INTRODUCCIÓN
En los últimos años el número de manifestaciones rupestres (pinturas y grabados) del Noroeste Peninsular se ha incrementado considerablemente respecto al siglo pasado (; ). Este efecto ascendente se constata en las provincias de Ourense () y Lugo. Concretamente, en esta última, los hallazgos eran escasos y su registro estaba focalizado en los municipios de Antas de Ulla, O Incio y Sober (; ; ; ; ). No obstante, en el presente milenio se incrementan las publicaciones (; ; ; ; ) y, al mismo tiempo, las intervenciones en campo, cuyos resultados expondremos en el presente estudio.
En época prehistórica el territorio oriental de Galicia (provincias de Lugo y Ourense) muestra una serie de limitaciones morfológicas respecto al área occidental (provincias de A Coruña y Pontevedra). Mientras que nuevos hallazgos no demuestren lo contrario, las representaciones de elementos naturalistas, armas e ídolos son exclusivos del área oeste de la región (; ).
Los patrones circunscritos al territorio interior oriental están claramente delimitados por la Dorsal Galega (; ), integrada por las Serras Centro-Occidentais, que se extiende de norte a sur con elevaciones que alcanzan los 700 a los 1100 metros; éstas son una prolongación del cordón montañoso galaico-duriense ().
Este trabajo, a diferencia de otros anteriores (; ; ; ; , ; ; ; ), analiza conjuntamente todas las manifestaciones rupestres de una amplia zona de la provincia de Lugo, cuya extensión aproximada alcanza los 1.380 Km². Dicha área sólo había sido abordada de modo parcial en las publicaciones anteriores, prescindiendo, así, de análisis comparativos a gran escala que sí serán abordados en este artículo.
En concreto, administrativamente, la zona de análisis comprende nueve municipios del suroeste de la provincia: Antas de Ulla, Portomarín, Monterroso, Taboada, Chantada, O Saviñao, Carballedo, Pantón y Sober. Sin embargo, nuestra selección no responde a límites administrativos, sino a las siguientes referencias geográficas: al oeste las sierras de O Farelo y O Faro integradas en la Dorsal Galega, al este la depresión de Lemos y al sur los ríos Búbal y Sil; asimismo, de norte a sur, el río Miño atraviesa todo el territorio.

Como se observa en el mapa de distribución (Figura 1), cabe destacar que, a día de hoy, existen grandes áreas que no presentan ningún soporte con grabados rupestres al aire libre, áreas englobadas dentro de los municipios de Portomarín y Taboada. No obstante, la ausencia de hallazgos no señala necesariamente la carencia de yacimientos de esta índole, sino el gran vacío que existe en el estudio de estas manifestaciones en el interior.
La exposición de los soportes al aire libre afecta considerablemente a su estado de conservación, siendo los agentes climáticos propios de la región los causantes de alteraciones de origen químico, como la hidrólisis y la disolución de algunos minerales del soporte, que se manifiestan en la redondez y reducción del surco (). Además, en las zonas de escorrentías hallamos depósitos “lavados”, cuya pérdida de restos materiales impide que reconozcamos el uso del sitio arqueológico. Por consiguiente, el grabado sobre la superficie rocosa es, en la mayoría de los casos, el único elemento material que ha llegado a nosotros. No obstante, se trata de un elemento tridimensional que forma parte de un todo, que incluye el espacio donde se halla dispuesto. Por ello, figura, soporte y sitio son inseparables (; ) y su análisis se aborda conjuntamente en este estudio.
OBJETIVOS Y METODOLOGÍA
A través de los datos que expondremos a continuación pretendemos actualizar y ampliar el catálogo de arte rupestre del Noroeste Peninsular. La información aportada se centra en una zona concreta del área oriental del territorio: el suroeste de la provincia de Lugo.
Para tratar de entender el contraste tipológico de las áreas orientales respecto a las occidentales se ha planteado la siguiente hipótesis de trabajo: creemos en la posibilidad de que la Dorsal Galega sería algo más que un simple delimitador geográfico, sino también una frontera cultural y social (; ).
Combinando el estudio morfológico, espacial y tecnológico nuestro objetivo es aclarar las diferencias y semejanzas entre las manifestaciones rupestres halladas a un lado y al otro de la Dorsal. Conjuntamente, partiendo de que hasta la fecha solo contamos con el registro de motivos prehistóricos de tipología abstracta en la zona de estudio, nuestro propósito es averiguar si existen particularidades locales o limitaciones dentro de un área ya restringida de por sí.
Cabe resaltar que este proyecto incluyó tareas de prospección cuyos objetivos radicaban en ampliar el número de manifestaciones rupestres, así como la variedad tipológica de las mismas. Pues, aunque actualmente no se han registrado motivos naturalistas, cabe la posibilidad de que este hecho cambie con el aumento de los trabajos de campo.
El entorno espacial del soporte es un componente más a analizar, puesto que sus características podrían ser la clave para la elección de un lugar determinado donde grabar (; , ; ) e, incluso, del tipo de motivo a plasmar. Las características más valiosas son las que atañen a las imágenes en sí mismas, aunque diferenciando un contexto espacial “micro”, que recoge su disposición en la roca, y “macro”, respecto a la localización de los soportes en un sitio determinado, así como, el propio sitio dentro del paisaje que lo rodea ().
Nuestra investigación tiene como base el análisis espacial de todos los componentes vinculados al fenómeno rupestre (). Ya que, por todo lo anterior, el contexto de figuras, soportes pétreos y sitios es fundamental para comprender su función dentro de las sociedades prehistóricas.
Los datos que se expondrán a continuación son fruto del Proxecto de Investigación Estudo da Arte Rupestre no Sur da Provincia de Lugo [Expte. S. Arqueoloxía: 02.L.384.2014.001; Código SXPA: ED 102ª 2014/284-0], autorizado por la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de Galicia (DXPC).
En la primera fase se realiza un vaciado documental; tras la consulta del inventario del Servizo de Arqueoloxía de la Direción Xeral de Patrimonio Cultural constatamos la existencia de veinte sitios con grabados rupestres distribuidos en los municipios de Antas de Ulla, Chantada, Pantón y Sober.
La segunda fase del estudio se realiza en campo; partimos de la base de datos de la DXPC; una vez identificado el sitio arqueológico con grabados, se inician las labores de prospección en sus inmediaciones que pudieran permitir ampliar nuestro catálogo. Básicamente, el rastreo consiste en la prospección sobre un radio de 200 metros aproximadamente. Es indiscutible que el mejor sistema para hallar nuevas evidencias arqueológicas es la prospección de cobertura total, pero también es obvio que dicho método es impensable dadas las limitaciones de recursos y tiempo de la arqueóloga. Finalizados los trabajos de campo, se localizan catorce nuevos paneles de arte rupestre, que son registrados en los listados de la DXPC mediante fichas oficiales debidamente cumplimentadas.
La campaña finaliza con el incremento del número de paneles con grabados, diez nuevos sitios y cuatro soportes descontextualizados. Es decir, el catálogo se actualiza con treinta y dos sitios arqueológicos (Tabla 1) y cuatro soportes descontextualizados (Tabla 2), un total de dos mil cincuenta y cinco motivos representados. La tabla 1 revela los datos cuantitativos de cada sitio arqueológico con grabados rupestres. Como se puede observar el número de paneles descubiertos en Antas de Ulla duplica a Sober y Pantón, lugares que han registrado un aumento progresivo de hallazgos en las últimas décadas (, ).

Una vez localizados los sitios se procede a su registro en nuestra base de datos. Para ello, rellenaremos una ficha específica, realizaremos fotografías (nocturnas y diurnas) y dibujaremos un croquis de cada panel.
Las fichas facilitadas por la DXPC contienen la siguiente información: código identificador, localización, cartografía, cronología, características del emplazamiento, medidas de protección, estado de conservación y descripción del soporte. Igualmente, nuestras fichas incluyen todos los apartados anteriores, pero registrando también las particularidades espaciales, formales y técnicas de los grabados de cada sitio arqueológico mediante los siguientes apartados: Espacio interno de la roca (elementos formales básicos (), medidas, técnica de ejecución, tratamiento de la superficie del soporte, trazado del surco, forma del surco y temática) y Espacio externo de la roca (visibilidad y perceptibilidad (), orientación y tipo de emplazamiento ()). Todos ellos serán empleados en relación con los intereses de nuestra investigación.
Una vez en gabinete, la información obtenida en el terreno se vuelca en una base de datos para su posterior análisis y evaluación. Concretamente, se distribuye en tres tablas en función de la unidad de análisis: sitio, panel y motivo. Mediante el cruce de variables obtendremos estadísticas y patrones que guiarán nuestra investigación y que se plasmarán en las siguientes líneas.
ANÁLISIS TIPOLÓGICO
Cada figura es una unidad mínima de construcción y, simultáneamente, constituye una entidad relevante (). Estudiaremos cada una de ellas como unidades individuales (p. ej. cazoleta) o como partes de un diseño concreto que, por sus conexiones formales, no pueden analizarse como elementos aislados, sino integrados en un conjunto (p. ej. círculo concéntrico con cazoleta central y apéndice). Esta tarea puede parecer sencilla; sin embargo, en muchas ocasiones resulta complicado diferenciar si se trata de un conjunto realizado con un diseño intencionado o meras superposiciones inconexas.
Evidentemente el uso de categorías descriptivas acarrea dificultades; no obstante, son necesarias para la catalogación íntegra y significativa de los paneles. Forma y técnica van unidas en el análisis del arte rupestre. Para abordar el estudio de la morfología del motivo se deben analizar conjuntamente los dispositivos técnicos que hubieran sido aplicados por los autores a la imagen visual ().
En este apartado se definen las tipologías básicas identificadas en el área de estudio. Hemos diferenciado tres categorías tipológicas basándonos en el grado de complejidad técnica y estilística: motivos abstractos simples (figuras básicas y de escasa complejidad), motivos abstractos complejos (combinación de figuras básicas y mayor grado de dificultad) y motivos figurativos (figuras naturalistas). En las siguientes tablas se puede observar la frecuencia de dichas tipologías, así como su morfología.
Motivos abstractos simples
Son figuras geométricas básicas y fáciles de delinear, con pocas complicaciones estilísticas. Dentro de este grupo hay cinco tipologías: cazoleta, surco, elipse, círculo y espiral, que, a su vez, pueden ser subdivididas en subtipos. Los motivos abstractos simples son los más representados en el área suroccidental de Lugo. En total suman 1.550 motivos y suponen el 79,04% del total analizado.
- Cazoleta. Se trata de un sencillo hoyo excavado en la superficie de la roca, generalmente de forma hemisférica con base cóncava. El tamaño medio de su diámetro oscila de 3 a 5 centímetros, alcanzando 8 y 10 centímetros en algunos ejemplos. La profundidad varía de 0,2 a 8 centímetros de máxima en casos excepcionales. Diferenciamos tres subtipos: cazoleta simple (n=1369), cazoleta con apéndice (n=6) y conjunto de varias cazoletas unidas por surcos (n=54).
En cuanto a su distribución, las cazoletas simples y con apéndice se sitúan sin orden aparente sobre el panel, aunque en algunas ocasiones se alinean siguiendo una orientación determinada o adaptándose a la propia orografía del soporte rocoso. Un ejemplo lo encontramos en el Petroglifo de Vilar de Ortelle_P2 (Pantón), donde siete cazoletas se colocan sobre una prominencia del soporte, siguiendo su curvatura natural, dejando patente que existe intencionalidad en su colocación. De igual forma, los conjuntos de varias cazoletas unidas por surco se agrupan de manera consecutiva mostrando tendencia lineal o, por el contrario, de modo aleatorio sin revelar una tendencia determinada. En uno de los paneles de Penas de Sampil en Sober (Figura 2) se pueden apreciar ambas distribuciones.
En el área estudiada, la cazoleta es el motivo más frecuente, representa el 69,53% del total. En ocasiones acompaña a otros motivos prehistóricos, principalmente elipses, y también, en ocasiones, a figuras históricas.
- Surco. Consiste en una línea recta o sinuosa cuya longitud varía de 6 a 81 centímetros. Solo hay 13 motivos de este tipo, ya que generalmente no son figuras independientes, sino que funcionan como nexos de unión entre dos o más elementos, definiéndose como trazos que forman parte de un diseño más complejo. Es fácil confundirlos con estrías de la propia roca, ya que la erosión dificulta su diferenciación. Concretamente, este motivo representa el 0,63 % del total. Están presentes en siete paneles, seis en Antas de Ulla y uno en Sober.
- Elipse. Es, como su propio nombre indica, una forma elíptica excavada en la roca. Se asemejan a las cazoletas, pero su longitud es mayor que su anchura. Las medidas oscilan de 6 a 15 centímetros de largo, de 2 a 9 centímetros de ancho y de 0,5 a 5 centímetros de hondo. Siempre aparecen en paneles con cazoletas, nunca solas. Las elipses representan el 1,75% del total. Se encuentran en quince paneles localizados con igual frecuencia en las zonas norte y sur.
- Círculo. Se trata de una sencilla circunferencia de trazo variable, cuya regularidad está sujeta a la orografía del soporte. Son figuras de pequeño tamaño con un diámetro que oscila entre 7 y 22 centímetros. Sin embargo, cuando se trata de un círculo con apéndice, su longitud es mucho mayor. Su profundidad varía de 0,3 a 2 centímetros.
A diferencia de las cazoletas, su interior no está grabado, solo la línea que delimita su contorno. Hay cinco subtipos: círculo simple (n=30), círculo con cazoleta interior (n=41), círculo con apéndice (n=3), círculo con cazoleta interior y apéndice (n=1) y semicírculo (n=3).
Los círculos representan el 3,84% del total. Están presentes en quince soportes, la mayoría situados en la zona norte. Los círculos provistos de cazoleta interior con o sin apéndice se hallan asociados a motivos abstractos de mayor complejidad.
- Espiral. Forma curva que gira alrededor de un punto fijo, alejándose de él más en cada una de las vueltas. Su tamaño varía entre 13 y 73 centímetros de diámetro por 0,5 y 1 centímetro de hondura. Siempre se hallan junto a otros motivos abstractos complejos, principalmente combinaciones circulares. Hay dos subtipos: espiral simple (n=3) y espiral con apéndice (n=2). Esta última se complementa con un pequeño surco que parte del círculo exterior. Representan solo el 0,24% del total.
Motivos abstractos complejos
Los motivos abstractos complejos están formados por dos o más elementos simples. A diferencia de los anteriores, su figura básica ya muestra una combinación de varios componentes, entre los que predominan círculos (cazoleta y círculo) y líneas (surco).
Las tipologías analizadas son combinaciones circulares, reticulados y tréboles. Estos motivos también muestran sus propias peculiaridades o se complementan creando nuevos subtipos, algunos sujetos a un área concreta y otros distribuidos por todo el territorio suroccidental.
- Combinaciones circulares. Se pueden considerar los diseños más característicos del arte rupestre gallego al aire libre. Se configuran mediante líneas curvas, especialmente círculos, formando parte una composición. El motivo más recurrente está formado por círculos concéntricos con cazoleta interior. El número de circunferencias varía de dos a ocho, dependiendo del tamaño de las figuras.
Vinculados a esta tipología, podemos diferenciar una serie de subtipos básicos: círculos concéntricos simples (n=8), círculos concéntricos con cazoleta interior (n=62) y círculos concéntricos con cazoleta interior y apéndice (n=93). Este último subtipo es el que muestra mayor diversidad, ya que dicho apéndice posee formas y tamaños de gran variedad. En ocasiones, el surco es simplemente una estrecha línea que surge de la cazoleta interior o de uno de los anillos. Sin embargo, en otras muestras se trata de un complejo entramado de trazos que, frecuentemente, supera el tamaño de la combinación circular. Por lo tanto, registramos una gran pluralidad de diseños. Dentro de este último subgrupo hallamos conjuntos circulares complejos formados por la unión de dos o más combinaciones circulares concéntricas mediante líneas. En ellos se observa un diseño intencionado, dejando claro que no son superposiciones de figuras como se demuestra en Pena do Regueiro, Sober (Figura 3) y Monte do Cotillón, Carballedo (Figura 4).
Dependiendo del número de círculos y de la complejidad del conjunto, las dimensiones varían considerablemente de 10 a 270 centímetros; mientras que la profundidad de sus surcos es de 0,5 a 2 centímetros. Las combinaciones ascienden al 7,93% del total y se distribuyen de norte a sur, aunque con más presencia en la zona montañosa, tanto en el caso de las simples como de las complejas.
Merece especial atención la combinación circular que hemos denominado “ocho”, restringida al sitio Campo da Uz (Antas de Ulla). Se trata de una combinación formada por líneas sinusoidales que conforman una figura que podría ser interpretada como la intersección de dos círculos, motivo que recordaría al número arábigo 8.
En general, se han catalogado conjuntos complejos de combinaciones circulares que sugieren gran pericia en su ejecución. Un ejemplo es Penas dos Chaos (Antas de Ulla), donde los círculos concéntricos se entrelazan mediante surcos con otras combinaciones semejantes, creando motivos únicos. Algunas de estas combinaciones cuentan con cazoletas interiores de 20 centímetros de diámetro, algo infrecuente en el suroeste de Lugo. Además, el aprovechamiento de la orografía y protuberancias de la roca, junto con la profundidad (2 cm) y anchura (4 cm) de los trazados, dan como resultado representaciones tridimensionales, factor que manifiesta una gran calidad técnica (; ). También en Antas de Ulla, se localizan los grabados de Campo da Uz (), donde se repite esta característica.
Más al sur, en Carballedo, hallamos un gran conjunto en Pena de Monte Fabeiro (Figura 5), formado por la combinación de círculos cuya sencillez se aleja notablemente de la complejidad observada en el área septentrional. Curiosamente evoca representaciones analizadas en la provincia de Pontevedra, como, por ejemplo, el panel de Outeiro Lombo da Costa. Aunque, desde un punto de vista morfológico, encontramos un motivo mucho más simple en Carballedo, que, con menor número de anillos por combinación, podría semejar una humilde imitación del primero.
En Sober, en un mismo sitio arqueológico, Penas de Proendos, se han identificado lo que podemos definir como dos diseños estilísticos, y a su vez técnicos, diferentes de combinaciones circulares. Y, a tan solo 1,5 km un tercero, en Penas dos Cótaros, que presenta un conjunto de grandes dimensiones formado por la unión de combinaciones circulares mediante un complicado entramado de surcos. Dos de las circunferencias, de trazo irregular, albergan cazoletas en su interior. Asimismo, varias cazoletas se dispersan por el panel, algunas delimitadas por surcos y otras en torno a círculos. Nuevamente, existen semejanzas entre la provincia de Pontevedra y Lugo, del mismo modo que se reitera la modestia de las formas de la segunda frente a la primera (Figura 6).
Mientras, en Penas de Proendos, el Panel 2 (Figura 7) exhibe una gran combinación formada por ocho anillos enteros y parte de un noveno. Su disposición y morfología recuerdan al grabado de Monte Tetón en Pontevedra, el más grande de Galicia, con dieciocho anillos. No obstante, este rasgo no es el más original, sino el uso de cazoletas alineadas siguiendo el trazado de las circunferencias. Este caso, se observa en grabados costeros como Laxe das Rodas en A Coruña.
El panel de Proendos da muestra de las numerosas variables que se pueden apreciar en las combinaciones circulares de la provincia. Las categorías morfológicas generales son necesarias y suficientes para el almacenamiento de los datos; sin embargo, nos vemos obligados a realizar matizaciones de estilo cuando se trata de casos significativos por salirse de lo habitual.
El último diseño es el más frecuente y sencillo. Se trata de simples combinaciones circulares con o sin apéndice. En este caso, sus características son comunes en toda el área suroccidental, lo cual las convierte en figuras que podríamos denominar “genéricas”.
- Reticulado. Se trata de la combinación de líneas cruzadas, regulares o irregulares, en forma de red. Sus dimensiones varían de 9,5 a 45 centímetros de largo y de 8 a 16 centímetros de ancho. Se han catalogado cuatro ejemplos con tres variables: tres por tres líneas (n=1), cuatro por tres líneas (n=2) y cinco por nueve líneas (n=1). La profundidad del surco oscila entre 0,2 y 0,5 centímetros. La proporción de la muestra es mínima, pues representan el 0,19% del total. Solo hay ejemplos en dos paneles, en Antas de Ulla y Sober.
- Trébol. Está formado por un conjunto de tres cazoletas delimitadas por un surco con apéndice. Se asemeja a un fitomorfo de tres hojas, de ahí la denominación empleada. Su tamaño varía de los 24 a los 58 centímetros y su profundidad de 0,5 a 2 centímetros. Los tréboles suponen el 0,24% del total de figuras analizadas; todos se encuentran en Penas dos Chaos (Antas de Ulla) (Figuras 8 y 9).
La relevancia de este motivo es alta, ya que hasta la fecha debemos considerarlo único del lugar. Su referente más próximo lo hallamos en Monte das Ferraduras, en Cotobade (Pontevedra), lugar conocido por la abundancia de grabados rupestres (). Allí se localiza un motivo similar, pero compuesto por cuatro cazoletas ceñidas por surcos, en lugar de tres como en el caso lucense. Quintas y Espejo señalan paralelismos claros entre la figura de Cotobade y otros grabados de Europa, concretamente con la “rosa camuna” de Valcamónica (Italia) y con varias representaciones asociadas a castros en Portugal. En todos los ejemplos, incluido el gallego, la adscripción cronológica es la Edad de Hierro. Sin embargo, a nuestro parecer, el motivo representado en Cotobade se asemeja más al situado en Pena dos Chaos que al petroglifo italiano e, incluso, más que a los grabados portugueses. De hecho, las figuras de Valcamonica de estas características son asociadas a mapas topográficos (), lejos de la interpretación como motivo orgánico en el caso lucense.
Junto a los cinco tréboles analizados, se han documentado varias cazoletas cuya disposición es la misma que la del trébol. Éstas carecen de un surco que las rodee completamente, definiendo solo algunos trazos parciales. Este hecho puede deberse a la mala conservación del grabado o a un estado inacabado.
Motivos figurativos
Los motivos figurativos son aquellos que podemos identificar con un objeto real, una persona, un vegetal o un animal. Las tipologías catalogadas son: cruciforme, alfabetiforme, herradura, antropomorfo y zoomorfo, juntas suman 233 grabados.
- Cruciforme. Figura formada por dos líneas rectas que se atraviesan o cortan perpendicularmente. Existen diversos subtipos: cruz griega (n=34), cruz griega con cazoletas en los extremos (n=3), cruz latina (n=52), cruz latina con cazoletas en los extremos (n=4), cruz latina con peana (n=3), cruz inscrita en un círculo (n=12), cruz potenzada (n=6) y cruz de Lorena (n=1). Sus dimensiones oscilan de 5 a 90 centímetros de largo y de 5 a 34 centímetros de ancho, mientras que la profundidad varía de 0,2 a 2 centímetros.
Desde la Edad Media, su función principal ha sido delimitar territorialmente un lugar. Atienden tanto a demarcaciones jurisdiccionales como heredades. Sin embargo, la presencia de numerosas cruces en un mismo panel también hace suponer su función asociada al culto cristiano (Costas Goberna e Hidalgo Cuñarro 1998: 157-163). Las dos posibilidades pueden hallarse en el área suroccidental de la provincia.
Los cruciformes constituyen el 5,59% del total de los motivos del área suroccidental. Por lo general, no se representan aislados de las figuras prehistóricas, sino todo lo contrario. De los diez paneles catalogados con cruces, solo en dos de ellos se graba esta figura de manera exclusiva. En los demás conviven con cazoletas, elipses, combinaciones circulares, herraduras, etc. El lugar con mayor presencia es Campo da Uz (Antas de Ulla), con noventa y tres motivos. Este sitio arqueológico abarca el 80,8% de estas representaciones.
-Alfabetiforme. En esta tipología se incluyen todas las letras grabadas en los paneles, independientemente de la época histórica en la que fueron ejecutadas. La más antigua catalogada es phi, de procedencia griega, aunque asociada a la Edad Media. El signo en cuestión muestra similitudes funcionales con los cruciformes antes señalados. Esta letra, del mismo modo que las cruces, se ha empleado desde el medievo como señal de demarcación o acotamiento ().
Los restantes alfabetiformes se asocian con una figura humana localizada en el Panel 1 de Campo da Uz. Por un lado están las letras mayúsculas “erre” y “eme”, seguidas de un punto (R. M.), que podrían ser interpretadas como iniciales, localizadas a pocos centímetros del antropomorfo. Por otro lado, sobre el torso del humano, se disponen las letras R L y R M T. El trazo de todas es muy fino y poco profundo.
Los alfabetiformes constituyen tan solo el 0,10% del total. Es una muestra mínima, pero, aun así, asociada a lugares y momentos cronológicos diferentes: la más septentrional a la Edad Contemporánea y la meridional a la Edad Media.
- Herradura. Es una figura lineal de forma semicircular, generalmente peraltada. Las dimensiones son diversas, de 5 a 16 centímetros de largo y de 5 a 15 de ancho, manteniendo en algunos casos el mismo largo y ancho. La profundidad del surco varía de 0,2 a 2 centímetros. Frecuentemente comparten espacio con los motivos cruciformes, pues ambos son del mismo período.
Son las figuras medievales más numerosas, representando el 9,0% de todo el conjunto, con 185 grabados. No obstante, la mayoría se concentran en un panel de Campo da Uz, donde se disponen ciento cuarenta y dos motivos, el 76,7% del total.
- Antropomorfo. Dentro de esta tipología se incluyen las figuras con forma o apariencia humana. En los ejemplos estudiados se representa un torso masculino provisto de sombrero, cuyos brazos se limitan a un esbozo. Hay dos motivos de estas características, de los cuales uno de ellos se complementa con los alfabetiformes descritos anteriormente (). La muestra de figuras antropomorfas es ínfima, comprende el 0,10%. Su presencia se concentra de nuevo en el Panel 1 de Campo da Uz y, por sus características, podemos datarlas en época contemporánea.
- Zoomorfo. Son aquellas figuras que tienen forma o apariencia de animal. Concretamente, hay tres aves que, por su factura, se deduce que han sido realizadas en la misma época que las figuras humanas. Del mismo modo que el resto de figuras contemporáneas, son casi imperceptibles a la luz del día, debido a que su surco es fino y poco profundo. Sus dimensiones varían de 13 a 23 centímetros de longitud por 0,5 centímetros de profundidad.
Los motivos aviformes limitan su presencia al mismo panel que los antropomorfos, el más variado de toda la zona suroccidental de la provincia. Suponen el 0,15% del total analizado.
Sin duda, los soportes localizados en las inmediaciones de Serra do Farelo marcan la diferencia respecto a los demás. Muestran diversidad estilística y personalidad propia, fruto de una determinada sociedad creadora. Los motivos prehistóricos, aunque abstractos, exhiben una complejidad y una riqueza que evidencia una notable disparidad creativa entre las zonas objeto de estudio.
SÍNTESIS DE CATEGORÍAS MORFOLÓGICAS
Los datos compilados muestran que la frecuencia de cada categoría está relacionada con el sitio arqueológico donde se halla. Existen notorias diferencias entre las áreas de sierra y río. La principal es la mayor variedad estilística y técnica de la primera respecto a la segunda. Esta característica ha sido palpable desde el inicio de las labores de campo. Dado que en otros trabajos realizados en el sur de la provincia () no se había procedido a documentar las áreas de montaña, los resultados obtenidos con el estudio de estas nuevas localizaciones han sido de gran calado para la investigadora.
En mayor o menor medida las catorce tipologías analizadas están presentes en el norte del área de estudio. La sierra de Antas de Ulla cuenta con combinaciones circulares en todos los sitios arqueológicos. Se trata de una zona de gran riqueza estilística a pesar de ser relativamente pequeña (3,2 Km²), vinculada a un accidente geográfico concreto: la Serra do Farelo, que forma parte de la Dorsal Galega ().
Por el contrario, en municipios como Chantada y Pantón las cazoletas son el motivo prehistórico más característico y, salvo excepciones, casi exclusivo en los paneles. Las combinaciones circulares presentan menor complejidad que las analizadas en el norte, pero, aun así, se aprecian diferencias de estilos entre ellas.
La búsqueda de patrones estilísticos precisa de un análisis más exhaustivo, con cruce de variables entre las catorce tipologías halladas en los ciento nueve paneles. Para averiguar las correlaciones o restricciones entre las diferentes categorías, el estudio repara en el lugar donde se disponen los paneles y su vínculo con el tipo de grabado.
La interferencia de motivos históricos ha sido abordada con cautela, pues nuestro fin principal es el análisis de los grabados prehistóricos. Por ello, se decide practicar dos análisis diferentes: uno que incluye la totalidad de motivos y otro que solo atañe a los prehistóricos.
Si realizamos las comparativas entre sitios, se comprueba que las cazoletas aparecen como único motivo en nueve lugares arqueológicos, siendo acompañados por otro tipo de representaciones en los restantes casos. Sin embargo, elipses, surcos y círculos simples nunca aparecen grabados en solitario, sino junto a dichas cazoletas; así, se puede deducir la existencia de una interrelación entre ambos.
Del mismo modo, existen nexos entre las espirales y las combinaciones circulares, ya que las primeras se graban exclusivamente en sitios donde hay presencia de conjuntos circulares. En cuanto a estos últimos, solo en tres lugares no están vinculados a cazoletas.
Atendiendo a los motivos históricos, encontramos restricciones en las herraduras; nunca aparecen en solitario, sino acompañadas de cruciformes. Por el contrario, las cruces presentan mayor independencia.
Si el análisis se acomete desde el panel, los resultados difieren ligeramente de los anteriores. Las cazoletas se hallan en 94 de los 109, es decir, en el 86,2%, pero solo grabadas en solitario en 51 (46,7%) y acompañadas de motivos históricos en 4. Así, si prescindimos de motivos históricos, supondrían el 50,4% de la muestra total.
En cuanto a surcos y elipses los resultados obtenidos reiteran lo observado a nivel de sitio, pues su presencia se vincula directamente con la existencia de cazoletas. Las elipses se pueden observar en 17 paneles y los surcos en 7; en todos ellos las semiesferas los acompañan. El 85,71% de los paneles con surcos se encuentran en el Norte.
Asimismo, el círculo simple nunca se representa aislado. Se encuentra en 15 paneles, de los cuales 10 poseen cazoletas, y 14 combinaciones circulares. En el 93,3% de los casos el círculo forma parte del panel con conjuntos circulares, mientras que la proporción desciende al 66,6% ante la presencia de cazoletas.
En los 3 paneles con espirales se observa una clara vinculación con las combinaciones complejas, estando presentes estas últimas en el 100% de los casos. Su asociación con las cazoletas desciende al 66,6%. A pesar de que la muestra es pequeña, se manifiesta en puntos distantes localizados en el norte y sur del área suroccidental.
Otro motivo característico es el trébol. Aquí sí hallamos restricciones espaciales, pues los 2 paneles con dicha representación se encuentran en el mismo sitio arqueológico, Penas dos Chaos. Uno de los soportes presenta combinaciones circulares y cazoletas, mientras que el otro solo semiesferas. Hasta la fecha, solo se ha encontrado un motivo similar en un panel de la provincia de Pontevedra. No obstante, este último presenta cuatro hojas y no tres, como el lucense. Discrepamos respecto a sus semejanzas con la “rosa camuna” de Valcamonica o con los casos portugueses en Laje das Sinais, Castros de Guifoes, Briteiros y Alto das Eiras (). Sin embargo, sí hallamos analogías técnicas y formales entre los autóctonos. Los tréboles no aparecen aislados en los paneles, sino que se acompañan de combinaciones circulares sencillas y, en el caso de Pontevedra, también de escenas de equitación.
La representación de los reticulados es escasa, aunque, del mismo modo que las espirales, la muestra se halla en el norte y sur de la zona de estudio. Se trata de 2 paneles, en los que se acompañan de combinaciones circulares, cazoletas, surcos y cruciformes. Los últimos comparten cronología con los reticulados del soporte septentrional.
Finalmente, los paneles con combinaciones circulares ascienden a 30, siendo solo en 6 el único motivo representado. En el 60% de los casos se acompañan de cazoletas y en el 46,6% de círculos simples.
Los grabados históricos son mucho menos frecuentes. Los paneles con cruciformes ascienden a 12. Hay nexos entre los anteriores y las herraduras en 5 paneles y en 1 con el alfabetiforme “phi”, de cronología también medieval. Las herraduras muestran mayores restricciones. Los 8 paneles con este motivo se encuentran en Antas de Ulla, de los cuales 5 se acompañan también de cruciformes y 7 de cazoletas. En ningún caso la herradura se representa de forma aislada, al contrario que las cruces, que son el único motivo de un panel en Campo da Uz (Antas de Ulla) y en Pena da Escrita (Pantón).
A través de las comparativas anteriores se puede reparar en las diferencias estilísticas entre las zonas de sierra y río. Dichas particularidades serían el resultado de la combinación de los diversos factores (funcionales, cronológicos, etc.) de cada sitio revelados a través de códigos de emplazamiento (). Sin duda, la riqueza y habilidad manifiestas en las faldas del monte O Farelo son síntoma de una sociedad próspera.
RELACIONES ENTRE TIPOLOGÍAS Y TÉCNICAS
Se ha comprobado que las tipologías prehistóricas e históricas del suroeste de la provincia de Lugo son sencillas y poco variadas. De igual modo, las técnicas empleadas se muestran en coherencia con esta realidad (). Una sociedad revela su estatus mediante distintas formas de expresión, a través del arte que crean sus pobladores. Cuanto mayor sea su riqueza tangible, mayor será su riqueza expresiva, aunque dentro de unos parámetros concretos (). En la producción artística los cambios tienden a materializarse en la realidad a través de largos períodos de tiempo, sin embargo, éstos suceden con mayor rapidez en el ámbito estético que en el tecnológico ().
En el ámbito meramente estético nos enfrentamos a representaciones de diferentes entornos cuyas características formales difieren. A continuación, comprobaremos si podemos trasladar este hecho al ámbito tecnológico. Para poder encontrar posibles correlaciones las categorías morfológicas y técnicas, se debe analizar la acción mecánica llevada a cabo por sus ejecutores (). Las huellas de dicha operación se manifiestan en el surco; por ello, para su correcto análisis, se necesita una buena conservación y la ausencia de líquenes o musgos. Cabe destacar que los resultados obtenidos han sido más fructíferos de lo esperado; si bien las diferencias entre zonas no son evidentes, sí lo son entre los diferentes períodos cronológicos.
Acción mecánica
Los útiles líticos y la dureza del soporte condicionan la ejecución de los motivos prehistóricos (, ). Estas limitaciones hacen que la percusión sea la técnica más extendida. No obstante, la dificultad recae en averiguar si el tipo de golpe es directo, con el uso de un único instrumento, o indirecto, empleando un cincel y un percutor.
El método indirecto proporciona mayor control sobre el cincel y evita errores causados por un mal impacto. Sin embargo, algunas prácticas experimentales señalan preferencias hacia la percusión directa, considerada más cómoda y rápida ().
Tras la percusión la mayoría de los grabados muestran una segunda acción mecánica, la abrasión (; ). Este procedimiento pule la superficie trabajada de la roca para dotarla de mayor homogeneidad (). Se han observado rastros de percusión en círculos, combinaciones, surcos, espirales y reticulados.
Es frecuente que al procedimiento de abrasión u horadación sea precedido con trabajos de percusión. Con ésta se elimina la capa superficial más dura de la roca, al mismo tiempo que se alcanza profundidad, para después horadarla con movimientos rotacionales que pulen la oquedad. Esta técnica se emplea en cazoletas y elipses; combinando, en las segundas, los movimientos rotatorios con movimientos lineales.
Los motivos históricos presentan mayor diversidad técnica que los prehistóricos, principalmente por el cambio de herramientas. Los útiles metálicos proporcionan una mayor versatilidad y una inversión de tiempo menor a la hora de trabajar. Encontramos notables diferencias entre cruces y herraduras, motivos de un mismo momento histórico que, generalmente, se hallan vinculados entre sí. Las primeras denotan el uso de distintos tipos de herramientas, hecho que se manifiesta en los surcos de anchura y profundidad variable. Mientras, la regularidad de las segundas, con surcos anchos y de escasa hondura, denota una gama más limitada de artefactos.
Cabe recordar que los cruciformes se dispersan por toda la geografía estudiada, mientras que las herraduras se localizan en un único sitio arqueológico: Campo da Uz. Este hecho influiría en que la técnica empleada en las herraduras fuera la misma, al ser fruto de un mismo período y lugar. Por el contrario, la dispersión de los cruciformes de Norte a Sur haría que aumentase su diversidad formal y técnica.
Tras el análisis de las muestras comprobamos que estos grabados fueron realizados mediante percusión indirecta. El trabajo habría sido practicado con dos herramientas: un cincel y un martillo percutor. El primero sería necesariamente metálico, mientras que el segundo podría haber sido de cualquier otro material. Al no hallar evidencias arqueológicas de los mismos, su análisis es abordado del mismo modo que los prehistóricos, examinando el surco.
El ancho y la poca profundidad de las herraduras indica el uso de un cincel de punta ancha mediante el cual se procedería a extraer el material rocoso. Se observan golpes cortos y suaves, que no buscan profundizar mucho en el soporte. Tampoco se pretende realizar una figura geométrica regular, sino una aproximación.
Asimismo, la mayoría de los cruciformes habrían sido practicados con técnicas indirectas, pero alternando cinceles de puntas diferentes. Éstos serían los responsables de conceder una sección en V o en U a los surcos. Las secciones en V se practican con un útil afilado o de punta estrecha capaz de profundizar en la roca, dotándola de un fondo angosto. En cambio, las secciones en U muestran menor contraste entre las partes superior e inferior del surco; revelando así, el uso de un instrumento de punta roma o, cuando menos, no afilado. En este segundo caso el grabado es más homogéneo.
Cabe añadir que se ha constatado una técnica incisiva en los cruciformes de Pantón y Sober. Ésta consiste en practicar una hendidura con una herramienta metálica afilada mediante movimientos lineales que desgastan la superficie rocosa. Dada la dureza media de los paneles creemos que esta técnica es un complemento de la primera, es decir, que se emplearía para el reavivado de los motivos y no como una práctica exclusiva.
Finalmente, las representaciones modernas (antropomorfos, zoomorfos y alfabetiformes de Campo da Uz) presentan un surco estrecho y poco profundo practicado, en este caso de forma exclusiva, mediante la técnica de incisión (). Su trazo es tan fino que apenas se percibe con luz natural.
De lo anteriormente descrito se puede extraer que las figuras históricas (cruz, phi y herradura) son elementos funcionales, delimitadores y carecerían de fin estético. La forma perfecta no sería importante, sino el lugar específico donde se hallan. Por el contrario, los motivos antropomorfos y zoomorfos no poseerían utilidad, serían más bien fruto del entretenimiento de sus ejecutores.
TOPOGRAFÍA DEL PANEL. INTEGRACIÓN ESPACIAL
La ubicación de los motivos dentro del panel es otra variable a tener en cuenta (; ). Las localizaciones más reiteradas dentro de los paneles son SW (n=668) y SE (n=522), que representan el 32,50% y el 25,40% respectivamente del total de los casos. En menor medida encontramos las disposiciones NW (n=348) y NE (n=335).
Al reparar en los accidentes geográficos de las áreas estudiadas se puede deducir que algunos patrones están asociados a ellos. Es el caso de Antas de Ulla, donde la tendencia suroeste de los motivos se puede vincular con la cadena montañosa que domina la zona; pues la Serra do Farelo se dispone en esta latitud respecto a los sitios arqueológicos. Desde los paneles se pueden observar grandes panorámicas del entorno; sin embargo, sus motivos “miran” hacia el interior, prevaleciendo así la visión de la montaña frente al valle localizado al noreste.
Por otro lado, en el panel de Leira Rapada (O Saviñao) las figuras se orientan al Noreste, lugar por donde transcurre el arroyo Saviñao. Del mismo modo, en los casos de Castro de Espasantes y Vilaxilde (ambos en Pantón) los motivos muestran preferencia por la orientación sureste y suroeste, con una disposición enfocada hacia el río Cabe. Por último, en Sober, los motivos próximos al río Sil tienden a converger con él; esto ocurre en Laxa da Carreira y en la mayoría de motivos de Penas de Sampil.
Cabe añadir que no todas las orientaciones atenderían al ámbito geográfico. En varios sitios arqueológicos los motivos, junto con los paneles, crean conjuntos cerrados que delimitan un área determinada, como es el caso de Monte Queimado (Antas de Ulla). Aquí se observa una clara predisposición de las figuras hacia el interior de un recinto espacial limitado por túmulos neolíticos, donde ambas manifestaciones, túmulos y grabados, se hallan conectadas creando códigos espaciales cerrados (; ).
Todo ello hace resaltar la importancia del lugar donde se inscriben las representaciones, el espacio lo es todo. La selección de los paneles no es fruto de acciones impulsivas, sino premeditadas; las sociedades creadoras eligen el sitio por sus cualidades y con un fin determinado ().
En conclusión, la orientación de los motivos en el panel no es un patrón general que se repite en todos los lugares del mismo modo. Las figuras serían adaptadas al entorno inmediato sin perder de vista los accidentes geográficos que las rodean, que, de algún modo, marcarían los hitos hacia los cuales dirigir su “mirada”.
Encuadre
El encuadre es “la distribución de las figuras en términos de agrupación o disgregación con respecto al espacio disponible del soporte” (). Continuando nuestro análisis, nos detendremos ahora en la observación del modo en que se articulan los elementos dentro del panel. Es decir, examinaremos cómo se disponen las figuras atendiendo al espacio útil que posee cada soporte; si se agrupan en una o varias zonas determinadas o si, por el contrario, se dispersan por todo él. Los soportes con un único motivo no son tenidos en cuenta, pues carecen de referentes espaciales. Asimismo, tampoco los móviles, ya que al estar fracturados no conocemos el tamaño original del soporte, ni el encuadre de los motivos dispuestos en él.
En general, las figuras no siguen un patrón de dispersión determinado. Aunque la mayoría se dispersa por el panel (n=57), la diferencia respecto al total de figuras que se concentran en un lugar específico es mínima (n=42).
La concentración o dispersión de figuras sobre un soporte quizá determine los códigos funcionales del sitio arqueológico (). Los datos muestran que en la sierra la presencia de motivos diseminados por la roca es mayor que la de motivos agrupados. Por el contrario, en el área fluvial no se observa predilección por ninguna de las dos variables, registrando en ambas un número similar de resultados.
Partimos de la evidencia de que no todos los grabados prehistóricos se realizan de manera sincrónica en un momento concreto (). Por ejemplo, los tres paneles monumentales de Campo dan Uz (Antas de Ulla) son fruto de varias intervenciones, a través de las cuales se añaden figuras a lo largo de los siglos llegando a completar casi la totalidad del panel. Por ello, la abundancia de motivos dispersos en el soporte también denota que ha existido un trabajo del mismo prolongado en el tiempo, característica que, quizá, esté ligada a su importancia.
Otro factor a considerar es la relación entre tamaño del panel y número de motivos que contiene. Para ello se han diferenciado cuatro intervalos métricos basados en la longitud de los paneles: menos de 2 metros, entre 2 y 4 metros, entre 4 y 6 metros y mayores de 6 metros. También se han seleccionado cuatro intervalos aplicados a la cantidad de motivos por panel: menos de 10, entre 11 y 30, entre 31 y 60 y más de 60.
Los datos extraídos dan muestra de que la cantidad de motivos representados no es directamente proporcional a la dimensión del panel, sino que, por el contrario, las superficies de más de 6 metros de longitud poseen en su mayoría menos de 10 motivos (n=8). Frente a estos casos, se han hallado tan solo dos ejemplos que superan esas dimensiones, con más de 60 figuras. Del mismo modo, los paneles de 4 a 6 metros de longitud también muestran una correlación espacio/motivo baja. Así, registramos una cantidad correspondiente al intervalo de menos de 10 motivos en casi la mitad de los ejemplos (n=11). Esa escasa presencia de representaciones por panel es la más repetida, seguida del siguiente intervalo (de 11 a 30 figuras).
En definitiva, en la mayoría de ocasiones, el número de grabados que se practica en el panel es independiente del tamaño de este último, en el que, por lo general, quedan libres grandes áreas de su superficie. Si bien el artífice dispone de un gran lienzo para sus representaciones, escoge una mínima parte de él. La pregunta que llegados a este punto nos viene a la mente es ¿por qué? Tal vez base su elaboración en aspectos simbólicos y/o funcionales que hoy desconocemos. O, lejos de estas elucubraciones, simplemente dejaría espacio para futuros motivos que pudiesen ser realizados por él mismo o sus sucesores.
Es obvio que los elementos representados en un panel, principalmente en los de grandes dimensiones, no se realizan en un día o dos, sino que se van ampliando y modificando con el transcurso del tiempo. Desde un punto de vista estético, puede que la ausencia de figuras implique un juego de vacío-lleno, donde la falta de imagen es tan importante para el todo como la propia imagen; mientras que situándonos en un enfoque morfológico podría tratarse de códigos predeterminados definidos por la ausencia-presencia de signos ().
Relación de las figuras con accidentes naturales del soporte
Para continuar nuestro estudio técnico procedemos a examinar la relación que mantiene cada uno de los grabados con las formas naturales de la roca donde se hallan inscritos (). El uso de los accidentes del soporte es una decisión tecnológica y, a su vez, un atributo estilístico importante ().
El relieve puede ser sobresaliente o hundido respecto al plano superficial de la piedra. El primero se denomina positivo y el segundo negativo. Generalmente, los grabados tienden a ser negativos, realizados mediante la extracción de materia. Su proceso tecnológico consiste en rebajar la superficie más o menos recta y uniforme de la roca. En los relieves más profundos o sobresalientes el trabajo es mayor, pues hay más gasto instrumental, de tiempo y de energía ().
Asimismo, existen casos en los que el autor se vale de la orografía del soporte para intensificar el impacto visual de las figuras, dotándolas de volumen y tridimensionalidad. Parecen modeladas por la roca y, sin duda, requieren de conocimientos avanzados por parte de su creador. Así, el aspecto tridimensional es considerado una cualidad propia de la figura grabada. Estas características plásticas se encuentran también en pintura rupestre ().
Los datos revelan el escaso número de motivos en contacto con accidentes naturales de la roca. Su representación es mínima (n=286) respecto al total de la muestra (n=2055). De este dato podemos extraer que existe una pauta a la hora de disponer las figuras en el panel, eligiendo las zonas que carecen de accidentes y que requieren menor inversión laboral. Aun así, tampoco supondrían un impedimento, pues el 82,51% de los grabados realizados sobre dichos accidentes no parecen evitarlos en su diseño, sino que, al contrario, lo integran dentro de él.
Las alteraciones en la roca se pueden clasificar en dos tipos: diaclasa y protuberancia. La primera es una fractura natural de la roca que acarrea una ausencia de material donde se talla la figura, que, en el 71,59 % de los casos formará parte del diseño del motivo. Así, el rebaje de determinadas zonas no acarrearía alteraciones en el diseño de la figura, sino que se integraría en ella. El segundo tipo es una prominencia o saliente de la roca que, frecuentemente dota de mayor volumen al motivo. Del mismo modo que con la anterior, existe un mayor número de integraciones (87,37%) que de restricciones (12,62%).
De nuevo procedemos a analizar las cifras por sectores con el fin de progresar hacia un conocimiento lo más exhaustivo posible. Así, averiguamos que la frecuencia de motivos con diaclasas y protuberancias es semejante en el sector fluvial, mientras que en el montañoso la presencia de los segundos supera notablemente a los primeros. Este resultado podría revelar una búsqueda intencionada de soportes con protuberancias en el área septentrional con la finalidad de dotar de mayor plasticidad a los motivos. O que, en todo caso, la existencia de soportes con prominencias no fue impedimento para inscribir grabados en ellos, a pesar de requerir de una inversión laboral mayor. Aquí las protuberancias integradas alcanzan el 100% de los casos (n=124), en contraste con el sur, donde se mantiene la preferencia por las integraciones (n=35) respecto a las restricciones (n=25), aunque con un reparto más igualitario. En lo que a diaclasas se refiere, solo encontradas en la zona sur, el margen es mayor, con casi el 80% de los ejemplos integrados en el diseño (n=50).
A nivel general, son pocos los motivos que emplean fisuras en el diseño; vetas, fracturas y protuberancias habrían podido limitar a los grabadores. Y, por ello, se habrían decantado por áreas libres de complicaciones. Las diaclasas habrían marcado restricciones a la hora de disponer una figura en la superficie de la roca, principalmente de encuadre; pero, aun así, en caso de hallarse alguna en el lugar donde se practica el motivo, no parecen haber supuesto impedimento para su realización.
Atendiendo ahora al ámbito tecnológico, las figuras sobre orografías irregulares son generalmente más hondas que las demás (ej. Penas das Mentiras en Chantada y Monte do Cura en Sober). Aunque la técnica es la misma que en rocas regulares, la inversión de tiempo es mayor, debido a la complejidad que acarrea adaptarse a una superficie accidentada y profundizar en ella. En estos casos se requeriría de un piqueteado más acentuado e, incluso, de útiles diferentes. Sin duda, para obtener un surco muy profundo es preciso emplear un percutor con una forma determinada, alargado y estrecho, además de la herramienta usada para la abrasión.
Como último paso enfocamos nuestro estudio al análisis de las tipologías asociadas a los accidentes naturales. Éstas son solo la mitad de las existentes en el área suroccidental: cazoleta, círculo, combinación circular, elipse, surco, herradura y alfabetiforme (concretamente la letra phi). El tipo más afectado es la cazoleta, tanto por diaclasas como por protuberancias, aunque la frecuencia de las segundas es mucho mayor. También, en menor medida, encontramos combinaciones circulares en rocas con fisuras. En cambio, observamos que los demás motivos parecen evitar los accidentes.
La abundancia de cazoletas en toda la zona suroccidental favorecería que su representación en las superficies accidentadas sea mayor. Sin embargo, la aparición de otros motivos como herraduras, cruces y círculos, en este tipo de superficies es prácticamente inexistente.
Para finalizar este punto podemos concluir que los accidentes y la orografía no habrían sido impedimento para plasmar grabados sobre la roca, pero sí habrían influido en la elección de la superficie o, cuando menos, en la inversión de tiempo y energía necesaria. Preferentemente habrían sido seleccionados espacios dentro del panel donde no hay accidentes, evitando así el uso de orografías complicadas en el diseño.
Situación entre las figuras
En líneas anteriores observamos la distribución de las figuras respecto al espacio útil del panel (encuadre); ahora analizaremos la posición de las figuras en relación con los demás motivos. Para ello se han definido tres clases de posición: aislada (sin vínculo con otro motivo), yuxtapuesta (comparten parte del surco) y superposición (anulación de un motivo por el grabado de otro sobre él) ().
El primer tipo se refiere al motivo independiente, inconexo, que no mantiene nexo de unión con ningún otro. Aunque la mayoría de las figuras estudiadas son de esta clase (n=1962), algunos motivos independientes se disponen agrupados junto a otros de iguales características formados por figuras aisladas, cuya distribución espacial establece un conjunto determinado. Ha sido difícil precisar este tipo de agrupaciones debido a su condición abstracta. En regiones litorales hallamos figuras naturalistas independientes que representan una escena determinada, como por ejemplo la caza. Sin embargo, en la zona lucense las agrupaciones más reiteradas son de cazoletas, cuyas deliberadas alineaciones forman pequeños grupos.
Con menor frecuencia se localizan figuras yuxtapuestas, que consisten básicamente en motivos complejos formados por la unión de varias combinaciones circulares o cazoletas conectadas a través de una línea (surco). La frecuencia es la siguiente: cazoleta (n=37), conjunto circular (n=29), elipse (n=1) y círculo simple (n=2).
Finalmente, las superposiciones (n=24) son incorporaciones de nuevos motivos a los ya existentes que, por lo general, anulan o neutralizan a los predecesores. Los casos más habituales son cruces, herraduras y antropomorfos, grabados sobre otros motivos. En menor medida existen superposiciones entre los propios motivos prehistóricos, y se restringen exclusivamente a combinaciones circulares.
En el Panel 5 de Campo da Uz (Antas de Ulla) hallamos varios ejemplos de agregaciones. Se trata de la superposición de dos círculos concéntricos, con claro predominio de uno sobre el otro, y, a su vez, con nuevas incorporaciones medievales sobre otro de los conjuntos circulares presentes en el panel. A simple vista podría parecer que el motivo de mayor tamaño habría sido elaborado más tarde que el menor; sin embargo, si observamos detalladamente, comprobaremos que el anillo exterior de la figura menor parece no estar finalizado, desapareciendo justamente en la zona superpuesta. Este hecho podría indicar que la figura inacabada haya sido realizada posteriormente. Además, el motivo se localiza al límite del soporte y quizá, por falta de espacio, habría sido necesario solaparlo al otro.
Por lo tanto, las relaciones entre motivos pueden ser estudiadas desde un punto de vista cronológico, distanciadas por cortos o largos períodos de tiempo, y, desde un punto de vista intencional, con una finalidad formal. En este último caso son consecuencia de rectificaciones, reavivados o solapamientos, efectuados cuando la talla se interrumpe sobre el contorno de una de ellas, hecho que permite averiguar la secuencia de ejecución del panel.
Desde el punto de vista tecnológico, es importante observar qué tipo de figuras se yuxtaponen para averiguar cuáles se realizan antes y cuál es el campo manual del ejecutante. Es obvio que, en el caso de los motivos históricos, hay una diferencia cronológica, pero ¿por qué han superpuesto los nuevos motivos a los ya existentes? La respuesta más probable es que exista cierta intención de abolir el significado de los motivos primitivos. Por esta razón se optaría por la superposición de motivos, aun existiendo espacio libre en el soporte para las nuevas representaciones.
RELACIONES ENTRE MOTIVOS Y ATRIBUTOS DEL LUGAR
Para averiguar la relación que existe entre las figuras y el entorno se ha procedido a definir las características físicas de cada emplazamiento. Cabe aclarar que este análisis se centra exclusivamente en las particularidades del lugar donde se halla el soporte con gravados, y no al soporte en sí mismo, ya estudiado anteriormente. Se examinan las tipologías estilísticas predominantes en cada sitio arqueológico para, por medio de comparativas, buscar una correlación entre ellas y el espacio concreto donde se hallan ().
Así, hemos podido realizar una diferenciación entre “sitios con motivos complejos” y “sitios con motivos simples” que solo poseen cazoletas y elipses. Para esta parte de la investigación, se ha prescindido de las figuras realizadas en época histórica (cruces, herraduras, antropomorfos, etc.), ya que estas representaciones son fruto de otras manifestaciones culturales que nada tienen que ver con los patrones espaciales prehistóricos que queremos analizar.
El estudio demuestra que existe una correlación entre determinadas tipologías y la localización en la que se encuentran. Como se puede observar en el gráfico 1, este hecho se manifiesta claramente en laderas y llanuras. En las primeras el 54% de los lugares estudiados presenta grabados complejos, frente al 26% con grabados simples. Mientras, en las llanuras los sitios con motivos simples ascienden al 48% y los complejos se reducen al 31%. Por otro lado, la representación de las cimas de monte es semejante en ambos casos, y la vega solo implica a un único exponente.
Es probable que los paneles con motivos simples atiendan a funcionalidades diferentes respecto a las representaciones complejas. Esta distinción podría ser consecuencia de la perdurabilidad en la talla de los primeros a lo largo de las distintas etapas cronológicas. Algo que contrastaría con la presencia mucho más acotada en el transcurrir de los tiempos de las combinaciones circulares y demás figuras compuestas, lo que explicaría que su uso y/o simbología sea menos variable.
También se pueden establecer correlaciones entre la altura del panel (n=105) y los motivos que en él se representan. Cabe matizar que los datos obtenidos hacen referencia a la altura de los soportes respecto al suelo actual. En un primer acercamiento se han discriminado los motivos históricos para evitar posibles interferencias sobre los resultados específicos de nuestro objeto de estudio, los motivos prehistóricos. Por lo tanto, procederemos a clasificar el panel prescindiendo de motivos añadidos a posteriori. Como se refleja en el gráfico 2, los datos indican que solo el 5,2% del total de los soportes con figuras complejas poseen una altura superior a un metro; mientras que en el caso de los soportes con figuras simples el porcentaje asciende al 25%. En estos últimos se observa preferencia por rocas de talla media (≥ 1 metro), que representan el 40,7% de los casos, seguidas de las dispuestas a nivel de suelo, con 34,2%. Los motivos complejos no revelan gran diferencia entre los soportes a ras de suelo y los que no sobrepasan el metro.
También se repara en el emplazamiento geográfico del soporte, en concreto en su perceptibilidad (; ), si éste destaca en el entorno o si, por el contrario, se localiza en una zona deprimida y recóndita. Tras el examen descubrimos que un 35,29% de los paneles se sitúan en rocas de gran tamaño o en zonas altas que atraen la atención del “espectador”. Es el caso de los batolitos graníticos del Panel 3 de Campo da Uz y los Paneles 1, 2 y 3 de Penas Solteiras, o del pequeño otero del Panel 2 de Monte Queimado, todos ellos en Antas de Ulla. Por otro lado, el Panel 3 de Penas dos Chaos y el Panel 1 de Penouzos (Figura 10) están dispuestos a ras de suelo, pero localizados a los pies de dos grandes bloques rocosos. En este caso, los paneles no destacan en el entorno, pero sí lo hace el conjunto de rocas asociadas a ellos.
En contraposición, el 60,78% de los soportes se dispone en zonas reservadas que apenas llaman la atención del observador, como pueden ser los paneles de Penas de Veliños, en Sober. El 3,92% restante son soportes descontextualizados, desplazados de su lugar original, por lo cual son diferenciados del conjunto anterior.
En las rocas halladas en elevaciones el panel no destaca por sus dimensiones, sino por el lugar al que está vinculado. Oteros y batolitos llaman la atención del observador y, una vez allí, se advierte el panel. Es fundamental en esta fase de la investigación diferenciar entre la perceptibilidad del soporte y la del panel.
Como se señaló en el caso de Penas dos Chaos y Penouzos (Figura 10), el panel no está integrado en las grandes rocas dispuestas sobre oteros, sino en sus proximidades. Aun así, el impacto visual es semejante, pues los bloques de gran tamaño sobresalen en el lugar y, a medida que se avanza hacia él, se puede percibir como aparece el panel dispuesto a ras de suelo.

Los sitios con figuras complejas suelen presentar un nivel de visibilidad alto (largas distancias (Figura 11)) y medio (dominio completo de una zona determinada). Mientras tanto, los lugares son altamente perceptibles desde todo el territorio. En los sitios con motivos simples la presencia de espacios con visibilidad media y alta se mantiene como la predominante, siendo registrado tan solo un lugar con visibilidad baja (terrenos inmediatos: hasta 100 metros). Este hecho podría denotar cierta indiferencia respecto a este parámetro en los motivos simples. Sin embargo, si se repara en la perceptibilidad, los datos se invierten respecto a los obtenidos con los motivos complejos, mostrando escasos ejemplos con alta perceptibilidad, al contrario que los paneles con motivos complejos (Gráfico 3).


De lo anteriormente señalado podríamos extraer que es posible que existan diferentes códigos visuales en función de si se trata de grabados sencillos y representaciones de mayor complejidad. La importancia de la visibilidad radica en las estrategias de visión del entorno que rodea al soporte implementadas por las formaciones sociales (); el grado de apreciación de los grabados sería también elegido conscientemente por cada comunidad (). De todo ello podemos extraer que, en el momento de su elaboración, habría existido una correlación determinante entre lugar y tipo de motivo, debido a la funcionalidad del sitio y del mensaje que sus pobladores quisieran transmitir (). El espacio se encuentra directamente vinculado al arte rupestre () y ambos forman un todo que no se puede analizar por separado.
CONCLUSIONES
Pese a la variedad estética y técnica existente en la sierra de O Farelo, es obvio que hallamos una dicotomía entre el área oriental y occidental de Galicia. Tal vez dicha circunstancia puede explicar el origen, desarrollo y expansión del fenómeno-expresión rupestre desde el Oeste hacia el Este de la región. Esta “ocupación simbólica” () fue paulatina, pero constante. A medida que dichas representaciones se expanden, se empobrece gradualmente su repertorio y, del mismo modo, la destreza con la que son reproducidas. Por ello, en el interior no solo hallamos las manifestaciones más sencillas, sino, también, el declive de esta expresión prehistórica, donde poco a poco se agotan las fórmulas hasta su desaparición.
La morfología y disposición de los motivos responde a códigos predeterminados por las sociedades (). No hallamos distribuciones aleatorias, sino con un fin determinado asociado al uso del lugar, marcado por las peculiaridades culturales de sus diseñadores y usuarios. Los motivos presentan escasa variabilidad tipológica y, a su vez, tecnológica, fruto de singularidad cultural de sus ejecutores.
Los pueblos atlánticos se comunicaban con otros por vía marítima, aumentando no solo su riqueza material, sino también simbólica. Por el contrario, el territorio flanqueado por la Dorsal Central (Oeste) y las Serras Orientais (Este) presentaría mayor dificultad para la llegada de influencias foráneas. Aunque ya existían algunos intercambios en el Paleolítico, como manifiestan las piezas de sílex halladas en el valle de Lemos, procedentes de Asturias, la posibilidad de establecer vínculos culturales era limitada, siendo el trayecto recorrido por las piezas que intercambiaban mayor que los propios desplazamientos humanos ().
Tras el análisis de los datos anteriores, creemos que dicha cadena montañosa no solo delimitaría dos territorios, sino también dos momentos distintos, aunque consecutivos, de expansión de las manifestaciones rupestres.
Asimismo, no solo hallamos diferencias entre las zonas occidentales y las orientales, sino que dentro del área analizada en el presente trabajo observamos distintos códigos visuales, técnicos y morfológicos derivados principalmente de su localización. El simple hecho de que el territorio meridional del Noroeste Peninsular fuese más cálido que el norte, pudo ser determinante para el modo de vida de sus pobladores y, quizá, para el uso y explotación del mismo.
Sin duda, los patrones de emplazamiento están basados en la funcionalidad del lugar (). Se ha observado como los motivos simples y complejos se distribuyen en diferentes localizaciones y como se relacionan los unos con los otros dentro de un mismo panel. Hay figuras que son exclusivas de un lugar determinado o, incluso, que están condicionadas por otras y, a su vez, se asocian a distintos niveles de perceptibilidad y/o visibilidad. Es evidente que todo ello responde a códigos aún por descifrar, pero que son muestran del grado de desarrollo de las sociedades productoras de grabados rupestres.
AGRADECIMIENTOS
Llegados a este punto, quiero agradecer enormemente a Martí Mas su implicación en mis investigaciones durante esta última década; a Ramón Fábregas, sus recomendaciones metodológicas, así como la ayuda administrativa recibida; y a Alexandre Paz, cuya constancia y meticulosidad admiro.
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Notas
[*] Licenciada en Historia da Arte por la Universidade de Santiago de Compostela en 2008 y Doctora en Historia en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Actualmente, investigadora colaboradora del Grupo de Estudio para a Prehistoria do Noroeste Ibérico. Arqueoloxía, Antigüidade e Territorio (GEPN-AAT).
[1] La mayoría de los motivos históricos analizados en el suroeste de la provincia de Lugo se hallan dispuestos en lugares donde ya existían manifestaciones rupestres prehistóricas. Es decir, que su localización no se basa en pautas espaciales, sino en el solapamiento de imágenes paganas para, de algún modo, neutralizarlas (). Las figuras cristianizadoras son principalmente cruces y herraduras. Sin embargo, las cazoletas son utilizadas durante un período tan prolongado de tiempo que su análisis requiere mayor cautela. Muchas de ellas se adscriben a períodos prehistóricos, pero otras, ubicadas en límites administrativos, apuntan a petroglifos de término y, por tanto, medievales.
[3] Los datos son recogidos en el proyecto de investigación “Ocupacións humanas durante el Pleistoceno de la cuenca Media del Miño” (Ministerio de Ciencia e Innovación, HUM/2007-63662), llevado a cabo desde la Universidade de Santiago de Compostela, junto al Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona), Arizona State University (ASU) y miembros de otras universidades; tiene como objetivo el estudio del primer poblamiento paleolítico en el interior de Galicia. (Véase https://gepn.jimdo.com/proyectos/cuenca-media-del-miño).
















