1. Introducción
La segunda mitad del siglo XIX y, en particular, el período de fin de siècle, conlleva cambios a nivel social y económico que tendrán un impacto en cómo se entiende la niñez, así como a la niña o a la joven y en última instancia a la mujer tanto en Inglaterra como en el contexto europeo (). En el ámbito literario, la ficción para estas niñas y jóvenes adquiere gran importancia en términos de número de obras y de autoras que la cultivan. Sin embargo, se mantiene un modesto interés tanto por el género como por su autoría desde la crítica. Se trata, no obstante, de un género emergente que refleja la educación junto a la socialización de las adolescentes fuera del hogar y que habría contribuido a forjar el concepto de New Woman (Nueva Mujer) de fin de siècle (; ; ).
Este concepto de New Woman no es fácil de simplificar. Por lo general, se caracteriza por buscar su lugar en la política y en la sociedad, además, goza de una cierta autonomía, voluntad de progreso en el ámbito del conocimiento, así como de capacidad de autodeterminación para definir una agenda propia con una visión alternativa sobre lo que significa ser una mujer en ese período ().
describen cómo a partir de 1850 los movimientos feministas comienzan a consolidarse y a adoptar mayor organización, jerarquía, así como presencia social en el contexto anglosajón. En ello, la prensa y la literatura tienen un papel destacado, no solo para el intercambio de ideas, también para dar forma y fondo al movimiento (). Se publican gran número de revistas dirigidas a mujeres, junto con otras cuyo público meta son niñas y jóvenes. Algunas de las primeras son de corte más tradicional, cultivando los valores asociados a la mujer victoriana, otras comienzan a incluir temáticas más progresistas como es el caso de Womanhood: The Magazine of Women’s Progress and Interests (1894-1904) ().
En el caso de la juventud, emergen otras publicaciones como la revista Atalanta (1887-1898), fundada por la autora de la que nos ocupamos en este artículo, Elisabeth Tomasina Meade (1844-1914), que también ejerció como editora de esta. Atalanta, de publicación mensual, se centraba en temas educativos para chicas jóvenes, como la relación entre la feminidad y la educación. Otro aspecto de interés era la oportunidad que ofrecía a sus lectoras para el desarrollo de sus habilidades de lectura o el fomento de su papel como escritoras, ofreciéndoles becas y concursos en este ámbito (; ). De acuerdo con , las competiciones literarias y premios organizados desde la publicación, así como desde el Pioneer Club por la autora promovían el sentimiento de pertenencia y de comunidad entre las jóvenes. Se considera así a Meade como una pionera de la enseñanza de escritura creativa a chicas jóvenes.
Con todo, la educación de las jóvenes, incluyendo el fomento de los hábitos lectores a los que se ha hecho referencia, pudo ser la piedra angular de los avances, así como de la progresiva consolidación de los movimientos feministas (). Aunque el número de universitarias no comienza a crecer en Inglaterra hasta principios del siglo XX, se observan progresos anteriores en este ámbito. En 1847 el King’s College ya admitía a mujeres, la Universidad de Leeds, en 1874 o la Universidad de Londres, en 1878 (; ). Muchas de las jóvenes que terminaban sus estudios pasaban a ejercer como maestras, educaban a niñas de clases medias y altas en su período previo a la universidad y contribuirían decisivamente a la formación del concepto de feminidad al que se ha aludido.
La novela escolar femenina, entendida como género independiente, gozó de gran relevancia en el periodo comprendido entre 1860 y 1910. Encuentra sus orígenes en obras como The Governess de Sarah Fielding, de 1749, o en otras populares obras de las hermanas Brönte, ya posteriores, como: Jane Eyre (1847), Agnes Grey (1847) o The Professor (1857) (; ; ).
De acuerdo con , existen una serie de características comunes al género, entre las que, además del público al que suele estar dirigido, destacan otras como su localización, ya que generalmente transcurren en escuelas para jóvenes. En relación con su argumento, el desencadenante principal suele ser la llegada de una nueva joven al colegio, su integración, así como la descripción de otras rutinas y tareas, en las que se refleja esta vida comunitaria. Otros aspectos que se tienden a encontrar en estas obras son la amistad entre las chicas, la lealtad o el liderazgo escolar. Además, muchas de las novelas cuentan con un final feliz e incluyen aventuras dentro y fuera del centro. Un aspecto interesante es cómo en la mayoría de las obras el paso por la escuela representa para las chicas una transición de la vida en el hogar y la domesticidad a la esfera pública ().
Expuesto lo anterior, es la pretensión de este trabajo adentrarse en la producción de una de las autoras más prolíficas de este género en la segunda mitad del siglo XIX en Inglaterra. Meade, que fomentó también la actividad deportiva y la educación saludable de las jóvenes, estuvo fielmente comprometida con el valor de la lectura y la escritura. Lo hizo tanto desde la prensa como a través de su extensa creación literaria.
2. Objetivos y método
Este trabajo ahonda en la obra A World of Girls: The Story of a School, de 1886, de E. T. Meade, así como en cómo esta pudo contribuir no solo a visibilizar nuevos paradigmas en la educación escolar femenina, sino también a consolidar esta nueva idea de feminidad de final de siglo. Se trata de responder de este modo a las preguntas de investigación: ¿Las protagonistas y temáticas de la novela reflejan un cambio de paradigma en el ámbito educativo, así como una nueva idea de feminidad? ¿Podría así la novela haber contribuido a visibilizar nuevos paradigmas en la educación escolar femenina del momento? ¿Habría sido clave entonces para consolidar la nueva idea de feminidad de final de siglo?
En relación con la metodología empleada para dotar de luz a esta novela juvenil, se aplica un análisis cualitativo () de carácter feminista, utilizando pues el género como categoría en este análisis. Como señala , no hay una única forma de llevar a cabo la crítica literaria feminista, ya que existen una variedad de métodos y teorías que permiten alcanzar los fines de este tipo de investigación.
Así, en este trabajo se aplica el método del bordado o acolchado de datos (data quilting) (; ). Este enfoque en el caso de nuestro estudio está compuesto por tres capas o niveles: la mujer en el contexto de fin de siglo en Inglaterra, la educación femenina en ese contexto y los temas y protagonistas en la novela escolar de la autora. Los tres niveles o capas se hallan entretejidos para la obtención de resultados. En línea con lo expuesto por , la investigación bajo este enfoque no pretende descubrir verdades absolutas, sino que trata de construir una teoría teniendo en cuenta diversas fuentes académicas, así como la propia reflexividad.
3. El contexto: Sociedad y educación
Elisabeth Tomasina Meade publica la mayoría de sus obras en el período comprendido entre 1880 y 1910, ya en Inglaterra. Proviene de una Irlanda rural que se encuentra envuelta en una gran hambruna que provocaría una migración masiva entre 1845 y 1849. Del mismo modo, en el país se suceden revueltas campesinas ocasionadas por las crisis agrícolas y los movimientos de autonomía (). Cuando en 1874 la autora llega a Inglaterra, y se establece en Londres, el país se encuentra en el ecuador del período victoriano. Las niñas y jóvenes por lo general han de ser educadas para cumplir con las virtudes victorianas entre las que destacan el orden, la puntualidad y el ahorro. Estas se ejercen en un ámbito doméstico en el que se promulga el amor y la caridad ().
No obstante, no deja de ser cierto que entre 1830 y el fin de siglo se suceden numerosos avances en el ámbito educativo. En estos años, el país experimenta un incremento de riqueza entre los estratos más altos de la clase media tales como las finanzas o la banca, a la que se une una gran expansión en el número de holgados comerciantes y otros profesionales manufactureros, principalmente en el contexto urbano. En la medicina, la iglesia o el derecho, el aumento de personal y profesionales no es muy notorio, sin embargo, el grupo de personas dedicado a la literatura o a las investigaciones científicas se triplica (Walton, 2001). Se produce no solo un incremento en la necesidad de personal de servicio sino también de otras profesiones como el magisterio, ya que esta más desahogada situación que iban ganando las clases medias demandaba más recurrentemente una educación fuera del hogar.
El asunto educativo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX se enfrenta con todo a diferentes tensiones. Por un lado, trata de responder a cómo en los centros de educación media o secundaria se integra tanto a las nuevas clases medias como a la vieja aristocracia (); por otra parte, se afrontan debates relativos al currículum y a la educación femenina previa a la etapa universitaria. Las posturas son diversas y van desde apuntar que el fin de la educación femenina ha de ser crear buenas madres y esposas –la mayoritaria– hasta otras opciones que defienden un currículum escolar exclusivamente femenino o el mismo contenido para escuelas de chicas y chicos (; ). No obstante, se ha de señalar que el término empleado anteriormente “escuela media o secundaria” no existe como tal en ese momento, se trata en este contexto de las conocidas como public schools, muchas de ellas nacidas a partir de las grammar schools, donde el alumnado de entre 15 y 17 años era internado y tenía que pagar tasas relativamente altas.
La situación de las escuelas se visibilizó y entró en el debate gracias, entre otros, a políticos como Lord Tauton y la creación de la School Inquiry Commission, que en 1868 publicaría un informe sobre la situación escolar de las clases medias. En su capítulo VI se centró en la situación de las escuelas femeninas y en las necesidades de mejora que estas presentaban (). Se lanzan preguntas como las siguientes, que no dejan de ser muestra de qué tipo de educación se podía ofrecer a las jóvenes en ese momento y de los debates en torno a las escuelas para estas:
La pregunta es doble. Por un lado, (convendría preguntarse) si las chicas tienen similar (que no igual) capacidad intelectual que los chicos y, por otra parte, si la tuviesen, ¿querría decir esto que su formación debería ser la misma? (; traducción propia).
Presenta también otras reflexiones que reflejan la escasez de medios en el ámbito de la educación femenina o la falta de metodologías apropiadas que existía:
Como regla general, se observa que existe poca profesionalización, pocos libros de texto, gran número de tareas de escaso interés o reglas que se memorizan y de las que no se comprende su base […] poca estima hacia el valor de los diferentes tipos de aprendizaje y una tendencia a completar o a adornar más que a fortalecer las mentes. (; traducción propia).
Con posterioridad a este informe llegaría la Ley de Dotación Escolar de 1869 (Endowed Schools Act) y la Ley de Educación de 1870 (Forster’s Education Act), que propiciaron el incremento del acceso femenino a escuelas generalmente reservadas para chicos. Del mismo modo, estas leyes educativas también incentivaron la necesidad de nuevos textos educativos para jóvenes, entre los que se encontraron, por ejemplo, las novelas escolares, que ya daban cuenta de los avances en la imprenta, y adquirieron gran popularidad hacia 1880 ().
Así pues, de acuerdo con , se observa, como se apuntaba, que el número de universitarias que provenían de esta educación media, y a su vez de robustas clases medias o altas, comienza a ser mayor entre 1870 y 1880. Aunque hasta 1914, de acuerdo con el estudio, la mayoría de ellas se ocuparía en el ámbito educativo, ejerciendo como maestras. La docencia de estas egresadas universitarias junto con el impulso del debate educativo al que se aludía podría haber contribuido a potenciar a las futuras generaciones de chicas jóvenes, lo que repercutiría en la aceleración que experimentan los movimientos feministas de principios del siglo XX.
En concreto, en el período final del siglo XIX, describe tres tipos de centros escolares femeninos: las escuelas de día (day schools), las reformadas escuelas secundarias y los internados (boarding schools). Meade en sus obras, se fija tanto en historias que suceden en las day schools como en las boarding schools, aunque la que se describe en la obra de 1886 es un internado. A las primeras, asisten chicas jóvenes de clase media, abonando tasas relativamente bajas. Eran centros apropiados para las adolescentes que querían mantener sus vínculos familiares y supervisión en el hogar. Trataban de dar a las chicas una educación comparable a la que recibían los chicos en las escuelas públicas antes mencionadas, previa a una formación más especializada para el mundo laboral.
Los internados, por otro lado, heredaban también la tradición de las escuelas públicas, pero se establecía una separación clara entre la domesticidad del hogar y la vida escolar. También favorecían la socialización de las jóvenes y el estrechamiento de vínculos entre las pupilas, algo que no experimentaban las clases más altas –con educación en el hogar– que a menudo advertían una cierta soledad (), ni tampoco las alumnas de las clases más bajas, que mantenían el contacto con el hogar. En el siglo XIX en Inglaterra, las alumnas de los internados eran de clases medias y altas, pero en numerosas ocasiones presentaban alguna problemática que hacía que no pudieran educarse en su hogar: pérdida de sus madres, padres en el ejército, etc. ().
Esta nueva realidad escolar, incluye también un nuevo tipo de maestra. Esta se aleja del modelo de dama preocupada y angustiada del período inicial victoriano (). Se trata ahora de una maestra más profesional, mejor pagada y con una formación superior, lo que podría haber resultado en una mejor educación para las jóvenes que, en muchos casos, se preparaban para acceder a estudios universitarios. Las pupilas, por su parte, experimentan también ciertos cambios. Parecen querer superar los retos escolares, que en el internado femenino que nos describe Meade comienzan a parecerse a los que se les presentan a sus compañeros varones: competiciones, tretas para la realización de tareas, fechorías con rescates incluidos, etc. Pasan así de ángeles a compañeras intrépidas, pero conservando numerosos rasgos de bondad (; ).
Como se apuntaba en la introducción, la New Girl (Nueva Chica) surge no solo de los cambios sociales y económicos acaecidos que propician nuevas posibilidades de empleo para las jóvenes y, por lo tanto, de una necesidad de formación previa (). La nueva feminidad es también el resultado de estos avances en la educación formal y no formal (i.e. lectura, prensa, etc.) que reciben en el período, siendo la literatura para “jóvenes” parte de dichos itinerarios formativos. En este punto, se ha de puntualizar que por “jóvenes” se atiende, de acuerdo con , a chicas solteras hasta los 21 años de edad. Este grupo fue el objetivo de autoras como Meade, pero también de otras como Sarah Grand o Mary Chomondeley.
Así pues, este género creció exponencialmente, como se ha expuesto (; ; ) y fue un canal primordial para el cambio social feminista, así como para la construcción de este nuevo paradigma de chica joven (; ). Ella está más allá del hogar gracias a su educación, también representa el valor que poseen la lectura y la escritura en su nuevo papel social y en la consecución de sus metas ().
Conocer mejor el internado Lavender que nos describe Meade, aun sabiendo que es ficción, posiblemente nos permita saber más de cómo se entiende a la “Nueva Chica” y la “Nueva Mujer” de este período decisivo para la posterior consolidación de la primera ola feminista. De hecho, autores como se refieren al gran valor que la novela escolar tiene para los historiadores del período. Algo que contrasta con la relativa censura que experimentaron las obras de Meade, animando en 1929 a las bibliotecas a retirarlas a través del Wilson Library Bulletin, en el que se alegaba su escaso valor literario ().
4. Meade y su novela A World of Girls: The story of a school
La obra A World of Girls se publicó en 1886 en Inglaterra con la editorial Casell & Co. Es parte del primer período de Meade como autora. Esta cuenta con una extensa producción –más de trescientas obras– en la que no solo cultivó la novela escolar sino también géneros como la novela negra o la novela clínica de misterio, habiéndosela considerado precursora de esta última. Según afirma , su producción tuvo una gran acogida en el período. En concreto, la novela escolar de la que se trata ya contaba con una 4ª edición dos años después de su primera publicación y, en la edición de 1902, se señalaba que ya se habían distribuido 37.000 ejemplares de la novela. Datos que dan muestra de su amplia difusión, así como de su posible influencia en las jóvenes.
Como otras novelas escolares narra la incorporación de una nueva pupila, Hester Thornton (Hetty), a un internado femenino, y cómo esta se integra en las tareas diarias con profesoras y compañeras (; ). Allí conocerá a la intrépida Annie Forest, que, a pesar de no contar con la aprobación de la joven al comienzo, terminará siendo una de sus mejores compañeras en el centro. La obra tiende a centrar su atención en una aventura escolar diferente en cada uno de sus 51 capítulos.
Uno de los sucesos más destacados ocurre fuera del internado y narra cómo Annie rescata a la pequeña Nan –hermana pequeña de Hetty– del rapto por parte de una comunidad gitana. Esto parece coincidir con lo expuesto por , que destaca cómo esta comunidad se refleja en las obras de final del siglo XIX, evocando tanto una cierta fascinación como hostilidad en la ficción del periodo. Se rescatan otros temas comunes a la educación de la época tales como la educación religiosa, la educación en francés o las competiciones de escritura. En este caso, la historia acaba con un final feliz, alabando el valor de la amistad y aplaudiendo el papel de la valiente y creativa Annie Forest (; ; ).
a. New Women y New Girls
La señora Willis es la directora del internado en el que se conocen Hester y Annie. Se trata de una dama de cierta edad, con pelo gris, de clase alta y con cierto aspecto materno,
El lujoso vestido de satén color grisáceo y el gorro de encaje de Mechlin que suavizaba y cubría el cabello plateado de la señora Willis, le parecieron hogareños a la niña, que había crecido acostumbrada a todos los lujos (; traducción propia).
que concuerda con el ideal de maestra del periodo inicial victoriano (; ). Sin embargo, posee también otras cualidades para la resolución de conflictos y para la gestión diaria que parecen presentar una intención por abrazar nuevos métodos educativos y los nuevos modelos de feminidad presentes en sus pupilas.
La directora posee una confianza plena en sus alumnas, a las que reiteradamente recuerda que confía en ellas en sus ausencias; también se observa en ella una gran capacidad de escucha, para conocer mejor a las estudiantes o para encontrar el fondo de los problemas cuando se dan conflictos. Otro aspecto de interés es su defensa de las alumnas, a pesar de que algunas no encajen con el ideal de virtud esperado en el momento. Sin embargo, lo que quizá nos dé mayor muestra de su voluntad de cambio, a pesar de su edad y experiencia educativa, es el testimonio de la omnipresente narradora:
La señora Willis tenía algunas ideas con respecto a la formación de las jóvenes que eran muy suyas […] Estaba decidida a darles a sus niñas mucha más libertad que la que se les concedía en la mayoría de los internados de su época […] nunca pensaba en imponerles lo que llamaba “reglas imposibles” (; traducción propia).
Así pues, se observa que valora la libertad por encima de la excesiva disciplina y que está comprometida con su propio ideal educativo, que según se muestra, no es el mismo que reina en los internados del momento. Coincide así con en lo que respecta a nuevos patrones femeninos más individualizados y con tendencia a la autodeterminación.
En la novela, se nos presentan otras maestras y proto-maestras. Encontramos a Miss Danesbury, que será la encargada de introducir a Hester en el internado y de enseñarle con excesivo cuidado y afecto las rutinas de este. Por su parte, Miss Good valorará la capacidad de la nueva alumna en inglés, ocupándose de situarla en la clase de tercer grado, a pesar de la falta de conocimiento de francés que la profesora Mademoiselle Perier nota desde el inicio. Sin embargo, tanto la señorita Good como la señorita Danesbury son también las encargadas de mantener el orden y la disciplina en el aula y fuera de esta, aun cuando la directora desea mantener la cordialidad con sus pupilas. Un ejemplo será la severidad y seriedad con la que la profesora de Inglés reprenderá a una de las alumnas por tener en su pupitre un ejemplar de Jane Eyre, señalando que los cuentos no están permitidos en el internado.
En lo que se refiere a las proto-maestras –con nuevas ideas que poco encajan con el concepto de feminidad tradicional– destaca Annie Forest. De ella se sabe que siempre está metida en problemas y disfruta con un poco de peligro. La joven intrépida y poco acorde con el decoro del que hacen gala otras pupilas se ocupará durante largos períodos del cuidado y la educación de Nan, así como de otras jóvenes de edades inferiores de Lavender.
En Annie, se observa el uso de métodos con componentes recreativos. Se divierte jugando con las pequeñas, le gusta la enseñanza al aire libre y hace uso de recursos como las rimas, a las que les da matices más lúdicos de los habituales. A modo de ejemplo, en el capítulo XXIII vemos como Nan disfruta de Humpty-Dumpty y le pide a Annie que repita una y otra vez, acompañada de sucesivos movimientos, o en el capítulo XXIV vemos como le canta Baby Bun a la pequeña. A pesar de que la obra alaba a Annie, sin fijarse en su carácter poco corriente y fuera de ciertas normas, la autora condena también esa educación infantil libertina, al aire libre, por parte de alguien poco preparado como es esta joven. Lo anterior acaba así con un final no deseado en la obra: el rapto de Nan.
Por su parte, las alumnas en mayor o menor medida parecen hacer alarde de gustos y aficiones poco comunes entre las niñas, de acuerdo con la moral imperante, así como por ser más naturales en sus comportamientos, más humanas. Ejemplos de esto los encontramos desde el inicio de la obra, cuando Hester, a pesar de ser una niña disciplinada en su etapa en el internado, accede a este cuando su padre, viudo, observa su afición por actividades al aire libre, generalmente toscas y ruidosas “asociadas a los chicos”, describiéndola como poco femenina (tomboyish).
Otra muestra de esa humanidad y naturalidad femenina, alejada del orden, el arreglo y el cuidado personal es la señorita Drummond, con la que Hester está destinada a compartir dormitorio. Susan Drummond es una joven pelirroja, de aspecto poco cuidado y desordenado a la que le cuesta madrugar y estar lista a tiempo para las oraciones matinales. La señorita Drummond emite ronquidos mientras duerme que molestan a su compañera de cuarto. Su propósito matinal, una vez consigue arreglarse, es poder situarse detrás de otras jóvenes más altas en la capilla para no ser vista si consigue darse una cabezada durante las oraciones de la mañana. Sirva de ejemplo adicional el tono meditativo en el que le dice a su compañera cuánto le gustaría dormir más tiempo: “me pregunto por qué las chicas no pueden dormir lo suficiente ¡Qué extraño!” ().
Sin duda, el mayor exponente en cuanto a comportamientos que se escapan de las normas y el decoro es la señorita Annie. Sin embargo, ello no está reñido con el afecto que le tienen las maestras. Una autora del período que no hubiera estado comprometida con las nuevas feminidades, sin duda, habría reprendido con más severidad a la escolar en la novela. Desde el inicio vemos como se la describe como desobediente, esperando escondida detrás de la puerta a la nueva alumna, con aspecto agitanado y con mala educación, “pero sin intención de hacer daño”. Un espíritu libre, pero afectuosa, de acuerdo con la señorita Danesbury ().
Su travesura por excelencia es la que aporta más interés e intriga a esta novela. Ante el rapto de Nan por parte de una comunidad gitana cercana al internado, Annie se considera culpable por haberla dejado sola en el jardín y emprende una aventura en solitario. Deja una nota a la directora en la que hace alarde de su responsabilidad hacia la pequeña y de su valentía:
Por muy mal que pienses de Annie, Annie le ama con todo su corazón. Perdóneme, debo ir yo misma a buscar a la pequeña Nan. Esa mujer alta y morena es una gitana, la he visto antes, su nombre es Mother Rachel. Dígale a Hetty que no volveré hasta que traiga a su hermana pequeña – Tu arrepentida y afligida Annie (; traducción propia).
En este viaje, vemos a Annie atravesar en solitario caminos y carreteras, disfrazarse de gitana para introducirse en su comunidad () e incluso buscar la ayuda de Tiger, un compañero canino, que le ayudará a que su misión llegue a buen puerto. En la tarea del rescate también aparecerá la policía, aunque será la joven Annie quien consiga que la operación triunfe finalmente.
En los capítulos que narran el rescate, la obra encuentra semejanzas con la novela de detectives que la autora posteriormente cultivará. La joven Annie, convertida en detective, se muestra empoderada y valiente. Da cuenta de su carácter atrevido y comprometido, más allá de la protección que pudiera brindarle el ambiente doméstico o escolar, está decidida a alcanzar sus propias metas (). Un nuevo modelo de joven escolar, que coincide con los ideales de nueva feminidad (; ; ).
b. Tareas, espacio y ocio en Lavender
La escuela Lavender, como se apuntaba, es un internado femenino al que acceden jóvenes de clase media y alta. En algunos casos, las jóvenes provienen de familias desestructuradas o que han perdido poder social o adquisitivo por eventos desafortunados, presentando así problemas para proveerles una educación en el hogar. Ese es el caso de la señorita Hester y de la pequeña Nan, que han perdido a varios hermanos y cuya madre ha fallecido, lo que hace que el intransigente señor Thornton no pueda educar a sus hijas de modo apropiado.
También son huérfanas de madre las alumnas Cecil Temple y Annie Forest. En el caso de Cecil, su padre, el coronel Temple se encuentra en India; en cuanto al señor Forest, está desaparecido, de acuerdo con el testimonio inicial, aunque aparecerá al final de la novela convertido en Capitán. Aunque coincide con el patrón de centro descrito (), se aprecian algunos casos en los criterios de admisión que salen de lo corriente y de la posible inflexibilidad imperante: cuotas más ajustadas, acogimiento por causas sobrevenidas, etc. (; ).
Así pues, la directora del centro ha de combinar una educación afectuosa, como la que podrían haber recibido de sus madres, con una cierta rigidez. En este sentido, ya se destacó que la señora Willis cuenta con una agenda propia al cargo del centro (; ). Entre los aspectos más sobresalientes en relación con su organización y con las tareas escolares, se encuentran: los espacios, luminosos y amplios; el tiempo libre, con ciertas concesiones en el ocio; o el tipo de tareas al que se enfrentan las alumnas, que parecen reflejar más libertad compositiva y temática, así como fomentar la imaginación de las pupilas ().
En relación con los espacios, el entretenimiento parece tomar un papel fundamental. Así, al describir las estancias, se dice que estas son amplias y luminosas, como es el caso de la habitación de juegos. De esta estancia se conoce también la existencia de acogedores rincones en los que cada joven puede dar rienda suelta a su creatividad, así como a sus propios gustos y decorarlo con sus fotos, dibujos, etc. En lo que se refiere a los espacios exteriores, se muestran juegos en la hamaca de la entrada, en caminos o campos cercanos o en el jardín, que, según la descripción dada, es algo anticuado, pero cuenta con muchas flores y desprende una gran belleza. Se sabe, además, que en los días de primavera las escolares pasean por los alrededores del internado, participan en carreras, juegan al tenis, al criquet o a sus juegos favoritos (). Lo anterior contrasta con esas tareas poco significativas y repetitivas que se mencionan en el Informe Tauton (), al aparecer el juego libre y el fomento de la creatividad en numerosas ocasiones en la obra.
Se han de destacar también los aspectos relativos al tiempo libre, donde las maestras realizan numerosas concesiones:
Las niñas de Lavender House pensaban que el domingo era el día más corto de la semana […] el castigo escolar cesaba y, si era necesario, se reanudaba los lunes por la mañana. Las chicas con sus mejores vestidos podían charlar libremente en inglés y leer sus libros favoritos (; traducción propia).
Como se describe, el domingo se evita el castigo, las escolares pueden leer sus libros favoritos o hablar en inglés y no en francés, algo habitual en las clases del período. Las escolares pueden asimismo hacer lo que les plazca hasta la hora del té y la directora se ocupa personalmente de que todo vaya bien en su tiempo de ocio. Las concesiones de los domingos se unen a otras como las dos tardes libres de las que las alumnas disponen después de Pascua o la posibilidad de salir a los exteriores del internado.
La relativa flexibilidad en el ocio afecta también a las tareas que suceden en el aula, siendo libre, por primer año, el tema de la composición para la competición de escritura. El resultado serán ensayos de lo más variado como el de la señorita Hester, sobre María Antonieta, o el de la señorita Russell, titulado “The River”, y donde da cuenta de su potencial creativo y gran imaginación, narrando las historias de los lugares por los que un río transcurre. La historia más realista será la de la señorita Foster, “A Lonely Child”, que, a pesar de necesitar algunas mejoras y correcciones ortográficas, ganará el premio finalmente, al narrar el rapto y rescate de la pequeña Nan por parte de su autora. Coincide así con lo apuntado por en relación con el fomento de las habilidades de escritura entre las jóvenes, algo que la propia autora también propició en sus publicaciones periódicas ().
No hay referencias al aprendizaje de costura, la cocina u otras actividades propias del hogar como sí solían proveerse en otro tipo de escuelas () y que sí aparecen, aunque no de modo recurrente, en otras novelas anteriores como Agnes Grey (). Esto es un argumento adicional para afirmar que no se estaba educando a las niñas para volver al hogar, sino más bien para salir al mundo exterior, posiblemente, acceder a la universidad y, con posterioridad, formar a futuras generaciones en un entorno académico. En este futuro entorno su creatividad, su habilidad para la resolución de problemas, así como su valentía podrían tener un papel fundamental.
5. Conclusión
Atendiendo a los tres ejes estudiados: mujer en el contexto de fin de siglo en Inglaterra, la educación femenina en ese contexto y los temas y protagonistas en la novela escolar de Meade, se concluye que A World of Girls: The Story of a School () pudo haber contribuido decisivamente al debate educativo del momento, así como a la evolución que experimentó la educación femenina (). Del mismo modo, teniendo en cuenta las edades del público al que la obra iba dirigida, así como su popularidad y difusión en el período podría haber sembrado en las jóvenes preuniversitarias el interés por nuevos modelos educativos, menos rígidos, más significativos y creativos, así como haber servido de modelo en su camino hacia estudios superiores universitarios (; ).
La obra destaca por ofrecer un ideal educativo propio, del que está al frente su directora, la señora Willis, y que, como se ha comentado, es acorde en líneas generales con los postulados de “Nueva Mujer” y “Nueva Chica” del fin de siglo (; ; ). Otra prueba indiscutible de cómo la novela se adhiere a estos postulados son sus protagonistas escolares, que destacan tanto por su carácter intrépido como por su creatividad e interés por embarcarse en aventuras, logrando, en muchas ocasiones, escapar de los esquemas más tradicionales victorianos ().
No se ha pretendido estudiar el valor literario de esta obra de Meade, que fue negado por la crítica posterior, pero no así por su gran número de lectoras (; ). Sí se ha tratado de indagar sobre el valor temático y educativo de la misma, ya que como señala , conocer la ficción escolar del período puede aportar argumentos al conocimiento de movimientos históricos y sociales, como en este caso lo son las nuevas tendencias en la educación femenina, el incremento de las universitarias o la consolidación de los movimientos feministas en el período.
Lo aportado en este artículo contribuye a poner en valor la obra de una autora angloirlandesa, pionera en la educación literaria creativa () a finales del siglo XIX, sobre la que existen estudios bastante limitados, y en general poco actuales, y de la que además no se ha encontrado traducción al español. El trabajo se puede complementar con nuevos estudios sobre obras escolares o novela universitaria de la autora. Del mismo modo, otros estudios de carácter interdisciplinar sobre autoras del período podrían aportar más datos sobre cómo este tipo de novela escolar fue decisiva para la consolidación de las nuevas feminidades de final de siglo, así como para la consecución de otros logros en el ámbito de la educación femenina.
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Notes
[1] La obra En el Jardín de las Americanas. Una historia transatlántica (1871-1936) ayuda a comprender mejor el papel de la evolución de la educación femenina en el contexto europeo e internacional, así como la importancia de esta en el movimiento feminista internacional.

