan connotaciones valorativas o humorísticas. El nivel 3 agrupa los casos de cambio de dominio y recategorización por elipsis o analogía, o por etimología popular: la elipsis es, a menudo, el origen de diminutivos deadjetivales convertidos en sustantivos del mismo dominio léxico de los núcleos elididos, puesto que asumen el significado de toda la construcción. Otras unidades son analógicas y reproducen modelos preexistentes.
4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Buenafuentes de la Mata, C. (2007): Procesos de gramaticalización y lexicalización de compuestos en español. Tesis Doctoral. Universitat Autònoma de Barcelona. En línea: <http://www.tesisenxarxa.net/TESIS_UAB/AVAILABLE/TDX-0321107-72834/cbm1de1.pdf>.
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CDH: Real Academia Española. Corpus del diccionario histórico. En línea: https://www.rae.es/banco-de-datos/cdh.
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9
CORDE = Real Academia Española. Corpus Diacrónico del Español. En línea https://www.rae.es/banco-de-datos/corde.
10
CREA = Real Academia Española: Corpus de Referencia del Español Actual. En línea: https://www.rae.es/banco-de-datos/crea.
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13
DLE = Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, versión 23.8. En línea: https://dle.rae.es/.
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DAmer = Asociación de Academias de la Lengua Española: Diccionario de americanismos. En línea: https://www.asale.org/.
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García Sánchez, J. J. (2023): “Yuncos, Yuncler y Yunclillos, conformación de tres topónimos «juncales» en Toledo”. En J. J. García Sánchez & E. Nieto Ballester (coords.): Claves en la investigación toponímica. Madrid: UAM / Universidad de Alcalá. En línea: https://toponhisp.org/es/user/login.
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IEDRA = Buscador de palabras, por Gabriel Rodríguez Alberich. En línea: https/iedra.es/.
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Molina Díaz, F. (2008): “Variantes diacrónicas y diatópicas de los diminutivos en la toponimia”. En C. Company Company & J. G. Moreno de Alba (eds.): Actas del VII Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Madrid: Fundación Banco Santander / Arco/Libros / Asociación de Historia de la Lengua Española, vol. 2, 1429-1440.
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NTLLE = Real Academia Española. Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española. En línea: https://www.rae.es/obras-academicas/diccionarios/nuevo-tesoro-lexicografico-0.
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Apéndices
5. ANEXO: NIVEL 1
Notas
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― Relaciones de causa a efecto: el invierno derrotó al ejército ().
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― De continente a contenido: tomar una copa.
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― De lugar de procedencia a cosa que de allí procede: un bargueño o vargueño.
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― De materia a objeto: una porcelana, un vinilo ().
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― De signo a cosa significada: ganó el oro.
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― De abstracto a concreto: burló la vigilancia, los justicias. (Siglo de Oro).
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― De genérico a específico: la fauna, los mortales (vid. sinécdoque).
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― De singular a plural: el español es vitalista.




