1. INTRODUCCIÓN
En este artículo se revisarán y analizarán los diferentes significados y relación de los términos ética y moral, tanto en el sentido etimológico como el conceptual. Esta investigación está dividida en seis secciones y un acápite subtitulado Conclusiones finales. En la primera sección se examinará lo que tienen en común y de diferencial los términos ética y moral en el plano etimológico. En la segunda parte se examinarán los mismos términos en el plano conceptual, según la versión de algunos especialistas en el tema. En la tercera sección se verá la bifurcación de los sentidos de los términos en cuestión a partir de la imposibilidad de demarcar tajantemente la diferencia y uso de estos conceptos. En el cuarto apartado se presentará el surgimiento del consenso en el uso de los términos de parte de los académicos, intelectuales, filósofos, personas sencillas y las diferentes comunidades morales. En la quinta división se examinarán otras definiciones conceptuales de moral. Y, en la sexta y última parte, se hará lo mismo que en la anterior, pero con el concepto de ética. Tanto en la quinta y sexta parte se realizará una reflexión adicional. Finalmente, se presentarán las conclusiones finales con cinco tesis que se infieren de este estudio. Esta investigación se hará desde una perspectiva metaética, es decir, se examinarán los términos desde una mirada conceptual o aclaración de los términos en cuestión, tal como lo definiera Polo al afirmar que la metaética: “examina el lenguaje ético para encontrar lo que significa y cómo es usado” (), o como lo entiende Guisán cuando aseverará que la metaética o “ética crítica” () sería “una reflexión sobre los sistemas éticos existentes (moralidad crítica)” (). El método aplicado en esta investigación es el de análisis conceptual y crítico para resolver algunas paradojas y aporías que se presentan en el uso de estos términos.
2. DISCUSIÓN ETIMOLÓGICA DE LOS TÉRMINOS ÉTICA Y MORAL
Existen algunos cuestionamientos para invalidar un texto académico que se inicie por el esclarecimiento etimológico, es decir, determinando la génesis y el significado inicial de los términos. Esto ocurre porque este tipo de investigación es considerado básico y, en algunos casos, innecesario a pesar de que muchos filósofos y pensadores ilustres lo hayan realizado en su momento. Esta posición está muy extendida en los espacios académicos y causa una gran controversia, sin embargo, esta postura no se comparte en este artículo y se sostiene otra posición en base a las palabras de José Luis L. Aranguren y Miguel Ángel Polo Santillán. El primero, filósofo español, señala en su texto la intención de definir o delimitar la Ética, encontrando cinco definiciones: el principio metafísico, el principio psicológico o antropológico, el principio genético-histórico, el principio prefilosófico y el principio etimológico, de los cuales, es el último principio el que tiene relevancia en esta sección cuando afirma que: “La etimología nos da, pues, y por de pronto, la autenticidad de la palabra originaria; pero también, a través de ella, la auténtica realidad” (), lo cual lo llevará a explorar la conexión entre ἦθος y ἔθος, y también la relación con los términos latinos mos y mores. El segundo, filósofo e investigador peruano que, como consecuencia de su generosa actividad intelectual, aporta la siguiente reflexión al tema: “¿Por qué la etimología? Quizá la etimología no sea el camino privilegiado, pero es un camino que puede permitir acercarnos a la realidad de la cual queremos hablar” (). En consecuencia, aceptando estas posiciones sobre la importancia y utilidad de la reflexión etimológica, se exponen los siguientes presupuestos.
Primer presupuesto, con respecto al significado etimológico de ética, por ejemplo, Ferrater Mora sostiene que: «El término “ética” deriva de ἦθος que significa “costumbre” y, por ello, se ha definido con frecuencia la ética como la doctrina de las costumbres» (), mientras que Cortés y Martínez afirman que proviene: “(del griego ἠθίκή, derivado de ἦθος, carácter, y, según Aristóteles, de ἔθος, éthos, costumbre)” (, definición 1) y, por último, la RAE señala lo siguiente: “Del lat. ethĭcus, y este del gr. ἠθικός ēthikós; la forma f., del lat. tardío ethĭca, y este del gr. ἠθική ēthikḗ” (, definición etimológica). Sobre el origen del término ética, de las tres afirmaciones se pueden colegir dos cosas que tienen en común los especialistas: primero, la relación de las palabras griegas ἠθίκή, ἦθος, ἔθος con la palabra castellana ética y, segundo, la relación de estos mismos términos con los conceptos de costumbre o carácter. Esta segunda deducción abre las posibilidades de construir múltiples relaciones entre los términos. Sin embargo, por otro lado, Polo, basado en la investigación y reflexión de Aranguren, señala otra ruta sobre el significado de los términos griegos. Afirma, primero, que: “Ēthos (ἦθος), con eta, cuyo sentido antiguo es morada, lugar donde se habita” (), y luego asevera que: “Éthos (έθος), con épsilon, suele traducirse como hábito o costumbre. Ha sido Aristóteles quien derivó la virtud ética del éthos, queriendo señalar que el “modo de ser” se logra mediante el hábito” (). Este esclarecimiento que realiza el filósofo peruano sobre el significado etimológico del término ética da nuevas luces a esta reflexión y expresa la gran diferencia que existe entre los términos que no es tocada por los autores anteriormente referidos: éthos significa algo muy diferente dependiendo de la grafía con la cual se manifieste, sea con eta (η) o con épsilon (ε).
Segundo presupuesto, en relación al término moral, los entendidos señalan que: «Moral se deriva de mos, “costumbre”, lo mismo que ética de ἦθος, y por eso “ética” y “moral” son empleados a veces indistintamente» (), mientras que otros sostienen que: “(del latín moralis, relativo a las costumbres, mores)” (, definición 1) y, además, la RAE afirma que deviene: “Del lat. morālis” (, definición etimológica). La consecuencia lógica que se puede inferir de lo afirmado es la misma que en el anterior párrafo, por lo menos, en relación al término ética y el concepto de costumbre. Al respecto, la filósofa española, Adela Cortina, agrega la palabra carácter a lo expuesto al sostener de manera sintética las relaciones mostradas en la presentación etimológica de ética: “La verdad es que las palabras ética y moral, en sus respectivos orígenes griego (ηθος) y latino (mos), significan prácticamente lo mismo: carácter, costumbres. Por eso está sobradamente justificado que la gente normal y corriente las utilicemos como sinónimos” ().
Tercer presupuesto, se puede aseverar con tranquilidad y seguridad que, para los entendidos en la materia filosófica, ética y moral tienen un significado etimológico muy similar y casi exacto: hábito o costumbre que, según los casos, modelan el carácter de las personas, basta recordar las palabras de Aranguren, acerca de la relación del término mos o moral con la palabra carácter: “Mos, es su sentido plenior, significa, pues, como êthos, modo de ser o carácter” () y con el término costumbre: “Mos significa, pues, también, costumbre” (). Son conocidas, también, las grafías sobre el origen del concepto en expresiones como ἠθίκή, ἦθος, ἔθος, mos, moris y mores, sin embargo, a pesar de esa claridad en el terreno etimológico, ello no implica lo mismo en el sentido conceptual, porque, a pesar de ser dos términos que se usan cotidianamente, sobre sus significados o definiciones conceptuales aparece una amplia variedad de interpretaciones que hacen dudar a cualquier persona acerca de la seguridad con la que se manejan cuando asumen sus primeras nociones.
En resumen y como una reflexión parcial en el plano etimológico, los términos ética y moral tienen significados comunes a pesar del origen distinto, griego y latino, que se han expuesto y la evidente relación o inferencia con las palabras castellanas carácter y costumbre. Además, aun cuando la explicación etimológica es una información inicial de los términos, es necesaria además la comprensión conceptual de los mismos, porque esta última acción da a luz al punto de partida y la ruta a seguir, los cuales ayudan mucho a la orientación de cualquier investigación, a pesar de que el camino empedrado de las definiciones conceptuales sea siempre una aporía más compleja que el punto inicial o etimológico por la cantidad y diversidad de dificultades que aparecen.
3. CONCEPTUALIZACIÓN DE LOS TÉRMINOS ÉTICA Y MORAL
Existe un extenso número de definiciones conceptuales de ética y moral que, en el caso de esta investigación, es necesario revisar algunas para el respectivo análisis y ampliar el panorama de información. Por ejemplo, hay quienes señalan que la ética es una: “Rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es la moral. Si por moral hay que entender el conjunto de normas o costumbres... que rigen la conducta de una persona..., la ética es la reflexión racional” (, definición 1) y, en ese sentido, le dan a la ética el nivel de una disciplina filosófica que obligaría a emplear el término con mayúscula, por lo menos, según los actuales usos y costumbres. Lo mencionado por Cortés y Martínez sobre la ética es reforzado con esta segunda afirmación sobre la moral: “El conjunto de normas, usos y leyes que el hombre percibe como obligatorias en conciencia. Su estudio es objeto de la ética” (, definición 1). Estas afirmaciones dejarían en claro que la ética sería el marco disciplinar y la moral quedaría como el objeto de estudio de este marco disciplinar, lo cual llevaría a aceptarla como un subconjunto frente a un conjunto mayor, más grande o universal que la abarca o comprende, tal como aparece en el segundo enunciado de esta primera definición de ética:
Si por moral hay que entender el conjunto de normas o costumbres (mores) que rigen la conducta de una persona para que pueda considerarse buena, la ética es la reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué se fundamentan los denominados juicios morales (, definición 1).
Esta definición conceptual de los términos ética y moral y su relación es expuesta también por la RAE, por ejemplo, cuando afirma, en la tercera definición que ético o ética es la: “Persona que estudia o enseña moral” (, definición 3), o, en la quinta definición, que ética es: “Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores” (, definición 5). Al respecto, se podría afirmar que tanto la tercera como la quinta definición, en especial esta última, le dan a la ética la calidad de un campo disciplinar, sin embargo, en la misma RAE aparece la cuarta definición de ética que la coloca al nivel de la moral desde la perspectiva de Cortés y Martínez: “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida” (, definición 4). En este caso nos encontramos dentro de una gran incoherencia que genera una interrogante necesaria: ¿la ética es lo mismo o es algo diferente que la moral? Aquí hay que comprender que la información que la RAE proporciona es acerca del uso y costumbre en el empleo de los términos en las distintas comunidades hispanohablantes, nada más. Sin embargo, esta relación es observada de manera distinta por un entendido sobre el tema cuando menciona lo siguiente:
No obstante, muchos manuales de ética, y también el Diccionario de la Real Academia, establecen una distinción conceptual entre ambos. «Moral», se dice allí, significa el sistema de valores inmanente a una determinada comunidad, mientras que «Ética» sería más bien la reflexión filosófica sobre el sentido de dichas normas morales ().
Al respecto, se podría afirmar en favor de esta postura que es la más aceptada en la época actual, en otras palabras, está en boga, tan es así que incluso Cortina y Martínez están de acuerdo con esta posición cuando afirman lo siguiente: “la Ética entendida como aquella parte de la Filosofía que se dedica a la reflexión sobre la moral” (), la cual sostiene, también, Fernando Savater, con las justas licencias que se toma al expresar su opinión:
Aunque yo voy a utilizar las palabras “moral” y “ética” como equivalentes, desde un punto de vista técnico... no tienen idéntico significado. “Moral” es el conjunto de comportamientos y normas que tú, yo y algunos de quienes nos rodean solemos aceptar como válidos; “ética” es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos... ().
Por otro lado, con respecto a la definición de moral, se presenta la misma paradoja que aparece con el término ética y que se acaba de mencionar en la cuarta definición del DRAE. Esta situación, al fin y al cabo, sólo refleja los sentidos y costumbres con los cuales se emplean los términos de parte de los hispanohablantes. Por ejemplo, aparece la moral en la quinta definición como un marco disciplinar o, dicho en otras palabras, como una teoría o doctrina: “Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican” (, definición 5), pero en otras definiciones de la RAE se muestra a la moral con la misma definición presentada en la ética, tal como se mostró en comentarios anteriores. Primero, relacionada con los actos morales: “Perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva” (Real Academia Española 2014, definición 1), y, segundo, con las normas morales: “Conforme con las normas que una persona tiene del bien y del mal” (, definición 2).
De lo expuesto en este acápite nace la siguiente controversia: ¿qué pasa ante las múltiples definiciones de ética y moral?, ya que, cuando se presenta esta situación, se está frente a la posibilidad de tener no sólo una paradoja o, por lo menos, una ambivalencia en el uso de los conceptos, de los cuales Giusti presenta cuatro (), sino, también, se puede estar frente a la relatividad de las definiciones y la presentación de acuerdos y desacuerdos o falta de consenso para entender y usar los términos. ¿Ha sido esto así, siempre? Pues, parece que sí, basta con remitirse a la historia del uso de los términos en el habla popular e, incluso, en el ámbito académico. Por ende, se estima que no se puede definir la ética ni la moral, solamente es posible utilizar los términos en un sentido u otro, según el acuerdo de la comunidad que lo emplea. Por ejemplo, Cortina cita a Aranguren cuando define moral y ética de este modo: «la moral sería “moral vivida”, y la ética, “moral pensada”» (); pero, por otro lado, define a su modo estos términos, he aquí sus palabras: “la moral es un tipo de saber, encaminado a forjar un buen carácter..., mientras que la ética, por el contrario, sería filosofía moral, es decir, una reflexión moral cotidiana hecha por filósofos, que utilizan para ello la jerga propia de la filosofía” (). A esta reflexión se va a añadir una tercera que es compartida con otro autor y que sigue una concepción más o menos tradicional, en nuestro tiempo, de la ética y la moral que no difieran mucho de las mencionadas:
Este libro trata de la Ética entendida como aquella parte de la Filosofía que se dedica a la reflexión sobre la moral. Como parte de la Filosofía, la Ética es un tipo de saber que intenta construirse racionalmente, utilizando para ello el rigor conceptual y los métodos de análisis y explicación propios de la Filosofía ().
Como reflexión de lo avanzado, es menester recordar la esclarecedora postura de Polo cuando afirma que: “hasta la época premoderna, no hubo una diferencia sustancial entre ética y moral” (). Claro, hace referencia a la propuesta hegeliana, sin embargo, la conceptualización que actualmente es aceptada en todos los medios, incluso los académicos, es otra y las dos últimas referencias hechas sobre Cortina no escapan a las ideas de ética y moral que se han presentado en esta sección, ya que, finalmente, son términos, ideas o significados conceptuales en boga. Por otro lado, Polo y Giusti ponen en relevancia lo que ha sido el uso histórico de los términos y cuando, aproximadamente, se produce un quiebre del uso anterior.
4. REFLEXIONANDO SOBRE LOS CONCEPTOS DE ÉTICA Y MORAL
De lo avanzado se puede colegir que, en esta investigación, se comparte lo que, en su momento, Giusti mencionó sobre las fronteras entre ética y moral: “no existe una demarcación suficientemente clara” (). Efectivamente, no existe esa demarcación. No se puede afirmar de manera contundente que estos estudios o acciones pertenecen al campo de la ética y estos otros al campo de la moral. Pensar así es imposible, no se puede delimitar; pero, he aquí un aporte de esta investigación: es imposible una demarcación o delimitación en el terreno de la ética y la moral, salvo que exista consenso entre los involucrados en el tema. Y este consenso ha ocurrido varias veces en la historia del espíritu humano.
La tesis sostenida abre un terreno fértil para las interrogantes. La primera es la siguiente: ¿cuándo surgió la necesidad de establecer dicha demarcación? En realidad, no se sabe cuándo surgió exactamente esta intención, aunque sí se conoce el personaje que intentó poner fin a esta controversia. Ciertamente, fue Hegel que, grosso modo, expresó ese propósito como un consenso, con relativo éxito.
Por ejemplo, el escenario previo a la demarcación propuesta, se puede encontrar en las palabras de Immanuel Kant cuando afirmó en el Prólogo de la Fundamentación de la Metafísica de las costumbres que la filosofía griega se divide en física, ética y lógica. Luego señaló –en una disyunción exclusiva, según la traducción– que todo conocimiento racional es material o formal. Al final, relaciona a la lógica como un conocimiento racional formal que se ocupa de la forma del entendimiento y la razón, mientras que el conocimiento racional material o filosofía material se divide en dos: la física que tiene que ver con las leyes de la naturaleza y la ética que tiene que ver con las “leyes de la libertad” (). A esta última también la llama: “teoría de las costumbres” () o “filosofía moral” (). Considerando lo expuesto sobre Kant, se puede colegir con espíritu liberal y autónomo el siguiente constructo: la ética sería la teoría de las costumbres o filosofía moral que estudia las leyes de la libertad. Quizá, estas afirmaciones, que eran bien conocidas y aceptadas en su época y las son aún para algunas comunidades morales o académicas, llevaron a Hegel a proponer un acuerdo o, dicho de otro modo, plantear un consenso sobre el uso de los términos ética y moral, para distinguirlos de su significado etimológico donde, a fin de cuentas, significaban lo mismo:
Moralidad y eticidad, que corrientemente valen como sinónimos, están tomadas aquí en un sentido esencialmente diferente entre sí. Por otra parte, incluso la representación parece distinguirlas. El lenguaje kantiano usa con preferencia la expresión moralidad, y en realidad los principios prácticos de su filosofía se limitan completamente a ese concepto y hacen imposible el punto de vista de la eticidad, a la que incluso atacan y aniquilan expresamente. Aunque moralidad y eticidad sean sinónimos según su etimología, esto no impide usar las dos palabras diferentes para conceptos diferentes (1975, 54).
Con respecto a la traducción de las palabras de este filósofo alemán, existe otra traducción donde se evidencia el uso de la palabra ética por eticidad: “Moralidad y Etica [sic], que comúnmente valen como sinónimos, son tomados aquí con un sentido esencialmente distinto” (), pero se observa además el empleo de la palabra moralidad para las locuciones de Kant: “aunque Moralidad y Etica [sic], de acuerdo a su etimología, fueran sinónimas, esto no impediría servirse de estas distintas palabras para conceptos distintos” ().
De lo que se lee sobre Hegel se transparentan los usos de dos términos eticidad o ética y moralidad. Estos términos tienen dos usos dentro del marco etimológico, donde, primero, es igual e indistinto el significado donde quiera que se coloque un término respecto al otro y, segundo, es donde se describe un sello conceptual y se observa un empleo totalmente diferente de los términos que va conforme a los filósofos en épocas distintas. Esto llevó a Hegel a lanzar una propuesta al mundo académico, intelectual y filosófico de su época que, por lo visto, tuvo relativo éxito. Esta propuesta fue destacada y rescatada por Miguel Giusti en su reflexión, empleando ética o eticidad para Aristóteles y moral o moralidad para Kant. Esto lo llevará a comentar la propuesta de Hegel que, aproximadamente, expresa el éxito temporal de este consenso en el escenario descrito, ya que no existen consensos absolutos. Por ejemplo, Polo explora y clasifica tres posibles definiciones de ética: la primera se da por acumulación, es decir, por la diversidad de definiciones que existen y donde las últimas “no cancelan las anteriores” (), la segunda es satisfacer las necesidades y problemas de una época () y la tercera es lo usual, lo que se ha impuesto incluso en el ámbito académico: dejar que los dilemas del uso de los términos se resuelvan por “el uso cotidiano de las palabras” (). Estas propuestas del filósofo peruano son pertinentes y se comparten en el sentido de que la acumulación de definiciones en el empleo de los sentidos que se dan a los términos en cuestión, sea de época en época y en el uso diario, es algo que en realidad sucede con todos los términos. Eso se llama en sentido muy general e interpretativo: consenso. Y es necesario lograrlo para todo el comercio humano.
5. ACERCA DEL CONSENSO EN EL EMPLEO DE LOS TÉRMINOS
Como se afirmó en el anterior acápite, el investigador que evidencia estas paradojas y ambivalencias en las definiciones conceptuales de ética y moral es el filósofo peruano Miguel Giusti quien afirma dos tesis importantes sobre el tema en cuestión: primero, el sentido que le da el DRAE y, segundo, cómo la entiende él. Acerca de la primera tesis, cuando se refiere a la diferencia del uso de los términos, el filósofo no presenta una tesis propia, sino los usos del Diccionario de la RAE, la cual refuerza al afirmar que: «“Moral”, se dice allí, significa el sistema de valores inmanente a una determinada comunidad, mientras que “Ética” sería más bien la reflexión filosófica sobre el sentido de dichas normas morales» (). Esta tesis va a ser consolidada con un segundo y un tercer enunciado. En el segundo enunciado informa que: “A comienzos del siglo XIX, Hegel propuso, en su libro Filosofía del derecho, una diferenciación entre dichos términos” (), mientras que en el tercer enunciado completaría su propuesta, de manera más amplia, para entender la relación entre estos dos términos:
Pero él propone hacerla porque considera que sería una convención razonable diferenciar entre dos modelos globales de comprensión de la ética: aquel que se asocia con la manera de pensar de Kant y de la filosofía moderna, para el que sugiere reservar el nombre de “moral” (“moralidad”), y aquel que se asocia con la manera de pensar de Aristóteles y de la filosofía antigua, para el que propone emplear el nombre de “ética” (“eticidad”) ().
Una reflexión adicional sobre los tres enunciados de la primera tesis es la siguiente: con estas afirmaciones y citas, se podría interpretar que lo primero que afirma el autor acerca de la relación entre ética y moral es la que se da entre disciplina y tema de estudio, es decir, en este caso, entre disciplina filosófica y objeto de investigación, reflexión, debate o polémica, si así se requiriese. Esta posición no debe sorprender a nadie porque ya se ha visto en otros autores que se han referenciado. Empero, este filósofo peruano, en su segundo y tercer enunciado saca a la luz una propuesta que se hizo en el mundo de la ética o filosofía moral: la propuesta de Hegel, que a todas luces fue aceptada en su momento en el mundo académico y, por supuesto, el filosófico: que se empleen los términos ética o eticidad para la filosofía práctica de Aristóteles y los antiguos griegos, mientras que los términos moral o moralidad para la filosofía moral de Kant y los filósofos modernos, es decir, sus contemporáneos. Esta propuesta hegeliana mencionada por Giusti eleva el interés de este debate, ya que aparece una aporía de difícil solución: ¿cuál es el uso correcto de los términos en cuestión?, es acaso el uso de la ética como marco disciplinar y la moral como su objeto de estudio o, tal como se ha visto antiguamente, es la relativa aceptación para el uso indistinto de los términos que, en el momento actual, aún se emplea de ese modo. De este escenario, surge una segunda aporía: ¿Por qué apareció esta propuesta de Hegel? Evidentemente, en sus inicios, los términos se usaban indistintamente y esta relación que menciona la RAE y que cita Giusti no ha sido siempre así, lo cual demostraría que los usos de estos términos se establecen y utilizan, principalmente, mediante un acuerdo, consenso o convención de las personas que los emplean. Se ha observado, por ejemplo, que los términos ética y moral han pasado por transformaciones en sus usos, tanto en el ámbito popular como el académico, por ende, es muy común oír y ver a las personas del mundo no académico emplear indistintamente los términos en su oralidad o escritura, como si fueran sinónimos. Razones no faltarán para explicar este hecho como el de no percatarse o no interesarse en el significado de dichos términos. Lo mismo ocurre en el mundo académico, el uso no difiere mucho del empleo del término en el mundo no académico, en el sentido que las personas de este último ámbito emplean los términos indistintamente y sin ningún orden ni lógica. Pero estas conjeturas están apenas en el terreno de las hipótesis por contrastar. Es aquí donde toma relevancia para esta investigación la afirmación de Giusti sobre la tercera consecuencia de la ambivalencia del término ética: “En la ética, pues, a diferencia de lo que ocurre en la ciencia, todos somos competentes” (). Este enunciado es quizá lo más importante y trascendente que se ha leído en el estudio de este tema en estos últimos tiempos, pues parece que las personas de ambas comunidades, académica y no académica, han empleado los términos en cuestión según algún consenso que han llegado en sus respectivas comunidades éticas o morales, incluida la de Hegel.
Por otro lado, con respecto a su segunda tesis, Giusti sostiene tres enunciados. El primero es cuando afirma sobre los paradigmas o modelos de la ética que no se tratan en este artículo, mientras que en los otros enunciados presentará su propia definición de ética. Por ejemplo, en el segundo enunciado afirma lo siguiente: “Digamos entonces que la ética es una concepción valorativa de la vida” (). Y en el tercero reforzará su posición sobre dicha concepción y un telos: “se propone establecer cuál es la mejor manera de vivir” (). Estos dos últimos enunciados son el quid de su propuesta ética, las cuales aterrizan la actividad especulativa o teórica sobre los valores morales en un terreno práctico y más fecundo: la simple vida, la de todas las oportunidades.
En síntesis, todo lo avanzado lleva a expresar que, ante la imposibilidad de manejar un sentido unívoco sobre la ética y la moral, es mejor investigar otras interpretaciones sobre un tema tan polémico, profundizar la reflexión un poco más, debatir sobre las definiciones conceptuales de los términos que se analizan y, si fuera posible, llegar a un nivel de consenso o acuerdo en sus respectivas comunidades, sin el afán de encontrar la piedra filosofal ni el elixir de la vida.
6. OTRAS DEFINICIONES DE MORAL Y UNA REFLEXIÓN ADICIONAL
Acerca de los términos estudiados en este artículo y después de aquilatar la información mostrada, se puede aseverar, actualmente, que existe un consenso sobre el sentido y los usos de los términos en cuestión; empero, se está muy lejos de esta realidad, ya que la propuesta hegeliana y que refresca Giusti no ha sido aceptada por todos –como en todo consenso, no hay absolutos–, porque hay pensadores que en sus textos las omiten o rechazan total o parcialmente. Una muestra de lo mencionado se expresa en dos filósofos peruanos. El primero es Francisco Miró Quesada Cantuarias quien emplea el término moral como disciplina filosófica de la moralidad, muy parecida a la propuesta kantiana, al afirmar que la moral es “la disciplina que trata de estudiar y de explicar los fundamentos y las bases que sirven de justificación a la acción humana” (). En síntesis, se puede deducir, ciertamente, que no emplea el término moral en el sentido de la propuesta hegeliana. Mientras que el segundo es Augusto Salazar Bondy al señalar que la ética es una investigación filosófica de los “problemas relativos a la conducta humana” (), llamándola también “Filosofía moral” (), es decir, acerca de los enunciados mostrados, se observa que tampoco admite la propuesta hegeliana ya que emplea indistintamente el uso de los dos términos. De lo expuesto, se puede desprender una consecuencia general, mucho tiempo después del acuerdo planteado por Hegel y aceptados por una determinada comunidad moral para distinguir el uso de los términos ética y moral, este aún no se ha generalizado y menos, incluso, universalizado, ya que, a pesar del tiempo transcurrido, aún existen filósofos que se resisten a esta pretensión y que emplean el término moral como disciplina o doctrina, lo cual colinda con el uso del término ética.
¿Qué significan las ideas expuestas en el anterior párrafo? Desde una perspectiva amplia, se podría afirmar que aquí se le da el nivel de disciplina a la moral al igual que otros se le han dado anteriormente a la ética. En consecuencia, se podría interpretar de manera más simple que ética y moral son disciplinas filosóficas. Pero surgen algunas interrogantes, tales como: ¿por qué ahora no se emplean los términos en ese sentido?, y también ¿por qué se usan de manera tan distinta? Una respuesta posible que se podría considerar como válida sería que las definiciones de los términos, sus usos o significados dependen de la gente que los utiliza, en otras palabras, de cómo se ponen de acuerdo para emplear un término; pero esta tesis ya se explicó anteriormente. Quizá sea necesario explicarlo con algunos ejemplos, si una persona pasea por un mercado o supermercado, si está esperando pacientemente en un paradero de bus o metro, si lleva a su hijo o nieto al colegio, si está paseando por el parque o haciendo ejercicios en el gimnasio y se le ocurre hablar con algún interlocutor de ética o moral, podrá notar que sus participantes no tienen la más mínima idea de la diferencia o semejanza en el empleo de los términos y que, por lo general, no han realizado ninguna meditación al respecto, reaccionando espontáneamente de manera segura sobre el significado del término, lo mismo que sobre sus convicciones éticas y morales. El sentido de los términos depende fundamentalmente de una convención y de las ideas en boga. Si hoy la gente afirma que la Ética es la disciplina filosófica que estudia la moral, por convención, mañana las personas podrían emplear los términos al revés y podrían decir tranquilamente y sin pasmarse que la Moral es la disciplina que estudia la ética. Además, podrían afirmar que las normas éticas son normas de comportamiento que rigen una comunidad ética, tergiversando o invirtiendo los modos de usos actuales. Todo lo expuesto lleva a una conclusión lógica fundamental sobre la ética y la moral: la arbitrariedad y el convencionalismo que aparecen para indicar el uso de los términos por una comunidad determinada.
7. OTRAS DEFINICIONES DE ÉTICA Y UNA REFLEXIÓN ADICIONAL
Es mejor aquí comenzar con una de las definiciones conceptuales de ética –quizá sea la más conocida y aceptada por muchos– que más han trabajado los filósofos y que se ha mencionado en repetidas oportunidades en todas las secciones. Es la que sostiene Aristóteles, cuando afirmó que la tarea de la ética es práctica y no teórica, es enseñarnos a ser virtuosos, es decir, buenos: “Y dado que el presente tratado no tiene carácter teórico como los otros, pues nuestra investigación no se orienta a saber qué es la virtud, sino sobre el modo de llegar a ser buenos” (), aun cuando haya afirmado en otro texto, donde está en discusión su autoría, que: “este tratado o discusión de las costumbres no debería llamarse ética, sino más bien sociología o política” (), señalando hasta en dos oportunidades más que: “la Etica [sic] no parece ser más que una parte de la Sociología o la Política” () y que: “la ciencia o tratado de las costumbres es una parte y principio de la ciencia sociológica” (). Aceptada, entonces, que la traducción por sociología sea la más laxa que se tuviera en la edición presentada, se podría señalar que, en Aristóteles, a partir de las afirmaciones expuestas, hay una gran preocupación por definir y clasificar el término ética, pero cualesquiera que fuesen estas clasificaciones, siempre sería una disciplina de segundo orden. Además, admite que uno de los temas a tratar en esta disciplina es la virtud.
Acerca de esta posición de Aristóteles con respecto a la ética, hay dos expresiones muy cercanas emitidas por Aranguren. La primera es vinculada estrictamente a Aristóteles: «La Etica [sic] no se desgajó del cuerpo unitario de la Filosofía formando desde el principio una disciplina separada y suficiente, sino subordinada a la “Política”» (). La segunda, vinculada a Aristóteles y su maestro: “Hemos visto que en Platón y Aristóteles la Etica [sic] se insertaba en la Política” (). Estas posiciones manifestadas sobre Aristóteles son inevitables, en consecuencia, el comentario de Aranguren fue pertinente, ya que pone en evidencia las tesis del bien común y el ser social del filósofo de Estagira.
Sin embargo, acerca del significado del término ética y su posición respecto a la Filosofía, surgen algunas posiciones diferenciadas, como la que se puede encontrar en la aseveración de Walter Blumenfeld: “Hasta hoy día, los filósofos no están de acuerdo sobre si la Etica [sic] es una ciencia y si pertenece a la Filosofía” (). En relación a la tesis de los filósofos que cita Blumenfeld, hay que indicar que es muy distante a la que se sostiene en esta reflexión e investigación, porque el autor sostendrá que hay personajes que sustentan la idea de que la ética es una “ciencia empírica social, descriptiva, comparativa e histórica, afín a la Sociología y la Psicología Social” (), lo cual no está muy lejano a lo manifestado anteriormente por Aristóteles, sin embargo y por lo contrario, al respecto, Blumenfeld expresará y clasificará a la Ética como una ciencia autotipa –disciplina científica que sigue sus propios fines, sin ponerse a disposición de beneficios extraños– y la colocará en la clasificación de ciencias no históricas. En síntesis, en Blumenfeld, se nota que hay pensadores o filósofos que piensan que la ética no solamente está relacionada directamente con la Axiología, tal como se observa con , sino que la consideran un tipo específico de ciencia. Sobre si la ética está relacionada con la Axiología, no hay ninguna duda, el asunto es aclarar cómo es esa relación, pero si la ética es un tipo de ciencia es un tema bastante discutible.
Por su parte, Howard Selsam afirma que la ética “comienza cuando los hombres tratan de hallar fundamentos racionales para las reglas de conductas aceptadas en lugar de aceptarlas por tradición” (), es decir, la ética sería una reflexión de lo que ahora entendemos como conducta moral o moralidad de las personas y sus comunidades. Con ello admite algo que es evidente, primero surgen las normas morales o moralidad, léase también la moral, para que después surja la reflexión sobre ella, es decir, la Ética. De la misma opinión es Alekandr Fyodorovich Shiskhin: “La ética, en cuanto doctrina de la moral, hace su aparición mucho más tarde que la moral misma” (). En fin, dos tesis importantes aparecen en los autores referidos, según Selsam la ética es una reflexión y según Shiskhin es una doctrina. Estas posiciones se observan en muchos estudios éticos.
Si se analiza la perspectiva de Shiskhin tomando como modelo a la propuesta post-hegeliana al admitir, por un lado, a la ética como disciplina de lo general que tiene un objeto de estudio o reflexión en la moral; pero, por otro lado, aparecen tres enunciados que obligan a analizar su posición. En el primer enunciado afirma que la ética es el: “conjunto de normas de comportamiento” (), lo cual colinda con la definición de moral ya estudiada; en el segundo enunciado plantea que: “En cuanto doctrina de la moral, la ética ha sido y sigue siendo la rama del saber filosófico vinculada a las tareas prácticas de la vida de los individuos” (), lo cual es lo mismo que decir que la ética es una disciplina filosófica, y, con respecto a la tercera proposición, sostiene que la ética “es el pensamiento acerca de la moral de las personas” (), es decir, pensamiento se podría interpretar como meditación, reflexión o estudio. Como se observa, de los tres enunciados se evidencia que, por lo menos en dos, la ética es una disciplina que se ocupa de algo específico, el cual sería la moral o normas morales, sobre las cuales expresa lo siguiente: “Se acostumbra a entender por moral el conjunto de principios o normas (reglas) de comportamiento de las personas...” (). Esta relación entre ética y moral se encuentra también en el Diccionario de Filosofía Herder de Cortés y Martínez y en el diccionario de la RAE expuestos en secciones anteriores de este artículo.
Por otro lado, acerca de la temática en cuestión, Fernando Savater afirma lo siguiente: “A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética” (), o, dicho con otras palabras, pero que tienen igual valor semántico en su locución: “la ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor. Si merece la pena interesarse por la ética es porque nos gusta la buena vida” (). Son estas expresiones que tienen la misma carga valorativa, ya que no están muy lejos de lo afirmado por Cortina cuando asevera que: “Lo que, en definitiva, importa a la ética es la vida feliz” (), mientras que, por su parte, Esperanza Guisán sostiene que, además de ser una disciplina, “es, frente a otras ramas de la filosofía más susceptible de perder identidad a través del tiempo, una rama de investigación inevitable” (), que la llamará también de modo provisional ciencia de la moral o filosofía moral (). Ante tantas definiciones conceptuales de un término nace la duda sobre cuál de ellas es verdadera, ya que es imposible aceptarlas a todas como tales. Tal variedad de definiciones que, en algunos casos, ni conciliándolas se lograría tener un criterio uniforme, podría generar, con espíritu liberal, posiciones afines a las que realiza Miguel Giusti y que se mencionaron en la cuarta sección de este artículo: la competencia de todos en temas éticos, es decir, en cuestiones de ética no hay autoridad o, dicho de otro modo, todos son autoridades. De manera interpretativa, ¿qué lógica trae esta afirmación? Una simple, si no hay autoridad en este campo, quiere decir que todos están autorizados a dar su opinión, es decir, todos tienen algo que decir y lo que diga el más iluminado de los mismos, sea un líder religioso o político, autoridad espiritual o académica, vale lo mismo que el más humilde mortal o simple ciudadano que se esfuerza por cumplir el día a día con el sudor de su frente o espalda y el temblor o cansancio de sus extremidades. Consecuencia lógica de lo afirmado, en los temas éticos, no existen académicos, rectores, congresistas, presidentes, primer ministro ni Sumo Pontífice que su palabra sea la verdad revelada ni la voz autorizada ante una comunidad determinada. Y alguien podría pensar que esto sería solamente en lo que respecta a las normas de comportamiento y las evaluaciones que se hacen sobre ellas. Pues, no. Cuando se habla de ética o sobre cualquier aspecto de la ética, incluida sus definiciones conceptuales, es decir, sobre la metaética, todos son la autoridad, todos tienen algo que decir. Esta afirmación no es un anarquismo que se quiera imponer, por lo contrario, es apenas una democratización de la ética donde las comunidades morales serían y son el centro de este debate. No existe la norma moral en el sentido abstracto, por lo contrario, existe esa norma siempre en determinada comunidad moral.
Una mención aparte sobre la reflexión expresada merece la afirmación de Escámez cuando muestra su preocupación por la relación entre la ética, sociedad y educación: “Considero que en los primeros años, en la niñez, y para aquellas personas, que no hayan desarrollado adecuadamente las habilidades lógicas, lo más adecuado es educarles según un código moral..., ampliamente aceptados por su comunidad social” (). Esta preocupación, con respecto a la educación, es cierta en varios escenarios, solo basta con recordar y añadir las palabras de Bertrand Russell: “La educación, en todos los tiempos, ha tenido un doble objeto, a saber, instrucción y enseñanza de la buena conducta. El concepto de buena conducta varía en las instituciones políticas y las tradiciones sociales de la comunidad” (). Se comparten plenamente estas posturas, sobre todo en la enseñanza moral, la cual, además, de necesaria debe ser real y efectiva dentro de los valores de la comunidad moral o social a la que el niño pertenece.
Como un resumen de lo avanzado hasta esta sección, se puede recordar que luego de la descripción y significado etimológico de los términos ética y moral, del conocimiento de la propuesta hegeliana de los mismos y de las innumerables definiciones expuestas, ambos términos o conceptos, ética y moral, hacen alusión a un conjunto de normas o principios que regulan el comportamiento de la persona humana que vive en una comunidad determinada, a la cual se ha denominado en algún momento comunidad moral. Esta conceptualización es el nexo común de los dos términos en debate, sin embargo, existen diferencias notorias que actualmente se muestran, como diferencias aparecidas por consenso o acuerdo de las mismas comunidades que emplean estos términos, siendo algunas de ellas la académica, intelectual o filosófica. La diferencia más notoria es que la palabra ética se viene empleando como disciplina filosófica, ciencia especial de la filosofía, ciencia de la moral, doctrina de la moral o teoría de la moral, entre muchas otras definiciones parecidas, mientras que la moral se viene utilizando como la conducta de las personas y sus puntos de vistas y sentimientos morales regulados por las normativas morales que toda comunidad moral tiene en su seno. Sin embargo, estas no son las únicas definiciones, ya que existen otras más simples y no por eso menos importantes, tales como una concepción valorativa de la vida o el conocimiento de ese saber vivir.
8. CONCLUSIONES FINALES
Finalmente, con respecto a lo presentado en este artículo, se sostiene como primera tesis que los términos ética y moral son términos que por su significado etimológico representan la concepción de valores políticos o cívicos que tienen relación con la conducta de las comunidades que los emplearon en sus inicios y que sus usos se extienden, luego, a otras comunidades en diferentes espacios y épocas, adquiriendo similar o distintos sentidos. La segunda tesis es que la propuesta hegeliana para limitar y especificar los usos de los términos en cuestión, lo cual, por supuesto, fue aceptada por gran parte del mundo occidental, aunque su uso no fue generalizado dentro de esta comunidad, al emplearse hasta ahora de manera indistintamente estos términos. La tercera tesis que se presenta es que actualmente surgen fórmulas de empleo más o menos consensuadas sobre el término ética como una disciplina filosófica, mientras que la moral se emplearía de manera pasiva como el objeto de estudio de esta disciplina. Esta formulación impele al uso con mayúscula de la primera letra de esta palabra, aunque esto también sería un acuerdo. La cuarta tesis que se presenta es que, a pesar del anterior acuerdo, existen otras visiones de la ética y su relación con la moral, lo que obligaría a aceptar que el consenso en el uso de estos términos no es universal, sino arbitrario, según los espacios y las épocas, es decir, según las comunidades morales que empleen los términos en un lugar y tiempo determinado. Por último, la quinta tesis que se manejó en este artículo es la reflexión e interpretación libre que surgieron de las palabras de Giusti sobre la competencia de todos en la ética y es que, en estas cuestiones, no existen autoridades o, dicho con otras palabras, todos tienen algo que decir, todos son autoridades o, en todo caso, la comunidad moral es la autoridad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
4
5
6
7
9
11
14
16
17
19
Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española, 23ª ed., [versión 23.7 en línea]. Disponible en https://dle.rae.es/ético#H3y8ljj [Consulta: 3 de agosto de 2024].
20
Real Academia Española. (2014): Diccionario de la lengua española, 23ª ed., [e versión 23.7 n línea]. Disponible en https://dle.rae.es/moral?m=form [Consulta: 3 de agosto de 2024].
25


