Entre las diferentes indagaciones teóricas sobre el concepto de Estado, se halla la crítica económica marxista. Esta perspectiva, empero, nunca fue desarrollada o publicada de manera sistemática por el propio Marx. A tal efecto, Álvaro García Linera, en su más reciente publicación, ha investigado y recopilado todo el contenido relacionado con el concepto del Estado que Marx escribió a lo largo de su vida, y que, por diversas razones, aún no ha sido comprendido en su totalidad.
A pesar de que el Estado ha sufrido transformaciones significativas a lo largo de la historia, un elemento constante de su desarrollo ha sido su estrecha relación con la economía y el orden político dominante. Linera, por su parte, orienta su análisis hacia la época moderna, enfocándose principalmente en el sistema capitalista. Esto nos lleva a reflexionar sobre nuestro contexto, en el cual teóricos del Estado, desde Kelsen y Jellinek hasta Bourdieu y Althusser, han descuidado la comprensión profunda del pensamiento marxista que implica comprender al Estado a partir de su relación con el sistema económico.
Así pues, El concepto de Estado en Marx. Lo común por monopolios, se halla conformado por seis capítulos. En el primer capítulo, “El itinerario de la forma- Estado”, Linera elabora un recorrido histórico y teórico de las nociones planteadas por pensadores como Locke, Rousseau, Hegel, Gramsci y Bourdieu, mostrando que existen inconsistencias teóricas en la lectura del concepto de Estado. A tal efecto, investiga la cuestión estatal que en nuestros días se mantiene presente a partir de las múltiples convulsiones sociales provocando interrogantes tales como: ¿Qué es el Estado? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo funciona? ¿Por qué se impone y lo obedecemos? ¿Es necesario? La exposición conceptual de los diferentes autores se reduce a desarrollar, compactar e incluso superar la teoría del Estado de Marx.
Un ejemplo de ello es Bob Jessop, quien se centra en reducir al Estado en una mera retórica política, una ilusión anclada en los imaginarios sociales, debido a que “no existe un interés general que abarque todos los posibles intereses particulares” (García Linera, 2025, 52). La ilusión planteada por el autor no dista mucho de lo que indagó Marx. A saber, que el Estado como comunidad constituye una abstracción de la desigualdad real de las personas; pero, a su vez, es también una abstracción objetiva bien fundada, en la medida en que se asienta en una materialidad común de la sociedad.
El concepto de comunidad ilusoria entiende al Estado como un conjunto de personas que reconocen los mismos principios universales, y que, por ello, “permite a un conjunto de agentes dotados de una autoridad simbólica obtener un consenso social sobre los actos que realizan” (García Linera, 2025, 54). En este sentido, la aportación de cada autor examinado por Linera enseña una postura parcial a la hora de entender la realidad histórica del Estado, dentro del contexto actual caracterizado por la crisis y excepcionalidad política.
El segundo capítulo “Estado y mercancía. La abstracción como objetividad social moderna” versa sobre las interrelaciones económicas geográficamente cohesionadas a las que Marx denomina “condiciones generales de producción y riqueza social productiva”, esto es, el Estado, donde las formas políticas no pueden ser pensadas como desarrollo general del espíritu –en términos hegelianos–, sino, más bien, como condiciones materiales de vida.
Un aspecto relevante de la lectura marxista consiste en que las diferencias materiales deben ser el primer elemento para la constitución del Estado, en el que los individuos sean reconocidos como partícipes de una entidad política común que los reconoce como “sujetos de derecho”. Desde la óptica de Linera, los sujetos, al obtener igualdad de derechos en el Estado, abandonan las diferencias objetivas, tales como la propiedad, los ingresos y la riqueza. El Estado, por tanto, trata a los individuos como ciudadanos.
Esto da paso a la idea de que el Estado es una abstracción radical que desarrolla la noción de desigualdad real y, por ende, deviene trabajo abstractamente humano. Así, en tanto en cuanto el Estado para Marx es la organización política de la sociedad, para Linera, por su parte, es la sociedad misma bajo una forma abstracta y enajenada. La naturaleza del Estado es inherentemente social; es decir, la esencia del Estado es, en último término, “la sociedad como unidad donde todos los habitantes forman parte y no pueden sustraerse a sus determinaciones” (García Linera, 2025, 88).
En el tercer capítulo “El Estado como comunidad ilusoria”, el autor indaga en las corrientes juridicistas que sostienen que la ley establece obligatoriedad en el cumplimiento de las decisiones estatales. El Estado, bajo esta perspectiva, condensa la preocupación de los miembros por su propia sociedad. De ahí que para ellos prevalezca “su durabilidad en el tiempo, su persistencia histórica y su enraizamiento en la vida” (García Linera, 2025, 89). Otro rasgo característico del Estado, según Linera, es su contradicción subyacente entre la vida pública y la vida privada. Esta contradicción, en efecto, no puede ser desarticulada, toda vez que constituye su propio fundamento objetivo. Por ello, no es posible considerar la supresión estatal, sino que a, a lo sumo, este puede ser corregido con el fin de evitar que su realización se halle determinada por fines particulares.
En el capítulo cuarto “El monopolio de lo común como materialidad”, Linera señala que el Estado, en consecuencia, ora como comunidad ilusoria, ora como entidad política, es, ante todo, la fuente del monopolio de lo común. Esto se debe a que “lo aparente” y “lo ilusorio”, para Marx, no es una “falsa conciencia”; o bien, en palabras de Linera, no es un “artificio retórico”, toda vez que se trata de una realidad social materialmente fundada. Es decir, “los bienes públicos, los recursos públicos, los derechos públicos, la infraestructura pública monopolizados por el Estado son el soporte material de la relación estatal y de su apariencia de universalidad” (García Linera, 2025, 129). En efecto, esta apropiación y centralización de los bienes materiales, en cuanto contenido material de la dominación, es lo que da movimiento histórico al Estado. Para Linera, el Estado ha perdurado a partir de la apropiación de lo común y de su monopolización constante. Por ello, toda la objetividad social acaba por ser contenido material del Estado. A tal efecto, la lucha por un cambio estatal debería darse como una lucha social, en la medida en que “el poder de Estado debe ser reabsorbido por la propia sociedad” (García Linera, 2025, 149).
En el quinto capítulo “Comunidad y Estado”, el autor examina la teoría general del Estado de Marx, que plantea una unificación organizada entre productores y propietarios. El Estado, en cuanto, excrecencia de la sociedad, tiene por objeto condensar políticamente a la sociedad. El autor enfatiza en que la forma estatal requiere de cierto tipo de comunidad, real o abstracta, a la cual pueda representar, y mediante la cual pueda materialmente sustentarse.
Finalmente, en el sexto capítulo “Estado y clase social”, Linera examina el Estado en su relación con el concepto de “clase social”. En tal sentido, sostiene que la autonomía del Estado implica una diferencia entre el poder social y político de la burguesía. El monopolio, en cuanto técnica de acumulación de poder, hace converger el interés económico de la burguesía –que monopoliza los principales medios de producción– con la conservación de la extensa maquinaria del Estado. Los estallidos sociales, por consiguiente, deben reconocer sus intereses en contraposición a los intereses del Estado dominante.
En definitiva, este escrito destaca la importancia de identificar la amplitud teórica de la obra marxista, que suele verse limitada por interpretaciones erróneas que diluyen su sentido original. Marx identifica al Estado como una entidad social y políticamente organizada dentro de un contexto económico que se ha prolongado hasta nuestras sociedades actuales. La posible supresión del Estado, desde la perspectiva de la lucha revolucionaria, no debe tener como fin la creación de un nuevo aparato estatal; o bien, tal como advierte Linera, la lucha política no debe apuntar hacia una súbita desaparición del Estado, sino más bien hacia una auto-organización social de lo común.


