Spectres de Marx cumplió 30 años en 2023. En parte con la motivación de conmemorar esta obra, la editorial Seuil la reeditó agregando algunos elementos de contextualización de los debates que abrió su publicación en 1993, así como algunas anotaciones, sin duda, marginales, de la preparación del texto por parte de Derrida. La editorial Trotta ha aprovechado la ocasión para reeditar el que, sin lugar a duda, es el libro más vendido de entre las obras de Derrida que forman su catálogo. No es más que un dato bruto del mercado pero, entre las traducciones al castellano de Derrida, solo unas pocas superan la segunda edición (dejemos de lado el impacto, innegable en los últimos 30 años, de la circulación de copias digitales): Márgenes de la filosofía (Cátedra), con al menos 8 ediciones, y Espectros, ahora en su sexta edición.
La traducción que, en 1995, acometieron José Miguel Alarcón y Cristina de Peretti ya cumplía con todas las exigencias de rigor y del paciente y afectuoso trabajo que es siempre la traducción. Al igual que en otras obras de Derrida, los neologismos, así como el trabajo paleonímico que acompaña la labor deconstructiva, suponen una dificultad añadida a la traducción. Dificultad que, en sí misma, se desarrolla como una verdadera filosofía, tanto del hecho mismo de la traducción, como respecto al planteamiento propuesto por Derrida. La edición de 1995 exigió a sus traductores acompañar a estos Espectros al castellano, para que puedan, precisamente, asediarlo. Este acompañamiento, que trasciende la traducción, puede encontrarlo el lector en las notas a pie de página en las que rinden cuentas de sus decisiones de traducción, cuidando siempre la máxima cercanía posible del original pensado en francés, pero dejándolo resonar –y razonar– en castellano.
En este sentido, destacan algunas palabras que resultan fundamentales para el planteamiento de Derrida y que han seguido rondando en la literatura especializada. Algunos términos demandaron una breve vuelta al pasado (así, inyunción). Otros, como asedio, son precisamente representativos de la ocasión única de la obra en el castellano, ya que resuelve así la intraducibilidad de los múltiples usos que Derrida carga sobre el francés hanter. Asedio obsesivo, presencia inquietante irresoluble e incierta; podemos tener la seguridad de que la opción debió de ser del agrado de Derrida.
Corroborando, también, que la traducción es reescritura y creación, también debieron recurrir a neologismos para trasladar otros tantos del mismo Derrida, como fantología que, aunque despegada del hanter francés y del asedio elegido para volcarlo al castellano, conserva la resonancia fantasmal, tan apropiada para esta obra. Una elección que ha terminado por acoger toda una corriente de trabajo en más de una lengua: desde Mark Fisher o Martin Hagglund a Fabián Ludueña (aunque este último optara por la espectrología). Todos ellos y ellas scholars del porvenir («Thou art a scholar, speak to it, Horatio»), como los denomina Michel Lisse (L'expérience de la lecture 2, Galilée, 2001) es decir, capaces de transformar la ontología tradicional de la lectura y desconfiar de cualquier proposición interpretativa secante, definitiva, una lectura entregada al porvenir indecidible e imprevisible. Acostumbrados, quizás, a hablar con los fantasmas, a captarlos flotando como las diferentes capas del tiempo que acumulan los textos. Con todo, igual que ocurre con los mismos fantasmas, este característico plus d'une langue no se deja capturar de manera definitiva, y su lector se verá transitando, gracias a la buena labor de traducción, la frontera entre las lenguas.
Además de una paciente revisión de la traducción, esta sexta edición va a destacarse principalmente por el material aportado por Étienne Balibar, un breve prólogo y un fragmento del debate que sostuvo en 1994, junto con Patrice Loraux y Derrida, con motivo de la publicación del libro. Balibar, si podemos decirlo así y, especialmente en aquel momento, más althusseriano que derridiano (o, mejor, blanchotiano), plantea su posición en el debate como una defensa de Althusser frente a la crítica de Blanchot al denominado "marxismo científico". La pregunta, en cualquier caso, que puede plantearse el lector ante este posicionamiento de Balibar es hasta qué punto este era o podía ser uno de los puntos de gravitación de Espectros, toda vez que la obra, precisamente, renueva las aproximaciones a la obra de Marx.
El prólogo, explicativo de la posición que asumió Balibar en aquel entonces, recupera también algunas de las claves que, además, admiten una generalización del impacto de la obra de Derrida en el pensamiento contemporáneo. Entre ellas cabe destacar lo que Balibar denomina como "filosofía de las modalidades": acerca de lo posible y lo imposible, lo contingente y lo necesario, y que son cruciales para trazar puentes con algunos de los planteamientos a partir de la mecánica cuántica que, precisamente, trastocan la concepción tradicional de la ontología (así, por ejemplo, Quantum History (Bloomsbury, 2025) o Menos que nada (Akal, 2015), de Slavoj Žižek). También el «mesianismo sin mesianismo» esboza algunas de las líneas de continuidad en las investigaciones abiertas por Espectros, la paradoja de una espera sin horizonte de espera, que resguarda el porvenir sin condiciones, sin concesiones a una violencia sobre lo otro, que evitaría, a fin de cuentas, programar el acontecimiento. ¿Sería esa la respuesta, o parte de ella, a la pregunta que abre el "Exordio" de Espectros, «¿querría aprender, por fin, a vivir?».
Dentro de los aportes a la edición original el debate es, con claridad, el elemento más valioso de esta reedición. Además de la ocasión para la defensa de Althusser, Balibar plantea una serie de preguntas a Derrida que destacan temas como la justicia, el mesianismo, el comunismo, los fundamentos de la política, la discusión respecto a la ontología en Marx y acerca de la nueva Internacional que da subtítulo a la obra. Tras las preguntas razonadas de Balibar el resto del debate, salvo una interrupción prácticamente testimonial de Loraux, consiste en la contundente respuesta de Derrida a estas preguntas. Siendo, como decimos, uno de los alicientes más importantes de esta reedición, no queremos adelantárselos aquí al lector interesado. Destacamos, en cualquier caso, que la respuesta de Derrida aportará mayor claridad a la cuestión de la justicia como indeconstruible y, por lo tanto, será un aporte valioso para aquellas personas más interesadas en lo que, abusando léxicamente, podríamos denominar como "epistemología" de la deconstrucción.
No obstante lo cual, sí quisiéramos aprovechar uno de los nodos del debate para situar algunos compañeros de lectura de esta reedición de Espectros. Concretamente, el papel y el porvenir del Estado en el contexto de la crítica a los efectos lesivos del capitalismo mundializado y, mirando algo más al horizonte, lo que en el futuro será calificado como los primeros compases del final de esta estructura económica del mundo. Si nos fiamos de la reacción de los críticos de Espectros agrupados en Demarcaciones espectrales (Akal, 2002), Derrida pasaría poco menos que por un cómplice del capitalismo, cuando no un mero conservador del statu quo. Si la respuesta de Derrida en ese mismo volumen no fuera suficiente para disipar esas acusaciones, la cuestión respecto al rol del Estado, presente en este debate de 1994, tiene la ventaja de identificar con mayor claridad los términos de las posiciones adoptadas. Es decir, si reducimos toda la problemática a la pregunta, «¿qué hacer con el Estado?», las respuestas tendrán un factor discriminatorio claro y evidente tanto respecto a la cuestión práctica como teórica en la lucha contra el capitalismo o favor del desarrollo del comunismo. En este sentido, nos permitiremos señalar como compañero de lecturas La estructura de la historia del mundo, de Kojin Karatani (El viejo topo, 2023), una rigurosa revisión de los postulados para una transformación efectiva de la sociedad global hacia el comunismo. Y lo elegimos porque, aunque forma parte del mismo esfuerzo de crítica en el que vamos a encontrar a Derrida en Espectros (con otros objetivos epistemológicos y teóricos, sin duda), es representativo del contraste de posiciones respecto al Estado.
Mientras que Karatani considera insostenible la forma Estado, pues su desarrollo contemporáneo es correlativo e interdependiente del capitalismo (y de la idea de Nación), Derrida va a representar en este debate un principio de precaución y negociación: no se trata de abandonar la forma Estado ni asumir una suerte de anti-estatalidad, sino de ir más allá de las condiciones que lo delimitan pero, mientras tanto, no renunciar a las protecciones que, por amenazas o maltrechas que puedan llegar a estar, siguen cumpliendo un papel. Tal vez los términos de este mismo debate y sus posiciones contrapuestas puedan trasladarse al contexto contemporáneo de amenaza caprichosa y temeraria al derecho internacional. Paradójicamente, resulta más fácil renunciar y "dar por muerto", y asumir el discurso de quien ha "abierto la veda", que resistir y defender. Una de las preguntas de Balibar en el debate es, precisamente, ¿qué significa resistir? Todo un contexto filosófico imprescindible, en todo caso, para abordar la cuestión de la democracia, siempre, por venir. En síntesis, trabajo de duelo y herencia, inevitables para aquellos que quieran aprender a hablar con los Espectros, quizás, también, para aprender a vivir (por fin).


