1. INTRODUCCIÓN
La mayoría de los gentilicios hispánicos son adjetivos derivados morfológicamente, de forma más o menos canónica, de nombres propios toponímicos de continentes (Asia > asiático, ca), países (Senegal > senegalés, sa), regiones (Caribe > caribeño, ña), ciudades (Valencia > valenciano, na), barrios (Icod el Alto > icolaltero, ra), etc. Formaciones gentilicias como asiático, ca, senegalés, sa,caribeño, ña, valenciano, na o icolaltero, ra se erigen, pues, como «prototípicas» en el sentido de que son las palabras formales que usamos los hablantes para indicar la oriundez de los grupos humanos, o de cada uno de los individuos que los componen, a los mencionados lugares, pero también de los animales, las cosas, los vegetales, los minerales, los fenómenos atmosféricos, etc., relacionados con los topónimos implicados en sus bases. Un aspecto de esta prototipicidad se manifiesta en el hecho de que los miembros de tales comunidades los usan por lo general para autonombrarse, esto es, como endogentilicios. Como consecuencia de ello, comportan un valor pragmático-cultural meliorativo y son formas prestigiosas.
Junto a estos gentilicios prototípicos, los hablantes de español disponemos de una nómina extensa de voces que cumplen la misma función de nombrar a los naturales de un lugar (y también a los animales, a las cosas..., aunque en mucha menor medida), pero cuyas bases no contienen la información identificadora de un topos, sino una léxica de muy variado tipo. Chicharrero o legañoso, por ejemplo, son palabras con las que los hispanohablantes nos solemos referir a los santacruceros o tinerfeños y a los gomeros (también a los almerienses), respectivamente, señalando algunos aspectos de su idiosincrasia: a los chicharreros, «por los muchos chicharros que se pescaban en Santa Cruz de Tenerife» (); y a los gomeros, «por la reacción ocular en forma de legañas que provoca el viento que, a menudo, sopla en la capital gomera» (ibid.). En la bibliografía de referencia, las palabras con que los otros identifican a los naturales de un lugar prescindiendo de señalar el nombre geográfico en su secuencia fónica han recibido las denominaciones de motes, remoquetes, gentilicios burlescos, paragentilicios o seudogentilicios; estos se emplean de manera informal ―lo cual no implica que se usen peyorativamente―, aunque algunos puedan llegar a reivindicarse como formales y alcanzar prestigio, si logran neutralizar los valores negativos que, en su caso, hayan desplegado en el pasado. Asimismo, no solo es característico de ellos que no sean detoponímicos y que funcionen como exogentilicios, sino también que portan una carga afectiva, son usados peyorativamente y traslucen un conjunto de creencias y actitudes negativas sobre otros grupos humanos.
Deducir de lo señalado hasta el momento que los gentilicios detoponímicos son meras etiquetas que contienen exclusivamente la referencia al topos y que son los seudogentilicios los que asocian valores denotativos y connotativos diversos al valor léxico de sus bases no caracteriza de un modo semántico adecuado a ninguna de estas dos subclases de adjetivos de relación. En las páginas que siguen, me centraré en los gentilicios prototípicos y trataré de explicar y justificar cómo y bajo qué condiciones se comportan de manera semejante a los seudogentilicios, pues su valor eminentemente relacional despliega en el habla una amplia gama de valores denotativos y connotativos que los conducen, en muchas ocasiones, a convertirse en adjetivos calificativos y en sustantivos apelativos, y consecuentemente al abandono de su función primaria identificadora.
Cuando se observa el conjunto de los empleos adjetivos y sustantivos de los gentilicios, se advierte que muchos de ellos han desarrollado algunas denotaciones secundarias adjetivas y sustantivas a partir de sus valores adjetivos primarios de ‘natural de’ o ‘perteneciente o relativo a’. Por la propia naturaleza del gentilicio, la primera subvariante que genera es la que señala la relación con la lengua hablada por los habitantes de dicho lugar, y es de este empleo de donde deriva la acepción sustantiva ‘lengua hablada (por los naturales de ese lugar)’. Muchos gentilicios detienen su ampliación denotativa en este punto, pero una porción importante de ellos continúa desarrollando variantes secundarias, terciarias, etc., en las que se resaltan algunas características atribuidas a los miembros de esas colectividades. Veamos algunos ejemplos a través del diccionario académico. El gentilicio español, la parece haber recorrido un camino denotativo corto:
- 1.
adj. Natural de España, país de Europa. U. t. c. s.
- 2.
adj. Perteneciente o relativo a España o a losespañoles.
- 3.
adj. Perteneciente o relativo al español (‖ lengua). Léxico español.
- 4.
m. Lengua romance que se habla en España, gran parte de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y otros lugares del mundo.
-
().
Italiano, na ha ido un poco más allá de sus denotaciones básicas, según vemos en la quinta acepción:
- 1.
adj. Natural de Italia, país de Europa. U. t. c. s.
- 2.
adj. Perteneciente o relativo a Italia o a los italianos.
- 3.
adj. Perteneciente o relativo al italiano (‖ lengua). Léxico italiano.
- 4.
m. Lengua romance que se habla en Italia como lengua común, y también en Suiza, Cerdeña, San Marino y comunidades italianas de América.
- 5.
f. Teatro. Práctica en que los actores dicen de corrido, generalmente en un ensayo, el texto previamente memorizado.
-
().
Y aún más lejos ha llegado el gentilicio escocés, sa, como se observa en sus acepciones cuarta, quinta y séptima:
- 1.
adj. Natural de Escocia, país del Reino Unido. U. t. c. s.
- 2.
adj. Perteneciente o relativo a Escocia o a los escoceses.
- 3.
adj. Perteneciente o relativo al escocés (‖ lengua). Léxico escocés.
- 4.
adj. Dicho de una tela de rayas de varios colores: Que forma cuadros.
- 5.
adj. Dicho de una prenda de vestir: Confeccionada con tela escocesa.
- 6.
m. Lengua gaélica que se habla en Escocia.
- 7.
m. Güisqui elaborado en Escocia.
-
().
En el conjunto de las acepciones adjetivas y sustantivas que anota este diccionario y reproducidas supra, se puede apreciar la trama estructural que las sostiene semánticamente. Esta trama es una suerte de hilo conductor que nos permite reconstruir la generación de estos valores y explicarlos en términos semántico-lingüísticos y culturales. A veces, algunos empleos de los gentilicios se alejan mucho de sus sentidos primarios, y, aunque la secuencia fónica permanece, el vínculo semántico se nos presenta desfigurado. Otras veces, tanto la relación formal como la semántica se han perdido, y las nuevas palabras no traslucen el valor gentilicio originario.
El presente trabajo se dedica, pues, al estudio de por qué y en qué circunstancias un gentilicio como mongólico, ca (‘natural de Mongolia’) absorbe el contenido «Que padece mongolismo» (), que se usa muchas veces como insulto o con sentido despectivo; o uno como fenicio (‘natural de Fenicia, país del Asia antigua’) pasa a designar en contextos coloquiales y en sentido despectivo «Que tiene habilidad para comerciar o negociar y sacar el máximo beneficio» (); o uno como romano, na (‘natural de Roma, capital de Italia’) termina convirtiéndose en el sustantivo femenino romana, que refiere el «Instrumento que sirve para pesar, compuesto de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo [...]» (); o que los hablantes de español construyan y usen expresiones fijas como discusión bizantina o brazo de gitano, con las que aluden a una discusión alambicada e inútil y a un pastel dulce, respectivamente.
A continuación me detendré brevemente en los aspectos teóricos y metodológicos que sustentan el análisis realizado.
2. CONSIDERACIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS
La designación básica interna, no episódica, de la pertenencia de las personas a la tradición lingüística y cultural de un lugar es, fundamentalmente, la subvariante gentilicia que más frecuentemente se carga de un sinfín de valores específicos, desde el momento en que cualquiera de sus características físicas, psicológicas o morales, sus hábitos y costumbres, sus posturas ideológicas, las actividades de todo tipo que practican, las comidas y bebidas, los juegos, o el arte y la artesanía... que son peculiares del grupo (y, por ende, de cada uno de los individuos que lo componen) pasan a engrosar la denotación de su valor básico, en principio no simbólico. Por ello, no puede pensarse que el gentilicio sea una mera etiqueta terminológica, como podría deducirse de su definición en muchos repertorios y obras lexicográficas, y, por lo mismo, no solo debe recogerse en los diccionarios de lengua, sino que su descripción tendría que ser exhaustiva y contemplar todos los empleos adjetivos y sustantivos que desarrollan cada una de estas acepciones primarias, secundarias, terciarias, etc. (, , ), que lo llevan en algunos casos al grado máximo de especialización de esos «significantes» gentilicios, pues, llegados a ese punto, se podría decir que la palabra nueva es solo un homónimo de aquel a partir del cual se formó.
Al abordar en este trabajo la especialización semántico-denotativa de las palabras gentilicias, se fija como objetivo primero del análisis la indagación sobre los distintos procesos de cambio semántico-denotativo ―o cambio semántico no funcional― que conducen a estas unidades a ir ganando especialización semántica, hasta alcanzar, en las fases últimas del proceso, su total independencia de la significación de origen, es decir, a lexicalizarse ―esto es, a un cambio semántico funcional―, lo cual conduce a la aparición de una nueva forma léxica.
A partir de esta hipótesis de trabajo, se considera que se produce la especialización, y eventualmente la lexicalización, del gentilicio cuando sea posible constatar, en el uso habitual de estas unidades en español, que su contenido mostrativo identificador, en tanto que mera adjetivación de un nombre propio toponímico ( y ), ha generado unos empleos en los que su valor básico ligado al nombre propio se muestra debilitado y se van haciendo prominentes nociones conceptuales adjetivas y sustantivas alejadas del valor identificador habitual. Como se ha visto, todos los gentilicios son susceptibles de acumular acepciones especializadas, pero no todos lo hacen. Y además, los que sí propenden a generar nuevas variantes no absorben de igual manera ni con la misma intensidad los valores socio-históricos y pragmático-culturales que su uso referencial comporta ().
Cuando estos nuevos valores se convierten en grado diverso en carga sémica del gentilicio, el proceso de especialización está en marcha y en algunos casos se alcanza el estadio final, en el que vemos que la palabra gentilicia ha perdido su función detoponímica y estamos ante un adjetivo o un sustantivo del que, como señalábamos, solo queda recuerdo de su origen en la secuencia fónica. El grado absoluto de la especialización, esto es, la lexicalización, se alcanza cuando ya también el significante se ha transformado y por tanto se establece una nueva identidad sígnica (Galia > gálico > galgo).
Veremos, pues, no solo la riqueza denotativa de este particular adjetivo de relación, sino toda la variación subsidiaria que despliega en su uso, hasta llegar en algunos casos a generar esas palabras uniléxicas o poliléxicas denotativamente independientes y de valor especializado que llamamos lexicalizaciones. Es decir, recorremos el camino que va desde los procesos semánticos y gramaticales que ocurren en la transformación de, por ejemplo, el gentilicio numantino, na (< Numancia) en el adjetivo calificativo «Que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias» (), o del gentilicio tejano, na (< Tejas) en el sustantivo tejanos que usamos para denominar el «Pantalón tejano. U. m. en pl. con el mismo significado que en singular» (), o de la expresión crema catalana para referirnos a las «Natillas espesas tostadas por encima con plancha de hierro candente» (crema), o a la también locución nominal de uso frecuente flema británica para aludir a la impasibilidad que se demuestra ante una situación incómoda.
En el apartado siguiente se abordará el análisis de cuáles son los factores y procedimientos de que se vale el hablante para producir sentidos muy específicos, y reflexionaremos y describiremos la especialización y, en su caso, lexicalización de los gentilicios prototípicos, que son, como se ha señalado, los derivados por excelencia del nombre propio geográfico.
3. PROCESOS Y GRADOS DE ESPECIALIZACIÓN LÉXICA
Los procesos semántico-tropológicos que intervienen en la conversión del gentilicio en un nuevo adjetivo sin valor de relación o en un nombre común o expresión fija sin referencia toponímica son los de la metáfora, la metonimia y la ampliación y restricción semánticas.
Atendiendo a cómo se produce la consolidación progresiva de los nuevos empleos desde sus usos gentilicios mostrativos básicos hasta su independencia léxica, podemos destacar tres etapas (): la de habla, en la que la palabra gentilicia se usa exclusivamente con función gentilicia; la de norma, en la que la unidad incorpora ciertos rasgos léxicos a partir de la referencia que señala en sus distintos empleos; y la de sistema, en la que la unidad solo tiene de gentilicio el significante ―y a veces ni siquiera este, como se ha visto―, pues la función gentilicia está definitivamente olvidada y todo en él es una nueva carga léxica.
Para describir estos procesos atenderemos a varios criterios que interactúan en esta derivación denotativa:
- a)
el grado de transparencia / opacidad del contenido relacional de la unidad,
- b)
la condición categorial de la variante producida,
- c)
la dependencia del gentilicio de los elementos del contexto para producir nuevos sentidos,
- d)
el carácter uniléxico o poliléxico de la unidad resultante.
En el punto de partida, el gentilicio es, pues, solo una palabra adjetiva identificadora del grupo y de cada uno de sus miembros en relación con un topos. En el de llegada, ya no queda nada de este valor; y, durante el tránsito, lo percibimos enriquecido de matices extralingüísticos que va mudando en espesor léxico.
A) Como venimos señalando, frecuentemente el gentilicio superpone a su significado de relación con un lugar valores calificativos de distinto tipo, relativos a cualidades psicológicas o físicas, actitudes o comportamientos de los naturales de ese lugar o de las cosas que a ellos les atañen. En estos casos, el gentilicio hace prominente ciertas peculiaridades del grupo y estas se instalan, junto al significado detoponímico, como sentidos connotativos positivos y más comúnmente negativos. La frecuencia de este hecho se debe a la condición misma del gentilicio prototípico, que como categoría cultural es primariamente un endónimo, pero sirve también como exónimo, de modo que termina denotando cualidades encomiables o censurables dependiendo de cómo nos perciban los otros (, ).
En este sentido, son negativos, por despectivos, ofensivos y discriminatorios, los valores calificativos de gentilicios como
-
vándalo, la «Dicho de una persona: Que comete acciones propias de gente salvaje y destructiva» ()
-
moro, ra «Dicho de un hombre: Celoso y posesivo y que pretende tener siempre dominada a su pareja» ()
-
fenicio, cia «Que tiene habilidad para comerciar o negociar y sacar el máximo beneficio» ()
-
gallego, ga «C. Rica. Tonto (falto de entendimiento o razón)». y «El Salv. Tartamudo» ()
-
judío, a «despect. Dicho de una persona: Avariciosa o usurera» ()
-
levantisco2, ca «De genio inquieto y turbulento» ().
A veces un mismo gentilicio refiere tanto cualidades negativas como positivas, según vemos en
-
flamenco, ca «coloq. Chulo, insolente», «Dicho de una persona: De aspecto robusto y rozagante» y «P. Rico. Delgado, flaco» ()
-
bárbaro, ra «Fiero, cruel», «Arrojado, temerario», «Inculto, grosero, tosco», «Grande, excesivo, extraordinario», «Excelente, llamativo, magnífico» ()
-
gitano, na «Trapacero», «Que tiene gracia y arte para ganarse las voluntades de otros. U. m. como elogio, y especialmente referido a una mujer» ().
También valores aceptables o reprobables dependiendo del contexto socio-pragmático en que se use, como
-
bohemio, mia «Dicho de una persona: Que lleva un modo de vida bohemia». ()
-
espartano, na «Austero, sobrio, firme, severo». ()
-
numantino, na «Que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias». ()
-
sibarita «Que se trata con mucho regalo y refinamiento». ().
Son excepción los de valor calificativo positivo, como vemos en
-
campechano, na «Que se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato». y «Franco, dispuesto para cualquier broma o diversión». ().
B) Otro procedimiento mediante el cual algunos gentilicios se especializan semánticamente es el que tiene lugar en el marco de su combinatoria habitual como adjetivo en un sintagma nominal. En estos casos, el sintagma [sustantivo + gentilicio] contiene todos los ingredientes léxicos que estarán en la unidad resultante. Ahora, los procesos léxicos, categoriales y sintácticos se dan la mano para producir nuevos valores denotativos: el gentilicio pasa por una fase de dependencia del contexto, que a veces supera, para constituirse en una nueva palabra.
Sintetizando la casuística que se deriva de estos hechos, se puede decir que podemos encontrar el gentilicio en cuatro situaciones distintas de especialización, pues ni todos los gentilicios se desprenden del todo de su valor relacional de origen ―aunque en algunos casos este solo sea un vago recuerdo―, ni el proceso que sigue cada uno de ellos dura lo mismo en el tiempo.
Los estadios que se describen a continuación son, en ese sentido, puntos de llegada a cada fase o nivel. Tratándose, pues, de grados en la especialización, ocurre que algunos de los ejemplos que sirven para ilustrar cada paso reflejan las transiciones entre un estadio y otro, lo cual revela el dinamismo del proceso.
a) En la mencionada combinatoria nominal, el gentilicio comparece inicialmente como adjetivo de relación, pero establece lazos denotativos de coocurrencia con el sustantivo nuclear, constituyendo una combinación preferente (). La unidad poliléxica habitual vendría a expresar, en términos de , un hecho conocido; en ella, el gentilicio mantiene aún su identidad categorial adjetiva, aunque el valor originario se desdibuja en grado diverso, en relación directa con la progresiva dependencia del sustantivo al que complementa.
En esta situación se hallan sintagmas estereotipados como los siguientes:
-
navaja albaceteña
-
cuchillo canario
-
mortadela italiana
-
paella valenciana
-
chorizo asturiano
-
cocido madrileño
-
empanada gallega
-
sancocho canario
-
champán francés
-
ensaimada mallorquina
-
bacalao noruego
-
queso majorero
-
queso parmesano.
Esta dependencia se produce frecuentemente cuando el gentilicio complementa a sustantivos que denotan alimentos (comidas o bebidas) y también a aquellos referidos a la cultura psicosocial de los pueblos (salero andaluz, flema británica). Que el gentilicio mantenga su valor identificador depende también de factores extralingüísticos como, por ejemplo, que el producto al que alude el sustantivo esté sujeto a una regulación de denominación de origen: si el queso parmesano (el que se elabora en Parma) está regulado, parmesano es gentilicio y [queso parmesano] es una combinación preferente ―para algunos una colocación nominal― en la que el adjetivo preserva prácticamente su valor originario de relación, aunque se añadan algunas notas derivadas de su referencia, pues parmesano será obviamente el queso elaborado en Parma, pero no cualquier queso de vaca hecho en Parma, sino aquel que tiene ciertas características de maduración, de porcentaje de materia grasa, etc. Dado que en la combinación queso parmesano hay una referencia unitaria, podría tomarse como término ―para algunos, un compuesto sintagmático―.
En este punto, se debe también tomar en consideración la incidencia que tiene en estos procesos el conocimiento enciclopédico de los hablantes. Volviendo al ejemplo de parmesano, si el hablante desconoce que Parma es una ciudad italiana, quizá entonces parmesano ya no es gentilicio en queso parmesano y estaríamos ante una colocación metafórica, en la que se advierte una fuerte dependencia combinatoria.
b) En segundo lugar, hay ocasiones en que el gentilicio va más allá en su especialización y, en combinación con ciertos sustantivos, desarrolla sentidos bastante alejados del valor de relación, pero que solo se activan en esos contextos precisos. Aquí estaríamos ante verdaderas colocaciones nominales, en las que el sustantivo se mantiene transparente y el adjetivo es un clasificador más o menos opaco. En esta situación están los colocativos gentilicios de unidades poliléxicas como
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nariz griega
-
falda escocesa
-
frío siberiano
-
trampa vietnamita
-
fútbol americano
-
baraja española
-
tortilla española
-
tiempo sahariano
-
guardia suiza
-
lucha canaria.
O estas otras en las que el adjetivo muestra mayor opacidad semántica:
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algodón egipcio
-
manga francesa
-
tortilla francesa
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pastel ruso
-
ensaladilla rusa
-
bistec ruso
-
hamaca paraguaya
-
política florentina
-
primarias francesas
-
llave inglesa
-
baño turco.
El aumento de la opacidad del gentilicio merma su independencia denotativa, pues el nuevo sentido especializado que adquiere solo se activa a condición de que determinado sustantivo esté presente (). En tanto elementos colocacionales, estas acepciones gentilicias son una suerte de variantes combinatorias, es decir, fuertemente exigidas por el contexto.
Por otra parte, al reproducirse en bloque se memorizan como una unidad: una falda escocesa es una ‘falda a cuadros’, el algodón egipcio es un ‘algodón de alta calidad de una determinada longitud, resistencia, etc.’, la hamaca paraguaya es la ‘hamaca realizada a base de nudos’, el baño turco es un ‘baño de vapor de agua más masaje’, etc. No obstante, en estas unidades todavía son reconocibles dos elementos léxicos: el del sustantivo y el del clasificador que ha adoptado la palabra gentilicia.
c) En este mismo entorno sintagmático nominal, algunos gentilicios consiguen aumentar su grado de especialización a costa de la pérdida de la carga sémica inicial del sustantivo, que llega en algunos casos a volverse también opaco. Alcanzado este punto, entramos en la tercera fase del proceso. En esta, el valor categorial sustantivo del núcleo se impone y el gentilicio deja de percibirse como adjetivo; se produce así una nueva unidad poliléxica sustantiva, que, dada su falta de transparencia, se constituye en locución nominal (), para otros, un compuesto sintagmático nominal. Es decir, ahora se percibe un valor léxico unitario, como se puede ver, por ejemplo, en las siguientes expresiones:
-
mal francés
-
carabela portuguesa
-
vela latina
-
sombras chinas ~ chinescas
-
cuento chino
-
ruleta rusa
-
montaña rusa
-
silla turca
-
corbata colombiana.
Y así, con mal francés denominamos la sífilis (mal); con carabela portuguesa, una especie de medusa (carabela); con vela latina, un tipo de regata en la que los botes tienen velas triangulares (vela); con sombras chinas ~ chinescas, un tipo de espectáculo o de baile que se hace entre una cortina y unas luces que se proyectan sobre ella (sombra); con cuento chino, una mentira (cuento); con ruleta rusa, un juego temerario con pistolas (ruleta); con montaña rusa, una atracción de feria (montaña); con silla turca, en el ámbito de la anatomía, la escotadura en forma de silla del hueso esfenoides (silla), o con corbata colombiana, una forma de asesinato.
En esta situación, el sintagma resultante es una unidad terminológica sustantiva que, como tal, podría recibir incluso un complemento adjetivo gentilicio, que vendría a señalar la relación con un topos, como vemos a continuación:
-
[[crema catalana] canaria], el postre que se elabora en Canarias;
-
[[mal francés] asiático], la sífilis que se contrae en Asia;
-
[[vela latina] murciana], la regata que se practica en Murcia;
-
[[cuento chino] europeo], la mentira que circula en Europa.
Los sentidos ‘que se elabora en Canarias’, ‘que se contrae en Asia’, ‘que se practica en Europa’ o ‘que circula en Europa’ son posibles empleos relacionales de estas formas gentilicias.
I) Los gentilicios también se prestan a estas mismas funciones no relacionales en otras unidades poliléxicas no sustantivas, como las preposicionales, verbales y adjetivas.
En las que se tipifican como preposicionales por la naturaleza de su estructura sintagmática, pero son adverbiales por el sentido de la combinación fija, el gentilicio es el responsable del valor de modalidad del conjunto, como se observa en las siguientes expresiones, en las que la expresión adverbial se halla incrustada en una de tipo verbal:
-
(despedirse) ; es decir, «(despedirse) repentinamente, sin decir una palabra de despedida» (francés, sa)
-
(votar) a la búlgara; es decir, ‘(votar) cerrando filas’.
O en esta otra, en la que el fraseologismo adverbial forma parte de una locución nominal:
-
(huelga) a la japonesa «(huelga) que realizan los trabajadores aumentando el rendimiento de su trabajo para crear a la empresa un excedente de producción» (huelga).
II) Lo mismo se observa en locuciones preposicionales de valor adjetivo, en las que el gentilicio aporta el valor calificativo:
III) O en locuciones verbales ―o construcciones con verbo soporte― con verbo copulativo, como la siguiente, en la que la construcción nominal en la que aparece el gentilicio cobra valor atributivo adjetivo:
IV) También sucede lo mismo en las comparaciones estereotipadas, como vemos en el siguiente ejemplo, en el que la comparación está incrustada en una locución verbal:
D) Algunos gentilicios superan el proceso de especialización y continúan su recorrido desemantizador de la función relacional hasta alcanzar la lexicalización, el grado máximo de su opacidad semántica, con las características que a continuación se expondrán.
En los casos en que esta se produce, la palabra gentilicia se nos presenta como una nueva entidad, un neologismo semántico en toda regla; es una nueva palabra: uniléxica, categorialmente sustantiva y su valor es no dependiente del contexto. En el nuevo lexema se halla condensada y es rastreable toda la historia derivativa morfológica y léxico-semántica del adjetivo gentilicio detoponímico de partida, sin excluir ―en cierta forma― su categoría adjetiva primaria.
Así pues, se observa que en el seno del sintagma nominal se ha operado un proceso doble:
- 1)
El adjetivo gentilicio abandona su valor originario a medida que absorbe el contenido sémico del sustantivo.
- 2)
Y una vez cargado de ese valor denominativo, el gentilicio asume también la categoría nominal del núcleo y se convierte en sustantivo.
Por ejemplo, un adjetivo gentilicio como lombardo, da desarrolla la variante secundaria referida a los ‘alimentos propios del lugar’ y coaparece muy frecuentemente identificando a un tipo de col, la col lombarda, combinación en la que sigue siendo un adjetivo gentilicio; pero la elipsis del sustantivo que se da en los primeros momentos de fijación de la colocación da paso a la función nominal del gentilicio ya opacado, convertido en un clasificador y, finalmente, reconvertido en el sustantivo femenino lombarda «especie de berza de color morado» (col). De modo esquemático:
El gentilicio es en este momento un mero recipiente significante sustantivo (de género masculino o femenino) con un contenido léxico representativo de la carga semántica que ha asimilado:
-
bargueño, ñagent. > cofre bargueño > bargueño «(tipo de) mueble de madera» (bargueño, ña)
-
canario, riagent. > pájaro canario > canario «(tipo de) pájaro» (canario, ria),
-
romano, nagent. > pesa romana > romana «(tipo de) pesa» (romana),
-
malagueño, ñagent. > copla malagueña > malagueña «(tipo de) copla flamenca» (malagueño, ña)
-
filipino, nagent. > chaqueta filipina > filipina «(Cuba y Méx.) (tipo de) chaqueta» (filipino, na).
Como resultado de estos procesos, una lombarda es una verdura (berza morada); el bargueño, un mueble (de madera y con muchos cajones pequeños); el canario, un pájaro (de color amarillo intenso); la romana, un instrumento (para pesar); la malagueña, un palo flamenco (de cuatro versos octosílabos), y la filipina, una chaqueta (de hombre).
No podemos dejar de constatar que el cambio semántico-denotativo y categorial experimentado por el adjetivo, devenido en sustantivo, acarrea consecuencias en su morfología de género y de número.
Por lo que respecta al género, la denotación de ‘masculino’ o ‘femenino’ no es, como la del adjetivo del que provenía, dependiente de la del sustantivo al que complementaba, sino que, ahora como nombre, ostenta la marca y por ello impone concordancia a los adjetivos que eventualmente pudieran complementarlo, entre los que están los propios adjetivos gentilicios en función detoponímica:
Precisamente porque la morfología es heredada del sustantivo al que complementaba en la fase inicial del proceso, nos encontramos a veces con sustantivos lexicalizados que presentan variación en la sufijación de género:
-
paraguayo ‘machete’ (< machete paraguayo) // paraguaya ‘fruta’ (< fruta paraguaya);
-
chino ‘restaurante’ / ‘colador’ (< restaurante / colador chino) // china ‘porcelana’ (< porcelana china).
En cuanto a la morfología gramatical de número, el proceso que se ha operado en la lexicalización de estas voces es semejante al del género, con la salvedad de que el sustantivo base de la combinación suele transformar los datos de la realidad que señala (casi siempre en los casos de plural) en morfología de número. Habría que hablar aquí de otro proceso, del que nos hemos ocupado en otro trabajo (), que es el de la integración de valor gramatical en el contenido lexemático de la unidad:
sandalia > sandalias > sandalias menorquin(a)(s)gent. > menorquinassust. (‘tipo de sandalias’)
pantalón > pantalones > pantalones tejan(o)(s)gent. > tejanossust. (tipo de pantalones’).
En el sustantivo sandalias, el plural procede del hecho referencial de que los zapatos son siempre dos, uno para cada pie, y lo mismo en el caso de los pantalones, cuyo número procede de que esta prenda consta de dos perneras que cubren cada una de las piernas.
Por lo tanto, el contenido léxico-semántico, la orientación denotativa, la categoría gramatical y la morfología de género y número que trasparenta el gentilicio lexicalizado como sustantivo nos habla de los elementos que ha ido integrando a lo largo de estos procesos.
Más arriba se reflexionaba sobre la productividad neológica de estos procesos. Estas nuevas voces, palabras uniléxicas y poliléxicas, ingresan en el vocabulario de nuestra lengua en distintos campos conceptuales. En otro trabajo () indicaba que son estos neologismos deonomásticos los que nos permiten decir que nos vestimos con una americana, que la combinamos con unos tejanos o con unos chinos, desayunamos napolitanas o suizos, almorzamos hamburguesa, milanesa o judías con chorizo, tomamos de postre macedonia, aderezamos nuestros platos con bearnesa o tártara, preparamos una pasta con boloñesa; tenemos un canario que nos canta, nos deleitamos oyendo una polonesa, bailamos sevillanas; cantamos habaneras, bebemos un escocés, tenemos en casa un pequinés, adornamos una ventana con una veneciana, vivimos en un ático, o que nuestra futbolista preferida hace las mejores chilenas.
Como cualquier palabra de un idioma, estos sustantivos están sujetos a variación diatópica, diastrática y diafásica: si chilena, en el sentido de ‘cierto tipo de jugada futbolística’ es una voz marcada diafásicamente porque se usa en el discurso deportivo, también está marcada diatópicamente desde el momento en que en Bolivia refiere el ‘hueso del tuétano que es comestible’ (chilena).
En cualquiera de las etapas del proceso, encontramos que estas nuevas unidades léxicas ―ya sean las especializadas o las definitivamente lexicalizadas― no solo presentan distinta frecuencia de uso, sino que son más o menos polisémicas en función de las realidades a las que se orienta su significación, y, en el caso de las unidades poliléxicas, dependiendo de los sustantivos a quienes complementan: así, una napolitana es un ‘tipo de dulce’ y un ‘tipo de composición musical’, una turca es una ‘borrachera’ y un ‘tipo de cama’, o, por ejemplo, con la proliferación de los comercios regentados por migrantes chinos en nuestro país, chino es hoy en día, además de un ‘restaurante de comida china’ y un ‘colador’, un tipo de ‘comercio en el que los productos son de baja calidad y precio’, y chinos, un ‘tipo de pantalones’. De ellas, la menos frecuente es la de ‘colador’ y la que parece que se va haciendo prototípica es la relativa al ‘tipo de comercio’.
Por último, no se debe pasar por alto que este carácter lexicalizado y terminológico que con frecuencia presentan las palabras gentilicias primigenias cuyo valor originario está olvidado se manifiesta a veces en la secuencia fónica, que, libre de la atadura de su origen, es susceptible de modificación. Concluido el proceso de lexicalización, es decir, una vez se ha producido el cambio semántico, algunas de estas voces ligan su nuevo significado a un nuevo significante ―que no es más que una modificación fónica del gentilicio― con el que establece su nueva identidad sígnica.
Ya se ha hecho referencia a galgo, que el diccionario académico define como «1. m.f. perro muy ligero, con la cabeza pequeña, los ojos grandes, el hocico puntiagudo, las orejas delgadas y colgantes, el cuerpo delgado y el cuello, la cola y las patas largas» (perro):
Galia > gálico, ca «perteneciente o relativo a las Galias» () > galgo «(tipo de perro» ().
Lo mismo se observa en esclavo, de cuya etimología da noticia el (s. v.esclavo, va) en los siguientes términos: «Del lat. mediev. sclavus, este del gr. bizant. σκλάβος sklábos, der. regres. de σκλαβηνός sklabēnós; propiamente 'eslavo', y este del eslavo slovĕninŭ, nombre que se daba a sí mismo el pueblo eslavo, que fue víctima de la esclavitud en el Oriente medieval» (el subrayado es nuestro).
Como se ve, este es un procedimiento neológico sustantival de tipo semántico muy rentable en español. Estas voces epónimas se integran en campos conceptuales muy variados, y junto a los deonomásticos que proceden de la apelativización directa de los nombres propios toponímicos y antroponímicos ―como ha demostrado e ilustrado de manera magistral Consuelo García Gallarín en sus trabajos de recopilación y descripción de la deantroponomástica y la detoponimia del nombre propio (especialmente García Gallarín 1997, y )― han incrementado históricamente de manera notable el caudal léxico de distintas áreas terminológicas en español.
Aunque no es objeto de este trabajo estudiar los aspectos lexicográficos implicados en todo lo examinado a través de estas páginas, no queremos dejar de señalar algunos hechos fundamentales que, a nuestro juicio, deben ser tenidos en cuenta.
En primer lugar, que el gentilicio, por la importancia semántico-cultural que posee, es una clase de palabras que se resiste a ser tratada como una mera etiqueta dependiente del topónimo.
En segundo lugar, su naturaleza semántica y socio-pragmática exige una adecuada explicación en los diccionarios de lengua.
En tercer lugar, que tal descripción debe hacerse desde un punto de vista semántico-denotativo que recoja bajo la entrada correspondiente toda la amplia gama de variantes sustantivas y adjetivas en las que los valores personales y no personales, adjetivos y sustantivos de cada gentilicio queden explicados estructuralmente, y, en todo caso, reservar tantas entradas independientes cuantas sean necesarias para todas aquellas formas significantes gentilicias que se hayan lexicalizado, esto es, que se hayan convertido en nuevas palabras de nuestro idioma.
Y en cuarto y último lugar, que además de su apropiado registro en los diccionarios de lengua, cabe también su descripción en repertorios lexicográficos de voces deonomásticas.
Para finalizar estas reflexiones, coincidimos con en que sigue pendiente una historia global de la deonomástica hispánica, la del nombre propio y la del gentilicio, el derivado deonomástico por excelencia.
4. CONCLUSIONES
El análisis realizado sobre la deonomástica de los gentilicios hispánicos prototípicos se ha fundado en la idea de que, en su uso habitual, la función semántica de referencia a un topos de esta clase de palabras se presta muy adecuadamente a acoger un amplio conjunto de denotaciones adjetivas y sustantivas de valor semántico variado. Además de ello, se ha visto que, aunque todos los gentilicios contienen el germen de esta capacidad de multiplicación de sentidos, no todos desarrollan esta propiedad de su semántica interna. Los que llevan más lejos esta capacidad se muestran con valores especializados muy específicos, y algunos alcanzan valores lexicalizados, en los que la función gentilicia da paso a un nuevo significado simbólico del que ya está ausente la función relacional primaria.
Tras una introducción, en la que se ha dado cuenta de la particular idiosincrasia de estas unidades, se detallan sus características diferenciales en relación con los seudogentilicios, con objeto de identificarlas como palabras que, mostrándose en principio como formales, endónimas, meliorativas y neutras socio-pragmáticamente, son capaces también de acoger valores no formales, peyorativos, con una carga afectiva notable, generalmente cuando son usadas como exónimos.
Una vez establecidas brevemente las consideraciones teóricas y metodológicas principales tenidas en cuenta en el examen de estas unidades, se han descrito los procesos semánticos-léxicos, semántico-gramaticales, referenciales y socio-pragmáticos que operan en la formación de los nuevos valores y, a veces, nuevas palabras, alejadas del valor detoponímico originario.
Para ello, se han tomado en consideración factores como el grado de opacidad del contenido relacional, la categoría de la unidad afectada por el proceso, la dependencia del gentilicio de los elementos del contexto lingüístico y el carácter uniléxico o poliléxico de la unidad resultante de tal proceso.
Se presentan en el análisis ejemplos de palabras gentilicias y se describen y explican los distintos estadios del proceso que alcanzan estas voces: cuando el gentilicio solo superpone nuevos valores negativos y positivos a su variación referencial básica; cuando comienza a especializarse a consecuencia de la combinatoria habitual con distintas clases de sustantivos comunes, en el seno de la cual adquiere cierta especialización semántica; cuando en esa misma combinatoria nominal el gentilicio aumenta su especialización denotativa y pierde buena parte de su contenido primigenio; cuando incluso, en dicha relación sintagmática, el sustantivo nuclear también se hace opaco y la expresión adquiere valor locucional, y cuando el gentilicio termina por absorber la carga sémica del sustantivo, la propia categoría sustantiva de este y, por fin, es una nueva unidad uniléxica, sustantiva y no queda nada de su valor detoponímico. Algunos gentilicios se detienen en la primea, en la segunda o en la tercera fase del proceso. Otros lo completan y, por tanto, se lexicalizan, se convierten en raíces léxicas. En este momento, son auténticos neologismos que pasan a engrosar el caudal léxico hispánico.
Cierra el trabajo una breve reflexión acerca de los aspectos semántico-denotativos que implica la descripción lexicográfica del gentilicio prototípico hispánico.
FINANCIACIÓN
Este trabajo se ha realizado en el marco de tres proyectos de investigación sucesivos, financiados por los ministerios de Ciencia e Innovación y de Economía y Competitividad del Gobierno de España, titulados Estudios global de los gentilicios de la lengua española (FFI2008-01817), Estudio global de los gentilicios de la lengua española: materiales americanos, nuevas consideraciones teóricas y gestión informática de los datos (FFI2011-26256) y Los desarrollos semántico-lingüísticos del nombre propio en español: adjetivos de relación, hipocorísticos y lexicalizaciones (FFI2014-58260P). Una síntesis de los resultados obtenidos por el equipo de investigación ha sido dada a conocer en dos monografías colectivas ― El gentilicio en español: aspectos teóricos y prácticos (2015), coordinada por Marcial Morera, y Desarrollos del nombre propio en español: adjetivos de relación y lexicalizaciones (2019), coordinada por Dolores García Padrón― y en una monografía individual ― Cortesía, apodos e hipocorísticos en español: fundamentos lingüísticos (2017), a cargo de Marcial Morera―.
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Notas
[1] Sobre la derivación canónica y no canónica de los gentilicios hispánicos, vid., además de los trabajos precursores de y , los de , , , , , , , García Padrón ( y ) y .
[4] Del mismo modo en que se produce una lexicalización en el paso del gentilicio prototípico a las nuevas formas no gentilicias adjetivas y sustantivas, hay un proceso de gramaticalización en la transformación progresiva de unidades léxicas en seudogentilicios, por tanto con creciente valor identificativo en detrimento de su valor descriptivo: conejero, ra «despect. Natural de la isla de Lanzarote» (); y en el (s. v.conejero -ra) se anota lo siguiente: «5. (reg) De Lanzarote. Tb n, referido a pers.»; esto es, marcada únicamente como regional.
[6] estudian algunos aspectos de estos derivados de nombre propio y los consideran un subtipo especial de adjetivo, el que llaman «adjetivo propio».
[7] Los siguientes trabajos abordan distintos aspectos de la definición lexicográfica de los gentilicios y de sus desarrollos: , , , y .
[8] Siempre que la voz o la acepción de que se trate esté anotada en el , se citará preferentemente ―siempre entre comillas simples― la definición académica; en los casos en que el diccionario académico no las recoja, se indicará la que proporciona el , y se harán constar en su caso las diferencias relevantes que hubiere para el propósito del trabajo. En todos los casos, la fecha de la última consulta es 3/2/2025.
[9] Una versión amplia, en la que se explican por extenso los fundamentos teóricos de este trabajo, puede verse en .
[10] De la combinación flema británica, el aporta 1 registro de 1891 en España; el recoge 14 casos en prensa y obras de tema variado (cine y vídeo, deportes, actualidad, política...), repartidos por España y México, y en el tenemos 10 casos provenientes de España, México, EE. UU. y Venezuela.
[11] El carácter endónimo o exónimo de los gentilicios puede variar a lo largo del tiempo, y no necesariamente se asocian a valores positivos y negativos, respectivamente ( y ).
[12] El diccionario académico recoge este uso como primera acepción y el uso gentilicio como segunda, lo que quizá revelaría que, en la actualidad, el valor léxico es la variante prototípica y el relacional de origen está ensombrecido.
[13] En algunos casos, las acepciones que se indican están seleccionadas para el propósito del análisis. Por ejemplo, también moro es «Dicho de una persona, especialmente un niño: Que no ha sido bautizado» (ibid.).
[14] Estas acepciones han sido eliminadas en la 23.ª edición del diccionario académico, pero no por ello han dejado de ser de uso frecuente.
[15] Sobre el uso del gentilicio gitano en los medios de comunicación, vid. el trabajo de . Y sobre su tratamiento lexicográfico, .
[16] Traemos aquí una reflexión de Coseriu, quien ―a propósito del plural de los nombres propios― señala en una nota a pie de página de su trabajo de el discutible criterio en el que apoya Brøndal para considerar que una palabra como mate sería un nombre propio para los daneses, aunque no para los paraguayos, que asocian esta voz con el objeto que designa.
[18] Según , «La expresión a la búlgara empezó a usarse para aludir a decisiones tomadas por disciplinada unanimidad, a veces con más votos que votantes, como se dice que sucedía en las reuniones del Partido Comunista Búlgaro. Es decir, se refiere a decisiones de las que nadie discrepa, más por miedo o disciplina que por convicción». http://www.fundeu.es/consulta/a-la-bulgara-1636/ (consulta 3/2/2025).
[19] Como ocurre con otras palabras denominativas de frutas, también paraguayo se emplea ―al igual que tuno y tuna, papayo y papaya, por poner un par de ejemplos de voces marcadas diatópicamente en español― como denominativo de esta fruta.
[20] El Diccionario de autoridades () le da entrada independiente a judía y la define como «s. f. Especie de arveja o habilla, que Covarr. quiere haberse llamado assí porque saltan quando las echan en agua hirviendo. Latín. Phaseolus maior. Faba minor. PRAGM. DE TASS. año 1680. f. 50. La libra de judías secas a seis quartos». Asimismo, el (s. v.judía) indica en la información etimológica de esta voz lo siguiente: «Quizá de judío», gentilicio del topónimo Judea (judío, a).
[22] Para todo lo concerniente a los aspectos macro y microestructurales de la definición lexicográfica de los gentilicios, vid.. En hay una propuesta de organización de la información semántico-denotativa de los gentilicios en el diccionario. Y en se da a conocer una propuesta de diccionario deonomástico español de base semántico-lingüística.


