1. INTRODUCCIÓN
Como indica , «[i]t is impossible to contemplate our human existence outside the realm of language». Pero el lenguaje no se limita a ser un bien de tipo utilitario; al tiempo, está enraizado íntimamente, en forma de lenguas o variedades, con la construcción y mantenimiento de la identidad individual y social (cfr. , , , , , , , ). Por ello, señalaba que devaluar la lengua (o variedad) de una persona implica devaluar a esa persona como ser humano. Este proceder suele ser por desgracia muy frecuente, porque los grupos dominantes menoscaban lenguas o variedades de grupos subalternos o subordinados, cuya voz les es arrebatada y convertida en ilegítima (). Por tanto, el lenguaje puede erigirse en un medio muy potente de poder y control () y, por consiguiente, de discriminación (, , , ). Todo esto implica que, en el proceso de desempoderamiento histórico (y actual) de las minorías subordinadas (), el papel del lenguaje es muy importante: de igual modo en que se silencian o invisibilizan las ideologías de los grupos subalternos, también se silencian sus lenguas (no dominantes) o variedades (no estándares), vetadas de toda esfera pública.
En cuanto a la variación intralingüística, ha mostrado, mediante su modelo de subordinación lingüística, cómo la ideología del estándar, entendida como «a bias toward an abstracted, idealized, homogeneous spoken language which is imposed and maintained by dominant bloc institutions and which names as its model the written language, but which is drawn primarily from the spoken language of the upper middle class» (), es una poderosa máquina que margina y estigmatiza las variedades no estándares, expulsándolas de la propia noción de lengua. Esa ideología del estándar forma parte destacada de lo que denomina la «ideología de la legitimidad lingüística», según la cual «particular languages or language varieties are superior in some fundamental ways to others» (). Esto presupone la evaluación (irracional) de lenguas o de variedades (sobre esta cuestión, cfr. ).
Lo dicho se aplica también al ámbito escolar, donde el lenguaje es fundamental: no solo se limita a ser un contenido curricular más, sino que los restantes contenidos se enseñan y adquieren mediante él. Así, la relación entre lenguaje y educación es íntima. Pero, como sucede en la sociedad, el uso del lenguaje en clase tampoco es neutro. La variedad estándar tiene el dominio exclusivo en la educación y las restantes variedades son marginadas, al ser consideradas «indignas» de ese espacio simbólicamente tan importante (el lenguaje en la educación se vincula con la dominación simbólica; cfr. ), y ello a pesar de llamamientos de lingüistas (, , , , Wolfram et al. , ; para otros casos, cfr. ) sobre la necesidad de introducir la variación en clase para el beneficio del alumnado.
El veto a la variación en el colegio tiene graves consecuencias, no solo educativas sino también sociales y humanas, al socavar la justicia social: esta brilla por su ausencia cuando mediante el lenguaje se discrimina o estigmatiza. Por ello, afirma que, para alcanzar una sociedad realmente democrática, también el dominio lingüístico importa. Muchos autores claman por la necesidad de obtener en clase una justicia social (, , Corson , , , , , ) que no existe para muchos discentes por razones (también) lingüísticas. Cuando se estigmatiza o reprime la variedad nativa del alumnado en el aula no solo se menosprecia el código que mejor conoce el estudiante, en el que mejor puede aprender: también se menosprecia su identidad. Por ello, «[u]ndoubtedly, language represents one of the most significant emancipatory tools in our struggle for cultural democracy in public schools. It is intimately linked to the struggle for voice and participation, and thus essential to our struggle for liberation» ().
Este artículo aborda las condiciones educativas de un grupo subalterno en EE. UU., el de los afroamericanos, ejemplo paradigmático de «people at the margins» () y cuya variedad nativa, el African American Vernacular English (desde ahora, AAVE), es «the most powerful example of the process of linguistic delegitimation imaginable» (). Para paliar los malos resultados educativos de los alumnos afroamericanos, el Consejo Educativo del Distrito Escolar Unificado de Oakland, ciudad de California situada en la Bahía de San Francisco, emitió el 18/12/1996 una resolución que reconocía el AAVE (al que llamó Ebonics) como la lengua nativa de esos alumnos, afirmaba, de modo muy polémico, que el AAVE no era una variedad del inglés, sino una lengua diferente, e instaba a usarlo en clase como puente para que los alumnos pudieran mejorar su muy limitado dominio del estándar.
Sin pretenderlo, la resolución de Oakland (desde ahora, RO) destapó la caja de los truenos, originando una tormenta en EE. UU. en la que participaron numerosos actores: sociedad civil (colectivo afroamericano incluido), educadores, políticos y legisladores, lingüistas, medios de comunicación (periódicos, televisiones, radios), etc. Fue tanta la repercusión que incluso se llegó a crear una subcomisión en el Senado de EE. UU. para discutir el caso. Con la excepción de los lingüistas y de algunos educadores, la reacción ante la RO fue muy negativa, ya que desafiaba el poder simbólico del estándar, única variedad legitimada para el aula, introduciendo, en pie de igualdad con ella, una variedad considerada como bad English o street speech, que carecía a ojos de la sociedad de legitimidad para su empleo en el colegio. El ataque a la RO llegó incluso a tergiversarla gravemente, sosteniendo que pretendía expulsar el estándar del aula y reemplazarlo con el AAVE, algo que era radicalmente falso.
El presente artículo analizará en detalle la RO y la polémica que generó con la perspectiva que otorga la distancia temporal transcurrida (casi 30 años), y que por desgracia ilustra muy bien qué sucede cuando la variación lingüística llama a la puerta del aula. Aunque la RO recibió mucha atención en EE. UU. y, por extensión, en los países anglófonos, apenas la tuvo en nuestro contexto. El trabajo pretende revertir esta situación. Por un lado, revela que queda mucho por avanzar, tanto a nivel social como educativo, para aceptar la entrada de la variación lingüística en la escuela, incluso (y esto es lo más triste) cuando se propone como solución ante los graves problemas educativos de un colectivo estudiantil. Por otro, muestra las consecuencias de cuestionar la política educativa oficial sobre el lenguaje () y también cuál es la relación entre lenguaje, poder e ideología (). Por todo ello, la polémica revela cuán sensible es la educación al ámbito lingüístico.
El artículo adopta la perspectiva glotopolítica como marco metodológico, definida como «el estudio de las intervenciones en el espacio público del lenguaje y de las ideologías lingüísticas que activan y sobre las que inciden, asociándolas con posicionamientos dentro de las sociedades nacionales o en espacios más reducidos como el local, o más amplios, como el regional o el global» (). Esta perspectiva tiene una concepción amplia del vínculo entre lenguaje y política, esto es, de lo «político» en el lenguaje, no restringida al dominio institucional (política y planificación lingüística) sino que engloba también las prácticas y concepciones cotidianas sobre el lenguaje de personas o grupos (por ejemplo, que alguien exprese una opinión negativa o positiva sobre el voseo), abarcando cualquier situación en la que el lenguaje se vincule con una desigual distribución del poder (, ). Desde esta perspectiva, y en tanto que el lenguaje está íntimamente relacionado con sus usuarios, «[l]anguage is politics from top to bottom» ().
La adopción de la perspectiva glotopolítica es especialmente propicia para el caso abordado aquí por las siguientes razones: (1) esa perspectiva es profundamente crítica (muy vinculada de hecho a la sociolingüística crítica; cfr. ); (2) es interdisciplinar, lo que encaja bien con los numerosos dominios involucrados en el caso discutido; (3) permite estudiar en profundidad el acto «político» que fue la RO, que pretendía regular la actividad lingüística en el aula, oponiéndose al pensamiento hegemónico sobre el lenguaje y desafiando las estructuras de poder (lingüístico y social), y (4) tiene como elemento clave las ideologías lingüísticas (cfr. ), que son igualmente fundamentales en la RO. Por tanto, la perspectiva glotopolítica permite desvelar los fundamentos ideológicos que subyacen a la polémica sobre el uso, la estructura, la concepción y la catalogación del AAVE en el seno de la sociedad estadounidense.
El trabajo se organiza así: el apartado 2 presenta los principales contenidos de la RO, o, más bien, de las dos resoluciones que emitió el Consejo Educativo de Oakland (ambas se recogen en el Apéndice I). El apartado 3 acomete una discusión pormenorizada de la RO, dividida en catorce subapartados: el significado del término Ebonics (subapartado 3.1); la problemática educativa que originó la RO (3.2); su génesis (3.3), la cuestión de si el AAVE es una lengua o una variedad (3.4); las motivaciones existentes para que la RO considerara el AAVE una lengua (3.5); la recepción de la RO en EE. UU. (3.6); las creencias sociales sobre el AAVE (3.7); la recepción de la RO por parte de los afroamericanos (3.8); los argumentos a favor y en contra para la adquisición de la variedad estándar por parte de los afroamericanos (3.9); la nítida posición de los lingüistas en la polémica (3.10); la naturaleza conservadora o bien revolucionaria (3.11) de la RO, así como su posible carácter novedoso (3.12); su viabilidad pedagógica (3.13) y por último, el estado actual del problema educativo tratado en la RO (3.14). Para finalizar, el apartado 4 ofrece unas breves reflexiones a modo de conclusión.
2. LA (DOBLE) RESOLUCIÓN DE OAKLAND
Para revertir los malos resultados educativos del alumnado afroamericano, mayoría en el distrito, el Consejo Educativo del Distrito Escolar Unificado de Oakland emitió el 18/12/1996 una resolución () que reconocía plenamente el AAVE (al que llamaba Ebonics), instaba a considerarlo un sistema lingüístico regido por reglas y lo declaraba la lengua nativa del alumnado afroamericano. Además, de modo muy polémico, afirmaba que no era un mero dialecto del inglés, sino otra lengua diferente. En cuanto al ámbito educativo, sugería usarlo en el aula para ayudar a los alumnos afroamericanos a adquirir la variedad estándar, que la gran mayoría de ellos no dominaban. Por tanto, la RO otorgaba legitimidad educativa al AAVE. En todo caso, el debate suscitado por la RO no era nuevo sino de larga trayectoria, porque «launched another round in a continuing national discussion on how best to educate students for whom standard English is not native» ().
En pocos días, se generó una enorme tormenta en EE. UU. Ante la caza de brujas a la que fue sometida mediáticamente la RO, un nuevo Consejo Educativo del Distrito Escolar de Oakland, que tomó posesión el 01/01/1997, emitió una segunda resolución el 15/01/1997, que enmendaba en parte la original al suavizar algunas de sus afirmaciones más polémicas, pero dejando intacto el punto central, usar el AAVE como puente hacia el estándar. Los dos siguientes subapartados exponen los principales contenidos de ambas resoluciones, cuyo análisis pormenorizado se efectuará en el apartado 3.
2.1. La primera resolución de Oakland
La primera RO (cfr. apéndice I), emitida el 18/12/1996, surgió a partir de una serie de recomendaciones efectuadas por un grupo de trabajo, el AfricanAmerican Task Force, que el propio Consejo Educativo había creado unos meses antes con la intención de que ofreciera posibles soluciones implementables en el distrito para paliar el mal rendimiento educativo de la mayoría de alumnos afroamericanos, como indicaba la propia RO: «The standardized tests and grade scores of African-American students in reading and language arts skills measuring their application of English skills are substantially below state and national norms». Con ello, pretendía modificar la política educativa, instando a Carolyn M. Getridge, superintendente del distrito desde 1994, a «devise a program to improve the English language acquisition and application skills of African-American students», con el objetivo educativo básico de «providing equal opportunities for all of its students».
La RO solo buscaba reforzar la destreza en la variedad estándar de esos alumnos, y para ello el Consejo Educativo adoptó como instrumento la realidad lingüística más cercana al estudiante, el AAVE, su variedad nativa. En realidad, el interés del Consejo Educativo por el AAVE no era estrictamente lingüístico (), sino que derivaba de los referidos problemas educativos del alumnado afroamericano, y creía que el uso de su variedad nativa para enseñar el estándar podría mitigarlos o revertirlos. La RO aduce en este sentido casos judiciales litigados en otros estados que alcanzaron la misma conclusión y que instaron a desarrollar «court-mandated educational programs which have substantially benefited African American children».
Además, de manera sorprendente, la RO proclamaba la independencia lingüística del AAVE con respecto al inglés, afirmando que «African Language Systems are genetically based and not a dialect of English», al vincularse tipológicamente con lenguas africanas occidentales y de la macrofamilia Níger-Congo. Además del factor identitario y reivindicativo que pudo subyacer a esa afirmación, otra posible razón para ella era la pretensión del Consejo Educativo de optar a fondos federales para sufragar la educación bilingüe, algo que estaba vetado para las variedades dialectales del inglés (cfr. infra).
Sean las que fuesen las razones para proclamar que el AAVE no era una variedad del inglés (cfr. 3.5), la RO sostenía que el pobre rendimiento académico de muchos afroamericanos «will be remedied by application of a program featuring African Language Systems principles in instructing African-American children both in their primary language and in English». Estas palabras son ejemplo (no único, como veremos) de la poca precisión que tuvo la redacción de la RO: es obvio que no es necesario instruir a esos alumnos en el AAVE porque son nativos de esta variedad, y no era esa la intención del Consejo Educativo de Oakland, a pesar de lo que sugiere la cita referida.
Teniendo en cuenta lo señalado, la RO insta a la superintendente del distrito a
immediately devise and implement the best possible academic program for imparting instruction to African-American students in their primary language for the combined purposes of maintaining the legitimacy and richness of such language whether it is known as ‘Ebonics’, ‘African Language Systems’, ‘Pan-African Communication behaviors’ or other description, and to facilitate their acquisition and mastery of English language skills […].
En resumen, la RO abría la puerta del aula a la variación y, en concreto, a una variedad (percibida como variedad por la sociedad, no como otra lengua) muy marcada socialmente y fuertemente estigmatizada. La intención era únicamente la de reducir la gran brecha educativa que existía entre los alumnos afroamericanos y los blancos, y también mostrar a los primeros la gran importancia histórica y cultural del AAVE en la conformación de su propia identidad. Por ello, hay que concordar con en que «[w]e should applaud their [miembros del Consejo Educativo, VML] refusal to continue doing more of the same that has not worked in the past».
2.2. La segunda resolución de Oakland
Menos de un mes después de emitirse la primera RO, el nuevo Consejo Educativo que tomó posesión el 01/01/1997 emitió una segunda resolución el 15/01/1997. La razón de ella fue el gran escándalo social, mediático y político que generó la resolución original, y que cogió al Consejo Educativo por sorpresa (), a pesar de que debería haberla previsto, dada la estigmatización social de la variedad que la RO pretendía usar en clase. En realidad, la segunda RO fue poco más que un lavado de cara con respecto a la primera: no alteraba el punto central, si bien suavizó o eliminó algunos aspectos que habían provocado estupor e indignación en el país.
Una de las cuestiones modificadas, que junto con la propia introducción del AAVE en clase era más polémica, fue la afirmación de que el AAVE (Ebonics en la RO) no era una variedad del inglés, sino una lengua independiente. Mientras la primera RO sostenía que «African Language Systems are genetically based and not a dialect of English», la segunda afirma que dichos sistemas lingüísticos «have origins in West and Niger-Congo languages and are not merely dialects of English». Por tanto, la nueva formulación deja de lado la tesis de independencia lingüística de la RO original, afirmando algo más neutro, como es el innegable vínculo del AAVE con lenguas africanas, dada la procedencia geográfica de los antepasados de buena parte de sus usuarios. Así, la segunda RO solo mantiene que el AAVE difiere notablemente con respecto al estándar; en palabras de , la «concession that Ebonics is ‘not merely a dialect of English’ […] is quite different from claims that Ebonics is not an English dialect. The former includes Ebonics within the English speech community; the latter excludes Ebonics from the English language». Otra modificación de la segunda RO vinculada con la anterior consiste en explicar la expresión primarylanguage que la primera RO aplicaba al AAVE (cfr. 2.1) sin ninguna aclaración ni especificación. La resolución corregida afirma que «[p]rimary languages are the language patterns children bring to school», y debe notarse que esta aclaración es compatible con una interpretación dialectal (intralingüística) de la referida expresión.
La segunda RO suprime también un aspecto muy polémico vinculado con la idea de que el AAVE era una lengua diferente del inglés, como es la expresión genetically based («African Language Systems are genetically based […]»). El uso de esta expresión fue muy desafortunado, al sugerir el carácter innato del AAVE en los afroamericanos, pareciendo así vincularse con una muy extraña ideología sobre diferencias biológicas y su plasmación en el ámbito lingüístico ().
Otro cambio destacado de la segunda RO se refiere al punto clave de introducir el AAVE en el aula: no para modificarlo, sino solo para eliminar la ambigüedad presente en la primera RO al referirse a la instrucción de los alumnos en su lengua nativa (AAVE), algo innecesario al ser ya nativos en AAVE. Para resolver esta ambigüedad, la segunda RO sostiene que se pretende instruir a los estudiantes en «African Language Systems principles to move students from the language patterns they bring to school to English proficiency», añadiendo también que los profesores deberían conocer el AAVE para «transition students from the language patterns they bring to school to English». Por tanto, se elimina cualquier interpretación conducente a la idea de usar el AAVE como medio de instrucción explícito en clase. Pero la idea central sigue siendo, como sucedía en la RO original, usar el AAVE como un puente, esto es, usar el conocimiento lingüístico del niño para acceder a la realidad lingüística menos familiar, el estándar ().
En suma, la segunda RO deriva de que, debido al gran escándalo mediático que originó la RO original, «Oakland retreats to a safer position» ().
Tras la breve exposición de las dos RO, el siguiente apartado ofrece una amplia discusión de los principales aspectos implicados en la polémica.
3. ANÁLISIS DE LA RESOLUCIÓN DE OAKLAND
3.1. ¿Qué es exactamente el Ebonics? ¿Equivale al African American Vernacular English?
El AAVE es la variedad del inglés usada por muchos afroamericanos en EE. UU. ( ofrece una excelente descripción de ella), que tiene rasgos muy marcados frente al inglés estándar americano. Más concretamente, según , el AAVE «refers specifically to the colloquial speech of US slave descendants […] who infrequently employ mainstream Standard American English». Añade a ello que su uso es más común en la clase trabajadora que en la clase media, en adolescentes que en personas maduras y en contextos informales que en los formales. El AAVE se explica en términos históricos, vinculándose con el inhumano comercio de esclavos africanos hacia América acaecido principalmente entre 1619 y 1808 (). Ese comercio, como muestra , creó en su día, y ha perpetuado hasta hoy, la injusticia (no solo lingüística sino también social, cultural o económica) hacia los afroamericanos descendientes de esclavos en EE. UU.
Aunque el AAVE suele considerarse como un sociolecto íntimamente vinculado a un grupo racial, esta identificación debe ser matizada, porque «Black people are highly diverse, wherever we reside» (). Esto es, los afroamericanos son un grupo heterogéneo cultural y lingüísticamente, por lo que «AAVE should not be thought of as the language of Black people in America. Many African Americans neither talk it nor know much about it» (); este aspecto está muy bien establecido (cfr. , , , , , , ). Y al revés: el AAVE es usado también por personas no afroamericanas (, ). No se sabe exactamente, más allá de estimaciones genéricas, cuántos afroamericanos son hablantes de AAVE, y la mayor parte de datos al respecto son antiguos: o calculan un 85-90 %, pero o rebajan el porcentaje hasta un 60 %.
Por tanto, la variable fundamental vinculada con el AAVE no es, frente a lo que se pudiera pensar, la raza, sino la procedencia: la descendencia de esclavos. En palabras de , «Black Americans who have, or whose ancestors have, immigrated to the United States of their own volition tend to differ linguistically and culturally from Black Americans whose ancestors were imported to this country (the United States) and sold as slaves». Es este último grupo el que en su mayoría emplea el AAVE y el que sigue padeciendo muchas injusticias sociales y lingüísticas.
Por otro lado, cabe destacar el hecho curioso de que, si bien desde los años 60 la sociolingüística ha desmentido algunos mitos sobre el AAVE, como su supuesto carácter degenerado, al tiempo ha creado y alimentado otros (): por ejemplo, el mito de su gran homogeneidad (los estudios clásicos sobre esa variedad se centraron en áreas metropolitanas del norte de EE. UU., ignorando las zonas rurales del sur, en las que surgió), o el mito de su rígida estratificación social, que vincula el AAVE con «working-class speakers» (), algo también desmentido más tarde. De hecho, existe consenso actualmente en que el AAVE atesora mucha variación geográfica y social (, ; para una amplia panorámica, cfr. ), de modo que no puede vincularse solamente con las clases trabajadoras: analiza un AAVE de clase media que, en opinión de , «has remained largely invisible to the sociolinguistic lens», y , entre otros autores, estudia la existencia de un inglés afroamericano estándar.
Pues bien, ¿equivale el Ebonics, término adoptado por la RO, al AAVE? Aunque las críticas a la RO equipararon ambos términos, la equiparación era errada: «when the term Ebonics was coined it was not as a mere synonym for the more commonly used appellation Black English» (). La razón consiste en que el término Ebonics (formado a partir de ebony + phonics), propuesto por Robert Williams en 1973, es mucho más amplio que el de AAVE: pretendía abarcar «the multitude of languages spoken by black people not just in the United States but also those spoken in the Caribbean, for example» (),simbolizando así «the linguistic unity of the Black World» () representada por las raíces africanas de las muchas lenguas o variedades formadas en la diáspora africana provocada por la esclavitud. Las siguientes citas de dos de los principales defensores del término Ebonics, Robert Williams y Ernie Smith, especifican claramente su naturaleza y amplitud:
Ebonics may be defined as the linguistic and paralinguistic features which on a concentric continuum represents the communicative competence of the West African, Caribbean, and United States slave descendant of African origin. It includes the various idioms, patois, argots, idiolects, and social dialects of Black people, especially those who have been forced to adapt to colonial circumstances ().
In sum, Ebonics is not a dialect of English. The term Ebonics and other Afrocentric appellations such as Pan African Language and African Language Systems all refer to the linguistic continuity of Africa in Black America. Eurocentric scholars use the term Ebonics as a synonym for ‘Black English’. In doing so, they reveal an ignorance of the origin and meaning of the term Ebonics that is so profound that their confusion is pathetic ().
Esto es, Ebonics caracteriza una tradición panafricana en forma de continuum lingüístico compartido por todos los descendientes de esclavos; por ello, «Ebonics is not Black English» (), sino que «African American speech is both ‘typologically’ and ‘genetically’ African» (). El AAVE sería simplemente una parte del continuum, un «africanized English» ().
Además de la referida, otras dos razones explican la adopción del término Ebonics. En primer lugar, este término fue según un acto de resistencia frente a las denominaciones usadas por el grupo dominante, atesorando así una fuerte carga simbólica. En segundo lugar, el término Black English, predominante en aquel momento, se asociaba en la percepción popular a un inglés corrupto o degenerado, sentido del que el término Ebonics estaba completamente libre ().
Sin embargo, este término ha cosechado críticas de académicos afroamericanos, en especial de John Baugh; según , fue muy desafortunado porque quienes lo propusieron «did so by violating one of the most essential principles known to linguistic science». Ese principio, ampliamente discutido en , consiste en que «one should never define a language or speech community based solely on the racial classification of its speakers» ().
3.2. ¿Qué factor fue el detonante de la resolución de Oakland?
Como ya se señaló anteriormente, la RO fue la respuesta ante un grave problema educativo, el mal rendimiento académico del alumnado afroamericano del distrito de Oakland (pero reiterado en muchos otros distritos del país), y que tampoco era nuevo (, ). No obstante, el de Oakland tenía la particularidad de ser uno de los pocos distritos escolares urbanos de EE. UU. con mayoría de afroamericanos, unos 28 000 () de un total de 52 000 (). Como indica , en aquel momento los blancos eran el 36.9 % de la población de Oakland y los afroamericanos, el 29.8 %, porcentajes que contrastan con los nacionales, donde un 74.3 % eran blancos y solo un 12.3 % afroamericanos. Por su parte, únicamente el 6.5 % de alumnos del distrito eran blancos, alcanzando los afroamericanos y los latinos el 70 % ().
Las estadísticas revelaban inequívocamente el mal rendimiento escolar de los afroamericanos: eran el 53 % de alumnos del distrito, pero el 80 % de los suspensos (, , ), el 64 % de los repetidores y el 67 % de los alumnos que faltaban a clase (). Además, el grupo afroamericano constituía el 71 % de los alumnos catalogados como de necesidades educativas especiales dadas unas supuestas deficiencias lingüísticas (, , ). Todo ello explica que tuvieran un porcentaje global de rendimiento académico de 1.8 puntos sobre 4 (), el más bajo para cualquier grupo del distrito.
En realidad, como adelanté, el problema no se limitaba a Oakland, sino que afectaba a otros muchos distritos escolares del país, en especial de áreas urbanas: los datos de 1994 indicaban que, sobre una escala de 500 puntos, los afroamericanos de 9 años se situaban 29 puntos por detrás de los blancos de igual edad; con el alumnado de 13 años la diferencia se ampliaba a 31 puntos y a los 17 años la brecha era todavía mayor, 37 puntos ().
Es innegable que «[t]here is no inherent intellectual deficiency in these students» () y, además, la gran mayoría de ellos «approach schooling enthusiastically and highly motivated to learn» (). A pesar de ello, los alumnos afroamericanos sufren graves problemas educativos y existe un amplio consenso (del que participó la RO) en que el lenguaje es decisivo en esos problemas. Es fácil imaginar por qué: debían aprender los contenidos académicos en una variedad (la estándar) que les era ajena y con la que no estaban familiarizados, frente a lo que sucedía con muchos alumnos blancos, bastante más cercanos a ella. Téngase en cuenta que los tests estandarizados que miden el progreso educativo se basan en el estándar, por lo que «children who do not speak the privileged dialect […] perform poorly on those tests» (; cfr. también la discusión de ). Como denuncia , el mito de privación verbal que muchos atribuían al colectivo afroamericano, pero cuya falsedad ya había sido claramente demostrada por , pretendía descansar en hechos supuestamente objetivos como los tests. Pero esto es una falacia, porque «the tests simply demonstrate a dialect difference between middle-class, standard English dialects of English and other dialects» (). Por ello, no hay ninguna superioridad cognitiva de los hablantes de la variedad estándar ni, desde la óptica contraria, tampoco existe inferioridad cognitiva alguna de los hablantes de AAVE.
Además, el problema lingüístico-educativo era reforzado por otras trabas expuestas por , como (1) los graves problemas sociales y económicos de numerosas familias afroamericanas, (2) la infradotación sistemática (en equipamientos, libros, materiales, etc.) de las escuelas con gran presencia de afroamericanos (frente a una dotación mucho mayor de las escuelas donde los blancos eran mayoría), (3) los menores salarios ofrecidos en las escuelas urbanas, con la consiguiente menor motivación del profesorado, o (4) las expectativas mucho más bajas de los docentes sobre el alumnado afroamericano y de otras minorías, a las que se les exige bastante menos. A todo ello se suma un problema acuciante, el racismo existente en EE. UU., tanto en general () como especialmente hacia los afroamericanos (), problema que «represents one of the most virulent forms of human oppression that exists in American society» (). Es paradójico que esto suceda en un país que presume de una democracia muy antigua, pero que margina y menosprecia de modo sistemático a los colectivos que no son blancos.
En resumen, existía en Oakland (y en general en EE. UU.) un problema educativo grave con el alumnado afroamericano, reforzado por penurias socioeconómicas, producto de la marginación padecida por ese colectivo. El problema educativo consistía (y aún consiste) en que millones de niños llegan al aula sin conocer apenas la variedad usada en ella, por lo que están en una clara desventaja que no hace sino aumentar durante los sucesivos ciclos educativos al no existir programas de intervención. La RO proponía precisamente un programa para paliar el amplio fracaso educativo de todos esos niños.
3.3. ¿Cuál fue la génesis de la resolución de Oakland? El papel del African American Task Force
Aunque la RO fue emitida por el Consejo Educativo de Oakland, en realidad se basó en las recomendaciones efectuadas por el African American Task Force (desde ahora, AATF). Este grupo de trabajo había sido creado por el Consejo Educativo en la primavera de 1996 () con el objetivo de proponer soluciones educativas al bajo rendimiento escolar afroamericano. Es importante tener en cuenta que, aunque algunas de las personas que formaban parte del AATF eran muy influyentes, como John Ogbu o Ernie Smith, «no linguistic experts served on that committee» () (cfr. 3.4).
Tras el análisis de la situación, plasmado en un documento de 24 páginas, el AATF emitió un documento mucho más corto (; cfr. apéndice II). En primer lugar, frente a la idea imperante de que el AAVE es bad English, sostenía que «systematic, rule governed and predictable patterns exist in the grammar of African-American speech». Además, el AATF afirmaba la procedencia africana del AAVE que posteriormente asumiría la RO: «The validated and persuasive linguistic evidence is that African-Americans (1) have retained a West and Niger-Congo African linguistic structure in the substratum of their speech and (2) by this criterion are not native speakers of a black dialect or any other dialect of English». Por tanto, la tesis de independencia lingüística del AAVE de la RO remite al AATF.
Por otro lado, como ya se adelantó en 2.1 y se discutirá más tarde (cfr. 3.5), la solicitud de fondos federales de educación bilingüe para los alumnos afroamericanos que recogía la RO también provenía de una recomendación del AATF: puesto que otros estudiantes, como latinos o asiáticos, «are provided general funds for bilingual education, English as a Second Language (ESL) and State and Federal (Title VII) Bilingual Education programs to address their needs arising from limited English proficiency or no English proficiency», también los afroamericanos «shall be provided general funds and State and Federal (Title VII) bilingual education and ESL programs to specifically address their LEP/NEP [limited English proficiency, no English proficiency, VML] needs». Por ello, el AATF trazaba un claro paralelismo entre los alumnos afroamericanos y aquellos otros cuya lengua nativa no es el inglés, sugiriendo así que el AAVE es otra lengua diferente.
En resumen, la evaluación efectuada por el AATF concluyó que el lenguaje (en concreto, la falta de dominio de la variedad estándar) tenía gran parte de responsabilidad en las dificultades educativas de los niños afroamericanos. La RO adoptó esta idea y la desarrolló en consecuencia.
3.4. ¿Estaba acertada la resolución de Oakland (y el African American Task Force) al sostener que el AAVE (Ebonics) era una lengua diferente del inglés?
Existe un amplio consenso en que el AAVE difiere mucho con respecto al estándar, hasta el punto de que «turns out to be the most interestingly divergent dialect of modern English» (). es uno de los escasos autores que niegan esas diferencias, sosteniendo que el «Black English is not different enough from standard English to pose any significant obstacle to speaking, reading, or writing it». Pero critica (con toda la razón) la tesis de McWhorter, porque «thousands of intelligent students do not learn to close the gap» entre ambas variedades. Además, recordemos que el AAVE es una variedad con una gran singularidad (): es única entre todas las variedades no estándares de EE. UU. porque es la única que surgió de las condiciones asociadas a la esclavitud. Sin embargo, una cosa es afirmar que una variedad difiere sustancialmente con respecto a otras de la misma lengua, y otra muy distinta es sostener que esa variedad es una lengua diferente, como proclamó la RO (cfr. 3.1). Los lingüistas rechazan esta tesis de modo casi unánime:
American slave descendants speak English and not a distinctive African language ().
AAVE has many unique linguistic characteristics that do not exist in MASE [Mainstream American Standard English, VML], but AAVE is unmistakably English, and educational proposals that argue for bilingual education were somewhat overstated ().
Any linguistic suggestion that slave descendants, as a group, are not speakers of English is misplaced ().
[…] essentially all linguists agree that what the Oakland board was dealing with is a dialect of English ().
[M]ost linguists might agree that Ebonics is more of a dialect of English than a separate language, because it shares many words and other features with other informal varieties of American English. And its speakers can easily communicate with speakers of other American English dialects ().
Es bien conocido por los lingüistas que la diferencia lengua/dialecto responde más a criterios extralingüísticos que a criterios lingüísticos (cfr. 2.1. y 3.10), por lo que debería quitarse hierro a la propuesta de la RO de considerar el AAVE una lengua independiente. Pero esa propuesta se volvió en contra del Consejo Educativo al provocar que la atención mediática se desviase desde el aspecto central de la RO (usar el AAVE como herramienta para acceder al estándar) para centrarse en un aspecto secundario pero muy fácil de criticar, el estatus lingüístico del AAVE, cuestión con la que en realidad el Consejo Educativo tenía mucho que perder y absolutamente nada que ganar. Por ello, afirma que «[t]he Board chose to confuse the world with an irrelevant claim about language classification». En suma, la propuesta de independencia lingüística del AAVE fue un «miscalculation» () o «a major tactical error» () (cfr. también ).
Por supuesto, el rechazo de los lingüistas a que el AAVE sea una lengua diferente no implica rechazar influencias lingüísticas africanas en esta variedad, dado el trasiego humano desde África a América generado por el comercio de esclavos. o muestran que el AAVE retiene rasgos estructurales de lenguas del oeste de África (como yoruba, wolof, mandinga, twi, fante, fon, ibi, etc.), como pueden ser el uso de be para expresar iteratividad, la elisión de la cópula, la ausencia de flexión verbal para tiempo y persona, la utilización del contexto o del stress para indicar temporalidad, la inexistencia de posesivos o de pluralización (two boy) o la presencia de dobles o incluso triples negativos.
No menos desafortunada fue la idea vertida en la RO de que «African American Language Systems are genetically based and not a dialect of English» (recordemos que ningún lingüista formaba parte del AATF). De hecho, la expresión genetically based «was interpreted by many as claiming that Black English is biologically innate in its speakers» (), esto es, que los afroamericanos están biológicamente predispuestos hacia una lengua concreta (). Según , el uso de esa expresión se debe a que el Consejo Educativo oyó campanas sin saber exactamente de dónde provenían: «I suspect the word ‘genetically’ must have been lifted from some linguist’s assertion that African American Vernacular English is ‘genetically’ related to Niger-Congo languages». Obviamente, el término ‘genético’ en lingüística, referido a los vínculos de parentesco entre lenguas, es muy diferente del sugerido por la RO. Además, la elección de genetically based fue aún más desafortunada porque, como indica , la tormenta que provocó se vinculó con el recuerdo de la vergonzosa tesis de de que los blancos son superiores en inteligencia a los afroamericanos por causas genéticas. Una vez percibido su error, el Consejo Educativo quiso matizarlo, indicando que «they had used ‘genetically based’ in the sense of ‘originate in’. But the damage was already done» ().
Por todo lo señalado, hay que concordar con en que la RO podría haber obtenido más apoyos (o, al menos, podría no haber despertado tanta hostilidad) si no hubiera tratado el AAVE como una lengua independiente.
3.5. ¿Qué motivaciones llevaron al Consejo Educativo de Oakland a sostener que el AAVE era una lengua diferente del inglés?
Sin duda, el hecho de que Ernie Smith, ferviente defensor de la tesis africanista según la que el AAVE deriva del legado lingüístico africano, formara parte del AATF, influyó en la decisión del Consejo Educativo de considerar el AAVE como una lengua independiente. sugiere también que existió el deseo de otorgar valor simbólico a una variedad estigmatizada y menospreciada por la inmensa mayoría de la sociedad (incluyendo la mayor parte de los afroamericanos; cfr. 3.8).
No obstante, posiblemente existieron también razones de índole pragmática, instrumental, como se indicó en 2.1. El gobierno federal, mediante el Federal Bilingual Education Act, destinaba fondos para escolarizar a los alumnos cuya lengua nativa no era el inglés, pero vetaba esos fondos cuando estaban implicadas las variedades de esa lengua (con la única excepción, como refiere , de los nativos hawaianos, que recibían fondos para una educación bidialectal; sobre este programa, cfr. ). La propia RO citaba el Federal Bilingual Education Act, que requiere «to establish, implement and sustain programs of instruction for children and youth of limited English proficiency», e instaba a que la superintendente del distrito «shall utilize state and federal scholarly and educational input in devising such a program». Esto significa que el Consejo Educativo parecía demandar fondos estatales y federales, pero los segundos solo eran viables si los alumnos no hablaban una variedad del inglés, sino una lengua diferente. Por tanto, ya que «speakers of other languages have individual rights to special educational provision, but speakers of nonstandard varieties of English have no special standing» (), es posible que, además de razones simbólicas, también existiera una razón instrumental para considerar el AAVE una lengua diferente del inglés, con el objetivo de poder optar así a esos fondos federales. Frente a esta interpretación, se afirmó que el Consejo Educativo «never intended to ask for bilingual funds» (). Más específicamente, la superintendente del distrito Carolyn M. Getridge, llamada a declarar el 23/01/1997 ante la subcomisión del Senado de EE. UU. creada tras la polémica de la RO, sostuvo que no había existido intención alguna de solicitar fondos federales para los afroamericanos; con las propias palabras de Getridge, «We are fully committed to the reallocation of our current resources to fund a comprehensive array of strategies to implement districtwide reforms which guarantee all of our students the opportunity for academic success. We have not requested State or Federal funds for this purpose» ().
Sin embargo, arroja dudas sobre esa interpretación: «I too wish that Oakland educators had specified the need for standard English proficiency rather than their more global reference to ‘English proficiency’. The latter strikes me as an attempt to maintain linguistic and educational analogies to English language learners for whom Title VII funds are now allocated». En realidad, la discrepancia residía en la distinción entre ‘standard English proficiency’, que era el supuesto objetivo de la RO pero que no se reflejaba en ella, y ‘English proficiency’, objetivo de los programas federales y aludido en las dos RO. Esto plantea la cuestión, pertinente pedagógicamente, de qué nivel de dominio es requerido para garantizar el éxito académico: inglés o inglés estándar.
Además, añade otra razón de índole práctica: el gobierno federal nunca reconoció que los descendientes de esclavos constituyeran una minoría lingüística; aquí reside precisamente parte de la motivación para rechazar el estatus del AAVE como una mera variedad del inglés.
3.6. ¿Cómo fue recibida la resolución de Oakland en EE. UU.?
La RO fue recibida de la manera más virulenta posible, provocando en pocos días una tormenta social y mediática en todo el país, traducida en múltiples ataques (muchos de ellos vejatorios) que duraron más de un año, por lo que no cesaron ni siquiera tras emitirse la RO corregida. La razón de esta enorme marejada residía en la introducción del AAVE en el aula, algo inaudito a los ojos de la sociedad, de los medios de comunicación y de los políticos, no solo por ser una variedad no estándar, sino una variedad profundamente menospreciada y estigmatizada. Como señala , existía la amplia percepción de que el AAVE es «bad English substandard, and had no place in the education of children» (cfr. 3.7 sobre las creencias referidas a esta variedad).
Muchos autores (, , , , , ) ofrecen ejemplos de las furibundas críticas que recibió la RO, bastantes de ellas rezumantes de racismo (cfr. y ), provenientes incluso de periódicos tan influyentes como The New York Times (), o de diarios económicos como The Economist o el Chicago Business, lo que ilustra muy bien la dimensión de la polémica. En este sentido, The Economist publicó el 04/01/1997 un artículo titulado «The Ebonics virus», una «tasteless reference to the then-recent outbreak of the horrible Ebola fever in Zaire» (). También el San Francisco Examiner comparó el caso de Ebonics con el virus del Ébola: «E. coli, Odwalla, Ebola, Ebonics» (). Por su parte, la revista The Landmark llegó a comparar en un dibujo editorial la «plaga» de AAVE que amenazaba con asolar EE. UU. con la plaga de peste bubónica que asoló Europa en la Edad Media: ese dibujo (reproducido en ), de una increíble repugnancia, reproduce a la izquierda un muerto con una rata encima, indicando «1348. Killed by bubonic plague», mientras que a la derecha se refleja una gramática del inglés, debajo de la que se puede leer «1997. Killed by Ebonic plague».
En todo caso, muchos malentendieron la RO, y esto se aplica también a los medios de comunicación. ofrece un ejemplo (muy desafortunado) procedente del Chicago Business: «The Ku Klux Klan could not have come up with a better plan to impede the academic progress of young black children than the idea of teaching Ebonics as a separate language». Esta afirmación revela que el periódico entendió de modo errado la intención del Consejo Educativo. Por otro lado, proporciona una recopilación de titulares de editoriales de periódicos de todo el país, como «Call it bad grammar, not a language», «Black English is merely a form of bad English», «Oakland’s Ebonics farce», «Triumph of Black English gives new creed to street talk», etc., que reflejan profundos prejuicios lingüísticos.
Tampoco faltaron descalificaciones desde el ámbito político-legislativo. Richard Riley, secretario federal de Educación, proclamó que el AAVE no era una lengua, sino un inglés no estándar, «a form of slang» (), rechazo compartido también por Peter Wilson, gobernador del estado de California (). Y tal fue el revuelo causado que incluso se creó una subcomisión en el Senado () dirigida por el senador Arlen Specter, que empezó sus actuaciones el 23/01/1997, solo ocho días después de emitirse la RO corregida. La subcomisión llamó a declarar a muchos testigos, incluyendo varios representantes del Consejo Educativo de Oakland (como su presidenta Jean Quan, entre otros), lingüistas (como el propio Labov), políticos o destacados líderes de la comunidad afroamericana, como el reverendo Jesse L. Jackson.
Dada la extensión del escándalo ante la RO, lo analiza como un gigantesco «pánico moral», generado «when a community of people become aware of an event or person or group which may pose a threat to societal values and interests» (). Ese pánico, provocado por la propuesta de usar el AAVE en clase, se nutrió del potente caldo de cultivo (muy enraizado socialmente) formado por los prejuicios lingüísticos (y sociales) hacia el AAVE y sus hablantes. Por ello, la RO no solo atacó un prejuicio lingüístico extendido en la sociedad (la superioridad del estándar), sino también valores sociales básicos (vinculados con los lingüísticos) (cfr. y ).
En resumen, la RO fue recibida tan hostilmente por dos razones: en primer lugar, la variedad que se sugería introducir en el aula era el ejemplo más claro de variedad lingüísticamente deslegitimada en el sentido de . Por ello, la RO desafiaba el poder simbólico del estándar, vinculado, como sostiene , con la clase poderosa de EE. UU., la clase media y medio-alta blanca, retando así el «white privilege» (). En otras palabras, la RO fue tan agresivamente recibida en el país sencillamente porque aludía a un colectivo desempoderado y marginado, esto es, a un grupo subordinado o subalterno que sufre dominación y opresión estructurales en el sentido de . Por tanto, el motivo central de los ataques al AAVE y a la RO reside en quiénes son sus usuarios, cuyo único «crimen» es «SWB», esto es, «speaking while Black» (). La segunda razón consiste en que la RO fue profundamente malentendida (aunque a ello ayudó en parte su oscura redacción, como el uso de la expresión genetically based). Se entendió (o se quiso entender) que el Consejo Educativo quería enseñar AAVE en clase en lugar del estándar, algo que era un simple mito (recordemos que los alumnos eran nativos en AAVE), pero que se extendió muy rápido. Por ejemplo, el CNN Newsnight del 20/12/1996 (dos días después de promulgarse la RO original) afirmó que «Oakland’s school board has decided to teach Ebonics or ‘Black English’ as a legitimate language» (). El mito era radicalmente falso, pues «[t]he Oakland School District is not replacing the teaching of Standard English with any other language» (), pero, una vez extendido, fue una bola de nieve imposible de parar.
El siguiente subapartado expone las actitudes y creencias imperantes socialmente sobre el AAVE que subyacen al profundo menosprecio con que fue recibida la RO.
3.7. ¿Qué actitudes lingüísticas existían sobre el AAVE? ¿Cuál era la percepción de esta variedad?
Ya que el AAVE es la variedad de un grupo estigmatizado y socialmente excluido, esto ha provocado una visión muy negativa de ella, sujeta a muchos mitos (cfr. y ). No solo se considera un bad English o broken English, sino que se ha erigido en el ejemplo por excelencia de la posición de déficit, según la que «speakers of socially stigmatized dialects have a language deficit that can impede their cognitive and social development» (). Esta posición, pues, sostiene que las variedades no estándares dificultan o limitan el pensamiento y la comunicación; solo el estándar garantizaría un pensamiento y una comunicación plenas (sobre este prejuicio, cfr. , ). Esta posición, que data del siglo XIX (cfr. ), se extendió en la década de 1960, tomando al AAVE como su ejemplo paradigmático, algo asentado (como es fácil suponer) en un profundo racismo «científico» () que consideraba a los africanos como seres inferiores a los blancos, biológica e intelectualmente.
En lo que respecta al AAVE, la posición de déficit sostenía que «black ghetto children show a cultural, cognitive, and/or linguistic deficiency» (). En la defensa de esa posición destacó la escuela psicológica de los «linguistic-cognitive deficit theorists», integrada también por educadores (cfr. ). Por ejemplo, mientras diseñó tratamientos que permitirían «curar» a los alumnos hablantes de AAVE, afirmaban que esta variedad representaba «not merely an underdeveloped version of standard English» sino también «a non-logical mode of expressive behavior […] lacking the formal properties necessary for formulating cognitive concepts». sostuvo que algunos rasgos del estándar, como la cópula (to be), son necesarios para el pensamiento abstracto, por lo que los afroamericanos, que suelen omitir la cópula (cfr. infra), tienen más dificultades para ese tipo de pensamiento; así, «black ghetto students will get statistically significantly higher scores on measures of abstract thinking when they have mastered the grammar of standard English» (). Desde una perspectiva más general, sostuvo, basándose en parte en el ámbito lingüístico, que los niños afroamericanos son menos inteligentes que los blancos por causas genéticas, mientras que, según , los alumnos hablantes de AAVE no pueden adquirir nociones matemáticas de modo comparable a quienes usaban el estándar. Estos juicios de valor revelan un hediondo olor a racismo.
Aunque formalmente desaparecida, la posición de déficit en realidad sigue viva de manera implícita: por ejemplo, cuando algunos afroamericanos obtienen éxito en las prácticas lingüísticas académicas, «these perceptions position them as ‘exceptional’ in relation to other members of racialized populations» (). En resumen, el uso del AAVE sigue siendo aún «a sign of deprivation—cultural verbal, or intelectual» ().
Es obvio que la posición de déficit se sustentaba en falacias. Como afirmó , sus asertos centrales «are based upon the work of educational psychologists who know very little about language and even less about Negro children». Hay que destacar que la lingüística tuvo un papel decisivo en su rechazo, empezando por el propio , trabajo que la rebate desde el ámbito lingüístico, evidencia la lógica interna del AAVE, basada en reglas gramaticales sistemáticas y específicas, y formula en su lugar la posición de diferencia, que es la base del pensamiento lingüístico sobre la variación y las variedades: «Because no one linguistic system can be shown to be inherently better, there is no reason to assume that using a particular dialect can be associated with having any kind of inherent deficit or advantage» (). La razón es diáfana: toda variedad, sea o no estándar, puede representar o comunicar cualquier aspecto, pues todas son igualmente complejas, y esto se aplica también al AAVE, que «is a rational, rule-governed linguistic system just like any other language or language variety; it is not just bad, broken, careles, or lazy English, nor is it a degrading reflection of an untrained or even inferior intelligence» (). Tal como explica , la consideración defectuosa del AAVE y de sus hablantes es un prejuicio lingüístico derivado de una actitud prescriptiva ante la diversidad lingüística, que pretendía eliminar la variación dialectal e imponer una variedad estándar única y uniforme. En este sentido, ya afirmaba que el objetivo de los procesos de estandarización es «terminar con la variación y establecer un sistema único y uniforme para todo un grupo social».
En realidad, la posición de déficit, y la supuesta inferioridad del AAVE (o de cualquier otra variedad), es una construcción ideológica erigida por las clases dominantes y que responde directa y únicamente a sus intereses. Opera por un lado minusvalorando los rasgos (culturales, conductuales, lingüísticos, etc.) de los grupos y colectivos subalternos y, por otro, presentando falsamente los rasgos de las clases dominantes como «intereses de toda la sociedad» (). En este sentido, ya denunciaban que:
[e]n general, los segmentos dominantes de cualquier sociedad hablan sobre sus intereses particulares, sus preferencias, sus estilos de vida, que conciben como expresiones concretas de la nacionalidad. De este modo, los grupos sometidos, que tienen sus propias preferencias y estilos de vida, no pueden hablar de los mismos como de expresiones nacionales. Les falta el poder político y económico para poder hacerlo. Solo aquellos que tienen poder pueden generalizar y decretar que sus características de grupo son representativas de la cultura nacional. A partir de lo cual el grupo dominante desprecia necesariamente todas las características pertenecientes a los grupos sometidos, ya que se desvían de los patrones establecidos.
De esa minusvaloración de las características de los grupos subalternos surge precisamente la posición de déficit. Desde diferentes presupuestos, autores como , , o coinciden en sostener que los estratos dominantes de la sociedad reinterpretan automáticamente las diferencias (por ejemplo, lingüísticas) de los grupos subalternos como deficiencias, como rasgos «inferiores» y que por ello son «condenables», en vez de como lo que son, simples diferencias producidas por la complejidad de toda sociedad, y especialmente de las sociedades modernas. Por ello, «diversity is viewed as deviance; and differences are viewed as deficits» (). Y esta estrategia, gracias a la fortaleza de los medios con que el poder extiende su ideología, es asumida acríticamente por la sociedad.
Sin embargo, las creencias sobre el carácter inferior o degenerado (bad English) del AAVE, extendidas gracias a esa manipulación ideológica que presenta las diferencias como deficiencias, son rotundamente falsas, como ha mostrado la lingüística: son meros prejuicios. No solo el AAVE tiene reglas, sino que estas son tan complejas como las del estándar; simplemente, las reglas difieren en ambas variedades. Esto fue mostrado contundentemente por muchos análisis, como Baugh (), (), (), , , (), Labov (), (), , , (), , , , , , , o entre otros. Estos trabajos son excelentes muestras de la dignificación lingüística del AAVE y del rechazo, sobre bases puramente lingüísticas, de su supuesta inferioridad. A pesar de ello, los argumentos lingüísticos no han podido calar en la sociedad, de modo que «AAVE is not accepted, and may never be accepted as a socially viable language by the majority of U.S. English speakers» ().
Por ejemplo, la elisión de la copula (to be) es uno de los rasgos más denostados del AAVE (cfr. ). Pero esto ignora meticulosos análisis ya clásicos (Baugh , , , ) que muestran que la elisión se rige por reglas muy específicas. sistematiza diez reglas, resumibles en que la cópula solo se puede elidir opcionalmente en presente como caso no marcado (he good), lo que implica que su elisión no es factible si tiene stress por ir al final de la secuencia, si es negada, si está en pasado o si expresa en presente un aspecto habitual. Además, ese rasgo tan criticado del AAVE existe en muchas otras lenguas, como árabe, ruso, suahili, húngaro, etc., en las que sin embargo la elisión no recibe crítica alguna (). Por tanto, «a close examination of the empirical evidence repudiates the claim that Black English is less logical than standard English or is incapable of abstractions» ().
Por otro lado, la idea muy extendida de que, mientras el estándar es una variedad regular y sistemática el AAVE presenta los rasgos contrarios (no regular, asistemática, etc.), es también falsa desde la óptica lingüística. Por ejemplo, señala que en inglés estándar hay dos maneras de expresar una acción referida al presente (she works, ‘trabaja de modo regular’, y she is working, ‘está trabajando actualmente’); sin embargo, el AAVE posee de hecho más distinciones que el estándar: she work y she workin tienen valores semejantes a las correspondientes formas estándares, pero hay una opción más no existente en estándar, she be workin. Esta forma no es una versión «degenerada» de she is working, sino que indica intermitencia, expresando que la persona trabaja a veces y otras no. Hay, pues, una distinción temporal-aspectual que el estándar no conoce (aunque puede expresarla con otros medios). En resumen, la minusvaloración del AAVE no puede erigirse sobre bases lingüísticas sino solo sociales. lo explica muy bien: «if the elite members of a society, or other people who are widely admired, speak a certain way, then that way is what gains social favor, and other equal serviceable types of speech get relegated to ‘substandard’ status». En el caso del AAVE esto es agravado por el profundo racismo hacia sus hablantes.
3.8. ¿Cómo fue recibida la resolución de Oakland por el propio colectivo afroamericano?
La respuesta es paradójica: la RO fue recibida por la comunidad afroamericana tan hostilmente como por la sociedad en general. Muchas madres y padres afroamericanos se opusieron a ella ferozmente porque temían (de manera absolutamente errada) que sus hijos ya no podrían adquirir el estándar porque sería sustituido en clase por el AAVE. En otras palabras, temían la «linguistic ghettoization of their children» (), y el veto a su ascenso social, que juzgaban necesariamente vinculado al uso del estándar. De hecho, referencias como o muestran que los padres afroamericanos creen que el AAVE limita las opciones académicas (y posteriormente, las laborales y sociales), por lo que, tristemente, consideran las escuelas «as the very places where children can and should be able to escape the nonstandard language of the street and the less educated» ().
Pero también hubo rechazo a la RO por parte de destacados líderes afroamericanos muy comprometidos con su comunidad, lo que no impidió que la atacaran con dureza. Aunque ellos mismos eran hablantes de AAVE, estos líderes «went so far as to assert that Ebonics was neither a language not a dialect but little more than slang or ‘bad’ English» (), además de creer que la propuesta de Oakland limitaría aún más los logros académicos del alumnado. Por ejemplo, el reverendo Jesse L. Jackson, un gran referente afroamericano en la lucha por los derechos civiles de este colectivo, sostuvo que la RO suponía enseñar «the black slang of the ghetto» (), de manera que afirmó tajantemente que «I oppose any suggestion of teaching an ungrammatical language pattern or of elevating it into a language» (). Por otro lado, según la escritora Maya Angelou, la RO «could encourage black students not to learn standard English» () (de nuevo se aprecia la mala comprensión del contenido de la RO). El cómico afroamericano Bill Cosby denominó la propuesta del Consejo Educativo como «Igno-Ebonics» (, ), burlándose de que el AAVE pudiera ser visible en clase. Y Kweisi Mfume, presidente de la National Association for the Advancement of Colored People, indicó que la RO era «a cruel joke» ().
No era esta la primera vez que los afroamericanos se oponían a la presencia del AAVE en clase; ya había sucedido previamente (cfr. , ) con algunos libros de lectura (Readers) que usaban el AAVE como un puente para poder transitar hacia el estándar, porque tenían el mismo recelo infundado de que sus hijos no aprenderían la variedad prestigiosa. Otros casos tratados en también muestran que algunos programas educativos que adoptaban el AAVE «have been derailed by Black elites» (). En resumen, «[p]ressure to assimilate to *SAE [Standard American English, VML] norms originates from outside and from inside the African American community» ().
En todo caso, el rechazo a la presencia de la variación en clase no solo se aplica al AAVE. El lingüista Walt Wolfram ha desarrollado programas de conciencia dialectal para escolares (cfr. , Wolfram et al. , ) que propuso implementar en colegios. Sin embargo, «I was repeatedly denied permission for almost a decade to pilot these programs in the public schools—by principals, teachers, and parents who worried that the programs might teach students to speak ‘bad language’» ().
La hostilidad de muchos afroamericanos ante la RO se asienta sobre un factor mucho más profundo, como es el rechazo a su propia variedad (cfr. ), hasta el punto de que, para muchos de ellos,
reference to AAE [African American English, VML] as a legitimate variety is a source of embarrassment, as it carries with it the stigma of inferiority and the stereotype that African Americans cannot speak (or learn to speak) mainstream English. On their part, the issue is simple: AAE is the incorrect use of mainstream English, and not using the standard correctly suggests that speakers are ignorant, lazy, or both ().
Según , mientras que en la época de la esclavitud el grupo dominante (los blancos) ejercía su poder de modo tiránico, ahora lo ejerce por medios más «sutiles», siendo uno de ellos precisamente el haber logrado que los afroamericanos acepten plenamente la ideología del estándar: «The dominant group has succeeded in achieving almost unanimous consent that Ebonics is bad and should be rejected, and that Standard English is good and should be the only acceptable variety» (). Pero ya que ese estándar aceptado por todos, afroamericanos incluidos, está vinculado con los blancos, el grupo de poder por antonomasia, esto significa que «White ways of speaking become the invisible— or better, inaudible—norm» ().
Expandiendo el argumento de , sostiene que el rechazo afroamericano a su propia variedad se puede insertar en el proceso que Paulo Freire (con influencia de autores como Memmi 1965) denominó invasión cultural (Freire , , , ). Según , ese proceso consiste en «la penetración que hacen los invasores en el contexto cultural de los invadidos», entendiendo «contexto» en sentido amplio: cultural, económico, social y (aunque Freire apenas lo abordara) también lingüístico, pues los afroamericanos han sido y son instados a menospreciar su propia variedad. Para que la invasión sea exitosa desde la óptica del invasor, deben cumplirse dos condiciones fundamentales: la primera «radica en que los invadidos se convenzan de su inferioridad intrínseca» (); la segunda consiste en que, en la misma medida, se convenzan de la superioridad del invasor. Por ello, los oprimidos «“alojan” al opresor en sí» () asumiendo los valores del opresor (también los lingüísticos) y comportándose como él. Esto provoca que los oprimidos desvalorizan sus propios rasgos y «quieren, a toda costa, parecerse al opresor, imitarlo, seguirlo» (). En ocasiones, la dominación es visible y otras es disfrazada, y en este segundo caso el invasor «se presenta como si fuese el amigo que ayuda» (); en lo que concierne al AAVE, «ayudando» a los hablantes a sustituir su variedad por el estándar, bajo la promesa de una vida mejor, de mejores oportunidades, etc.
Por todo ello, el AAVE representa, a mi juicio, el mejor ejemplo de cómo opera el potente mecanismo de invasión cultural y de su gran éxito en la colonización de las mentes invadidas. Las actitudes de rechazo de muchos afroamericanos hacia su variedad, considerándola bad English, se deben a la gran penetración de la invasión cultural en ellos, a la imposición que resulta de la propia relación de subordinación con respecto a los invasores o colonizadores. Y esta relación de subordinación, que proclama la superioridad del invasor (clases dominantes), es muy potente, al haberse reproducido durante muchos años, con lo que los invadidos, víctimas de la ideología del estándar, han llegado a asumir que sus rasgos y valores, y entre ellos de manera central el AAVE, son inferiores. Como afirma , «Failure to conform could indeed cost them a job, and if there is no job, there is no food, no shelter, and possibly no life. We should not be surprised then that so many African Americans embrace and cling to the standard language ideology. They are convinced that it is necessary for their survival».
El éxito de la invasión cultural en una gran mayoría de afroamericanos se refleja en estas palabras de : «We are convincingly told that who we are — African American Language speakers —is not who we should want to be». El proceso de invasión cultural es demasiado potente y largo en el tiempo como para poder resistirse a él.
3.9. ¿Deberían los afroamericanos aprender la variedad estándar?
La respuesta casi unánime a esta pregunta es sintetizada por : «Almost everyone believes that all students who speak Ebonics should be required to learn SE [standard English, VML]». Como ya se señaló, muchos afroamericanos creen firmemente que sus hijos deben aprender el estándar para poder tener más oportunidades en la vida. Esta opinión es mayoritaria incluso entre los académicos afroamericanos. la sostuvo desde premisas instrumentales: conocer el estándar otorga más opciones a los afroamericanos en el ámbito laboral, entre otros. Por supuesto, esto no implica que se les vayan a abrir todas las puertas (no olvidemos el racismo existente en EE. UU.), pero al menos permite, según Baugh, romper la barrera de la lengua para el trabajo. La filosofía de esta perspectiva instrumental sobre el estándar la resume : «There is nothing inherently superior about mainstream English, but it is required in the workplace because it is the language of the people of power».
Ni siquiera un activista como Robert L. Williams, proponente del término Ebonics, se opuso a que los alumnos afroamericanos adquirieran la variedad estándar: «It is clearly in the nation’s best interest to produce African American children who can speak, read, write, and comprehend Standard English and at the same time preserve the rich cultural heritages of our people» (). Pues bien, la RO asumía esta misma razón pragmática, instrumental, al proponer utilizar el AAVE para reforzar el conocimiento del estándar. No obstante, hay que resaltar que esto tiene un precio muy oneroso, como es el de plegarse por completo al mensaje propagado por la ideología del estándar, propia de los blancos: «Learn our language, be like us, or we will discriminate against you» (). Esto implica que aprender el estándar para tener mayores opciones laborales significa aceptar que el AAVE no es adecuado en ese entorno (o en cualquier otro, como el académico, etc.), tal como razona . En el ámbito escolar, «[t]his lack of equality of language clearly contributes to a lack of equality in the schools» (). Y esto atenta además contra la esencial igualdad (mostrada de modo inequívoco por la lingüística) de todas las variedades lingüísticas. Por estas razones, existe una respuesta muy diferente, aunque minoritaria entre los académicos, que consiste en resistir, no ceder ante la presión ejercida por la ideología del estándar.
Esta es la posición de , que prima el carácter identitario y simbólico del AAVE y deja de lado la óptica instrumental. Como señala de modo descarnado, «Telling children that White Mainstream English is needed for survival can no longer be the answer, especially as we are witnessing Black people being mishandled, discriminated against, and murdered while using White Mainstream English», a pesar de las promesas de la ideología del estándar de que «speaking White Mainstream English will save linguistically marginalized people of color» (). Nótese que este es de hecho el argumento que adopta la perspectiva instrumental. Baker-Bell reclama colocar el AAVE (al que denomina Black Language) «at the center of Black students’ language education and experiences» (). Lo contrario supondrá seguir aceptando y reproduciendo una profunda injusticia lingüística resumible en la supremacía lingüística blanca. En suma, esta autora pretende asegurar a los afroamericanos «the same kind of linguistic liberties that are afforded to White students» ().
3.10. ¿Se posicionaron los lingüistas en la polémica sobre la resolución de Oakland?
Los lingüistas se posicionaron rotundamente ante la salvaje cacería que sufrió el Consejo Educativo de Oakland, mostrando la responsabilidad social esperable de ellos como profesionales del lenguaje. La Linguistic Society of America (en adelante, LSA) emitió una resolución (; cfr. apéndice III) que apoyaba la RO y rebajaba al tiempo la gran trascendencia otorgada por muchos a declarar el AAVE como una lengua diferente del inglés. indica cómo se gestó la resolución de la LSA. El lingüista Geoffrey Nunberg propuso su redacción a Rickford, que en aquel momento era miembro del comité ejecutivo de la LSA. Este preparó el borrador el 01/01/1997, aprovechando la celebración del 71 LSA Annual Meeting en Chicago del 2 al 5 de enero. Ese borrador fue mínimamente modificado por el Comité Ejecutivo el 02/01/1997 y aprobado por el pleno de la LSA el 03/01/1997. La resolución, aducida por el Consejo Educativo de Oakland para tratar de frenar las críticas más furibundas, tuvo gran repercusión a nivel nacional, no solo porque era la respuesta de los estudiosos del lenguaje a la polémica sino también porque fue presentada ante cadenas nacionales de televisión convocadas por la Universidad de Stanford, de la que Rickford era profesor.
El breve pero contundente documento de la LSA constaba de 4 puntos. Tras afirmar en el 1 que el AAVE «is systematic and rule-governed like all natural speech varieties», el 2 rebajaba la importancia de que la RO considerara el AAVE no como una variedad del inglés sino como otra lengua. Con toda la razón sostenía la LSA que la distinción lengua/dialecto se basa más en criterios extralingüísticos (políticos o sociales) que en criterios estrictamente lingüísticos. Por tanto, «[w]hat is important from a linguistic and educational point of view is not whether AAVE is called a ‘language’ or a ‘dialect’ but rather that its systematicity be recognized». El punto 3 realzaba las ventajas de mantener las variedades no estándares y la diversidad lingüística, sosteniendo al tiempo las ventajas de adquirir el inglés estándar, y el 4 declaraba que el uso del AAVE en el aula «is linguistically and pedagogically sound», un gran refrendo para la propuesta central de la RO.
Sobre el punto 2, la cuestión de si el AAVE es una lengua o una variedad, es arduo tratar lingüísticamente la diferencia entre lengua y variedad o dialecto, porque ambas forman un continuum () en el que es difícil conocer dónde empieza una y acaba otra. Por ello, el punto relevante de la RO consistía en afirmar la «legitimacy and richness» del AAVE, y no si este era una lengua o un dialecto. Tanta es, de hecho, la dificultad de separar nítidamente ambas nociones que esta cuestión es «[o]ne of the most difficult theoretical issues in linguistics» (). Por su parte, señala que ese problema, referido al AAVE, «is not one that can definitively answered by linguistics. Ultimately, this is a political, not a linguistic question». Por tanto, la afirmación de la RO, que podría disponer de alguna ventaja, no debería usarse para ridiculizar al Consejo Educativo, cuyo punto central era muy distinto: usar el AAVE como herramienta para acceder al estándar.
Aunque la resolución de la LSA en defensa de la RO fue la primera, no fue la única; a ella siguieron resoluciones de otras asociaciones lingüísticas profesionales, como la de la American Speech-Hearing Association, con unos 90 000 miembros, que reconoció el AAVE como una variedad más y rechazó que ninguna variedad sea una forma patológica de habla. A ellas se fueron añadiendo resoluciones en la misma línea de otras asociaciones como TESOL, American Association for Applied Linguistics, Conference on College Composition and Communication, Center for Applied Linguistics o California Association for Bilingual Education (la mayoría de estas resoluciones se recogen en ).
3.11 ¿Era revolucionaria la solución educativa sugerida por el Consejo Educativo de Oakland?
Aunque el enorme revuelo causado por la RO pudiera indicar que su idea central, el uso de la variedad nativa como herramienta para acceder al estándar, era radical o revolucionaria, en realidad no lo era tanto. Sin duda, lo hubiera sido si el objetivo del Consejo Educativo hubiese sido erradicar la enseñanza del estándar, pero este no era el caso, a pesar de las erradas concepciones surgidas al respecto.
En consecuencia, tiene razón al escribir que «the underlying goal of the Oakland school actually has been quite conservative and even assimilationist with respect to its advocacy of proficiency in Standard English», que es la variedad de la clase media y media-alta blanca. A pesar de ello, se generó un gran escándalo sin razón alguna, cuando el programa que pretendía implementar la RO era en realidad un mero «standard English proficiency program» (). En ningún momento se dudó de ese objetivo; el problema era cómo llegar a él, cómo hacer que los alumnos aumentaran su dominio del estándar para mejorar sus resultados educativos.
3.12. ¿Era realmente novedosa la resolución de Oakland?
No solo era conservadora la RO, sino que ni siquiera su propuesta central de enseñar el estándar mediante la utilización de la variedad nativa del alumno era nueva. Por un lado, adoptar la lengua nativa para enseñar una L2 es un enfoque muy usual (, ), empleado de hecho en EE. UU. para enseñar inglés a asiáticos, hispanos o nativos norteamericanos. Esta es la esencia de la RO: partir del conocimiento lingüístico (y cultural) del alumnado. En segundo lugar, ya existía antes de la RO un programa con semejante objetivo, Standard English Proficiency (desde ahora, SEP), creado en 1981. Dirigido a afroamericanos y aplicado en cerca de 300 escuelas de California, el programa se basaba en un análisis contrastivo entre AAVE y estándar. indica que el objetivo de la RO era precisamente extender el programa SEP, que proponía utilizar el AAVE para enseñar el estándar.
Pero, como apunta , eso supuso una paradoja entre, por un lado, el gobierno federal, que negaba fondos para nativos de inglés que no dominan la variedad estándar y, por otro, el propio programa SEP, que los otorgaba para que el colectivo afroamericano llegase a adquirir mejor el estándar. Según el gobierno federal, no dominar la variedad estándar no supone barrera alguna, pero esto ignoraba el hecho, obvio a la luz de la experiencia vital de muchos afroamericanos, de que «a language barrier need not exist only when someone is speaking a language other than English» ().
Tampoco era novedosa la solución planteada por la RO desde una perspectiva legal. En 1979 se dictó la sentencia de un juicio, conocido como Black English Trial, o King vs. Ann Arbor, que tuvo una gran repercusión nacional: once afroamericanos de entre 5 y 11 años, alumnos de la Martin Luther King Junior Elementary School (distrito escolar de Ann Arbor, Michigan), fueron remitidos a clases de educación especial tras considerar un logopeda del colegio que mostraban un desarrollo lingüístico anormal y un hándicap intelectual (una muestra de la posición de déficit en estado puro). La mayoría de los alumnos del colegio eran blancos de clase media y alta, mientras que los afroamericanos constituían solamente un 13 %. Pero, frente al resto, esos once niños padecían condiciones socioeconómicas muy desfavorables. Tras ser apartados de las clases regulares, sus padres interpusieron una demanda en 1977, argumentando que el colegio había ignorado la variedad lingüística de esos alumnos, lo que provocó que no pudieran aprender a leer ni a usar el estándar adecuadamente. Ganaron la demanda, al resolver el juez federal Charles W. Joiner que los niños usaban una variedad lingüística sistemática (el AAVE), pero «a language barrier existed between the plaintiff children and the teachers in the Martin Luther King Junior Elementary School because of the failure of the teachers to take into account the home language or dialect of the children in trying to teach them to read standard English» (). En suma, según Joiner, el colegio no podía ignorar el conocimiento lingüístico del alumno. En consecuencia, instó al centro a
submit to this court within thirty (30) days a proposed plan defining the exact steps to be taken (1) to help the teachers of the plaintiff children at King School to identify children speaking «black English» and the language spoken as a home or community language, and (2) use that knowledge in teaching such students how to read standard English (Joiner 1979: 18).
El caso de Ann Arbor es muy importante porque «it set a sociolinguistic precedent; for the first time, research and scholarship on AAL was inscribed in legal history» (). Además, provocó la aparición del programa SEP dos años después. Y, a su vez, la RO se inspiró en el éxito mostrado por los alumnos de la Prescott Elementary School de Oakland (), única escuela del distrito que participaba en el programa SEP, que usaba el AAVE como vía de acceso al estándar.
3.13. ¿Era la resolución de Oakland viable desde la óptica pedagógica?
La respuesta es categórica: sí lo era, sin duda alguna; el estándar se llega a dominar mejor si se parte del AAVE, erigiendo el nuevo conocimiento sobre el ya existente en el alumno, algo sobre lo que hay una unanimidad absoluta (, , ). Esto fue mostrado por el programa SEP, porque allí donde se implementó fue exitoso (): aunque los afroamericanos seguían por detrás de los blancos en su dominio del estándar, la gran diferencia previa se redujo de manera muy significativa. Por ello, la decisión de la RO tenía un incuestionable apoyo científico ().
En realidad, ese éxito había sido mostrado de manera previa incluso al SEP en varios estudios (cfr. ). Por ejemplo, Williams & Rivers (1973) adaptaron el Boehm Test of Basic Concepts desde el estándar al AAVE, pasando ambas versiones a 900 alumnos de preescolar y de los grados 1-2. Como era esperable, los afroamericanos obtuvieron resultados bastante más altos en la versión que usaba el AAVE. Otro estudio se convirtió en un clásico, (cfr. también ). Este trabajo desarrolló el programa Bridge, un programa puente de lectura que procedía «from the known to the unknown» (): del AAVE al estándar. El programa usaba tres Readers para narrar las mismas historias: el primero las reflejaba en AAVE, el segundo era de transición (50 % en AAVE y 50 % en estándar) y el tercero las reflejaba en estándar. Los Readers se testaron en más de 400 alumnos de los grados 7-12 de cinco áreas del país: Chicago, Phoenix (Arizona), Washington D.C., Memphis (Tennessee) y Macon County (Alabama). Los resultados, comparados con los del grupo de control correspondiente, fueron inequívocos: los alumnos del programa mostraron un aumento de 6.2 meses en sus índices de lectura durante los 4 meses de duración del programa, pero el grupo de control solo tuvo un aumento de 1.6 meses en esos mismos 4 meses (cfr. , ). Por tanto, el programa Bridge «reduces the cultural distance between the student and first reading materials, and also reduces cognitive impediments to reading» (). A pesar de esos logros, nunca se llegó a ejecutar porque, entre otras causas, de nuevo los «black ‘leaders’ killed the idea» ().
El enfoque de se insertaba en la tradición de los Dialect readers, materiales reflejados en estándar y AAVE (cfr. y especialmente ). Es cierto que los Readers presentaban algunos aspectos problemáticos (expuestos por y ), si bien tenían la gran ventaja de legitimar el AAVE en el aula. Sin embargo, tal como discute , estaba libre de esos problemas, aunque esto no sirvió para su implementación.
Los Dialect readers no fueron la única manera en que se implementó el AAVE en el aula: (cfr. también ) sistematiza tres enfoques sobre cómo usar el AAVE para apoyar la educación de los afroamericanos. Además de los Readers citados, estaba el enfoque lingüístico, basado en ideas de , que entre otros aspectos diferenciaba entre errores de lectura y diferencias de pronunciación, y también el análisis contrastivo, que prestaba atención explícita a las diferencias entre el AAVE y el estándar. Con respecto a este último método fueron muy destacables los resultados de un estudio () efectuado en Aurora University, situada en la ciudad de Aurora, a 60 kms. de Chicago. Taylor trabajó con estudiante afroamericanos que usaban muchos rasgos del AAVE al escribir en estándar. El grupo que usó el análisis contrastivo mostró tras 11 semanas que la aparición de rasgos de AAVE al escribir en estándar descendió un 59 %, pero en el grupo de control esos rasgos no solo no disminuyeron, sino que aumentaron un 8.5 %.
En resumen, todos estos casos (y otros) revelan la efectividad de usar la variedad nativa para adquirir el estándar, pues «the most appropriate instruction builds on what learners already know» (). De ahí que señalara que «to continue with traditional approaches in the light of their dramatic failure rates, and to ignore innovative methods of taking the vernacular into account, despite their success and promise, represents an unconditional surrender, bordering on disgrace».
3.14. ¿Se han superado los problemas educativos de los afroamericanos a los que quiso hacer frente la resolución de Oakland hace casi 30 años?
Apenas tres años después de ser promulgada la RO, notaba que «most black students are still too far behind», al seguir precisando necesidades educativas en general y lingüísticas en particular. Más recientemente, este mismo autor, uno de los mayores expertos en la educación de los afroamericanos (cfr. , , , , , , ), sostiene que los problemas que atenazaron en su día al distrito de Oakland siguen aún vigentes, por lo que «[t]he Ebonics controversy was never resolved» (). A pesar de varias propuestas de reformas educativas por parte del gobierno federal, los afroamericanos han sido ignorados por ellas, de manera que «[f]ederal funding for language arts education for USSD [U.S. slave descendants, VML] is nearly nonexistent» (). En consecuencia, «educational programs have been sporadic or nonexistent in many schools that serve significant numbers of African American students» ().
Tanto es así que esta situación ha sido recientemente reconocida por el Presidente de EE. UU. Joe Biden, quien con fecha de 19/10/2021 promulgó la Executive Order14050 (White House Initiative on Advacing Educational Equity, Excellence, and Economic Opportunity for Black Americans ). El documento señala que, a pesar de algunos avances,
entrenched disparities continue to plague America’s education system, holding far too many Black students back from achieving their full potential. Because of persistent racial and systemic injustices in our Nation, Black students remain more likely to attend high-poverty and racially segregated schools than White students. Black students are inequitably disciplined and suspended from school at disproportionately higher rates than White students for similar offenses. In addition, Black students too often face limited access to advanced and college-preparatory courses. Systematic racial disparities in education negatively impact learning outcomes for Black students and many face persistent gaps in reading and mathematics achievement. Studies show that school districts with high concentrations of Black students are much more likely to be underfunded than districts where a majority of students are White, and face much wider funding gaps, with an average deficit of more than $5,000 per student. Black students are still below the national average for educational attainment rates, as 26 percent of Black Americans ages 25 and older have attained a bachelor’s degree, while the national average is 36 percent.
En resumen, la justicia educativa y la social siguen brillando por su ausencia en EE. UU. para muchos afroamericanos. Escribía que «[t]he brutal truth is that the bulk of white people in American never had any interest in educating black people, except as this could serve white purposes». Casi medio siglo después, la persistencia de un grave problema educativo que afecta a esos alumnos parece dar la razón plena a James Baldwin.
4. CONCLUSIONES
Este trabajo ha analizado mediante una perspectiva glotopolítica la gran polémica que, sin pretenderlo, provocó el Consejo Educativo del Distrito Escolar Unificado de Oakland a fines de 1996 y comienzos de 1997, cuando emitió la RO en sus dos versiones. Sin embargo, la única intención que guio al Consejo Educativo fue tratar de revertir los malos resultados obtenidos por la mayor parte de estudiantes afroamericanos, muy inferiores a los conseguidos por el alumnado blanco. Un factor central en esos resultados consistía en que la variedad nativa de los estudiantes afroamericanos era el AAVE, pero la educación se desarrollaba mediante la variedad estándar, con la que no estaban en absoluto familiarizados. La RO simplemente reconocía la riqueza estructura del AAVE e instaba a usarlo en el aula, no como un fin en sí mismo sino como una mera herramienta para que los estudiantes pudieran acceder al estándar.
A pesar del objetivo puramente pedagógico de la RO, esta fue recibida de manera enormemente negativa, hasta el punto de que el Consejo Educativo de Oakland fue puesto en la picota y vilipendiado en todos los niveles: social, informativo, político e incluso educativo. El lenguaje es un elemento enormemente sensible para las personas, por lo que las reacciones ante un posicionamiento «político» (en el sentido de la glotopolítica) como la RO pueden llegar a ser viscerales, como fue el caso. En realidad, cualquier actuación lingüística dispone de amplias repercusiones sociales, sobre todo si esa actuación desafía el estatus simbólico del estándar, pretendiendo dar valor a una variedad profundamente estigmatizada propia de un grupo subalterno profundamente menospreciado. El principal problema de la RO era, simplemente, en qué contexto social surgió, qué variedad trató de introducir en el aula, dominio exclusivo del estándar, y quiénes eran sus hablantes.
Más allá de ello, cuando se aborda un conflicto educativo, y sobre todo uno que generó una gran polémica como el tratado en estas páginas, el aspecto más importante, más allá de las enseñanzas valiosas que se puedan extraer de él, es constatar que se pudo solventar o, en su defecto, que se pusieron las bases para resolverlo, para el consiguiente beneficio de los alumnos que lo sufrían y de la sociedad (en sentido amplio) que lo amparaba. Por desgracia, no es este el caso del conflicto de Oakland, al no existir atisbos de su resolución (cfr. 3.14). Por ello, este apartado finaliza ofreciendo diez conclusiones que, a mi juicio, son tan pesimistas como realistas sobre la polémica de la RO.
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Los prejuicios sobre la variación lingüística siguen estando muy extendidos en la sociedad, por lo que existe un «widespread level of public misinformation» (), a pesar de los esfuerzos de la lingüística en general y la sociolingüística en particular para combatirlos y erradicarlos (cfr. ). Es descorazonador percibir cuán difícil es desterrar las creencias vigentes sobre la naturaleza «incorrecta», «inferior» o «degenerada» de ciertas variedades lingüísticas, entre las que aparece el AAVE de modo paradigmático, especialmente cuando se comparan con la variedad estándar. Señalaba que los educadores, los legisladores y la sociedad en general «are not yet ready» para aceptar que las variedades estigmatizadas están regidas por reglas. La polémica de la RO revela que la reflexión de Baron es muy certera.
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Esto sugiere una profunda paradoja: sin duda, el lenguaje es un instrumento fundamental para la racionalidad humana, pero al tiempo las creencias y actitudes sobre él pueden llegar a ser irreflexivas, irracionales y prejuiciosas, producto de la asunción de la perspectiva prescriptiva por parte de la sociedad.
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Esos prejuicios hacia la variación intralingüística, de por sí robustos, se exacerban aún más cuando se proyectan al ámbito educativo. Cuestionar la exclusividad del uso del estándar en el aula genera un gran revuelo social y mediático, porque introducir la variación en clase no solo cuestiona los valores lingüísticos predominantes en la sociedad, sino también los valores sociales fuertemente vinculados con aquellos.
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De modo tan sorprendente como decepcionante, la polémica sobre la RO no solo revela la gran extensión de los prejuicios lingüísticos, como se señaló en el punto 1, sino incluso cuán robusta es la posición de déficit sobre la variación lingüística (o cultural) en la sociedad estadounidense (pero no solo en ella). Esto es muy grave: no solo atenta contra los derechos lingüísticos sino que, además, cuestiona gravemente la dignidad de muchos seres humanos y de un aspecto central en su identidad individual y grupal, como es su variedad lingüística nativa.
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Ciertamente, el escándalo generado por la RO fue muy acusado, dadas las especiales características asociadas al AAVE, como son su fuerte estigmatización lingüística y la estigmatización social de sus hablantes. Pero esto no significa que en otros casos no tan extremos la variación podría introducirse de manera más sencilla en el colegio: la variación es considerada usualmente por el aparato educativo como un problema que se debe evitar en lugar de como una riqueza que se debe apreciar y fomentar. En resumen, el aula no es buen compañero de la variación, a pesar de que, por muchas razones, «school should be more understanding and tolerant of NS [non-standard, VML] dialects and should be free of dialect prejudice» ().
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Las características especiales del AAVE explican que la recepción de la RO produjera una caza de brujas contra el Consejo Educativo de Oakland, a pesar de que el único objetivo del distrito era enfrentarse a un grave problema educativo sufrido por los afroamericanos y de que la propuesta de la RO estaba científicamente motivada, porque «[r]esearch clearly shows that inclusion of marginalized varieties in the curriculum along with the standard […] has clear educational advantages» ().
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Lo anterior revela, lamentablemente, que las ideologías lingüísticas se superponen a las necesidades educativas de muchos estudiantes, que son paradójicamente ignoradas por el sistema educativo cuando entran en conflicto con los valores lingüísticos y sociales aceptados.
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La polémica sobre la RO revela también que el fracaso educativo de una gran minoría de estudiantes (la afroamericana) responde claramente a causas estructurales, sin que los poderes educativos muestren mucha intención de revertirla. Por tanto, no parece existir interés en que los afroamericanos (entre otros colectivos, como los latinos o los nativos norteamericanos) reciban una educación de calidad, en sintonía con la educación que reciben los alumnos blancos, a pesar de ser ciudadanos del mismo país. Esta situación, en suma, revela el fracaso de esa sociedad para con muchos de sus jóvenes.
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La problemática lingüística, educativa y social a la que diariamente deben enfrentarse los afroamericanos implica «the continued existence of internal colonies in a postcolonial world, the existence of subaltern peoples, an underclass whose voice remains unheard» (). Esto no debería existir a finales del siglo XX ni en el siglo XXI, y menos aún en un país que presume de una democracia muy antigua como EE. UU.
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En relación con el punto anterior, la polémica de la RO revela prácticas coloniales actuales que recuerdan a las europeas de antaño. Escribía que «[h]ace dos siglos, una antigua colonia europea [EE. UU., VML] decidió imitar a Europa. Lo logró hasta tal punto que los Estados Unidos de América se han convertido en un monstruo donde las taras, las enfermedades y la inhumanidad de Europa han alcanzado terribles dimensiones», siendo el resultado que «los blancos de América no se han comportado de manera distinta a la de los que dominaban a los africanos» (). La polémica sobre la RO y la estigmatización experimentada en EE. UU. por los afroamericanos, por su cultura y por su habla, indica cuán acertado estaba Fanon.
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Notas
[1] Deseo reconocer y agradecer los comentarios y sugerencias efectuadas por dos revisores anónimos de Moenia, que han ayudado a mejorar sustancialmente la versión del artículo inicialmente remitida.
[2] Sobre la invisibilización de prácticas lingüísticas y de sus hablantes (no estándares), cfr. , , , , o , entre otros muchos trabajos.
[4] Esa ideología es profundamente elitista y clasista, al clasificar «speakers of different varieties of the same language within a social hierarchy» (). Y además considera que «[s]omething as important as language cannot be left to itself: normal people are not smart enough, not aware enough, to be in charge of their own language» ().
[5] discute cuatro ideologías lingüísticas interrelacionadas que sostienen la exclusión y marginación de las variedades lingüísticas en el proceso educativo.
[6] Porque la mayoría sostenía (y sostiene; cfr. ) el prejuicio de que el AAVE es una variedad «deficiente». Por tanto, creer que esta variedad debería participar en la educación era para ellos «a heretical notion» ().
[7] Perspectiva, no disciplina, como ha sostenido reiteradamente José del Valle (cfr. por ejemplo ). Sobre las bases conceptuales y metodológicas de esta perspectiva, cfr. Arnoux (, ), del Valle (, , ) o ; para una visión amplia y muy reciente, cfr. .
[8] Como se tratará en 3.10, el problema del límite entre las nociones de lengua y de dialecto es extralingüístico, tal como han enfatizado de modo convergente disciplinas como la sociolingüística, la antropología lingüística o la política y planificación lingüística.
[9] Según , la confusión se debió a una expresión ambigua del inglés: «instruction in French» puede significar «instruction on how to speak French» o bien «instruction given via the medium of French». Sin embargo, esa diferencia fue ignorada en la polémica, de modo que «The Oakland board members talked about using AAE [African-American English, VML] to deliver instruction; but this was discussed in editorials as if the proposal had been to make AAE a school subject. The board never suggested adding AAE to the curriculum» ().
[10] Muchas otras variedades y lenguas minorizadas e indígenas del mundo tienen, en el mejor de los casos, una presencia en la escuela que se limita a ser meramente transicional hasta que se produce el cambio a la lengua dominante. Esta es una dimensión de un problema más amplio, el bilingüismo transitorio hacia la asimilación lingüística, donde muchas lenguas «are threatened because their intergenerational continuity is proceeding negatively, with fewer and fewer users […] or uses every generation» (); sobre esta cuestión, cfr. Fishman (), () y .
[11] Actualmente AAVE es, junto a AfricanAmerican English (AAE), la denominación más común de esa variedad, pero existen otras muchas, referidas en y especialmente en , que reúne quince.
[12] De hecho, aduce grandes diferencias tipológicas entre ambas variedades con respecto a 17 parámetros.
[13] También señala que los afroamericanos distan mucho de ser un grupo homogéneo, diferenciándose claramente según parámetros como edad, género, clase, sexualidad, región, nacionalidad, etc.
[14] Esto explica que afirmara erradamente que el AAVE es un «relatively uniform dialect», o que su gramática es «relatively uniform».
[15] señalan, en la misma línea, que quienes usan Ebonics como equivalente de Black English o AAVE «are utterly misinformed».
[16] La propia Smitherman sufrió esa experiencia: al llegar a la universidad, fue remitida a terapia, como otros muchos estudiantes de color, si bien «the speech therapist […] did not know what to do with any of us because nobody was dyslexic, nor were any of us aphasic» (). Sobre esta cuestión, cfr. .
[17] ofrece estadísticas específicas sobre aprendizaje de la lectura que muestran que los afroamericanos estaban muy por detrás de los blancos también en ese dominio.
[18] Tal como se discutirá en el subapartado 3.7, en ese mito tuvo gran influencia el pensamiento de autores como Arthur Jensen, que postulaban la inferioridad del AAVE y de sus hablantes. Un revisor de Moenia atribuye también esa idea a Basil Bernstein. Sin embargo, muestra que Bernstein nunca sostuvo la posición de déficit, y rechazó explícitamente equiparar su noción de código restringido con esa posición: «The difference between the children is not a difference in cognitive facility/power but a difference in recognition and realization rules used by the children to read the context, select their interactional practice, and create their texts» ().
[19] Sigue señalando que «A Canadian French child taking a test normed in Parisian French or a Spanish-speaking South-American child taking a Spanish test normed on Castilian Spanish spoken in Spain would suffer a similar fate in their ‘objective’ test scores. If standard dialect speakers were given a test using normative, uniquely African-American language structures, they would suffer a comparable fate. Of course, when one group is economically and socially dominant over another, differences will always be interpreted in a way that supports the asymmetrical socio-economic, socio-political and socio-educational status quo».
[20] Es desolador en este sentido considerar los datos aportados por : según , este colectivo representa un número desproporcionado de arrestados, encarcelados o ejecutados; en 1991 los afroamericanos eran un 12.3 % de la población total de EE. UU., pero constituían el 43.4 % de presos en cárceles locales y el 45.6 % en las estatales. En 1993, eran el 40.8 % de los condenados a muerte, y entre 1990 y 1993, fueron un 52.7 % de los ejecutados. En lo que respecta al ámbito económico, su tasa de paro es muy superior a la de los blancos: en 1993 estos tenían una tasa del 6 %, y de un 11.3 % en la franja de edad de 16 a 24 años, mientras que la tasa de paro de los afroamericanos era, respectivamente, de un 12.9 % y un 31.7 % (). Este mismo autor indica que, también en 1993, la media de ingresos de todos los hogares en EE. UU. era de 31.241$, pero mientras la media de los hogares blancos era de 32.960$, la de los afroamericanos descendía drásticamente hasta los 19.533$. Finalmente, en el mismo año, un 15.1 % de la población de EE. UU. se situaba bajo el umbral de la pobreza: el porcentaje de blancos era de un 12.2 % mientras que los hispanos alcanzaban el 30.6 % y los afroamericanos, el 33.1 % del total ().
[21] Como muestra de ello, refiere que, en un estudio del año 2000, alumnos nativos de AAVE hicieron el test TOEFL (Test of English as a Foreign Language), siendo sus resultados semejantes a los de estudiantes con bajo nivel de inglés como L2, lo que revela que el estándar y el AAVE se distinguen lo suficiente como para que conocer uno de ellos no implique automáticamente conocer el otro.
[22] Hay alguna excepción que se alinea con la tesis africanista de Robert Williams o Ernie Smith; según , el AAVE (al que llama Black Language) «is a language in its own right that includes features of West-African languages, and it is not just a set of deviations from the English language» (). En todo caso, la elección de esta autora se asienta sobre bases simbólicas, identitarias y reivindicativas más que específicamente lingüísticas.
[23] Por ejemplo, John Baugh, firme opositor a la tesis de independencia lingüística del AAVE, reconoce que «vernacular African American English has incontrovertible African influences» ().
[24] expone diez etapas que conducen a un pánico moral, las cuales se ajustan a la perfección al caso de Oakland.
[25] y Wolfram (, ) discuten otros mitos motivados por la mala comprensión de la RO por parte de los medios o de la sociedad.
[26] Con sus propias palabras, «I am suggesting that the development of abstract thinking depends on learning […] the full standard deployment of the verb ‘to be’» (). Pero, como sostiene , argumentos como ese son meros intentos de justificar el racismo biológico apoyándose en el ámbito lingüístico.
[27] El concepto de raciolingüismo de ambos autores pretende precisamente analizar críticamente la co-naturalización de las nociones de lenguaje y raza, asociada a la posición de déficit sobre las prácticas lingüísticas de los grupos racializados, según la que esos grupos padecen privación verbal por emplear sus variedades. Sobre este enfoque, cfr. también y .
[28] Por tanto, seguir sosteniendo esa inferioridad es «to demonstrate ignorance, condescension and disrespect» ().
[29] Si bien esa idea es en realidad una falacia, como muestra Preston (2015) con respecto al inglés: el estándar de esta lengua se organiza pobremente si por «organización» entendemos rasgos como simetría, simplicidad y consistencia.
[31] Por ello, los afroamericanos «are made to believe that, though they cannot change the color of their skin, things will be better for them if they can just change the color of their language» (). Sin embargo, cuestionan esa idea, al sostener que las prácticas lingüísticas no son separables del contexto sociocultural y racial. Incluso aunque un afroamericano adopte el estándar, se le seguirá viendo como lingüísticamente deficiente debido a su color de piel. Con las palabras de , «raciolinguistic ideologies produce racialized speaking subjects who are constructed as linguistically deviant even when engaging in linguistic practices positioned as normative or innovative when produced by privileged white subjects».
[32] Sin embargo, esto no es tan obvio; según , las personas de grupos subalternos, como los afroamericanos, están vetados para ciertos trabajos de alto perfil, incluso aunque dominen la variedad estándar.
[33] La óptica instrumental no se limita al AAVE; como escribía , el estándar debe enseñarse en clase siempre porque «[i]f they [los alumnos, VML] are not competent in SE [standard English, VML], at least for some purposes, then areas of the dominant culture are closed to them» (Clark & Ivanić 1997 mantienen la misma posición). Y esa óptica es sostenida también por uno de los cinco objetivos con los que caracterizan la noción de justicia sociolingüística, el «acceso lingüístico», el cual «acknowledges that the valorization and legitimation of marginalized varieties do not obviate the importance of access to the language(s) of power for all speakers» ().
[34] Cfr. sobre la historia de la dicotomía lengua/dialecto. Por otro lado, sobre la concepción de la noción de lengua en la lingüística occidental, que ayuda a situar el problema, cfr. , o .
[35] se manifiesta en un sentido muy similar, al defender que «the notion ‘a language’ is a matter of social construction, with linguistic structure playing only an indirect role» (), y en este caso «there is no way linguistic science can determine that African American Language is either a language or a dialect» (). Ya señalaba que «[s]tatus as a language is not a linguistic matter».
[36] Una no menor fue apuntada por : evitar el sentido tan despectivo que tiene la noción de dialecto en la sociedad. Tomar el AAVE como una lengua supondría que «[t]he Ebonic language would not be a dialect and would therefore not be assumed to be a corruption of anything, but something real in its own right» ().
[38] Por tanto, según Joiner la diferencia lingüística «is not itself a language barrier. It is not a barrier to understanding in the classroom. It becomes a barrier when the teachers do not take it into account in teaching standard English» (). Esto es, la barrera residía en las actitudes del profesorado y de la escuela.
[39] Como expone , es curioso constatar, al respecto de este caso judicial, que sobre él surgió el mito de que el juez Joiner había ordenado que el AAVE fuese utilizado como lengua de instrucción en el aula, mito reiterado en la polémica de Oakland.
[40] discute y rebate los argumentos aducidos usualmente contra el uso del AAVE o de otras variedades no estándares en la educación.
[41] Solo hay que apreciar cómo los libros de texto menosprecian y estigmatizan la diversidad intralingüística; con respecto al español, cfr. y .
[42] Este apéndice recoge las dos versiones de la RO, original (18/12/1996) y revisada (15/01/1997), tomadas de , y reflejadas en otras fuentes, como . Ya que la segunda RO corrige algunos aspectos de la primera, en itálica se reflejan los aspectos que son específicos de la primera resolución, y al lado de ellos se recogen, en itálica y entre corchetes, las oraciones o expresiones alternativas usadas en la resolución corregida. El signo Ø entre corchetes indica que la palabra o expresión previa en itálicas fue eliminada en la resolución revisada.
[44] Tomado de https://web.stanford.edu/~rickford/ebonics/LSAResolution.html.
Apéndices
Apéndice I. Resolution of the Board of Education adopting the report and recommendations of the African American Task Force: A policy statement and directing the Superintendent of schools to devise a program to improve the English language acquisition and application skills of African-American students. Nº. 9697-0063.
Whereas, numerous validated scholarly studies demonstrate that African American students as a part of their culture and history as African people possess and utilize a language described in various scholarly approaches as “Ebonics” (literally “Black sounds”) or “Pan-African Communication Behaviors” or “African Language Systems”; and
Whereas, these studies have also demonstrated that African Language Systems are genetically based and not a dialect of English [have origins in West and Niger-Congo languages and are not merely dialects of English], and
Whereas, these studies demonstrate that such West and Niger-Congo African languages have been officially [Ø] recognized and addressed in the mainstream public [Ø] educational community as worthy of study, understanding or [and] application of its [their] principles, laws and structures for the benefit of African-American students both in terms of positive appreciation of the language and these students’ acquisition and mastery of English language skills; and
Whereas, such recognition by scholars has given rise over the past fifteen years to legislation passed by the State of California recognizing the unique language status of descendants of slaves, with such legislation being prejudicially and unconstitutionally vetoed repeatedly by various California state governors; and
Whereas, judicial cases in states other than California have recognized the unique language stature of African-American pupils, and such recognition by courts has resulted in court-mandated educational programs which have substantially benefited African American children in the interest of vindicating their equal protection of the law rights under the Fourteenth Amendment to the United States Constitution; and
Whereas, the Federal Bilingual Education Act (20 U.S.C. 1402 et seq.) mandates that local educational agencies “build their capacities to establish, implement and sustain programs of instruction for children and youth of limited English proficiency”, and
Whereas, the interests of the Oakland Unified School District in providing equal opportunities for all of its students dictate limited English proficient educational programs recognizing the English language acquisition and improvement skills of African-American students are as a fundamental as is application of bilingual educational principles for others whose primary languages are other than English [application of bilingual or second language learner principles for others whose primary languages are other than English. Primary languages are the language patterns children bring to school]; and
Whereas, the standardized tests and grade scores of African-American students in reading and language arts skills measuring their application of English skills are substantially below state and national norms and that such deficiencies will be remedied by application of a program featuring African Language Systems principles in instructing African-American children both in their primary language and in English [to move students from the language patterns they bring to school to English proficiency]; and
Whereas, standardized tests and grade scores will be remedied by application of a program with teachers and aides [instructional assistants] who are certified in the methodology of featuring African Language Systems principles in instructing African-American children both in their primary language and in English [used to transition students from the language patterns they bring to school to English]. The certified teachers of these students will be provided incentives including, but not limited to salary differentials;
Now, therefore, be it resolved that the Board of Education officially recognized the existence, and the cultural and historic bases of West and Niger-Congo African Language Systems, and each language as the predominantly primary language of African-American students [many African-American students];
Be it further resolved that the Board of Education hereby adopts the report, recommendations and attached policy Statement of the District’s African American Task Force on the language stature of African-American speech; and
Be it further resolved that the Superintendent in conjunction with her staff shall immediately devise and implement the best possible academic program for imparting instruction to African-American students in their primary language for the combined purposes of maintaining the legitimacy and richness of such language whether it is known [for the combined purposes of facilitating the acquisition and mastery of English language skills, while respecting and embracing the legitimacy and richness of the language patterns whether they are known] as “Ebonics,” “African Language Systems,” “Pan-African Communication Behaviors” or other description, and to facilitate their acquisition and mastery of English language skills; and
Be it further resolved that the Board of Education hereby commits to earmark District general and special funding as is reasonably necessary and appropriate to enable the Superintendent and her staff to accomplish the foregoing; and
Be it further resolved that the Superintendent and her staff shall utilize the input of the entire Oakland educational community as well as state and federal scholarly and educational input in devising such a program; and
Be it further resolved that periodic reports on the progress of the creation and implementation of such an educational program shall be made to the Board of Education at least once per month commencing at the Board meeting on December 18, 1996.
I hereby certify that the foregoing is a full, true and correct copy of a resolution passed at a Regular [Special] Meeting of the Board of Education of the Oakland Unified School District held December 18, 1996 [January 15, 1997].
Secretary of the Board of Education.
Apéndice II. Oakland’s African American Task Force Policy Statement
There is persuasive empirical evidence that, predicated on analysis of the phonology, morphology, and syntax that currently exists as systematic, rule governed and predictable patterns exist in the grammar of African-American speech. The validated and persuasive linguistic evidence is that African-Americans (1) have retained a West and Niger-Congo African linguistic structure in the substratum of their speech and (2) by this criteria are not native speakers of a black dialect or any other dialect of English.
Moreover, there is persuasive empirical evidence that, owing to their history as United States slave descendants of West and Niger-Congo African origin, to the extent that African-Americans have been born into, reared in, and continue to live in linguistic environments that are different from the Euro-American English speaking population, African-American people, and their children, are from home environments in which a language other than English language is dominant within the meaning of “environments where a language other than English is dominant” as defined in Public Law 1-13-382 (20 U.S. C. 7402, et seq.).
The policy of the Oakland Unified School District (OUSD) is that all pupils are equal and are to be treated equally. Hence, all pupils who have difficulty speaking, reading, writing or understanding the English language and whose difficulties may deny to them the opportunity to learn successfully in classrooms where the language of instruction is English or to participate fully in our society are to be treated equally regardless of their race or national origin.
As in the case of Asian-American, Latino-American, Native American and all other pupils in the District who come from backgrounds or environments where a language other than English is dominant, African-American pupils shall not, because of their race, be subtly dehumanized, stigmatized, discriminated against or denied.
Asian-American, Latino-American, Native American and all other language different children are provided general funds for bilingual education, English as a Second Language (ESL) and State and Federal (Title VII) Bilingual Education programs to address their needs arising from limited English proficiency or no English proficiency (LEP or NEP).
African-American pupils are equally entitled to be tested and where appropriate, shall be provided general funds and State and Federal (Title VII) bilingual education and ESL programs to specifically address their LEP/NEP needs.
All classroom teachers and aides who are bilingual in Nigerian Ebonics (African-American Language) and English shall be given the same salary differentials and merit increases that are provided to the teachers of the non-African-American LEP pupils in the OUSD.
With a view toward assuring that parents of African-American pupils are given the knowledge base necessary to make informed decisions, it shall be the policy of the Oakland Unified School District that all parents of LEP (limited English Proficient) pupils are to be provided the opportunity to partake of any and all language and culture specific teacher education and training classes designed to address their child’s LEP needs.
On all home language surveys given to parents of pupils requesting home language identification or designations, a description of the Districts’ programmatic consequences of their choices will be contained.
Nothing in this Policy shall preclude or prevent African-American parents who view their child’s limited English proficiency as being non-standard English, as opposed to being West and Niger-Congo African language based, from exercising their right to choose and to have their child’s speech disorders and English Language deficits addressed by special education and/or other District programs.
Apéndice III. Linguistic Society of America Resolution on the Oakland ‘Ebonics’ issue.
Whereas there has been a great deal of discussion in the media and among the American public about the 18 December 1996 decision of the Oakland School Board to recognize the language variety spoken by many African American students and to take it into account in teaching Standard English, the Linguistic Society of America, as a society of scholars engaged in the scientific study of language, hereby resolves to make it know that:
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A. The variety known as “Ebonics”, “African American Vernacular English” (AAVE) and “Vernacular Black English” and by other names is systematic and rule-governed like all natural speech varieties. In fact, all human linguistic systems—spoken, signed, and written—are fundamentally regular. The systematic and expressive nature of the grammar and pronunciation patterns of the African American vernacular has been established by numerous scientific studies over the past thirty years. Characterizations of Ebonics as “slang”, “mutant”, “lazy”, “defective”, “ungrammatical”, or “broken English” are incorrect and demeaning.
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B. The distinction between “languages” and “dialects” is usually made more on social and political grounds than on purely linguistic ones. For example, different varieties of Chinese are popularly regarded as “dialects”, though their speakers cannot understand each other, but speakers of Swedish and Norwegian, which are regarded as separate “languages”, generally understand each other. What is important from a linguistic and educational point of view is not whether AAVE is called a “language” or a “dialect” but rather that its systematicity be recognized.
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C. As affirmed in the LSA Statement of Language Rights (June 1996), there are individual and group benefits to maintaining vernacular speech varieties and there are scientific and human advantages to linguistic diversity. For those living in the United States there are also benefits in acquiring Standard English and resources should be made available to all who aspire to mastery of Standard English. The Oakland School Board’s commitment to helping students master Standard English is commendable.
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D. There is evidence from Sweden, the US, and other countries that speakers of other varieties can be aided in their learning of the standard variety by pedagogical approaches which recognize the legitimacy of the other varieties of a language. From this perspective, the Oakland School Board’s decision to recognize the vernacular of African American students in teaching them Standard English is linguistically and pedagogically sound.
Chicago, Illinois,
January 1997


