Danilo Martuccelli acaba de publicar su libro, titulado L’esprit de la modernité, en la editorial Presses Universitaires de France. Conviene recordar que el autor es catedrático de sociología en la Universidad Paris Cité, miembro del laboratorio CERLIS e investigador en la Universidad Diego Portales de Chile. Sus trabajos se centran en la teoría social, la sociología política, la sociología del individuo y la sociología de la modernidad. Así, en Sociologies de la modernité (1999), ofrece un panorama de las principales corrientes de la sociología de la modernidad identificando una serie de matrices, tales como la diferenciación y la racionalización, abordadas y profundizadas a través de nuevos cuestionamientos. La presente obra (2025) constituye la culminación de su reflexión sobre la modernidad.
Este libro aspira a dar cuenta del espíritu de la modernidad. Martuccelli recuerda que “la civilización moderna ha nacido (...) como una lucha contra la Totalidad y no ha cesado, desde su nacimiento, de vivir en medio de una agonía permanente. Se ha construido en torno a una conciencia y una experiencia de la escisión, de la separación, de la ruptura o de la [distancia que separa] lo objetivo de lo subjetivo” (p.7). Esto ha generado una serie de enfrentamientos contra el Cosmos, Dios, el Orden, la Historia o la Autoridad, procediendo a escisiones sucesivas. “Sin ese reconocimiento y sin esa postura, no hay participación en la civilización moderna” (p.8). En ese sentido, nos dice el autor, la modernidad ha sido una civilización del combate a lo largo de su proceso de constitución progresiva entre los siglos XVI y XVIII.
La presente obra considera que la modernidad es un espíritu cuya génesis está basada en un imaginario de la escisión que se materializa en fenómenos muy dispares. Ese espíritu a cuestionado las religiones establecidas, antes de materializarse, a partir del siglo XIX, “en un conjunto de grandes instituciones, ampliamente asociadas (...) a la sociedad moderna relacionada con el positivismo, pero también con una serie de procesos de modernización” (p.8). No en vano, “el espíritu de la modernidad, como gran motor de la civilización de la escisión, es irreducible a un periodo histórico [determinado] (los tiempos modernos), a un tipo de sociedad (moderna), a una modalidad de cambio (la modernización), a una cultura (el modernismo) o a una serie, más o menos recurrente, de experiencias” (p.9). Está constantemente a la obra.
El espíritu de la modernidad alude a “las principales manifestaciones institucionalizadas, una representación particular del tiempo histórico, pero también las diferentes críticas y combates construidos en torno o en contra del imaginario [basado] en la escisión” (p.9). De su parte, la noción de sociedad moderna sirve para caracterizar a un conjunto relativamente estable, hasta una fecha reciente, de países y de instituciones reconocidos como las encarnaciones efectivas de la modernidad. Y, el imaginario de la escisión, que está en el centro del espíritu de la modernidad, moviliza una serie de términos, tales como “ruptura, novedad, separación, desfase, división” (p.10). La noción de crisis resulta insuficiente desde un punto de vista analítico, dado que cada escisión desemboca en una novedad. Así, el relato de la modernidad no ha parado de desplegarse a lo largo de los siglos, de las revoluciones políticas a la revolución industrial pasando por las profundas transformaciones sociales y culturales.
Deambulando en el imaginario de la escisión, la presente obra “propone una interpretación particular de la modernidad con el fin de convertirla en una poderosa brújula de inteligibilidad y de cartografía del mundo contemporáneo” (p.11). En este sentido, “uno de los objetivos de este estudio es hacer inteligible los retos de las discusiones y de los perfiles de los luchadores [de la modernidad] explicitando quién está donde y por qué” (p.11). Dicho de otra forma, no se trata de exponer las diferentes teorías de la modernidad, sino de dibujar el trasfondo de las grandes lógicas analíticas a la obra. En definitiva, es “una manera de contar la historia de la modernidad, así como de problematizarla, a la luz de (...) los desafíos contemporáneos” (p.11).
Si a finales del primer cuarto del siglo XXI, la modernidad sigue constituyendo el trasfondo de las sociedades contemporáneas, tenemos dificultados crecientes para identificar sus contornos, comprender la manera en que nos insertamos en la modernidad, o elegir el calificativo adecuado para caracterizarla: hiper, post, anti o alter-modernidad. En otras palabras, estamos perdidos, sin brújula, “en el seno de una modernidad que multiplica los itinerarios y las escalas” (p.11). Ante semejante panorama, la presente obra propone “un hilo conductor, el del imaginario de la escisión, con el fin de navegar en la modernidad: en su pasado y en su presente, así como en su futuro inmediato” (pp.11-12). En ese sentido, se trata de contar una historia diferente, sabiendo que, frente a la diversidad de los desafíos contemporáneos, la mejor respuesta consiste en la reformulación de este imaginario de la escisión que constituye el espíritu de la modernidad.
La presente obra se divide en tres partes. En una primera parte, que se titula La civilización de la escisión (pp.25-91), el autor analiza la larga y múltiple elaboración del imaginario de la escisión con sus diferentes expresiones en los distintos ámbitos de la vida social. Esto supone, sin pretender a ninguna exhaustividad, dibujar los contornos de ese imaginario, subrayando la gran especificidad de esta gran familia de pensamiento que aspira a elaborar y posteriormente a implementar unas políticas de la certidumbre. Martuccelli trata de “dar cuenta de la diversidad de los vínculos entre diferentes manifestaciones institucionales de la escisión”, pero también y sobre todo de “hacer visibles los aspectos comunes de las nuevas modalidades de certidumbre puestas en el lugar de las antiguas Totalidades” (p.13). Así, “de la ruptura de la Totalidad religiosa a los imperativos del arte moderno, pasando por la idea de mercado, de sociedad o de cambio, en las realizaciones de la ciencia y la técnica moderna (...), pero también el liberalismo político”, es cuestión de analizar sus diferentes vertientes, da cara a dibujar el perfil de una civilización (p.13).
En una segunda parte, que se titula Las tres críticas de la modernidad (pp.93-204), el autor indica que ese imaginario de la modernidad se ha enfrentado a una serie de oposiciones. Tres críticas merecen una atención especial: las críticas modernas (que conciernen la mercantilización del mundo, la anomia, la caja de acero, el anonimato y la alienación), contra-modernas y anti-modernas, sabiendo que “sus avatares marcan y acompañan toda la historia de la modernidad”, dibujando un panorama sumamente complejo (p.13). En otras palabras, es imposible comprender la modernidad sin tener en cuenta la totalidad de las críticas de las que ha sido objeto a lo largo de su historia (p.90).
En una tercera parte, que se centra en El nuevo espíritu de la modernidad (pp.205-335), Martuccelli indica que, a pesar de una temporalidad más breve, asistimos a la aparición de un nuevo espíritu de la modernidad que es erigido “contra las grandes traducciones institucionalizadas de la propia sociedad moderna” (p.13). La principal inflexión introducida concierne el abandono de las políticas de la certidumbre en beneficio de un reconocimiento de la incertidumbre (Urteaga, 2023), lo que genera cierta inquietud. De hecho, la civilización moderna se piensa hoy en día “como contingente y vulnerable” (p.340). En este nuevo contexto, “conviene aceptar la imposible sutura, sin ningún subterfugio, de la escisión de la Totalidad. El nuevo espíritu de la modernidad multiplica, por lo tanto, el campo de batalla y los perfiles antagónicos” (p.14).
En definitiva, Martuccelli muestra cómo, a través de diferentes fenómenos religiosos, políticos, socioeconómicos y culturales, la modernidad se ha construido en torno a la escisión, de modo que el mundo haya dejado de ser percibido como una Totalidad. Resulta de todo ello una serie de derrumbes que han contribuido a forjar la modernidad como verdadera razón de ser del mundo. No en vano, los tiempos han cambiado, no solamente porque la sociedad abierta (Popper, 2018) está en peligro, sino también porque el propio espíritu de la modernidad está cuestionado. Las grandes creencias hegemónicas, como el progreso o la razón, reciben las críticas de los modernos, anti-modernos y contra-modernos, generando una sensación de desorientación donde las sociedades han perdido su brújula, lo que dificulta la comprensión de los retos contemporáneos que son sumamente complejos. En ese sentido, esta obra dibuja un panorama sin concesiones de estos cambios y hace un llamamiento a un nuevo espíritu de la modernidad.
No en vano, si la presente obra ofrece una prolongación, sumamente estimulante y útil, de la reflexión desarrollada por Danilo Martuccelli a lo largo de las últimas tres décadas sobre la modernidad, peca por un exceso de abstracción y por cierta tendencia a pasar de una idea a otra sin desarrollar los argumentos y proporcionar los datos empíricos que permiten fundamentarlos.


