1. INTRODUCCIÓN
La visión que acerca de la posición de la morfología entre los componentes del lenguaje se ha elaborado desde los inicios de la lingüística como ciencia autónoma, en la primera mitad del siglo xx, ha sido, como poco, fluctuante. En términos generales, para la lingüística estructural tanto norteamericana como europea, la morfología existía en tanto que existiera un nivel de análisis asociado al reconocimiento de la palabra como primitivo lingüístico. Y esto no ocurría de forma unánime en estos modelos lingüísticos, por lo que, al menos en Europa, se hizo habitual hablar de morfosintaxis, un espacio en el que los hechos tradicionalmente considerados como morfológicos recibían un tratamiento conjunto con los hechos de la sintaxis.
El advenimiento de los modelos generativistas no cambió sustancialmente las cosas y hasta los años ochenta del pasado siglo el tratamiento de los problemas que afectaban al interior de las palabras era idéntico que el que recibían los fenómenos relativos a las combinaciones de palabras, esto es, los de la sintaxis. Pero con el tiempo los planteamientos denominados lexicalistas de la década de los ochenta fueron definiendo un ámbito específico dentro del léxico en el que los fenómenos eran diferentes y requerían un análisis independiente del de la fonología y, sobre todo, de la sintaxis. Nacía entonces la idea de la morfología autónoma de estos otros dos componentes, asumida fundamentalmente en las perspectivas lexicalistas, como hemos dicho, pero que, con todo, sigue siendo problemática en perspectivas más sintactistas como las desarrolladas a partir de la denominada morfología distribuida y otras similares (, ).
En este trabajo queremos mostrar un pequeño conjunto de datos de la morfología del español que parecen apoyar precisamente las propuestas de una morfología autónoma respecto de la sintaxis e integrada dentro del léxico. Esto supone asumir la existencia de operaciones y procedimientos que requieren un conjunto de informaciones típicamente asociadas a las palabras y al léxico y no disponibles en otros componentes. Son datos que corresponden a la formación de derivados apreciativos en general y de nombres de pila en español contemporáneo, especialmente, de diminutivos. Aunque en este último caso los derivados se obtienen con procesos coincidentes en su mayoría con los de la formación de apreciativos en nombres comunes, mostraremos cómo existen, sin embargo, diferencias importantes de las que es difícil dar cuenta fuera del propio léxico. Como muestra, sirvan ahora los tres ejemplos siguientes:
- (1a)
café > cafecito, pero José > Josito
- (1b)
batín > batincito, pero Agustín > Agustinito
- (1c)
pan > panecito, pero Juan > Juanito.
Mientras que los nombres comunes acabados en vocal tónica, como café en (1a), forman el diminutivo mediante la variante ‑cito/a, los nombres de pila de idéntica estructura a menudo lo hacen con ‑ito/a, caso, por ejemplo, de José - Josito. Los nombres acabados en ‑n requieren igualmente, como muestra 1b, la variante ‑cito/a. Pero si son nombres de pila, de nuevo tenemos ‑ito/a, como en Agustín - Agustinito. En 1c tenemos de nuevo la discrepancia entre la variante ‑ecito para los nombres comunes monosílabos, como pan, frente a la que muestra un nombre de pila igualmente monosílabo, Juan - Juanito. Son este tipo de datos los que a partir de ahora centrarán nuestra atención.
El trabajo quedará organizado, entonces, del modo que sigue. En primer lugar, en el apartado 2, queremos definir dentro del conjunto de los nombres propios el grupo de antropónimos que nos interesa, el de los denominados nombres de pila. Acotado el conjunto de nombres de cuya morfología apreciativa nos habremos de ocupar finalmente, describiremos en el apartado 3 la formación de diminutivos en español y veremos cómo, en sí misma constituye ya un campo inabordable en lo formal sin la consideración de herramientas específicas de una morfología autónoma lexicalista. En el apartado 4 la descripción de la morfología afectiva de los nombres de pila españoles suministrará, como veremos, más pruebas en favor de un tratamiento formal específico al modo del que sugiere la idea de la morfología autónoma. Acabaremos nuestro trabajo con un resumen de los datos analizados y sus consecuencias para la visión de los hechos de la morfología en relación con otros componentes gramaticales.
2. NOMBRES PROPIOS, ANTROPÓNIMOS, NOMBRES DE PILA. DERIVADOS AFECTIVOS
2.1. Nombres propios y nombres de pila: caracterización
Frente a los nombres comunes, los nombres propios, reconociendo con todo que la separación entre ambos no siempre es clara, presentan propiedades que sirven para caracterizar los casos más prototípicos. En primer lugar, sin duda, hay que consignar su uso denominativo, es decir, sirven para denominar o nombrar individuos particulares de manera unívoca. Y, asociada a esta propiedad, está la de que carecen de significado léxico. Se trata, pues, de piezas lingüísticas en las que prima la designación o la referencia sobre el significado (, ). La diversidad de referentes posibles en la denotación de los nombres propios convierte a esta clase de sustantivos en heterogénea y explica, por tanto, su comportamiento gramatical variado y, consiguientemente también, que sus propiedades formales, morfológicas, resulten igualmente muy distintas dependiendo de la clase de nombres propios que escojamos. Siguiendo a , para los intereses de este trabajo separaremos los llamados nombres propios «puros» o «genuinos», esto es, los de persona o lugar, de los demás nombres propios constituidos por nombres comunes con determinación, por ejemplo, los de épocas, periodos de tiempo, instituciones, empresas, productos y creaciones artísticas..., que ilustramos a continuación:
- (2a)
Pascua, Navidad, Cuaresma…
- (2b)
Tribunal Constitucional, Universidad de Castilla-La Mancha, Consejo de Ministros…
- (2c)
Astra, Navidul, Sigma…
- (2d)
La Casera, la Novena Sinfonía, el Quijote…
Los nombres propios genuinos están constituidos fundamentalmente por los llamados antropónimos y topónimos, formas denominativas por excelencia que, en cualquier caso, difieren entre sí considerablemente en su tratamiento morfológico, precisamente porque los referentes a los que designan son para cada caso casos muy diferentes, seres humanos los primeros (Juan, García, Pérez…) y lugares, los segundos (Madrid, Aragón, Portugal, Asia…) Así, por ejemplo, en relación con la flexión de género o de número, las diferencias entre antropónimos y topónimos son notables y dependen, entre otras cosas, de la naturaleza animada del referente de los primeros e inanimada en el caso de los segundos, lo que hace que el género de los antropónimos sea motivado y a menudo admita moción (Antonio - Antonia, Juan – Juana…). Pero es importante además a este respecto el origen descriptivo de muchos topónimos, responsable en última instancia de la frecuente presencia de nombres propios geográficos en plural: Canarias, Buenos Aires, Estados Unidos… (.
El comportamiento de antropónimos y topónimos en la formación de derivados está también determinado por su referencia. Los antropónimos funcionan como base de un número mayor de procesos de formación de palabras que los topónimos, nombres que generan típicamente formaciones adjetivales relacionales y, dentro de estas, característicamente, los llamados adjetivos gentilicios. En este proceso, por cierto, se combinan con un número enorme de sufijos de estructura y procedencia distinta. Tenemos aquí, como es de esperar, algunos de los comportamientos propios en español de la derivación de adjetivos relacionales con, por ejemplo, alternancias entre bases y sufijos patrimoniales y cultos: Málaga > malagu‑eño, malac‑itano. Entre los antropónimos, por el contrario, la derivación es algo más compleja e incluye entre otros, además de la formación de relacionales muy característicos (cervantino, petrarquesco…), la formación de derivados nominales abstractos que designan típicamente doctrinas, ideologías, corrientes de pensamiento (luteranismo, marxismo, platonismo…).
Con todo, la formación de palabras a partir de nombres propios genuinos en español no presenta particularidades formales específicas. Por el contrario, es en la formación de derivados expresivos, afectivos o apreciativos, como se prefiera, donde algunos de estos nombres propios genuinos manifiestan, como ya vimos en los ejs. 1a‑c, un comportamiento singular. Antes de ir a este asunto, es necesario precisar que la formación productiva de este tipo de derivados no es habitual para los topónimos. Y tampoco se da del mismo modo en las distintas clases de antropónimos, como mostraremos inmediatamente. Efectivamente, es necesario distinguir en esta clase de nombres propios entre los llamados nombres de familia, que incluyen los patronímicos, y los nombres de pila. Los primeros agrupan a los denominados comúnmente apellidos, que habitualmente incluyen un subgrupo de apellidos patronímicos, aquellos que se construyen a partir de nombres de pila y originalmente fijaban la relación con el padre (3a). Los apellidos que no son patronímicos tienen su origen habitualmente en nombres comunes y adjetivos o topónimos y gentilicios usados como apodos descriptivos (3b). En todo caso, patronímicos y apellidos corrientes sirven para designar a individuos de una misma familia y quedan ilustrados en los ejemplos siguientes:
- (3a)
Fernández (< Fernando), Pérez (< Pedro), Sánchez (Sancho)…
- (3b)
Moreno, Rubio; Aragón, Córdoba; Castellano, Toledano…
Como en los topónimos, la formación de derivados apreciativos sobre los apellidos no es habitual y, sobre todo, no comporta rasgos diferenciales de ninguna clase en tanto que a menudo, como hemos visto, son en su origen nombres comunes o nombres de lugar y gentilicios.
Y llegamos así, finalmente, al grupo de nombres propios de comportamiento más peculiar. Se trata de los llamados nombres de pila, esto es, los nombres que designan personas de manera formal (mediante bautismo, por ejemplo, de ahí la denominación «de pila (bautismal)»). Algunos han aparecido ya, pero podemos ilustrarlos con los ejemplos más numerosos de 4:
- (4)
Agustín, Ana, Berta, Bruno, Elena, Irene, José, Juan, Marcial, María, Paula, Pedro, Sancho, Victoria, Yolanda, Zoilo…
Se trata de los únicos nombres propios que de modo habitual, regular y muy productivo dan lugar a derivados de naturaleza apreciativa de muy distintos tipos. Además, lo hacen, como mostraremos más adelante, de un modo que les es exclusivo y no comparten con el resto de las piezas léxicas susceptibles de generar este tipo de formaciones. Antes de eso, sin embargo, será necesario añadir alguna información relevante en relación con la naturaleza de las formaciones de carácter afectivo de que disponemos en español sobre la base de los nombres de pila.
2.2. Derivados afectivos de los nombres de pila
Como muestra primera de la especificidad de la derivación sobre nombres de pila es preciso reseñar la existencia de un grupo especial de derivados apreciativos para estas piezas léxicas. En efecto, muchos nombres de pila admiten en español, junto a los diminutivos y aumentativos formados por afijación, que comentaremos más abajo, un tipo de derivado particular, con connotación positiva afectiva, que se conoce como hipocorístico. A diferencia de los apreciativos convencionales, que tendrían un uso más ocasional y contextualmente restringido, los que mostramos en 5, estas formas hipocorísticas alternativas del nombre de pila son variantes estables que sustituyen de modo casi sistemático al nombre de pila en contextos familiares y de cierta intimidad (6):
- (5a)
Álvaro > Alvarito, Bruno > Brunito, Fernando > Fernandito, Rosa > Rosita, Susana > Susanita…
- (5b)
Juan > Juanón, Manuela > Manuelona…
- (6)
Ángeles > Nines, Eduardo > Edu, Fernando > Nando, Guadalupe > Lupe, José > Pepe, Rosario > Charo, Susana > Susi…
Como se muestra en la bibliografía y resume de modo muy completo, los hipocorísticos son formalmente, como muestran los ejemplos de 6, de naturaleza más variada y compleja que las formas apreciativas convencionales de 5. Su correlato más cercano en la morfología española lo constituirían las variantes jergales o afectivas de muchos nombres comunes que caracterizan el habla infantil o juvenil, la inmensa mayoría de las cuales se forma por acortamiento o apócope: chuche < chuchería, cole < colegio, facu < facultad, profe < profesor, seño < señorita, uni < universidad… En estos casos, y también, por tanto, en los hipocorísticos, tenemos variantes alternativas de la base que son de uso obligado en las circunstancias adecuadas y no simples derivados apreciativos con connotaciones expresivas dependientes del contexto, como es el caso de los diminutivos y apreciativos de 5. La relativa autonomía de los hipocorísticos respecto del nombre del que derivan queda probada en última instancia por el hecho de que pueden servir de base también para la formación de sus propios diminutivos, por mucho que estos incluyan sufijos de alcance menos general:
- (7a)
Lupe > Lupita, Nando > Nandito, Pepe > Pepito…
- (7b)
Chon > Chonín, Lola > Lolilla, Nacho > Nachete, Tina > Tinuca…
Reconocida esta subclase de formas apreciativas derivadas de los nombres de pila, los hipocorísticos ―sobre los que volveremos en el próximo apartado―, queda simplemente señalar que, como muestran los ejemplos de 5, los nombres de pila dan lugar corrientemente a las clases canónicas de derivados apreciativos en español, diminutivos (5a) y aumentativos (5b), estos últimos, como para el resto de nombres y adjetivos, de productividad muy limitada. Si consideramos la formación de diminutivos a partir de ahora únicamente, tendremos la oportunidad, por un lado, de describir la peculiaridad que este tipo de formaciones tienen en español en todos los casos y, por otro lado, lo específico del comportamiento de los nombres de pila respecto a esta misma regla. En ambos casos, como ya anunciamos, encontraremos argumentos para sostener la idea de que la morfología requiere herramientas que le son exclusivas frente a la sintaxis. Empecemos, entonces, por describir la formación de diminutivos en español antes de pasar a lo que ocurre con los nombres de pila.
3. LA REGLA DE FORMACIÓN DE DIMINUTIVOS
3.1. La formación de diminutivos en español
Es bien conocido que en español, así como en otras lenguas románicas, la formación de derivados apreciativos y, muy especialmente, los más productivos de estos, los diminutivos, comprende una importante variedad de sufijos de extensión y alcance diverso. Además, no es raro que algunos de ellos muestren importante variación alomórfica, como es el caso de los sufijos diminutivos más frecuentes en español, ‑ito/a e ‑illo/a. Presentamos a continuación una descripción del funcionamiento del primero de estos dos sufijos y las condiciones bajo las cuales se presentan sus distintos alomorfos. Lo que vale para ‑ito/a, es, en general, trasladable también al caso de ‑illo/a, de modo que no necesitaremos volver sobre este sufijo en adelante.
Este sufijo ‑ito/a presenta, en efecto, en español peninsular actual tres alomorfos o variables, ‑ito/a, ‑cito/a y ‑ecito/a, cuya distribución representamos en el cuadro de 8 ():
Como se desprende de los datos del cuadro precedente, a pesar de su aparente complejidad, el funcionamiento de la regla de formación de diminutivos en ‑ito/a en español actual, en adelante FD, descansa en la consideración en principio de ciertas condiciones fonológicas de las bases a las que se adjuntan. La asignación de cada uno de los tres alomorfos a las distintas bases procede, en primer lugar, distinguiendo entre bases de extensión y estructura morfológicamente viable o mínima, para las que se reconocen constituyentes morfológicamente pertinentes como la vocal final de género, y bases cuya estructura fonológica no permite reconocer segmentos morfológicamente relevantes, esto es, los monosílabos y los bisílabos en en ‑e átona. La FD operaría entonces asignando consecuentemente la variante larga del sufijo (‑ecito/a) a las segundas y la corta (‑ito/a) a las primeras:
- (9a)
a. sol - solecito, pan - panecito...; clase - clasecita, dulce - dulcecito, madre - madrecita…
- (9b)
niño - niñito, caja - cajita, papel - papelito, lámpara – lamparita…
Pero, además, de modo más específico, la FD separa dentro del conjunto de las palabras morfológicamente viables, un subgrupo especial a partir de la consideración de su extensión, el acento y el segmento final, un grupo de palabras acabadas en /n/, /r/ o en vocal tónica para las que reserva la variante ‑cito/a:
- (10a)
papel - papelito, pero botón - botoncito, motor – motorcito…
- (10b)
niña - niñita, pero sofá - sofacito, café – cafecito…
Nótese que las propiedades fonológicas citadas en este caso juegan un papel relevante en español a efectos morfológicos en tanto que intervienen de modo crucial en la asignación de las marcas de plural. En todo caso, como describe , la consideración por separado de este grupo de palabras con su propia variante alomórfica de diminutivo tiene como efecto más evidente la posibilidad de recuperar íntegramente la base de estas formaciones, puesto que de este modo queda inalterada su estructura silábica.
3.2. Especificidades de la FD en español
Las características de la FD en español que hemos descrito hasta aquí muestran solo una parte de su funcionamiento complejo y peculiar. Existen varios conjuntos de palabras que escapan a las consideraciones que hemos visto hasta ahora y que requieren, por tanto, una ampliación de la FD en términos muy específicos, como vamos a ver.
Un primer caso lo constituye la formación del diminutivo de algunos nombres y adjetivos masculinos en /n, r/ final para los que esperaríamos a partir de lo que se muestra en el cuadro de 8 la selección de la variante ‑cito:
La cosa no acaba aquí porque tenemos una contraparte de estos datos con funcionamiento contrario. Algunos femeninos de palabras de este grupo, que son, por el contrario, palabras de más de dos sílabas acabadas en vocal, no toman, como esperaríamos, ‑ita, sino ‑cita:
Parece claro que la explicación de este funcionamiento anómalo tiene que ver con la conexión que cada una de estas palabras mantiene con la forma de género contrario. En algunos casos ―los de 11― es la forma de femenino la que impone al masculino su selección de sufijo diminutivo y en otros ―los de 12― es el diminutivo del masculino, por el contrario, el que atrae al femenino:
- (13a)
señor > señorito (*señorcito), cfr. señorita…
- (13b)
b. lectora > lectorcita (*lectorita), cfr. lectorcito…
Lo que, en definitiva, parece controlar la formación de diminutivos en este grupo de palabras no es, como se ve, ninguna propiedad fonológica o sintáctica de la que podamos dar cuenta en estos dos componentes, sino propiedades típicamente morfológicas, género y moción genérica, presentes, por tanto, de modo característico en el léxico ().
Otra excepción al funcionamiento de la FD en español lo constituyen los diminutivos de los nombres de la semana acabados en ‑es. De entrada, estas palabras y otras acabadas en ‑Vs átona constituyen un grupo problemático en términos morfológicos. Tienen estructura fonológica típica de plural y son, sin embargo, singulares, lo que en parte explica que escapen a las condiciones descritas en 8 y reciban un tratamiento diferenciado. Efectivamente, este tipo de palabras, en tanto que estructuras morfofonológicas fuertemente marcadas, construyen la forma diminutiva mediante infijación, un procedimiento ciertamente peculiar pero no extraño en español:
Pero los días de la semana con igual estructura que las palabras de 14 no hacen el diminutivo con infijación sino que toman corrientemente ‑ecito al modo de las palabras monosílabas o los bisílabos en ‑e de 9a:
En este caso, de nuevo parece que son las relaciones entre palabras formal y semánticamente asociadas en el léxico lo que explica que se atengan a la misma selección de alomorfo, por encima de cuál sea su naturaleza fonológica. Como en el caso anterior, necesitamos entonces una información solo disponible en el léxico, no en sintaxis o en fonología ().
3.3. La FD en español y la autonomía de la morfología
Como ya se anunció más arriba, la consideración de algunos de los detalles del funcionamiento de la FD en español constituye un argumento en favor de la necesidad de disponer de un lugar específico en la gramática para los hechos morfológicos, y entre ellos, naturalmente, la formación de derivados apreciativos. Hemos visto cómo en casos como el de la FD en español la descripción suficiente de los datos requiere recurrir a informaciones que no tenemos ni en la fonología ni en la sintaxis, de modo que suponer que podemos generar ese tipo de datos en estos componentes es claramente insatisfactorio. Por el contrario, una buena parte de los hechos que hemos considerado se incluye de modo natural en las palabras listadas en el léxico. Efectivamente, ahí es donde podemos encontrar accesibles las relaciones entre palabras formal y semánticamente relacionadas, como los días de la semana, o las formas masculina y femenina de una misma palabra, o la información sobre género y moción genérica, una propiedad morfológica crucial en la palabra española y necesariamente recogida en este repertorio de vocabulario que es el léxico.
En definitiva, tenemos dentro del léxico lo necesario para poder dar cuenta de los procesos morfológicos sujetos a condiciones a menudo fuertemente idiosincrásicas, pero que constituyen propiedades específicamente léxicas o, por mejor decir, morfológicas. Vamos a ver a continuación de qué modo la formación de los diminutivos de los nombres de pila españoles, así como la existencia de los hipocorísticos, encaja también en esta visión de la naturaleza del léxico.
4. MORFOLOGÍA DE LOS DERIVADOS AFECTIVOS DE LOS NOMBRES DE PILA EN ESPAÑOL
4.1. La formación de diminutivos de nombres de pila
Ya vimos en el apartado 2. cómo los nombres de pila en español disponen de dos tipos de variantes apreciativas, las formas diminutivas convencionales y los hipocorísticos. En ambos casos, la estructura formal, como veremos inmediatamente, presenta comportamientos fuera de lo esperado. Nos centraremos en detallar lo que ocurre con los diminutivos de los nombres de pila especialmente, aunque también dedicaremos un pequeño espacio a las particularidades de los hipocorísticos, menos remarcables en tanto que son propias de una categoría que es en sí misma exclusiva de este tipo de antropónimos.
De nuevo, en lo que sigue vamos a centrarnos en la descripción de la casuística de las formaciones diminutivas más frecuentes, las que corresponden al sufijo ‑ito/a, no sin advertir que buena parte de lo que se diga es perfectamente trasladable al comportamiento de ‑illo/a, del que incluiremos en cualquier caso algún ejemplo, pero también de los otros sufijos diminutivos con vocal tónica ‑í- (‑in(o), ‑ico…) que en todo caso resultan de difusión local y más limitada.
Pues bien, si las bases a las que se adjunta ‑ito/a son nombres de pila, buena parte de las condiciones de selección de alomorfos descritas en la FD del cuadro de 8 están lejos de funcionar regularmente, como se estudia en detalle en . En primer lugar, para este tipo de bases no parece operar la separación entre bases submínimas no viables morfológicamente (monosílabas y bisílabas acabadas en ‑e), por lo que los nombres de pila de esta estructura toman la variante ‑ito/a y no ‑ecito/a como en pan‑ecito, sol‑ecito o clas‑ecita, dulce‑ecito, madr‑ecita):
Entre los nombres de pila sobre bases viables de extensión mayor, tenemos también diferentes comportamientos fuera de la regla general. Los nombres de pila de dos o más sílabas con final en /n, r/ a menudo toman ‑ito/a y no ‑cito/a como en botón‑cito, camion‑cito, escritor‑cito…, como vemos en los siguientes ejemplos:
También otros nombres de pila de dos o más sílabas, los que tienen final en vocal tónica, seleccionan de nuevo ‑ito/a y no ‑cito/a como en los nombres comunes café‑cito, sofá‑cito…
Un comportamiento específico que forma parte de la FD general y no detallamos anteriormente es el que atañe a los nombres bisílabos que contienen un diptongo interno ‑ie- / ‑ue- o un diptongo ‑ia final. Estas estructuras fonológicas fuerzan en los nombres comunes, al menos en la variante estándar peninsular, la selección de la variante ‑cito/a como en los ejemplos que recogemos seguidamente:
- (19a)
hierba > hierbecita, pierna> piernecita, tierno > tiernecito, vieja > viejecita, viento > vientecito…
- (19b)
bueno > buenecito, cuerda > cuerdecita, hueso > huesecito, juego > jueguecito, nuevo > nuevecito…
- (19c)
bestia > bestiecita, indio > indiecito, lluvia > lluviecita, patio > patiecito, rubio > rubiecito…
Por el contrario, si las bases de este tipo corresponden a nombres de pila, de nuevo tenemos el alomorfo ‑ito/a y no el tratamiento que reflejan los ejemplos de 19:
Y como última prueba en favor de este tratamiento diferenciado de los diminutivos de pila queda recoger el hecho revelador de que los nombres de pila coincidentes con nombres comunes presentan diminutivos distintos a los de esos últimos, como muestran ejemplos como los siguientes:
- (21)
Angel-in-es, Angel-it-as / angel-ito, Dolor-itas / dolor‑cito, Dulc‑ita / dulc‑ecito; Milagr‑it‑os / milagr-ito; Niev-it-as / niev-ecita; Pilar‑ica, Pilar‑ita / pilar‑cito; Sant-it-os / sant-ito…
Como se ve en algunos de los casos de 21, muchos de estos diminutivos son infijados, lo que tiene que ver con que el nombre de pila que hace de base sea originalmente un plural por mucho que la referencia sea lógicamente singular en el antropónimo. Recuérdese al respecto el caso de los nombres comunes con final átono en ‑s del ejemplo 14.
En ese sentido, conviene finalmente anotar la frecuencia con que los nombres de pila presentan en sus diminutivos infijación:
- (22)
Carl-it-os, Carm-it-a, Ces-ít-ar, Cristob-it-a, Edgu-ít-ar, Eli‑it‑as, Esteb‑it‑a, Gertrud‑it‑as, Hect-ít-or, Lourd-it-as, Luqu-it-as, Marqu‑it‑os, Mati‑it‑as, Osqu‑ít‑ar, Seb-it-as (Sebas < Sebastián), Vict‑ít‑or…
Son casos que se explican, evidentemente, por la naturaleza fuertemente marcada desde el punto de vista fonológico de las bases, nombres de pila con final en sílaba atona acabada en -s, -r o -n y que, por tanto, hay que relacionar, además de con los ejemplos de 14, con palabras con formas diminutivas como azuquítar y otras menos habituales como naquítar < nácar ().
En resumen, los datos mostrados aquí a propósito de los diminutivos de distinto tipo de nombres de pila permiten confirmar la necesidad de postular para este grupo de nombres una regla de formación de diminutivos propia que no puede ser la FD ilustrada en el cuadro de 8. Esta regla contendría únicamente la variante alomórfica ‑ito/a, de uso casi sistemático, como hemos visto para este grupo de antropónimos, pero también, para el grupo marcado de nombres de pila con final en sílaba atona acabada en ‑s, ‑r o ‑n, de frecuencia importante en español, habría que incluir también una variante infijal ‑it-.
Abramos a continuación un breve paréntesis para mostrar la otra anomalía de la formación apreciativa sobre nombres de pila, los hipocorísticos, con toda su larga lista de comportamientos peculiares en términos morfológicos.
4.2. Los hipocorísticos: una morfología diferente
Ya quedó dicho más arriba que esta clase de derivados apreciativos de lectura generalmente positiva-afectiva constituyen uno más de los rasgos que distinguen a los nombres de pila de otras clases de palabras en español. Además, la complejidad y variedad de los procesos formales que los conectan con sus bases les proporcionan una nota más de idiosincrasia y heterogeneidad que trataremos de presentar resumidamente a continuación (vid. al respecto, ).
Primeramente, conviene advertir que, en general, la mayoría de las formas hipocorísticas se vinculan con el nombre de pila base mediante procedimientos morfológicos transparentes y regulares, como es el caso de los siguientes, formados por acortamiento:
Sin embargo, esa relación frecuentemente es poco clara y, en ciertas ocasiones, absolutamente arbitraria:
- (24)
Concha (Concepción), Frasco, Francho, Paco, Pacho, Pancho (variantes de Francisco), Pepe (José)…
En estos casos, la explicación está en la fuerte convencionalización de los hipocorísticos que a menudo son verdaderos sustitutos alternativos cuya relación con sus bases está fijada de antemano y no descansa en ninguna relación formal. Son en este sentido algo así como formas supletivas del nombre propio.
Por lo demás, es característico de la estructura de los hipocorísticos el patrón fonológico bisílabo CV-CV con sílabas abiertas, lo que las hace reconocibles frente a los diminutivos:
Como se ve en muchos de estos ejemplos y en los de 23, es el acortamiento de la base el procedimiento morfológico preferido en estas formaciones, lo que llama la atención puesto que se trata de un mecanismo muy marginal en el resto de la formación de palabras en español (). Encontramos tanto casos de apócope o acortamiento del final de la base (26a) como de aféresis o acortamiento del incio de la base (26b), tal y como mostramos a continuación:
- (26a)
Asun(ción), Beni(to), Boni(facio), Cloti(lde), Cris(tina), Dani(el), Encarna(ción), Espe(ranza), Fede(rico), Feli(sa), Filo(mena), Floren(cio), Francis(co), Gab(r)i(el)…
- (26b)
(Agus)Tina, (Ale)Jandro, (Al)Fonso, (Ade)Lino, (Caro)Lina, (Do)Mingo, (Fer)Nando, (Guada)Lupe, (Jose)Fina, (Leo)Nardo, (Leo)Poldo, (Ni)Colás, (Rai)Mundo…
Y el repertorio de procedimientos posibles se amplía con combinaciones de aféresis y apócope (27a), acronimia cruzada o blending (27b), acortamiento con reduplicación o repetición de sílaba (27c), acortamiento con modificación de la base (27d), o con reduplicación y modificación a la vez (27e), e incluso procesos más complejos, como los de (27f), en los que hay desde sufijación hasta acortamientos y modificaciones. Seguidamente, ilustramos este conjunto de posibilidades con algunos ejemplos:
- (27a)
(Eu)Lali(a), (In)Macu(lada), (An)Toni(o)…
- (27b)
Josema (José María), Juanma (Juan Manuel), Juanra (Juan Ramón), Mamen (María del Carmen), Mariaje (María Jesús), Maribel (María Isabel)…
- (27c)
Fefa (Josefa), Fefe (Federico), Fofo (Adolfo), Lalo (Eduardo), Lola (Dolores), Nina (Catalina), Pipe (Felipe), Quique (Enrique)…
- (27d)
Charo (Rosario), Chelo (Consuelo), Chon (Asunción), Chus (Jesús), Goyo (Gregorio), Merche (Mercedes), Nacho (Ignacio), Toño (Antonio)…
- (27e)
Chabela (Isabel), Loles (Dolores), Nani (Ana), Nines (Ángeles), Quino (Joaquín), Yoyes (Yolanda)…
- (27f)
Maruca (María), Terelu (Tere), Pili (Pilar), Ina (Vicenta), Vicky (Victoria), Yoli (Yolanda)…
En resumen, pues, tenemos con los hipocorísticos un tipo de derivados apreciativos que es exclusivo de los nombres de pila en español y que se genera a partir de procedimientos formales de naturaleza a menudo no afijal, como el acortamiento, poco productivos y muy marginales en la morfología léxica española. Para ellos seguramente hay que buscar paralelos o equivalentes en procesos típicos de la lengua infantil, dominada por la apelación y en la que, efectivamente, existe algo como una premorfología con operaciones formales icónicas en las que la reducción / acortamiento se relaciona con lo afectivo y diminutivo (,
4.3. El estatuto de los nombres de pila en el léxico y la morfología
Los nombres propios se diferencian de los nombres comunes básicamente por la relación que establecen con los referentes. Mientras que para estos últimos esa relación resulta mediada por el significado y es este el que conduce al referente, en los primeros tenemos un uso primario como expresiones referenciales y, por tanto, su eventual significado derivado o secundario se construye a partir de las propiedades del referente en forma de informaciones asociadas a él (). Los nombres de pila son probablemente entre las distintas clases de nombres propios los que de modo más claro manifiestan este uso como etiquetas referenciales disponibles casi en exclusiva para la identificación de individuos. Como explica , el carácter casi exclusivo de etiqueta referencial de un nombre de pila lo convierte en un signo de naturaleza fija vinculado de modo indisoluble a la persona que nombra. Cada nombre de pila constituye junto a su referente una pieza lingüística independiente de forma y estructura morfológica específica, singular y diferente de la de un nombre común.
Si este estatuto formal exclusivo de los nombres de pila se admite, resultaría legítimo esperar que en los procesos derivativos que le son propios, característicamente los de tipo apreciativo, las reglas que se les apliquen resulten diferentes de las del resto del léxico. En este sentido, la formación de hipocorísticos constituye el argumento más rotundo para describir por separado los procesos correspondientes a nombres de pila y nombres comunes. Pero, además, habría que defender la necesidad de dar cuenta de la formación de diminutivos convencionales sobre nombres de pila mediante reglas específicas diferentes de la FD general, como ya señalamos más arriba. En este sentido, afirmamos que los sufijos diminutivos disponibles para los nombres de pila responden a reglas diferenciadas en las que el sufijo ‑ito/a alterna con un alomorfo ‑it- infijado en que pueden delimitarse de modo sencillo, tal y como mostrábamos en § 4.1.
Este planteamiento remite, en definitiva, a una consideración teórica de mayor alcance, de la que dábamos cuenta desde el inicio del trabajo. Es la de que las particularidades de la formación de diminutivos en español y la necesidad de especificar una FD propia para un grupo de palabras, los nombres de pila, cuya singularización dentro de la gramática es relevante solo para este tipo de regla morfológica, sugieren la necesidad de disponer en la gramática de un espacio para una morfología autónoma. Postularíamos, entonces, un conjunto de reglas específicas para la morfología en el interior de un componente, el léxico, capaz de contener la información necesaria para su aplicación y funcionamiento.
5. RECAPITULACIÓN
A lo largo de las páginas precedentes hemos mostrado cómo, entre los nombres propios en español, la subclase de antropónimos correspondiente a los llamados nombres de pila resulta ser la que más limitaciones presenta para funcionar en los procesos de derivación que forman palabras nuevas. Sin embargo, resulta ser particularmente productiva en la formación de derivados apreciativos, de los que presenta, además, aumentativos, diminutivos y un grupo especial de derivados afectivos convencionalizados, los denominados hipocorísticos. Semejante comportamiento indica a todas luces la necesidad de incluir en el léxico este grupo de antropónimos con la correspondiente especificación descriptiva, de modo que podamos aplicarles la regla morfológica que permita generar al menos los hipocorísticos. Pero no son las únicas especificaciones morfológicas que necesitamos para incluir adecuadamente la información referida a esta clase de los nombres de pila. Hemos mostrado, además, que la manera en que construimos sus diminutivos es bien distinta del modo en que lo hacen los nombres comunes, de modo que igualmente requerirán esta especificación dentro del léxico. Semejantes requisitos de información morfológica propia, en definitiva, sugieren la conveniencia de reservar para este componente, el léxico, la buena formación de palabras desde el punto de vista de su estructura formal, su morfología, y. por consiguiente, la existencia de un conjunto de operaciones morfológicas en las lenguas que no son subsumibles ni en la fonología ni en la sintaxis. Los hechos presentados aquí, en suma, creemos que abogan por una concepción autónoma de la morfología dentro de la gramática.
Referencias bibliográficas
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Cabré M. T., J. DeCesaris, M. R. Bayá & E. Bernal (2000): “Nombre propio y formación de palabras”. En G. Wotjak (ed.): En torno al sustantivo y al adjetivo en el español actual. Aspectos cognitivos, semánticos, (morfo)sintácticos y léxico-genéticos. Frankfurt / Madrid: Vervuert / Iberoamericana, 191-206.
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Notas
[3] Debemos advertir que estamos describiendo el funcionamiento de la formación de diminutivos en la variante estándar del español peninsular. En otras modalidades de español, tanto europeas como americanas, es posible encontrar comportamientos y formas, por tanto, distintas y, entre ellas, algunas de las que aquí marcamos con *. Al respecto de la enorme diversidad de la antroponimia española, vid. .
[4] Sobre la infijación en español y, especialmente, en antroponimia, sigue siendo fundamental el recurso a .

